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Créditos en dólares: los bancos respaldan la flexibilización

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La flexibilización del crédito bancario en dólares abrió una discusión que excede el volumen potencial de préstamos y vuelve a colocar en el centro del debate la arquitectura prudencial del sistema financiero argentino. Mientras la Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA) respaldó la decisión oficial y la definió como “un paso más en la dirección correcta”, exfuncionarios como Hernán Lacunza y Guido Sandleris plantearon que el cambio puede reintroducir riesgos que la regulación posterior a la crisis de 2001 buscó precisamente evitar.

El Gobierno apunta a movilizar una masa creciente de ahorro en moneda extranjera hacia la inversión productiva. Según explicó el secretario de Finanzas, Federico Furiase, los depósitos en dólares del sistema bancario pasaron de unos US$23.000 millones a alrededor de US$40.000 millones. Actualmente, las entidades utilizan en préstamos cerca del 60% de esos depósitos y la nueva regulación busca elevar esa proporción hasta el 75%, lo que permitiría generar una capacidad potencial adicional de unos US$6.000 millones de financiamiento para empresas.

La lógica oficial es que una economía con una disponibilidad limitada de pesos necesita aprovechar la competencia entre monedas y profundizar la intermediación financiera para transformar ahorro en inversión. El objetivo no es solamente aumentar el volumen de crédito, sino canalizar recursos que permanecen dentro del sistema hacia proyectos de mayor plazo y escala.

“Para una economía donde la cantidad de pesos está muy acotada, para seguir bajando la inflación es importante que se dé la competencia de monedas y el concepto de la dolarización endógena”, explicó Furiase. Bajo esa concepción, el dólar deja de funcionar únicamente como reserva de valor y comienza a adquirir un papel más relevante como vehículo de financiamiento de la economía real.

ADEBA acompañó esa interpretación. La entidad que reúne a los principales bancos de capital nacional sostuvo que la modificación puede generar condiciones para desarrollar el ahorro y el crédito en dólares durante los próximos años. Desde la asociación consideraron que el cambio permitirá una intermediación más eficiente de los ahorros en moneda extranjera hacia el sector privado y favorecerá tanto la captación de depósitos como la generación de préstamos destinados a la producción.

La construcción aparece entre las actividades que podrían aprovechar con mayor intensidad esta nueva herramienta. Furiase identificó a los desarrolladores inmobiliarios como potenciales demandantes de financiamiento para proyectos de gran escala, particularmente en un mercado donde el plazo constituye una de las principales restricciones para transformar ahorro en inversión.

El Gobierno también pretende complementar esta estrategia con instrumentos destinados a recuperar fondos que permanecen fuera del sistema financiero. La denominada “inocencia fiscal” forma parte de ese esquema: según las estimaciones oficiales mencionadas por Furiase, los argentinos mantienen aproximadamente US$170.000 millones fuera de los circuitos formales.

La apuesta consiste en que una mayor confianza en el sistema permita captar una parte de esos recursos, remunerar mejor al ahorrista y, simultáneamente, ampliar el financiamiento de proyectos productivos. El mecanismo podría generar un círculo de mayor intermediación financiera, inversión, productividad y, eventualmente, salarios reales.

El límite está en quién toma el crédito

El principal punto de discusión no está en la existencia del ahorro en dólares, sino en el destino del crédito. La regulación anterior establecía una relación mucho más estricta entre la moneda en la que una empresa genera sus ingresos y aquella en la que se endeuda. La nueva normativa amplía el universo de empresas que pueden acceder al financiamiento en dólares, incluso aquellas cuyos ingresos no provienen directamente de exportaciones.

Ahí aparece el riesgo que señalan los críticos: el descalce de moneda. Una empresa que recauda principalmente pesos pero toma deuda en dólares puede afrontar una situación financiera manejable mientras el tipo de cambio permanece relativamente estable. Una depreciación significativa, en cambio, puede incrementar abruptamente el peso de sus obligaciones sin que sus ingresos aumenten en la misma proporción.

Ese escenario es el que llevó a Lacunza a advertir sobre la posibilidad de repetir errores de fines de los años noventa. El exministro de Hacienda cuestionó que se otorgue crédito en dólares a empresas cuyos ingresos están denominados en pesos y sostuvo que, ante una eventual suba del tipo de cambio, la dificultad de repago podría trasladarse al sistema financiero.

