COMANDO VERMELHO

EE.UU. sanciona una red que fue vinculada al PCC y Lula responde a Trump con un mensaje de soberanía regional

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La relación entre Brasil y Estados Unidos volvió a ingresar en una etapa de fuerte tensión política y diplomática. Mientras la administración de Donald Trump aprovecha su estrategia de combate contra las organizaciones criminales transnacionales para implementar sanciones económicas y financieras, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva respondió con un contundente mensaje en defensa de la soberanía regional: “Nadie es dueño de América del Sur”.

El cruce se produjo luego de que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunciara sanciones contra dos ciudadanos brasileños, tres empresas radicadas en el estado de San Pablo y una firma portuguesa, acusados de integrar una estructura de lavado de dinero al servicio del Primer Comando Capital (PCC), considerada una de las organizaciones criminales más poderosas de América Latina.

La decisión profundiza el endurecimiento de Washington frente al crimen organizado regional y, al mismo tiempo, incrementa las diferencias con el gobierno brasileño sobre el alcance de la política estadounidense en Sudamérica.

Estados Unidos apunta al financiamiento internacional del PCC

Las sanciones fueron adoptadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), dependiente del Departamento del Tesoro estadounidense, utilizando las órdenes ejecutivas 14059 —orientada al combate del narcotráfico— y 13224, que habilita medidas económicas contra organizaciones catalogadas como terroristas y quienes las apoyen.

Entre los sancionados figuran el empresario Victor de Oliveira Shimada, señalado como uno de los principales nexos financieros entre operadores del PCC en Florida y estructuras criminales radicadas en Brasil, y Stella Nunes Henrique de Oliveira, identificada como colaboradora directa.

También fueron alcanzadas las empresas Victory Trading Intermediação de Negócios Cobranças e Tecnologia Ltda, Pixwave Soluciones de Pagamentos Ltda, Wave Construções Inteligentes Ltda y la firma portuguesa Avenidas Flutuantes Unipessoal Lda.

Según la investigación estadounidense, la organización habría lavado más de 30 millones de dólares provenientes del narcotráfico mediante transferencias internacionales y operaciones con criptomonedas, utilizando empresas de fachada para canalizar recursos obtenidos por actividades ilegales en distintas ciudades de Estados Unidos.

Washington sostiene que estos mecanismos permitían enviar fondos hacia integrantes del PCC en Brasil, fortaleciendo la estructura financiera de una organización dedicada al narcotráfico, tráfico de armas, contrabando y homicidios por encargo.

La nueva estrategia de Washington contra el crimen organizado

Las sanciones forman parte de un cambio más amplio en la política de seguridad estadounidense.

Hace pocas semanas, la administración Trump incluyó formalmente tanto al Primer Comando Capital (PCC) como al Comando Vermelho (CV) dentro de la lista de organizaciones terroristas extranjeras, una decisión que amplía significativamente las herramientas jurídicas disponibles para perseguir sus activos financieros alrededor del mundo.

La calificación permite congelar bienes, bloquear operaciones bancarias, prohibir cualquier tipo de asistencia económica y perseguir internacionalmente a personas o empresas vinculadas con estas estructuras criminales.

El objetivo declarado por Washington consiste en desarticular la infraestructura financiera de las organizaciones dedicadas al narcotráfico antes que concentrar exclusivamente los esfuerzos en la persecución policial de sus integrantes.

Lula respondió desde la cumbre del Mercosur

La respuesta política llegó pocas horas después desde Asunción, durante la cumbre del Mercosur.

Sin mencionar directamente a Donald Trump, Lula utilizó un discurso de fuerte contenido geopolítico para reivindicar la autonomía regional.

“Nadie es dueño del mundo, nadie es dueño de América del Sur”, afirmó el mandatario brasileño, al tiempo que cuestionó los alineamientos automáticos con las grandes potencias y defendió una política exterior basada en la multipolaridad y la diversificación de alianzas comerciales, incluyendo el fortalecimiento de los vínculos con China.

