Ciencia

Biofábrica Misiones: más del 80% de los puestos jerárquicos son ocupados por mujeres

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El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha que busca poner en valor el rol y el aporte fundamental de las mujeres para el desarrollo de conocimiento científico. Un rol que ha existido históricamente pero que al mismo tiempo ha sido invisibilizado.

Proclamado en el año 2015 por las Naciones Unidas, reconoce el papel clave que desempeñan las mujeres en la comunidad científica y la tecnología. En este contexto, se busca apoyar a las mujeres científicas y promover el acceso de las mujeres y las niñas a la educación, la capacitación y la investigación en los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Según los datos oficiales de Naciones Unidas “en la actualidad, solo 1 de cada 3 científicos es mujer. La falta de igualdad de género en la ciencia no es solo un problema que afecta a las mujeres. Limita también el progreso científico y frena el desarrollo de un país y sus esfuerzos por construir sociedades pacíficas.”

En Argentina el instituto público que se dedica a la ciencia y la tecnología ha sido por casi 70 años el CONICET. En este sentido, más allá del contexto nacional actual de recortes y falta de presupuesto, cabe destacar que las mujeres son mayoría en la carrera de investigación, representando más del 54%. Aunque en la cúpula del directorio la participación ha sido limitada.

Biofábrica: equidad de género y aportes al agro misionero

En este marco, Biofábrica Misiones, el hito de las soluciones biotecnológicas en la provincia, una empresa pronta a cumplir sus primeros 20 años, está a la vanguardia en cuestiones de equidad de género. Así lo muestran los datos socializados de la empresa, de donde se pueden compartir varias cuestiones.

En primer término, destacar el rol de las mujeres en los puestos jerárquicos donde alcanzan el 84,6%. Cabe señalar que puestos jerárquicos son todas las áreas clave de investigación y desarrollo, gerencia, sub gerencia, administración, vivero. Al mismo tiempo, el componente de formación de estas mujeres es muy valioso no solamente en haber alcanzado en su mayoría doctorados o masters, sino también por el aporte en términos científicos que eso representa.

En el segmento de quienes realizan las tareas dentro de cada área el porcentaje de mujeres es menor, alcanzando el 41%. Cabe mencionar que estas tareas incluyen también las que se desarrollan en el Centro de Producción y Validación de Tecnologías Hortícolas de San Vicente.

Biofábrica se encuentra transitando sus primeros 20 años, una empresa que surgió para brindar soluciones biotecnológicas al agro misionero. En este contexto, vale destacar también en este día, el rol de quienes sostienen mediante su trabajo cotidiano un sinnúmero de tareas, remarcó el presidente Federico Miravet. Por su parte, la gerenta Luciana Imbrogno destacó “la alta presencia de mujeres profesionales, científicas, biólogas, genetistas, ingenieras, en cargos donde muchas veces hay procesos críticos que se resuelven mediante la planificación, alta capacitación, perfiles que deben monitorear y corregir procesos mejorando continuamente.”

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Biofábrica Misiones: una usina biotecnológica al servicio del desarrollo agroindustrial

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En casi dos décadas de trayectoria, Biofábrica Misiones se consolidó como un centro de agrobiotecnología de referencia en el país y la región. Bajo la dirección de la ingeniera agrónoma y magíster Luciana Imbrogno, la institución se transformó en un verdadero puente entre la ciencia y la producción, donde el conocimiento aplicado se traduce en soluciones concretas para el sector agroindustrial.

Desde sus laboratorios, ubicados en Posadas, se desarrollan plantas, bioinsumos agrícolas y tecnologías de cultivo in vitro que convierten la biodiversidad misionera en bienes y servicios de alto valor agregado. “Biofábrica representa una innovación tecnológica significativa que ha transformado los métodos tradicionales de producción vegetal”, señalan desde la entidad, que combina investigación, desarrollo y transferencia tecnológica con una fuerte impronta social.

