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El costo del frío: cómo el ambiente impacta en la conversión y la rentabilidad porcina

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Por Sebastián Ratto – Consultor Técnico Monogástricos, Cargill Animal Nutrition & Health. El frio es un déficit de calor. El punto de partida conceptual es contraintuitivo pero decisivo. En invierno no gestionamos “frío” sino pérdidas de calor: desde la física, el frío no es una magnitud en sí mismo, sino la ausencia o la fuga de calor de un sistema. Cuando observamos lechones amontonados o condiciones de baja temperatura, en realidad estamos viendo calor que se escapa o falta. Y toda pérdida de calor se compensa, siempre, con energía. El problema es que esa energía sale del bolsillo del productor por dos vías que conviene separar con claridad.

La primera es la energía directa: la de la calefacción. Un edificio que pierde mucho calor necesita cada vez más energía para mantener las condiciones normales de producción dentro de la sala. Esa factura se paga y se ve. La segunda es la energía indirecta, y es la menos evidente: la energía del alimento. Cuando el animal vive por debajo de su temperatura ambiente efectiva, destina parte de la energía que consume en el alimento a generar calor metabólico para mantener constante su temperatura interna, en lugar de destinarlo a crecer. El alimento usado para calor metabólico castiga directamente la conversión. Esa pérdida también se paga, pero la mayoría de las veces no se detecta.

En el extremo de la curva aparecen los costos clásicos: más gasto en antibióticos, animales que quedan como “sobrevivientes” con su rendimiento condicionado a futuro y, en el escenario más catastrófico, mortalidad por hipotermia. Pero el grueso del daño económico ocurre antes, en la adaptación silenciosa: pérdidas pequeñas que se acumulan día a día y que, al cierre del lote, explican por qué no se alcanzaron los pesos ni las conversiones esperadas sin que sepamos bien por qué. Nada es gratis: el animal tiene una enorme capacidad de adaptación, pero siempre la cobra.

El iceberg: lo clínico y lo subclínico

En el sitio 2, el lechón es muy elocuente. Por su relación superficie/volumen intercambia mucha temperatura con el entorno y, ante una pérdida de calor, lo manifiesta rápido: piso mojado, diarreas, aumento del uso de antibióticos. Pide atención a gritos, y por eso solemos atenderlo. El riesgo está en el sitio 3, con los animales de crecimiento. Al ser más resistentes y tener mayor capacidad de generar calor, no muestran signos clínicos evidentes salvo en casos extremos. “Total, se produce igual”, se piensa. Pero las pérdidas están: como el animal, en esa etapa, consume más, ese mayor consumo le permite generar mayor calor metabólico en lugar de carne, y el golpe se concentra justamente en la conversión alimenticia, el indicador más sensible del negocio.

El animal es el primer sensor (y los datos no se leen solos)

El indicador más fiable dentro del galpón es el comportamiento animal. Antes que cualquier instrumento, hay que aprender cómo se comportan los animales en condiciones normales para detectar rápido cualquier desvío; el cerdo, como animal de presa, oculta los problemas, de modo que cuando el desvío se hace evidente el daño productivo ya está hecho.

El segundo principio es no leer los datos de forma aislada. Un ejemplo lo deja claro. Animales de 60 a 63 días con el termómetro en 22 °C: temperatura aparentemente ideal. Pero si la humedad relativa está en 75 %, el cálculo del punto de rocío arroja unos 17,4 °C. Eso significa que todas las superficies del galpón que estén a esa temperatura comenzarán a condensar: paredes, techo y piso mojados, el típico galpón mojado. Y si la piel del animal alcanza esa temperatura, se forma sobre él una película de humedad y la transferencia térmica aumenta considerablemente cuando el animal está mojado: es como mojarlo con un sprinklers. Tenemos animales con frío real mientras el termómetro marca 22 °C. La explicación está en la interrelación de los datos —temperatura, humedad, punto de rocío, velocidad de aire, CO?, temperatura de superficie y de piel— no en ninguno por separado.

