CAMARCO

La construcción perdió más de 90 mil empleos y reclama previsibilidad para salir de la crisis

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La industria de la construcción atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Con obras públicas paralizadas, proyectos demorados, dificultades de financiamiento y una fuerte caída de la actividad, el sector acumula la pérdida de más de 90 mil puestos de trabajo en apenas dos años y advierte que la recuperación económica difícilmente pueda consolidarse sin una estrategia de inversión sostenida en infraestructura.

El diagnóstico fue planteado por el presidente de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), Gustavo Weiss, durante la 71° Convención Anual de la entidad, donde expuso la compleja situación que enfrentan las empresas constructoras en un contexto marcado por el ajuste fiscal y la retracción de la obra pública nacional.

“Las empresas de la construcción atraviesan un momento muy duro”, sintetizó Weiss al describir una realidad atravesada por obras suspendidas, proyectos ralentizados y dificultades en los pagos de trabajos ya ejecutados. Según explicó, el impacto excede a las compañías constructoras y alcanza a toda la cadena productiva vinculada al sector, incluyendo proveedores, industrias asociadas y trabajadores.

La consecuencia más visible de esta contracción es el empleo. La pérdida de más de 90 mil puestos laborales en los últimos dos años refleja la magnitud del ajuste que atraviesa una actividad históricamente considerada uno de los principales motores de generación de trabajo formal en Argentina.

La crisis también afecta al segmento privado. Weiss sostuvo que la caída de la actividad no solo golpea a la obra pública sino también a los nuevos desarrollos inmobiliarios y a las inversiones productivas impulsadas por empresas privadas. La combinación de tasas elevadas, escaso financiamiento de largo plazo y expectativas todavía cautelosas limita la puesta en marcha de nuevos proyectos.

Pese a este escenario, el titular de Camarco destacó la capacidad de adaptación demostrada por el sector. Señaló que las empresas constructoras han mantenido su capacidad técnica y continúan aportando propuestas para enfrentar los desafíos estructurales de infraestructura que enfrenta el país.

En ese contexto, valoró que tanto el sector público como el privado hayan comenzado a discutir con mayor profundidad los mecanismos de financiamiento necesarios para cubrir el déficit de infraestructura acumulado durante décadas. Para Weiss, el debate ya no pasa exclusivamente por el gasto público tradicional, sino por la búsqueda de modelos que permitan atraer capital privado bajo esquemas previsibles y sostenibles.

El dirigente reconoció además los avances alcanzados por el Gobierno nacional en materia de estabilización macroeconómica. Sin embargo, advirtió que el equilibrio fiscal y la desaceleración inflacionaria, aunque necesarios, no son suficientes para impulsar un ciclo de crecimiento sostenido.

“El esfuerzo macroeconómico no alcanza si no se complementa con inversiones productivas que generen empleo”, afirmó. La observación adquiere relevancia en un momento en el que la administración nacional busca consolidar la estabilidad económica mientras reduce significativamente la participación del Estado en la ejecución de obras.

En esa línea, Weiss destacó el creciente interés por esquemas de concesión y participación público-privada para financiar infraestructura. Consideró que estos mecanismos pueden transformarse en herramientas eficaces para movilizar inversiones, siempre que se desarrollen bajo marcos regulatorios transparentes y reglas de juego claras.

No obstante, alertó que el volumen actual de inversión continúa siendo insuficiente frente a las necesidades del país. El deterioro de rutas nacionales, redes logísticas, infraestructura energética y planes habitacionales genera costos crecientes para la economía y limita la competitividad de las distintas regiones productivas.

Para provincias exportadoras como Misiones, donde los costos logísticos representan una de las principales desventajas competitivas frente a otros mercados, la situación adquiere una dimensión estratégica. La falta de inversión en rutas, puertos, energía y conectividad impacta directamente sobre sectores clave como la forestoindustria, la yerba mate, el té y el comercio fronterizo.

Desde la visión de Camarco, el principal desafío ya no es la capacidad técnica del sector, sino la ausencia de previsibilidad. Weiss sostuvo que Argentina dispone de empresas, profesionales y recursos humanos con experiencia suficiente para ejecutar las obras que el país necesita, pero remarcó que la inversión requiere estabilidad jurídica y económica.