Su argumento recupera una de las lecciones centrales de la crisis de 2001: el problema no radica únicamente en la capacidad individual de una empresa para endeudarse, sino en qué ocurre cuando una depreciación cambiaria afecta simultáneamente a una gran cantidad de deudores.

Guido Sandleris, expresidente del Banco Central, planteó una objeción similar desde la perspectiva de la regulación prudencial. Para el exfuncionario, la Argentina logró construir después de 2001 una de las pocas reglas financieras que atravesó distintas crisis cambiarias sin desembocar en una crisis bancaria: separar, en términos generales, los circuitos de intermediación en pesos y dólares.

Según su argumento, los depósitos en moneda extranjera podían prestarse esencialmente a quienes también generaban divisas, de modo que una depreciación del peso no transformara automáticamente una deuda en dólares en un problema de solvencia para el tomador y, por extensión, para el banco.

La advertencia de Sandleris apunta a una cuestión de diseño institucional: aunque el monto habilitado inicialmente sea relativamente acotado, el precedente regulatorio puede tener mayor relevancia que el volumen inmediato de crédito. El riesgo, desde esta perspectiva, no es necesariamente la medida actual sino una eventual ampliación futura del criterio.

El desafío es transformar ahorro en inversión sin trasladar el riesgo al sistema

La discusión ofrece dos diagnósticos diferentes sobre un mismo problema. El Gobierno observa una oportunidad: depósitos en dólares que crecieron con fuerza, una mayor confianza financiera y una economía que necesita inversión de largo plazo. Los críticos observan una vulnerabilidad: una economía todavía bimonetaria, con antecedentes de fuertes depreciaciones y empresas cuyos ingresos pueden estar denominados en pesos.

El punto de equilibrio está en los mecanismos de cobertura y en la evaluación individual del riesgo. La nueva regulación mantiene límites macroprudenciales y establece condiciones más exigentes para las financiaciones alcanzadas por el nuevo régimen, precisamente para evitar que una expansión del crédito se transforme en un deterioro de la solvencia bancaria.

Desde una perspectiva de desarrollo, el desafío consiste en lograr que el ahorro en dólares financie activos productivos capaces de generar los flujos necesarios para devolver esos dólares. No es lo mismo financiar una actividad exportadora, un proyecto inmobiliario con ingresos dolarizados o infraestructura vinculada a sectores transables que utilizar divisas para cubrir gastos de una empresa cuyos ingresos dependen exclusivamente del mercado interno.

La diferencia es crucial porque determina quién absorbe el riesgo cambiario. Si el proyecto genera dólares, el endeudamiento puede funcionar como una herramienta natural de financiamiento. Si genera pesos, la cobertura requiere mecanismos adicionales que impidan que una depreciación transforme una decisión empresarial en un riesgo sistémico.

En ese sentido, la flexibilización puede convertirse en una herramienta para profundizar el mercado de crédito argentino si consigue ampliar el financiamiento de inversiones sin deteriorar la calidad de los activos bancarios. El objetivo de política pública no debería ser simplemente prestar más dólares, sino conseguir que esos dólares financien productividad, infraestructura y capacidad exportadora.

La oportunidad está en aprovechar el crecimiento de los depósitos en moneda extranjera sin repetir el descalce que históricamente convirtió las crisis cambiarias en crisis financieras. La discusión que acaba de abrirse, por lo tanto, no enfrenta necesariamente crédito contra prudencia: plantea cómo diseñar una intermediación más profunda que pueda sostenerse también cuando cambie el ciclo cambiario.

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Activos argentinos bajo presión: ADRs caen hasta 18% y el riesgo país trepa casi 12% en agosto

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Los activos argentinos profundizaron su castigo durante la segunda semana de agosto, en una señal que empieza a exceder la dinámica estrictamente cambiaria. Con el dólar mayorista estable en torno de los $1.500 y un escenario internacional que ofreció cierto alivio a los mercados emergentes, las acciones y los bonos soberanos locales volvieron a quedar rezagados, mientras el riesgo país escaló hasta los 480 puntos básicos.

