Jair Bolsonaro, candidato del Partido Social Liberal (PSL), se impuso este domingo en segunda vuelta y es el nuevo presidente de Brasil, rompiendo el liderazgo del Partido de los Trabajadores (PT) en las últimas cuatro elecciones.
El capitán de la reserva del ejército brasileño y diputado federal desde hace más de dos décadas alcanzaba el 55,14% de los votos y superó de esta forma al candidato petista Fernando Haddad, que obtuvo el 44,86%, de acuerdo a los resultados oficiales publicados por el Tribunal Superior Electoral, con el 99,95% de los votos escrutados.
El presidente Mauricio Macri fue uno de los primeros en felicitar a Bolsonaro.
Felicitaciones a Jair Bolsonaro por el triunfo en Brasil! Deseo que trabajemos pronto juntos por la relación entre nuestros países y el bienestar de argentinos y brasileros
La Cancillería argentina saludó “al Gobierno y a todo el pueblo brasileño” y felicitó a Bolsonaro por el triunfo obtenido. “Las elecciones del día de la fecha demuestran una vez más la fortaleza de las instituciones democráticas brasileñas. Los fuertes lazos históricos de amistad y cooperación que unen a los dos países hacen de Brasil un socio estratégico indiscutible de la Argentina, lo que se refleja en la variedad y relevancia de los temas que componen la agenda común. El Gobierno argentino renueva su voluntad de continuar trabajando con el nuevo Gobierno que surge de la decisión del pueblo brasileño para profundizar los vínculos entre ambas naciones y, juntos, seguir trabajando en favor del bienestar de todos los argentinos y brasileños”, señala el comunicado oficial.
La participación en la segunda vuelta de Brasil, marcadas por la polarización, el descrédito del PT luego del encarcelamiento de su líder, Luiz Inácio Lula da Silva, y el surgimiento de la polémica figura de Bolsonaro, un ultraderechista que promete una guerra contra el crimen y la corrupción y que fue apuñalado en plena campaña, se ubicó en el 78,71%.
En la primera vuelta había sido del 79,76%, por debajo del registrado en las últimas elecciones.
De esta manera Bolsonaro consolidó y amplió el apoyo recibido el 7 de octubre en la primera vuelta, cuando llegó al 46,03%, a sólo cuatro puntos de imponerse en esa instancia, y logró alejarse de Haddad, que alcanzó el 29,28%, y Ciro Gomes, del Partido Democrático Laborista (PDT), que llegó al 12,47%. LA PALABRA DEL GANADOR
“Todos juntos cumpliremos la misión de rescatar a nuestro país”, dijo Bolsonaro tras la victoria. Mientras que Haddad señaló que él y sus seguidores tienen “la responsabilidad de hacer una oposición colocando el interés nacional por encima de todo”.
El nuevo mandatario del país más grande y poblado de América Latina asumirá en el Palacio do Planalto en Brasilia el 1 de enero de 2019 junto a su vicepresidente Antônio Hamilton Mourão, ex general del ejército que pasó a retiro este año para sumarse a la campaña.
Reemplazará de esta forma a Michel Temer (PMDB), quien accedió a la presidencia en 2016 luego de la destitución de la presidenta Dilma Rousseff (PT), primero en forma interina y luego de manera estable hasta la celebración de estas elecciones. Temer había sido vicepresidente de Rousseff, por lo que accedió al máximo cargo luego del juicio político y de acuerdo a la Constitución brasileña.
Bolsonaro rompió, de esta manera, con el dominio del PT, que se había impuesto en las elecciones de 2014, 2010, 2006 y 2002, gobernando Brasil durante 14 años primero a través de Lula, ahora cumpliendo una condena por corrupción en el contexto de la operación anticorrupción “Lava Jato”, y luego con Rousseff a la cabeza.
Su fugaz ascenso de este año tuvo lugar en medio de un fuerte descrédito del PT y de prácticamente todos los partidos políticos tradicionales en Brasil, golpeados por los escándalos de corrupción primero del Mensalão y luego el Petrolao, así como también de un contexto de crisis económica y un fuerte aumento de la criminalidad.
