COMERCIO INTERNACIONAL

El acuerdo UE-Mercosur instala un nuevo escenario para la industria de la madera

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La firma del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, se concretó el pasado 17 de enero, en Asunción, Paraguay. Establece una zona de libre comercio de más de 700 millones de consumidores, al mismo tiempo que introduce un inédito marco normativo en materia de sostenibilidad y cooperación técnica. Para el bloque Mercosur, el acuerdo implica el acceso preferencial al 92% de sus exportaciones hacia el mercado europeo. La UE logrará la eliminación progresiva de aranceles para el 91% de sus bienes industriales, señala un documento de la Asociación de Empresarios Metalúrgicos de la República Argentina.

Desgravación arancelaria: el horizonte de la forestoindustria

El sector de la madera y el mueble se posiciona como uno de los protagonistas de este acuerdo. Actualmente, los productos madereros del Mercosur enfrentan estructuras arancelarias que limitan su competitividad en Europa frente a proveedores de Europa del Este o el Sudeste Asiático.

Con la entrada en vigor del tratado, se prevé una eliminación gradual de los derechos de importación, que en ciertos productos de valor agregado (como muebles de diseño o paneles compensados) actualmente oscilan entre el 2% y el 10%. Esta ventana de oportunidad permite a las PyMEs regionales proyectar exportaciones de productos acabados, superando la histórica dependencia de la exportación de materia prima bruta.

El desafío de la trazabilidad y el Reglamento EUDR

La apertura de mercados viene acompañada de una exigencia técnica rigurosa: el cumplimiento del Reglamento de la UE sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR).

Para la industria maderera del Mercosur, esto implica que cada metro cúbico exportado deberá contar con certificados de geolocalización que garanticen que su origen no proviene de tierras deforestadas después de diciembre de 2020. Si bien esto representa una barrera de entrada técnica para los productores informales, se convierte en un sello de calidad competitiva para las empresas que ya han invertido en certificaciones internacionales (como FSC o PEFC), posicionando a la región como un proveedor estratégico de biomasa y madera sostenible bajo estándares globales.

Modernización tecnológica y el efecto “catch-up”

El impacto para la industria del mueble será ambivalente. Por un lado, la reducción de aranceles para la importación de maquinaria de última generación y bienes de capital de origen europeo (especialmente de Alemania e Italia) facilitará la reconversión tecnológica de las plantas locales. Esto es crítico para mejorar la productividad y el acabado de los muebles regionales.

Sin embargo, la industria local deberá enfrentar la competencia de productos terminados europeos de alta gama que ingresarán con aranceles decrecientes. El éxito del sector dependerá de la capacidad de respuesta de las cámaras empresariales para aprovechar los programas de cooperación técnica y financiamiento que el acuerdo prevé para la transición productiva.

La perspectiva europea: entre la oportunidad de mercado y el blindaje ambiental

Mientras en el Mercosur el debate se centra en la competitividad, en los principales centros industriales de la UE (Alemania, Italia, Francia), las entidades representativas del sector ‒como CEI-Bois (Confederación Europea de Industrias de la Madera) y EFIC (Confederación Europea de Industrias del Mueble)‒ mantienen una postura de “optimismo vigilante”.

