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China destina 80 millones en apoyo a Cuba para energía y otras necesidades

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La crisis energética en Cuba ha entrado en una fase de reconfiguración geopolítica. Con un déficit de generación que deja sin cobertura hasta el 50% de la demanda nacional en determinados momentos, la isla ha visto cómo su histórico cordón umbilical con Venezuela se debilita bajo la presión sobre las navieras, obligando a un giro hacia Pekín.

A finales de enero de 2026, China autorizó una ayuda de US$80 millones destinada al sistema eléctrico y otras necesidades, pero el respaldo resulta insuficiente para revertir apagones que superan las 19 horas diarias.

Esta precariedad no solo paraliza la industria, sino que también actúa como detonante inflacionario, erosiona el salario mínimo y sitúa al país en un escenario de creciente inestabilidad social.

Deterioro estructural del sistema energético

La crisis responde a una combinación de factores acumulados que han debilitado el abastecimiento energético nacional. La interrupción del suministro desde aliados tradicionales y la caída de importaciones han dejado al país con envíos mínimos, mientras otras entregas fueron canceladas bajo presión internacional. La reducción del flujo externo y el déficit de combustible han provocado apagones prolongados, deteriorando servicios esenciales y logística urbana.

  • La actividad diaria se ve condicionada por interrupciones imprevisibles que pueden dejar hogares sin electricidad desde la madrugada, afectando rutinas domésticas y laborales.
  • En algunas zonas, el suministro apenas alcanza entre cuatro y seis horas al día, lo que limita el uso de equipamientos básicos y se reduce en consideración el consumo
  • Este deterioro energético, evidencia la magnitud de la dependencia del combustible para sostener la red eléctrica.

¿Qué impacto social tienen todos estos hechos?

El déficit energético tiene efectos inmediatos sobre la economía doméstica y el acceso a bienes básicos. La escasez de transporte limita el abastecimiento comercial, lo que ha disparado precios de productos esenciales en cuestión de horas. La imposibilidad de refrigerar alimentos o bombear agua agrava la precariedad, mientras el salario mínimo mensual queda lejos de cubrir el coste de una dieta adecuada y mucho menos de poder permitirse pagar una factura de la luz con el precio que tiene actualmente dada esta misma escasez.

La actividad productiva también se ralentiza por cortes eléctricos continuos que paralizan servicios clave. Sistemas informáticos, operaciones bancarias y atención hospitalaria se ven afectados por la inestabilidad energética. Aunque alejadas de realidades como fraudes en el suministro de energía en mercados liberalizados, estas consecuencias revelan un problema estructural donde la energía condiciona salud pública, movilidad y estabilidad social.

Posibles escenarios estratégicos y asistencia internacional

La respuesta institucional incluye la búsqueda de apoyo externo y la evaluación de cambios estructurales en el sistema eléctrico. Pekín ha aprobado ayudas destinadas al sector energético, mientras expertos estiman que una transición tecnológica requeriría inversiones multimillonarias y varios años de ejecución. El respaldo diplomático y financiero busca contener el deterioro de sectores estratégicos como turismo y aviación, fundamentales para la entrada de ingresos al país.

En este escenario, el debate energético se analiza a través de plataformas informativas y de consumo, donde la activación del suministro eléctrico doméstico se vuelve crítica frente a un sistema con capacidad limitada. El futuro de la crisis dependerá de la inversión, la diversificación de proveedores y la adaptación institucional, factores esenciales para evitar un colapso prolongado del sistema económico y social cubano.

Fuente: papernest.es

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En 2025 el e-commerce argentino creció bajo presión: China, precios globales y la disputa por el consumidor

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El año 2026 se perfila como un punto de inflexión para el comercio electrónico en Argentina y el mundo. La expansión sostenida del e-commerce, tanto local como global, ha consolidado el canal digital como uno de los pilares centrales del consumo moderno. En la Argentina, pese a un contexto macroeconómico complejo, crecimiento inflacionario y una caída prolongada del consumo presencial, las ventas online marcaron cifras crecientes que reflejan la adaptación de consumidores y comercios al entorno digital.

