Cambiemos

Una economía no apta para impacientes

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Los fundamentos de la economía argentina han mejorado en forma significativa, haciendo que los déficits gemelos apunten en 2019 a recortarse a una cuarta parte (el externo) y a dos tercios (el fiscal, incluyendo intereses) respecto de 2018, habiéndose revertido el exceso de pesos que complicó el manejo de la macro desde 2015, fenómeno que se expresa en un tipo de cambio reptando en torno a la banda inferior.
Del otro lado, se tiene, en el sector real de la economía, una caída del PIB que en el cuarto trimestre de 2018 habría sido de 6 % interanual, y la influencia negativa de las elevadas tasas reales de interés. Sin embargo, el ajuste no ha sido en vano, ya que la desaceleración de la inflación está ayudando a una mejora en las expectativas, permitiendo pensar en un piso más firme para la caída del consumo. Se sabe que la inversión será en 2019 un lastre para el nivel de actividad pero, con su trayectoria ascendente, las exportaciones apuntan a jugar su rol compensador.
Los números rojos habrán de seguir inundando todo el primer trimestre en la comparación interanual de los datos del PIB y de la industria. Pero, lo que importa es encontrar señales que puedan corroborar o desmentir la idea de un punto de inflexión para la secuencia mes a mes. Un anticipo positivo viene desde los mercados financieros, de la mano de la suba de las acciones, baja del riesgo país y descenso de las tasas de interés locales, con el dólar por debajo de la línea de la zona de no intervención.
Ese movimiento, común a otros emergentes, en el plano local es reforzado por un incipiente cambio de percepción de la población. Así, el Indice General de Expectativas Económicas, elaborado por la consultora Kantar TNS, pasó de 68 a 73 entre noviembre y diciembre pasados, con un repunte de 4 puntos en la percepción laboral actual y futura.
Empresas vinculadas al sector de consumos básicos confirman que las ventas de enero estarían marcando un piso a la caída, luego de un último bimestre con “datos horribles”: el Emae de noviembre marcó un descenso de 7,5 % interanual , luego de la merma de 4 % de octubre, por lo que el PIB podría haber caído un 6 % interanual en el cuarto trimestre de 2018.
Sin embargo, las condiciones de arranque de aquel período son muy distintas a las del primer trimestre. Hacia fin de setiembre el dólar superaba los 40 pesos, la tasa de inflación estaba en 6 % mensual, la fuga de capitales no se había frenado, caían los depósitos y la tasa de interés (Leliq) superaba el 70 % anual. En enero, todas esas variables se encuentran en un terreno más propicio y, aunque la tasa de interés todavía se ubica por encima del 55 %, la clave para que el consumo deje de caer es el comportamiento de la inflación. Con guarismos algo por encima de 2,5 % para diciembre y enero, se configura una transición que podría desembocar en un escenario en el cual, en el margen, los salarios comiencen a ganarle a la inflación, aunque esto ocurra por decimales.

Respecto de la tasa de interés, existe la posibilidad de acelerar la tendencia bajista, pero el Banco Central prefiere el gradualismo. Con un mercado cambiario vendedor, el BCRA podría aumentar las compras diarias, de 50 millones de dólares, de modo de inyectar más pesos en la economía. Las reservas han aumentado 340 millones de dólares por esta vía, y la cuota diaria de compras podría ampliarse en febrero, pero de forma modesta, ya que la prioridad sigue siendo el proceso de desinflación.
Enfatizando esta visión, el Banco Central acaba de cuestionar el rol del crédito como instrumento reactivador, afirmando que es el mayor nivel de actividad el que deriva en un aumento de la demanda de préstamos, y no a la inversa. Es cierto que en la Argentina el ratio crédito/PIB es minúsculo, pero la tasa de interés es un “costo de oportunidad”, que puede adelantar o posponer decisiones de compra. Además, en el país es importante el crédito entre particulares a través de los cheques diferidos, cuyo stock se devalúa en términos de valor presente cada vez que la tasa de interés sube, y se valoriza cuando ésta baja.
Más allá de ese debate, en año electoral la gran cuestión es lo que ocurra con el dólar a medida que nos acerquemos a octubre.
Ya se ha subrayado aquí como la división del peronismo reconfigura todo el panorama. Pero también es cierto que las fugas de capitales están asociadas a estos períodos. La pregunta es si la amenaza de la política a la economía es un riesgo a contemplar o si constituye el “escenario base”, dominante. En caso de ser un “riesgo”, no puede ser ignorado, pero el foco vuelve a ser puesto en lo profundo de la corrección de los desequilibrios que afectaban a la Argentina.
Una consecuencia es que el déficit externo esperado para 2019 sea de 1,2 % del PIB, versus 4,5 % en 2018. Este gap es financiable con los desembolsos del FMI, quedando margen para una suba de las reservas, por lo que es compatible con la recuperación gradual del nivel de actividad, teniendo en cuenta que las exportaciones de bienes y servicios podrían crecer a tasas de dos dígitos. Al tiempo que, “bombas ” como las Lebacs de 2018 han quedado desactivadas, ya que las reservas externas multiplican por tres el monto de los pasivos remunerados del Central, cuando no alcanzaban a cubrirlo doce meses atrás.