El movimiento dejó una fotografía incómoda para el mercado: en lo que va de agosto, los ADRs argentinos acumularon pérdidas de hasta 18%, mientras el riesgo país avanzó casi 12%. En las últimas cinco ruedas, el S&P Merval cedió 4,5% medido en dólares y descendió hasta los US$1.867. La corrección se produjo pese a que Wall Street encontró respaldo en una inflación estadounidense que moderó las expectativas de un endurecimiento monetario de la Reserva Federal.

La divergencia entre Argentina y el resto de los mercados volvió a colocar los factores domésticos en el centro de la discusión. La liquidez continúa ajustada, las tasas de corto plazo permanecen elevadas y la inflación de julio mostró una aceleración hasta 2,1% mensual, frente al 1,9% de junio. A esto se suma una creciente discusión sobre la capacidad de la economía para sostener la recuperación del empleo, los salarios y el consumo, variables que comienzan a adquirir mayor relevancia en la valoración de los activos.

El esquema económico oficial mantiene como prioridad la estabilidad cambiaria y el control de la liquidez. Según el análisis de Eric Ritondale, de Puente, el Gobierno profundizó durante la semana el uso del ancla nominal mediante una combinación de estabilidad del tipo de cambio y una administración más estricta de los pesos disponibles en el sistema financiero. El Banco Central, al mismo tiempo, moderó el ritmo de compra de divisas y las tasas de muy corto plazo se estabilizaron en torno del 20% al 23% después de las tensiones registradas en jornadas anteriores.

El Tesoro consiguió, además, renovar prácticamente la totalidad de sus vencimientos en la última licitación, aunque la demanda volvió a concentrarse en instrumentos de menor plazo. El movimiento de fondos entre el Tesoro, el BCRA y los bancos comerciales contribuyó a reducir parte de la volatilidad, pero no eliminó la restricción de liquidez que atraviesa al sistema.

El problema es que la estabilidad cambiaria tiene un costo cuando se sostiene con tasas elevadas y una oferta monetaria contenida. La estrategia puede contribuir a moderar la inflación y evitar una aceleración de las expectativas devaluatorias, pero también puede enfriar el crédito y postergar decisiones de inversión si la restricción financiera se prolonga.

La inflación de julio agregó una nueva variable a esa ecuación. El 2,1% mensual superó levemente las expectativas del mercado, mientras que la inflación núcleo se ubicó en 1,8%. Aunque las expectativas de largo plazo continúan ancladas alrededor de una inflación mensual de 1,5%, la aceleración reciente reabrió el interrogante sobre cuánto esfuerzo monetario será necesario para sostener el proceso de desinflación.

El mercado laboral y la actividad comienzan así a formar parte de la ecuación financiera. Desde GMA Capital señalaron que las mesas de dinero empiezan a discutir cuánto del aumento del riesgo argentino responde a los recientes traspiés macroeconómicos y cuánto empieza a incorporar el comportamiento de los salarios, el empleo y la heterogeneidad sectorial, junto con el escenario político hacia 2027.

Acciones: ni los buenos balances alcanzaron para revertir la tendencia

La renta variable fue uno de los segmentos más castigados. El S&P Merval llegó a retroceder más de 4% en dólares durante la semana y el sector bancario encabezó las pérdidas, con Banco Macro llegando a caer más de 10%.

La particularidad es que el deterioro bursátil no estuvo acompañado por una temporada de balances negativa. Por el contrario, varias compañías argentinas presentaron resultados superiores a las previsiones. YPF y Pampa Energía superaron en más de 40% las estimaciones de ganancias por acción, mientras Ternium y Telecom también quedaron por encima del consenso.

YPF, además, avanzó en una operación estratégica al aceptar la oferta de Edenor para adquirir el 70% de Metrogas y el 5% de MetroEnergías por US$780 millones. La transacción se encuadra en el proceso de optimización del portafolio de la petrolera y apunta a liberar capital para proyectos de mayor retorno vinculados con Vaca Muerta y las exportaciones.

Sin embargo, el mercado no está premiando exclusivamente los fundamentos corporativos. La percepción de riesgo soberano se convirtió en un factor dominante y terminó imponiéndose incluso sobre las noticias positivas de las empresas.

Los bonos pierden terreno frente a otros emergentes

La deuda soberana también profundizó la corrección. Los Globales retrocedieron a lo largo de prácticamente toda la curva: el GD38 y el GD46 cayeron 1,1%, el GD35 perdió 0,9%, el GD41 bajó 0,8% y el GD30 cedió 0,3%.