Cómo auditar una granja de baja tecnología

La rutina de recorrida sigue un orden lógico que cualquier encargado o propietario puede replicar. Primero, comportamiento animal: cómo están y cómo crecen los animales, qué sintomatología hay, cuánto antibiótico se está usando. Segundo, como esa “sensación de frío” es pérdida de calor y el calor siempre fluye hacia donde hace más frío, hay que revisar la aislación y la hermeticidad del galpón. Una cortina rota o caída deja escapar todo el calor —metabólico o de calefacción— hacia el exterior, sobre todo de noche y de madrugada. La aislación y la hermeticidad son estrategias pasivas: no consumen energía, y por eso son las primeras que se deben de optimizar.

Tercero, la calidad del aire. Es frecuente entrar temprano a salas de ventilación natural con muy buena temperatura, pero con calidades de aire muy malas, hasta el punto de no poder permanecer dentro. La clave es buscar el equilibrio entre temperatura y calidad de aire para dar las mejores condiciones a las necesidades fisiológica de los animales alojados. Contar al menos con el dato de temperatura y humedad es fundamental para decidir cuándo abrir o cerrar las cortinas.

Manejo de fosas: dónde nace el amoníaco

El amoníaco que irrita los ojos y las vías respiratorias se genera principalmente por la descomposición biológica de la urea presente en la orina y de la materia orgánica acumulada en las fosas. La consecuencia práctica es directa: mantener un adecuado nivel de agua en la fosa ayuda a reducir la exposición de los residuos al ambiente y disminuye la liberación del gas. Querer resolver el problema únicamente aumentando la ventilación suele ser un error costoso, ya que puede conducir a sobreventilar el galpón, incrementando las pérdidas de calor y el consumo de energía de calefacción o la energía que el propio animal debe destinar a mantener su temperatura corporal. Conviene recordar, además, que las personas suelen percibir el amoníaco antes que los cerdos debido a su efecto irritante sobre ojos y vías respiratorias. Por eso, el objetivo debe ser siempre reducir su generación en origen mediante un correcto manejo de las fosas y de los efluentes, utilizando la ventilación como complemento y no como única herramienta de control.

La instrumentación mínima imprescindible

Para trabajar correctamente —tanto en ventilación natural como forzada— el equipamiento básico es un sensor de temperatura y uno de humedad. La humedad importa porque es indicador de calidad de aire y de confort térmico, y porque con ambos datos se calcula el punto de rocío, que indica a qué temperatura condensará el aire. Combinando ese cálculo con la medición de la temperatura de superficies se puede anticipar a si el galpón estará mojado y el animal cederá calor. A esto conviene sumar dos registros simples de enorme valor: el consumo de antibióticos y la mortalidad. Cruzar estos datos con el historial de la distribución de la temperatura a lo largo del día permite realizar un correcto análisis de las condiciones de producción.

Ventilación forzada: física aplicada al galpón

Los sistemas de presión negativa trabajan en tres modos —ventilación mínima, de transición y túnel— y en invierno operan el 80–90 % del tiempo en ventilación mínima. Por lo que su correcto diseño y regulación pasa a ser fundamental. El principio de funcionamiento consiste en generar una presión interna ligeramente inferior a la presión atmosférica mediante la extracción de aire con los extractores. Este diferencial de presión impulsa el ingreso de aire a través de los inlets. En este proceso intervienen dos fenómenos físicos clave: el efecto Venturi, que acelera el aireal atravesar una sección reducida, y el efecto Coanda, que permite que el chorro de aire se adhiera al techo y recorra la sala y se mezcle con el aire interior, se atempere y luego alcance a los animales. C uando la presión negativa es insuficiente o los inlets están mal regulados o dimensionados y/o el galpón posee falta de hermeticidad, el aire ingresa a baja velocidad y el efecto Coanda se pierde y aparecen corrientes de aire frías sobre los animales. El resultado es exactamente el opuesto al buscado: se incrementa la perdida de calor sin mejorar adecuadamente la calidad de aire.

La prueba de hermeticidad, primero

Se puede hacer la mejor inversión en equipos del mercado, pero sin hermeticidad el sistema de ventilación mínima no funciona. Por eso la primera prueba es de hermeticidad: se cierra todo el galpón, se enciende un ventilador de ventilación mínima —idealmente lo más cercano a 18 m³/h por m² de superficie— y se mide la presión diferencial interior. El objetivo es estar por encima de 35 Pa; cuanto más alto, más hermético. Luego se regulan los inlets para que el aire pase entre 4 y 6 m/s, 15 a 25 Pa y se complementa con pruebas de humo —para visualizar el direccionamiento del aire— y cámaras termográficas. Pero todo parte, siempre, de la hermeticidad.