Estas bases más genuinas no alcanzan para evitar turbulencias, pero si permiten acotar los márgenes esperados de volatilidad. Y si el escenario político no llegara a ofrecer garantías, es inútil pensar que algún artilugio técnico pueda ser suficiente para estabilizar la economía. Los fundamentos de la economía argentina han mejorado en forma significativa, haciendo que los déficits gemelos  punten en 2019 a recortarse a una cuarta parte (el externo) y a dos tercios (el fiscal, incluyendo intereses) respecto de 2018, habiéndose revertido el exceso de pesos que complicó el manejo de la macro desde 2015, fenómeno que se expresa en un tipo de cambio reptando en torno a la banda inferior.
Del otro lado, se tiene, en el sector real de la economía, una caída del PIB que en el cuarto trimestre de 2018 habría sido de 6 %  interanual, y la influencia negativa de las elevadas tasas reales de interés. Sin embargo, el ajuste no ha sido en vano, ya que la desaceleración de la inflación está ayudando a una mejora en las expectativas, permitiendo pensar en un piso más firme para la caída  del consumo. Se sabe que la inversión será en 2019 un lastre para el nivel de actividad pero, con su trayectoria ascendente, las exportaciones apuntan a jugar su rol compensador.
Los números rojos habrán de seguir inundando todo el primer trimestre en la comparación interanual de los datos del PIB y de la industria. Pero, lo que importa es encontrar señales que puedan corroborar o desmentir la idea de un punto de inflexión para la secuencia mes a mes. Un anticipo positivo viene desde los mercados financieros, de la mano de la suba de las acciones, baja del riesgo país y descenso de las tasas de interés locales, con el dólar por debajo de la línea de la zona de no intervención.
Ese movimiento, común a otros emergentes, en el plano local es reforzado por un incipiente cambio de percepción de la población. Así, el Indice General de Expectativas Económicas, elaborado por la consultora Kantar TNS, pasó de 68 a 73 entre noviembre y diciembre pasados, con un repunte de 4 puntos en la percepción laboral actual y futura.
Empresas vinculadas al sector de consumos básicos confirman que las ventas de enero estarían marcando un piso a la caída, luego de un último bimestre con “datos horribles”: el Emae de noviembre marcó un descenso de 7,5 % interanual , luego de la merma de 4 % de octubre, por lo que el PIB podría haber caído un 6 % interanual en el cuarto trimestre de 2018.
Sin embargo, las condiciones de arranque de aquel período son muy distintas a las del primer trimestre. Hacia fin de setiembre el dólar superaba los 40 pesos, la tasa de inflación estaba en 6 % mensual, la fuga de capitales no se había frenado, caían los depósitos y la tasa de interés (Leliq) superaba el 70 % anual. En enero, todas esas variables se encuentran en un terreno más propicio y, aunque la tasa de interés todavía se ubica por encima del 55 %, la clave para que el consumo deje de caer es el comportamiento de la inflación. Con guarismos algo por encima de 2,5 % para diciembre y enero, se configura una transición que podría desembocar en un escenario  en el cual, en el margen, los salarios comiencen a ganarle a la inflación, aunque esto ocurra por decimales.