El dato relevante no es solamente la magnitud de las pérdidas, sino su comparación internacional. Mientras los bonos argentinos retrocedieron, los de Ecuador avanzaron 0,6%, los de Pakistán 0,5% y los de Egipto 0,4%. El promedio de los mercados emergentes y los bonos del Tesoro estadounidense permanecieron prácticamente estables.

La lectura es contundente: la corrección argentina tiene un componente predominantemente doméstico. No parece responder a una ola generalizada de aversión al riesgo, sino a una reevaluación específica de la economía argentina.

Esto también implica un cambio respecto del primer semestre. Hasta julio, el GD35 acumulaba una ganancia directa del 9% y había superado a Ecuador y al promedio emergente. El retroceso posterior prácticamente borró aquella ventaja y abrió una discusión sobre si el mercado comenzó a incorporar un escenario más complejo para la macroeconomía y la política económica.

La deuda corporativa, en cambio, muestra mayor resistencia. Las Obligaciones Negociables continúan recibiendo flujos, respaldadas por balances sólidos, niveles de endeudamiento relativamente bajos e ingresos sostenidos. Algunas compañías todavía consiguen financiamiento a tasas de 3% anual o inferiores en plazos cortos y las emisiones corporativas acumulan un volumen 30% superior al registrado durante el mismo período de 2025.

Ese comportamiento introduce una diferencia importante dentro del riesgo argentino: mientras el soberano vuelve a ser castigado, el crédito corporativo conserva acceso al mercado. La fortaleza de empresas vinculadas con energía, telecomunicaciones e infraestructura funciona, en este contexto, como una vía de financiamiento alternativa para proyectos productivos aun en un escenario de mayor volatilidad.

El crédito en dólares puede modificar el mapa financiero

La ampliación del crédito bancario en moneda extranjera aparece como otra variable a seguir. La nueva regulación anunciada por el Gobierno permitirá ampliar los destinos de estos préstamos, bajo límites prudenciales específicos y con un tope conjunto equivalente al 15% de los depósitos en dólares de cada entidad para los nuevos destinos.

Para el mercado, el mecanismo podría incrementar la oferta de divisas si las empresas toman esos créditos y los fondos se canalizan a través del mercado oficial. También puede reducir la necesidad de acudir al mercado de capitales, con un eventual impacto sobre la oferta futura de Obligaciones Negociables.

Pero existe una contracara. Mientras el tipo de cambio permanezca estable, el endeudamiento en dólares puede resultar atractivo para las compañías. Una eventual fase de volatilidad cambiaria modificaría rápidamente el incentivo: las empresas endeudadas necesitarían comprar divisas para cancelar sus obligaciones y podrían convertirse en una fuente adicional de demanda.

La política financiera enfrenta, por lo tanto, una cuestión de timing. El crédito en dólares puede profundizar la intermediación y aportar financiamiento productivo, pero su expansión requiere que los riesgos de moneda permanezcan adecuadamente cubiertos.

El escenario externo juega a favor, pero Argentina no logra aprovecharlo

La diferencia con Wall Street resulta significativa. Los datos de inflación de Estados Unidos redujeron las expectativas de un nuevo endurecimiento de la Fed y favorecieron a los activos de riesgo.

El índice de precios al productor estadounidense no registró variaciones mensuales en julio, contra una expectativa de 0,2%, mientras que la medición interanual se desaceleró de 5,5% a 4,7%. La inflación mayorista núcleo avanzó 0,2% mensual, también por debajo de las previsiones.

Con los últimos datos de empleo, IPC e IPP, el mercado comenzó a incorporar una Reserva Federal menos restrictiva. La probabilidad asignada a una suba de tasas en septiembre pasó del 55% al 35%, mientras aumentaron las chances de que la Fed mantenga el rango de 3,50% a 3,75%.

El resultado fue un contexto internacional relativamente favorable para la renta variable y el oro. El S&P 500 incluso llegó a superar los 7.800 puntos, mientras el 85% de las empresas del índice que ya presentaron balances superó las expectativas de beneficios.

Argentina, sin embargo, transitó en sentido contrario.

La señal que deja agosto es que la estabilidad del dólar ya no alcanza por sí sola para sostener las valuaciones. El mercado necesita ahora una combinación más exigente: desinflación consistente, liquidez menos restrictiva, recuperación del empleo y los salarios, crecimiento sostenible y una reducción del riesgo político hacia 2027.

