BOLSONARO

O capitão do povo

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Las preguntas que se están intentando responder en gran parte de Latinoamérica son, ¿Por qué Bolsonaro? y ¿Qué efectos tiene a nivel regional, en qué nos perjudica? O capitão es, más que un producto nuevo y antisistema, la respuesta a un sentimiento de hartazgo con un partido que gobernó más de 14 años ininterrumpidos Brasil.  Un poco por el gran nivel de corrupción y otro por el normal efecto desgaste, la sociedad brasileña estaba buscando una alternativa, no al sistema político, sino al partido dos trabalhadores. Cada país tiene sus características particulares, además de que esto dista de ser una tendencia general en América Latina. Lenin Moreno, Iván Duque, y sobre todo Andrés López Obrador no tienen nada de parecido con el posible futuro presidente de Brasil. Si la comparación fuera con Donald Trump, menos. Estaríamos comparando a un empresario de toda la vida que nunca incursionó en política, contra un político de experiencia y actual diputado por Rio de Janeiro, impensable.  
Outsider. Es la palabra que usamos para describir a todas las personas que fueron ajenas a la política y de un momento a otro, saltaron al escenario público con una retórica anti elitista. Cuentan un cuento, generalmente el mismo: un pueblo que fue quebrado y vapuleado por una clase política; la que se encargó de degenerar los valores morales y cívicos de la sociedad, corrompiendo de esta manera su destino triunfal.  
¿Bolsonaro, es un outsider? La respuesta es no. ¿Por qué? Es un hombre que lleva 29 años viviendo de la política, transitando ya por su noveno partido y con su esposa, hermano e hijos trabajando, también, en política.
Sus contradicciones son muchas, por ejemplo, dentro de sus declaraciones existen acusaciones recurrentes a políticos corruptos que no hicieron nada por su país, él tampoco, tiene más décadas en el congreso que proyectos de ley presentados (2). ¿Es una persona evangélica? Se bautizó en 2016 mientras Rousseff era destituida, en línea con otros políticos que vieron el gran crecimiento de la población evangélica (1/4 del electorado brasileño). ¿Representa los valores familiares? Se casó tres veces. Bolsonaro, como cualquier político, no resiste un archivo.
Ya lo dijo el profesor Gustavo Bertoche Guimarães en un hilo que se hizo viral en estos últimos días, “El problema no es el elector de Bolsonaro. Somos nosotros, del gran campo de las izquierdas”. El problema del vecino país, según Guimarães, fue una clase política que se perpetuó en el poder, llegando a pensar que los acuerdos partidarios (con el PMDB) y las movilizaciones, eran suficientes para sostener la gobernabilidad. Si a este análisis se le sumarán los casos de corrupción por las transferencias financieras en el caso Lavajato, el hartazgo es total.
Si bien puede incentivarlo, el origen de este movimiento no se encuentra en las redes sociales o el auge de las ideas extremistas, sino en el mismo seno del PT. La autocrítica llegó muy tarde, y aunque si bien todavía no está todo terminado, la “gran idea” del eslogan Lula-e-Haddad en primera vuelta ya cimentó una idea que puede ser difícil de retirar.
Más allá de sus contradicciones, Bolsonaro resume esto mejor que nadie, es el personaje más anti petista que existe. No importa que sea machista, homofóbico o violento, sólo importa que sea diferente a los que estuvieron. En la escala de preferencias, hoy por hoy, diferenciarse de Lula, Haddad y Dilma, garpa y mucho.
De afirmarse los resultados de primera vuelta, hay diferentes efectos regionales que pueden esperarse. Una reforma de Mercosur, más presiones sobre el régimen de Maduro en Venezuela y militarización de la frontera norte de Brasil son algunos de los ejemplos. Pero difícilmente puedan surgir movimientos similares en las elecciones presidenciales del año que viene en Argentina. Los escenarios que promueven el surgimiento de espacios antisistema generalmente se dan luego de períodos prolongados de crisis de representación y fragmentación partidaria, Brasil es un caso excepcional que cuenta con 15 bloques partidarios y casos de corrupción estructural tanto en la esfera pública (Lavajato) cómo en la esfera privada (Odebrecht).
La causalidad directa no existe en las ciencias sociales, y así como en Brasil (13%) y México (18%) se registraban los índices más bajos de apoyo a la democracia, en un país un dirigente de derecha está primero en intención de votos mientras que en el otro un socialista de vieja escuela es presidente electo. La tentación de caer en falsos pronósticos y encontrar generalidades abstractas puede ser grande, pero siempre hay que considerar la historia y los escenarios particulares de cada país.
El PT creyó y sigue creyendo que el efecto Bolsonaro se explica más por causas externas que por causas internas. Lejos de entender que la sociedad brasileña estaba buscando un cambio, la insistencia con el “Proyecto Lula” llevó a que una persona con ideas extremistas esté a un paso de ser presidente.
Esta es una lección que bien podría valer para los partidos políticos en Argentina. Las alianzas políticas siglo XX ya dejaron de tener vigencia, hoy más que nunca hay que escuchar lo que dicen las personas en la calle, de lo contrario alguien va a hablar por ellas. Y ese alguien, aunque no nos guste, es Bolsonaro.