  1. Seguridad de suministros y materias primas críticas: Para la industria europea, el acuerdo es una pieza clave para diversificar sus fuentes de suministro. En un contexto de tensiones geopolíticas, la UE busca reducir su dependencia de mercados asiáticos. Las cámaras europeas ven al Mercosur como un proveedor de biomasa y madera certificada de escala industrial, esencial para cumplir con los objetivos del Green Deal europeo que exige sustituir materiales fósiles por renovables en la construcción y el mobiliario.
  2. Exportación de tecnología, el renovado rol de EUMABOISLa industria de la maquinaria para la industria de la madera (representada por Eumabois) es una de las más entusiasmadas con la firma del acuerdo. La eliminación de aranceles en el Mercosur para bienes de capital permite a los fabricantes europeos (especialmente italianos y alemanes) volver a consolidar su liderazgo tecnológico en la región. Para ellos, el acuerdo significa la posibilidad de recuperar la iniciativa en el mercado sudamericano donde hoy enfrentan una fuertísima competencia china. No se trata solo de vender máquinas, sino de establecer sus estándares técnicos y digitales como la norma a seguir en las fábricas del Mercosur.
  3. El “Level Playing Field” y la propiedad intelectual, estandartes de la sostenibilidad como “barrera” competitiva: Una de las mayores preocupaciones europeas ha sido históricamente la protección de diseños y la lucha contra la falsificación. El acuerdo firmado el 17 de enero incluye capítulos robustos sobre propiedad intelectual. Las cámaras europeas de diseño de muebles ven esto como una victoria, ya que les permite exportar productos de alto valor añadido con la garantía de que sus diseños industriales estarán protegidos legalmente en los cuatro países del bloque sudamericano.

Es importante destacar que, a diferencia de otros sectores, las entidades madereras europeas no temen a la competencia del Mercosur, siempre y cuando se aplique estrictamente el Reglamento EUDR. Su visión es clara: solo entrará al mercado común aquello que demuestre trazabilidad total. Esto “nivela el campo de juego” (el famoso level playing field), asegurando que las empresas europeas ‒que ya operan bajo costos ambientales altos‒ no se vean desplazadas por madera de origen incierto.

Implicancias para la industria de la madera del Acuerdo UE-Mercosur

Para la industria de la madera y el mueble, este acuerdo no solo reduce aranceles, sino que redefine las reglas de sostenibilidad y modernización tecnológica para los próximos veinte años.

  • La madera como vector de sostenibilidad y el reto de la trazabilidad. El acuerdo establece un marco de “cero arancel” para una vasta gama de productos de madera, pero la apertura no es un cheque en blanco. La UE ha dejado claro que el acceso al mercado común está intrínsecamente ligado al cumplimiento del Reglamento EUDR. Para los productores del Mercosur, la industria ya no se mide solo en metros cúbicos o calidad de fibra, sino en datos de geolocalización. Las cámaras empresarias europeas, como CEI-Bois, ven en este acuerdo una oportunidad para asegurar un flujo constante de madera de rápido crecimiento proveniente de Sudamérica, esencial para la bioeconomía europea, siempre que se garantice la ausencia de deforestación mediante sistemas de certificación robustos.
  • Transformación del sector del mueble: diseño y protección intelectual. El impacto en el sector del mueble presenta una dualidad técnica. Mientras que el Mercosur se beneficia de la eliminación de gravámenes para exportar mobiliario de madera maciza, la industria europea ‒liderada por la EFIC‒ celebra la armonización de estándares de Propiedad Intelectual. Esto protege los derechos de diseño industrial europeo en suelo sudamericano, fomentando una competencia basada en el valor añadido y no solo en el costo de materiales. Por otro lado, la reducción de aranceles para componentes y herrajes europeos permitirá a los fabricantes locales del Mercosur elevar el estándar de calidad de sus terminaciones, cerrando la brecha de calidad percibida en mercados internacionales.
  •  Bienes de capital, la carrera por la eficiencia productiva. Un componente crítico del acuerdo es la facilitación del comercio de maquinaria. Entidades como Eumabois han señalado que la eliminación de barreras técnicas y arancelarias para bienes de capital permitirá a las plantas de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay acceder a tecnologías de Industria 4.0, centros de mecanizado CNC y sistemas de secado inteligente de origen europeo. Esta transferencia tecnológica es vista como el motor de un efecto “catch-up” (convergencia), donde la industria del Mercosur podrá procesar sus recursos forestales con la misma eficiencia técnica que sus pares nórdicos, aumentando la productividad por empleado y reduciendo el desperdicio de material.

