Los directores ejecutivos del Banco Mundial convinieron por unanimidad seleccionar a David R. Malpass como presidente del Grupo Banco Mundial por un período de cinco años a partir del 9 de abril de 2019. El Directorio Ejecutivo expresó su profundo agradecimiento a la presidenta interina Kristalina Georgieva por su dedicación y liderazgo en los últimos meses.
David Malpass se desempeñaba como funcionario del Tesoro de EEUU. Su designación no fue sorpresiva ya que era el único candidato para el puesto. La semana próxima iniciará su mandato de cinco años.
Los directores ejecutivos cumplieron con el proceso de selección convenido en 2011. Este comprendió un proceso abierto y transparente de candidaturas por el que cualquier director ejecutivo o gobernador a través de un director ejecutivo podía proponer a cualquier ciudadano de los países miembros del Banco. El proceso fue seguido por una exhaustiva entrevista al Sr. Malpass por parte de los directores ejecutivos.
El directorio espera con interés trabajar con el Sr. Malpass en la puesta en práctica de la visión del Grupo Banco Mundial enunciada en el documento de la estrategia De Cara al Futuro (i) y el acuerdo sobre las medidas relativas al aumento de capital que se describen en el documento titulado Financiamiento sostenible para el desarrollo sostenible (i).
El Sr. Malpass se desempeñó antes como subsecretario de Asuntos Internacionales del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. En su calidad de subsecretario, representó a los Estados Unidos en entornos internacionales, como Reuniones de los Viceministros de Finanzas del Grupo de los Siete (G-7) y del Grupo de los Veinte (G-20), Reuniones de Primavera y Reuniones Anuales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como reuniones del Consejo de Estabilidad Financiera, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), y la Corporación de Inversiones Privadas en el Extranjero.
En su calidad de subsecretario, el Sr. Malpass desempeñó un papel trascendental en varias reformas e iniciativas importantes del Grupo Banco Mundial, como el reciente aumento de capital del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) y la Corporación Financiera Internacional (IFC). También cumplió una función crucial en la promoción de la Iniciativa para la Transparencia de la Deuda, adoptada por el Banco Mundial y el FMI, con el propósito de permitir un mayor acceso del público a información sobre la deuda y así reducir la frecuencia y la gravedad de las crisis de esa índole.
Antes de asumir las funciones de subsecretario, el Sr. Malpass se desempeñaba como economista de nivel internacional y fue fundador de una empresa de estudios macroeconómicos con sede en la ciudad de Nueva York. Anteriormente, cumplió las funciones de subsecretario adjunto de Naciones en Desarrollo del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y subsecretario de Estado adjunto de Asuntos Económicos de América Latina. En estos cargos, se centró en una variedad de cuestiones económicas, presupuestarias y de política exterior y la participación de los Estados Unidos en las instituciones multilaterales, incluido el Banco Mundial.
El Sr. Malpass fue miembro de los directorios del Consejo de las Américas, el Economic Club of New York, y el Comité Nacional de Relaciones entre los Estados Unidos y China. Obtuvo su título de licenciatura en el Colorado College y su título de maestría en administración de empresas en la Universidad de Denver. Realizó estudios avanzados de posgrado en economía internacional en la Escuela de Relaciones Exteriores de la Universidad de Georgetown.
El presidente del Banco Mundial es además presidente de los Directorios Ejecutivos del BIRF y de la Asociación Internacional de Fomento (AIF). También es presidente ex officio de las Juntas de Directores de IFC y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA), y del Consejo Administrativo del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI).
Hasta hace unos años, Colombia estaba en los primeros lugares de la lista de déficit de viviendas nuevas en América Latina. Tras años de inversión y a través de programas de vivienda gratuita y el otorgamiento de generosos subsidios para incentivar la compra de vivienda, el país, al igual que en su momento Brasil, Chile y México, redujo significativamente su déficit cuantitativo de vivienda.