Al mismo tiempo, el aumento de la presencia de plataformas y vendedores de origen chino ha acelerado transformaciones en la oferta, los precios y las expectativas de los consumidores argentinos, obligando a actores locales a repensar estrategias de marca, logística y posicionamiento para competir efectivamente en un mercado cada vez más globalizado.

Alejandro Ochoa, CEO de Urban Cow comparte: “Creo que las fábricas que no se pueden adaptar y no puedan desarrollar un producto para venderlo directo al público, van a tener muchos problemas. Van a tener que mejorar e innovar, actualmente estamos en un mercado con competencia extranjera, que hace que haya que preocuparse por mejorar las instalaciones, los productos, la tecnología y los procesos de venta ecommerce”.

Los datos más recientes del sector confirman la magnitud del fenómeno. La Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) difundió los resultados preliminares de su Estudio Anual de Comercio Electrónico 2025, elaborado junto con Kantar a partir de un relevamiento sobre unas 200 empresas que venden por Internet. El informe mostró un crecimiento de la facturación del 60% en términos nominales durante 2025, alcanzando los $35.326.983 millones de pesos. Esta suba se ubicó por encima de la inflación interanual del 31%, lo que indica un crecimiento real del canal online dentro del ecosistema comercial argentino.

El estudio también reveló un fuerte dinamismo en volumen: la cantidad de unidades vendidas aumentó más de un 28% respecto de 2024, hasta alcanzar 645 millones de productos comercializados por comercio electrónico. Las órdenes de compra crecieron un 3% interanual, mientras que el ticket promedio registró una suba del 55% frente al estudio anterior, ubicándose en $143.128. Esto muestra un mercado que combina mayor cantidad de artículos vendidos con una recomposición de valores nominales por operación.

El crecimiento no fue uniforme entre rubros. En términos de facturación, el ranking de categorías con mayor peso en 2025 estuvo liderado por Pasajes y turismo, seguido por Alimentos, bebidas y artículos de limpieza, Equipos de audio, imagen, consolas, TI y telefonía, Artículos para el hogar y Electrodomésticos de línea blanca y marrón. También se destacaron Deportes, Cosmética y perfumería, productos Infantiles, Accesorios para motos y autos, y Materiales y herramientas de construcción.

Al analizar las categorías con mayor crecimiento por encima del promedio general del 60%, sobresalen especialmente los productos Infantiles, con un aumento del 209% en facturación, Materiales y herramientas de construcción con un 117%, Deportes con 71%, Electrodomésticos con 70%, Pasajes y turismo con 68% y Alimentos y bebidas con un 64%. Estos datos reflejan una ampliación del uso del canal online hacia rubros que antes tenían menor penetración digital.

Si se observa el ranking por unidades vendidas, no por facturación, el comportamiento cambia y muestra con más claridad los hábitos cotidianos de compra. Allí lideran Alimentos y bebidas, seguidos por Herramientas y construcción, Hogar, muebles y jardín, Electrodomésticos y aires acondicionados, rubros Infantiles y Accesorios para vehículos. Completan la lista Artículos de oficina e industria, Indumentaria urbana y deportiva, Artículos de limpieza y Productos de belleza.

Además, distintos informes sectoriales coinciden en que creció la proporción de argentinos que realizan compras en el exterior, especialmente a través de plataformas internacionales y marketplaces globales, fortaleciendo el comercio transfronterizo. Este fenómeno señala un cambio profundo en los hábitos de consumo digital, donde la comparación de precios y la búsqueda de variedad global pasan a ser variables centrales.