El desafío, desde una perspectiva de desarrollo, consiste en que la estabilidad financiera deje de ser un objetivo defensivo y se transforme en una plataforma para ampliar el crédito, atraer inversión y recuperar el empleo formal. Si ese puente no se construye, la calma cambiaria puede coexistir con una economía de activos locales deprimidos y con un mercado que continúa asignando una prima elevada al riesgo argentino.

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El BCRA amplía el crédito en dólares, pero fija un techo del 15% y endurece los controles prudenciales

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) adecuará el marco prudencial para las financiaciones en moneda extranjera luego de la modificación del artículo 23 del Decreto 905/02 anunciada por el Poder Ejecutivo. La decisión amplía el universo de destinos al que podrán dirigirse los depósitos en dólares, pero incorpora un límite cuantitativo y mayores exigencias de capital para evitar que una expansión del crédito genere nuevos riesgos sobre el sistema financiero.

La lógica económica detrás del cambio apunta a profundizar la intermediación financiera en una economía donde el ahorro y las decisiones de inversión se encuentran parcialmente dolarizados. El objetivo es que una mayor proporción de los depósitos en moneda extranjera pueda transformarse en financiamiento para la inversión privada, la actividad productiva y el empleo, reduciendo al mismo tiempo la dependencia de fuentes externas de crédito.

El cambio, sin embargo, no supone una liberalización irrestricta del crédito en dólares. El BCRA establecerá que las financiaciones provenientes de depósitos en moneda extranjera destinadas a clientes que no encuadren en los destinos que ya estaban habilitados no podrán superar, en conjunto, el 15% de los depósitos en dólares de cada entidad financiera.

Ese límite funciona como una barrera prudencial frente a uno de los principales riesgos de una mayor dolarización del crédito: el descalce de moneda. Un tomador que genera sus ingresos en pesos pero contrae una deuda en dólares puede enfrentar un deterioro abrupto de su capacidad de repago si se produce una variación significativa del tipo de cambio. Por eso, la nueva regulación combina la ampliación del crédito con requisitos adicionales para bancos y deudores.

La primera protección estará vinculada al capital. Para estas nuevas financiaciones, el requisito de capital mínimo será equivalente al 125% del correspondiente a otras operaciones comparables. En términos regulatorios, esto implica que las entidades deberán respaldar con una mayor cobertura patrimonial los créditos considerados más expuestos al riesgo cambiario.

El segundo mecanismo operará sobre los límites de exposición crediticia. Estas financiaciones computarán por 1,25 veces la exposición que correspondería si no estuvieran alcanzadas por el tratamiento específico. De esta manera, el regulador eleva el costo prudencial de incrementar este tipo de cartera y desalienta una expansión excesivamente acelerada.

El tercer componente será la evaluación de la capacidad de repago. Las entidades financieras deberán analizar cómo responderían los tomadores ante escenarios de variación del tipo de cambio de diferente magnitud. El objetivo es que la decisión de otorgar un préstamo en dólares no se base exclusivamente en la situación financiera actual del cliente, sino también en su capacidad para absorber eventuales movimientos cambiarios.

La combinación de límite cuantitativo, mayor exigencia de capital y pruebas de capacidad de pago busca resolver una tensión central de la política financiera argentina: cómo utilizar los dólares depositados dentro del sistema para financiar inversión sin trasladar al sistema bancario los riesgos derivados de prestar en una moneda distinta de aquella en la que generan ingresos muchos de los tomadores.

En ese sentido, la medida parte de una premisa relevante para una economía bimonetaria: profundizar la intermediación entre el ahorro doméstico y la inversión privada puede reducir el desbalance entre ambos. Cuando los dólares permanecen fuera del circuito crediticio, el sistema financiero pierde capacidad para transformar ese ahorro en inversión productiva. Cuando se habilita su utilización, aumenta potencialmente la oferta de crédito, pero también adquiere mayor importancia la gestión del riesgo cambiario.

El desafío consiste, entonces, en ampliar la frontera del financiamiento sin deteriorar la calidad de los activos bancarios. La regulación diseñada por el BCRA busca que la expansión sea gradual y que cada peso de riesgo adicional tenga un respaldo patrimonial acorde con su exposición.

