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El Banco Central logró cumplir la meta de acumulación de reservas con el FMI

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El Banco Central logró por primera vez cumplir la meta de acumulación de reservas internacionales netas acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el programa firmado en abril de 2025, uno de los compromisos centrales del plan económico. 

Este viernes compró otros USD 100 millones y las reservas avanzaron a los US$ 48.237 millones.

Según estimaciones privadas realizadas tras el cierre de junio, el Banco Central acumuló alrededor de US$ 6.300 millones bajo la metodología utilizada por el organismo multilateral, muy por encima de los US$ 3.500 millones comprometidos para la primera revisión semestral.

El resultado contrasta con lo ocurrido el año pasado. 

En la segunda revisión del programa, publicada en mayo, el staff del FMI recordó que la Argentina había incumplido la meta de acumulación de reservas de fines de 2025 por unos US$ 10.000 millones. 

El organismo atribuyó ese desvío principalmente a la dolarización de carteras en la antesala de las elecciones legislativas de octubre, que derivó en fuertes salidas de capitales privados y obligó al Banco Central y al Tesoro a vender divisas para contener la presión cambiaria. 

A raíz de ese incumplimiento, el Gobierno solicitó un waiver (dispensa) y una recalibración a la baja de las metas para 2026.

Este cumplimiento marcó un cambio respecto de 2025, cuando la acumulación de divisas aparecía como uno de los principales interrogantes del programa económico. 

Además, deja al Banco Central muy cerca de alcanzar el objetivo previsto para todo 2026, fijado en US$ 8.000 millones. 

Así, el desafío para el segundo semestre ya no pasa tanto por cumplir con el FMI como por seguir fortaleciendo las reservas de cara a un 2027 que combinará fuertes vencimientos de deuda -que el ministro Luis Caputo trata de cumplir sin sobresaltos- con el calendario electoral.

De acuerdo con cálculos de Equilibra, el BCRA acumuló US$ 6.278 millones de reservas internacionales netas a precios constantes del 30 de diciembre de 2025, casi el doble de la exigencia establecida para junio. 

En consecuencia, restarían solo US$ 1.700 millones para alcanzar el objetivo de fin de año.

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El Banco Central refinanció US$6.000 millones con bancos internacionales y despejó vencimientos hasta 2028

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) dio un nuevo paso en su estrategia de fortalecimiento del balance al refinanciar la totalidad de sus operaciones de pase pasivo (REPO) con bancos internacionales por US$6.000 millones. La operación no incrementa el endeudamiento de la entidad, pero sí modifica sustancialmente el perfil de vencimientos, al trasladar los compromisos previstos para 2026 y 2027 hacia septiembre de 2028, un horizonte que deja las obligaciones fuera del calendario electoral nacional.

La decisión oficializada este viernes constituye una señal relevante para los mercados financieros porque mejora la liquidez en moneda extranjera del Banco Central y reduce las necesidades de refinanciamiento durante los próximos dos años, un período que coincide con el proceso electoral que culminará con la elección presidencial de 2027.

Según informó la autoridad monetaria, el nuevo acuerdo fue suscripto con diez bancos internacionales de primera línea, ampliando la cantidad de entidades participantes respecto de operaciones anteriores y obteniendo, además, una reducción en el costo de financiamiento.

La refinanciación se instrumentó mediante la utilización de títulos BONAR que integran la cartera del BCRA como garantía de la operación. El nuevo préstamo tendrá vencimiento en septiembre de 2028 y devengará una tasa equivalente a la SOFR en dólares más un spread de 4%, nivel que el organismo destacó como una mejora respecto de colocaciones previas.

Más liquidez y menor presión sobre el calendario financiero

Desde la entidad presidida por Santiago Bausili explicaron que la operación permite eliminar completamente los vencimientos de REPO previstos para 2026 y 2027, fortaleciendo la posición de liquidez en divisas y otorgando mayor previsibilidad al flujo de dólares del Banco Central.