Mientras el e-commerce argentino mostró un crecimiento sólido durante 2025, el comercio electrónico global siguió dominado por China, que continúa siendo el mercado más grande del mundo en ventas online. Las proyecciones más recientes estiman que el país supera los 900 millones de compradores digitales activos.

Las plataformas chinas, como Alibaba, JD.com y la tienda internacional Temu, han impulsado cambios en la dinámica de consumo global, con precios ultra competitivos y estrategias de social commerce basadas en redes sociales y transmisiones en vivo. Este modelo acorta el recorrido entre descubrimiento y compra, y presiona a los competidores a mejorar experiencia, velocidad y precio.

En Argentina, aunque las compras cross-border no provienen exclusivamente de China, muchos consumidores adquieren productos de origen chino a través de distintos marketplaces internacionales. Esto empuja a las plataformas locales a reforzar su propuesta de valor, mejorar la logística, optimizar los tiempos de entrega y fortalecer estrategias de fidelización para no perder cuota frente a competidores extranjeros.

Desde la perspectiva de los vendedores internacionales también surgieron nuevos desafíos. Grandes jugadores como Shein y otros retailers globales enfrentaron mayores barreras comerciales, ajustes impositivos y regulaciones en distintos mercados. Aun así, la capacidad de fabricación, escala y eficiencia logística de China mantiene su atractivo como centro de oferta mundial.

Los comerciantes locales, por su parte, enfrentan retos estructurales para sostener el crecimiento online. La inflación y la pérdida de poder adquisitivo impulsan un consumidor más sensible al precio, lo que favorece la comparación permanente y la migración hacia ofertas internacionales más económicas. A esto se suman los desafíos logísticos, donde la eficiencia en la entrega se volvió un factor competitivo clave.

Otro punto crítico es la inversión en capacidades técnicas: SEO, inteligencia artificial, analítica de datos y automatización de procesos son cada vez más necesarios para competir, pero no siempre están al alcance de pequeñas y medianas empresas.

El 2025 dejó en claro que el comercio electrónico ya no es una moda transitoria, sino una transformación estructural del consumo. A nivel global, unas 2.77 mil millones de personas compraron online durante el año, lo que representa cerca del 33% de la población mundial, y se estima que el número seguirá creciendo hacia 2026.

Con China consolidando su liderazgo y Argentina mostrando un ecosistema digital cada vez más maduro, el desafío para las marcas locales será competir en un mercado donde el consumidor exige rapidez, variedad, precios competitivos y experiencias personalizadas, con estándares de servicio cada vez más altos.

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Estados Unidos y Rusia ¿un segundo round nuclear?

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Hace apenas unos días venció uno de los tratados más relevantes para el control del armamento nuclear estratégico. En el nuevo orden mundial, su expiración no solo deja al descubierto la fragilidad de los mecanismos de contención existentes, sino que también abre la puerta a una nueva carrera armamentística sin controles internacionales efectivos. El fin del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, conocido como Nuevo START, no simboliza únicamente el desamparo frente al poderío nuclear, sino que expresa un síntoma de época: una vez más, el orden global parece quedar en manos de quienes concentran el poder.

Tratado viejo, mundo nuevo

El 5 de febrero llegó a su fin el último gran acuerdo nuclear vigente entre las dos principales potencias militares del planeta. No se trata de un dato menor: Estados Unidos y Rusia concentran cerca del 90 por ciento de las ojivas nucleares existentes en el mundo, una realidad que explica la centralidad del tratado ahora extinguido.

Lo que durante años mantuvo cierta moderación entre Moscú y Washington no fue únicamente la letra del acuerdo, sino también la voluntad política de sostener canales diplomáticos mínimos que transmitieran estabilidad al resto del mundo. Hoy, ni siquiera ese gesto subsiste.