Respecto de la tasa de interés, existe la posibilidad de acelerar la tendencia bajista, pero el Banco Central prefiere el gradualismo. Con un mercado cambiario vendedor, el BCRA podría aumentar las compras diarias, de 50 millones de dólares, de modo de inyectar más pesos en la economía. Las reservas han aumentado 340 millones de dólares por esta vía, y la cuota diaria de compras podría ampliarse en febrero, pero de forma modesta, ya que la prioridad sigue siendo el proceso de desinflación.
Enfatizando esta visión, el Banco Central acaba de cuestionar el rol del crédito como instrumento reactivador, afirmando que es el mayor nivel de actividad el que deriva en un aumento de la demanda de préstamos, y no a la inversa. Es cierto que en la Argentina el ratio crédito/PIB es minúsculo, pero la tasa de interés es un “costo de oportunidad”, que puede adelantar o posponer decisiones de compra. Además, en el país es importante el crédito entre particulares a través de los cheques diferidos, cuyo stock se devalúa en términos de valor presente cada vez que la tasa de interés sube, y se valoriza cuando ésta baja.
Más allá de ese debate, en año electoral la gran cuestión es lo que ocurra con el dólar a medida que nos acerquemos a octubre.
Ya se ha subrayado aquí como la división del peronismo reconfigura todo el panorama. Pero también es cierto que las fugas de capitales están asociadas a estos períodos. La pregunta es si la amenaza de la política a la economía es un riesgo a contemplar o si constituye el “escenario base”, dominante. En caso de ser un “riesgo”, no puede ser ignorado, pero el foco vuelve a ser puesto en lo profundo de la corrección de los desequilibrios que afectaban a la Argentina.
Una consecuencia es que el déficit externo esperado para 2019 sea de 1,2 % del PIB, versus 4,5 % en 2018. Este gap es financiable con los desembolsos del FMI, quedando margen para una suba de las reservas, por lo que es compatible con la recuperación gradual del nivel de actividad, teniendo en cuenta que las exportaciones de bienes y servicios podrían crecer a tasas de dos dígitos. Al tiempo que, “bombas” como las Lebacs de 2018 han quedado desactivadas, ya que las reservas externas multiplican por tres el monto de los pasivos remunerados del Central, cuando no alcanzaban a cubrirlo doce meses atrás.
Estas bases más genuinas no alcanzan para evitar turbulencias, pero si permiten acotar los márgenes esperados de volatilidad. Y si el escenario político no llegara a ofrecer garantías, es inútil pensar que algún artilugio técnico pueda ser suficiente para estabilizar la economía.
 