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El nivel de rechazo: factor clave que definirá al nuevo presidente en Brasil

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En las elecciones presidenciales brasileñas del domingo 7 de octubre, el candidato de la ultraderecha del PSL Jair Bolsonaro ha quedado a escasos puntos de ser electo presidente en primera vuelta con el 46,03% de los votos. El segundo lugar lo obtuvo Fernando Haddad, el candidato del PT con el 29,28% y el electorado deberá elegir entre ellos al próximo presidente en la segunda vuelta electoral que se realizará el domingo 28.
En Brasil el sistema electoral exige una mayoría absoluta del total de votos válidos emitidos para que consagrar la fórmula presidencial en primera vuelta, caso contrario define un ballotage entre los dos candidatos más votados y hacia allí se dirige el gigante latinoamericano.
¿Cuáles son los motivos que pueden explicar este resultado electoral?
En primer lugar la crisis del sistema político luego de la megacausa de corrupción del Lava Jato generó desencanto y pérdida de credibilidad hacia la élite política y empresarial. Los partidos tradicionales no lograron cumplir las promesas contra la corrupción luego del impeachment a Dilma Rousseff y el PSL captó votos de esos espacios, fundamentalmente del PMDV. Hubo un corrimiento de los votos del centro hacia la extrema derecha.  
La prisión del principal líder del PT Lula Da Silva, con un proceso judicial de dudosa reglamentariedad, cambió el escenario inicial que lo ubicaba encabezando la intención de votos en primera vuelta y signó la suerte de Haddad que no logró instalarse en tan poco tiempo como candidato del espacio.
Bolsonaro logra este caudal de votos en parte por el rechazo hacia el PT y gracias a lo que se conoce localmente como las tres B: buey, Biblia y bala en las que se sostiene el respaldo conservador. El apoyo del sector agrario, la inmensa red de iglesias evangélicas y su propuesta de “mano dura” ante la inseguridad y una alarmante tasa de homicidios. Es el candidato apoyado por las Fuerzas Armadas, factor de poder que cuenta con alta valoración en la opinión pública ante el descrédito del gobierno y las empresas.
El voto a Bolsonaro puede leerse como un mandato de orden y limpieza, ante la criminalidad urbana y la corrupción. Sus propuestas contra la “ideología de género” sintonizaron con el espacio popular religioso gracias a la influencia las iglesias evangélicas. El agro brasileño lo respalda por la promesa de implementar una economía de mercado con reducción de la estructura del Estado.
En su plataforma electoral sostiene que “luego de 30 años en que la izquierda corrompiera la democracia para provocar un estancamiento de la economía, nosotros restableceremos el orden y progreso por medio de un gobierno liberal demócrata”.
Su discurso confrontativo y muy distante de lo considerado “políticamente correcto” permeó en una porción creciente del electorado que considera que los políticos tradicionales son incapaces de resolver los problemas cotidianos de la ciudadanía.
La campaña electoral ha sido dominada por los temas que planteó Bolsonaro, en este punto el PT deberá trabajar mejor su estrategia comunicacional. El rol de las redes sociales, fundamentalmente de WhatsApp y la difusión de fake news o noticias falsas, ha cambiado la manera de conquistar votos y esta elección ha sido un caso significativo de esta tendencia. Bolsonaro usó efectivamente esta estrategia.
El fenómeno de la polarización es producto en gran medida del efecto de las redes sociales en la construcción de la opinión pública y en la participación política. Las burbujas informativas en las que nos encerramos escuchando únicamente a quiénes piensan como nosotros están generando efectos en la calidad de la democracia, tensando las diferencias sin dejar espacios para quienes se definen como neutrales. Los cambios tecnológicos son muy rápidos y estamos viendo el enorme impacto que tienen en procesos sustantivos para las democracias como son las elecciones.
Podrá Haddad revertir el escenario? Esta es la gran pregunta del momento, ante la preocupación que surge con un candidato racista, homofóbico, misógino y de rasgos autoritarios como Bolsonaro a un paso del Palacio de Planalto.  
A pesar del resultado adverso, el PT no hizo una mala elección y tiene una buena base desde donde pararse para la segunda vuelta. Si comparamos los resultados de la elección municipal de 2016 en las que perdió todas las ciudades importantes que disputaba, en esta elección logró recuperarse y reafirmó su presencia en los distritos del nordeste.
Además, un poco más de 3 millones de electores votaron en blanco y casi 30 millones se abstuvieron, pese a que el voto es obligatorio. A esta porción del electorado deberá apelar Haddad para mejorar su performance electoral de cara al ballotage, sumado los 25 millones que no votaron al candidato de la ultra derecha en la primera vuelta.
En el poder legislativo, la fragmentación en la composición de las Cámaras aumentó -ha sido una característica constante del sistema político brasileño- y el próximo presidente tendrá que construir alianzas con un mayor número de actores para asegurar la gobernabilidad. En la Cámara Baja el número de partidos pasó de 25 a 30, el PT es la primera minoría con 56 diputados seguido por el bloque del PSL que creció de 8 a 52 legisladores. El Senado pasó de tener 16 a 21 partidos con representación parlamentaria, aquí el bloque principal corresponde al MDB con 18 bancas. Haddad aparece con más fortaleza para generar esos acuerdos, aunque los agrodiputados y los evangélicos ya le adelantaron su apoyo a Bolsonaro, en caso de ser electo.
El análisis de los casos demuestra que han sido pocos los de reversión electoral en segunda vuelta en América Latina. El doctor en Ciencia Política Daniel Chasqueti elaboró una base de 65 elecciones con doble vuelta y regla de mayoría absoluta e hizo un cálculo de probabilidades de Haddad de revertir la elección: lo ubica en el orden del 4%. Pero como la política es el arte de lo posible, esa probabilidad puede concretarse.
Una nueva campaña empieza y el ballotage dirime entre dos opciones, no por aquella que tiene más apoyo sino por la que genera menos rechazo. El 28 veremos si el rechazo al PT, con todo lo que implica en términos simbólicos, es mayor que el rechazo a un liderazgo como el que Bolsonaro propone. Antipetismo vs. antibolsonarismo es la cuestión.  