Parámetros de referencia para el análisis de datos

El análisis de las instalaciones debe de basarse en parámetros objetivos y, fundamentalmente la interpretación conjunta de los datos. Por ejemplo, es posible encontrar valores adecuados de temperatura y humedad relativa, pero concentraciones elevadas de CO?. El CO? es un excelente indicador de la eficiencia de ventilación. Concentraciones elevadas suelen indicar insuficiente renovación de aire o deficiencias en su distribución. La evaluación integrada de los indicadores permite diagnosticar con mayor precisión el funcionamiento del sistema de ventilación y tomar decisiones de manejo más acertadas. La tabla siguiente resume valore de referencia más utilizados.

ParámetroRango / objetivo de referenciaObservación
Temperatura Según la curva de la genética y edad (ej. ~22 °C a 60 días; 20–21 °C a 70 días)Nunca leerla de forma aislada
Humedad relativa 50–70 %Indicador de calidad de aire y confort
Punto de rocío Calculado a partir de T° y HRDefine a qué T° condensan las superficies. Define bloqueo de intercambio de calor latente.
Dióxido de carbono (CO?) < 2.500 ppm (2.500–3.000 ppm = zona de alerta)Calidad de aire – indicador de eficiencia de ventilación
Amoníaco (NH?) < 15 ppm para el cerdo; < 10 ppm para las personasSe origina en la fosa, no en la respiración
Hermeticidad. > 35 Pa 18 m3/h x m2 superf.Condición previa para ventilación mínima
Velocidad en inlets 4–6 m/sAsegura efecto Venturi y Coanda

Errores frecuentes que rompen el sistema

En ventilación mínima hay fallas que suelen subestimarse. Los ventiladores que no sellan —con persianas rotas o ausentes— provocan un cortocircuito de aire: el ventilador en marcha extrae aire del que tiene al lado en lugar de hacerlo entrar por los inlets, y al apagarse generan un efecto chimenea con gran pérdida de calor. La recomendación es trabajar con ventiladores de cierre mariposa, bien herméticos. Otro punto crítico, y peligroso, son las tapas de inspección de fosa que quedan destapadas, permitiendo que el aire ingresa por la fosa en lugar de por los inlets y arrastra los gases que justamente se quieren evacuar, entre ellos el sulfuro de hidrógeno, el más peligroso para los animales y para las personas. Una prueba de humo lo evidencia de inmediato.

Finalmente, la regulación y el posicionamiento de los inlets define cómo y con qué direccionamiento entra el aire: el ventilador marca cuánto aire ingresa, pero el inlet define cómo ingresa. Y conviene verificar el caudal real de los ventiladores, porque uno que “debería” entregar un trabajo que permita ingresar 18.000 m³/h a veces no entrega ni la mitad. Todo esto responde a la ley del mínimo: lo primero que falla hace fallar al sistema completo. Por eso hay que revisar que cada componente funcione para que el conjunto funcione.

Tecnología accesible e inteligencia artificial

Herramientas que antes parecían reservadas a especialistas hoy son accesibles, por ejemplo, cámaras térmica —útiles para evaluar aislación y hermeticidad—. En el horizonte, la inteligencia artificial promete un cambio profundo en el análisis de datos, permitiendo integrar grandes volúmenes de información y obtener en horas conclusiones que antes llevaban semanas. La diferencia competitiva no estará en las tareas manuales del galpón, sino entre los técnicos que sepan utilizar y auditar estas herramientas y los que no: nadie puede trabajar con IA sobre un tema que no comprende. La condición sigue siendo dominar los conceptos.

Conclusión

El invierno no castiga al productor con frío, sino con pérdida de calor, y esa pérdida se paga con energía, conversión y sanidad. Optimizar el ambiente no exige necesariamente grandes inversiones: exige un orden de prioridades —comportamiento animal, hermeticidad y aislación, calidad de aire, fuentes de calor—, una instrumentación mínima bien aprovechada y la disciplina de leer los datos en conjunto. Y, por encima de todo instrumento, observar a los animales: siguen siendo el mejor sensor del galpón.

