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Para Xi Jinping, el renacimiento de China es un “proceso histórico irreversible”

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El presidente Xi Jinping celebró triunfalmente hoy el ascenso “irreversible” de China, convertida en la actualidad en una potencia mundial, en un discurso con motivo del centenario del Partido Comunista en el poder.

“¡El tiempo en el que el pueblo chino podía ser pisoteado, en el que sufría y era oprimido ha terminado para siempre!”, dijo este jueves Xi desde la Puerta de Tiananmen, donde su lejano predecesor Mao Tse-tung proclamó la República Popular en 1949.

Tras hacer referencia a las guerras del Opio, el colonialismo occidental y a la invasión japonesa (1931-1945), Xi alabó al Partido Comunista Chino (PCC) por mejorar el nivel de vida y restablecer el orgullo nacional.

“El Partido Comunista y el pueblo chino declaran solemnemente al mundo lo siguiente: el pueblo chino se ha levantado”, afirmó, y destacó el hecho de que cientos de millones de compatriotas salieron de la pobreza en unas décadas, reprodujo la agencia de noticias AFP.

“El gran renacimiento de la nación china ha entrado en un proceso histórico irreversible”, se congratuló, transmitiendo así una señal a Washington, que suele describir a Pekín como un rival político y económico.

Fundado por un puñado de militantes en julio de 1921 en Shanghai, el PCC dirige la segunda potencia mundial y tiene la firme intención de seguir imponiéndose a nivel internacional.

Esta mañana resonaron en Beijing 100 disparos de cañón para conmemorar el centenario. La patrulla acrobática del ejército del aire, compuesta por aviones de combate, sobrevoló la plaza de Tiananmen, dibujando en el cielo haces rojos, amarillos y azules.

Algunos helicópteros formaron en el cielo el número “100”, algunos con la bandera del partido, con la hoz y el martillo amarillos sobre fondo rojo.

Horas antes del comienzo de la ceremonia, miles de jóvenes se encaminaron hacia la plaza de Tiananmen, sometida a estrictas medidas de seguridad.

Los participantes contaron a AFP que no se les permitió llevar teléfonos móviles.

“Es gracias al partido si tenemos una sociedad como esta y si (el país) ha podido desarrollarse rápidamente. Tenemos que darle las gracias”, comentó Li Luhao, un estudiante de 19 años.

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Argentina-China: una larga marcha desde la desconfianza inicial a una relación privilegiada con la potencia emergente

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(Por Martín Piqué).- La Argentina se tomó casi 23 años para establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China, proclamada en 1949 pero reconocida desde Buenos Aires recién en 1972, una demora que contrasta con el vínculo, clave en lo comercial y que se profundiza en lo político, que ambos países exhiben en el presente, con Beijing a punto de festejar los 100 años del Partido Comunista chino (PCCh).

Dos escenas contrastantes resumen todo lo que ocurrió desde el primer congreso del PCCh de julio de 1921 -15 comunistas que se encontraron en secreto para urdir una revolución desde una casa del barrio Xintiandi, la zona francesa de la ciudad de Shanghai, con un joven Mao entre ellos- hasta otra reunión del año 2004, no tan trascendente pero sí reveladora, cuando un Ministro del Gobierno chino de entonces, de visita en Buenos Aires, explicó a un grupo de periodistas “por qué China miraba a la Argentina de modo especial”.

Uno de los cronistas que estaba presente en el encuentro, Néstor Restivo, relató en diálogo con Télam que el funcionario chino -colaborador del anterior jefe de Estado de la República Popular, Hu Jintao- planteó a sus interlocutores que “de las otras dos grandes economías latinoamericanas, México y Brasil, una estaba muy ligada ya a EEUU, México, y la otra, Brasil, tenía lazos históricos con Japón, que por entonces todavía era la segunda economía detrás de la estadounidense”.

De ese razonamiento se desprendía que la Argentina, argumentó entonces el emisario de Beijing, “tenía que ser la base clave para su relacionamiento con América Latina”, como recordó ante esta agencia el periodista Restivo, quien además es historiador, integra el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales y dirige la revista DangDai, focalizada en las relaciones argentino-chinas.