Para las empresas, especialmente aquellas con ingresos o activos vinculados al dólar, la modificación puede ampliar las alternativas de financiamiento disponibles dentro del sistema local. El efecto sobre la inversión dependerá, sin embargo, de la capacidad de los bancos para canalizar esos fondos y de que la demanda de crédito encuentre proyectos con flujos suficientes para sostener obligaciones en moneda extranjera.

La medida también apunta a un problema estructural de la economía argentina: la baja profundidad del crédito bancario. Movilizar el ahorro en dólares existente dentro del sistema puede generar una fuente adicional de financiamiento sin depender exclusivamente del ingreso de capitales externos. Para que ese mecanismo tenga impacto sostenido, será necesario que el nuevo crédito se dirija hacia actividades capaces de generar productividad, exportaciones o ingresos compatibles con la moneda del financiamiento.

El BCRA plantea así una estrategia de expansión controlada: permitir nuevos destinos para los depósitos en dólares, pero establecer límites explícitos y una cobertura prudencial superior. La eficacia de la medida se jugará en el equilibrio entre ambos objetivos: transformar ahorro inmovilizado en crédito útil para la economía real sin comprometer la solvencia y liquidez de las entidades financieras.

En última instancia, el cambio regulatorio no busca solamente aumentar el volumen de préstamos denominados en dólares. Su objetivo más profundo es ampliar la capacidad del sistema financiero argentino para conectar ahorro e inversión dentro del país. El resultado dependerá de que esa mayor disponibilidad de crédito pueda convertirse en inversión productiva y empleo, manteniendo bajo control el riesgo que históricamente representa el descalce de monedas.

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Economía recompra al BCRA USD 781 millones de Letras intransferibles

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El Gobierno nacional dispuso una nueva operación de recompra de Letras Intransferibles en dólares estadounidenses que están en poder del Banco Central de la República Argentina (BCRA), por un valor efectivo de USD 781,47 millones, en una maniobra orientada a avanzar en la cancelación de estos instrumentos y reducir su peso dentro de los registros de deuda pública.

La medida fue formalizada mediante la Resolución Conjunta 47/2026 de las Secretarías de Finanzas y de Hacienda, publicada este martes en el Boletín Oficial. La operación se encuadra en el mecanismo habilitado por el Decreto 453/2025, que autorizó a ambas dependencias del Ministerio de Economía a continuar con la cancelación de las Letras Intransferibles que permanecen en cartera del BCRA.

El esquema establece que las Letras deben ser tomadas siguiendo el orden cronológico de sus vencimientos, comenzando por las de vencimiento más cercano. En este caso, la operación comprende dos instrumentos: una Letra del Tesoro Nacional Intransferible en dólares con vencimiento el 30 de junio de 2031 y otra con vencimiento el 20 de abril de 2032.

Para la Letra que vence en 2031, el Gobierno fijó un valor nominal original de USD 76,25 millones y un precio de USD 64,363467 por cada USD 100 de valor nominal. El segundo instrumento, con vencimiento en 2032, posee un valor nominal original de USD 1.226,34 millones y será adquirido a un precio de USD 59,721453 por cada USD 100 de valor nominal.

La diferencia entre el valor nominal de los títulos y el monto efectivo desembolsado constituye uno de los aspectos centrales de la operación. En conjunto, el Gobierno utilizará USD 781,47 millones de valor efectivo para cancelar instrumentos cuyo valor nominal original supera los USD 1.300 millones. Los valores efectivos serán redondeados al entero más cercano y la operación quedó liquidada el lunes 10 de agosto.

El punto relevante para las cuentas públicas es que los títulos recibidos por el Tesoro serán dados de baja de los registros de la deuda pública. De esta manera, la operación no se limita a modificar la composición de los activos y pasivos entre el Tesoro y el BCRA, sino que implica una reducción efectiva del stock de deuda registrado por el Estado nacional.

Las Letras Intransferibles constituyen un instrumento utilizado históricamente para documentar el financiamiento del Tesoro al Banco Central y permanecen en la cartera del organismo monetario. La estrategia adoptada por la actual administración busca avanzar en su cancelación mediante operaciones de administración de pasivos, utilizando los mecanismos habilitados por la normativa presupuestaria y financiera.

