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Las tapas del sábado 1: Las miradas puestas en el G20

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A continuación reproducimos las tapas de los principales diarios del país. La reunión del G20 sigue siendo el centro de las miradas, luego del primer día este sábado las miradas están puestas en el encuentro USA-China y como quedará el documento final.
La superfinal de los indignados, el fallido partido River-Boca se traslada a Madrid y ahora ambos clubes se oponen a jugarlo.

 

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G20: Trump y el líder chino definen el futuro del comercio

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Ninguno de los funcionarios argentinos esperaba que un comentario breve provocara un sacudón diplomático tan temprano en la mañana.
Cuando trascendió que la vocera estadounidense, Sarah Sanders, había afirmado que en la bilateral Mauricio Macri y Donald Trump dialogaron sobre la “actividad económica depredadora de China”, el Presidente argentino rápidamente quedó en medio de la disputa entre las dos mayores potencias del mundo.
Como anfitrión de la cumbre del G20, Cancillería sabía que el jefe de Estado se iba a mover en una delgada línea roja y que cada palabra que aludiera a alguno de los países, debía estar cuidada al detalle.
Sucede que Estados Unidos y el gigante asiático están liderando una disputa inédita para el comercio global, con una guerra de aranceles por valores astronómicos, que hasta el momento involucran flujos de importaciones y exportaciones por más de u$s360.000 millones y que amenaza con ampliarse aun más si el líder de la Casa Blanca y Xi Jinping no llegan pronto a un acuerdo.
Ambos líderes se verán las caras este sábado pasadas las 18 horas, cuando compartirán una cena justo antes de la partida de Trump.
El mandatario chino, en tanto, se quedará un día más, para mantener el día domingo una bilateral con Macri, en la que se debatirán cuestiones como financiamiento, inversiones en el rubro energético e infraestructura y un mayor acceso de productos argentinos a ese mercado.
Por eso, cuando en el centro internacional de prensa comenzó a replicarse la noticia de que Macri y Trump supuestamente habían tenido coincidencias al criticar la actividad económica “depredadora” por parte del gigante asiático, el Gobierno sabía que estaba ante un conflicto diplomático.
Con este comentario emitido de manera unilateral y que lógicamente no fue consensuado con la contraparte argentina, Trump quiso poner intempestivamente al anfitrión de su lado y no hizo más que calentar la previa del mano a mano que tendrá con Xi Jinping el sábado y en la que se podría definir parte del futuro del comercio global, dado ambos países representan nada menos que el 40% del PBI mundial.
Dos gigantes en pugna
Para analistas como Marcelo Elizondo, la raíz del problema no se limita a cuestiones como el déficit comercial récord que tiene Estados Unidos por las importaciones chinas.
“Está en juego un tema mucho más estratégico”, sostuvo el experto en diálogo con iProfesional, quien vinculó el conflicto entre ambos gigantes con una pelea de fondo por el dominio tecnológico.
El punto central está en que cualquier compañía que pretende ingresar al mercado chino o producir allí –sea una empresa de informática o una automtoriz-, queda obligada a formar un joint venture con el gobierno chino.
Y, como consecuencia de esta unión, debe compartir software, patentes y secretos tecnológicos que luego, supuestamente, el gigante asiático se apropia y lo utiliza para producir copias que les hacen perder miles de millones de dólares al año a las compañías estadounidenses.
A esta acusación por robo de patentes y propiedad intelectual, Washington suma otros focos de conflicto, como maniobras de dumping –cuando un país exporta un producto a un valor más bajo que el de producción-, y manipulación del tipo de cambio.
Antes de partir desde EE.UU. hacia la Cumbre del G20, sin embargo, desde la Casa Blanca deslizaron que había posibilidades de llegar a un entendimiento, pero aclarando que pretendían que Beijing presentara una propuesta superadora en la bilateral que mantendrán el sábado.
Incluso, el propio Trump afirmó en Buenos Aires que había “buenas señales” y que sería positivo un acuerdo al que aspiran ambas partes.