De Cuba a Misiones

La historia de Biofábrica comenzó con la transferencia de tecnología desde Cuba, pionera en el desarrollo de biofábricas en América Latina, a través del Instituto de Biotecnología de las Plantas. Esa colaboración permitió diseñar e instalar una de las biofábricas más modernas de la región, equipada con tecnología de última generación y concebida bajo criterios de eficiencia energética, iluminación natural y esterilización avanzada.
Este modelo técnico-constructivo posibilitó un salto cualitativo: la provincia dejó de tener un laboratorio de micropropagación para contar con una planta capaz de producir material vegetal en escala y con estándares internacionales.

Biofábrica desarrolló un modelo productivo basado en competitividad tecnológica. Su estrategia combina la clonación in vitro con biorreactores de inmersión temporal y protocolos propios que aseguran uniformidad, sanidad, trazabilidad y escalabilidad. Estas capacidades le permitieron convertirse en un socio tecnológico clave para distintas cadenas agroindustriales.

La empresa pública-privada logró además la certificación ISO 9001 desde 2010, lo que garantiza procesos estandarizados y mejora continua en todas sus etapas: desde el diseño y desarrollo hasta la comercialización y transferencia de productos biotecnológicos.

Consciente de que la innovación requiere capital humano calificado, Biofábrica impulsa la formación técnica especializada mediante diplomaturas superiores en Biotecnología Vegetal y Bioinsumos Agrícolas. Estas instancias, desarrolladas en el Aula Taller Móvil, ya suman cinco cohortes y se complementan con entrenamientos a demanda para equipos de distintos puntos del país.

Además, la empresa diseñó y comercializa biofábricas móviles: unidades transportables que permiten replicar procesos de producción e investigación en otras provincias, junto con la capacitación de los equipos locales.

Entre sus principales hitos, Biofábrica produjo a escala plantas in vitro de banano, eucalipto, kiri, caña de azúcar y mandioca, todas con alta calidad genética y sanitaria. Estas iniciativas contribuyeron a la precocidad, mayor rendimiento y sanidad de las cuencas productivas locales.
En ornamentales, el centro se destaca por el rescate de orquídeas nativas y la producción de spathiphyllum, dracenas, alocasias, crisantemos y gipsófilas, estas últimas destinadas a la Cooperativa Misioflor.

En el campo de los bioinsumos agrícolas, la institución logró un avance pionero: el primer biofertilizante y biofungicida misionero, elaborado a partir de cepas nativas de Trichoderma. Registrado ante Senasa y autorizado para producciones orgánicas, se distribuye mediante capacitaciones a productores locales. Actualmente, se encuentra en fase de evaluación un biosinsecticida a base de Beauveria, que pronto estará disponible para el sector.

Cannabis medicinal

Desde 2022, Biofábrica lidera el desarrollo tecnológico en cannabis medicinal, integrando sistemas in vitro, indoor y de invernadero para garantizar el abastecimiento continuo de flores ricas en CBD. Este proceso —alineado con la norma internacional GACP— permite a la provincia producir aceite medicinal local, seguro y gratuito para pacientes del sistema público de salud, reduciendo la dependencia de importaciones.
Por esta innovación, la institución obtuvo el Primer Premio del Concurso Acciones Positivas de la Cámara de Comercio Suizo-Argentina en la categoría Pymes, en el eje de innovación tecnológica.

A lo largo de 19 años, Biofábrica Misiones se transformó en una herramienta estratégica para el desarrollo agroforestal, integrando ciencia, producción y territorio. Su aporte no se limita a la transferencia tecnológica: implica también una visión de sostenibilidad, inclusión y diversificación productiva que consolida a Misiones como un polo de innovación biotecnológica en América Latina.

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Arquitectura molecular: los ganadores del Nobel de Química 2025 revolucionan la ciencia de los materiales

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Tres científicos ganan el Nobel de Química por crear estructuras metalorgánicas con potencial para capturar carbono y generar agua en el desierto

El japonés Susumu Kitagawa, el británico Richard Robson y el jordano-estadounidense Omar Yaghi fueron reconocidos por desarrollar una nueva arquitectura molecular capaz de almacenar gases y líquidos en espacios diminutos. El Comité Nobel destacó su potencial para enfrentar el cambio climático y comparó su descubrimiento con el “bolso de Hermione Granger” de Harry Potter.