El artículo 55 de la Ley 11.672 faculta a las Secretarías de Hacienda y Finanzas a realizar operaciones de administración de pasivos, incluyendo compras, ventas y canjes de instrumentos financieros. El Decreto 453/2025 amplió específicamente el marco para continuar con la cancelación de las Letras Intransferibles en poder del BCRA, utilizando recursos provenientes de organismos internacionales de crédito u otras fuentes que determinen ambas secretarías.

La operación también muestra una particularidad financiera relevante: el Gobierno no está recomprando estos títulos a su valor nominal, sino utilizando precios determinados sobre la base de los valores considerados para la transacción. Esto permite cancelar un volumen nominal superior al desembolso efectivo realizado, aunque el efecto final debe analizarse dentro del conjunto de activos, pasivos y relaciones financieras entre el Tesoro y el Banco Central.

Desde la perspectiva de las cuentas públicas, la medida apunta a simplificar la estructura de deuda y continuar con el proceso de saneamiento de los instrumentos que vinculan al Tesoro con el BCRA. Para el mercado, el dato más concreto es la baja de deuda pública por los títulos adquiridos, en un contexto en el que la administración económica busca utilizar operaciones de manejo de pasivos para modificar la composición y el perfil de las obligaciones del Estado.

La resolución lleva las firmas del secretario de Finanzas, Federico Matías Furiase, y del secretario de Hacienda, Carlos Jorge Guberman, y entró en vigencia el mismo día de su dictado.

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El BCRA vuelve a expandir la base monetaria y el crédito acelera: qué muestran las cifras de julio

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El proceso de normalización monetaria comenzó a mostrar en julio una señal que, hasta ahora, había permanecido ausente: la base monetaria volvió a crecer en términos reales después de diez meses consecutivos de contracción. El dato aparece acompañado por una recuperación de la demanda transaccional de dinero y por una aceleración del crédito al sector privado, en un contexto que el Banco Central (BCRA) vincula con la consolidación del proceso de desinflación.

Según el Informe Monetario Mensual correspondiente a julio, publicado este viernes, la base monetaria aumentó 0,2% en términos reales y sin estacionalidad. En valores nominales, el stock se incrementó en $0,5 billones respecto del cierre de junio. El cambio adquiere relevancia porque interrumpe una secuencia de diez meses de contracción y lleva la base monetaria a representar el 3,9% del PIB, todavía 0,4 puntos porcentuales por debajo del nivel registrado en julio de 2025.

La expansión no respondió a una reapertura del financiamiento monetario al Tesoro. Por el contrario, el principal factor expansivo fue la compra neta de divisas al sector privado. Durante julio, el BCRA adquirió USD 2.162 millones, operación que generó una expansión monetaria de $3,2 billones. Parte de ese efecto fue compensado por las operaciones del Tesoro a través de su cuenta en pesos y por la esterilización realizada por la autoridad monetaria mediante operaciones de mercado abierto y repos.

El mecanismo resulta central para interpretar la fotografía monetaria de julio: la expansión de la base se produjo asociada a la acumulación de activos externos, mientras que el resto de las operaciones funcionó como contrapeso sobre la liquidez. En términos acumulados, las compras de divisas del BCRA alcanzaron USD 13.337 millones durante los primeros siete meses del año. Las reservas internacionales, en tanto, finalizaron julio en USD 47.599 millones, USD 2.729 millones por encima del cierre de junio.

El segundo dato relevante aparece del lado de la demanda de dinero. El M2 privado transaccional creció 1,8% real y sin estacionalidad en julio y acumuló tres meses consecutivos de expansión. La recuperación estuvo explicada principalmente por los depósitos a la vista transaccionales, que avanzaron 2,7% real, mientras que el circulante en poder del público aumentó 0,4%. El comportamiento es consistente, según el BCRA, con una recuperación de la demanda de dinero en un escenario de moderación de la inflación.

La contracara estuvo en los instrumentos remunerados. Los depósitos a plazo fijo del sector privado disminuyeron 0,4% real y sin estacionalidad, con una dinámica diferenciada entre hogares y empresas. Mientras las personas incrementaron levemente sus colocaciones, las empresas redujeron sus depósitos a plazo y aumentaron sus tenencias de depósitos a la vista remunerados. Como resultado, el M3 privado cayó apenas 0,1% real en julio y se ubicó en el equivalente a 12,9% del PIB, 1,9 puntos porcentuales por encima del mínimo observado en abril de 2024.