Con un fuerte discurso homofóbico, xenófobo y misógino, pero también con promesas de luchar contra el crimen y la corrupción, Bolsonaro generó un enorme revuelo en Brasil durante la campaña, generando apoyos y rechazos y consolidándose como la primera opción.
The New York Times – “Brasil no es para principiantes”, decía Tom Jobim, compositor de “La garota de Ipanema” y uno de los músicos más importantes de Brasil, a quien podemos agradecerle el hecho de que los amantes de la música en todas partes deban pensarlo dos veces antes de clasificar el pop brasileño como “música del mundo”.
Cuando le dije la frase del maestro a un amigo estadounidense, él replicó: “Ningún país lo es”. Mi amigo tenía algo de razón. En cierta forma, Brasil quizá no sea tan especial.
Ahora mismo, mi país está demostrando ser una nación como muchas. Al igual que otros Estados del mundo, Brasil se está enfrentando a una amenaza de la extrema derecha: una tormenta de conservadurismo populista. Nuestro nuevo fenómeno político, Jair Bolsonaro, el candidato favorito para ganar la elección presidencial del domingo, es un capitán retirado del Ejército brasileño que admira a Donald Trump, pero que en realidad se parece más a Rodrigo Duterte, el líder autócrata de Filipinas. Bolsonaro apoya la venta irrestricta de armas de fuego, propone que haya una presunción de defensa propia si un policía mata a un “sospechoso” y declara que un hijo muerto es preferible a uno homosexual.
Si Bolsonaro gana la elección, los brasileños pueden esperar una oleada de terror y odio. De hecho, ya se ha derramado sangre. El 7 de octubre, uno de los simpatizantes de Bolsonaro apuñaló a mi amigo Moa do Katendê, músico y maestro de capoeira, en el estado de Bahía por un desacuerdo político. Su muerte dejó a los habitantes de la ciudad de Salvador con dolor e indignación.
Recientemente, he estado pensando en la década de los ochenta. Grababa discos y daba conciertos con entradas agotadas, pero sabía lo que tenía que cambiar en mi país. En esos años, los brasileños luchábamos por tener elecciones libres después de más de veinte años de dictadura militar. Si entonces me hubieran dicho que algún día elegiríamos como presidentes a personas como Fernando Henrique Cardoso y después a Luiz Inácio Lula da Silva, me habría parecido un sueño inalcanzable. Pero luego sucedió: las elecciones de Cardoso en 1994 y de Lula da Silva en 2002 tuvieron una enorme carga simbólica. Demostraron que éramos una democracia y contribuyeron a cambiar nuestra sociedad al ayudar a millones de personas a salir de la pobreza. La ciudadanía brasileña adquirió un mayor respeto por sí misma.
Un cartel con el rostro de Jair Bolsonaro, candidato puntero a la presidencia en Brasil, en São Paulo, en octubre de 2018CreditFernando Bizerra/EPA, vía Shutterstock
Sin embargo, a pesar del progreso y la aparente madurez del país, Brasil, la cuarta democracia más grande del mundo, está lejos de tener una democracia sólida. Hay fuerzas oscuras, tanto en el interior como en el exterior, que nos están haciendo retroceder y hundirnos.
La vida política del país ha estado en decadencia desde hace tiempo: primero, una recesión económica; después, una serie de manifestaciones en 2013; más tarde, la destitución de la entonces presidenta Dilma Rousseff en 2016 y, finalmente, un escándalo de corrupción enorme que llevó a muchos políticos, incluyendo a Lula da Silva, a prisión. Los partidos de Cardoso y Lula quedaron gravemente afectados y la extrema derecha vio una oportunidad.
Muchos artistas, músicos, cineastas y pensadores se encontraron en un ambiente de ideólogos reaccionarios que —a través de libros, sitios web y artículos periodísticos— han desacreditado los esfuerzos para superar la desigualdad al equiparar las políticas socialmente progresistas con una pesadilla parecida a Venezuela. También han propagado el miedo de que los derechos de las minorías van a socavar los principios religiosos y morales, o simplemente han adoctrinado a las personas a la brutalidad a través del uso sistemático del lenguaje despectivo. El ascenso de Bolsonaro como una figura mítica cumple con las expectativas que ese tipo de ataque intelectual creó. No es un intercambio de argumentos: aquellos que no creen en la democracia actúan de manera insidiosa.