Las declaraciones fueron interpretadas como una respuesta directa al creciente protagonismo estadounidense en los asuntos de seguridad regional y a la decisión de catalogar como terroristas a organizaciones criminales brasileñas.

Aunque el gobierno brasileño respalda el combate contra el crimen organizado, dentro del Palacio del Planalto existe preocupación por las implicancias jurídicas y geopolíticas que puede tener la nueva doctrina estadounidense.

Sectores del oficialismo consideran que la utilización de la legislación antiterrorista podría abrir la puerta a mayores niveles de intervención internacional sobre cuestiones que Brasil entiende como parte exclusiva de su jurisdicción interna.

El canciller Mauro Vieira ya había advertido meses atrás que este tipo de clasificaciones podrían convertirse en un precedente para justificar acciones unilaterales de Washington bajo el argumento de combatir organizaciones terroristas.

Ese debate adquirió mayor intensidad luego del operativo estadounidense desarrollado este año en Venezuela, donde Estados Unidos ejecutó una operación de captura contra Nicolás Maduro en el marco de una causa vinculada al narcotráfico.

Aunque ambos escenarios presentan diferencias jurídicas y políticas significativas, en Brasil algunos funcionarios observan con preocupación la ampliación del concepto de seguridad hemisférica impulsado por la Casa Blanca.

Un nuevo foco de tensión regional

Más allá del caso puntual del PCC, el episodio refleja una disputa mucho más amplia sobre el liderazgo político en América Latina.

Mientras Estados Unidos profundiza una estrategia basada en sanciones financieras, persecución internacional del narcotráfico y presión diplomática sobre gobiernos considerados ambiguos frente al crimen organizado, Brasil intenta consolidar un perfil de autonomía regional, fortaleciendo espacios como el Mercosur y ampliando sus relaciones con socios extrarregionales.

En ese contexto, las sanciones contra la red financiera vinculada al PCC trascienden el plano judicial y se convierten también en un nuevo capítulo dentro de la creciente competencia geopolítica entre Washington y Brasilia por la definición de las reglas de seguridad y gobernanza en América del Sur.

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La Justicia Federal asegura que “no hay células terroristas en la frontera misionera”

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“El Comando Vermelho, el PCC y el Ejército del Pueblo Paraguayo no cruzaron a Argentina”, aseguró el juez federal de Iguazú sobre los terroristas en la región.

El juez federal de Iguazú, Misiones, Marcelo Alejandro Cardozo, descartó que en su jurisdicción fronteriza —que abarca las ciudades de Iguazú, Andresito, San Antonio, Bernardo de Irigoyen, Puerto Libertad, Wanda y Puerto Esperanza, en límites con Paraguay y Brasil— existan células dormidas de terroristas.

“Del lado misionero no actúan los grupos terroristas como el Comando Vermelho, el Primeiro Comando da Capital (ambos brasileños, este último con ramificaciones en Uruguay) ni el Ejército del Pueblo Paraguayo (grupo revolucionario marxista que opera en el norte de Paraguay). Estos grupos no cruzaron a la Argentina”, aseguró el magistrado.

Cardozo explicó que, a raíz de los hechos delictivos registrados recientemente en Río de Janeiro. Las fuerzas de seguridad nacionales, en especial Gendarmería, le informaron que se está reforzando la seguridad en la frontera. “El Juzgado Federal está atento ante cualquier persona sospechosa”, indicó.

El Juzgado Federal de Iguazú fue creado hace apenas dos meses y ya cuenta con unas 2.000 causas entre civiles, comerciales y penales. Antes de su puesta en funcionamiento, toda esa jurisdicción dependía del Juzgado Federal de Eldorado, ubicado a unos 100 kilómetros al sur de la ciudad de las Cataratas. “Aún no tuve contacto con mis pares de Foz de Iguazú y Ciudad del Este”, agregó Cardozo.

Respecto al tema del terrorismo, el magistrado señaló que tiene conocimiento de detenciones de integrantes del Comando Vermelho y del PCC en Foz de Iguazú. Pero insistió: “Reitero, no cruzaron integrantes de estos grupos por la frontera argentina”.

