El balance de víctimas por los dos terremotos que golpearon el norte de Venezuela el pasado 24 de junio continúa aumentando. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, informó este domingo que la cifra oficial asciende a 4.490 personas fallecidas, mientras que 16.740 resultaron heridas y 17.907 permanecen sin vivienda, alojadas en campamentos temporales habilitados por el Estado.
La tragedia se convirtió en el terremoto más mortífero de la historia contemporánea de Venezuela. Desde las primeras horas posteriores al desastre, el número de víctimas no dejó de crecer: de 188 muertos reportados inicialmente el 25 de junio pasó a 920 al día siguiente, luego a 1.719, superó los 3.500 durante la primera semana de julio y ahora alcanzó los 4.490 fallecidos.
Dos terremotos en menos de un minuto
Los sismos ocurrieron el 24 de junio a las 18:04 (hora local). Fueron dos movimientos de magnitud 7,2 y 7,5, separados por apenas 39 segundos, con epicentro en las cercanías de Yumare, en el estado Yaracuy.
Las ondas sísmicas impactaron una extensa zona densamente poblada que incluye Caracas y el estado costero de La Guaira, donde se registró el mayor nivel de destrucción.
Desde las primeras horas posteriores al desastre, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) emitió una alerta roja, la categoría más alta de su sistema de evaluación de daños y víctimas, anticipando que el evento podía provocar miles de muertes.
La Guaira, el epicentro de la devastación
La mayor parte de los edificios destruidos se concentró en La Guaira. Según el informe oficial, 158 de los 190 edificios que colapsaron totalmente en el país estaban ubicados en ese estado.
Estudios realizados con imágenes del satélite europeo Sentinel-1, procesadas por la NASA, estimaron que más de la mitad de las construcciones de localidades como Caraballeda, Macuto, Naiguatá y Catia La Mar presentan probabilidades superiores al 75% de haber sufrido daños estructurales severos.
Por su parte, investigadores de la Universidad Estatal de Ohio calcularon que alrededor de 59.000 edificaciones resultaron afectadas por el terremoto.
Miles de desplazados y millonarias pérdidas
Las consecuencias humanitarias siguen siendo críticas. El Gobierno venezolano mantiene 89 campamentos temporales para albergar a casi 18.000 personas que perdieron sus viviendas.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estimó que los daños materiales ascienden a unos 6.700 millones de dólares, equivalente a aproximadamente el 6% del Producto Interno Bruto del país.
En tanto, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) lanzó un pedido de financiamiento por 50 millones de dólares para asistir durante tres meses a unas 500.000 personas afectadas por la catástrofe.
La respuesta internacional incluyó el despliegue de más de 3.000 rescatistas extranjeros, mientras que en localidades como Catia La Mar se habilitaron sectores especiales en los cementerios para la inhumación de víctimas aún sin identificar.
Un desastre agravado por la vulnerabilidad edilicia
Especialistas sostienen que la magnitud de la destrucción no obedeció únicamente a la fuerza de los sismos. El geofísico Michael Schmitz explicó que confluyeron varios factores: el desplazamiento simultáneo de dos fallas geológicas, la amplificación de las ondas sísmicas por las características del suelo y un parque edilicio con escasa adaptación a normas antisísmicas.
La región ya había sufrido otra de las mayores tragedias naturales del continente con la Tragedia de Vargas, ocurrida en diciembre de 1999, cuando deslizamientos de tierra dejaron entre 10.000 y 30.000 muertos.
Mientras continúan las tareas de remoción de escombros y recuperación de cuerpos, Venezuela enfrenta ahora el enorme desafío de reconstruir una de las zonas más castigadas del país, tras un desastre que ya registra más de 1.100 réplicas desde el 24 de junio y mantiene a miles de familias lejos de sus hogares.
El miércoles, dos terremotos de magnitud superior a 7 sacudieron el centro-norte de Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia. No es una réplica grande. Es un fenómeno mucho más raro y revelador, que un geólogo misionero ayuda a entender desde la otra punta del continente.
A las 18:04:32 del miércoles, la tierra se movió cerca de Montalbán, en el centro-norte de Venezuela. Treinta y nueve segundos después, antes de que la mayoría de la gente terminara de reaccionar al primer sacudón, se movió otra vez, más fuerte, cerca de Morón. El Servicio Geológico de Estados Unidos terminó registrando dos eventos: uno de magnitud 7,2 y otro de 7,5.