“Sin reglas de juego claras, sin contratos que se respeten, sin financiamiento y sin continuidad, la inversión se debilita, se encarece y las oportunidades se pierden”, advirtió.

La definición refleja una preocupación recurrente entre los actores económicos: la necesidad de construir marcos institucionales duraderos que trasciendan los ciclos políticos y permitan planificar proyectos de infraestructura con horizontes de largo plazo.

En ese sentido, Weiss reivindicó el rol histórico de la Cámara Argentina de la Construcción como articuladora entre el sector privado y el Estado. A 90 años de su creación, sostuvo que la entidad mantiene el objetivo de promover consensos que permitan fortalecer la inversión, generar empleo y elevar los estándares de calidad de la infraestructura nacional.

El mensaje final estuvo orientado a instalar una discusión estratégica que trascienda la coyuntura económica. Para el titular de Camarco, la infraestructura no debe ser entendida como un gasto, sino como una condición indispensable para el desarrollo. La competitividad de las economías regionales, la atracción de inversiones y la capacidad de crecimiento del país dependen, en gran medida, de la calidad de sus rutas, sistemas energéticos, viviendas y redes logísticas.

Por eso, concluyó, Argentina necesita construir un consenso amplio y sostenido que permita comprender que sin inversión en infraestructura no existe desarrollo posible. En una economía que busca dejar atrás décadas de estancamiento, la construcción vuelve a plantear una advertencia que atraviesa gobiernos y modelos económicos: ningún país logra crecer de manera sostenida si deja de invertir en las bases materiales de su propio desarrollo.

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Arriazu ve una oportunidad histórica para Argentina: “Los planetas están alineados si no chocamos la calesita”

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En medio de una de las etapas más complejas para la industria de la construcción, el economista Ricardo Arriazu eligió transmitir un mensaje que combinó diagnóstico duro y optimismo estratégico. Durante la 71° Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), sostuvo que Argentina atraviesa una oportunidad histórica de crecimiento impulsada por el ordenamiento macroeconómico, el potencial exportador de la energía y la minería y una mejora sustancial de las cuentas externas. Sin embargo, dejó una advertencia que resume su mirada sobre el momento actual: “Los planetas están alineados si no chocamos la calesita”.

La exposición estuvo marcada por una fuerte diferenciación entre el presente y el futuro de la economía argentina. Arriazu reconoció que la construcción atraviesa una situación crítica luego del desplome de la inversión pública y la ausencia de mecanismos de financiamiento de largo plazo, pero consideró que el sector podría convertirse en uno de los principales beneficiarios de un escenario de estabilidad económica sostenida.

“La participación de la construcción en el PBI llegó a ser del 25%, ahora está en el 3%, cuando el promedio mundial es del 6%”, señaló el economista, al describir la magnitud del retroceso. Según explicó, Argentina enfrenta además un déficit estructural en materia habitacional y un mercado hipotecario prácticamente inexistente. “Estamos invirtiendo menos que la depreciación de las viviendas”, afirmó, reflejando la pérdida de capacidad de acumulación de capital en uno de los sectores históricamente más dinámicos de la economía.

Para Arriazu, la recuperación de la construcción depende de una condición indispensable: la eliminación definitiva de la inflación. Sin estabilidad de precios, sostuvo, resulta imposible reconstruir el crédito hipotecario y desarrollar instrumentos financieros de largo plazo que permitan movilizar inversiones.

Mientras ese proceso madura, propuso avanzar con sistemas de financiamiento indexados, aunque reconoció las limitaciones actuales. “Hay que utilizar un sistema indexado, pero el salario no acompaña y los bancos no tienen fondeo”, explicó. En ese sentido, planteó la necesidad de crear mecanismos de compensación que permitan equilibrar la evolución de ingresos y cuotas.

El economista también apuntó contra la falta de instrumentos de ahorro de largo plazo, un problema que considera central para financiar el desarrollo. En particular, cuestionó el deterioro de herramientas como el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y los sistemas de seguros, históricamente utilizados para canalizar recursos hacia proyectos de infraestructura y vivienda. Su propuesta fue reducir la exposición del FGS a títulos públicos y direccionar parte de esos recursos hacia la actividad constructiva.