Cardozo aclaró además que las causas anteriores, como la que involucró la detención del Clan Barakat —liderado por el libanés Assad Ahmad Barakat. Vinculado a operaciones financieras y de contrabando en la Triple Frontera y señalado por sus presuntos lazos con el grupo terrorista Hezbollah—, siguen bajo la órbita del juez federal de Eldorado, Miguel Guerrero.

La “Pedra”, la droga que preocupa en Iguazú

Más adelante, en diálogo con MDZ, el juez federal de Iguazú se refirió a otra preocupación creciente en la zona: el consumo de “Pedra”. “La mayor preocupación de la gente de Iguazú es el consumo de esta droga. Es barata, muy adictiva y destruye las neuronas”, advirtió.

“Estamos en una tarea titánica para sacar esta droga de las calles, porque es consumida por chicos cada vez más jóvenes. Hicimos varios allanamientos en lugares donde sabíamos que se comercializaba y tuvimos éxito en la mayoría de ellos. Se secuestró una importante cantidad de Pedra”, explicó. Según el juez Cardozo, la sustancia ingresa desde Brasil y es inhalada por adolescentes y jóvenes de todas las clases sociales.

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Tres brasileños detenidos en Alba Posse, investigan posible vínculo con el Comando Vermelho

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Tres brasileños con antecedentes por narcotráfico fueron detenidos en Misiones. Activan protocolos internacionales por posible nexo con facción criminal Comando Vermelho.

La Policía de Misiones detuvo este viernes en Alba Posse a tres ciudadanos brasileños de Río de Janeiro, dos de ellos con antecedentes por narcotráfico. El operativo, realizado en el marco de la Política de Seguridad de Fronteras provincial, activó los protocolos de cooperación internacional para determinar si sobre los hombres pesan pedidos judiciales en Brasil y si mantienen vínculos con organizaciones criminales en la región. La definición será clave para reforzar la seguridad fronteriza y evaluar la presencia de grupos narcodelictivos en el corredor misionero.

Control fronterizo y cooperación internacional: el operativo que encendió alertas en Misiones

El procedimiento se realizó alrededor de las 14:00, en jurisdicción de la Unidad Regional XI de Aristóbulo del Valle, durante un control coordinado por la Brigada de Inteligencia Criminal de Frontera. La intervención se enmarcó en la Política de Seguridad de Fronteras impulsada por el Ministerio de Gobierno y la Jefatura de Policía, que opera junto a las policías de Río Grande do Sul, Paraná y Santa Catarina.

Los detenidos fueron identificados como Ednei Carlos D. S. (25), Luis Eduardo T. de S. (23) y Jackson S. de J. (35), todos domiciliados en Río das Ostras, estado de Río de Janeiro. Ninguno presentó documentación migratoria válida ni logró justificar su presencia en Alba Posse.

Según informaron los investigadores, dos poseen antecedentes por narcotráfico y el tercero registra causas por lesiones. Por esta razón, se activaron los protocolos de verificación internacional para determinar: si existen alertas judiciales o pedidos de captura en curso, si mantienen vínculos activos en la zona, y si su presencia responde a movimientos de organizaciones criminales transfronterizas.

“La fuerza provincial activó los protocolos de cooperación internacional para determinar si existen pedidos de detención o captura”, precisaron fuentes vinculadas al operativo.

Mientras avanza el intercambio de información, los tres permanecen detenidos “bajo un estricto dispositivo de seguridad” y a disposición de la autoridad judicial argentina.

Tensión en la frontera: investigan si los detenidos integran el Comando Vermelho

Las autoridades mantienen comunicación directa con las policías militar y civil de Brasil para confirmar los antecedentes y requerimientos judiciales. El objetivo institucional es determinar si los hombres responden a estructuras criminales en expansión que operan desde el sudeste brasileño hacia corredores estratégicos del Mercosur.

Según fuentes citadas por Radio UP, los tres detenidos serían miembros del Comando Vermelho, una de las organizaciones criminales más antiguas y violentas de Brasil. La información, sin embargo, continúa en proceso de verificación oficial y aún no fue confirmada por las autoridades argentinas o brasileñas.