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Bolsonaro o Haddad, la grieta de Brasil que impacta en toda la región

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Pasadas las 20 del domingo, el Tribunal Electoral de Brasil hizo público los resultados de las elecciones que definían el rumbo de nuestra región. El principal anuncio fue que ninguna fuerza política logró superar el 50 por ciento de los votos, por lo cual, habrá una segunda vuelta. Situación no muy sorpresiva y pronosticada por los principales encuestadores durante las últimas semanas. Sin embargo, durante la misma conferencia revelaron un dato que dejó al mundo entero expectante, y a la sociedad brasileña radicalmente dividida: el candidato de ultraderecha, por demás polémico y controversial, obtuvo más del 46 por ciento de los sufragios, aventajando por 17 puntos al segundo más votado.
El 28 de octubre es la fecha elegida para el ballotage, competirán por la presidencia, por todo o nada, Jair Bolsonaro y Fernando Haddad. El primero es el candidato del Partido Social Liberal (PSL), representante de la ultraderecha, que estuvo a menos de 5 puntos de ganar el gobierno nacional en primera vuelta. Bolsonaro, actual diputado nacional por San Pablo, saltó a la fama por sus discursos públicos de tono racistas, homofóbicos, misóginos y ser un ferviente defensor de la última dictadura militar brasileña.
El segundo, quien reemplazó a Lula da Silva luego que la justicia lo imposibilitara para competir en las elecciones, es el candidato del Partido Trabajador (PT). Partido que gobernó casi dieciséis años el país, y se encuentra intentando recuperarse de la detención de su líder político, Lula, y la destitución de su última presidente, Dilma Rouseff.
A menos de tres semanas de la segunda vuelta la campaña se endureció, los dos candidatos se enfocan, casi exclusivamente, en atacarse mutuamente. Mientras uno es acusado de fascista, el otro es acusado de corrupto, y así pasan los días entre ofensas que van y vienen, poco hablan de sus futuras políticas gubernamentales.
Con el pasar de los días los partidos que quedaron afuera de carrera empiezan a fijar posturas, al igual que los ciudadanos brasileños y las figuras del mundo del espectáculo empezaron a viralizar #AgoraÉHaddad (ahora es Haddad), situación que encuentra estrecha relación con lo sucedido en Estados Unidos en las elecciones de 2016, cuando las estrellas del mundo pop pedían el voto para Hillary Clinton.
Antes de arriesgar predicciones, es importante realizar un pequeño pantallazo de las consecuencias de los comicios del 7 de octubre. Por un lado, dejó un Congreso altamente fragmentado, que hará la tarea de gobernar bastante difícil para cualquiera de los dos candidatos, obligándolos a realizar alianzas parlamentarias porque ningún partido posee mayoría. Los 513 escaños de la Cámara de Diputados quedaron distribuidos en más de 30 partidos, el PT se quedó con 56 diputados (tenía 70 en 2014) y el PSL obtuvo 52. El Senado, 81 escaños en total, quedó distribuido entre 20 partidos, el PT pasó de tener once senadores a cuatro. La mayor derrota la tuvo ex presidenta Dilma Rouseff, quien competía por una banca en la Cámara Alta por su estado natal, Minas Gerais, pero su escaso 15 por ciento la dejó cuarta y no logró entrar.
Por otro lado, también en el ámbito parlamentario, la novedad volvió a ser Bolsonaro, pero esta vez Eduardo, hijo del candidato a presidente, que se convirtió en el candidato a diputado más votado de la historia de Brasil, obteniendo un millón ochocientos mil votos en San Pablo, capital financiera de Brasil.
Trasladándonos a un plano un poco más predictivo, resaltamos que históricamente en Brasil el candidato que más votos saca en la primera vuelta es el ganador en la segunda. Por dos razones: es al que menos votos le falta para alcanzar el 50 por ciento mas 1; y porque el sistema político brasileño es un sistema altamente fragmentado, por lo cual, los partidos que quedan afuera buscan sumarle al que posee más posibilidades de ganar, y de esta formar ocupar lugares en el Gobierno.