Otro especialista en el país asiático, el historiador Francisco Taiana, que vivió dos años en Beijing y realizó una maestría en la Universidad de Oxford en la que se concentró en el estudio de las relaciones chino-argentinas a partir de 1972, compartió el mismo diagnóstico, y en ese sentido aseguró que “a China, por distintos motivos, sus capacidades de estrechar lazos con Brasil y México se le ven considerablemente más limitadas que con la Argentina”.

“El centenario (del PCCh) encuentra al vínculo en un momento muy bueno, los lazos han ido aumentando e intensificándose a lo largo de décadas, pero además Argentina y China son aliados muy compatibles, con ejes muy claros de cooperación”, analizó Taiana, y mencionó como pilares de esa sintonía “la cuestión Malvinas-Taiwan, donde ambos países se apoyan” en los foros internacionales, como también los acuerdos en “tecnología nuclear, cooperación antártica, biotecnología y actividad aeroespacial”.

Todo eso sin contar el comercio exterior, porque China ya es el segundo socio comercial de la Argentina, destino de buena parte de las exportaciones del sector agroalimentario, aunque la escala gigantesca que adquirió ese rubro, clave por el ingreso de divisas, implica al mismo tiempo el peligro de reprimarización de la economía, como reconoció a Télam el politólogo Diego Mazzoccone, otro especialista que pasó por la capital china, donde cursó una maestría en Cooperación Internacional.

“Con China hay una relación complementaria y el gran desafío es aprovechar su mercado interno, muy grande, para exportar alimentos con valor agregado, no materias primas; alimentos con un desarrollo de valor, con marketing, packaging, adaptados a las características culturales de ese consumidor final, y eso se puede hacer, porque allá se vende mucho a través del e-commerce”, indicó Mazzoccone, que dirige el Centro Latinoamericano de Estudios Políticos y Económicos de China (Clepec).

El riesgo, insistieron los especialistas, consiste en que el país profundice un vínculo bilateral en el que se limite a proveer materias primas y fuentes de energía sin generar valor; esa eventualidad, sin embargo, coexiste con el desarrollo de proyectos de infraestructura con participación y financiamiento chinos, como el aprovechamiento hidroeléctrico del río Santa Cruz, donde el avance de las obras, a principios de junio, ya llegó al 22%.

Otra iniciativa ligada a la energía podría ser la construcción de una cuarta central nuclear con patrocinio de Beijing, que tendría la particularidad de ser la primera basada en uranio enriquecido, aunque el país no domina ese tipo de combustible -sí el uranio natural- y eso la pondría en el dilema de requerir regularmente importaciones de ese insumo.

Para la Argentina, ante la magnitud de la economía china, el desafío es impulsar “una política inteligente de inserción y complementariedad que sea beneficiosa para los dos países”, resumió ante Télam la abogada María Francesca Staiano, coordinadora del Centro de Estudios Chinos del Instituto de Relaciones Internacionales de la UNLP, ya que “ante la indecisión -avisó- China concreta sus propios intereses”.

Staiano es italiana, residió en Buenos Aires y también en Beijing, donde vivió cuatro años y desarrolló un proyecto de investigación en la Peking University School of Law, experiencia que le permitió llegar a la conclusión de que la Argentina debe definir “intereses de largo plazo, complementarios e inteligentes” en una estrategia conjunta con China.

La alusión al largo plazo, a la definición de prioridades que se sostengan a través de los años, desnudó la principal diferencia que separa al sistema chino de la condición pendular e inestable de la política argentina, y en este punto, deslizó Mazzoccone, está el principal problema del país.

“Lo que podemos aprender de los chinos es la importancia que tiene la planificación, poner objetivos a largo plazo, lograr consensos y acuerdos políticos para cumplir metas de desarrollo”, aseguró y luego señaló que otro aprendizaje demostrado por China es que para mejorar la calidad de vida “la prioridad tiene que ser el mercado interno”.

Esa planificación, combinada con aspectos de la economía de mercado, fue una de las características centrales de lo que Deng Xiaoping, líder emergente de la etapa posterior a Mao e ideólogo de la Reforma y Apertura de 1978, definió como el “socialismo con características chinas”.