Sin embargo, la parte más contundente de su presentación estuvo vinculada a las perspectivas macroeconómicas. Arriazu aseguró que el país atraviesa una transformación estructural que podría modificar décadas de restricciones externas recurrentes. A diferencia de otros ciclos de crecimiento que terminaron en crisis cambiarias, sostuvo que la expansión actual podría apoyarse en una oferta genuina de divisas proveniente de sectores altamente competitivos a nivel internacional.

En esa línea, corrigió significativamente sus propias estimaciones sobre el desempeño externo de la economía. Mientras inicialmente proyectaba un superávit comercial de 13.500 millones de dólares para este año, ahora estima que la cifra podría alcanzar los 20.000 millones de dólares, acompañada incluso por un saldo positivo en la cuenta corriente.

La explicación se encuentra en el fuerte crecimiento de las exportaciones. Según sus cálculos, Argentina sumará este año alrededor de 20.000 millones de dólares adicionales por ventas al exterior, impulsadas principalmente por una cosecha agrícola récord y el avance de los complejos energético y minero.

Desde su perspectiva, el país está transitando un profundo cambio en la estructura productiva. Históricamente, explicó, el esquema económico argentino favoreció a determinados sectores mediante subsidios y protección, generando distorsiones que limitaron la competitividad general. La nueva etapa implica un proceso simultáneo de destrucción y creación de actividades económicas.

Allí aparece uno de los principales desafíos de la transición. Los sectores que actualmente generan dólares —energía, minería y agroindustria— demandan relativamente poca mano de obra, mientras que actividades intensivas en empleo como la construcción, el comercio y parte de la industria todavía enfrentan dificultades. “El problema es entrar en el péndulo del ajuste y salir de él. Hoy es clave cómo me adapto, cómo cambio hacia sectores que van a crecer”, planteó.

Respecto de la política cambiaria, Arriazu respaldó la estrategia oficial y consideró que una devaluación brusca hubiera puesto en riesgo todo el programa económico. “Devaluar hubiera tirado todo el programa al demonio”, afirmó, al tiempo que defendió la apreciación relativa del peso como una consecuencia natural de un proceso exitoso de estabilización.

Su argumento se basa en que los países que logran consolidar estabilidad macroeconómica suelen volverse más caros en términos internacionales. “Si Argentina tiene éxito, Argentina va a ser cara”, sostuvo. Para el economista, el principal obstáculo que aún persiste no es económico sino reputacional: “Tenemos los mejores números macro de América Latina, pero también el riesgo país más alto porque fuimos estafadores seriales”.

Esa referencia apunta directamente a la necesidad de reconstruir credibilidad institucional y financiera luego de décadas de defaults, reestructuraciones y cambios permanentes de reglas de juego. En su visión, la reducción sostenida del riesgo país será la llave para destrabar inversiones masivas en infraestructura, vivienda y producción.

La apuesta de largo plazo está puesta en el sector energético. Arriazu proyectó que para 2030 Argentina podría exportar más de 30.000 millones de dólares anuales únicamente por energía, una cifra que transformaría de manera estructural la disponibilidad de divisas y modificaría una de las principales restricciones históricas al crecimiento económico.

Por eso, más allá de los problemas coyunturales que enfrenta hoy la construcción, el economista llamó a los empresarios a mirar el horizonte estratégico. Su mensaje final fue una síntesis de advertencia y esperanza: Argentina cuenta con recursos naturales, capacidad exportadora y condiciones macroeconómicas que podrían abrir un ciclo de crecimiento sostenido. La incógnita, según planteó, no está en las oportunidades sino en la capacidad política y social para aprovecharlas.

“Los planetas se alinearon. Tenemos una oportunidad espectacular. Pero Argentina tuvo muchas veces oportunidades que desperdició. Espero que esta vez la aprovechemos”, concluyó.

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Cámara Argentina de la Construcción, cuadro de crisis con algunas omisiones y tergiversaciones

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En Argentina se da la paradoja, solo explicable por el tremendo grado de colonización cultural, que la mayoría (sino todas), las asociaciones empresarias, en los hechos apoyan a programas económicos y gobiernos, de claras y evidentes orientaciones antinacionales, adhiriendo a la ideología liberal (antinacional por definición), y sus derivadas neoliberalismo y libertarismo.