Esta situación podría ser muy alentadora para Jair Bolsonaro, ya que, por ejemplo, podría ganar en la segunda vuelta simplemente sumando los votos del Partido de la Social Democracia (4,8%), un histórico rival del PT, y también se identifica como un partido de derecha. Sin embargo, el caso del candidato del PSL es bastante especial dadas sus posiciones tan extremas en temas muy delicados para la sociedad como el régimen militar, la homosexualidad, la pena de muerte, entre otros. Tenemos que ir siguiendo de cerca quienes van a prestarle su apoyo, y pagar el costo político que eso significa.
En cuanto al impacto que tuvo la elección en Argentina, lo primero para destacar es la favorable reacción que tuvieron los mercados ante el triunfo parcial de Bolsonaro, la bolsa de San Pablo cerró el lunes con una suba de hasta un 6%. Esto particularmente se explica por las altas posibilidades que Paulo Guedes encabece el equipo económico si Bolsonaro alcanza la presidencia. Guedes es un economista de 69 años, moldeado en la cuna del liberalismo, realizó su maestría y doctorado en la Universidad de Chicago, y es un ferviente promotor de la apertura de mercado, la reducción de impuestos, el achique del Estado. En sus discursos públicos el economista manifestó que se puede reducir en un 20 por ciento la deuda pública de Brasil (actualmente es el 77% del PBI) mediante privatizaciones, concesiones y venta de propiedades del Estado.
Este repentino shock de confianza del mundo financiero en Brasil podría tener un efecto derrame para toda la región, particularmente para los mercados emergentes como Argentina. También, el día lunes, el Real se apreció respecto al dólar, vale 20 centavos más, lo cual representa una buena noticia para nuestro país, porque productos argentinos se vuelven más competitivos, es decir más baratos, respecto a los productos brasileños en los mercados en los cuales competimos, como por ejemplo en el sector maderero.
Respecto a las relaciones políticas con Argentina, resulta arriesgado llegar a conclusiones adelantadas. No obstante, podríamos entrever que en el caso que gane Haddad, las relaciones serían bastante tirantes, teniendo en cuenta el vínculo histórico del PT con el gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Y en el caso de una victoria de Bolsonaro, tampoco es fácil predecir algún tipo de relación porque con un personaje tan polémico e imprevisible los vínculos dependerán de como forme su gabinete. Seguramente no tendríamos consensos en los grandes foros internacionales, ni podríamos avanzar en políticas regionales en común, en ninguno de los dos casos.
Por último, tenemos que resaltar que el peso regional de Brasil no pasa inadvertido: todavía es, pese a su crisis, la octava economía del planeta. Además, es la segunda potencia militar del hemisferio, siendo Estados Unidos la primera, y comparte fronteras con casi todos los países de América del Sur. Es decir, ninguno de los países vecinos será indiferente al resultado del ballotage. La región entera ya presenta desafíos sumamente serios, que exigen un alto grado de cooperación. Por lo cual, existe una preocupación generalizada en todo el continente por el posible triunfo de Jair Bolsonaro. Particularmente, se teme que militarice las fronteras brasileñas, especialmente las que comparte con Venezuela y complique la situación de los ciudadanos venezolanos que emigran de su país. Los jefes de Estado sudamericanos temen que la presidencia del ultraderechista entorpezca, o destruya, los procesos de integración y cooperación que llevan años funcionando la región, y obstaculice la resolución coordinada de conflictos continentales.