El objetivo es reducir la presión financiera sobre el organismo en un período considerado clave para la estabilidad macroeconómica, otorgándole mayor capacidad de intervención ante eventuales tensiones cambiarias y consolidando el proceso de saneamiento de su balance.

La autoridad monetaria sostuvo además que el resultado de la licitación confirmó el interés de los mercados internacionales por los activos argentinos. En la subasta realizada el 30 de junio recibió ofertas por US$8.250 millones, cifra que superó ampliamente el monto finalmente adjudicado de US$6.000 millones.

Para el Gobierno, esa sobredemanda constituye una señal de confianza de las entidades financieras internacionales en el programa económico y en la evolución del balance del Banco Central, uno de los principales objetivos de la actual política monetaria.

Una estrategia para mejorar el perfil de deuda

Los préstamos REPO funcionan como financiamiento garantizado mediante títulos públicos. En este caso, el Banco Central canceló íntegramente las operaciones vigentes y tomó un nuevo crédito por el mismo monto, sin incrementar el stock de deuda, pero extendiendo considerablemente los plazos de repago.

La maniobra permite aliviar el cronograma financiero de corto y mediano plazo y evita que el organismo deba enfrentar importantes vencimientos durante los próximos dos años, cuando también se concentrarán compromisos del Tesoro Nacional y un escenario político atravesado por el proceso electoral.

Desde el BCRA remarcaron que la operación forma parte de una estrategia más amplia orientada a fortalecer el equilibrio macroeconómico, mejorar la calidad del balance de la institución y consolidar un marco de estabilidad financiera.

En ese contexto, la entidad ratificó que continuará implementando medidas destinadas a reforzar su posición patrimonial, administrar con mayor previsibilidad sus necesidades de divisas y contribuir al funcionamiento ordenado del mercado cambiario.

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El dólar superó los $1.500 por tercera jornada consecutiva y el Banco Central intensifica su intervención

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El mercado cambiario volvió a enviar una señal de tensión al Gobierno. Por tercera rueda consecutiva, el dólar oficial registró una suba y consolidó su cotización por encima de los $1.500, mientras el Banco Central reforzó su estrategia de intervención indirecta mediante ventas de contratos de dólar futuro y títulos dollar-linked para evitar que el movimiento derive en una mayor volatilidad y, eventualmente, en un traslado a los precios.

La cotización minorista del Banco Nación cerró en $1.510 para la venta, con un incremento diario de $10, mientras que el dólar mayorista avanzó hasta los $1.489, apenas tres pesos por debajo del máximo nominal alcanzado el 24 de octubre pasado. El dólar blue también acompañó la tendencia y finalizó en $1.525, mientras que el contado con liquidación se ubicó en torno a los $1.577, su valor más elevado desde fines de octubre.

El movimiento estuvo acompañado por un elevado volumen de operaciones. En el mercado mayorista se negociaron más de USD 820 millones, confirmando una demanda sostenida de divisas que comenzó a intensificarse en las últimas jornadas y que coincide con una menor oferta proveniente del sector exportador.

Aunque el tipo de cambio continúa lejos del techo de la banda cambiaria fijado por el Gobierno —que actualmente supera los $1.800—, la velocidad del ajuste comenzó a generar inquietud en el equipo económico, que busca preservar el proceso de desaceleración inflacionaria.

El Banco Central intervino con futuros y bonos atados al dólar

A diferencia de otros episodios de tensión cambiaria, la autoridad monetaria evitó vender reservas de manera directa en el mercado spot. En cambio, desplegó una estrategia basada en instrumentos financieros para moderar las expectativas de devaluación.

Operadores del mercado señalaron que el Banco Central incrementó significativamente la venta de contratos de dólar futuro, principalmente en los vencimientos de julio, al tiempo que ofreció importantes cantidades de letras dollar-linked, títulos emitidos por el Tesoro que ajustan según la evolución del tipo de cambio oficial.