Los principales medios noticiosos han optado por mitigar estos peligros, lo que ha resultado favorable para Bolsonaro, porque las elecciones se han descrito como un enfrentamiento entre dos extremos: por un lado, el Partido de los Trabajadores que podría guiarnos a un régimen comunista autoritario y, por el otro, Bolsonaro, quien combatirá la corrupción y hará que la economía sea amigable con los mercados. Muchos miembros de los medios más establecidos ignoran de manera deliberada que Lula respetó las normas democráticas mientras que Bolsonaro ha defendido en repetidas ocasiones la dictadura militar de las décadas de los sesenta y setenta. De hecho, en agosto de 2016, durante el juicio político a Rousseff, Bolsonaro dedicó su voto para destituirla a Carlos Alberto Brilhante Ustra, quien dirigió un centro de tortura en los setenta.
Caetano Veloso en 1993CreditLaif/Redux
Como figura pública en Brasil, es mi deber tratar de esclarecer los hechos. Ahora ya soy viejo, pero en los años sesenta y setenta era joven, y recuerdo todo. Así que debo hablar.
A finales de la década de 1960, la junta militar arrestó y encarceló a muchos artistas e intelectuales por sus ideas políticas. Yo fui uno de ellos, igual que mi amigo y colega Gilberto Gil.
Gilberto y yo pasamos una semana cada uno en una celda sucia. Después, sin explicación alguna, nos trasladaron a otra prisión militar, donde pasamos dos meses. Luego estuvimos en arresto domiciliario durante cuatro meses hasta que, finalmente, nos exiliamos, y así permanecimos dos años y medio. Había otros estudiantes, escritores y periodistas encarcelados en las mismas celdas que nosotros, pero ninguno fue torturado. Sin embargo, por las noches escuchábamos gritos. Tal vez eran presos políticos sospechosos de tener vínculos con grupos de la resistencia armada, según el Ejército, o quizá eran simples jóvenes pobres a quienes habían atrapado robando o vendiendo droga. No he podido olvidar esos sonidos.
Algunos dicen que las declaraciones más despiadadas de Bolsonaro son solo una pose. Es cierto que suena muy parecido a muchos brasileños comunes y corrientes, y está manifestando abiertamente la brutalidad superficial que muchos hombres piensan que deben ocultar. Pero el número de mujeres que votan por él, en todas las encuestas, es mucho menor al de los hombres. Para gobernar a Brasil, Bolsonaro tendrá que enfrentarse al Congreso y a la Corte Suprema, así como al hecho de que las encuestas muestran que una mayoría más amplia que nunca de brasileños opina que la democracia es el mejor sistema político.
Usé la frase de Jobim —“Brasil no es para principiantes”— para darle un toque de humor a mi perspectiva de nuestros tiempos difíciles. El gran compositor lo decía con ironía, pero expresó una verdad y destacó las peculiaridades de nuestro país: una nación gigantesca en el hemisferio sur, con una mezcla racial intensa y la única del continente americano donde se habla portugués como idioma oficial. Amo Brasil y creo que puede aportarle nuevos colores a la civilización; creo que la mayoría de los brasileños lo aman también.
Muchas personas han dicho que planean irse a vivir al extranjero si gana el militar retirado. Yo nunca he querido vivir en otro país que no sea Brasil, y ahora tampoco quiero hacerlo. Ya me obligaron a vivir en el exilio una vez. No volverá a pasar. Quiero que mi música, mi presencia, sean una resistencia permanente ante cualquier rasgo antidemocrático que pueda surgir del probable gobierno de Bolsonaro.
Elton Nascimento es un admirador del ultraderechista Jair Bolsonaro, el candidato favorito en el balotaje presidencial del domingo 28 en Brasil. Y también es un apasionado de las armas.
Mientras sujeta su pistola semiautomática .380 con capacidad para 19 tiros, Nascimento defiende la idea de Bolsonaro de liberar la posesión y tenencia de armas en Brasil, limitadas por ley desde 2003.
“Si pudiera portar un arma de estas, me sentiría mucho mejor andando en las calles, con más seguridad”, dice en el living de su casa de Treze de Maio, en el estado sureño de Santa Catarina.