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Bolsonaro promete que no habrá “paz y amor” de cara a la segunda vuelta en Brasil

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RÍO DE JANEIRO, New York Times — Este domingo, los brasileños expresaron su disgusto con la política tradicional y respaldaron un enfoque feroz para combatir el crimen y la corrupción al otorgarle a Jair Bolsonaro, el candidato de extrema derecha, una amplia ventaja en la primera ronda de las elecciones presidenciales.

Bolsonaro sorprendió al poder político al dominar las elecciones presidenciales pese a su largo historial de comentarios ofensivos sobre las mujeres, la población afrodescendiente y la comunidad gay. También hizo una defensa enfática de la vieja dictadura militar del país.

La victoria resultó particularmente notable porque Bolsonaro no cuenta con el respaldo de un partido importante e hizo su campaña con un presupuesto limitado, por lo que usó las redes sociales para construir una base de simpatizantes. A mediados de septiembre, la campaña de Bolsonaro informó haber gastado alrededor de 235.000 dólares, una pequeña fracción de los 6,3 millones de dólares usados por Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores.

Haddad, quien también pasó a la segunda vuelta, quedó en un lejano segundo lugar en la votación. Poco después de las 19:30, con el 96 por ciento de los votos contados, Bolsonaro quedó con poco menos del 47 por ciento de los votos; Haddad lo seguía con el 28 por ciento. Para evitar una segunda vuelta, Bolsonaro necesitaba obtener al menos el 50 por ciento de los votos.

El resultado prepara el escenario para una dura lucha entre dos candidatos con visiones radicalmente distintas para Brasil, la cuarta democracia más grande del mundo, donde la izquierda ha ganado la presidencia en todas las elecciones desde 2002.

Aunque en los últimos años algunos de los países vecinos de Brasil se han orientado políticamente hacia la derecha, una victoria de Bolsonaro, un conservador populista que se une a una creciente lista de líderes antisistema de todo el mundo, sería un cambio radical para esa nación, que se inclinaría hacia el conservadurismo.