La operatoria alcanzó volúmenes inusuales. Solo en el mercado de futuros se negociaron contratos equivalentes a unos USD 1.700 millones, mientras que las operaciones con instrumentos atados al dólar superaron los USD 500 millones diarios, muy por encima del promedio habitual.

La lógica detrás de esta estrategia consiste en ofrecer cobertura cambiaria sin necesidad de desprenderse de reservas internacionales, retirando al mismo tiempo pesos del mercado y reduciendo la presión sobre la demanda de dólares.

Analistas coinciden en que el objetivo oficial no es defender un valor específico del tipo de cambio, sino evitar movimientos bruscos que puedan alterar las expectativas inflacionarias.

Menor liquidación del agro y mayor demanda privada

La suba del dólar encuentra explicación en una combinación de factores estacionales y financieros.

Por un lado, comenzó a reducirse la liquidación de divisas del complejo agroexportador luego del pico registrado durante la cosecha gruesa. Si bien durante junio las cerealeras liquidaron más de USD 3.000 millones, esa cifra representó una caída del 18% respecto del mismo mes del año anterior.

Además, distintos informes privados detectaron una mayor retención de granos por parte de los productores, que esperan mejores condiciones de precios antes de desprenderse de sus exportaciones.

Al mismo tiempo, la demanda privada de divisas ganó protagonismo. Portfolio Personal Inversiones (PPI) sostuvo que el agro mantuvo prácticamente estable su ritmo de liquidación diaria respecto de mayo, por lo que la menor capacidad compradora del Banco Central obedeció principalmente a un incremento en la demanda de dólares por parte de empresas, bancos e inversores.

También influyeron mayores giros de utilidades al exterior y una menor oferta proveniente de la cuenta financiera, luego del fuerte ingreso de capitales registrado durante mayo.

En paralelo, operadores detectaron un cambio en la estrategia de los bancos comerciales. Varias entidades pasaron de mantener posiciones vendidas en dólares a incrementar sus compras para abastecer una mayor demanda minorista, impulsada en parte por el cobro del medio aguinaldo.

Reservas arriba de los USD 47.000 millones, pero con compras moderadas

En ese contexto, el Banco Central volvió a comprar divisas, aunque en un volumen considerablemente inferior al observado durante abril y mayo.

La autoridad monetaria adquirió apenas USD 25 millones durante la primera rueda de julio, equivalente a cerca del 3% del volumen total operado en el mercado oficial.

Pese a ello, las reservas internacionales brutas mostraron una fuerte recuperación y cerraron por encima de los USD 47.000 millones, tras aumentar más de USD 2.180 millones.

El rebote respondió, fundamentalmente, a la reversión de movimientos contables y de encajes registrados en el cierre de junio, por lo que los analistas no interpretan la mejora como un cambio estructural en la capacidad de acumulación de reservas.

Las compras netas del Banco Central durante 2026 ya superan los USD 11.000 millones, aunque el ritmo de incorporación de divisas comenzó a desacelerarse desde junio.

El mercado descarta una devaluación abrupta

Pese al repunte del dólar, el consenso entre economistas y operadores continúa descartando un salto discreto del tipo de cambio.

La expectativa predominante es la de un proceso de depreciación gradual, acompañado por una menor oferta de divisas estacional y por un escenario internacional menos favorable para los mercados emergentes.

Sin embargo, la preocupación comenzó a trasladarse hacia otro frente: el posible impacto que esta aceleración del dólar pueda tener sobre la inflación durante el segundo semestre.

Ese riesgo también explica el fuerte protagonismo del Banco Central en los mercados de futuros y de deuda indexada al tipo de cambio. El Gobierno procura evitar que un movimiento más acelerado del dólar termine alterando las expectativas de precios y reduzca uno de los principales activos políticos de la administración de Javier Milei: la desaceleración de la inflación.