Hoy día, sin embargo, el problema es otro: la baja calidad y resiliencia de las construcciones. Según el Banco Mundial, dos de cada tres familias que tienen un problema de vivienda en América Latina necesitan una mejor, no una nueva.
¿Cómo detectar que una vivienda es de mala calidad? Hay cuatro aspectos básicos: estructura, acceso a servicios, calidad de la tenencia y ubicación.
En la región, este problema se agrava debido a la recurrencia y, sobre todo, la severidad de los desastres causados por fenómenos naturales, además de los altos costos de la reconstrucción que pueden llegar a ser entre 4 y 10 veces más altos que la prevención.
Por ejemplo, los daños y pérdidas a la vivienda ocasionados por desastres naturales entre 1998 y 2016 en Colombia ascendieron a 5.600 millones de dólares, vinculados a más de 30 mil emergencias que dejaron cerca de 1.7 millones de viviendas afectadas. Esta cifra es 65% mayor a todo lo que el gobierno invirtió en programas de vivienda desde 2012 y ni siquiera incluye los costos de vidas humanas perdidas y trastornadas por estos eventos.
Reacción
Ante este escenario, Colombia creó en 2018 el programa Casa Digna, Vida Digna para reforzar las estructuras y mejorar la calidad de las viviendas existentes en el país, a una fracción del costo de la construcción de una nueva. A través de este programa, el gobierno podrá salvar y mejorar la calidad de vida de la población y proteger los activos de las familias, sin perturbar drásticamente las dinámicas sociales y económicas.
Se estima que este programa beneficiará a cerca de medio millón de hogares que necesitan mejor vivienda, no una nueva.
“Un gran atributo del programa es su integralidad, pues contempla la tenencia legal de la vivienda, su seguridad física, la mejora de sus acabados y la calidad del entorno. También tiene la virtud de vincular a los gobiernos locales tanto en el diseño como en la implementación de las soluciones, sacando provecho de su mejor conocimiento del territorio, al tiempo que se profundiza el proceso de descentralización. Finalmente, su impacto social es notable, dado que la materialización de las metas permitirá sacar a un millón de colombianos de la pobreza multidimensional”, explica Jonathan Malagón, ministro de Vivienda, Ciudad y Territorio de Colombia.
Para el actual cuatrienio, el gobierno se ha trazado una ambiciosa meta de 600 mil mejoramientos de viviendas, cifra que muchos analistas y expertos, sin embargo, consideran ambiciosa, dada la incertidumbre que todavía existe sobre la disponibilidad de financiamiento para el programa y por el complejo tejido institucional que deberá operar de forma fluida para llegar a la meta. Se espera que tanto el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio como el Departamento de Prosperidad Social y el Ministerio de Agricultura realizarán mejoramientos de vivienda y contribuirán al cumplimiento de la meta.
Para Luis Triveño, especialista en Desarrollo Urbano del Banco Mundial, si bien las metas son ambiciosas, muestran el compromiso del gobierno para corregir aspectos de la política de vivienda del país que le daban la espalda a las familias de menores ingresos.
“Estas familias, lamentablemente, por décadas han construido su vivienda de forma incremental y sin la debida asistencia técnica. Con Casa Digna, Vida Digna, podrán finalmente acceder a mano amiga del Estado para que su vivienda no solo sea más cómoda, sino que también sea resiliente ante desastres naturales como los terremotos”, señala Triveño.
Recomendaciones
Con el ánimo de apoyar esta agenda de vivienda resiliente, el Banco Mundial elaboró un análisis del desempeño de los programas de vivienda para el Gobierno de Colombia y formuló recomendaciones para que la política de vivienda en el país sea más eficiente, resiliente y efectiva.