Esa categoría puede sonar imprecisa pero para Taiana y Mazzoccone consiste, simplemente, en desarrollar un modelo de desarrollo pensado para las características específicas de su propia sociedad, “y eso es clave para que sea exitoso”, acotó el politólogo y director ejecutivo del Clepec.

Desde la fundación del PCCh, de la cual se cumplirán 100 años el próximo jueves, la historia de la República Popular -triunfante en 1949 tras 22 años de guerra civil, además de la ocupación japonesa- atravesó por la aplicación del marxismo leninismo bajo la concepción de Mao, siguieron las reformas de Xiaoping, y finalmente el foco puesto en el desarrollo desde el estímulo a la ciencia y la tecnología, con Jintao y Xi Jinping.

“En sólo 72 años han logrado sacar de la pobreza a más de 800 millones de chinos, constituyéndose en el período de ascenso social más importante de la historia de la humanidad, y en los ocho años del Gobierno del presidente Xi Jinping esto se ha profundizado”, resumió el viernes, a modo de balance, el actual embajador argentino en Beijing, Sabino Vaca Narvaja.

Desde la Argentina, que hace un año renovó un swap (intercambio de monedas) con el gigante asiático para robustecer el BCRA y que tiene en el horizonte una demanda sostenida de granos, alimentos y energía de ese origen, la conversión de China en la gran potencia refleja “una gran oportunidad” pero, en simultáneo, concluyeron los especialistas, encierra algunas lecciones.

China, que fue el segundo país con más muertos en la segunda guerra mundial, con 20 millones entre civiles y militares, se caracteriza desde hace décadas por articular Estado, empresas estatales, empresas privadas y universidades para promover la innovación tecnológica.

No por casualidad, una de las carreras más estudiadas es ingeniería, como refleja el dato de que el actual mandatario -Xi Jinping- es ingeniero químico y su antecesor -Hu Jintao-, ingeniero hidráulico.

“Entre China y Argentina hay un grado de complementariedad muy grande, y las ambiciones fabriles o productivas argentinas, históricas, no sólo no deberían ser un impedimento para fortalecer el vínculo, sino que al contrario, deberían propiciarlo y al mismo tiempo contribuir a un mayor y mejor desarrollo para nuestro país”, evaluó Restivo.

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El dueño del gigante chino Alibaba reapareció y las acciones se dispararon

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Jack Ma, el empresario chino que fundó y es uno de los principales accionistas del gigante de comercio electrónico Alibaba, reapareció ayer tras dos meses de ausencia que habían originado muchas especulaciones.

La reaparición de Ma -uno de los hombres más ricos del mundo- provocó inmediatamente la disparada de las acciones del gigante de internet, que estaban castigadas ante la misteriosa ausencia de su fundador.

Medios financieros chinos difundieron este miércoles un video en el que se ve a Ma dando un discurso de felicitación a maestros rurales como parte de una ceremonia de entrega de premios de su fundación. Tras la publicación del video, las acciones de Alibaba cerraron con un alza de 8,52% en la bolsa de Hong Kong.

A fines de diciembre, la Administración Estatal para la Regulación del Mercado de China sacudió otra vez al mundo de los negocios chino, donde Alibaba y su fundador simbolizan el éxito del comercio electrónico, al anunciar que este gigante de internet sería investigado por “prácticas sospechosas de monopolio”.

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China vuelve a la normalidad prepandémica mientras el mundo sigue en caos

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Li Yuan

Por Li Yuan

A fines de octubre pasado, en París, el vuelo de Duncan Clark recorría la pista cuando el presidente Emmanuel Macron anunció un segundo cierre de emergencia a nivel nacional en Francia. El país tuvo casi 50.000 nuevas infecciones ese día. Estados Unidos tuvo casi 100.000.

Clark suspiró de alivio. Viajaba a China. Ese día, el país había reportado 25 nuevas infecciones, y tan solo una tenía su origen en el extranjero.

Clark, empresario y escritor, regresaba a China después de pasar nueve meses en Estados Unidos y Francia, el mayor tiempo alejado del país desde que se mudó a Pekín en 1994. Durante los últimos años, había pasado más tiempo fuera de China para escapar de la contaminación del aire, la censura en internet y un entorno político cada vez más deprimente.

Sin embargo, cuando regresó en octubre, percibió algo nuevo: se sintió seguro, energizado y libre.