Mientras tanto, el mercado seguirá observando dos variables centrales durante julio: la capacidad del Banco Central para recomponer reservas sin aumentar significativamente su intervención y la evolución de la demanda privada de divisas, que comenzó a convertirse en el principal factor de presión sobre el mercado cambiario.

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Morosidad: casi 7 millones de argentinos quedaron fuera del crédito y los jóvenes son los más afectados

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La recuperación del crédito, uno de los principales motores que el Gobierno exhibió durante la segunda mitad de 2024 y los primeros meses de 2025, comienza a mostrar signos de agotamiento. Mientras la administración de Javier Milei insiste en que la estabilidad macroeconómica permitirá sostener el crecimiento, los indicadores financieros revelan un deterioro persistente en la capacidad de pago de las familias. La morosidad volvió a aumentar en mayo y ya acumula 19 meses consecutivos de suba, un fenómeno que deja a casi siete millones de argentinos fuera del mercado formal de crédito.

Según un informe de la consultora 1816, elaborado sobre la base de datos de la Central de Deudores (Cendeu) del Banco Central, más del 27% de las personas que tomaron préstamos dejaron de ser consideradas “sujetos de crédito” por registrar incumplimientos en sus obligaciones financieras. La estimación implica que alrededor de siete millones de personas quedaron excluidas tanto del financiamiento bancario como del extrabancario.

El reporte advierte que esta situación reduce significativamente la posibilidad de que el crédito vuelva a impulsar el nivel de actividad en el corto plazo. “De acá a las elecciones del año que viene difícilmente el crédito a familias sea un motor muy relevante de la actividad económica, como lo fue en el segundo semestre de 2024 y primer semestre de 2025”, sostuvo la consultora.

No obstante, el informe aclara que el impacto macroeconómico podría ser limitado debido al todavía reducido peso del crédito dentro de la economía argentina. “El bajo nivel de intermediación financiera hace que el PBI pueda seguir creciendo aun cuando el financiamiento a las familias permanezca estancado”, señala el estudio.

La mora alcanzó el nivel más alto desde la salida de la Convertibilidad

Los datos muestran un deterioro continuo. La mora de los créditos otorgados a familias pasó del 12,1% en abril al 12,7% en mayo, mientras que en el segmento empresarial aumentó de 3,3% a 3,5%. Considerando la totalidad del sector privado no financiero, la irregularidad avanzó de 7,3% a 7,7%.

La magnitud del deterioro resulta significativa si se observa la evolución de los últimos dos años. En octubre de 2024 la morosidad de los hogares rondaba apenas el 2,5%. En menos de veinte meses se multiplicó por más de cinco, alcanzando niveles que no se registraban desde la crisis posterior al colapso de la Convertibilidad.

El informe explica que para revertir esa tendencia sería necesario que el stock total de préstamos creciera más rápidamente que el volumen de créditos en mora. Sin embargo, aunque desde mayo el crédito en pesos dejó de caer en términos reales, prácticamente no mostró expansión.

La consultora también detectó un cambio de estrategia dentro del sistema financiero. Mientras los bancos públicos sostuvieron relativamente estable la oferta crediticia, las entidades privadas redujeron considerablemente el otorgamiento de nuevos préstamos durante los primeros meses del año, limitando la renovación del financiamiento.

Las billeteras virtuales concentran el mayor deterioro

El problema aparece con mayor intensidad fuera del sistema bancario tradicional.

En las entidades financieras no bancarias —segmento que incluye billeteras virtuales y empresas de crédito— la morosidad alcanzó el 32,2% en mayo. Hace apenas un año y medio ese indicador se ubicaba por debajo del 10%.

La diferencia no es menor. Este tipo de financiamiento suele ofrecer requisitos más flexibles para acceder al crédito, aunque a cambio aplica tasas de interés considerablemente superiores a las del sistema bancario, incrementando el riesgo de incumplimiento cuando los ingresos familiares pierden capacidad de compra.

La consultora remarca que, sumando bancos y entidades no financieras, el deterioro refleja una pérdida sostenida de la capacidad de pago de los hogares argentinos.