Los sistemas automáticos, en un primer momento, leyeron todo como un solo terremoto de magnitud 7,8. Se equivocaron, pero no por error humano, sino por algo más interesante sobre cómo funciona la sismología en tiempo real.
“Cuando dos rupturas ocurren con pocos segundos de diferencia, las ondas sísmicas pueden superponerse. Al principio, el sistema puede leer una señal compleja como si fuera un solo terremoto más grande. Luego, con más estaciones, más datos y revisión de las ondas, se pueden separar dos orígenes distintos: dos hipocentros, dos tiempos de inicio y dos magnitudes”, explica el licenciado Francisco Kovalski, geólogo misionero formado en la Universidad Nacional de la Plata.
Lo que ocurrió en Venezuela tiene nombre técnico: terremoto doble. Y vale la pena detenerse en la diferencia, porque la mayoría de la gente asume que se trató de un sismo seguido de una réplica grande. No es lo mismo.
Una réplica típica sigue una lógica clara: primero el sismo principal, después movimientos menores de reajuste. En un terremoto doble, dos eventos de magnitud parecida ocurren casi en simultáneo, y en este caso, el segundo fue incluso más grande que el primero. Eso significa que, técnicamente, el de magnitud 7,2 podría reclasificarse como sismo precursor y el de 7,5 como el evento principal. Para el público, la diferencia se sintió como dos sacudidas mayores encadenadas, no como una sacudida y un eco.
¿Cómo puede pasar algo así? Kovalski lo explica con una imagen que cualquiera puede visualizar.
“La corteza terrestre ya estaba cargada de tensión. El primer sismo rompió una parte del sistema y modificó el equilibrio de esfuerzos. Si otro tramo de la falla estaba maduro para romperse, esa transferencia rápida pudo activar el segundo evento. Es como empujar una ficha de dominó que estaba a punto de caer: el primer movimiento no crea de la nada el segundo terremoto, pero puede terminar de dispararlo.”
Hay un detalle que ayuda a entender por qué una diferencia de apenas 0,3 en la escala de magnitud no es menor. La escala sísmica no es lineal: cada punto entero representa unas 32 veces más energía liberada. La distancia entre 7,2 y 7,5, aunque parezca chica en el papel, implica una diferencia energética considerable entre ambos eventos.
El resultado físico ya se conoce: derrumbes en barrios de Caracas como Los Palos Grandes y Altamira, alerta de tsunami emitida para Puerto Rico, Islas Vírgenes, Aruba, Curazao y Bonaire, y un país que, según informó la presidenta interina Delcy Rodríguez, entró en estado de emergencia.
Hay un dato que pone esto en perspectiva histórica: estos terremotos figuran entre los más fuertes registrados en Venezuela en más de un siglo, solo por debajo del terremoto de 1812 en Jueves Santo, que destruyó gran parte de Caracas y se estima en magnitud 7,7; y por encima del de Sucre en 2018, de magnitud 7,3.
Ahora bien: ¿terminó el peligro cuando dejó de temblar? El geólogo Kovalski lo explica con claridad:
“La actividad de réplicas puede durar días, semanas, meses e incluso años, aunque la frecuencia suele disminuir con el tiempo. No existe un umbral único a partir del cual una réplica se vuelve peligrosa, porque el riesgo no depende solo de la magnitud. En una ciudad con edificios ya debilitados, una réplica de magnitud 5 puede causar derrumbes adicionales. Un edificio que resistió el primer impacto puede no resistir una réplica moderada si ya sufrió grietas, desplazamientos o pérdida de capacidad portante”.
Eso explica por qué el ministro del Interior, Diosdado Cabello, instó a la población a permanecer al aire libre: no es precaución genérica. Es la consecuencia directa de que el daño estructural se acumula de manera invisible, y una segunda sacudida, aunque sea más débil que la primera, puede ser la que finalmente derribe lo que ya estaba comprometido.
Hay todavía una pregunta que conecta este terremoto con un error de percepción muy extendido. Venezuela no está en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Esa franja que sí incluye a Chile, Perú, México o Centroamérica. Entonces, ¿por qué tiembla con esta intensidad?