Para Misiones, un eventual vínculo con esa facción tendría impacto directo en: las estrategias de seguridad en frontera, la cooperación con fuerzas de Brasil, y la presión criminal sobre corredores de movilidad ilícita que conectan los estados del sur brasileño con el mapa misionero.

El gobierno provincial sostiene que la coordinación regional es clave para enfrentar estructuras que operan a ambos lados de la frontera, y cuyos movimientos pueden generar efectos en seguridad, comercio, turismo y logística local.

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“Nunca sentí algo así”: testimonios argentinos tras la redada contra el Comando Vermelho

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Terror y silencio en Río de Janeiro, el relato de los argentinos que vivieron el megaoperativo contra el Comando Vermelho.

El operativo dejó 132 muertos y paralizó la ciudad. Argentinos residentes describieron el caos, el miedo y la desolación que se vivió en una de las ciudades más turísticas del mundo.

Río de Janeiro bajo fuego: 132 muertos en el operativo más grande de los últimos años

La ciudad de Río de Janeiro vivió una de las jornadas más violentas de su historia reciente. Un megaoperativo policial en los complejos de Alemão y Penha, dos de las favelas más extensas del norte carioca, dejó al menos 132 muertos y provocó un caos total en la capital turística de Brasil.

El despliegue, que incluyó helicópteros, drones y vehículos blindados, fue parte de una ofensiva del gobierno de Río contra el Comando Vermelho, una de las organizaciones criminales más poderosas del país. Durante las horas del operativo, la ciudad quedó prácticamente paralizada: más de 120 líneas de colectivos suspendidas, comercios cerrados y barrios turísticos desiertos.

Desde distintos puntos de la ciudad, argentinos radicados en Río de Janeiro describieron en primera persona cómo se vivió el operativo. “El operativo generó un caos total e inmovilizó a gran parte de la población”, contó Nelson Acosta García, argentino residente en Brasil desde hace 15 años.

Los delincuentes atravesaban los ómnibus en las calles, les sacaban las llaves y los dejaban varados. Eso generó un colapso total en el tránsito”, explicó. Según relató, “las empresas, escuelas y comercios cerraron antes y miles de personas quedaron sin transporte ni posibilidad de volver a sus casas”.

“Copacabana estaba vacía, como si fuera una ciudad fantasma”

En tanto, Emiliana Martínez, otra argentina que vive en la zona sur, describió una postal inusual de la turística Copacabana: “La sensación fue rarísima: ayer, Copacabana estaba totalmente vacía, los bares cerrados y nadie en la calle. Nunca sentí algo así”.

Durante horas, los mensajes en redes sociales y grupos de WhatsApp fueron la principal fuente de información para los residentes. “Nos avisaban que no salgamos, que estaban bloqueando calles y quemando colectivos”, relató Martínez.

El gobierno local decretó el “Estadio 2” del sistema de riesgo, un nivel de alerta que restringe la circulación y permite el despliegue de tropas especiales. La medida se levantó parcialmente al día siguiente, aunque con la ciudad todavía bajo tensión y presencia militar reforzada.

El impacto visual fue estremecedor: vehículos incendiados, barricadas con autobuses y cuerpos acumulados en la plaza São Lucas, en el Complexo da Penha. Mientras tanto, sectores turísticos como Copacabana y Lapa quedaron en silencio, una imagen pocas veces vista en una ciudad que vive del turismo y la vida nocturna.

El miedo cotidiano y la violencia estructural

Para los residentes, los tiroteos y operativos no son novedad, aunque reconocen que esta vez la magnitud fue diferente. “Fue una sorpresa, aunque en Río se escuchan tiros todos los días. Es un sonido bastante normal”, señaló Acosta García, quien vive en el barrio de Santa Teresa.

“El lugar donde vivo es tranquilo, pero todos sabemos que a la noche hay zonas que se volvieron muy peligrosas. No recomiendo caminar por Copacabana después del anochecer”, advirtió.