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Las tapas del miércoles 30: el clima electoral, la economía y la crisis en Venezuela

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A continuación reproducimos las tapas de los principales diarios del país. La ola de calor que afecta a todo el país llevó el consumo eléctrico a los picos históricos, esto sumado a los tarifazos y a los cortes de servicio en varias ciudades del país caldea más el ambiente.
La crisis venezolana en una encrucijada. La salida Guaido aún no es firme y Maduro aún resiste.
El salario real de los argentinos sigue en picada. El dolar en su “veranito” y las expectativas para este año electoral.
 

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Desguazando ARSAT, desguazando el Estado, desguazando la Nación

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Entre el continuo aluvión de atrocidades en perjuicio de Argentina, que sin solución de continuidad perpetra el actual gobierno neoliberal, buscando de mínima llevarnos a los empujones al siglo XIX y de máxima disolver a Argentina en media docena de paisitos pobres e irrelevantes, una noticia muy importante pasó casi desapercibida.
Como correspondía a un país soberano (como buscamos serlo varias veces en nuestra historia), varias frecuencias en las que se puede operar autónomamente, gracias a la tecnología satelital propia que proveyó ARSAT, el Estado Argentino las había reservado para ser manejadas exclusivamente por la propia empresa estatal.
Era lo más lógico que habiendo sido desarrollados y puestos en órbita los satélites de ARSAT, las frecuencias de comunicaciones sean operadas por y en beneficio de NUESTRA propia empresa.
Con la ya habitual metodología de arrogarse funciones legislativas (en línea con los desembozados avances sobre los otros dos Poderes del Estado, configurando ya una dictadura en plena consolidación, bajo formalidades pseudo democráticas), el ejecutivo macrista utilizó otro de los recurrentes DNU (Decretos de Necesidad y Urgencia), para perpetrar una nueva maniobra agresiva y claramente lesiva a los Intereses del Estado Nacional, lo cual implica una acción más conducente a desguazar la Nación Argentina.
Claramente no existía necesidad ni urgencia, para definir por decreto y pasar por sobre el Poder Legislativo. La “urgencia” era claramente evitar las discusiones en el Congreso, para que el tema pase desapercibido en medio del desastre socio económico generalizado y los temas que recurrentemente tapan la agenda
mediática, ocultando lo que el establishment quiere ocultar.
Las beneficiarias de esa arbitraria y muy negativa medida, cargada además de ilegalidad, son empresas privadas, seguramente varias de ellas bajo control extranjero, que ya dominan casi totalmente el estratégicamente muy sensible sector de las comunicaciones.
El neoliberalismo es apátrida y antinacional por definición, y como
irrefutablemente lo prueba su nefasto accionar en Argentina y otros muchos países del mundo.
Como tal se dio a la tarea de demoler todo vestigio de soberanía y de dignidad nacional. Demoliendo ARSAT y su estratégica área de influencia, la CEOcracia apátrida hoy en el poder formal y detentando el poder real (por delegación de sus mandantes extranjeros), mata varios pájaros de un tiro, a saber.  Perpetra otro paso más hacia el desguace total de ARSAT, ícono del orgullo
nacional y uno de los puntales de nuestro desarrollo tecnológico de avanzada.
 Quita al Estado Nacional el manejo directo y los beneficios directos e indirectos que son consecuencia del manejo de las frecuencias de comunicaciones, con todas sus múltiples implicancias.
 Permite otro avance hacia el control oligopólico de las comunicaciones, por parte de los grupos de poder que forman el núcleo duro de la manipulación alevosa y descarada de la opinión pública, y del consecuente blindaje mediático que protege al gobierno neoliberal, perversamente destructivo con intencionalidad y alevosía; que a los empujones nos lleva a aquella Argentina feudal del mitrismo (siglo XIX), e inmediatamente, si los dejamos
seguir actuando, a la disolución nacional.
Mientras tanto, buena parte de las dirigencias políticas, gremiales,
empresarias y académicas, siguen en la parsimonia, la mediocridad complaciente, la falta de espíritu de Grandeza Nacional, o la simple búsqueda de ventajitas o carguitos personales; sin oponerse debidamente a semejantes latrocinios.
Por su parte, los proceseros contumaces y los patrioteros de bandera, siguen envueltos en sus entornos de odios viscerales e irracionales y sumergidos en su profundas ciénagas de pegajosa colonización cultural en grados superlativos que les anularon toda capacidad de análisis serio y reflexivo; tanto que llegan a aplaudir entusiastamente a las medidas que claramente conducen a la disolución nacional.
A su vez, las variopintas “progresías”, sea por confusiones superlativas o por practicar una suerte de “neomarxismo cultural”, se prenden fervorosamente de cuanta causa conflictiva y “pianta votos” (como el ultra feminismo, el aborto “obligatorio”, el indigenismo racista y odiador al estilo del anarquista Bayer, el ultra ecologismo irracional y otras “causas” por el estilo) instalan las ONGs, Fundaciones y otros canales de difusión, manejados por el mega poder financiero transnacional; para “empiojar” el espectro político – cultural, operando como el otro brazo de las tenazas que aprietan las tuercas del subdesarrollo crónico y de la disolución nacional, tapando o minimizando el desguace socio económico
profundo y generalizado en el que nos han sumido.
Mientras, el pueblo común no parece salir de su largo letargo, inducido por los medios concentrados y todo el aparataje de colonización cultural.
Como dijo el gran patriota Manuel Belgrano…¡Ay, Patria mía!
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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Exclusivo: Por la caída de la obra pública nacional, los empleos de la construcción en Misiones cayeron al menor nivel en la era Macri