No se trata de un lugar cualquiera en estas elecciones. Con unos 7.000 habitantes, Treze de Maio es el municipio de Brasil donde Bolsonaro obtuvo su mayor porcentaje de votos en la primera vuelta del 7 de octubre: un contundente 83,9%.
Fernando Haddad, el izquierdista que disputa el balotaje con Bolsonaro este domingo, consiguió aquí apenas 7,2% de apoyo.
Nascimento tiene 27 años, trabaja en un supermercado local y también maneja con destreza un arma efectiva en la campaña de Bolsonaro: la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp, donde creó el principal grupo de apoyo en la ciudad al militar retirado.
La idea surgió de unacharla con amigos de prácticas de tiro, se expandió como reguero de pólvora y movilizó a cientos de personas.
A ellos poco parecen importar las posturas polémicas del candidato. Como su nostalgia por el régimen militar brasileño. O sus comentarios ofensivos sobre negros, mujeres y homosexuales. O su reivindicación de la tortura.
Al contrario, suelen justificarlo.
“Para que una persona llegue a una fase de ser torturada, debe haber hecho una cosa muy grave. Entonces para que una persona llegue a ser torturada, es para un bien mayor“, sostiene Nascimento, que además posee un rifle .22 y viste una camiseta en la que se lee “Bolsonaro presidente”.
Lo que Treze de Maio exhibe a primera vista puede resultar engañoso.
Su nombre evoca la fecha en que Brasil abolió la esclavitud: el 13 de mayo de 1888. Fue el último país que lo hizo en las Américas.
Derechos de autor de la imagenBBC NEWS MUNDOTreze de Maio tiene unos 7.000 habitantes, casi todos blancos, y una economía basada en la producción agropecuaria.
Pero en este municipio, mitad urbano, mitad rural y moldeado por la inmigración italiana a inicios del siglo pasado, 97% de la población se declara blanca, según el censo brasileño de 2010.
Y su denominación, así como el escudo con la imagen de un esclavo que se libera de sus cadenas, contrasta con hechos menos favorables para los negros.
En 1914 el Estado demarcó tierras para quilombolas, comunidades tradicionales de afrobrasileños protegidas por ley, pero según el gobierno federal, “los negros fueron posteriormente expulsados por los inmigrantes italianos” del municipio.
En 2015, la entonces presidenta izquierdista Dilma Rousseff decretó de interés social para fines de expropiación casi 31 hectáreas de tierras para ser entregadas a descendientes de un exesclavo que vivió en Treze de Maio, en el marco de un litigio que se arrastra hasta el presente.
Derechos de autor de la imagenBBC NEWS MUNDOJosé Antonio Mathias Ferreira, del izquierdista Partido de los Trabajadores, advierte que hay un historial de racismo en Treze de Maio.
“Desde el inicio, Treze de Maio siempre fue muy racista. Hoy está un poco diferente, pero hay un historial de las familias anteriores que era de mucho racismo”, dice José Antonio Mathias Ferreira, de 54 años y presidente de una cooperativa local de agricultores, al explicar por qué Bolsonaro tuvo tan alta votación aquí.
“No se permitía que los negros viviesen por aquí”, agrega este excandidato a alcalde por el Partido de los Trabajadores (PT), el de Haddad y Rousseff.
Jamil Ronconi, un comerciante y evangélico de 28 años que apoya a Bolsonaro, sostiene en cambio que Treze de Maio “no sufre prácticamente de racismo”.
Y lo argumenta de un modo peculiar.
“Hay muy pocos negros aquí en Treze de Maio, que son muy respetados. También hay pocos homosexuales en la ciudad, que también son muy respetados por nuestra población. Entonces es una cosa que no nos afecta. No llegó a afectar porque pocas personas tienen ese problema racial y homosexual”, dice.
Las quilombolas son otro tema con el que Bolsonaro ha generado polémica. El año pasado dijo que había visitado una de esas comunidades y sus habitantes “no hacen nada”.
“Ni para procrear sirven“, agregó.
Derechos de autor de la imagenBBC NEWS MUNDOEl alcalde de Treze de Maio, Clésio Bardini de Biasi, apoyó a Bolsonaro cuando constató que era el candidato favorito del pueblo.