El error común es asociar todos los grandes terremotos de América Latina con el Cinturón de Fuego del Pacífico, que afecta a países como Chile, Perú o México por la interacción de placas alrededor del océano Pacífico. Venezuela pertenece a otro contexto tectónico completamente distinto: la frontera entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, donde domina un movimiento lateral, de deslizamiento horizontal, a través de sistemas de fallas como Boconó, San Sebastián y El Pilar.
“Venezuela no necesita estar en el Cinturón de Fuego para ser sísmicamente activa. Está sobre otra frontera tectónica importante, donde dos grandes bloques de la corteza se empujan, se traban y finalmente liberan energía en forma de terremotos.” –Francisco Kovalski – Geólogo UNLP
Esa distinción no es un tecnicismo menor. El Cinturón de Fuego concentra, según el USGS, alrededor del 90% de los terremotos del planeta, pero ese 10% restante incluye fronteras de placas como la que atraviesa el norte de Venezuela, capaces de producir eventos tan destructivos como los del Pacífico, aunque con mucha menor frecuencia. En los últimos cien años, solo se registraron siete sismos de magnitud 6 o superior en un radio de 250 kilómetros de esta zona. Eso no la vuelve menos peligrosa: la vuelve menos predecible, porque la tensión se acumula durante décadas antes de liberarse de golpe.
De hecho, en septiembre de 2025 ya había ocurrido otro doblete sísmico cerca de esta misma región, de magnitud 6,2 y 6,3, que causó al menos una víctima y más de 110 heridos en los estados de Zulia y Lara. No hay certeza científica de que ese evento esté directamente conectado con el de esta semana, pero la coincidencia geográfica reabre una pregunta que los sismólogos venezolanos van a estudiar en los próximos meses: si el sistema de fallas del norte del país entró en una fase de mayor actividad.
¿Y por qué debería importarle todo esto a alguien que lee esta columna desde Misiones, a miles de kilómetros de cualquier falla activa?
“A alguien en Misiones no debería importarle porque pueda pasar lo mismo mañana en su provincia. Pero sí debería importarle por tres razones: primero, porque estos desastres muestran que el daño no lo produce solo la naturaleza, sino la combinación entre un fenómeno extremo y una sociedad vulnerable. Segundo, porque América Latina está conectada — una emergencia en Venezuela puede impactar en redes migratorias, ayuda humanitaria, precios y cooperación regional. Y tercero, porque obliga a pensar en prevención: en Misiones, la prioridad no es el riesgo sísmico, sino la gestión de lluvias intensas, arroyos desbordados, rutas, puentes y comunicación de emergencia. La enseñanza de Venezuela es que la preparación previa vale más que la reacción tardía.”
Francisco Kovalski · Geólogo (UNLP) · Misiones
Esa es, probablemente, la idea más importante de toda esta historia: más que la magnitud, más que los 39 segundos, más que la corrección técnica de 7,8 a dos eventos separados. Y hay un contraste que la vuelve todavía más nítida.
Infografía Economis | Actualizado al 27 de junio de 2026
Venezuela bajo escombros: el costo humano del doble terremoto
Dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte venezolano con apenas segundos de diferencia. La emergencia golpea especialmente a Caracas y La Guaira.
1430muertos confirmados
3.238heridos reportados
+65.000personas no localizadas
Zonas más afectadas
La Guaira, epicentro de los daños más severos.
Caracas, con derrumbes y edificios comprometidos.
Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón, bajo evaluación de daños.
Daños críticos
Colapso de viviendas y edificios antiguos.
Infraestructura sanitaria y de transporte afectada.
Restricciones de acceso en zonas de rescate.
Una emergencia todavía abierta
El balance puede agravarse a medida que avancen las tareas de búsqueda entre los escombros. Equipos de rescate y ayuda internacional trabajan en las zonas de mayor destrucción.
17países y la ONU enviaron asistencia
Menos de una hora después del segundo sismo venezolano, a 13.000 kilómetros de distancia, otro terremoto remeció la costa norte de Japón. Magnitud 6,9. Frente a la prefectura de Iwate, con epicentro a 50 kilómetros de profundidad. Suspendió el servicio del tren bala. Activó inspecciones preventivas en instalaciones nucleares cercanas. Y no provocó víctimas ni daños de consideración. El único damnificado que la prensa pudo registrar fue una mujer en la localidad de Hashikami: se le cayó una foto enmarcada de la pared.