“Hemos analizado experiencias internacionales exitosas en la generación de suelo para la provisión de vivienda social bien localizada y en el despliegue de programas masivos de mejoramiento de vivienda que protejan a la población más vulnerable ante desastres naturales y eventos vinculados al cambio climático”, afirma Vanessa Velasco, especialista de Desarrollo Urbano del Banco Mundial.
Para apoyar al gobierno de Colombia en su esfuerzo por modernizar sus políticas y programas de vivienda, el Banco Mundial propuso reflexionar sobre los siguientes aspectos:
La existencia de un órgano rector que determine las acciones en materia de vivienda. Asimismo, la articulación y armonización de los distintos actores del Estado para mejorar su eficiencia.
La coordinación entre el gobierno nacional y los gobiernos locales en las zonas más expuestas a riesgo de desastres para canalizar las inversiones.
El uso de la tecnología para la generación de sistema de información detallada y precisa que permita evaluar el impacto de los subsidios y planificar su asignación futura.
La calibración de los incentivos del Estado para promover la participación de hogares y el sector privado en el mejoramiento de vivienda y el arrendamiento.
La diversificación de productos financieros tanto para las familias como para los desarrolladores.
La racionalización de los programas de vivienda para mejorar su focalización, minimizar su regresividad y evitar las filtraciones, para así orientar los recursos hacia los segmentos de más bajos ingresos.
La gestión del suelo que garantice la provisión de suelo urbanizado bien localizado y la inclusión de vivienda.
La integración de la gestión de desastres como parte de la política de vivienda y la utilización activa de los subsidios para promover el reasentamiento voluntario en zonas de riesgo no mitigables.
La última vez había escrito acá “Que le preguntaría a un candidato a Presidente” sobre cuál debería ser, a mi criterio, la pregunta más importante que se le debe hacer a un candidato a presidente respecto a la economía argentina, considerando que el 2019 es un año electoral. Al respecto había concluido que el principal cuestionamiento que se le debería es ¿cómo va a hacer para que crezca el PBI per cápita?, de manera que no acabemos siendo el país más pobre de la región. A la luz de la teoría económica, en esta ocasión quiero presentarles cuál debería ser una de las respuestas más factibles.
Para comenzar a hablar de ello, es importante resaltar que no es posible hablar de crecimiento económico sin analizar su relación con el ahorro y la inversión. Para explicarlo de una manera sencilla, el aumento del nivel de actividad de una economía (crecimiento económico que se mide a través del PBI) depende de la formación de capital (es decir que se inviertan en nuevas fábricas y maquinarias en el país), para poder hacerlo es necesario ahorrar, a su vez, ese ahorro puede generarse en la economía doméstica (ahorro interno) o puede ser ahorro del resto del mundo (ahorro externo o cuenta corriente) para ser financiada. No caben dudas que la mejor manera para financiar la inversión es con ahorro interno, ya que en el largo plazo endeudarse con el resto del mundo puede generar grandes desequilibrios macroeconómicos.
Formación Bruta de Capital y Ahorro en Argentina
Veamos cómo está Argentina en cuanto a la Formación Bruta de Capital, un indicador que refleja los desembolsos que se realizaron en una economía, en un año dado, para la incorporación de activos fijos (como adquisiciones de plantas industriales, maquinarias, equipos, construcción de rutas, ferrocarriles, hospitales, entre otros). Si tomamos el año 2017, sólo se destinó en 17,41% del PBI a la formación Bruta de capital. Por sí solo, este número no nos dice mucho, pero como punto de comparación debemos saber que los países de mayores ingresos destinan cerca del 32% de del PIB a la formación Bruta de Capital.
Si además consideramos el Ahorro Bruto Interno, que vendría a ser lo que la gente ahorra de su sueldo, deposita y los bancos prestan a las empresas para la inversión (el cual se calcula como el ingreso nacional menos el consumo), podemos ver que el mismo es apenas del 13,5% del PIB en el año 2017. Por lo tanto no solamente se invierte poco en Argentina para incrementar el capital, sino que además, parte de esta inversión se realiza con dinero del resto del mundo, lo que implica una deuda para el país.
