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Closs impulsa ley para garantizar prestaciones sociales a mujeres con discapacidad

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El senador Maurice Closs propuso una ley para que sea obligatorio otorgar y sostener las prestaciones sociales a las mujeres con discapacidad mientras subsistan las causas que las originaron.
El legislador misionero sostiene que “en ningún caso el derecho de una mujer a percibir una pensión por discapacidad podrá suspenderse o condicionarse” a la posibilidad de los parientes legalmente obligados a proporcionarles alimentos, a los bienes, ingresos y recursos que posean las mujeres con discapacidad u otra razón esgrimida en la reglamentación de la pensión por invalidez que pueda aplicarse en detrimento de los derechos adquiridos por las mujeres con discapacidad.
El proyecto de ley es clave en momentos en que se discuten diversas medidas de ajuste y el Gobierno recorta los aportes sociales. Por eso, Closs sostiene que las prestaciones por discapacidad otorgadas a mujeres que hubieren sido suspendidas deberán ser restablecidas en un plazo no mayor a 30 días.
Closs reconoce que en la política de ampliación de derechos de los últimos años pudieron haber errores, pero advierte que “sería razonable lograr el equilibrio fiscal quitando las pensiones a quienes falsificaron y mintieron sus niveles de discapacidad”, pero no quitar beneficios bajo el argumento de los ingresos, el poder adquisitivo o el patrimonio de su cónyuge.
“Dejar a esta mujer sin pensión implica lisa y llanamente dejarla bajo el único sostén y dependencia absoluta de su cónyuge o marido. No es una decisión que se debe tomar con un criterio economicista exclusivo. El Estado debe velar ante esta situación y garantizar ese ingreso mínimo que le permitirá a esta mujer discapacitada tener, por lo menos, alguna independencia económica que morigere la ya difícil situación de desigualdad por las que debe atravesar producto de su discapacidad”, argumenta Closs.

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La tormenta perfecta

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Hay una Argentina que, más allá de esta tormenta, se sigue moviendo, sigue siendo vital y no hay que creer que esta tormenta va a llevarnos a una crisis parecida a una que hayamos tenido en el pasado”. El presidente Mauricio Macri apeló en media hora diez veces a la “tormenta” para evitar la palabra “crisis”, que agobia a la economía Argentina.
Pero en la conferencia de prensa que convocó a mitad de la semana, no se mostró como un piloto avezado, sino como un espectador de una escena, de la que no se siente protagonista. Es algo que está pasando, pero en lo que no tiene responsabilidad.
Del “pasaron cosas” a una “tormenta”. Una tormenta es un fenómeno meteorológico cuyos efectos ni duración se pueden controlar. Pero la economía no es un fenómeno meteorológico. Es una ciencia que, no exacta, permite avizorar con tiempo qué puede suceder de acuerdo a las decisiones que se van tomando o dejando de tomar en el camino.
Cualquier economista más o menos serio advertía que una eventual suba de tasas de Estados Unidos podría complicar la estrategia de financiamiento vía deuda que tiene la Argentina por el aumento de los costos y la fuga de dólares hacia el país gobernado por Trump. Sucedió y se convirtió en “tormenta”.
La corrida cambiaria se convirtió en una tormenta que expulsó varios miles de millones de dólares, pero nadie atinó a abrir el paraguas hasta que el agua ya estaba al cuello.
Cualquier economista más o menos serio advertía que la inflación estaba lejos de ser controlada, pero cerró junio con 3,7 por ciento y anualizada ya superó el 29 por ciento. La suba de precios se convirtió en una tormenta, que abre las puertas para que el Fondo Monetario Internacional comience a imponer reglas en la economía argentina. Christine Lagarde o sus gerentes, serán nuevamente visitantes asiduos al país para comenzar a “monitorear” las variables de la política económica.
Macri volvió a hacer un relato de su propio gobierno al que le queda poco más de año y medio de mandato. “El objetivo es claramente bajar la inflación, y el plan que hemos presentado y que es parte del acuerdo con el Fondo va a en esa dirección: el año que viene va a bajar más de 10 puntos, y esperamos en el siguiente año ya estar cerca de la inflación de un dígito que es lo que todos queremos, y que es lo que tienen todos los países normales”. Se hizo largo el segundo semestre, tan largo que la expectativa del Presidente es terminar con una inflación en los mismos elevados valores que estaban cuando asumió.
Volvió a apelar al compromiso de “todos” para bajar el deficit fiscal y cuestionó a un Estado que “gasta más de lo que ingresa”. Pero los datos vuelven a demostrar que las promesas van a contramano de la realidad.  El Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), think thank que aportó numerosos funcionarios al Gobierno nacional y de Buenos Aires, emitió un lapidario informe en el que revela que desde la llegada de Macri a la Casa Rosada, aumentó el tamaño de la estructura del Ejecutivo al tiempo que se multiplicaron los nombramientos discrecionales de funcionarios.