Una revolución en la química: materiales porosos con aplicaciones ambientales

El Premio Nobel de Química 2025 fue otorgado a Susumu Kitagawa (Japón), Richard Robson (Reino Unido) y Omar Yaghi (Jordania/Estados Unidos) por el desarrollo de estructuras metalorgánicas (MOF, por sus siglas en inglés), una innovación que redefine el concepto de arquitectura molecular.

Estas estructuras, explicó el Comité Nobel de Química durante la ceremonia realizada en Estocolmo, son capaces de concentrar grandes volúmenes de espacio dentro de una estructura microscópica, un fenómeno que Heiner Linke, presidente del Comité, comparó con el famoso bolso mágico de Hermione Granger de la saga Harry Potter: “Parece pequeño por fuera, pero es enorme por dentro. Puede almacenar enormes cantidades de gas en un volumen diminuto”.

El hallazgo abre la puerta a aplicaciones de alto impacto ambiental, como la captura de dióxido de carbono, la obtención de agua del aire en zonas desérticas, el almacenamiento de gases tóxicos, y la catalización de reacciones químicas con mayor eficiencia y menor costo energético.

De las bolas de madera a los materiales del futuro

La génesis de este descubrimiento se remonta a 1974, cuando Richard Robson, profesor de la Universidad de Melbourne, experimentaba con modelos de bolas de madera para enseñar estructuras moleculares. Al notar que la ubicación de los orificios definía propiedades químicas, se preguntó si unir moléculas en lugar de átomos podía originar materiales nuevos.

Una década más tarde, en los años 80, Robson comprobó su hipótesis al crear una estructura regular utilizando cobre, similar a la del diamante, pero con cavidades internas amplias, lo que marcó el inicio de la química de los materiales porosos.

En los años 90, Susumu Kitagawa, desde la Universidad de Kioto, retomó esos avances para explorar el potencial de las estructuras porosas. Aunque inicialmente enfrentó escepticismo, en 1997 logró su primer gran avance, al desarrollar un material capaz de absorber y liberar gases como metano, nitrógeno y oxígeno.

Por su parte, Omar Yaghi, investigador de la Universidad Estatal de Arizona, llevó el concepto a su máxima expresión al crear el MOF-5, una estructura tan estable que puede calentarse hasta 300°C sin colapsar. Según el Comité Nobel, “un par de gramos de MOF-5 cubren un área tan grande como un campo de fútbol”.

Yaghi aplicó esa tecnología para extraer agua del aire del desierto de Arizona: durante la noche, el material captura vapor de agua y, al calentarse con el sol, libera el líquido para su recolección.

Impacto ambiental, energético y científico global

Las estructuras metalorgánicas permiten almacenar y liberar moléculas de manera controlada, ofreciendo soluciones potenciales a desafíos ambientales críticos. Entre sus aplicaciones destacan:

  • Captura de dióxido de carbono (CO₂): su capacidad de absorción selectiva las convierte en herramientas clave para reducir emisiones industriales.
  • Purificación del agua: podrían eliminar sustancias químicas persistentes o restos farmacéuticos del ambiente.
  • Almacenamiento de hidrógeno: al concentrar grandes volúmenes de gas, se perfilan como materiales estratégicos para la transición energética.

El Comité Nobel resaltó que los MOF “brindan oportunidades nunca antes previstas para materiales hechos a medida con nuevas funciones”, y que su desarrollo “marca un punto de inflexión en la forma en que entendemos la química de los materiales”.

El Premio Nobel de Química 2025 incluye una dotación de 11 millones de coronas suecas (equivalentes a US$ 1 millón), a repartir entre los tres galardonados.

Con este reconocimiento, la Real Academia de Ciencias de Suecia subraya la importancia de la innovación científica como herramienta frente al cambio climático, al tiempo que refuerza la cooperación internacional entre universidades de Asia, Europa y América.