Los críticos de Bolsonaro y los analistas políticos ven con alarma el crecimiento de su candidatura, y temen que pueda convertirse en un líder autoritario como Recep Tayyip Erdogan de Turquía o Rodrigo Duterte de Filipinas.

Antes de postularse a la presidencia, Bolsonaro, un capitán retirado del Ejército con pocos logros durante sus siete mandatos en el Congreso, enfrentó cargos federales por discurso de odio a raíz de sus comentarios homofóbicos, misóginos y racistas. También habló con admiración y nostalgia de la dictadura militar de Brasil, durante la cual 434 personasfueron asesinadas o desaparecidas y miles más fueron torturadas desde 1964 hasta 1985.

Rechazado por los principales partidos, Bolsonaro no pudo encontrar un compañero de fórmula hasta principios de agosto, cuando eligió a un general retirado recientemente que ha abogado por la intervención militar como un medio para acabar con la corrupta élite gobernante. El candidato ha dicho que pretende designar a otros líderes militares para que ocupen cargos importantes.

El ascenso de Bolsonaro fue posible gracias las divisiones políticas que han caracterizado al país durante los últimos años. Los brasileños se indignaron cuando los líderes de los partidos tradicionales quedaron involucrados en una amplia investigación de corrupción que comenzó en 2014, y el desánimo se incrementó a medida que empeoraba la economía y aumentaban el desempleo y el crimen.

Si bien algunos votantes se mantuvieron leales al Partido de los Trabajadores —movimiento de izquierda que gobernó de 2003 a 2016— por sus esfuerzos para mejorar las vidas de los brasileños pobres y de la clase trabajadora, muchos llegaron a responsabilizarlo por la corrupción y las dificultades económicas de los últimos años.

Hoy en día, millones de brasileños apoyan con entusiasmo el enfoque radical de Bolsonaro, que se centra en la ley y el orden, incluso si eso significa asesinar a criminales o enemigos políticos, temas que han sido recurrentes en las intervenciones del candidato.

Georgewlany Smith, un funcionario de 61 años en Río de Janeiro, dijo que la erosión de las normas democráticas y las libertades civiles es un precio que está dispuesto a pagar por un Brasil que sea más seguro y próspero.

“Hay que considerar cuáles fueron los mejores momentos para Brasil”, dijo Smith, poco después de haber votado por Bolsonaro en el exclusivo distrito de Barra de Tijuca. “Desafortunadamente fue la dictadura”.

El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, intentó volver a postularse a la presidencia antes de ser encarcelado en abril. CreditLalo de Almeida para The New York Times
Bolsonaro ha aprovechado la ira y el deseo de cambiar el statu quo que se ha apoderado de muchos brasileños. Y se convirtió en el rostro de un creciente movimiento conservador en una nación donde los evangélicos representan uno de cada cuatro votantes y además cuentan con una representación de más de 90 legisladores federales.

El candidato ha ofrecido pocos detalles sobre su plan de gobierno, en particular acerca de la economía en crisis del país. Cuando empezó a sentir presión sobre ese tema escogió a Paulo Guedes, un economista amigable con el mercado, como el ministro de Finanzas para reducir el gasto social que creció con los gobiernos del Partido de los Trabajadores.

Los mercados se recuperaron cuando empezó a liderar las encuestas, pero Bolsonaro “no es el liberal a favor del mercado que pretende ser”, advirtió Mónica de Bolle, una economista brasileña que dirige el Programa de Estudios Latinoamericanos en la Universidad Johns Hopkins.

“Se destaca por tener soluciones demasiado simplistas para problemas muy complejos, una característica que seguramente será contraproducente”, dijo.

La victoria de Bolsonaro fue la primera derrota presidencial del Partido de los Trabajadores desde 2002. Muy probablemente, el hecho será denunciado desde la izquierda como el resultado antidemocrático de una elección que excluyó al político más importante en la historia reciente de Brasil: el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, un extrabajador siderúrgico y líder sindical que se hizo famoso en los años setenta y ochenta cuando se opuso a la dictadura militar.