Los vecinos afirman que, tras la pandemia, aumentaron los robos y los hechos de inseguridad, especialmente los arrebatos en la vía pública. “No es que anden matando gente por la calle, pero hay que tener cuidado: hay muchos robos simples, de celulares, cadenitas, mochilas”, contó el argentino.

El Comando Vermelho, blanco principal del operativo, controla desde hace décadas buena parte del narcotráfico en Río. La ofensiva lanzada por las fuerzas de seguridad apuntó a recuperar zonas dominadas por el crimen organizado, pero el saldo de muertes y la violencia desatada abrieron un fuerte debate en Brasil sobre el uso de la fuerza y los derechos humanos.

Reacciones y consecuencias

El operativo, bautizado “Operação Contenção”, se extendió durante 24 horas y contó con la participación de más de 1.500 efectivos. Aunque las autoridades aseguraron que “el objetivo fue desarticular células armadas”, organizaciones sociales denunciaron “excesos policiales” y uso indiscriminado de la fuerza.

La ciudad intenta volver a la normalidad, pero el temor persiste. “Nos quedamos con la sensación de no saber qué va a pasar. Hoy, por lo menos en esta zona, la vida volvió más o menos a la normalidad”, resumió Emiliana Martínez.

Sin embargo, en las favelas del norte, la calma aún parece frágil. Los hospitales locales siguen recibiendo heridos y los familiares de las víctimas buscan respuestas en medio de un clima de desconfianza y miedo.

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Al menos 64 muertos y decenas de detenidos en una megaoperación contra el crimen organizado en Río de Janeiro

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Río de Janeiro vive este martes una jornada de caos colosal e intensos tiroteos por una operación policial contra el crimen organizado que ya es la más letal de la historia de la ciudad brasileña. Al menos 64 personas han muerto (incluidos cuatro agentes) y unas 80 han sido detenidas, según informa la prensa local.

El despliegue de 2.500 policías en esta megaoperación, que se ha centrado inicialmente en dos grandes barriadas cariocas de favelas, pretende frenar la expansión territorial del Comando Vermelho, el segundo grupo más poderosos del crimen organizado en el país sudamericano.

El gobernador del Estado de Río, Claudio Castro, se ha quejado de que “Río está sola en esta guerra”, ha criticado la falta de apoyo del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y ha pedido ayuda a las Fuerzas Armadas.

Río de Janeiro, turística, antigua capital y el hogar de seis millones de vecinos, es simultáneamente una ciudad muy desigual y acostumbrada a la violencia, pero las dosis desplegadas este martes resultan extraordinarias incluso para los locales. El descomunal despliegue policial ha sido respondido con intensos tiroteos por los hombres del Comando Vermelho, que incluso han lanzado granadas desde drones sobre los agentes. Horas después, el grupo criminal ha desplegado a sus miembros, que han cortado avenidas y calles con barricadas por toda la ciudad y por la zona metropolitana.

Las autoridades han elevado el nivel de alerta en Río ciudad y los noticiarios se han llenado de imágenes de avenidas cortadas con autobuses, coches quemados y decenas de hombres sin camiseta a los que los agentes se llevan detenidos. La policía se ha incautado de al menos 75 fusiles.

El baño de sangre en Río se ha producido a las puertas de que Brasil acoja a partir de la semana que viene la cumbre mundial del cambio climático, la COP30, que se celebrará en Belém, en la Amazonia, a más de 3.000 kilómetros de distancia. El presidente Lula será el anfitrión de una cumbre los días 6 y 7.

El principal objetivo de la operación policial es el jefe del Comando Vermelho en una barriada carioca llamada Complexo da Penha, el capo Edgar Alves de Andrade, apodado Doca. Los agentes, que tenían un centenar de órdenes de arresto, también buscan a decenas de sus lugartenientes, relató Naiara Galarraga Gortázar para el diario El País de España.

El CV es un grupo criminal que se dedica al tráfico de drogas y de armas, entre otras actividades ilícitas como el transporte ilegal, que nació en 1979 en una cárcel de Río, se ha expandido a otros Estados en los últimos años. En territorio brasileño, solo le supera el Primero Comando de la Capital (el PCC), que tiene su base en São Paulo y es su rival más encarnizados.