Prácticamente, las mismas “recetas” destructivas, dictadas por el FMI aun antes de ser “recomendadas” por el Consenso de Washington, fueron aplicadas desde “la revolución fusiladora” (1955), en adelante, por todos los gobiernos de orientación liberal (ultra conservadores en lo político), siempre referenciados en aquella perimida y hoy inviable Argentina semi feudal de alrededor del 1900. Y sus resultados fueron siempre muy negativos, y en los casos severos, desastrosos.

Es notable que las tremendas anteojeras ideológicas les impidan razonar y constatar que, al apoyar medidas contrarias al Interés Nacional, terminan perjudicando a sus propias empresas o actividades económicas. Y que, destruyendo al mercado interno, se perjudican sus propios intereses económicos…salvo que, en vez de empresarios, sean delincuentes fugadores de divisas y timberos de las finanzas.

Sin duda la mayoría de los empresarios adherentes voluntarios a la muy negativa doctrina liberal, tienen esa postura mental por las cerradas anteojeras ideológicas que les instaló el denso aparataje cultural que opera al servicio de la dependencia crónica de Argentina.

Claro está que muchos evidencian que el principal objetivo es fugar divisas, por sobre lo lógico que sería hacer crecer sus empresas. Varios adquirieron a valores dudosamente justos, bienes del Estado y varias de las que fueron pujantes Empresas Estatales, con lo cual “tranquilizan sus conciencias” al apoyar -de hecho- a las políticas y acciones antinacionales, con las que amasaron fortunas muy dudosamente bien habidas.

Otros varios, posiblemente casi todos del “Círculo Rojo”, en un delincuencial pase de manos, implementado por Cavallo, transfirieron sus voluminosas deudas externas al Estado Nacional, con lo cual todos los argentinos pagamos los desmanejos de esos “señores”, entre ellos el expresidente Macri.

En algunos casos, el rol asumido por esos “entes empresarios” (que por la poca profundidad y nulo patriotismo más parecerían ser aquelarres de bolicheros apátridas), pasa a ser impresentable e indefendible.

Esa evidenciaría ser la postura ideológica dudosamente nacional de varias asociaciones empresarias; como la SRA (Sociedad Rural), aplaudidora y explícita apoyante del apátrida “proceso”, y en la misma línea, abucheadora del presidente Alfonsín; a lo que se agregan las “opiniones importantes” de personeros “del campo”, como Etchevehere -burlándose maliciosa y estúpidamente del desarrollo satelital argentino-, o el hoy exlegislador De Angeli -quien con vehemencia expresó que la prioridad de los niños del “campo” (o sea de hijos de la peonada), debería ser trabajar en las tareas rurales, en vez de ir a la escuela. ¡Quieren reimplantar la servidumbre semi esclavizante, de la era medieval!

En la misma industricida y antinacional postura evidencia estar- contra toda lógica-, la Unión Industrial Argentina, cuyo expresidente Funes De Rioja, enterado del proyecto industricida de libertarios y secuaces, en vez de oponerse, no se objetó a esa aberración, evidenciado eso con su conformista frase “no hay botes salvavidas para todos”, sin ninguna protesta; y en la misma línea, sus continuadores en la UIA, a más de dos años de cruel aplicación del industricidio premeditado, solo parecen haberse expresado con un edulcorado comentario, en el que aludieron muy tibiamente al desastroso desguace industrial, sin plantarse en contra como es debido.

En ese deplorable contexto de empresariado dócil -cuando no cobarde-, ante las imposiciones destructivas del poder financiero transnacional y de la cómplice oligarquía local, cabe valorar el crudo cuadro de situación expuesto el 06/05/2026, por el presidente de la Cam Ar Co, según una confiable versión periodística.

Desconozco o al menos no supe, de anteriores fundamentadas críticas al industricidio y freno total a las inversiones en obras públicas, por parte de las dirigencias empresariales de la construcción. Si no las hubo, la acá analizada recién se hizo pública a dos años y medio del destructivo accionar libertario. ¡Mas vale tarde que nunca!

Pero en el extenso reportaje hecho al Sr. Weiss, una de sus afirmaciones peca de poco precisa e incluso distorsionada, al expresar, según la versión periodística, que “cuestionó la baja inversión histórica en rutas, energía, puertos y vivienda”, sin definir que hubo gobiernos que efectivamente concretaron grandes inversiones en infraestructura.