En paralelo, justo antes del inicio del encuentro de líderes mundiales, un influyente diario oficial chino también planteaba que la administración de Xi Jinping quería “un acuerdo, al igual que Washington”.
Eran todas muestras de buena voluntad que, sin embargo, ahora chocan contra el humor impredecible de Trump.
Esta suerte de marcha y contramarcha y esa estrategia de mostrar intenciones de querer hacer las paces para luego lanzar artillería pesada es muy propia del líder de la Casa Blanca. Un juego que, por cierto, no hace más que tensar la previa al encuentro.
Por eso es que los líderes del mundo están más pendientes del resultado que arroje la cena entre ambos mandatarios el día sábado que en si se logra o no alumbrar un documento final para esta cumbre del G20.
En la cuenta regresiva
El mano a mano que tendrán el sábado es decisivo: Trump ya advirtió que si no había acuerdo en Buenos Aires con Xi Jinping entonces habría altas chances de avanzar en una tercera ronda de aranceles, que terminarían por incluir al 100% de las importaciones de productos chinos.
Según Raúl Ochoa, que forma parte del think tank del G20, “como la nación asiática le compra mucho menos a Estados Unidos, no tiene el mismo poder de retaliación. Entonces, Beijing podría buscar otras vías para contraatacar y ahí entraríamos en una fase mucho más peligrosa en esta guerra comercial”.
El experto no es optimista respecto de la firma de un acuerdo que solucione definitivamente esta crisis con alcance global en tanto y en cuanto “las exigencias que plantea Trump en materia de propiedad intelectual, transferencia de tecnología y sociedades de capital estala, son muy elevadas y difíciles de aceptar por parte de Beijing”.
Sin embargo, Ochoa espera que en el encuentro del sábado por lo menos arroja un principio de tregua, que detenga la escalada de aranceles.
Desde la consultora DNI Negocios Internacionales vienen alertando que, en el mediano plazo, una guerra comercial de proporciones entre estas dos potencias provocará turbulencias financieras y podría afectar los flujos de inversiones, pasándole factura a los países emergentes y ralentizando el crecimiento de la economía global.
Incluso, el fundador de Alibaba, Jack Ma, advirtió recientemente que la pelea entre ambas naciones era “estúpida” y que provocará un “desastre” para todas las partes involucradas.
Macri, entre dos fuegos
Para Macri se trata de un balance difícil de sostener. Según Elizondo, a medida que se tense la relación entre ambas potencias, “es probable que comiencen a reclamar adhesiones y alianzas de terceros en una disputa que es más que comercial y los países como Argentina deberán adherir a uno”.
Esto implicaría entrar en una zona de riesgo político: el macrismo viene de recibir un fuerte espaldarazo por parte de Trump a la hora de negociar el apoyo del FMI.
“Trump que ha sido un actor central en la ayuda a la Argentina. Sin el activismo del presidente de los Estados Unidos y de una decisión política de su administración, el paquete del FMI no hubiese llegado a los u$s57.000 millones. Ni siquiera hubiera superado los u$s24.000 millones”, advierte Fabián Calle, analista de la Universidad Austral.
Esto le impone una presión extra al macrismo, plantea Elizondo.
Cabe destacar que Trump llegó con la promesa de activar inversiones por u$s20.000 millones en el campo energético, al tiempo que el Gobierno viene de firmar una carta de intención con la Overseas Private Investment Corporation (OPIC), una institución financiera de desarrollo del gobierno de Estados Unidos que respalda a empresas para proyectos en mercados emergentes.
A través de la misma, se oficializó impulsar desembolsos en territorio nacional por unos u$s813 millones, aunque se espera que terminen movilizando una cifra superior –según estimaciones oficiales- a los u$s3.000 millones en áreas como logística, infraestructura y energías renovables
Como contrapartida, el Gobierno acaba de negociar la ampliación del swap con el gigante asiático por un valor equivalente de u$s18.000 millones, al tiempo que está avanzando con tratativas para fomentar inversiones chinas en energía e infraestructura.
A esto se suma que Agroindustria acaba de firmar un acuerdo con el gigante asiático para incrementar las exportaciones de porotos de soja en hasta 3 millones de toneladas para la campaña 2018/19 y por cerca de 400.000 toneladas de aceite de soja.