Además del andamiaje formal dentro de la estructura estatal, también aumentaron los cargos extraescalafonarios, es decir, aquellos que son nombrados directamente por el Poder Ejecutivo Nacional pero que se encuentran excluidos del Sistema Nacional de Empleo Público. Estos cargos tienen un grado de jerarquía equivalente a niveles de secretarías, subsecretarías y coordinaciones, y son instrumentos para designar personal político fuera de la estructura formal, explica el informe.
Entre 2015 y 2017, se crearon 1.111 cargos políticos y solo 62 fueron en la estructura formal. Así, se crearon 1.049 cargos extraescalafonarios en toda la Administración Pública Nacional lo que significó un crecimiento porcentual del 50%. La Jefatura de Gabinete de Ministros explicó el 31% del aumento, la Presidencia el 22% y el ministerio de Modernización que explicó el 11% del total de los cargos extraescalafonarios creados. Esa ampliación de los cargos políticos contradice la ola de despidos de los trabajadores subalternos.
 “Que a la crisis la vistan de tormenta, no le quita su esencia, sigue siendo una crisis”, definió el politólogo Mario Riorda después de escuchar al Presidente. “Macri habló como candidato a Presidente. Pura voluntad y esperanza. Un presidente aspiracional con un discurso esperanzador, coloquial y simple. Fue una colección de promesas. Si su problema es gestionar las expectativas, esta conferencia no ayuda en nada”, analizó.  
La situación por la que pasa la Argentina dista demasiado de obedecer al clima. Las mismas causas deberían haber arrastrado a economías parecidas, pero el efecto no fue el mismo. Argentina es por lejos el país que más devaluó en el mundo y es, por lejos, el país que más deuda emitió en corto plazo. La recesión amenaza con estirar la tormenta hasta los primeros meses del año que viene.
Las encuestas comienzan a mostrar que el descontento se extiende más allá de las huestes opositoras. Ya no es el kirchnerismo ni la herencia, sino la escasez de resultados positivos en los últimos años. La reelección asegurada hasta hace unos meses, es puesta en duda hoy, aunque el Presidente insista en que “seguirá hasta que ustedes quieran”.
La “tormenta” también azota a la provincia de Buenos Aires, donde María Eugenia Vidal aparece salpicada por un escándalo mayúsculo, que surgió de una investigación periodística que reveló una enorme cantidad de aportantes truchos a la campaña de Cambiemos.
El PRO tomaba identidades y los anotaba como aportantes propios para justificar millones de pesos en la campaña. Incluso hay funcionarios y dirigentes de Cambiemos que niegan haber puesto plata de su bolsillo para la campaña. Más allá de la gravedad del robo de identidades, es tan o más relevante conocer el origen del dinero negro. 
La Gobernadora obvió los alcances del escándalo hasta que aparecieron en los grandes diarios. Ahí echó a la contadora general bonaerense, María Fernanda Iza que había sido designada cinco días antes. Es decir, asumió en medio de la escalada de datos que la involucraban directamente. La Gobernadora amagó con enterarse recién con los diarios, pero la funcionaria desplazada era la contadora del partido que ella preside en Buenos Aires. Demasiado cerca. Echar la culpa al contador no es siquiera una estrategia inesperada. Lo mismo hizo hace poco Mariano Rajoy antes de ser obligado a dimitir en España por el escándalo de las cajas paralelas.
En medio del escándalo, Macri prometió una ley para bancarizar los aportes.
Fue tan escasa la condena del Presidente y de la propia Vidal que hasta los medios amigos hicieron notar su descontento. “Macri no dijo la verdad. Caramba señor Presidente, esto merece su condena. Porque usted lo hubiera hecho con otros partidos. Esto pone en duda su palabra de transparencia”, adoctrinó el doctor Nélson Castro desde la pantalla de Todo Noticias.
Cuando se entere el veterano columnista que la campaña de Cambiemos en 2017 se financió con 88 por ciento de aportes en efectivo, quizás monte en cólera.
“Que Cambiemos (desde la voz de su presidente) no condene la opacidad de la causa de los aportantes en Buenos Aires, es como mínimo el pase de Cambiemos a la categoría de partidos clásicos. Uno más del montón”, agrega Riorda con su habitual lucidez.
El escándalo de los aportes puede extenderse en varias provincias y sacude los cimientos de la alianza gobernante. En su breve paso por Misiones, Ricardo Alfonsín dejó trazos del discurso de su padre en contra de las políticas neoliberales que aplica el Gobierno. Aunque no saca los pies del plato, cada vez son más voces las que se animan a cuestionar la conducción política de Cambiemos, tanto en el ámbito nacional como en el provincial, donde reina el silencio sobre las medidas de ajuste que impactan en Misiones.