Los menores de 35 años concentran el mayor nivel de incumplimiento

Uno de los datos más preocupantes del informe es el fuerte impacto sobre la población joven.

Casi cuatro de cada diez personas menores de 35 años que mantienen créditos vigentes presentan al menos una obligación impaga. Entre quienes tienen entre 18 y 25 años, la irregularidad alcanza el 42,8%, mientras que en el segmento de 26 a 35 años llega al 39,3%.

A partir de los 36 años los porcentajes comienzan a descender. Entre quienes tienen entre 36 y 45 años, el 31% registra al menos un crédito en mora, mientras que entre 46 y 55 años el indicador baja al 23,5%.

El informe interpreta que la combinación de ingresos más inestables, mayor utilización del crédito para consumo y financiamiento mediante plataformas digitales explica buena parte del deterioro observado en los segmentos etarios más jóvenes.

Caputo había atribuido el fenómeno al sobreendeudamiento

La evolución de los indicadores contrasta con el diagnóstico que el Gobierno había realizado meses atrás.

En mayo, el ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo que el aumento de la morosidad respondía principalmente al sobreendeudamiento de las familias y a que muchos bancos expandieron agresivamente el crédito luego de la desaceleración inflacionaria.

Según el funcionario, muchas personas tomaron préstamos esperando que la inflación continuara licuando sus deudas, mientras que las entidades financieras no estaban preparadas para administrar ese crecimiento.

Sin embargo, los datos de mayo muestran que la tendencia aún no logró revertirse y que el deterioro continúa extendiéndose tanto en bancos como en el sistema financiero no bancario.

Más allá de la estabilización cambiaria y de la desaceleración de la inflación, el incremento sostenido de la mora introduce un nuevo desafío para la economía.

Con una porción creciente de la población excluida del crédito formal, el consumo financiado pierde capacidad para sostener la demanda interna, especialmente en rubros de bienes durables y consumo masivo.

Los próximos informes oficiales del Banco Central, correspondientes a junio y julio, serán determinantes para evaluar si el pago del aguinaldo logra aliviar parcialmente la situación o si la tendencia ascendente de la morosidad termina consolidándose como uno de los principales límites para la recuperación del mercado interno durante la segunda mitad de 2026.

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El dólar oficial cerró junio en $1.500 y superó ampliamente a la inflación

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El dólar oficial cerró junio con una fuerte recuperación y alcanzó los $1.500 para la venta en el Banco Nación, luego de registrar una suba mensual del 5%, muy por encima de la inflación estimada para el período, que las consultoras privadas ubican por debajo del 2%. El movimiento marcó un cambio de tendencia en el mercado cambiario y volvió a instalar el debate sobre las estrategias de cobertura para el segundo semestre del año.

La cotización oficial avanzó cinco pesos en la última rueda del mes, mientras que el tipo de cambio mayorista finalizó en $1.481,50, con un incremento mensual del 5,2%. Aun así, el precio continúa lejos del techo de la banda cambiaria fijado por el Banco Central, actualmente ubicado en $1.806,92, lo que mantiene un amplio margen dentro del esquema de flotación administrada.

La aceleración del tipo de cambio terminó por borrar las ganancias obtenidas durante los últimos meses por las estrategias de carry trade. Quienes apostaron por inversiones en pesos para luego dolarizar sus posiciones registraron pérdidas cercanas al 2,5%, en un contexto donde la apreciación del dólar superó ampliamente el rendimiento obtenido por varios instrumentos financieros de corto plazo.

Detrás de la suba confluyeron diversos factores. La menor liquidación de divisas por parte del complejo agroexportador, la reducción de emisiones de obligaciones negociables en moneda extranjera y un incremento de la demanda de cobertura presionaron sobre el mercado durante todo junio. A ello se sumó la estacionalidad propia del inicio del segundo semestre, cuando disminuye el ingreso de dólares provenientes de la cosecha gruesa y aumenta la incertidumbre financiera.