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Los países del BRICS se comprometieron a mantener el multilateralismo

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Los presidentes de los países miembros del BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica) se reunieron hoy en Buenos Aires y se comprometieron a mantener el multilateralismo, momentos antes de que de comienzo formal la cumbre de líderes del G20.
La reunión fue cerrada a la prensa pero tras la misma medios de comunicación chinos indicaron que “los líderes del bloque de las economías emergentes alcanzan un amplio consenso para mantener el multilateralismo, así como el orden internacional basado en reglas, al margen de la Cumbre del G20”, según indicó la agencia de noticias China, Xinhua News.
Los líderes de los países que conforman el Brics, según el medio chino, lograron durante la reunión una posición común sobre la reforma de el World Trade Organization.
El encuentro se realizó en uno de los salones del hotel Alvear y convocó a los presidentes de Brasil, Michel Temer; de Rusia, Vladimir Putin; de la India, Narendra Modi; de China, Xi Jinping; y de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa.
Los países del Brics representan las cinco mayores economías emergentes del mundo y su encuentro fundacional se remonta a 2004, con la conformación del BRIC, grupo al que cuatro años después se sumó Sudáfrica.
El bloque nació como consecuencia de una etapa de auge del multilateralismo en las relaciones internacionales, y de la interdependencia económica global, pero resaltando una mirada desde los países emergentes.
La última cumbre del bloque, que se realizó en julio en la ciudad de Johannesburgo, los países del Brics ratificaron su compromiso
con el comercio transparente y multilateral, en el marco de las reglas de la Organización Mundial de Comercio.
“Sabemos que el sistema comercial multilateral afronta dificultades sin parangón y queremos enfatizar la importancia de la economía mundial transparente”, suscribieron los presidentes en julio, en referencia implícita a medidas de proteccionismo y unilateralismo que asomaban por entonces y se fortalecieron en los meses siguientes.

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Cumbre del G20: ¿negocio para la Argentina?