El hijo del ex presidente vino a Posadas en homenaje al senador Mario Losada, cuyo nombre distinguirá a una plaza de la Costanera. Allí se reunió con el economista Federico Villagra, uno de los que se animó a romper con la estructura vertical y analiza armar un nuevo espacio con los desencantados.
En el radicalismo causó cierto alivio la frustrada visita de Lilita Carrió a Posadas, porque se temía que la blonda reitere su diatriba contra los dirigentes de la UCR que prefieren quedarse al cobijo de los cargos.

Mientras el temporal sacude los cimientos de Cambiemos, el Gobierno sigue su curso. El debate está centrado en el monto del ajuste necesario para cumplir con las metas impuestas en la letra chica del préstamo del FMI.
En los primeros escarceos, el superministro de Hacienda, Nicolás Dujovne y el de Interior, Rogelio Frigerio, mostraron una mayor predisposición a que sea la Nación la que asuma la mayor parte de los recortes, estimada en 200 mil millones de pesos, mientras que las provincias deberían absorber otros cien mil millones, especialmente en transferencias no automáticas y obra pública.
En ese escenario, Misiones debería ceder poco más de tres mil millones de pesos en 2019, de acuerdo al índice de coparticipación. Después de escuchar los planteos de los ministros de Macri, Misiones volvió a insistir con la necesidad de medidas que compensen las asimetrías y el ajuste encubierto a través de las subas incesantes de la única fuente de energía que tiene la provincia. El combustible Premium ya roza los 40 pesos y la nafta común se acerca a esa marca. Por eso, los funcionarios provinciales remarcaron que Misiones debe volver a contar con el ITC diferenciado hasta que haya otra fuente energética que compense costos de logística y distancia.
Es que Misiones ya viene soportando con hidalguía el retroceso en los fondos que no se detiene. La Nación evalúa ponerle fin al Fondo Nacional de Incentivo Docente y liquidar el Fondo de la Soja, que sostiene la infraestructura de los municipios.
“Ya no vamos a discutir aumentos, sino sostener lo que tenemos”, alertó la secretaria general de la Unión de Docentes de la Provincia de Misiones, Stella Maris Leverberg.
Es que por más esfuerzo que haga Misiones, si se confirma que la Nación deja de financiar el Incentivo, la Provincia debería hacerse cargo de 60 millones extra por mes solo para sostener el nivel de salario actual. Ni hablar de paritarias hacia arriba.
Y eso que la Educación es la prioridad del Gobierno misionero. Nuevamente, como en los últimos años, es el área que se lleva el 30 por ciento de los recursos proyectados para 2019.
Con una anticipación inusual, pero que responde a la previsibilidad en el manejo de las cuentas en Misiones, el gobernador Hugo Passalacqua giró el proyecto de Presupuesto a la Legislatura.
Las áreas sociales en su conjunto contendrán el récord de 60 por ciento de la inversión del Estado, mientras que la obra pública se llevará otro 20 por ciento.
Nuevamente es Misiones la provincia que hace punta en el tratamiento de su presupuesto, aún sin contar con la proyección de los recursos federales. Pero está a tono con las metas de ajuste fiscal, con un crecimiento del gasto estimado en 16 por ciento, lo que marca un tácito ajuste por inflación. En total, se proyecta un presupuesto de 67.225.502.000 pesos.
“Sosteniendo nuestra concepción misionerista, tenemos un Estado provincial fuerte, responsable, organizado y con las cuentas equilibradas; y ello es así porque en lo fiscal seguimos el mandato de nuestro espacio político, como lo venimos haciendo desde 2003”, argumenta Passalacqua.
La Renovación, con la bandera del misionerismo, a diferencia de los percances de la alianza nacional, goza de buena salud. Una encuesta de Analía del Franco señala que Passalacqua presenta hoy un nivel de aprobación de gestión de 78 por ciento, con un promedio de evaluación positiva del 73%.
El alto nivel de aprobación del gobernador y su gobierno es pareja en todas las localidades de la provincia. En Posadas es de 71% positivo y en interior 75%. El apoyo de los Posadeños es altmente significativo dado que es una ciudad donde hace menos de un año en las elecciones legislativas ganó la oposición.

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Leve crecimiento del empleo privado en Misiones durante el primer trimestre

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Nuevos datos referentes al empleo asalariado registrado del sector privado de Misiones, correspondientes a marzo de 2018, indican un aumento anual del 2,9% del total de los trabajadores bajo relación de dependencia, y de un 2,4% si se toma la serie desestacionalizada.
En efecto, se contabilizaron en la provincia 105.471 trabajadores asalariados registrados en el sector privado. En la comparación interanual (marzo de 2018 – marzo de 2017), se advierte un crecimiento neto de 2.931 asalariados formales. Sin embargo, al desestimarse las fluctuaciones estacionales, el crecimiento respecto al mismo mes de 2017 asciende a 2.532 trabajadores asalariados registrados. De todos modos, todavía se está lejos del pico de empleo privado registrado en julio de 2015, con 111.938 trabajadores en blanco.