También dijo “El déficit de infraestructura que tiene el país tiene 80, 90 o 100 años. No es que las rutas están mal porque hace dos años no se invierte, vienen mal desde hace muchísimo tiempo”, lo cual es una generalización con la que incurrió en gruesas falsedades conceptuales.

Con esa muy errada frase, pasa de hecho a exculpar al desastroso gobierno libertario, “repartiendo culpas” que en un todo deben ser atribuidas a quien impúdicamente reconoció querer “destruir al Estado”, perverso sincericidio que implica empujar a Argentina a la disolución nacional, pues SIN ESTADO NO HAY PATRIA, Y SIN PATRIA NO HAY NACIÓN.

Eso, tan elemental como profundo, no debería ser desconocido por el empresariado ni por todo el pueblo argentino.

La destrucción acelerada de la infraestructura en general, es una pieza clave de ese perverso operativo de desguace nacional. Ante semejante grave realidad, no caben las medias tintas ni las quejas “modositas”, que suavicen las expresiones hasta diluirlas en la nada del conformismo cómplice.

Detallemos sintéticamente, las gruesas omisiones, de la opinión institucional de la Cam Ar Co, pues tal rol cabe a los dichos de su presidente, según la versión periodística, que no fue refutada (diario digital ECONOMIS, del 7/5/2016). En una suerte de “exculpación implícita“, del nulo accionar libertario en obras públicas…¡y en el elemental mantenimiento!, dijo que la carencia de inversiones en infraestructura data de “80, 90 o 100 años. ¡Groseramente falso!

– Omitió el enorme Plan de Obras Públicas del peronismo en el período 1946 – 1955, que entre otras muchas concreciones, hizo el aeropuerto internacional de Ezeiza. El ejecutor de ese vasto plan fue el General Ingeniero Juan Pistarini, encarcelado por “la fusiladora” por el “grave pecado” de desarrollar el país, por sobre la estrecha visión de la oligarquía ultra conservadora.

– El breve gobierno desarrollista de Frondizi, además de acelerar la industrialización, también planificó un plan de obras públicas, en buena parte abortado por el golpe de Estado de 1962.

– El período de la “Revolución Argentina”, de Onganía y sus sucesores, saliéndose de las limitaciones mentales de despreciar como “obras faraónicas” a grandes obras públicas, ejecutó un vasto accionar, construyendo el Complejo ferro vial Zárate – Brazo Largo y el puente Chaco – Corrientes; además de muchos kilómetros de rutas nacionales, entre ellas pavimentando las que conectan el “país central” con Iguazú y con Bariloche; dando también fuerte impulso al Plan Nuclear con vastas obras. En ese período, Posadas (Misiones), dejó de ser un pueblo grande, pavimentándose todo el casco urbano y accesos al mismo desde la Ruta 12.

– El enorme plan de obras públicas de los doce años del peronismo kirchenista, superó incluso al que había desarrollado la década peronista. Amerita un breve resumen, desarrollado seguidamente.

– 17 nuevas Universidades Nacionales, y mejoras importantes en todas las preexistentes.

– 5.800 Km de líneas de Alta Tensión, interconectando todas las provincia continentales.

– Viviendas nuevas terminadas: 755.289 – En ejecución 264.788. Más financiaciones para ampliaciones y refacciones en casi 100.000 viviendas.

– Red caminera: 5.165 Km de rutas y 2.893 Km de autovías, más 667 puentes.

– Terminación de la Central Nuclear Atucha 2 (paralizada 22 años por gobiernos neoliberales y afines).

– Terminación de la mega hidroeléctrica Yacyretá y operación a plena capacidad, para lo cual se hicieron vastas obras de protección costera en ambas márgenes, con particulares impactos positivos en Posadas (Misiones) y Encarnación (Paraguay).

¿Puede compararse y equipararse ese enorme plan de obras públicas, con la anomia destructiva libertaria, como lo hizo el presidente de la Cámara Argentina de la Construcción?

Dado que están fundiendo por falta de trabajo, a las empresas constructoras, no parece lógico oficiar de críticos modositos, con comparaciones falaces que indirectamente justifican el desguace general libertario.

Y como sucedió con el patriota General Ingeniero Juan Pistarini, el establishment también castiga al alma mater del enorme plan de obras públicas de esos doce años, el arquitecto Julio De Vido.                