El impacto país por país

 – Argentina: El sector de madera sólida en la región mesopotámica ve una puerta abierta para divisas. Sin embargo, el gran reto es la infraestructura logística. El impacto será positivo si se logra acoplar la oferta con los estándares de sostenibilidad europeos, pero negativo si la burocracia interna frena la agilidad de los certificados de exportación.

– Brasil: Posee la mayor escala del bloque. El impacto es netamente positivo en términos de volumen de exportación de tableros y celulosa. El desafío negativo reside en la fiscalización extrema que recibirá por parte de las ONGs y cámaras europeas sobre la cadena de custodia, lo que elevará los costos de auditoría interna.

– Uruguay: Con una industria forestal ya muy alineada a estándares internacionales, el impacto es de consolidación. El país se posiciona como el “puerto verde” de entrada de inversiones para CLT (madera laminada cruzada). El riesgo es la alta competitividad del mercado europeo que exigirá una especialización aún mayor en productos de ingeniería.

– Paraguay: El acuerdo actúa como un catalizador para la formalización. El impacto positivo será la llegada de capitales para reforestación comercial. El lado negativo es la vulnerabilidad de la pequeña industria del mueble artesanal, que podría verse desplazada por productos industriales importados si no se inicia un plan de reconversión técnica inmediato.

Un acuerdo que reconfigura el mapa del mercado global

El Acuerdo de Asociación UE-Mercosur, firmado tras años de negociación, busca crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo. Potenciará el intercambio comercial, eliminando aranceles en más del 90% del comercio bilateral.

Aspectos clave del acuerdo (actualizado a 2026):

  • Alcance comercial: Liberaliza el 91% de las importaciones del Mercosur desde la UE (especialmente autos, químicos, maquinaria) y el 92% de la UE desde el Mercosur (agroalimentos).
  • Desgravación: La UE eliminará aranceles al 82% de las exportaciones del Mercosur, con un 70% de desgravación inmediata.
  • Beneficios para el Mercosur: Mayor acceso de productos agrícolas (soja, carne, maíz) al mercado europeo.
  • Sostenibilidad y medio ambiente: Incluye el cumplimiento del Acuerdo de París y compromisos contra la deforestación.
  • Situación actual: El Consejo de la UE autorizó la firma a principios de 2026, iniciando la fase de ratificación, aunque persiste el debate político y técnico, con el- Parlamento Europeo solicitando un dictamen al Tribunal de Justicia de la UE sobre su validez jurídica

Más de un cuarto de siglo de negociaciones

El acuerdo entre la Unión Europea (UE) y Mercosur es el resultado de más de 25 años de negociaciones. Tras un principio de acuerdo alcanzado en 2019 y revisado posteriormente, los textos finales quedaron cerrados en diciembre de 2024. A comienzos de este año, el Consejo de la UE autorizó formalmente su firma, lo que marca el inicio de la fase de ratificación.

“El tratado es un acuerdo mixto, con dos pilares: el comercial regula el comercio de bienes y servicios, el acceso a los mercados y a la propiedad intelectual. Y el político y de cooperación, que abarca el diálogo institucional, la sostenibilidad y la cooperación. Esta estructura es clave porque determina cómo y cuándo puede aplicarse”, explica un análisis realizado por el reconocido estudio legal Marval, O’Farrell & Mairal.

El acuerdo prevé una liberalización progresiva:

  • La UE eliminaría aranceles para aproximadamente el 92 % de las importaciones provenientes del Mercosur;
  • El Mercosur haría lo propio con cerca del 91 % de las importaciones desde la UE.

“El sistema incluye plazos de transición, cuotas y mecanismos de protección para productos sensibles. Se verían directamente alcanzados los sectores agroindustriales, alimentos, bebidas, manufacturas e industria”, señala el estudio.