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El 30 de noviembre se realizará por primera vez en la Argentina la reunión del G20. Del foro participan la Unión Europea y 19 países, entre ellos Estados Unidos, China, Alemania, Reino Unido, Japón, India, Rusia, Francia, Italia, y Canadá. El G20 tiene particular significación dado que entre los países que participan ostentan el 85% del PBI de la economía mundial.
El foro tiene por objeto la cooperación económica, financiera y política. En los últimos años se han incorporado temas como el Desarrollo Sustentable, Infraestructura para alcanzar el Desarrollo, Futuro Alimentario, Salud, Lucha contra el Terrorismo, el Futuro del Trabajo y Perspectiva de Género.
Según el Ministerio de Relaciones Exteriores, el G20 “está ubicado en una posición única para hacer frente a los desafíos globales, a través de una cooperación política más efectiva y la promoción de acciones concretas que impacten en sus Estados miembro y en los demás actores internacionales. A su capacidad resolutoria, ya probada frente a la crisis económica y financiera de 2008, se suma un liderazgo efectivo y la adopción de decisiones en temas de relevancia global”.
La Argentina ejercerá la presidencia para el próximo periodo anual ¿Qué importancia tiene esto para nuestro país?
En primer lugar, el G20 le permitió en otros momentos instalar la discusión sobre la necesidad de un marco para las reestructuraciones de deuda de los países. De hecho, en el G20 de 2014, se mencionó en el comunicado final de la cumbre “el progreso realizado en el reforzamiento de la disciplina y la previsibilidad de los procesos de reestructuración de la deuda soberana”, junto con un punto referido a “Asuntos para mayores acciones”, donde se indican “los retos que plantean los litigios y con el fin de reforzar el orden y la previsibilidad de los procesos de reestructuración de las deudas soberanas”. Como contracara, esta cumbre encuentra a nuestro país estrechamente ligado a los lineamientos del FMI, lo que se refleja en un limitado margen de maniobra que hace poco esperable planteos innovadores o discordantes de la hegemonía mundial. En este mismo sentido, la reciente frase del Ministro Dujovne (“esto nunca se había hecho en la Argentina sin que caiga el Gobierno”) parece mostrar el verdadero objetivo del Ejecutivo Nacional: cumplimos con el ajuste del FMI y seguimos gobernando. 
En segundo lugar, y en el mismo sentido que lo mencionado anteriormente, las posiciones pre acordadas de varios países emergentes permitieron, en otras cumbres, la discusión sobre los paraísos fiscales, la necesidad de regulaciones e incluso las críticas a la economía financiera actual y el impacto sobre estos países. En 2009, por caso, en el marco de la crisis financiera internacional, lograron que el G-20 reemplazara al G-8 como el principal escenario de discusión en materia económica, y China, India y Brasil serían miembros permanentes y obtendrían una mayor representación en la estructura del FMI. Es difícil imaginar estos debates en la reunión actual.
Como tercer punto, la guerra comercial entre EEUU y China le da marco general al actual encuentro. La Argentina, como presidente del G20, solo atina a ser un espectador de tales discusiones. Vale mencionar que recientemente se llevó a cabo la cumbre de APEC (Foro de Cooperación Asia-Pacifico) que cerró sin acuerdo final justamente por la disputa entre estos dos gigantes. Mike Pence, el vicepresidente estadounidense, amenazó a China con más aranceles si no modifica su política comercial a lo que el presidente chino, Xi Jinping, contestó acusando a EEUU de ser “contrario a las leyes económicas y al sentido de la historia.
En el orden regional, la relación comercial con Brasil parece no mostrar un devenir atractivo. Jair Bolsonaro, recientemente electo presidente, no vendrá a la cumbre y ha manifestado poco interés en la relación comercial con nuestro país.
Argentina ha planteado tres ejes estratégicos para el ejercicio de su presidencia: el futuro del trabajo, la infraestructura para el desarrollo y un futuro alimentario sostenible. En estos aspectos, y a nivel local, Argentina no recorre el camino de la inclusión, sino todo lo contrario: se visualiza una considerable pérdida de puestos de trabajo y junto con ello se instalaron debates para “modernizar” convenios colectivos con el único objetivo de flexibilizar derechos laborales, el ajuste en la obra pública difícilmente logre cumplir con el objetivo de “infraestructura para el desarrollo” y la desregulación de los precios de los alimentos –junto con el desarme de organismos de control como el SENASA- hacen dudar de la existencia de planificación local para un futuro alimentario sostenible.
El “futuro” del trabajo en nuestro país parece sombrío teniendo en cuenta que los últimos datos de empleo registrado en el segundo trimestre del 2018 muestran un aumento de la tasa de actividad, pasando del 45,4 al 46,4% entre 2017 y 2018, así como también un incremento de la desocupación del 8,7 al 9,6%2 para el mismo período, con pocas expectativas de un cambio positivo en el mediano plazo. En este mismo sentido, las estimaciones sobre desocupación del propio FMI para el 2019 llegan al 10,9%.
Con relación al desarrollo de infraestructura, durante 2018 la obra pública sufrió un recorte de $14.225 millones, que significa un ajuste nominal del 8% en relación al 20173 y real de más del 50%. Asimismo, recientemente se ha votado un presupuesto para el año 2019 donde el mayor recorte se lo lleva la inversión pública con un ajuste nominal de más de $17.000 millones, que implica un retroceso de casi 9 puntos porcentuales respecto del 2018 y en términos reales un ajuste del 32%.
Por último, la desregulación de los principales precios de los alimentos en la Argentina han tenido impacto: mientras que la inflación alcanza 39,5% a octubre de 2018, el precio de los alimentos alcanza casi 46%, afectando principalmente a los sectores de menores ingresos. Este efecto es el resultado de la desregulación de productos como trigo, aceite y combustibles. En relación a la perspectiva de género, que fue un tema de la agenda de las últimas reuniones del G20, el actual Gobierno no ha avanzado y las mujeres siguen sufriendo la desigualdad en todos los indicadores: 2 puntos más de desocupación y 5 puntos más de empleo no registrado que los varones, mayor cantidad de horas dedicada al trabajo reproductivo no remunerado (3 horas por día más que los varones, casi una jornada laboral de 6 horas), y cuando consiguen empleo la brecha salarial en relación a los varones es del 27%. Además, el presupuesto 2019 destina sólo el 0,11% del gasto total a políticas para mitigar la desigualdad de género.
El peso tanto en exportaciones como en importaciones de los países del G20 en relación a la Argentina resulta muy significativo.