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Los empleos de la construcción en Misiones cayeron al menor nivel desde que Mauricio Macri llegó al Gobierno, según los datos oficiales del IERIC.
El Instituto de Estadística y Registro de la Cosntrucción (IERIC) informó que en el mes de noviembre la cantidad de empleos registrados (en blanco) en la construcción en la provincia cayó a 8.216, con una caída interanual del 17%.
En los 3 años y 1 mes que Mauricio Macri lleva en el Gobierno, solamente enero del 2016 tuvo una menor cantidad de empleos, ya que se contabilizaban 7.339 puestos.
Enero es el mes de más baja actividad en la construcción y es casi un hecho, según fuentes de la industria consultadas por Economis, que el actual mes tendrá una cantidad de puestos de trabajo aún menor que el primer mes completo de Macri en la Casa Rosada. El dato oficial se conocerá en algunas semanas.
Pero el panorama es mucho más desolador que en aquel enero del 2016, cuando en aquel entonces el Gobierno Nacional decidió paralizar la obra pública para revisar contratos que venían de la gestión anterior, provocando un parate que duró unos meses.
Según media docena de empresarios de la construcción consultados por Economis, el principal factor para la caída del empleo de la construcción es la falta de nuevas obras públicas nacionales. “Las existentes se fueron terminando y al no haber renovación, el empleo va a seguir cayendo”, explicó un empresario que tiene más de 20 años de experiencia construyendo escuelas, CAPS y comisarías.
Misiones es una de las provincias que menos obras públicas recibió de la Nación en los últimos años y la más relegada o una de las dos más relegadas junto a Formosa dentro de las 10 del Norte que integran el Plan Belgrano.
Esta situación genera una preocupación muy grande entre los empresarios de la construcción, que pronostican que esta vez no habrá una cierta recuperación como sucedió a comienzos del 2016, cuando el Gobierno Nacional entendió que no iba a haber lluvia de dólares y empezó a volcar recursos en la obra pública para dinamizar la economía.
Según el relevamiento que realizó Economis en las cifras del Ieric, en el 2016 el empleo exhibió cierta recuperación, aunque siempre lejos del pico máximo que tuvo en octubre de 2015, plena campaña presidencial. Allí se registró el máximo de 14.103 puestos de trabajo registrados.
Desde entonces, en el 2017 hubo menos trabajo que en 2016 y en el 2018, menos trabajo que en el año anterior. Para 2019, de no mediar cambios, se esperan cifras de empleo aún más bajas. Esto consolidará a la construcción como el sector económico más castigado en la provincia en términos de empleo, superando al comercio que sufrió los embates de las asimetrías especialmente en 2016 y 2017.
La provincia amortiguó
Ante la ausencia de obras nacionales, la provincia intentó suplir en parte esta inversión en infraestructura con recursos propios. “Esto es importante para que el desplome en el empleo no haya sido mayor”, señaló un constructor que tuvo que achicar su plantilla varias veces en los últimos dos años.
La situación de la industria de la construcción es bastante conocida. Incluso los constructores organizaron un foro en la Legislatura en octubre pasado, invitaron a todas las pymes constructoras de la región y firmaron un documento donde advirtieron que la situación del empleo en el sector empeorará de no mediar nuevas inversiones en obra pública.
Pero en aquel momento, las urgencias pasaban por frenar la corrida cambiaria y sellar un segundo acuerdo con el FMI que obligó a lograr el déficit cero para este año. Y la obra pública nacional resultó ser la variable elegida a la hora de los recortes.
Pero el tijeretazo también es indirecto. Porque al mismo tiempo, la Nación dejó de realizar aportes a las provincias que ahora tienen que asumir esas prestaciones de su propio bolsillo. Una vez más, los recursos para obras públicas –en este caso, financiadas por los estados provinciales- sufren recortes.
Misiones, por ejemplo, tuvo que poner más de $600 millones para subsidiar el boleto de colectivo, que antes estaba a cargo de la Nación. También debe hacer algunas transferencias para terminar obras iniciadas con el Fondo de la Soja, que se eliminó. Además, está invirtiendo otros $600 millones para amortiguar el retiro de la Nación en la tarifa social de electricidad. Sólo por citar tres  ejemplos.