“La posibilidad de vivir una vida normal es bastante impresionante”, opinó.

Mientras muchos países siguen afectados por la COVID-19, China —donde se originó la pandemia— se ha convertido en uno de los lugares más seguros del mundo. El país reportó menos de 100.000 contagios en todo 2020. Estados Unidos, ha reportado una cifra mayor todos los días desde principios de noviembre.

China se parece a la “normalidad” del mundo previo a la pandemia. Los restaurantes están a reventar. Los hoteles están llenos. Hay largas filas afuera de las tiendas de marcas lujosas. En vez de llamadas por Zoom, la gente se ve cara a cara para hablar de negocios o celebrar el año nuevo.

Ese país es la única de las principales economías que creció el año pasado. Aunque ese tipo de pronósticos suele ser más arte que ciencia, un grupo pronostica que la economía china superará a la estadounidense en 2028, cinco años antes de lo predicho.

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Una comida compartida en noviembre en Pekín. Algunos chinos se quedan perplejos ante la tasa de infección diaria en Estados Unidos.
Una comida compartida en noviembre en Pekín. Algunos chinos se quedan perplejos ante la tasa de infección diaria en Estados Unidos.Credit…Greg Baker/Agence France-Presse — Getty Images

La pandemia ha cambiado de manera drástica muchas percepciones, entre ellas las ideas sobre la libertad. Los ciudadanos chinos no tienen libertad de expresión, libertad de culto ni libertad de vivir sin miedo —tres de las cuatro libertades que esbozó el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt—, pero tienen libertad de tránsito y llevan una vida diaria normal. En un año pandémico, muchas personas del mundo envidiarán esta forma de libertad, una de las más básicas.

La crisis mundial podría sembrar dudas sobre otros tipos de libertad. Casi la mitad de los estadounidenses que participaron en las elecciones apoyaron a un presidente que ignoró la ciencia y fracasó al momento de tomar las precauciones básicas para proteger a su país. Algunos estadounidenses aseguran que tienen el derecho de ignorar las recomendaciones sobre el uso de cubrebocas que han propuesto los expertos en salud, una decisión con la que ellos, y los demás, corren un riesgo cada vez mayor de infección. Internet, la plataforma que supuestamente le daba voz a la gente que no la tiene, se volvió una herramienta útil para que los autócratas controlaran a las masas y los grupos políticos propagaran desinformación.

La libertad de tránsito en China se da a expensas de casi cualquier otro tipo de libertad. Es probable que sea el país más vigilado del mundo. Al inicio del brote, el gobierno tomó medidas extremas de control social para separar a las personas: estrategias que no están al alcance de los gobiernos democráticos.

“De hecho, hay muchos paralelos entre el trato que el gobierno chino le da a un virus y cómo trata otros problemas”, opinó Howard Chao, un abogado jubilado de California que invierte en empresas emergentes en ambos lados del Pacífico.

“Es un tipo de estrategia única para todos: simplemente ocuparse del problema”, comentó. “Así que, cuando se trata de un virus, eso tal vez no sea malo. Cuando se trata de otros problemas, tal vez no sea tan bueno”.

Esa comprensión no ha impedido a Chao disfrutar de su estancia en China. Desde que voló a Shanghái desde San Francisco a mediados de octubre, ha organizado cenas de negocios a las que han asistido hasta 20 personas, ha ido a un bar de jazz, ha visto una película, ha visitado un mercado de mariscos y ha volado a Shenzhen, en el sur de China, para ver la puesta en marcha de un automóvil autopropulsado.

La hora pico de la noche en Wuhan, en diciembre
La hora pico de la noche en Wuhan, en diciembreCredit…Roman Pilipey/EPA vía Shutterstock

“Aquí es donde almorcé hoy en Shanghái”, escribió en Facebook el 6 de noviembre, junto a una foto de gente comiendo. “Empiezo a recordar cómo es la vida normal”.

Chao dijo que las personas que conoció en China estaban “perplejas” e “incrédulas” de que las infecciones diarias en Estados Unidos fueran tan altas. “Pusieron los ojos en blanco y me dijeron: ‘¿Cómo es posible?¡”, dijo.