El crédito privado aportó otra señal de mayor profundidad financiera. Los préstamos en pesos crecieron 1,2% real y sin estacionalidad durante julio, con un incremento promedio de $3,0 billones. El BCRA señaló que se trató del mayor crecimiento mensual desde fines de 2025 y que, en términos interanuales, el crédito en pesos mantuvo una expansión real de 1,7%. Su participación sobre el PIB permaneció en 9,2%, mientras que al incorporar los préstamos en moneda extranjera el crédito total al sector privado alcanzó 12,5% del producto.

La composición del crédito también ofrece una lectura relevante para la actividad económica. Por tercer mes consecutivo, los préstamos comerciales fueron el principal motor de la expansión, con una suba de 2% mensual real y sin estacionalidad. Dentro de esa categoría, los adelantos en cuenta corriente crecieron 7,6%, mientras que las financiaciones mediante documentos prácticamente no se movieron.

El crédito hipotecario, por su parte, continuó exhibiendo una trayectoria expansiva. Los préstamos con garantía real aumentaron 0,8% real en julio, impulsados por las financiaciones para vivienda, que crecieron 2,1% mensual y acumularon más de dos años de variaciones positivas. En términos interanuales, el crédito para la compra de vivienda avanzó 50,2% real, principalmente por el comportamiento de los préstamos ajustables por UVA.

En paralelo, el financiamiento en dólares mantuvo un ritmo particularmente intenso. Los préstamos al sector privado en moneda extranjera aumentaron USD 1.115 millones durante julio y alcanzaron un stock de USD 24.826 millones, con un crecimiento interanual de 45,4%. El BCRA señaló que la expansión se explica principalmente por documentos a sola firma destinados a financiar operaciones de comercio exterior, en una trayectoria ascendente prácticamente ininterrumpida desde enero de 2024.

La otra pieza del esquema monetario que comienza a tomar forma es institucional. Durante julio, el Gobierno envió al Congreso un proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA que establece la preservación del valor de la moneda como misión primaria y fundamental de la entidad. El texto propone prohibir el financiamiento al Tesoro mediante Adelantos Transitorios, eliminar mecanismos de transferencia de reservas y restringir la distribución de utilidades a aquellas realizadas y líquidas, una vez constituidas las reservas correspondientes.

El proyecto busca, en términos del propio informe, impedir que el financiamiento del Gobierno por parte del Banco Central genere expansiones monetarias que no estén respaldadas por una mayor demanda de dinero. La propuesta también contempla transitoriamente la posibilidad de utilizar utilidades bajo el criterio normativo vigente para cancelar saldos pendientes de Adelantos Transitorios y Letras Intransferibles, con el objetivo de mejorar la calidad del activo del BCRA.

El cuadro de julio, por lo tanto, combina tres movimientos que merecen ser observados en conjunto: una base monetaria que deja atrás diez meses de contracción, una demanda transaccional que acumula tres meses de crecimiento y un crédito privado que vuelve a ganar dinamismo. La clave para la sostenibilidad de esta trayectoria estará en que la mayor cantidad de dinero y crédito continúe acompañada por una demanda monetaria creciente, acumulación de reservas y una disciplina que limite la creación de pesos desvinculada de la actividad económica.

Para Misiones y el NEA, el dato más tangible aparece en el canal crediticio. La recuperación de los préstamos comerciales puede traducirse en mayor disponibilidad de capital de trabajo para empresas, mientras que el crecimiento del financiamiento en dólares mantiene una conexión directa con actividades vinculadas al comercio exterior. El desafío ya no es solamente que el crédito vuelva a crecer, sino que esa expansión logre transformarse en inversión, producción y capital de trabajo a costos compatibles con la rentabilidad de las economías regionales.

El informe del BCRA deja así una fotografía menos centrada en la cantidad absoluta de pesos y más en su composición: mientras la base monetaria recupera terreno, los depósitos transaccionales crecen, el crédito privado gana profundidad y las reservas aumentan. La evolución de estos cuatro indicadores será determinante para saber si la recuperación monetaria de julio representa apenas un cambio estadístico o el comienzo de una etapa de mayor intermediación financiera con estabilidad nominal.

Informe Monetario Mensual 2026 07 by CristianMilciades

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