En particular, las exportaciones e importaciones se concentran en Brasil, China y EEUU.

En Gobierno Nacional prometió en los primeros meses de su mandato la llegada de inversiones. En el G20 de 2016, el propio Presidente de la Nación pidió “financiamiento a largo plazo” para potenciar “el impacto positivo de las inversiones”, además de mencionar que “me sentí gratamente sorprendido por los elogios del presidente de China, como por el presidente de Estados Unidos. Es el entusiasmo que despierta al mundo que Argentina este de vuelta”6 . Luego de las reuniones bilaterales del G20 en 2017, Macri indico “Este es el momento perfecto para invertir en Argentina”7 . Los datos que se presentan a continuación ilustran el escaso éxito de las intervenciones mencionadas.

En Gobierno insiste en esta misma cumbre en la posibilidad de lograr inversiones. El director de Políticas Públicas e Investigación del Think 20, Pablo Ava, indicó recientemente que la Argentina se posicionara “en el centro de la escena mundial” y que “en el G20 hay fundamentalmente discusiones políticas, y las inversiones seguramente llegaran de los múltiples encuentros bilaterales que el presidente Macri mantendrá con sus pares de países desarrollados”.
Política comercial exterior de la Argentina con los países del G20
Asimismo, Cambiemos apostaba a mejorar el rendimiento de las exportaciones a partir de estrechar vínculos del presidente con los principales presidentes del mundo. Adicionalmente, se implementó la quita de retenciones al agro, la industria y la minería y se implementó una progresiva apertura importadora. A continuación se presentan los datos referidos a importaciones por Uso Económico de los principales mercados comunes y países pertenecientes al G20: Mercosur (mayoritariamente Brasil), Nafta (incluye Estados Unidos y Canadá), Unión Europea (Alemania, Italia, Francia, España), China, Corea, Japón e India.

Es posible analizar una serie de conclusiones del resultado de comercial exterior de la Argentina, comparando los primeros diez meses de importaciones. En primer lugar, en términos globales, las mismas crecieron 15% en la relación comercial del segmento de países mencionado.
El mayor aumento se percibe en vehículos (68%), particularmente influenciado por la relación comercial con Brasil. En este sentido, y tal como menciona el informe “Situación del Complejo Automotriz” elaborado por CEPA9 , este aumento de importaciones se produce en un escenario de retracción de la producción nacional, por lo que la participación de los importados en las ventas de vehículos en la Argentina alcanzó el 71% de las ventas.
Adicionalmente, se percibe un sensible aumento en las importaciones de Bienes de Consumo (33%). Este es un eje central que explica la caída de la producción industrial, que llego a -11,5% en octubre último en la comparación interanual.
Entre Bienes de Capital y Piezas para Bienes de Capital de capital, el crecimiento es nulo. Los Bienes Intermedios tuvieron un crecimiento relativo, del orden del 14%. Pero, al igual que en el caso del sector automotriz, este crecimiento va acompañado de la caída de la producción industrial, por lo que se percibe una creciente utilización de insumos importados en la producción industrial.
Es posible concluir que, en términos globales, las exportaciones cayeron 10% en la relación comercial del segmento de países mencionado. Este resultado se encuentra influenciado particularmente por la caída de Productos Primarios y MOA, cuyas retracciones alcanzan -33% y -17%. Esto se debe a la sequía principalmente.
Las exportaciones de productos industriales (MOI) solo crecieron 3%, distinguiéndose también aquí la reducción de la producción industrial.
Finalmente, se percibe que en un escenario de disputa de precios de combustibles, aumentaron las exportaciones de Combustibles 122%, fundamentalmente se explica por aceites crudos de petróleo cuyas ventas al exterior se incrementaron en 1.332 millones de dólares.
En definitiva, Argentina tiene centralidad en este encuentro del G20 sólo por su carácter de anfitrión, ya que incluso las decisiones que se adopten en el marco del mismo no tendrán incidencia sobre el desarrollo de las políticas económicas locales, que han sido diseñadas y controladas por el FMI y su único fin es la estabilización macroeconómica mediante un severo ajuste fiscal, tal como reconocen los mismos funcionarios del organismo.
 