Por otra parte, en cuanto a la variación mensual, se observa un incremento de 4.616 trabajadores registrados en el sector privado, en relación al mes anterior. Esto indica que, en términos porcentuales, el total del trabajo asalariado registrado en empresas aumentó un 4,6%. En tanto que, desde el punto de vista de la variación desestacionalizada, en marzo de 2018 se observó un crecimiento de 747 trabajadores, representando un incremento del 0,7% mensual.

 
En el análisis trimestral, la cantidad de empleados registrados pasó de 100.390 en el primer trimestre de 2017 a 102.117 puestos en el mismo período de 2018. Esto implica un incremento del empleo asalariado registrado del sector privado de Misiones del 1,7%.
En cuanto a la serie desestacionalizada, se pasó de 103.650 asalariados registrados a 105.393, entre los primeros trimestres de este año y del año pasado. En este sentido, el incremento también fue del 1,7%, según la información es elaborada por el Instituto Provincial de Estadística y Censos a partir de la publicación al respecto del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación. Dicho organismo utiliza como fuente de información los registros administrativos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Este incluye la totalidad de los empleos asalariados del sector privado del país.

 
Por último, y teniendo en cuenta el período de los últimos ocho años (marzo 2010 – marzo 2018), en el último mes el crecimiento mensual del empleo registrado del sector privado, en la serie desestacionalizada, fue de 0,7%. Esto muestra un registro inferior al pico máximo respecto al mes anterior, el cual se alcanzó en marzo del 2016 (3,1%). La última caída pronunciada fue en agosto de 2017 (-1,9%).
 

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El peor resultado

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Si hubiera que medir el estado de un Gobierno en función del acierto de sus proyecciones y el número de promesas cumplidas, el de Mauricio Macri debe estar en su peor momento. En los últimos días hubo un aluvión de datos negativos que exceden a la coyuntura y son consecuencia de las decisiones tomadas en los últimos dos años y medio. Repasemos.
De aquel: “Daniel, no vamos a devaluar”, a una caída del peso que superó el 75 por ciento en los últimos doce meses. Desde el inicio de la corrida cambiaria, en abril, la pérdida de valor del peso llegó al 45 por ciento y es del 56,5 en lo que va de 2018. Esa devaluación significa un ajuste directo en el bolsillo.
Del “está todo bien” de un lunes, al dramatismo del martes de volver al Fondo Monetario Internacional a pedir un auxilio financiero record de 50 mil millones de dólares.
Del “fuimos al Fondo para evitar a una crisis” a un dólar incontenible, que acarició los 30 pesos y no encuentra techo.
“Estamos en una transición hacia una mayor estabilidad”, sostenía, firme, el ahora presidente del Banco Central, Luis Caputo. No hace mucho, en mayo, la efusiva Lilita Carrió prometía sin ponerse colorada: “El dólar va a quedar en 23 pesos, yo no le miento a mi electorado”.
De la promesa de “un país normal” a celebrar ser un mercado emergente, para volver a estar pendiente del riesgo país, que tocó los 612 puntos, récord desde 2015, con pánico en la Bolsa y caída de acciones. Todo en una misma semana.
O el mercado está fuera de control o es la esquizofrenia del mejor equipo que interviene, que no, que vende mucho, vende poco, promete flotación limpia pero subasta deuda para tranquilizar a los amigos ávidos de dólares más baratos que en las casas de cambio.
Hay que explicar el mecanismo para entender quienes ganan con este descalabro. Todos los días el Gobierno está subastando porciones de la deuda asumida con el FMI –que pagarán las generaciones futuras- para “calmar” la fiebre alcista. En el remate, los grandes compradores acceden a billetes un peso por debajo de lo que se consigue en las casas de cambio, accesibles para el pequeño ahorrista o el que se quiere ir de vacaciones.
También se pasó de la crítica al cepo a analizar un corralito para los que compren dólares para viajar al exterior.
De la pobreza cero a un lapidario informe de la Universidad Católica Argentina que revela que la pobreza infantil aumentó de 60,4 a 62,5 por ciento, lo que implica que hay ocho millones de niños privados de algún derecho. Si se toman los datos más actualizados de la UCA con una muestra más abarcativa del último trimestre del 2017 se observa que la intensidad de privaciones en los menores llegó al 65 por ciento. En paralelo, el Instituto Nacional de Estadística y Censos reveló un informe sobre la evolución de la distribución del ingreso: más del 35 por ciento de los hogares tiene ingresos inferiores al umbral de la pobreza. No es casual, en lo que va del año, el salario perdió 1,7 por ciento en la carrera contra los precios (oficiales).