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Las exportaciones de la cadena porcina crecieron 161% en valor en el primer cuatrimestre de 2026

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La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía de la Nación informó que las exportaciones de la cadena porcina alcanzaron un crecimiento interanual durante el primer cuatrimestre de 2026 de 161% en valor, por 6 millones de dólares, y de 78% en volumen, por un total de 5.137 toneladas, en base a datos del INDEC. 

Entre los principales destinos que reciben carne de cerdo, chacinados, productos y subproductos comestibles y no comestibles desde Argentina, podemos mencionar a Costa de Marfil, China, Filipinas, Congo, Uruguay, Brasil, Hong Kong, Georgia y Paraguay, entre los más importantes.

Una vez más el trabajo en conjunto con el sector privado será clave para extender esos horizontes y acompañar la expansión de un sector que vuelve a ser noticia por su crecimiento y desarrollo sostenido, que ahora se observa en sus exportaciones y la apertura global de su producción.

Los destinos abiertos para la comercialización de la producción porcina son 54 y desde la Secretaría se trabaja y gestiona permanentemente para ampliar aún más el abanico de opciones.

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La importación de carne porcina creció 165% y pone en jaque a un sector clave del agro

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La economía argentina inició 2026 con una tensión creciente entre la producción agroindustrial local y el avance de la mercadería importada. En ese contexto, la cadena porcina enfrenta uno de sus momentos más delicados: las importaciones de carne de cerdo crecieron un 165% interanual, un salto que amenaza con quebrar el equilibrio de un sector que había logrado consolidarse como uno de los más dinámicos del agro.

El problema no es únicamente coyuntural. A la presión de costos internos —que crecen muy por encima de los precios de venta— se suma un ingreso masivo de producto extranjero, principalmente desde Brasil, que fija un techo artificial en el mercado doméstico y erosiona la rentabilidad de las granjas locales.

Un golpe que también alcanza a Misiones

El impacto no se limita a las grandes provincias productoras del centro del país. Misiones, que participa del entramado porcino a través de la COFRA (Cooperativa Frigorífica de Leandro N. Alem), también se ve afectada por este escenario. La cooperativa misionera integra producción primaria, faena y agregado de valor, y depende de un mercado interno estable para sostener empleo, inversiones y encadenamientos regionales.

La pérdida de competitividad del cerdo nacional pone en riesgo ese esquema federal, donde la producción porcina cumple un rol estratégico para la diversificación agroindustrial y la generación de trabajo en economías regionales.

Durante 2025, la Argentina importó 53.000 toneladas de carne porcina, en su mayoría provenientes de Brasil. El salto es significativo: son 33.000 toneladas más que en 2024 y más del doble del promedio histórico de 24.000 toneladas anuales que se mantenía relativamente estable desde 2012.

Para los productores, este aluvión importador llega en el peor momento posible, cuando los márgenes ya están severamente comprometidos por la suba de insumos y la presión fiscal.

El “efecto tijera”: costos récord y precios atrasados

Desde la Federación Porcina Argentina advierten que el sector atraviesa un clásico “efecto tijera”. En el primer tramo de 2026, el precio del cerdo en pie subió apenas 12% interanual, mientras que la inflación acumuló 31,5%.

En paralelo, los principales costos del negocio se dispararon:

  • Maíz: +40%
  • Soja: +70%
  • Tipo de cambio oficial: +40%

Históricamente, el precio interno encontraba su límite en la capacidad de consumo local. Hoy, ese límite lo impone la carne importada, configurando —según el sector— una competencia desigual que desarticula la formación de precios.

La bondiola, de motor de rentabilidad a señal de alarma

Un punto crítico es la bondiola, tradicionalmente el corte que equilibraba la ecuación económica del cerdo. De acuerdo con análisis sectoriales, este producto permitía compensar el bajo valor de otros cortes y sostener la rentabilidad de la media res.

Ese esquema se quebró. Actualmente, la bondiola importada representa cerca del 50% del volumen comercializado en el país. Además, productores denuncian que parte de esa mercadería ingresa congelada desde Brasil y luego es descongelada para venderse como “fresca” en góndola, presionando aún más los precios locales.