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New York Times: Argentina quería brillar como país anfitrión pero la crisis ensombrece la Cumbre del G20

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BUENOS AIRES, New York Times. Cuando se planeó que Argentina fuera el país anfitrión de los jefes de Estado de las principales economías del mundo en la cumbre del G20, el gobierno vio la reunión como una oportunidad de oro para mostrar a la nación como estable y próspera

No obstante, cuando los líderes mundiales lleguen a Buenos Aires el 30 de noviembre, encontrarán un país que atraviesa una severa recesión y que ha sido sacudido por una racha de incidentes relacionados con la seguridad.

Entre ellos el ataque a los futbolistas de Boca Juniors, por parte de un grupo de hinchas violentos de River Plate, que sucedió el fin de semana pasado, una amenaza de bomba hecha por activistas veganos y el reciente arresto de un par de hermanos en Buenos Aires por ser sospechosos de tener nexos con Hezbolá, el movimiento libanés.

Mientras tanto, las huelgas de empleados públicos han ocasionado la cancelación de varios vuelos esta semana y han complicado la transportación en gran parte del país.

 

Así que mientras los funcionarios del gobierno buscan reforzar la seguridad en la mayor parte de la capital antes de la cumbre, Patricia Bullrich, ministra de Seguridad, les aconsejó a los casi 2,9 millones de residentes de Buenos Aires “que usen el fin de semana largo para irse, que se vayan el jueves porque la ciudad va a estar muy complicada”.

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Hinchas del equipo de fútbol River Plate se enfrentaron a policías antidisturbios la semana pasada después de que su partido ante Boca Juniors fue suspendido. Un autobús que transportaba a los jugadores de Boca fue atacado. CreditAlberto Raggio/Reuters

Esa recomendación fue incongruente con la gran esperanza que el gobierno argentino expresó hace un año cuando asumió la presidencia del G20. “Un mundo donde inspiramos confianza porque estamos en el camino correcto”, dijo en ese entonces el presidente Mauricio Macri.

Después de los doce años de gobiernos de izquierda liderados por los presidentes Néstor Kirchner y su esposa, Cristina Fernández, Argentina cayó en el impago de su deuda externa, lo que ahuyentó a los inversionistas y cultivó vínculos cercanos con China y Rusia conforme se distanciaron las relaciones con Estados Unidos.

Desde su elección en 2015, Macri, un político de centroderecha, ha buscado restaurar la confianza de los inversionistas al controlar el gasto público. También ha cambiado el curso de la política exterior de Argentina al retomar las relaciones con el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump.

Además, se ha esforzado para posicionar a Argentina como un país prominente en debates globales en temas como el cambio climático, la migración y la política comercial.

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Emmanuel Macron, presidente de Francia, al centro, y su esposa, Brigitte Macron, al centro a la derecha, en Buenos Aires el 29 de noviembre CreditFoto del pool por Ludovic Marin

“Pasamos de estar fuera del mundo” a tener la responsabilidad de planear el G20, dijo Macri el año pasado. “Hay que convertir todo esto en nuevas oportunidades para el país”.

En cambio, los líderes de las economías más grandes del mundo llegarán a un país que enfrenta muchas dificultades, particularmente con su economía, las cuales han contribuido a un desplome de los índices de aprobación de Macri.

Conforme la moneda argentina se devaluó estrepitosamente hace unos meses, Macri tomó la difícil decisión de solicitar un préstamo al Fondo Monetario Internacional. Posteriormente, tan solo meses después, ese préstamo tuvo que ser aumentado.

Todavía, sin muchas buenas noticias que presumir, los funcionarios argentinos realizan grandes esfuerzos para lograr una cumbre ordenada.