Dos terremotos de magnitud comparable (7,2/7,5 en Venezuela, 6,9 en Japón) con menos de una hora de diferencia entre sí, y resultados completamente distintos. En Caracas, edificios colapsados, barrios sin electricidad, estado de emergencia nacional. En Hachinohe, semáforos funcionando con normalidad y tráfico circulando como un día cualquiera, según mostraron las cámaras de la televisión pública NHK. La diferencia no estuvo en la energía liberada por la tierra. Estuvo en lo que cada país construyó encima de ella.
Japón está, literalmente, sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico. Su normativa de construcción antisísmica se desarrolló durante décadas, endurecida después de cada gran catástrofe, incluido el terremoto y tsunami de Tōhoku de 2011, que dejó cerca de 20.000 muertos y obligó a repensar estándares de ingeniería en todo el país. Cuando tiembla, los edificios japoneses están diseñados para oscilar, absorber la energía y seguir en pie. Por eso un sismo de magnitud 6,9 termina en una foto caída y no en un derrumbe.
Venezuela, en cambio, no está sobre el Cinturón de Fuego, eso ya lo explicó Kovalski, pero tampoco tuvo, durante las últimas décadas, la misma inversión sostenida en normativa sísmica, mantenimiento de infraestructura y control de construcción. La frecuencia de grandes terremotos es mucho menor que en Japón. Y esa menor frecuencia, paradójicamente, es parte del problema: cuando un país tiembla cada pocos meses, construye con la sismicidad en mente todos los días. Cuando tiembla una vez por generación, la memoria institucional y constructiva se diluye entre un evento y el siguiente.
No es una cuestión de magnitud. Es una cuestión de preparación acumulada.
Y en el caso venezolano, esa falta de preparación no nació esta semana.
El balance de víctimas creció de manera dramática en menos de 48 horas. Lo que el jueves eran 188 muertos y 971 heridos se convirtió, hacia el sábado, en al menos 1.430 muertos confirmados, más de 3.360 heridos y 51.681 personas reportadas como desaparecidas sin contacto con sus familias, según la plataforma ciudadana Desaparecidos Terremoto Venezuela y el balance oficial del ministro de Salud, Carlos Alvarado. El jefe de ayuda humanitaria de la ONU, Tom Fletcher, advirtió que la cifra de fallecidos “aumentará considerablemente” a medida que avancen los rescates entre los escombros. La Guaira concentra la mayor devastación: más de 100 edificios colapsados y comparaciones que ya circulan con los grandes terremotos urbanos de las últimas décadas.
A eso se suma un dato que confirma exactamente lo que Kovalski explicó sobre la duración de las réplicas: la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) registró más de 214 réplicas desde la tarde del miércoles, incluyendo una de magnitud 4,5 detectada en la madrugada del viernes, a pocos kilómetros de San Felipe. El propio Diosdado Cabello lo describió como evidencia de que la actividad sísmica en la zona sigue siendo intensa. Es el proceso de reajuste de la falla que la entrevista anticipaba y que explica por qué cientos de personas siguen sin animarse a volver a edificios que técnicamente quedaron en pie, pero que nadie puede garantizar que sigan así después de la próxima sacudida.
Ese derrumbe no ocurrió sobre una infraestructura cualquiera. Ocurrió sobre un país que llevaba más de una década en colapso económico e institucional antes de que la tierra se moviera. Venezuela atraviesa una inflación proyectada en 682% para 2026, según el FMI. El Banco Central dejó de publicar estadísticas oficiales hace más de un año. Los servicios públicos -agua, electricidad, salud- funcionan con fallas crónicas en buena parte del territorio, independientemente de cualquier sismo. Y todo esto ocurre apenas meses después de la caída de Nicolás Maduro, capturado por fuerzas estadounidenses en enero, en medio de una transición política todavía sin rumbo claro, con estructuras de poder fracturadas y un Estado que ya estaba operando al límite de su capacidad antes de que llegara la emergencia.
Un edificio construido durante años de desinversión, en un país con escasez de cemento de calidad, mantenimiento postergado y controles de obra debilitados, no responde igual a un sismo que uno construido bajo normativa actualizada y fiscalizada. La vulnerabilidad sísmica de Venezuela esta semana no se explica solo con geología. Se explica también con presupuestos públicos vaciados, hospitales que ya estaban en crisis antes del terremoto, y un Estado que llega a esta tragedia después de gestionar, durante más de una década, una emergencia distinta pero igualmente profunda.
Un terremoto no se puede evitar.