El gráfico anterior nos muestra la evolución de la formación bruta de capital por habitante desde el año 2000 hasta el 2017 para Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Podemos observar que de estos cinco países, Argentina es el segundo con menos formación bruta de capital, después de Paraguay. Además, si observamos la situación de Chile, la economía más estable de la región, prácticamente duplica la formación bruta de capital de Argentina.
En forma de conclusión
Sin dudas que ante la pregunta “¿cómo va a hacer para que crezca el PBI per cápita?” un candidato a presidente debería responder que para que crezca el PBI per cápita es necesario incentivar la inversión con el fin de generar mayor formación de capital productivo en la economía, ya que eso implica mayor capacidad de producción de bienes y servicios, lo que, a su vez, nos lleva a un mayor bienestar para los argentinos. Ahora bien, depende de la capacidad de cada equipo económico y del líder político para encontrar el “cómo hacerlo”.
La “lluvia de inversiones” prometida es más urgente que nunca para salir de la recesión, y es la única salida, pero nada cae del cielo porque si; para que venga no es necesario tener salarios de hambre como quieren hacer creer algunos fundamentalistas; hace falta mostrar que el país es estable en el tiempo, que no te cambia las reglas de juego, que no te inventa impuestos a cada rato y que no devalúa de golpe un 100 % su moneda entre otras cosas.
En Chile la gente en promedio gana bien y mejora con el tiempo, entonces cuando le pregunte a un empresario con que proyecto se animaría a comprar maquinas, abrir otra sucursal etc. ese es el proyecto para seguir. Y repito, no pasa por pagar sueldos bajos o explotar a nadie, pasa por ser competitivos y rentables; y con la máxima presión tributaria de la región esto es simplemente imposible.
Argentina es rico en recursos naturales como el litio, en producción agropecuaria, en producción automotriz etc etc. tratemos solamente de ser mas normales, las palabras “lluvia de inversiones” “revolución de la alegría” suenan muy lindas, pero no hay soluciones mágicas a la Argentina, tampoco hacen falta, solo necesitamos alguien que nos convierta en un país más normal. Así que esa es la respuesta que espero.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó un préstamo contingente por USD 300 millones, que permitiría a la Argentina acceder a fondos ante eventuales inundaciones y terremotos a fin de mitigar los efectos que estos desastres naturales puedan ocasionar sobre las finanzas públicas del país.
El acuerdo es resultado de la negociación y el trabajo conjunto del Ministerio de Hacienda y el equipo técnico de expertos del BID. Los fondos fueron aprobados bajo la modalidad de Facilidad de Crédito Contingente para Emergencias por Desastres Naturales, una herramienta innovadora del BID que fomenta el enfoque integrado de gestión financiera de riesgos basado en la planificación y el financiamiento anticipado. La operación se estructura como una cobertura financiera de rápido acceso y costo eficiente para hacer frente a los gastos públicos extraordinarios que surjan a partir de ese tipo de emergencias, cuya ocurrencia puede ejercer presiones sobre el gasto público y complicar los esfuerzos del gobierno de avanzar hacia una posición fiscal más sólida. Argentina es un país expuesto a la ocurrencia de desastres naturales. En los últimos 50 años, 58 inundaciones severas y 3 terremotos fueron reportadas en el país, afectando a más de 14 millones de personas y provocando más de USD 10.000 millones en pérdidas. En este sentido, el programa también busca continuar apoyando al país en el desarrollo de una política nacional para la gestión integral de los riesgos de desastres naturales. El organismo ejecutor del programa será la Dirección de Programas y Proyectos Especiales y con Enfoque Sectorial Amplio del Ministerio de Hacienda, con el apoyo de la Secretaría de Protección Civil del Ministerio de Seguridad de la Nación, en el marco del Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo y la Protección Civil (SINAGIR).