El presidente Mauricio Macri visitó esta semana a la sede de la Confederación Económica de la Mediana Empresa para celebrar el día de las Pymes. Las ponderó y prometió respaldos para las empresas que generan el 60 por ciento del empleo del país. Apenas unas horas después, la Confederación General Empresaria informaba que en los últimos dos años se cerraron 4800 pymes.
El ministerio de Trabajo admite que en el primer cuatrimestre se perdieron 94.500 empleos en blanco. Entre los asalariados privados se perdieron 39.800 empleos, monotributistas (2.000), los autónomos (500) y monotributistas sociales (5.700). La pérdida es transversal. “Un 60 por ciento de la producción industrial está dedicada al servicio de la construcción. Prácticamente despareció. No hay obra nueva. Eso provocó un corte en la línea de pago”, explicó Héctor Fernández, presidente de la Cámara Misionera de Industriales Metalúrgicos en declaraciones a radio Activa.
Pero en el Gobierno no entienden el paro general de la CGT, aunque antes celebraban las protestas por el impuesto a las Ganancias.
Según la misma Came, la industria Pyme cortó una racha de 10 meses consecutivos de crecimiento. En mayo sólo el 39,4% de las empresas crecieron y el uso de la capacidad instalada bajó a 60,5%. Además, solamente el 39,5% tuvo rentabilidad positiva y el 75% se encontró con más dificultades para cobrar a sus clientes, con un plazo promedio de cobro que se estiró a 53 días.
Ante los empresarios, liderados ahora por el misionero Gerardo Díaz Beltrán, Macri prometió “una nueva ley pymes”, pese a que la vigente se aprobó hace apenas dos años, el 1 de julio de 2016. También garantizó que en agosto se hará la postergada reglamentación del artículo 10, una promesa incumplida de la campaña, con beneficios para las economías de frontera.
Pero ahora esos beneficios no llegarán a todas las provincias, sino a aquellas que cobren Ingresos Brutos a la actividad comercial por debajo del tres por ciento. Hace apenas unos meses, el Pacto Fiscal que impuso la Nación en enero, había elevado el techo para los tributos a esa actividad, al cinco por ciento.
Se modifican nuevamente las reglas de juego, pero los beneficios no llegaron nunca. Solo Posadas perdió más de 18 mil millones de pesos en los últimos dos años mediante la sangría hacia Encarnación, en busca de precios más bajos.
El nuevo ministro de Producción, Dante Sica, no parece tener mayor velocidad que su sonriente antecesor, el eyectado Francisco Cabrera, para entender el problema. “Todos deben hacer un esfuerzo compartido, las provincias deben poner lo suyo, Posadas y toda esa zona tiene tasas de Ingresos Brutos muy altas que de alguna manera también castigan al comercio y son fuertemente distorsivas”, sostuvo el funcionario en declaraciones a FM Show.
Nuevamente, el Gobierno nacional pretende que el esfuerzo y el costo político sean compartidos por los gobernadores. Ante el desmadre de los últimos días, el Presidente volvió a apelar a los gobernadores para dar señales de “cohesión” en defensa de las políticas económicas. El Jefe de Estado subrayó que “la mayoría de los gobernadores de Cambiemos, del Peronismo, intendentes, senadores, diputados estamos comprometidos” en los objetivos de achicar el déficit fiscal en todos los niveles del Estado.
“Si decimos que lo vamos a hacer, lo haremos y, si resolvemos eso, el crecimiento será ilimitado e infinito porque nuestra capacidad y talento son enormes”, enfatizó.
Y nadie duda en aplicar medidas que equilibren cuentas y achiquen costos. Pero son varios los gobernadores que salieron a advertir que el principal ajuste debe pasar por los gastos de la Nación –que no se reducen y, por el contrario, crecen con intereses de deuda- y no por las provincias que, con matices, están mucho más equilibradas.
El gobernador Hugo Passalacqua fue terminante. “Vamos a bregar todos, aún desde nuestro espacio de oposición, para que las metas de déficit de las cuentas públicas de Nación estén equilibradas para el 2020. Ya muchas provincias -y Misiones entre ellas-, con gran esfuerzo y austeridad han logrado ese equilibrio. Requerimos que la Nación también lo haga y sin perjudicar ni un milímetro a los sectores sociales más vulnerables; como tampoco se afecte la solvencia fiscal y bienestar de las provincias y de Misiones en particular”, expresó en un comunicado.
Misiones, efectivamente, es una de las provincias que puede exhibir un buen manejo de las cuentas públicas, con empleo público lejos por debajo de la media, desendeudada y con escasa exposición en dólares. Otras provincias, alentadas a tomar deuda, hoy deben 50 por ciento más que hace uno o dos meses por la corrida cambiaria.