El tratado establecía límites claros: un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas por cada parte, junto con un tope de 700 sistemas de lanzamiento activos, que incluían misiles balísticos intercontinentales, misiles balísticos lanzados desde submarinos y bombarderos pesados adaptados para portar armamento nuclear. A ello se sumaba un límite total de 800 lanzadores, considerando tanto los desplegados como los no desplegados. Estos mecanismos no eliminaban el riesgo nuclear, pero al menos lo encuadraban dentro de parámetros verificables.

Con la caducidad del acuerdo y la decisión de Estados Unidos de no renovarlo, pese a la solicitud formulada por Rusia el año anterior, el escenario queda reducido a dos opciones: una carrera armamentística sin límites o la negociación de un nuevo tratado.

Donald Trump dejó entrever la posibilidad de avanzar hacia un nuevo acuerdo “modernizado”, en sus propios términos. Su propuesta apunta a incorporar a China, una idea que el gobierno chino rechaza por ahora de manera categórica, argumentando que la cuestión debe ser resuelta entre quienes concentran la abrumadora mayoría del arsenal nuclear mundial: Estados Unidos y Rusia.

La intención de sumar a China responde a una lógica estratégica clara: mantener al principal competidor geopolítico bajo observación directa, al tiempo que se busca equilibrar el vínculo entre Washington, Moscú y Pekín. No es casual que China sea, además, el socio estratégico más relevante de Rusia en el escenario global.

El dato no es menor: desde hace más de medio siglo no existía un mundo sin un tratado nuclear vigente entre Estados Unidos y Rusia. La ausencia de reglas compartidas nos devuelve a un clima de tensiones y amenazas propias de los momentos más álgidos de la Guerra Fría, particularmente durante las décadas de 1950 y 1960. La historia muestra que fue precisamente una carrera armamentística descontrolada la que condujo a Europa a la llamada “paz armada”, cuyo desenlace fue la Primera Guerra Mundial. Si bien los contextos históricos no son idénticos, resulta difícil no advertir similitudes inquietantes.

Un mundo en guerra latente

Tal vez debamos empezar a acostumbrarnos a este nuevo escenario. Tanto la Primera como la Segunda Guerra Mundial estuvieron precedidas por períodos de alta conflictividad localizada, que desembocaron en un mundo formalmente diplomático, pero estructuralmente tensionado.

El retroceso de la globalización dejó como saldo una China consolidada como potencia económica, una Rusia que logró recomponerse tras la caída de la Unión Soviética y la caótica década de Boris Yeltsin, y un Estados Unidos que, bajo el liderazgo de Trump, retomó una visión más cerrada y regionalista, en línea con los principios históricos de la Doctrina Monroe.

Hoy no existen frentes bélicos claramente delimitados a escala global, pero sí conflictos que funcionan como laboratorios geopolíticos para las grandes potencias. La guerra en Ucrania y la permanente inestabilidad en Medio Oriente no pueden ser leídas como episodios aislados, sino como anticipos de escenarios futuros que podrían extenderse a regiones estratégicas como Taiwán o incluso las islas Malvinas.

La ausencia de un tratado nuclear efectivo entre Estados Unidos, Rusia y China no parece ser únicamente el resultado de una confrontación irreconciliable, sino también de un acuerdo tácito que permite a cada potencia expandir su capacidad militar según sus propios intereses y posibilidades. La historia demuestra que, cuando las grandes potencias consideran que las reglas ya no les resultan funcionales, no dudan en abandonarlas.

Una carrera armamentística sin límites profundiza la distancia entre Estados Unidos y Rusia respecto del resto de los países con capacidad nuclear, consolidando un dominio casi excluyente. El intento de incorporar a China a este esquema deja en evidencia la configuración de un orden mundial tripartito, donde el poder se reparte entre tres actores centrales.

En este contexto, la acumulación de armamento nuclear no apunta necesariamente al uso directo, sino a reforzar la disuasión como herramienta central. Corea del Norte lo ha demostrado durante décadas: exhibir capacidad nuclear, incluso mediante lanzamientos no armados, funciona como mecanismo de protección frente a presiones externas.