Pero la tragedia que produce sí puede reducirse con construcción de calidad, planificación urbana, educación pública y un Estado capaz de responder antes de que la tierra vuelva a moverse.
Venezuela está aprendiendo esa lección ahora, en tiempo real, con más de 1.400 muertos, decenas de miles de desaparecidos sin confirmar y un país que ya no tenía margen para absorber otro golpe.
Japón la aprendió hace generaciones, a fuerza de terremotos, y hoy se nota en algo tan simple como una foto que se cae de la pared en lugar de una pared que se cae entera.
La tragedia provocada por los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que golpearon Venezuela sigue agravándose. A medida que avanzan las tareas de rescate, crece también el número de víctimas extranjeras identificadas entre los fallecidos y desaparecidos, en una catástrofe que ya se ubica entre las más graves registradas en América Latina en los últimos años.
Según el último balance oficial, el desastre dejó al menos 235 muertos, 4.300 heridos y 157 desaparecidos. Además, unas 2.927 familias resultaron damnificadas, mientras que cerca de 200 personas continúan atrapadas bajo los escombros de edificios colapsados.
La situación es particularmente crítica en el estado de La Guaira, señalado como el epicentro de la devastación. Allí colapsaron más de 100 edificios y se desplegaron más de 100 equipos de maquinaria pesada para remover escombros y asistir a los rescatistas. También se reportaron daños estructurales en al menos 250 inmuebles y afectaciones en ocho hospitales, algunos de los cuales debieron evacuar pacientes y personal sanitario.
Las autoridades y los gobiernos de distintos países comenzaron a confirmar víctimas entre sus ciudadanos. España informó inicialmente dos fallecidos y 80 desaparecidos, aunque horas después elevó el balance a tres muertos y 99 personas sin localizar. También se reportaron víctimas de nacionalidad portuguesa, brasileña, italiana y china, mientras continúan las tareas de identificación.
La preocupación internacional crece debido a la amplia presencia de comunidades extranjeras en las zonas afectadas, especialmente en Caracas y La Guaira. Entre los casos más resonantes figura la desaparición de Isabel Jara, delegada del Gobierno de Canarias en Venezuela, cuyo paradero aún se desconoce.
Más de seis millones de afectados
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), dependiente de la ONU, estimó que hasta 6,76 millones de personas podrían haber sido afectadas directa o indirectamente por los terremotos. Solo en Caracas, alrededor de dos millones de habitantes sufrieron consecuencias derivadas de los daños en infraestructura, servicios básicos y comunicaciones.
La ONU advirtió además que el número de desplazados podría incrementarse en los próximos días a medida que se evalúe el alcance real de los daños y más familias deban abandonar viviendas comprometidas estructuralmente.
Durante la madrugada comenzaron a aterrizar en Venezuela los primeros vuelos con asistencia humanitaria. Equipos de rescate procedentes de Chile, España, Suiza, El Salvador y otros países ya se encuentran en territorio venezolano o en camino para reforzar las operaciones de búsqueda.
España desplegó efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME), junto con personal sanitario, psicólogos y especialistas en rescate. Suiza envió 80 rescatistas, ocho perros de búsqueda y 18 toneladas de equipamiento. Por su parte, El Salvador confirmó el envío de seis aviones con maquinaria, insumos médicos y personal especializado.
Estados Unidos también activó una misión de asistencia a través del Comando Sur (SOUTHCOM), mientras el Departamento del Tesoro flexibilizó temporalmente algunas sanciones para facilitar las operaciones humanitarias y el flujo de recursos destinados a la emergencia.
Las próximas 48 horas serán decisivas para encontrar sobrevivientes. Los equipos de rescate continúan trabajando entre estructuras derrumbadas, mientras familiares recorren hospitales, refugios y centros de atención buscando noticias de sus seres queridos.
Con cientos de desaparecidos, edificios colapsados y miles de personas desplazadas, Venezuela enfrenta ahora una compleja etapa de emergencia humanitaria y reconstrucción, en medio de una de las peores catástrofes naturales de su historia reciente.
Según los primeros datos oficiales al menos 69 heridos es el saldo de las protestas de Caracas tras el intento de levantamiento militar de este martes en Venezuela. Estados Unidos aún piensa en una intervención militar, mientras el grupo Lima coordina el apoyo a Guaido, excepto México que pide evitar un baño de sangre
Al menos 69 personas resultaron heridas en las protestas desatadas en Caracas tras el intento de levantamiento militar liderado por el jefe del Parlamento, Juan Guaidó, reconocido como presidente interino por medio centenar de países.