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Tras el éxito del streaming, la ciencia regresa al fondo del mar

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Hace apenas unas semanas, una campaña científica argentina se metió en miles de hogares. Durante 21 días, las imágenes transmitidas en vivo desde el cañón submarino de Mar del Plata sumaron 17,5 millones de visualizaciones en YouTube y Twitch. Allí, a casi 4.000 metros de profundidad, se descubrieron 40 nuevas especies y una biodiversidad inesperada de corales, estrellas de mar y peces de aguas frías. Fue un hito: por primera vez la ciencia argentina mostró, en tiempo real, el corazón del océano profundo.

Ese éxito dejó la vara altísima. Pero también abrió la puerta a una nueva etapa: seguir explorando lo que todavía permanece oculto. En octubre, un equipo de científicas del Servicio de Hidrografía Naval (SHN), con apoyo del CONICET, volverá a embarcarse para estudiar los cañones submarinos y su vínculo con la Corriente de Malvinas, una de las más intensas y nutritivas del planeta.

Lo que esconden los cañones

La misión estará liderada por cuatro investigadoras principales: las Doctoras Silvia Romero, Laura Ruiz-Etcheverry y Graziella Bozzano, junto con la licenciada Ornella Silvestri. Sus disciplinas son principalmente la geología y la oceanografía, método que estudia las corrientes marinas. Cada mirada se une para descifrar un rompecabezas todavía sin resolver.

“Cada una venía observando que en estas zonas pasaban cosas raras”, cuenta Ornella Silvestri, investigadora del SHN y becaria doctoral de CONICET. “Nos juntamos, presentamos el proyecto y ahora vamos a investigarlo en profundidad”.

El proyecto se centra en una hipótesis: la posible interacción entre los cañones submarinos y las intrusiones de la Corriente de Malvinas, que fluye por el talud continental. Se trata de porciones de agua subantártica ricas en nutrientes que se desvían hacia la plataforma continental. La hipótesis es que ese ingreso alimenta al fitoplancton y al zooplancton, la base de toda la cadena alimentaria marina.

“Cuando esas aguas entran en contacto con un ambiente más calmo, los organismos aprovechan al máximo los nutrientes. Eso impacta en toda la trama de especies”, explica Silvestri.

Un fondo que empuja

La geología también juega su papel. Los cañones submarinos, tallados a lo largo del talud continental, funcionan como corredores que guían corrientes hacia la plataforma. Esa forma del fondo marino podría ser clave para explicar por qué los nutrientes se redistribuyen y potencian la vida en lugares inesperados.

“Nuestra hipótesis es que queremos ver cómo interactúan esas corrientes con la forma del fondo. Es una dinámica que hasta ahora nunca fue estudiada en detalle”, apunta Silvestri.

Tecnología para mirar lo invisible

La campaña desplegará un arsenal de instrumentos: boyas, sensores y el ROV SuBastian, un robot capaz de descender miles de metros y transmitir imágenes en ultra alta definición. A diferencia de la expedición anterior, aquí no se colectarán organismos bentónicos: el objetivo es observar, registrar y analizar hábitats.

“Esperamos ver ecosistemas súper productivos y heterogéneos. Los cañones se conocen por ser zonas de mucha biodiversidad”, señala Silvestri. “Vamos a filmar esos ambientes y, al mismo tiempo, recolectar muestras de agua y sedimentos para entender cómo circulan los nutrientes”.

El foco estará en los primeros 1000 metros de la columna de agua, donde ocurre el pulso del fitoplancton y zooplancton: el inicio de la cadena trófica.

Ciencia compartida

Más allá de los resultados, las científicas saben que el impacto de estas campañas trasciende la academia. El streaming de la expedición pasada lo dejó claro: familias, docentes y estudiantes siguieron cada inmersión como si fuera una serie en vivo.

“Nos sorprendió el interés genuino de la gente por conocer el territorio sumergido”, admite Silvestri. “Ver al mismo tiempo que los científicos lo que ocurre en el fondo es un plus enorme”.

El desafío, esta vez, es redoblar ese lazo con la sociedad: mostrar que el fondo marino no es un desierto, sino un espacio variado y lleno de vida. Y, sobre todo, inspirar a nuevas generaciones a asomarse al océano con curiosidad y respeto.