Semejante afirmación le valió una denuncia de la Procuraduría General de la República (Fiscalía) por racismo. Pero la acción fue rechazada por el Supremo Tribunal Federal, la máxima corte brasileña de justicia, en septiembre.
Y en Treze de Maio esto parece lejos de afectar al candidato descendiente de italianos y alemanes, cuyos ojos claros son resaltados en una reciente publicidad de campaña.
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Como en buena parte de Brasil y sobre todo en el sur, un sentimiento de rechazo al PT —el partido que gobernó el país entre 2003 y 2016— impulsó en Treze de Maio la candidatura de Bolsonaro, que está en las antípodas ideológicas. “El PT arruinó totalmente nuestro país”, afirma Vanessa Rodrigues Modolon, que tiene 38 años y trabaja en una farmacia de la calle principal de la ciudad.
Derechos de autor de la imagenBBC NEWS MUNDOImage captionComo muchos en su ciudad, Vanessa Rodrigues Modolon vota por Bolsonaro y contra el Partido de los Trabajadores.
Pese a ser diputado desde 1991, Bolsonaro es visto aquí como alguien ajeno a la clase política. Esto también le permitió capitalizar en votos el hastío de la gente con los escándalos de corrupción que mancharon al PT y a la clase política en general.
“En Treze de Maio casi todo el mundo votó a Bolsonaro porque todos los partidos que prometen y no hacen. Para nosotros este tipo viene como un salvador. Hay que cambiar”, sostiene Paulo Sergio Elias, un técnico de seguridad de 46 años.
Sentado en un bar donde asan carne al carbón y juegan naipes, Elias confía en que Bolsonaro pueda recuperar viejos valores y actitudes del pasado.
Derechos de autor de la imagenBBC NEWS MUNDOPaulo Sergio Elias hace una señal de arma con su mano, un gesto habitual de quienes apoyan a Bolsonaro.
“Hoy no puedes pegarle a un hijo porque vas preso. Y creo que antiguamente estaba bien. (Bolsonaro) Está trayendo el respeto que teníamos antiguamente. Es eso lo que apostamos”, señala el padre de tres hijos.
En este municipio movido por la actividad agropecuaria y con 97% de escolaridad entre los seis y 14 años, la mayoría suele optar por un partido distinto en cada elección. En 2002, tres de cada cinco votaron por el líder del PT, Luiz Inácio Lula da Silva, pero luego lo hicieron contra su reelección en 2006.
En los actuales comicios, el ascenso de Bolsonaro fue tan fuerte que el alcalde Clésio Bardini de Biasi desoyó la decisión de la cúpula de su Partido Progresista (PP, derecha) de votar al candidato socialdemócrata Geraldo Alckmin y respaldó al ultraderechista.
“Hice una encuesta 15 o 20 días antes de la elección y dio que espontáneamente 50% de nuestra población ya tenía intención de votarlo a él. Ahí orientamos (a votar) por Bolsonaro y dio 84%”, relata.
Derechos de autor de la imagenBBC NEWS MUNDOEl agricultor Antonio Ademar Margott sostiene que con una presidencia de Bolsonaro Brasil “cambia o se termina de una vez”.
Algunos están convencidos de que Bolsonaro provocará un cambio positivo. Pero otros lo apoyan por descarte, como si disparasen su último cartucho en una guerra de supervivencia.
“Yo creo en él. Vamos a cambiar esta cosa porque está demasiado mala. Brasil ocambia o se termina de una vez. Brasil está fundido. Entonces mejora o termina de fundirse, una de dos”, dice Antonio Ademar Margott, un agricultor de 66 años, mientras le recortan prolijamente el cabello en una peluquería de la ciudad.
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Por la noche, la conversación sobre las elecciones en el “Bar do Silvano” es superficial y se mezcla con las exclamaciones que provoca una película de acción en la TV, donde los tiros y muertos se cuentan por segundo.
La expectativa que hay en Treze de Maio por una liberalización de las armas en un eventual gobierno de Bolsonaro coincide con los cálculos del mercado: las acciones del fabricante brasileño Taurus se triplicaron desde septiembre, cuando el ultraderechista pasó a liderar las encuestas.