Claro que el gobierno chino está ansioso de ayudar a todos a olvidar que silenció a quienes intentaron advertirle al mundo durante los primeros días del brote.

Sin embargo, no se puede negar que el éxito de China para contener el brote mejoró la imagen de Pekín, en especial si se le compara con los fracasos de Estados Unidos. Le ha dado aceptación al llamado modelo de China, la promesa que el Partido Comunista le hizo al pueblo chino de prosperidad y estabilidad a cambio de su control implacable sobre el poder político.

“En este año de pandemia, el Partido Comunista le ha dado un bien social al pueblo: estabilidad”, comentó Dong Haitao, un inversionista que se mudó de Hong Kong a Pekín en agosto.

Para Dong, el éxito de China le da la oportunidad de tener independencia financiera.

Dong, quien está montando una firma de gestión de activos, así como una empresa emergente dedicada al té pu-erh, se siente optimista respecto de la economía china. Dong cree que, después de la pandemia, China tendrá cadenas de suministro todavía más sólidas y una economía del consumidor vibrante gracias a una generación joven que está más interesada en la cultura tradicional de China, como el té, que su generación, la cual creció en la era de la globalización.

Dong, quien se mudó de Nueva York a Hong Kong a mediados de la crisis financiera de 2008, decidió irse de Hong Kong porque la ciudad se ha sentido anémica durante la pandemia, mientras que muchas ciudades de China continental parecen destellar de energía y esperanza.

Una entrega en Pekín en febrero. Después de imponer los confinamientos más estrictos del mundo, China se ha convertido en uno de los países más seguros del mundo.
Una entrega en Pekín en febrero. Después de imponer los confinamientos más estrictos del mundo, China se ha convertido en uno de los países más seguros del mundo.Credit…Gilles Sabrié para The New York Times

“No creo que en Hong Kong pueda encontrar la libertad que quiero”, opinó.

No está claro si este cambio de percepción pueda prolongarse después de que termine la pandemia. Sin embargo, a Occidente tal vez le cueste más vender su visión de libertad después de que China volvió tan atractivo su modelo.

En 1994, Clark, el empresario y escritor, fundó una consultoría en Pekín y fue asesor de Alibaba, el gigante chino del comercio electrónico, en los primeros días de la empresa. Desde que salió de la cuarentena a mediados de noviembre, ha viajado a cuatro ciudades y ha asistido a muchos eventos y conferencias, entre ellos uno con alrededor de 900 personas.

“Normalmente, China era una especie de aventura”, mencionó. “Pero eso ha cambiado. Algo ha cambiado en el mundo”.

Clark señaló esto con sentimientos encontrados. “Hay una parte de mí que no quisiera que fuera verdad, pero sí lo es”, comentó.

Pekín y Shanghái cada vez son más cosmopolitas y sus consumidores se están volviendo más sofisticados, opinó. Este mes, Clark fue a un baile escocés en Pekín. El gaitero era chino porque el organizador no pudo llevar a nadie desde Escocia.

China “se siente un poco como el Epcot Center de Disney”, opinó. “Es como si el microcosmos de Occidente siguiera aquí, pero Occidente estuviera cerrado por el momento”.

A Clark le ha costado un poco acostumbrarse a estar de nuevo en medio de muchas personas. “Si conversas en una fiesta o algo así, no puedes apretar un botón y silenciar a quien te cae mal”, dijo. En el primer gran evento que asistió, se percató de que alguien tenía muy mal aliento, recordó.

“Pensé: ‘Dios mío, no he vivido esto en nueve meses porque todo el mundo usaba mascarillas, y no veía a nadie’”, dijo Clark.

Aunque Clark piensa en el mal aliento, “siento que aquí estoy viviendo en el futuro”, comentó. “Bueno, quiero decir: ‘Mejor, prepárense’”.

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Liderada por China, nace la mayor zona de libre comercio del mundo

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En una cumbre realizada de forma virtual por la pandemia, 15 países de la región Asia-Pacífico acordaron ayer la creación de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, Regional Comprehensive Economic Partnership), el mayor tratado de libre comercio del mundo, con China a la cabeza. Entre todos los miembros suman casi un tercio de la población mundial y el 29% del Producto Interno Bruto del planeta.