Pero así y todo, el déficit se explica mucho más por el gasto de la Nación que por el de las provincias. No es, claro, con despidos a destajo ni con recortes de obligaciones elementales, que debería subsanarse ese rojo. La acumulación de vencimientos de deuda es una presión adicional que hasta hace un par de años no existía.
Misiones ha venido haciendo los deberes incluso antes de que el ajuste sea una obligación emergente del sistema. Passalacqua se anticipó al congelamiento de ingresos al Estado y Maurice Closs, como antecesor, había ideado una creativa medida para fomentar el retiro de estatales sin que pierdan demasiado poder adquisitivo. Sin estridencias ni el uso de dolorosos telegramas de despido. Ahora, la Legislatura provincial acaba de sancionar la ley de adhesión a la modificación de la ley de Responsabilidad Fiscal, para sumar a los municipios  al ajuste. Los intendentes no podrán gastar por encima de la inflación del Indec ni tomar empleados por encima de la proyección de crecimiento poblacional que mida el Instituto Provincial de Estadística y Censos. Como carta de intención, incuestionable. Pero los papeles no suelen ser fiel reflejo del terreno. ¿Cómo harán los intendentes para contener el gasto ante demandas sociales cada día más acuciantes? Lo mismo vale para los gobernadores, que piensan lo mismo que Passalacqua: que el peso del ajuste no debe recaer únicamente en las provincias.
Esta semana comenzarán los primeros escarceos en el debate por el Presupuesto. Los gobernadores están dispuestos a acompañar, pero también a poner condiciones.
Misiones es caso de estudio. No un fenómeno casual. Hasta fines del siglo pasado, la provincia estaba entre los primeros puestos de cuanta estadística social negativa se analizara. Aplicó descuentos salariales a los estatales y se endeudó dos veces y medio su presupuesto, mientras que la pobreza y el desempleo crecían sin parar.
Hoy es una de las pocas que paga los sueldos a término, anticipó un aumento pactado en paritarias y sigue sin endeudarse. No pasó tanto tiempo, pero hubo decisión política.
Por eso en la Renovación advierten que es momento de refugiarse en el “misionerismo” como concepto político. No se deja de lado el compromiso de gobernabilidad, pero habrá cambios en la gestualidad. Los principales dirigentes recibieron un consejo del presidente de la Legislatura, Carlos Rovira, a sazón, el conductor de la Renovación: “Trabajar más y fortalecer el misionerismo”. ¿Qué es el misionerismo? “Es pagar los sueldos al día, estar desendeudado, la reducción histórica de la mortalidad infantil o batir récords de secuestro de droga.
En la oposición, en cambio, reina la desorientación. Los del PRO puro no encuentran cómo defender algunas decisiones del Gobierno nacional y algunas actitudes de los propios –cayó muy mal el viaje del concejal Diego Barrios al Mundial de Rusia, donde compartió tribuna con Facundo Sartori, aunque éste no tiene que justificar faltazos-. Los radicales se inmolan como los conversos, mientras intentan disimular que el último gran boina blanca, Raúl Alfonsín, se paraba en las antípodas del modelo político actual.
Desde afuera, hace su juego el partido Agrario, que puede lanzar dardos sin preocuparse por los efectos en la gobernabilidad.

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El partido de la Argentina

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A falta de una alegría que llegue desde la estepa rusa, el Gobierno nacional celebró las jugadas del equipo económico y la calma aportada por el Messi de las finanzas, ahora sentado en el Banco Central.  Los primeros días de Luis Caputo en su nuevo rol vinieron acompañados por una tardía y leve baja del billete verde.  En paralelo, en el día de la Bandera, el Fondo Monetario Internacional giró la primera parte del auxilio de 50 mil millones de dólares, que se usará para fortalecer reservas y bajar la presión cambiaria, con la promesa de liquidar cien millones de dólares diarios para calmar a las fieras del mercado. Pero el gol que se gritó con ganas fue la calificación de la Argentina como “mercado emergente”, por parte de la consultora Morgan Stanley Capital Internacional (MSCI).
El reconocimiento  permitió un “ascenso” de la Argentina en el mundial de las inversiones financieras. ¿Qué méritos hizo para celebrar? ¿Qué significa ese reconocimiento? Para el Gobierno es una muestra de “confianza” de los mercados y una oportunidad para generar la demorada lluvia de inversiones y aumentar el empleo que está mostrando los primeros síntomas de agotamiento.
La realidad es que no hay que celebrar en exceso. Morgan Stanley no hace más que premiar que los países que liberan trabas a los movimientos de capitales. No hace una evaluación de la situación económica ni social. Por caso, Grecia, que pasa una de las peores recesiones, es un mercado emergente y era un mercado “desarrollado” mientras se desataba la crisis. El FMI bueno, que le brinda financiamiento, le acaba de exigir 42 años de ajuste para poder cumplir las metas y repagar la deuda asumida.