Mientras los importadores obtienen márgenes elevados por contenedor, el productor nacional enfrenta dificultades para rotar stock sin recurrir a promociones que terminan de licuar la rentabilidad.

Desde la Federación Porcina insisten en que la salida no pasa por subsidios, sino por corregir distorsiones estructurales. Entre los reclamos centrales figuran:

  • La puesta en vigencia del Protocolo con China, pendiente desde hace más de dos años, que permitiría exportar subproductos (patitas, cabezas, menudencias) con alto valor en Asia y hoy considerados descarte en el mercado local.
  • La derogación de la resolución de 2011 que autoriza la Ractopamina, un promotor de crecimiento prohibido de hecho en la producción argentina, pero que facilita el ingreso de carne importada producida con ese aditivo.

Ambas medidas permitirían valorizar el animal completo, mejorar la competitividad y generar divisas genuinas.

El contexto actual también impacta en las decisiones de inversión. Los productores acumulan saldos técnicos de IVA de inversiones que no pueden recuperar, enfrentan un acceso limitado al crédito y operan con reglas que cambian con frecuencia.

La producción porcina requiere horizontes de 5 a 10 años para amortizar instalaciones de alta tecnología. Hoy, esa previsibilidad está ausente, incluso en proyectos cooperativos y regionales como los que se desarrollan en Misiones.

El diagnóstico del sector es claro: la cadena porcina argentina es eficiente y moderna, pero está siendo asfixiada por una apertura comercial desordenada, que prioriza el negocio financiero del importador por sobre el desarrollo productivo federal y el agregado de valor en origen.

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Cerdos: Grupo Costa de España anuncia una inversión de USD 300 millones en Paraguay

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El conglomerado español Grupo Costa expresó su interés en invertir cerca de 300 millones de dólares en Paraguay, según informó el ministro paraguayo de Industria y Comercio, Javier Giménez.

El anuncio se produjo durante una reunión del Consejo de Ministros, donde Giménez detalló que el monto fue adelantado por un representante del grupo, especializado en la producción y comercialización de carne de cerdo. El funcionario no precisó aún el tipo de proyecto que se ejecutará con esa inversión.

El ministro señaló además que el empresario del Grupo Costa mantuvo un encuentro con el presidente paraguayo, Santiago Peña, ocasión en la que destacó el retorno al país de la brasileña JBS, considerada la mayor procesadora de carne del mundo.

JBS confirmó recientemente una inversión de USD 130 millones para la compra y ampliación de una planta de sacrificio de pollos ubicada en Doctor Juan Eulogio Estigarribia (Campo 9), una de las zonas agroindustriales clave del país.

El vínculo entre el Gobierno paraguayo y el Grupo Costa se fortaleció a partir de una reunión celebrada el 25 de febrero, cuando Peña recibió a directivos del conglomerado. Luego de ese encuentro, el viceministro de Comercio y Servicios, Rodrigo Maluff, y la agregada comercial de Paraguay en España, Natalia Cáceres, visitaron en mayo las instalaciones del grupo en territorio español, según informó el Ministerio de Industria y Comercio.

La apuesta del Grupo Costa y el avance de JBS consolidan el posicionamiento de Paraguay como polo de inversiones en el sector cárnico y agroindustrial del Cono Sur, en un momento de fuerte dinamismo regional.

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Argentina marcó un récord histórico en faena y producción de carne porcina en los primeros 8 meses del año

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De acuerdo a los datos relevados por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía de la Nación, junto al SENASA e INDEC, entre enero y agosto de 2025 se alcanzó un récord de faena y producción, con 5.521.175 cabezas faenadas y 526.463 toneladas producidas, respectivamente.

En este sentido, se destaca que el sector porcino nacional viene creciendo a una tasa promedio del 6% en los últimos 10 años en faena.

El consumo interno de carne de cerdo también viene en aumento sostenido durante los últimos 10 años, pasando de 10 a 17,95 kg por habitante por año y estableciéndose un récord de consumo en este período.

A nivel de exportaciones, la carne porcina argentina cuenta con más de 54 mercados abiertos, tanto con productos y subproductos de cerdo. Se destacan, en este sentido, las recientes aperturas logradas en el último año: Paraguay, Uruguay y Filipinas.

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