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Hallazgos submarinos y récord de audiencia: así fue la misión Talud Continental IV

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El buque Falkor Too regresó al puerto de Buenos Aires tras tres semanas de exploración en el cañón submarino de Mar del Plata. La misión, liderada por el CONICET y el Schmidt Ocean Institute, registró especies nunca antes vistas en la región y marcó un hito en la divulgación científica al transmitir en tiempo real cada hallazgo a una audiencia récord.

El arribo del Falkor Too a Buenos Aires marcó el cierre de la cuarta campaña Talud Continental, una expedición oceanográfica que combinó alta tecnología, cooperación internacional y participación ciudadana inédita.

El equipo científico, encabezado por Daniel Lauretta (Museo Argentino de Ciencias Naturales – CONICET), exploró durante 20 días el cañón submarino frente a Mar del Plata utilizando el robot ROV SuBastian, capaz de descender a 3.900 metros y operar en condiciones extremas.

“La gran diferencia fue compartirlo en vivo, ver al mismo tiempo lo que nosotros veíamos. Descubrimos muchas especies que no sabíamos que existían”, expresó Lauretta, visiblemente impactado por la repercusión que generó la transmisión.

El cañón de Mar del Plata es un área estratégica donde confluyen la corriente cálida de Brasil y la fría de Malvinas, creando un punto de encuentro biogeográfico único. Esta interacción de aguas con distintas temperaturas y nutrientes favorece una biodiversidad excepcional y convierte al sitio en un laboratorio natural para el estudio de hábitats vulnerables, procesos de almacenamiento de carbono azul y dispersión de microplásticos.

Las campañas anteriores (Talud I, II y III) ya habían revelado decenas de especies desconocidas. Pero Talud IV superó los registros previos gracias a mayor capacidad tecnológica y un formato de difusión en tiempo real que acercó la ciencia a audiencias masivas.

Contenido técnico de la misión

La expedición, integrada por más de 30 investigadores de instituciones argentinas e internacionales, permitió:

  • Capturar imágenes en alta definición de ecosistemas profundos, incluyendo corales de aguas frías y fauna adaptada a la penumbra.
  • Detectar microplásticos y residuos humanos en zonas remotas, confirmando el alcance de la contaminación marina.
  • Recolectar muestras de agua, sedimentos y organismos para análisis de ADN ambiental, modelado 3D y clasificación taxonómica.
  • Documentar comportamientos inusuales, como la defensa activa de una langosta guerrera madre contra el robot explorador.

El material recolectado será depositado en repositorios de acceso abierto como CONICET Digital, OBIS y GenBank, garantizando su disponibilidad para la comunidad científica y educativa.

La transmisión en vivo por YouTube atrajo picos de 92.000 espectadores simultáneos, un récord para el canal del Falkor Too. La interacción fue inmediata: niños y niñas enviaron dibujos de las especies vistas, se generaron memes y debates en redes sociales, y varios de los animales filmados se convirtieron en íconos virales.

“Es maravilloso ver cómo los chicos se inspiran. Esto es pasión, uno tiene que ponerle el corazón y las cosas después resultan así”, dijo Nadia Cerino, bióloga del Grupo de Estudios del Mar Profundo de Argentina (GEMPA).

Repercusiones e impacto institucional

Además del aporte a la ciencia marina, Talud IV fortaleció la relación entre la investigación y la sociedad, mostrando el potencial de la ciencia abierta como herramienta de divulgación y generación de vocaciones.

El éxito del streaming consolidó al CONICET y al Schmidt Ocean Institute como referentes regionales en exploración profunda y comunicación científica. También abre puertas a futuras colaboraciones con países vecinos, como Uruguay, donde ya se proyectan nuevas campañas.

La próxima etapa será el procesamiento y análisis de las muestras recogidas, un trabajo que demandará años. Se espera que los resultados permitan actualizar registros de biodiversidad, evaluar el estado de los ecosistemas y desarrollar materiales educativos para escuelas y museos.

Las autoridades científicas confirmaron que ya se planifican nuevas rutas en el Atlántico Sur, con la intención de replicar el modelo de transmisión en vivo que demostró ser un poderoso canal para acercar la ciencia a la ciudadanía.

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