Los dólares financieros también acompañaron la tendencia alcista. El dólar MEP finalizó el mes en $1.512,05, con un incremento mensual del 5,4%, mientras que el contado con liquidación cerró en $1.561,52, tras avanzar 5% durante junio. En paralelo, el dólar informal concluyó en $1.515, acumulando un aumento cercano al 6%, prácticamente el triple de la inflación esperada para el mes.

En materia cambiaria, el Banco Central moderó el ritmo de intervención. Durante junio compró alrededor de USD 1.371 millones, el volumen mensual más bajo del año, reflejando una menor oferta de divisas en el mercado oficial. Según los datos diarios de la autoridad monetaria, las reservas internacionales se ubicaban en USD 44.873 millones al cierre del 30 de junio, mientras que ese día adquirió otros USD 47 millones en el mercado de cambios.

El fortalecimiento del dólar también se explicó por el reacomodamiento de carteras financieras. La proximidad de importantes vencimientos de deuda en pesos, como el bono CER TZJ26, incentivó el desarme de posiciones en moneda local y elevó la demanda de activos dolarizados. A ello se agregaron factores internacionales, como la apreciación global del dólar frente a otras monedas, fenómeno que también impactó sobre las economías emergentes.

Pese al reciente movimiento, el balance del primer semestre todavía muestra una apreciación relativamente moderada del tipo de cambio oficial, con una suba cercana al 2% desde enero. Durante ese período, las tasas en pesos ofrecieron rendimientos mensuales del orden del 2%, lo que permitió que las colocaciones en moneda local resultaran más rentables que la dolarización. Sin embargo, la recuperación del dólar durante junio modificó parcialmente ese escenario.

Las opiniones entre los analistas continúan divididas respecto de la estrategia más conveniente para los próximos meses. Gustavo Ber considera que el contexto favorece una mayor dolarización de los portafolios ante una esperada reducción de la oferta de divisas. Gustavo Quintana, en cambio, sostiene que la demanda actual responde principalmente a factores estacionales y recomienda prudencia antes de tomar posiciones.

Francisco Díaz Mayer entiende que los actuales niveles no resultan atractivos para comprar dólares con una visión de corto plazo, aunque considera razonable el precio desde una perspectiva de largo plazo. Federico Domínguez mantiene una visión favorable a los instrumentos en pesos, apoyado en el superávit fiscal, el orden monetario y el fortalecimiento del sector exportador.

Desde Cocos Gold, Ian Colombo plantea que la decisión dependerá de la evolución de las tasas de interés. Si los rendimientos en pesos permanecen por encima del 20% anual, el carry trade podría seguir ofreciendo ventajas. En cambio, una reducción adicional de las tasas volvería más atractiva la cobertura cambiaria, especialmente cuando el mercado proyecta un dólar entre $1.630 y $1.650 hacia fin de año.

Otros especialistas, como Juan Pazos, consideran que el segundo semestre podría presentar una dinámica cambiaria relativamente estable gracias a una mayor oferta de granos y una demanda moderada de importaciones. Matías Fernández, de Aurum Valores, señala que el actual nivel del dólar luce elevado en términos reales respecto de meses anteriores, aunque no observa riesgos significativos para la estabilidad cambiaria. En la vereda opuesta, Juan Manuel Truffa, de Outlier, interpreta que el mercado atraviesa un pico estacional y espera una corrección bajista durante las próximas semanas.

Con un riesgo país estabilizado en torno a los 426 puntos básicos y una economía que comienza a transitar un semestre tradicionalmente menos favorable en materia de ingreso de divisas, el mercado seguirá monitoreando la evolución de las reservas, las tasas de interés y la liquidación del sector exportador. La interacción entre esas variables definirá si la reciente suba del dólar representa apenas una corrección transitoria o el inicio de una nueva etapa de mayor volatilidad cambiaria.

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