Tampoco es garantía que ser un mercado emergente modifique sustancialmente las condiciones económicas y atraiga capitales productivos. Argentina fue considerada un mercado emergente en 1988, a meses de la hiperinflación que apuró la salida de Raúl Alfonsín. Siguió durante todos los 90, mientras que crecían la pobreza y el desempleo e incluso se mantuvo durante el fugaz mandato de Fernando De la Rúa. El corralito, la pobreza explosiva y el estallido no modificaron la nota. La devaluación de Eduardo Duhalde y los primeros años del kirchnerismo, tampoco. Recién en 2009, cuando la ex presidenta Cristina Fernández impuso controles de capitales, se perdió la categoría para pasar a ser un mercado “fronterizo”.
Cuando Macri asumió, se pidió el reingreso. Desde entonces, el Congreso argentino aprobó una reforma a la ley de mercados de capitales para reducir el poder de los reguladores y aflojar restricciones. Pero recién se “premió” al país después de garantizarse de que no hubiera ninguna intención de volver a aplicar restricciones.
La agencia Reuters señaló que “la respuesta ortodoxa del Gobierno a corrida devastadora contra el peso demostró que el riesgo de un retorno a las políticas intervencionistas era bajo”, según Jeffrey Lamoureux, analista senior de riesgo país para América Latina en BMI Research en Nueva York.
“En ningún momento consideraron tirar las vallas y decir que no se puede sacar dinero”, observó Lamoureux. “Es un claro respaldo a la respuesta del Gobierno a la crisis”, enfatizó.
Curiosamente, los controles que se eliminaron para ser un “mercado emergente”, son los que permitieron la fuga de más de 15 mil millones de dólares en las últimas semanas (en mayo se fugaron 6213 millones de dólares, la mayor cifra desde la salida de la Convertibilidad).
Con excesos Cristina, se impusieron límites para la compra de dólares, había que justificar ingresos y se fijaron techos para el giro de utilidades al exterior. Todo eso desapareció.  El precio de pertenecer es resignarse a ceder ante las ambiciones del capital de moverse con libertad.
Parece no ser motivo de preocupación en el Gobierno, que todavía celebra las consecuencias de la corrida cambiaria. “En el corto plazo estas cosas tienen costo, pero yo creo que de mediano y largo plazo no hay mal que por bien no venga, es lo mejor que nos pudo haber pasado, esto nos obligó a ir a pedir el crédito al Fondo Monetario y esto da mucho mayor certidumbre particularmente con el financiamiento, porque dependemos del financiamiento externo”, explicó Caputo con la singular empatía con quienes padecen en el bolsillo el exceso de optimismo del equipo económico.
Para atenuar la especulación contra el peso, el Gobierno entregará cien millones de dólares diarios de reservas durante 75 días. También subió las tasas de interés de las Lebacs hasta un gravoso 47 por ciento. El efecto cascada es una economía paralizada con empresas imposibilitadas de financiarse. Los empresarios misioneros comienzan a advertir que el modelo se inclina  hacia un sector que no los tiene como destinatarios.
 “No vendemos nada”, confesó preocupada una fuente bancaria al ser consultada por el efecto de las tasas en la economía misionera.  La tasa del 47 por ciento es referencia como piso. Llegan hasta triplicarse de acuerdo al tiempo del préstamo y las garantías ofrecidas. Un asalariado medio, por un crédito a doce meses, debe pagar una tasa efectiva anual del 48,21 por ciento, sin IVA. A 36 meses se eleva a 54 por ciento. Mientras que al Gobierno le extendieron el margen de la tarjeta de crédito, la financiación minoritaria se hace insostenible.  Las empresas que están endeudadas en dólares –muchas industrias misioneras y especialmente aquellas que tienen alguna porción de su mercado en el exterior-, tienen una deuda 50 por ciento más  elevada que en diciembre del año pasado.
El segundo semestre será mucho más difícil”, prometió, alentador, el flamante ministro de Producción, Dante Sica, quien venía a poner a andar la maquinaria que no supo mover el sonriente Francisco Cabrera.  
Misiones no escapa a la realidad económica ni a las consecuencias políticas. El debate de fondo estará dado en la ley de Presupuesto 2019, analizó el secretario de Hacienda, Adolfo Safrán. Es que la Nación tiene la idea fija de compartir el costo del ajuste con los gobernadores, especialmente en subsidios y fondos para obra pública.
“Vamos a hacer lo mismo, pero en vez de ir a 50 kilómetros por hora, a cien”, aseguró el radical Luis Pastori en defensa del gradualismo de Macri,  pero ahora a gran velocidad.  El achique se sentirá en subsidios, primero, aportes discrecionales y obra pública, reconoció. Para el diputado aspirante a la fórmula de Cambiemos en 2019, las provincias pueden asumir el ajuste nacional porque “reciben coparticipación como nunca y en ascenso”.