Metodología recurrente de la oligarquía ultra conservadora y sus múltiples tentáculos, contra los que se atreven a concretar acciones que nos lleven al desarrollo socio económico.

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Weiss, presidente de Camarco: “Sin infraestructura robusta, es muy difícil que la Argentina crezca”

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El presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, Gustavo Weiss, trazó un diagnóstico crudo sobre la realidad del sector y aseguró que la construcción atraviesa una etapa de fuerte estancamiento, con una caída acumulada del 25% en los últimos dos años y la pérdida de 120 mil puestos de trabajo directos.

En una entrevista con Economis, durante la reunión de Camarco NEA, que se hizo en el hotel Julio César de Posadas por los 90 años de la institución, el titular de la entidad que representa a más de 1.300 empresas constructoras del país sostuvo que la paralización de la obra pública, la falta de financiamiento hipotecario y la escasa inversión en infraestructura condicionan severamente la recuperación del sector. A su vez, remarcó que la participación del Estado sigue siendo clave para sostener la actividad y cuestionó la baja inversión histórica en rutas, energía, puertos y vivienda.

Weiss explicó que la contracción comenzó incluso antes del cambio de gobierno. “El sector tuvo una caída muy grande del 25% entre mediados de 2023 y mediados de 2024. Ya el segundo semestre de la gestión anterior, la alta inflación complicó seriamente la marcha de los contratos”, señaló.

A ese escenario se sumó luego la decisión del actual Gobierno nacional de paralizar la inversión pública durante el primer semestre de gestión, lo que profundizó el freno de la actividad. “Desde mediados de 2024 hasta la fecha, la actividad está estabilizada: no seguimos cayendo, pero tampoco subimos. Estamos en un nivel 25% inferior al pico de los últimos años”, describió.

El impacto sobre el empleo fue inmediato. Según Weiss, el sector perdió 120 mil puestos de trabajo directos, una cifra que refleja la magnitud de la crisis que atraviesa una de las industrias más intensivas en mano de obra del país.

La obra pública sigue siendo central

Consultado sobre la posibilidad de sostener la actividad sin obra pública, Weiss fue categórico: “La obra pública representa aproximadamente el 33% del total. Es un componente muy importante de la industria”.

Para el dirigente empresario, la infraestructura no puede quedar librada exclusivamente al capital privado. “Sin una infraestructura robusta, es muy difícil que el país tenga el dinamismo económico que debería tener. Necesitamos energía eléctrica, gas, agua, cloacas, ferrocarriles, rutas, puertos”, enumeró.

Y agregó una definición de fuerte tono estructural: “El privado no lo va a hacer por rentabilidad. En el mundo, la inversión privada en infraestructura no supera el 15% del total. Hay nichos como generación eléctrica o algunos puertos, pero no hacen al total de la ecuación”.

Weiss defendió los esquemas de concesión vial impulsados por el Gobierno para determinadas rutas nacionales, aunque advirtió que se trata de una solución parcial. “Estamos totalmente de acuerdo con las concesiones, pero son sobre rutas existentes. Son solamente 9.000 kilómetros de los 40.000 que maneja Vialidad Nacional. El resto no tiene volumen de tránsito suficiente para sostener peajes”, explicó.

Otro de los grandes frentes de preocupación para Camarco es el freno en el mercado de la vivienda. Weiss sostuvo que mientras no exista un sistema sólido de crédito hipotecario de largo plazo, será muy difícil reactivar ese segmento.

“Hasta tanto no haya créditos hipotecarios de largo plazo, es difícil que lo haya, porque los bancos no tienen el fondeo directo. Necesitaríamos un mercado de capitales como ocurre en otros países”, afirmó.

Según indicó, hoy los préstamos se otorgan “a cuenta gotas”, con exigencias difíciles de cumplir y en volúmenes insuficientes para motorizar una recuperación sostenida. “Hay mucha clase media que podría pagar una cuota no superior al alquiler que ya está pagando, pero no encuentra acceso al crédito”, resumió.

Misiones y la infraestructura pendiente

Al referirse a Misiones, Weiss sostuvo que la provincia no escapa al diagnóstico nacional. Reconoció avances y una base de infraestructura importante, pero insistió en que todavía se necesita una mayor inversión pública y privada.

“Misiones tiene infraestructura importante, como muchas provincias del país, pero claramente necesita incrementar fuertemente la inversión en infraestructura y mejorar el mantenimiento de la existente”, indicó.