El gobierno está desplegando a veintidós mil integrantes de las fuerzas de seguridad y cierra grandes áreas de la capital para proteger a los jefes de Estado visitantes y a sus delegaciones. La ciudad de Buenos Aires declaró el viernes como día festivo para disminuir el tráfico y alentar a la gente a salir de la ciudad.

Los funcionarios están conscientes de los disturbios que estropearon la cumbre del G20 en Hamburgo, Alemania, el año pasado. Los grupos críticos de la globalización y el capitalismo incendiaron autos, saquearon negocios y se enfrentaron a la policía en confrontaciones que dejaron cientos de heridos y que ocasionaron la detención de más de cuatrocientas personas.

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Fuerzas de seguridad resguardan la pista de aterrizaje conforme los jefes de Estado llegaban al Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini cerca de Buenos Aires el 29 de noviembre.CreditMartín Bernetti/Agence France-Presse — Getty Images

La reunión de este año ocurre durante un periodo de considerable descontento social en Buenos Aires, donde los manifestantes y los bloqueos callejeros se han convertido en un hecho cotidiano. Además, diciembre ha sido históricamente un mes en el que este tipo de protestas se tornan violentas, particularmente en momentos de problemas económicos.

La recomendación de salir de la ciudad durante el evento fue recibida con indignación por los argentinos, que luchan para hacer rendir el dinero en medio de una creciente inflación.

“¿Apenas tengo suficiente dinero para alimentos y ella quiere que salga de la ciudad?”, dijo Paula Valladares, de 46 años, una especialista en el cuidado de personas mayores. “Necesito trabajar. Si no trabajo, no como”.

Quienes intentaron acatar la recomendación encontraron algunos problemas el 26 de noviembre porque todos los vuelos de la empresa estatal Aerolíneas Argentinas fueron cancelados debido a una huelga de los trabajadores.

La mañana del 27 de noviembre, todo el transporte público paró sus actividades durante tres horas debido a otra huelga.

Incluso antes del ataque del fin de semana al autobús que transportaba a los jugadores de Boca Juniors al estadio —en el que varios futbolistas resultaron heridos, lo que llevó a la suspensión de una final muy esperada que ahora tendrá que realizarse fuera del país— la ciudad estaba intranquila después de que amenazas de bomba condujeran al desalojo de la Embajada de Estados Unidos, el Senado, un banco, un hospital y el aeropuerto regional.

No obstante, hace unas semanas, un grupo de anarquistas veganos fueron acusados de dejar un artefacto explosivo en el cementerio de la Recoleta, donde se encuentran sepultadas varias figuras importantes de la historia argentina, incluida la ex primera dama Eva Perón.

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Un escuadrón antibombas inspecciona un artefacto explosivo que fue lanzado al hogar de un juez federal este mes en Buenos Aires. CreditReuters

Una de las personas implicadas resultó herida cuando el dispositivo aparentemente detonó de manera prematura. El gobierno también culpó a un grupo anarquista por una bomba casera fue lanzada al hogar de un juez.

Otro episodio inusual que llegó a los encabezados fue el arresto a mediados de noviembre de dos ciudadanos argentinos acusados de tener vínculos con Hezbolá. Sus familiares negaron que ambos hombres, de 23 y 25 años, fueran terroristas.

El Centro de Estudios Legales y Sociales, un grupo de derechos humanos de Argentina, afirma que el gobierno ha usado la cumbre del G20 como una “excusa para endurecer aún más su discurso contra la protesta social y las manifestaciones callejeras y para exagerar su guerra contra el terrorismo“.

Organizaciones que planean la protesta principal contra el G20, que se realizará el 30 de noviembre, afirman que están seguros que las medidas para resguardar la ciudad afectarán la participación. Sin embargo, aún esperan una gran asistencia en una marcha que terminará en el Congreso —ubicado a casi 5 kilómetros de donde los líderes más poderosos del mundo estarán reunidos—.

En la ciudad, muchas personas ya desean que todo el asunto se acabe.

“Tenemos un país tan grande, ¿por qué tenían que venir aquí?”, se preguntó Esteban Torres, un empleado minorista de 31 años. “Como si la vida en esta ciudad no fuera lo suficientemente difícil”.

 
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