A contramano de la especulación financiera, en Misiones se sigue apostando a financiar a las pequeñas y medianas empresas con créditos blandos. El Fondo de Crédito, diseñado por el gobernador Hugo Passalacqua como promesa de campaña, prepara nuevas líneas a tasas bajas, anticipó el director del ente, Horacio Simes. Una de las condiciones marcadas por el Gobernador es que se priorice a aquellos empresarios que generen mayor mano de obra.
La preocupación no es casual. Misiones se mantiene en el pequeño lote de provincias donde el desempleo no es una preocupación gravitante. De hecho, la desocupación bajó del 4,1 por ciento al 2,8 en el primer trimestre de este año. Es en la provincia gobernada por María Eugenia Vidal donde se concentra la mayor tasa, con 10,7 por ciento.
El promedio del país es de 9,1, con una “significativa” suba desde diciembre pasado, cuando se ubicaba en 7,2. En 2015 la desocupación era de 6,6 por ciento.
Por eso, la preocupación por sostener el empleo está más que justificada. Cualquier variación tiene un impacto directo en el poder adquisitivo y la pobreza de las familias. Hasta la Iglesia, distanciada del Gobierno nacional por el impulso que tomó el debate por la despenalización del aborto, pone el acento en la protección social. En la apertura de la Semana Social en Mar del Plata, la Iglesia cuestionó que “se acentúe cada vez más el enorme nivel de inequidad” y pidió que “el ajuste no lo tengan que pagar los pobres”.
Pero no hay nada que permita advertir una mejora en el corto plazo en momentos en que la Nación presiona por recortes y trasladar costos al interior. Una de las ideas sería que los gobernadores asuman parte de los subsidios y recortar al máximo los programas sociales. Es un ajuste que ya comenzó con la subejecución de partidas. Hasta ahora no hubo respuestas de Carolina Stanley sobre los fondos adeudados a comedores escolares en Misiones.  Por lo menos, el coordinador del Fondo Especial del Tabaco, Marcelo Claudio Viegas Calçada, asegura que el dinero de los tabacaleros no se tocará y que no está entre las imposiciones del FMI.
La otra variante es minimizar el gasto en obra pública y que éstas se financien con Participación Público Privada, un mecanismo que se probó en el centro del país. Pero una cosa es una autopista en el centro del país y otra el asfaltado de una ruta en un paraje del interior. El interés no será el mismo, se quejan los gobernadores, que advierten que habrá que hacer muchas concesiones para atraer inversores.
Es cierto que las provincias hoy cuentan con mayores recursos, como celebra Pastori. Pero ese veranito obedece a condiciones que no son permanentes, como la elevada tasa de inflación y la paulatina devolución de fondos retenidos por la Anses. En cambio, la Nación quiere imponer un gasto permanente, como ya ocurrió antes con otros servicios, como la educación. Algunas sobrevivirán más tiempo. Otras colapsarán bajo el peso presupuestario y ya no por el “exceso de gasto”. La mayoría, no es el caso de Misiones, tiene problemas serios para sostener el pago de la deuda pública que creció exponencialmente de la mano del dólar libre.
Son varios los gobernadores que tienen sus cuentas en orden y por eso no quieren aceptar la imposición del ajuste. No quieren ser parte de una foto en la que las provincias salgan desfavorecidas.  
En medio del Mundial, Argentina vivirá una pulseada con mucho en juego. El paro general de la CGT promete ser contundente. El más duro en los últimos ocho años y el primero en una escalada de mayor conflictividad si “no se corrige el rumbo”, según Juan Carlos Schmid, uno de los tres gordos del sindicalismo.   
En este escenario, la reelección de Mauricio Macri, que se daba por garantizada hace algunos meses, es hoy una incógnita. Es llamativo que las únicas defensas a ultranza provengan del radicalismo, que tiene escasa presencia en la mesa chica. En el PRO puro reconocen que no es tiempo de hablar de candidaturas y que aunque Humberto Schiavoni es el candidato principal para Misiones, es “pronto” para definiciones. Podría no serlo, lo que no garantiza que la fórmula sea encabezada por un radical.
En la Renovación insisten en que la mejor campaña es sostener las políticas públicas que son una marca registrada. El turismo, la seguridad y la salud están al tope de la agenda y eso se refleja en el grado de aceptación que tienen esas políticas en las encuestas. El Ahora Pan –que forma parte del Ahora Misiones- es un ejemplo del éxito de las medidas de protección de la economía local: panaderos de varios puntos del país pidieron a sus colegas locales la información de cómo se hizo el acuerdo para congelar el precio del pan mientras que en el resto del país sube por tarifazos y el costo de la harina. Misiones marcó la diferencia también en el Día del Padre: las ventas crecieron entre 20 y 30 por ciento. En el país, cayeron 6,4 por ciento.

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