Además, se mostró a favor de proyectos estratégicos como la represa de Corpus, al considerar que la Argentina arrastra un histórico atraso en materia energética. “Estamos totalmente de acuerdo con todas las obras de infraestructura posibles. La verdad es que estamos atrasadísimos”, afirmó.

Incluso comparó la situación con Brasil: “Brasil tiene sobre el río Paraná 60 represas y sobre el río Iguazú ocho represas. Nosotros estamos muy atrasados en infraestructura. Bienvenido sea que se pueda hacer Corpus”.

Sobre una eventual recuperación del sector, Weiss evitó el optimismo rápido. Consideró que, más allá de quién gobierne en el futuro, la restricción fiscal de la Argentina limita cualquier posibilidad de un salto inmediato en inversión pública.

“El déficit de infraestructura que tiene el país tiene 80, 90 o 100 años. No es que las rutas están mal porque hace dos años no se invierte: vienen mal desde hace muchísimo tiempo”, sostuvo.

Y concluyó con una advertencia que resume la mirada de la principal cámara del sector: “La posibilidad de que cualquier nuevo gobierno tenga mucho dinero disponible para hacer infraestructura no la veo demasiado viable”.

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Tres cámaras empresarias en alerta por el bono de fin de año

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Las cámaras advirtieron que tendrán serios problemas para pagar el bono de fin de año cuando todavía no cerraron paritarias y se hundieron las ventas.

Tres cámaras, de la Construcción (CAMARCO), la Federación de Comercio de Buenos Aires (FECOBA) y la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) adelantaron que tendrán serias dificultades para pagar el bono de fin de año que alentó el Gobierno.

La primera de ellas, Camarco, señaló que está preocupada por la decisión del Gobierno Nacional de implementar un bono de $24.000, aplicable en diciembre y por única vez, destinado a trabajadores en relación de dependencia.

En paritarias

La entidad sostiene que “la definición del ajuste en las remuneraciones y la consecuente recomposición del poder adquisitivo” debe ser encuadrado en las negociaciones paritarias. En el caso de la construcción, la situación salarial ya fue ponderada en la reciente negociación paritaria, acordada el 2 de diciembre”, explican.

Luego resalta que “a pocos días de su implementación, (será durante diciembre), tanto como el medio aguinaldo resulta una dificultad adicional para las empresas. En especial, las Pymes que serán las principales perjudicadas” En ese punto coincide con CAME la organización que reúne a medianas empresas y pymes también.

Qué opina CAME

Desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) manifiestan que “está claro que los colaboradores perdieron poder adquisitivo por la inflación. Pero el marco correcto para recuperarlo son las paritarias, muchas de ellas aún abiertas, como es el caso de la mercantil, la más grande del país”, dijo su presidente, Alfredo González.

En un contexto de cinco meses consecutivos de baja de ventas minoristas y con negociaciones abiertas con el gremio para definir el segundo tramo de actualizaciones salariales por inflación, desde CAME aseguran que las pymes no están en condiciones de afrontar el pago del bono.

“Mayor poder adquisitivo podría dinamizar el consumo interno. Pero la situación para las pymes no es sencilla porque este mes también se debe abonar el segundo medio aguinaldo”, enfatizó González.

“Muchas de las pymes que representamos son monotributistas y no podrán soportar el impacto financiero de esta medida, ya que el mecanismo de deducción del 50% del bono en el Impuesto a las Ganancias no las conte mpla”, agregó el ejecutivo

Muy difícil por caída de ventas

A todo esto Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (FECOBA) entiende las consecuencias de la pérdida del poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores pero advierte en la misma línea de CAME que las pequeñas y medianas empresas de la ciudad no podrán afrontar todo este esfuerzo económico.

FECOBA considera que ante la caída en las ventas registradas en los últimos meses, condicionadas por la falta de mercadería y el quiebre de stock por la escasez de insumos para la industria, “las pymes no están en condiciones de hacer frente a esta exigencia intempestiva” enfatiza la organización porteña.

Luego recuerda las gestiones paritaria siguen abiertas con cláusulas de revisiones; sumadas al pago de sueldos de diciembre, del aguinaldo y de las vacaciones que conforma un cuadro de difícil solución aseguran en la federación.

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