Por otra parte, el capítulo de propiedad intelectual es uno de los componentes técnicos más relevantes. Establece, por primera vez, un marco bilateral estructurado que cubre derechos de autor y derechos conexos, marcas, diseños industriales, patentes, variedades vegetales, indicaciones geográficas, secretos comerciales y medidas de observancia civil, administrativa y en frontera. El acuerdo prevé la protección recíproca de indicaciones geográficas (IG), contempla reglas de coexistencia con marcas y derechos preexistentes, evitando afectaciones automáticas.

El análisis de Marval, O’Farrell & Mairal recuerda que para que el acuerdo tenga efectos reales, aún deben cumplirse varias etapas:

  • Firma formal del tratado;
  • Aprobación del Parlamento Europeo;
  • Decisión de conclusión del Consejo de la UE;
  • Ratificación por los parlamentos de todos los Estados miembros de la UE;
  • Ratificación individual por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay;
  • Aprobación del tratado por el Congreso Nacional de cada Estado Parte del Mercosur;
  • Depósito del instrumento de ratificación ante la Secretaría del Mercosur;
  • Entrada en vigencia individual del tratado para cada Estado Parte del Mercosur, a medida que se completen las ratificaciones y se efectúe el depósito correspondiente.

“Solo cuando se cumplan estos pasos podrá entrar en vigencia. En el mejor escenario, podría aplicarse de forma provisional y parcial, limitada a materias de competencia exclusiva de la UE”, indica el análisis. Y puntualiza que el Parlamento Europeo remitió el acuerdo al Tribunal de Justicia para que evalúe la compatibilidad con la normativa comunitaria.

En el caso de Argentina, será necesaria, además, una adecuación normativa interna, incluida la legislación en materia de propiedad intelectual. A través del Decreto 24/2026, publicado en el Boletín Oficial el 19 de enero de 2026, el Poder Ejecutivo Nacional convocó a sesiones extraordinarias para tratar el proyecto de ley que ratifica el Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, formalizando así el comienzo de su etapa de internalización legislativa. “Hoy, el acuerdo no genera derechos ni obligaciones exigibles. Su relevancia está en lo que puede producir si se ratifica: cambios estructurales en comercio, inversión y en la gestión estratégica de la propiedad intelectual entre los países de ambos bloques”, concluye el estudio.

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Acuerdo Mercosur–Unión Europea: cómo cambia el mapa productivo argentino y qué regiones ganan y pierden

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El Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, firmado el 17 de enero en Asunción tras más de 25 años de negociaciones, abre un nuevo escenario para la economía argentina y redefine el mapa productivo regional. El entendimiento prevé una desgravación arancelaria asimétrica y progresiva que permitirá el acceso a un mercado de casi 500 millones de habitantes, de alto poder adquisitivo y responsable de alrededor del 15% del Producto Bruto Interno mundial.

Según el análisis del economista Gerardo Alonso Schwarz, los beneficios iniciales se concentrarán en los sectores que ya exportan a la Unión Europea, mediante la reducción inmediata de aranceles sobre el comercio existente. Actualmente, ese bloque explica cerca del 10% de las exportaciones totales argentinas, con una fuerte gravitación de la región pampeana en términos de volumen y del Noroeste Argentino en participación relativa.

El acuerdo establece que la Unión Europea eliminará aranceles de manera acelerada: el 80% de las posiciones arancelarias se liberará de forma inmediata y el resto en un plazo máximo de diez años, incluyendo el 99% de la oferta agrícola. En contraste, el Mercosur contará con períodos de transición más largos, de hasta quince años, para productos sensibles como automóviles, autopartes, maquinaria y químicos, junto con mecanismos de salvaguarda para evitar daños significativos a las industrias locales.

Acuerdo UE–Mercosur: puntos centrales

  • Acceso a un mercado de casi 500 millones de habitantes.
  • Desgravación arancelaria asimétrica y progresiva.
  • 80% de los aranceles europeos se eliminan de forma inmediata.
  • Períodos de transición de hasta 15 años para sectores sensibles del Mercosur.
  • Mecanismos de salvaguarda ante aumentos bruscos de importaciones.