Derechos de autor de la imagenBBC NEWS MUNDOJovani De Pieri señala a Texas como un modelo en política de armas, pese a que allí son frecuentes los tiroteos.
“Cuanto más armado, más seguro estás. En Texas compras un arma como compras una llave aquí (…). No hay ningún asesinato ahí, nadie habla de bandidos. ¿Por qué? Porque todo el mundo está armado y todo el mundo se respeta. Es simple”, dice Jovani De Pieri, que tiene 39 años y trabaja con su padre en una tienda de productos agropecuarios.
Se refiere a un estado de Estados Unidos que registró varias masacres por tiroteos en los últimos años. Una dejó 26 muertos en una iglesia en noviembre. Y otra causó 10 muertes en un colegio en mayo. Ocho eran estudiantes. Dos, profesores.
De Piero relata que comenzó a seguir a Bolsonaro por internet tras un incidente que el candidato protagonizó en 2016, cuando dijo a una diputada del PT que no la violaba porque “no lo merece”. Esto motivó otra denuncia contra el ultraderechista por incitación al crimen de violación, que fue aceptada por el Supremo.
Pero al igual que en otras polémicas, los votantes de Bolsonaro en Treze de Maio niegan que haya querido decir lo que dijo.
Derechos de autor de la imagenBBC NEWS MUNDOLa imagen de un esclavo liberado en el escudo de Treze de Maio.
También lo respaldan por sus promesas de aplicar mano dura contra la delincuencia.
Es llamativo el interés por la seguridad pública de los habitantes de este municipio, donde los crímenes son tan esporádicos que la comisaría de policía abre sólo por la tarde.
Un hecho de la crónica roja que todos recuerdan es el robo en la sucursal local del Banco do Brasil hace tres años, cuando una explosión en los cajeros automáticos sobresaltó la tranquilidad de la noche. Los delincuentes huyeron a tiros con la policía.
Hoy reina la calma en la ciudad. A la hora de la siesta, los perros se pasean perezosos por la avenida principal. Pero muchos se muestran “apavorados” (asustados) por una sensación de inseguridad, como si vivieran en un barrio violento de Río de Janeiro o São Paulo.
Y eso también parece ser caldo de cultivo para ideas radicales, incluso aquellas que chocan con la democracia liberal.
Derechos de autor de la imagenBBC NEWS MUNDOSamara Constante cree que una dictadura es mala sólo para los gamberros.
“De la dictadura no entiendo mucho. Lo que entiendo es que para los gamberros, para los que arman alboroto, la dictadura es mala. Pero para el pueblo de bien, dar un toque de queda a las 9 horas de la noche y que todo el mundo esté en su casa para mí es óptimo”, dice Samara Constante, una peluquera de 28 años que barre el porche de su casa.
“Soy madre de familia”, agrega. “Tengo una hija y preciso criarla en una sociedad donde ella no salga a un culto y vuelva dentro de un cajón”.
El artículo es casi obligado por dos cuestiones : la primera es haber hecho una breve reseña de Paraguay aquí https://economis.com.ar/y-por-paraguay-como-andamos/ y la segunda es analizar el impacto que de por si tiene el gigante de Latinoamérica en nuestra economía y como puede influir su actual desarrollo electoral. Ubicación: Brasil no solo es grande geográficamente, también lo es económicamente ya que se trata de la octava economía del mundo, el modelo de gravedad del comercio internacional demuestra que el mayor volumen de negocios internacionales (exportaciones e importaciones ) se realiza entre países en una combinación que comprende la proximidad geográfica y el tamaño de la economía. Por ello la importancia de Brasil, no solo para no mirarnos el ombligo, sino porque efectivamente Brasil es muy clave para nuestro crecimiento porque compra mucho y vende mucho al mundo, solo basta mirar las exportaciones argentinas a los países limítrofes del 2017 para dimensionar esto:
Del total que exportamos a nuestros países limítrofes, el 76 % va al Brasil. Y si miramos más allá de las fronteras, Brasil representó en 2017 casi el 16 por ciento de nuestras exportaciones totales al mundo, y si tomamos el promedio de los últimos 20 años las exportaciones a Brasil fueron el 20 por ciento del total. Para tener una dimensión, a Paraguay van el 2 por ciento de nuestras exportaciones; o sea que si no contáramos con Brasil para colocar nuestros productos necesitaríamos diez Paraguay para poder reemplazarlo. Entonces: Brasil está en un proceso electoral donde un candidato de la ultraderecha (Bolsonaro) posiblemente sea el próximo presidente; en realidad el pragmatismo político de estas épocas hace que uno no pueda proyectar el modelo de gestión desde la ideología del candidato. Sin ir más lejos, cuando todos esperábamos de Mauricio Macri un ordenamiento de las cuentas públicas dado su perfil liberal y empresario, nos termina sorprendiendo con un populismo financiado con deuda que nos llevó a la actual crisis (sin dejar de mencionar la herencia claro, pero al menos yo esperaba otra cosa ). Ahora, si tomamos en cuenta a su probable superministro de economía (como él lo está presentando) Paulo Guedes y si es coherente con su formación, podría ser algo positivo para el sombrío panorama de la Argentina del 2019. Guedes es liberal, formado en Chicago y en lo que nos interesa es un partidario del libre comercio, con lo que eso podría significar menos trabas a los productos argentinos, aunque no hay que olvidar también que fue durante el gobierno de Lula cuando más vendimos a Brasil; claro que eran otras épocas, el precio de la soja y el resto de los comoditties estaba por las nubes y la abundancia invadía a Latinoamérica. El informe de perspectiva económicas de la Cepal pronostica un crecimiento del 2,6 por ciento del PBI para Brasil en el 2019. Si no tenemos sorpresas, esto puede ayudar a generar un incremento importante en las exportaciones argentinas. Veamos el siguiente gráfico: En las columnas están las exportaciones Argentinas a Brasil en millones de dólares (escala izquierda), en la línea la tasa de crecimiento del PBI de Brasil (escala derecha), lo que se observa es que cuando Brasil crece, sus compras a la Argentina rondan los 16.000 millones de dólares. Comparado con los últimos dos años estamos hablando de 7.000 millones de incremento, es más del 1 por ciento de nuestro PBI, solo en incremento de ventas al exterior y en los dólares que tanto nos faltan. Pero esto está en modo potencial, el año que viene Brasil puede crecer 10 puntos y aquí no pasar nada. Desde el comienzo de la década que el Mercosur no se mueve, a esta altura ya deberíamos tener una zona aduanera común oficinas de negocios más activas entre los dos países, etc. etc. Los años 2016 y 2017 fueron los de menores ventas desde Argentina a Brasil de la última década. La grave crisis que atraviesa nuestro país nos dejo algo positivo, con la devaluación recuperamos competitividad a niveles del 2009, ahora que tengamos los productos baratos no implica que van a venir a comprarnos mientras esperamos sentados. Conclusión: Simple, si Brasil crece podemos venderle con la competitividad ganada por la devaluación y salvar un montón de empresas de la quiebra segura. Funcionarios de Economía del Gobierno, dejen de quitar Lebacs y colocar Leliqs y empiecen a ver como empezamos a hacer andar nuestro aparato productivo que es lo único que nos va a salvar, nuestro vecino gigante con su economía andando le compra al mundo mercaderías por encima de los 200.000 millones de dólares. Podemos tener una porción más importante de eso. Hay otras formas de conseguir los dólares que nos faltan que no sea colocando deuda.