Tal vez el mundo se encamine hacia una diplomacia basada en la amenaza permanente, donde cada potencia busque consolidar su área de influencia: Estados Unidos en América, Rusia en Europa y China en Asia y el Indo Pacífico.

Mientras tanto, sociedades cada vez más absorbidas por la inteligencia artificial, las redes sociales y los avances tecnológicos que mejoran la vida cotidiana parecen adormecidas frente a estos movimientos estructurales. Quizás estemos atravesando una nueva “bella época”, sostenida sobre una paz aparente, mientras las grandes potencias se rearman silenciosamente.

La historia ofrece lecciones claras. Volver a estudiar las causas profundas de la Primera Guerra Mundial no es un ejercicio académico nostálgico, sino una necesidad urgente para evitar que los errores del pasado se repitan en el presente.

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China lidera la carrera por los robots humanoides y redefine el futuro del trabajo

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La robótica humanoide dejó de ser una promesa de ciencia ficción y comenzó a materializarse como un fenómeno industrial con impacto económico, laboral y geopolítico. China avanza con rapidez en el desarrollo de robots con inteligencia artificial avanzada y todo indica que el primer “compañero de trabajo” humanoide a escala global llegará desde ese país, apoyado en una cadena productiva integrada, costos competitivos y una estrategia tecnológica de largo plazo.

Durante décadas, los robots humanoides formaron parte del imaginario colectivo a través del cine. Películas como Yo, Robot mostraban máquinas compartiendo espacios laborales con personas, ejecutando tareas complejas y tomando decisiones. Ese futuro, que parecía lejano, hoy empieza a adquirir forma concreta en fábricas, laboratorios y centros de exhibición de China.

La revista Wired destacó recientemente el nivel de avance alcanzado por el país asiático en la carrera por los humanoides, robots portadores de inteligencia artificial avanzada que ya no se presentan como prototipos aislados, sino como parte de un ecosistema industrial en plena expansión.

Un espectáculo tecnológico que anticipa un cambio estructural

La escena se volvió visible en la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial, realizada en Shanghái. Allí, decenas de robots humanoides caminaron, bailaron, boxearon, cargaron cajas y recorrieron los stands ante miles de visitantes. Algunos se recostaban en los rincones mientras recargaban baterías; otros ejecutaban acrobacias con una coordinación que sorprendió incluso a especialistas.

Más allá del impacto visual, el mensaje de fondo es claro: China está construyendo la infraestructura tecnológica necesaria para liderar la próxima gran transformación industrial. No se trata solo de exhibiciones, sino de una demostración de capacidad productiva, integración tecnológica y velocidad de desarrollo.

Sin embargo, el estado actual de la tecnología todavía presenta limitaciones relevantes. Muchos humanoides dependen de operadores humanos que, mediante controles remotos, indican hacia dónde caminar, cuándo saludar o cómo ejecutar determinadas acciones. La autonomía plena sigue siendo un desafío pendiente.

Además, gran parte de los modelos carece de manos verdaderamente funcionales. En muchos casos, los brazos terminan en puños metálicos aptos para cargar cajas, pero no para manipular objetos delicados. Paradójicamente, para los robots actuales resulta más sencillo realizar una voltereta hacia atrás que levantar una moneda del suelo.

Aun así, el avance es sostenido y la dirección estratégica no ofrece dudas.

Proyecciones globales y la ventaja estructural de China

Las estimaciones a mediano y largo plazo anticipan un crecimiento explosivo del sector. Para 2035, los fabricantes podrían enviar al mercado más de 10 millones de robots humanoides por año. Hacia 2050, la cifra total podría alcanzar los 1.000 millones de unidades activas en todo el mundo.

Según estas proyecciones, casi un tercio de esos robots estaría en China, superando con amplitud a Estados Unidos y Europa. Este liderazgo no se explica únicamente por la innovación en software o diseño, sino por un entramado productivo difícil de replicar.