Da Silva, quien cumplió dos mandatos y dejó el cargo en 2011 con un índice de aprobación récord, fue el líder de las encuestas durante gran parte del año pasado y parecía estar bien posicionado para regresar al palacio presidencial. Pero no fue elegible para postularse luego de que una corte de apelaciones confirmara una sentencia de corrupción y lavado de dinero en su contra a principios de este año.

Después de que Da Silva fuera enviado a prisión en abril para cumplir una condena de doce años, continuó haciendo campaña desde su celda. Aproximadamente un mes antes de la votación, su partido se decidió por Haddad, exministro de Educación y exalcalde de São Paulo, para que ocupara su lugar en la boleta electoral.

Haddad tiene 55 años y es considerado como un intelectual serio, pero carece del ferviente carisma de Da Silva. Además era desconocido en gran parte del país y no logró galvanizar a los votantes del Partido de los Trabajadores que se habían identificado con Lula y la historia política que lo llevó de la pobreza a la presidencia.

Muchas personas aún son leales al liderazgo de Da Silva. Anita Silva Lima, una camarera de 38 años que vive en Rocinha, un vecindario popular de Río, dijo el domingo que ella y sus siete familiares inmediatos habían votado por “el candidato de Lula”, resistiéndose a la presión de su jefe, quien la instó a respaldar a Bolsonaro.

“No quiero una dictadura, mucha gente murió entonces”, dijo Lima, oriunda del empobrecido noreste, un bastión del Partido de los Trabajadores. “No me importa esto de la corrupción. ¿Puedes decirme el nombre de un político que no robe? Bolsonaro también roba”.

Otros han perdido la fe en el Partido de los Trabajadores y sienten que esta elección los deja sin buenas opciones.

“Todos son iguales”, dijo Carlos Alberto da Silva, un conductor de 59 años en Río de Janeiro que apoyó al Partido de los Trabajadores en 2014 y dijo que tenía la intención de anular su voto este año. “Si sucede lo peor, no quiero sentirme culpable”.

Entre las sorpresas de la elección del domingo resaltó la derrota de la expresidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, que se postulaba para el Senado. Las encuestas de opinión pública sugirieron que ganaría fácilmente un asiento en su estado natal de Minas Gerais, pero Rousseff quedó en cuarto lugar.

Clara Araújo, socióloga de la Universidad Estatal de Río de Janeiro, dijo que los votantes mostraron un fuerte desdén hacia las facciones políticas dominantes el domingo.

“Creo que la insatisfacción por la crisis económica se canalizó con un discurso de moral conservadora”, dijo. Según la académica, quienes votaron por Bolsonaro lo vieron como “la opción para un cierto orden, una cierta estabilidad, incluso si esta noción se basaba en salidas fáciles”.

Bolsonaro advirtió a los votantes que devolverle el poder al Partido de los Trabajadores perpetuaría una cultura de corrupción que ha sido revelada en los últimos años y que ha afectado a los grandes partidos políticos y varias de las principales compañías del país.

 

Haddad durante un evento de la semana pasada. Su candidatura no logró galvanizar a los votantes del Partido de los Trabajadores que se identifican con el liderazgo de Da Silva. CreditLeo Correa/Associated Press

También sostuvo que con un gobierno de izquierda, Brasil se arriesga a caer en una crisis económica como la que provocó el éxodo masivo de personas en Venezuela.

El apoyo hacia Bolsonaro creció de manera constante luego de que fue apuñalado el mes pasado mientras sus partidarios lo llevaban a un mitin de campaña en el estado de Minas Gerais.

Mientras la mayor parte de sus rivales viajaron por todo el país y participaron en los debates, Bolsonaro pasó el último mes de la campaña recuperándose en un hospital en São Paulo y más tarde en su casa en Río de Janeiro.

En los últimos días transmitió videos en Facebook en los que analizaba las noticias del día. Las tomas temblorosas y sin seguir un guion son un símbolo de una campaña caracterizada desde el principio por la rebeldía y la improvisación.

A medida que parecía probable una victoria de Bolsonaro, los opositores se unieron en internet y en las calles bajo el lema #EleNão (Él no) para advertir que las instituciones democráticas del país podrían verse afectadas.

Pero los influyentes sectores evangélicos y agroindustriales lo apoyaron durante el tramo final, e inversionistas y brasileños acaudalados se pusieron de su lado por la creencia de que Bolsonaro reducirá el gasto social e implementará reformas favorables al mercado.