Ya a primera hora de la mañana, las autoridades habían anunciado que los tiroteos entre agentes y criminales obligaron a suspender las clases en 45 colegios y a desviar 12 líneas de autobús. Por la tarde, el CV había logrado cortar el tráfico en al menos una quincena de puntos de la ciudad, incluida la avenida Brasil, una de las principales arterias viarias. “Es un escenario de guerra”, le ha contado la profesora Suellen Gomes al diario Estadão desde el Complexo do Alemão. Según ella, los tiros empezaron al amanecer y nadie fue al colegio. “Ninguna escuela de esta zona abre cuando hay operación”, explica.

Para atrapar a los jefes del negocio, a los contables que les ayudan a blanquear sus ganancias y a los soldados de a pie que con los que mantienen el control absoluto sobre barriadas completas donde dictan la ley, las autoridades han movilizado un despliegue enorme. A los 2.500 agentes de la policía militar y la civil involucrados, se han sumado una treintena de vehículos blindados, dos helicópteros, drones policiales y una docena de vehículos de demolición.

El gobernador Castro, bolsonarista, se ha quejado de que las Fuerzas Armadas rechazaron tres veces sus peticiones para que le enviaran blindados de apoyo. Ha pedido ayuda a los militares con el argumento de que esta “es una guerra que nada tiene que ver con la seguridad urbana” sino que está alimentada “por las armas del narcotráfico internacional”.

El secretario de Seguridad Pública Victor Santos, ha destacado que toda la operación se diseñó y se realiza con apoyo del Gobierno federal. Santos ha lamentado el caos para los vecinos y los heridos, pero ha recalcado que esta acción “era necesaria, estaba planificada, se basa en inteligencia y va a continuar”.

El epicentro de la megaoperación son dos enormes conjuntos de favelas donde viven casi 300.000 personas, el Complexo da Penha y el Complexo do Alemão. El primero es, según la fiscalía de combate a las familias criminales de Río, un centro neurálgico de las actividades del Comando Vermelho. El Complexo da Penha, dice una nota del Grupo Especial de Combate al Crimen Organizado (Gaeco), “es un punto estratégico para el flujo de drogas y armas, gracias a que está en las proximidades de varias autopistas, y se ha convertido en una de las principales bases del proyecto expansionista del grupo criminal”.

Uno de cada cuatro brasileños, es decir, 50 millones de personas, viven en barrios dominados por el crimen organizado, según un reciente estudio de la Universidad de Cambridge. El Comando Vermelho, el PCC u otros grupos armados, imponen su ley a sus vecinos y, en ocasiones, impide la acción de las autoridades. Los vecinos directamente afectados, que suelen ser pobres, negros y periféricos, se encuentran atrapados entre dos fuegos, abandonados por las autoridades, blanco fácil y presa de las balas perdidas, además de sometidos a extorsión.

En los últimos tiempos los delincuentes han descubierto las bondades del trabajo en remoto. Un fiscal del Estado amazónico de Rondonia explicaba recientemente en el diario O Globo que los jefes de las franquicias del Comando Vermelho por otros estados, sobre todo los fronterizos con otros países, se están refugiando en Río de Janeiro, que hasta este martes eran la principal guarida del grupo. “Se dieron cuenta de que el jefe ya no necesitaba estar en su estado natal. Podía estar protegido en Río y tomar decisiones por videollamada”, explicaba al diario carioca Anderson Batista de Oliveira, jefe del Gaeco en Rondonia. “El capo está en un lugar de difícil acceso para la policía, y la organización protege así a sus principales activos”, añadía.

Hasta ahora la operación más letal de Río era la de la favela de Jacarezinho, en el centro, donde en 2021 murieron 27 personas. La policía de Brasil es considerada una de las que más mata y más muere del mundo. En torno a un 10% de las muertes violentas suelen ser obra de uniformados. La de Río, tanto de la ciudad como del Estado, ha destacado durante años a nivel nacional por su alto. La creciente incorporación de cámaras en los uniformes ha contribuido a reducir las muertes en enfrentamientos a tiros con criminales.

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