China cuenta con una cadena de suministro altamente integrada que permite fabricar sensores, motores, baterías, engranajes y computadoras dentro de un mismo ecosistema industrial. Esta estructura reduce costos, acorta tiempos de desarrollo y acelera los ciclos de iteración tecnológica.

El resultado es un diferencial competitivo contundente: robots cada vez más ágiles, más estables y considerablemente más baratos que sus equivalentes occidentales. La capacidad de fallar, corregir, rediseñar y volver a producir en cuestión de meses se convirtió en una ventaja estratégica clave.

Unitree y el salto hacia la adopción masiva

Dentro de este proceso, una de las compañías que encabezan la transformación es Unitree, con sede en Hangzhou. Mientras los humanoides desarrollados en Estados Unidos todavía enfrentan dificultades para ejecutar movimientos complejos, los modelos de Unitree pueden realizar patadas de kung-fu y acrobacias con notable precisión.

No obstante, el verdadero diferencial de la firma no está únicamente en la destreza física, sino en el precio. Sus robots cuestan apenas una fracción de lo que valen los modelos occidentales, lo que abre la puerta a una adopción mucho más rápida en fábricas, depósitos, obras de construcción y centros de investigación.

Este abaratamiento responde, una vez más, a la integración total de la cadena productiva y a ciclos de desarrollo extremadamente cortos, que permiten lanzar nuevas versiones en plazos reducidos y ajustar rápidamente los diseños en función del uso real.

El desafío cognitivo: del movimiento a la comprensión del mundo

Más allá del hardware, el verdadero salto tecnológico es cognitivo. El objetivo de fondo es desarrollar robots capaces de interpretar órdenes complejas, adaptarse a entornos desconocidos y actuar con autonomía.

En Beijing, la Academia de Inteligencia Artificial trabaja en el entrenamiento de modelos diseñados para traducir el lenguaje humano en acciones físicas. Decenas de operadores controlan brazos robóticos para enseñarles tareas cotidianas como preparar comida, servir bebidas, manipular objetos y ordenar espacios. Cada movimiento se transforma en datos que alimentan sistemas de aprendizaje automático.

El horizonte es ambicioso: lograr que un robot pueda ingresar a una habitación desconocida y ejecutar una tarea a partir de una simple instrucción verbal. Ese punto marcaría un quiebre histórico, comparable con el “momento ChatGPT” en el campo de la robótica.

Automatización, empleo y poder tecnológico

La expansión de los humanoides reconfigura el debate sobre el futuro del trabajo. En una primera etapa, estos robots se orientarán a tareas repetitivas, peligrosas o físicamente exigentes. Sin embargo, su avance sobre sectores como logística, comercio, hotelería y servicios personales aparece como un escenario cada vez más plausible.

En paralelo, la robótica humanoide se consolida como un vector de poder geopolítico. Cada avance tecnológico refuerza la posición estratégica de China en la disputa global por la innovación, la producción industrial y la supremacía tecnológica.

No se trata solo de máquinas, sino de influencia sobre los procesos productivos del futuro y de la capacidad de definir estándares, costos y ritmos de adopción a escala global.

Un futuro que ya comenzó

Aunque la presencia humana sigue siendo central incluso en los entornos más automatizados, la tendencia resulta inequívoca. Los humanoides aún tropiezan, fallan y dependen de supervisión, pero avanzan a una velocidad que ya no permite pensar este proceso como lejano.

La transición de lo experimental a lo cotidiano podría darse más rápido de lo esperado. Y cuando ese momento llegue, todo indica que el primer compañero de trabajo robot no hablará inglés, sino mandarín.