“Hasta el momento, Salud Chacao ha atendido 69 pacientes provenientes de la manifestación en (la base militar de) La Carlota”, escribió en Twitter el alcalde de ese municipio que forma parte de la Gran Caracas, Gustavo Duque.
Los países del Grupo de Lima acordaron en una videoconferencia el martes mantenerse en sesión permanente para seguir los acontecimientos en Venezuela, tras lo cual la mayoría de gobiernos de América Latina apoyó el llamado del líder opositor Juan Guaidó para poner fin al mandato de Nicolás Maduro.
Argentina, Brasil, Colombia, Perú y Chile encabezaron los respaldos a Guaidó, que recibió también el apoyo del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro.
En la vereda opuesta se situaron Cuba y Bolivia, que se alinearon con Maduro, mientras que México pidió evitar una “posible escalada de violencia y derramamiento de sangre”.
Un comunicado firmado por la mayoría de los miembros del Grupo de Lima, manifestó en la tarde el “pleno respaldo al proceso constitucional y popular emprendido por el pueblo venezolano, bajo el liderazgo del presidente encargado, Juan Guaidó” y rechazaron que se le califique como golpe de Estado.
Guaidó, quien al frente de la Asamblea Nacional se proclamó presidente encargado del país en enero, instó a militares y civiles el martes a buscar “el cese definitivo” del gobierno, aunque Maduro aseguró tener la fidelidad de los jefes de las Fuerzas Armadas, que en la jornada chocaban contra cientos de manifestantes frente a una base aérea en Caracas.
En una videoconferencia, once cancilleres del Grupo de Lima aprobaron reunirse el próximo 3 de mayO en Lima, y advirtieron a Maduro y de los cuerpos armados que serán responsables “del uso indiscriminado de la violencia” en este proceso.
Horas antes y por separado algunos gobiernos acompañaban a Guaidó en el llamado a las fuerzas militares venezolanas a desconocer a Maduro.
El presidente de Colombia, Iván Duque, pidió a través de Twitter a los “militares y al pueblo de Venezuela que se ubiquen del lado correcto de la historia, rechazando la dictadura y usurpación de Maduro”.
El argentino Mauricio Macri afirmó que “desconocemos la autoridad del dictador Maduro” y se mostró esperanzado en que “este sea el momento decisivo para recuperar la democracia. Que la larga angustia que llevó al sufrimiento y al miedo a los venezolanos llegue a su fin y comience un período de libertad, sensatez y crecimiento”.
El secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, aseguró este martes que el presidente Nicolás Maduro, “tenía un avión listo en la pista” para huir de Venezuela hacia Cuba, pero que Rusia “le ordenó quedarse” en el país.
“Él tenía un avión en la pista, estaba listo para irse esta mañana, por lo que sabemos, y los rusos le dijeron que debería quedarse”, dijo Pompeo en una entrevista con CNN, en la que afirmó que el mandatario planeaba huir a La Habana.
Pompeo, ex director de la CIA, se negó a dar la fuente de esta información, aunque aseguró que Washington entrevistó en las últimas horas a “decenas y decenas de personas en el terreno”, además de recabar datos mediante otras fuentes.
El secretario de Estado deslizó, en simultáneo, algunas dudas sobre la situación del jefe del chavismo. “Hace mucho que nadie ve a Maduro”, afirmó. El presidente venezolano, de habitual verborragia, no se mostró en público a lo largo de la jornada.
Más temprano, Washington afirmó que tres altos funcionarios del gobierno venezolano, incluyendo al ministro de Defensa, se habían comprometido a “apoyar el derrocamiento” de Maduro, impulsado por grupos que avalan al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó.
En tanto el líder opositor Leopoldo López y su familia ingresaron como “huéspedes” a la embajada de Chile
El opositor venezolano Leopoldo López y su familia ingresaron este martes a la embajada de Chile en Caracas en calidad de “huéspedes”, informó el canciller chileno Roberto Ampuero.
“Lilian Tintori y su hija ingresaron como huéspedes a la residencia de nuestra misión diplomática en Caracas. Hace minutos se sumó su cónyuge, Leopoldo López, que permanece junto a su familia en dicho lugar”, señaló Ampuero en su cuenta de Twitter.