Las preguntas que se están intentando responder en gran parte de Latinoamérica son, ¿Por qué Bolsonaro? y ¿Qué efectos tiene a nivel regional, en qué nos perjudica? O capitão es, más que un producto nuevo y antisistema, la respuesta a un sentimiento de hartazgo con un partido que gobernó más de 14 años ininterrumpidos Brasil. Un poco por el gran nivel de corrupción y otro por el normal efecto desgaste, la sociedad brasileña estaba buscando una alternativa, no al sistema político, sino al partido dos trabalhadores. Cada país tiene sus características particulares, además de que esto dista de ser una tendencia general en América Latina. Lenin Moreno, Iván Duque, y sobre todo Andrés López Obrador no tienen nada de parecido con el posible futuro presidente de Brasil. Si la comparación fuera con Donald Trump, menos. Estaríamos comparando a un empresario de toda la vida que nunca incursionó en política, contra un político de experiencia y actual diputado por Rio de Janeiro, impensable. Outsider. Es la palabra que usamos para describir a todas las personas que fueron ajenas a la política y de un momento a otro, saltaron al escenario público con una retórica anti elitista. Cuentan un cuento, generalmente el mismo: un pueblo que fue quebrado y vapuleado por una clase política; la que se encargó de degenerar los valores morales y cívicos de la sociedad, corrompiendo de esta manera su destino triunfal. ¿Bolsonaro, es un outsider? La respuesta es no. ¿Por qué? Es un hombre que lleva 29 años viviendo de la política, transitando ya por su noveno partido y con su esposa, hermano e hijos trabajando, también, en política. Sus contradicciones son muchas, por ejemplo, dentro de sus declaraciones existen acusaciones recurrentes a políticos corruptos que no hicieron nada por su país, él tampoco, tiene más décadas en el congreso que proyectos de ley presentados (2). ¿Es una persona evangélica? Se bautizó en 2016 mientras Rousseff era destituida, en línea con otros políticos que vieron el gran crecimiento de la población evangélica (1/4 del electorado brasileño). ¿Representa los valores familiares? Se casó tres veces. Bolsonaro, como cualquier político, no resiste un archivo. Ya lo dijo el profesor Gustavo Bertoche Guimarães en un hilo que se hizo viral en estos últimos días, “El problema no es el elector de Bolsonaro. Somos nosotros, del gran campo de las izquierdas”. El problema del vecino país, según Guimarães, fue una clase política que se perpetuó en el poder, llegando a pensar que los acuerdos partidarios (con el PMDB) y las movilizaciones, eran suficientes para sostener la gobernabilidad. Si a este análisis se le sumarán los casos de corrupción por las transferencias financieras en el caso Lavajato, el hartazgo es total. Si bien puede incentivarlo, el origen de este movimiento no se encuentra en las redes sociales o el auge de las ideas extremistas, sino en el mismo seno del PT. La autocrítica llegó muy tarde, y aunque si bien todavía no está todo terminado, la “gran idea” del eslogan Lula-e-Haddad en primera vuelta ya cimentó una idea que puede ser difícil de retirar. Más allá de sus contradicciones, Bolsonaro resume esto mejor que nadie, es el personaje más anti petista que existe. No importa que sea machista, homofóbico o violento, sólo importa que sea diferente a los que estuvieron. En la escala de preferencias, hoy por hoy, diferenciarse de Lula, Haddad y Dilma, garpa y mucho. De afirmarse los resultados de primera vuelta, hay diferentes efectos regionales que pueden esperarse. Una reforma de Mercosur, más presiones sobre el régimen de Maduro en Venezuela y militarización de la frontera norte de Brasil son algunos de los ejemplos. Pero difícilmente puedan surgir movimientos similares en las elecciones presidenciales del año que viene en Argentina. Los escenarios que promueven el surgimiento de espacios antisistema generalmente se dan luego de períodos prolongados de crisis de representación y fragmentación partidaria, Brasil es un caso excepcional que cuenta con 15 bloques partidarios y casos de corrupción estructural tanto en la esfera pública (Lavajato) cómo en la esfera privada (Odebrecht). La causalidad directa no existe en las ciencias sociales, y así como en Brasil (13%) y México (18%) se registraban los índices más bajos de apoyo a la democracia, en un país un dirigente de derecha está primero en intención de votos mientras que en el otro un socialista de vieja escuela es presidente electo. La tentación de caer en falsos pronósticos y encontrar generalidades abstractas puede ser grande, pero siempre hay que considerar la historia y los escenarios particulares de cada país. El PT creyó y sigue creyendo que el efecto Bolsonaro se explica más por causas externas que por causas internas. Lejos de entender que la sociedad brasileña estaba buscando un cambio, la insistencia con el “Proyecto Lula” llevó a que una persona con ideas extremistas esté a un paso de ser presidente. Esta es una lección que bien podría valer para los partidos políticos en Argentina. Las alianzas políticas siglo XX ya dejaron de tener vigencia, hoy más que nunca hay que escuchar lo que dicen las personas en la calle, de lo contrario alguien va a hablar por ellas. Y ese alguien, aunque no nos guste, es Bolsonaro.