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La imagen de Macri volvió a caer en enero

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A fines de 2018, el Presidente había logrado recuperar una parte del capital político perdido a lo largo del año por la megadevaluación, la recesión y la disparada de la inflación. El dólar manso, el foco en la inseguridad y el “efecto G20” eran, por ese entonces, los responsables de la recuperación de la imagen de Mauricio Macri.
Sin embargo, con la llegada de 2019, volvió el sesgo bajista. Así lo confirman tres informes diferentes, el Índice de Confianza de la Universidad Torcuato Di Tella, el informe de enero de la consultora Poliarquía y el estudio en Provincia de Buenos Aires de la Consultora Circuitos.
“La medición de enero registra caídas en los indicadores de apoyo del Gobierno, como así también en aquellos que miden la situación del país”, dice el informe de Poliarquía.
“La retracción de estos indicadores neutraliza buena parte de las mejoras que se registraron durante el último mes del año pasado”, escribe Alejandro Catterberg, director de Poliarquía. Agrega: “En ese contexto, la aprobación de la gestión del Presidente cayó de 39% a 34% y vuelve a ubicarse cerca de los mínimos (de su gestión)”.
Así, Macri pierde cinco de los 7 puntos sumados en el último tramo de 2018. Si bien el informe no explora las causas del declive, las subas de tarifas anunciadas a fines de diciembre parecen ser las culpables de la reversión. ¿Habrán influido las generosas vacaciones del Presidente también?
A su vez, la imagen positiva del Gobierno cayó desde 23% hasta 21% (un nivel muy bajo, por cierto) y la imagen positiva del Presidente pasó de 31% a 24% mientras María E. Vidal se ubica en 42% y Horacio Rodríguez Larreta en 30%.
La percepción del país también se ensombreció: las evaluaciones negativas del presente subieron hasta 63% y las expectativas favorables por lo que viene bajaron a 36%.
En la oposición, Cristina Kirchner sigue mejorando “lenta pero consistentemente”, dice Poliarquía. Con 35% de imagen positiva, agrega, “atraviesa el punto de mayor popularidad desde que dejó el Gobierno a fines de 2015”.
“A siete meses de las PASO, los indicadores electorales muestran que Cambiemos y el kirchnerismo concentran la mayoría de las adhesiones políticas y electorales”, resume Poliarquía. “En conjunto, los candidatos de Cambiemos cosecharon en enero una adhesión de 35% (mientras que) el espacio kirchnerista reunió 29% de adhesiones”, agrega y concluye que el peronismo moderado de Sergio Massa y Juan M. Urtubey corre de atrás con 18% y no sube, más allá de la mayor exposición de sus referentes.
A la vez el índice de confianza en el Gobierno es el más bajo desde que asumió Macri. La caída fue del 15.1% según el informe que elabora la Universidad Torcuato Di Tella.
La confianza en el gobierno de Macri se desplomó en un 15,1% este mes ubicándose en 1.63 puntos. En términos interanuales el índice cayó un 28%. Se trata del registro más bajo desde que asumió el mandatario, un dato que es preocupante en un año electoral.
“El actual nivel de confianza en el gobierno es el más bajo obtenido durante la administración de Mauricio Macri, por debajo de la última medición del gobierno de Cristina Kirchner (ICG diciembre de 2015= 1,80)”, se indicó en el informe.
Los encargados de elaborar el índice sostuvieron que el desplome es por razones relacionadas con la economía: “La abrupta caída de enero parece reflejar los anuncios de aumentos en los servicios públicos, especialmente en el transporte que tienen un impacto inmediato en la economía de las personas, en un contexto económico recesivo e inflacionario”, se analizó en el documento.
La caída del ICG respecto al mes de diciembre se vio reflejada en todos los subíndices, aunque aquellos que registraron las mayores bajas fueron: Eficiencia en la administración del gasto público (1,15 puntos y una caída de 25%). Preocupación por el interés general (1,22 puntos y una caída de 23%). Evaluación general del gobierno (1,13 puntos y una caída de 21%). Capacidad para resolver problemas del país (1,89 puntos y una caída de 14%). Honestidad de los funcionarios (2,75 puntos y una caída de 5%).

La Consultora Circuitos realizó un relevamiento en la Primera y la Tercera sección electoral de la Provincia de Buenos Aires, contemplando los tres cordones del GBA y los Partidos del Interior.
El 63 por ciento de los encuestados considera la situación como mala (29.4%) o muy mala (34.2%).  A la vez el 63,5% consideran que las medidas tomadas por el Gobierno nacional “lo perjudican”.
En cuanto al futuro más del 60 por ciento considera que la situación del país no mejorará, sino que puede empeorar. Y no consideran que el actual Gobierno pueda resolver los problemas económicos.

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