Los 15 países firmantes son Australia, Birmania, Brunéi, Camboya, China, Corea del Sur, Filipinas, Indonesia, Japón, Laos, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur, Tailandia y Vietnam.

El acuerdo fue suscripto por los mandatarios en el marco de la cumbre de líderes de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y socios externos, organizada por Vietnam, que este año asume la presidencia rotatoria del bloque.

Para su entrada en vigor, la RCEP deberá ser ratificada al menos por seis miembros de la ASEAN y tres de sus socios externos. El tratado es visto como una plataforma que beneficia a China como la potencia económica en Asia Oriental y el Pacífico, en detrimento de Estados Unidos.

La RCEP es un acuerdo económico que busca eliminar los aranceles, cuotas y otras barreras al libre comercio en el 65 % de los productos que se intercambian entre los firmantes

El tratado aborda el comercio de bienes y servicios, la economía digital, la propiedad intelectual y disputas comerciales, entre otros asuntos. No contiene regulación sobre los derechos laborales ni sobre el impacto ambiental.

La RCEP comenzó a negociarse en 2012 en el seno de la ASEAN con otros países con los que el bloque ya tenía tratados de libre comercio: Australia, China, Corea del Sur, Japón, India, Nueva Zelanda.

El año pasado, India decidió salirse del acuerdo para proteger su mercado y a sus trabajadores ante el temor a verse inundada de productos más baratos, principalmente de China. Los países firmantes han dejado las puertas abiertas a India si quiere ingresar en el acuerdo en el futuro.

Muchos de los países miembros ya tienen tratados de libre comercio entre sí, pero con limitaciones.

“Los tratados de libre comercio existentes pueden resultar muy complejos en comparación con el RCEP”, dice Deborah Elms, de la organización Asian Trade Centre, a Tim McDonald, corresponsal de la BBC en Singapur.

Negocios que se basan en cadenas globales de suministro podían verse afectados por los aranceles, pese a que existiera un tratado de libre comercio, porque sus productos tenían componentes hechos en otro lugar.

Un producto hecho en Indonesia que contiene partes fabricadas en Australia, por ejemplo, podía ser gravado con aranceles.

Bajo el RCEP, sin embargo, los componentes de cualquier país miembro serán tratados igual, lo que podría dar a las compañías de los países RCEP un incentivo para asociarse con proveedores de la nueva alianza regional.

¿Cuál es su importancia geopolítica?

La idea del RCEP nació en 2012 y fue vista como una forma de China, el mayor importador y exportador de la región, de contrarrestar la influencia que Estados Unidos estaba tomando en Asia-Pacífico bajo el gobierno de Barack Obama.

Obama había promovido el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (Trans-Pacific Partnership o TPP), del que formaban parte México, Chile y Perú, y no China.

El interés en el RCEP creció cuando Trump retiró del TPP en 2017 a su país, que era el arquitecto del acuerdo y cuya economía abarcaba dos terceras partes de la del bloque.

De hecho, la guerra comercial entre Estados Unidos y China y que Trump haya privilegiado el “Estados Unidos primero” y acabado con la idea de Obama de mirar más hacia Asia ha servido para impulsar y completar RCEP, que es visto como la oportunidad de Pekín de establecer la agenda comercial regional en ausencia de Washington.

Como fuente clave de importaciones y principal destino de exportaciones para la mayoría de miembros del RCEP, China parece ser el principal beneficiado y está bien posicionado para influir en las normas comerciales y expandir su influencia en Asia-Pacífico, algo que Obama quería prevenir.

¿Cambiará algo la presidencia de Biden?

El comercio internacional estuvo mucho menos en la agenda en esta campaña presidencial y Biden ha dicho relativamente poco sobre si su política comercial cambiará significativamente ni sobre si reconsiderará entrar en el TPP.

Joe Biden.
Pie de foto,Biden apuesta por el multilateralismo pero no se sabe si reconsiderará el regreso de EE.UU: al TPP.

Biden apuesta por regresar a una política de multilateralismo, como Obama, pero es prematuro hablar de acuerdos comerciales dados los enormes retos que enfrenta a nivel interno.

Y se arriesga a que sea percibido como algo que perjudica a los sindicatos que le ayudaron a conseguir el triunfo en los estados del cinturón industrial.