Afuera del apartamento de Bolsonaro en Río de Janeiro sus simpatizantes cantaron el himno nacional y gritaron “El capitán llegó” cuando los primeros resultados confirmaron su victoria por un gran margen el domingo por la noche.

“Deshacerse del PT no es la solución, pero es un primer paso para arreglar el país”, dijo Barabara Laureano, una mujer de negocios de 25 años, en referencia al Partido de los Trabajadores. “Esto no se trata de él como persona, se trata de una idea”, dijo.

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Bolsonaro ganó las elecciones en Brasil y va a segunda vuelta con Fernando Haddad

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El ultraderechista Jair Bolsonaro ganó por amplio margen la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, pero deberá medirse con el izquierdista Fernando Haddad el 28 de octubre. 
Bolsonaro, un ex militar de 63 años conocido como el “Donald Trump brasileño” por su discurso populista y nacionalista, obtuvo un 46,26 por ciento de los votos, según los resultados al 99 por ciento del conteo de las actas, ya irreversibles. Haddad, cuya candidatura por Lula da Silva fue oficializada apenas a mediados de septiembre, se quedó por su parte con un 29,07 por ciento. La segunda vuelta está programada para el 28 de octubre. 
 
En total, Jair Bolsonaro lideró en 17 de los 27 estados del país, obteniendo más del 50% de los votos en nueve de ellos. En Sao Paulo, el más rico y poblado de Brasil, consiguió el 53% de los apoyos. En Rio de Janeiro -el segundo más importante atendiendo al PIB y el tercero en términos de población-, el candidato de extrema derecha arrasó con cerca de un 60% de los votos de un estado al que ha representado durante 27 años como diputado federal.  Donde el favorito obtuvo su mejor registro, sin embargo, fue en la sureña Santa Catarina con 66%, mientras el estado de Minas Gerais -el segundo más poblado del país- es más fiel a los resultados nacionales, con 48% de votos para Bolsonaro y 27% para Haddad. El candidato de izquierda, de su lado, obtuvo alrededor del 60% de los votos en el estado de Bahía, que cuenta con la mayor población del empobrecido nordeste y la cuarta del país. 

Tras emitir su voto por la mañana en Sao Paulo, Haddad se dijo convencido de que habría segunda vuelta y empezó a tender puentes con otros candidatos. La clave para que Haddad se acerque a los porcentajes de Bolsonaro reside en el centroizquierdista Ciro Gomes, que tenía 12,45% de los sufragios. 
Bolsonaro y Haddad son los vencedores y al mismo tiempo los candidatos con mayor índice de rechazo. Haddad, un exalcalde de Sao Paulo poco conocido en otras regiones, heredó una buena parte del electorado de Lula, sobre todo entre la población pobre que mejoró sus condiciones de vida bajo su gobierno (2003-2011). 
Pero también heredó el odio que Lula inspira entre quienes le reprochan los escándalos de corrupción revelados por la Operación Lava Jato y la crisis económica en la que se sumió el país bajo el mandato de su heredera política Dilma Rousseff, destituida por el Congreso en 2016. 
Durante la campaña, Haddad “se olvidó mucho del centro, que es fundamental. Sin el centro no se gana una elección y menos aún se gobierna, entonces precisa esos apoyos ya. Son tres semanas, una campaña cortísima, y más aún tiene que pensar en la gobernabilidad, estbleciendo compromisos con esos sectores”, dijo André César, de la consultora Hold en Brasilia. 
Bolsonaro, por su parte, recibió en la última semana apoyos de poderosos sectores, como los ruralistas y las iglesias evangélicas. Pero debe lidiar con un historial de declaraciones racistas, misóginas y homófobas y con sus justificaciones de la tortura durante la dictadura militar (1964-1985), que le valieron un amplio rechazo de mujeres y de las minorías. 
En su último video en Facebook, prometió gobernar “inclusive” para los ateos y para los gays. “Gobernaremos para todos, independientemente de su fe religiosa, inclusive para quien es ateo. Gobernaremos para todo el mundo, para los gays incluso, que hay gays que son padres, que son madres”, afirmó. 
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