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El Foro Económico Mundial destacó soluciones de IA y China lideró la adopción real

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En el marco de la Reunión Anual 2026 del Foro Económico Mundial, el organismo anunció una nueva lista global de organizaciones reconocidas como “Estrellas de Soluciones de IA”, donde China concentra casi la mitad de los casos seleccionados desde el lanzamiento de la iniciativa el año pasado. El dato no solo confirma el liderazgo chino en la aplicación práctica de la inteligencia artificial, sino que también expone un cambio estructural en la carrera tecnológica global, con impacto directo sobre la competitividad, la productividad y las estrategias industriales de los principales bloques económicos.

El reconocimiento se apoya en el informe “Prueba antes que promesa: Perspectivas sobre la adopción real de la IA en organizaciones MINDS 2025”, publicado conjuntamente por el FEM y Accenture, y se enfoca en soluciones de alto impacto real, ya desplegadas, en contraste con proyectos experimentales o meramente conceptuales.

Qué son las organizaciones MINDS y cómo se seleccionaron

Las soluciones reconocidas integran la lista de organizaciones MINDS (por sus siglas en inglés: Meaningful, Intelligent, Novel and Deployable Solutions), es decir, significativas, inteligentes, novedosas y desplegables. El criterio central fue demostrar aplicaciones concretas de inteligencia artificial con impacto operativo comprobable.

Un consejo de evaluación independiente, conformado por ejecutivos de empresas y expertos de la industria, analizó cientos de casos provenientes de más de 30 países y regiones, abarcando más de 20 industrias, entre ellas salud, energía e infraestructura. Tras ese proceso, se seleccionaron las organizaciones que mejor representan la adopción efectiva de IA en el mundo real.

Desde el FEM subrayaron que el objetivo del listado es mostrar casos de uso replicables, capaces de servir como referencia para gobiernos, empresas y organizaciones que aún enfrentan dificultades para pasar de la experimentación a la transformación productiva.

En ese sentido, Stephan Mergenthaler, director gerente y director de tecnología del Foro Económico Mundial, afirmó: “La inteligencia artificial ofrece un potencial extraordinario, pero muchas organizaciones aún no saben cómo aprovecharlo. Los casos de uso seleccionados demuestran lo que se puede lograr cuando la ambición se traduce en transformación operativa”.

China y la carrera por la adopción real de la inteligencia artificial

El dato más relevante del anuncio es que China representa casi la mitad de todas las soluciones reconocidas desde el lanzamiento del programa, una señal contundente sobre su capacidad para escalar aplicaciones de IA y convertir innovación tecnológica en ventajas productivas concretas.

Este liderazgo no se mide solo en cantidad de desarrollos, sino en la velocidad de implementación y en la capacidad de integrar la inteligencia artificial en sectores estratégicos. Para el FEM, la experiencia china evidencia que la brecha tecnológica global ya no se define únicamente por inversión en investigación, sino por la capacidad institucional y empresarial de desplegar soluciones a gran escala.

El informe también sugiere que las economías que no logren avanzar hacia modelos de adopción real podrían enfrentar riesgos de rezago competitivo, tanto en productividad como en atracción de inversiones tecnológicas.

Un mensaje político y económico desde Davos 2026

El anuncio se realizó durante la 56ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial, que se desarrolla entre el 19 y el 23 de enero en Davos-Klosters, Suiza, bajo el lema “Un espíritu de Diálogo”. El encuentro reúne a líderes del sector empresarial, gobiernos, organizaciones internacionales, sociedad civil y academia, y funciona como un espacio clave para anticipar tendencias económicas y tecnológicas globales.

En ese contexto, la difusión de las Estrellas de Soluciones de IA cumple también una función política: ordenar el debate global sobre inteligencia artificial en torno a resultados concretos, en un momento en el que la regulación, la gobernanza tecnológica y la competencia entre potencias ocupan un lugar central en la agenda internacional.

Para el FEM, el mensaje es claro: el futuro de la IA no se definirá solo por promesas o anuncios, sino por la capacidad de convertir tecnología en soluciones reales, con impacto medible sobre la economía y la sociedad.

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