Se espera que sus prioridades comerciales se centren en trabajar con aliados para presionar a China y forzar cambios en la Organización Mundial de Comercio.

Regresar a lo que era el TPP podría no ocurrir a corto plazo.

Los sindicatos y progresistas que respaldaron la elección de Biden se han mostrado escépticos sobre los acuerdos de libre comercio y representantes de estos grupos están presentes en su equipo de transición. Es posible que defiendan ciertas protecciones a industrias vulnerables como el acero y el aluminio.

Si Biden decide volver a reconectar con Asia-Pacífico, podría actuar como contrabalance de China.

¿Cómo afecta a América Latina?

El comercio bilateral entre Asia y América Latina ha crecido de forma continua en las últimas décadas, pero la integración entre ambas regiones tiene mucho margen de mejora.

“A corto plazo, el RCEP puede causar algún desvío comercial, limitar el crecimiento en el comercio entre América Latina y Asia”, dice a BBC Mundo Jack Caporal, experto en comercio del Center for Strategic & International Studies (CSIS), con sede en Washington.

“Sin embargo las normas comunes harán más fácil para las compañías de América Latina con presencia en Asia hacer negocios allí”, afirma Caporal.

“Una cuestión importante para los países de América Latina es si persiguen la integración con Asia individualmente o de forma conjunta como a través de la alianza del Pacífico (TPP) o Mercosur”, agrega.

“Desde que el comercio entre América Latina y China explotó en los años 2000, liderado casi en exclusiva por el rápido crecimiento de China y su necesidad de materias primas, los países de la región han buscado una mayor integración con Asia en general, no sólo con China sino en particular con Japón Corea del Sur e India”, dice a BBC Mundo Cynthia Arnson, experta del Wilson Center en las relaciones entre ambas regiones.

Arnson afirma que ese era el espíritu del TPP, ahora diezmado sin Estados Unidos.

“A menos que el gobierno de Biden regrese al TPP, los países de América Latina se verán atraídos a la mayor cuota de mercado en Asia que ahora está representada por el RCEP”, agrega.

Nicolás Albertoni, profesor de la Universidad Católica del Uruguay e investigador asociado del Laboratorio de Política Internacional y Seguridad de University of Southern California, cree que es una “desventaja” para los países que no forman parte de este tipo de megaacuerdos.

“Es clave que los países de América Latina (principalmente del Cono Sur) que no son parte vayan a tocar la puerta y pidan ser parte de estos acuerdos”, le dice a BBC Mundo.

“Poco ambicioso”

Aunque el RCEP fue una iniciativa de los diez países de la Asean, muchos la consideran una alternativa respaldada por China al TPP, una propuesta de acuerdo que excluye a China pero incluye a muchos países asiáticos.

Doce naciones, entre ellas Chile, México y Perú, firmaron el TPP en 2016 antes de que Trump retirara a su país del acuerdo en 2017.

Sin Estados Unidos, el resto de países firmó el CPTPP.

Aunque incluye a menos países, el CPTPP reduce aún más los aranceles que el RCEP e incluye provisiones sobre empleo y medio ambiente.

Puerto.
Pie de foto,Los críticos dicen que es un acuerdo poco ambicioso.

El ex primer ministro de Australia Malcolm Turnbull criticó el nuevo acuerdo por anticuado.

“Habrá bombos y platillos por la firma y la entrada en vigor del RCEP, pero es un acuerdo comercial poco ambicioso, no deberíamos engañarnos”, dijo Turnbull, que firmó en nombre de su país el TPP.

Activistas temen la falta de provisiones para proteger a los trabajadores y el medio ambiente y que perjudique a granjeros y negocios pequeños en un momento en el que ya están sufriendo por la pandemia.

Diferencias a un lado

En lo positivo, el RCEP une a países que a menudo han mantenido relaciones espinosas, como es el caso de China y Japón.

Tanto Australia como China se suman al acuerdo a pesar de los reportes de que China podría boicotear algunas importaciones de Australia por diferencias políticas.

“Uno puede cooperar con alguien o simplemente odiarlo, como pasa con las personas. El RCEP ha hecho un trabajo impresionante en separarse de otras disputas”, dice Elms.

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