Más allá del impacto inmediato, el trabajo identifica dos efectos centrales en el mediano plazo: la creación y la desviación del comercio. La creación de comercio permitirá la aparición de nuevas exportaciones, favoreciendo a sectores como la carne vacuna en la región pampeana, la pesca en la Patagonia, el maní en Córdoba, el vino en Cuyo y producciones regionales como cítricos, miel y té en el Noroeste y Noreste Argentino. En paralelo, la desviación de comercio plantea riesgos para sectores industriales orientados al mercado brasileño, especialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y algunas economías regionales del NEA.

El análisis incorpora el caso de Chile como referencia empírica. En un contexto de apertura comercial plena con la Unión Europea, Chile logró desarrollar industrias exportadoras competitivas, demostrando que es posible convivir con proveedores europeos si se identifican nichos de mercado y se reducen costos estructurales. En ese marco, Schwarz subraya que la clave para la Argentina será aprovechar el período de transición para avanzar en reformas que reduzcan el denominado “costo argentino”.

Impacto regional del acuerdo

  • Cuyo: vinos, minería y agroexportación; principal beneficiaria.
  • NOA: cítricos, legumbres, miel y minería; desafíos ambientales y logísticos.
  • Patagonia: pesca y energía; riesgos tecnológicos en Tierra del Fuego.
  • Región Centro: mayores ganancias absolutas, pero fuerte competencia industrial.
  • NEA: alto potencial en arroz, madera, infusiones y carne; baja inserción internacional.

Un capítulo central del acuerdo es el ambiental. El cumplimiento obligatorio del Acuerdo de París y las exigencias vinculadas a la deforestación cero podrían transformarse en barreras no arancelarias para productos como carne, soja, madera y biodiesel, con especial impacto en provincias del NOA y del NEA. En particular, la posible clasificación del biodiesel argentino como producto de “alto riesgo” por cambio indirecto en el uso del suelo representa un desafío relevante para uno de los principales rubros de exportación al bloque europeo.

Desde una mirada regional, el estudio concluye que Cuyo aparece como la principal ganadora potencial, impulsada por la baja de aranceles al vino, la minería y su perfil agroexportador. Le siguen el NOA, con fuerte complementariedad productiva, y la Patagonia, beneficiada por la pesca y la energía, aunque con desafíos tecnológicos en Tierra del Fuego. La región Centro concentra los mayores volúmenes y ganancias absolutas, pero enfrenta una competencia más intensa en sectores industriales. El NEA, en tanto, muestra un alto potencial a largo plazo, condicionado a una mayor inserción internacional, certificaciones técnicas y cumplimiento de estándares ambientales.

En síntesis, el acuerdo Mercosur–Unión Europea abre oportunidades transversales para todas las regiones del país, pero su aprovechamiento dependerá de la capacidad de modernizar la producción, mejorar la competitividad, reducir costos logísticos y adaptarse a las nuevas reglas del comercio internacional.

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Acuerdo Mercosur-UE: la Comisión Europea evalúa aplicarlo de forma provisional pese al freno del Parlamento

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La Comisión Europea confirmó que se encuentra en condiciones de implementar de manera provisional el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, aun cuando su aplicación plena fue paralizada por el Parlamento Europeo. La definición reaviva un debate institucional de alto voltaje político y económico dentro del bloque comunitario, mientras el futuro del tratado queda ahora supeditado a la intervención del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

El acuerdo, firmado el fin de semana pasado, quedó en suspenso tras una votación ajustada en el Parlamento Europeo —334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones— que resolvió remitir el texto al máximo órgano judicial de la UE para evaluar su compatibilidad con los tratados comunitarios. Pese a ese freno legislativo, desde el Consejo Europeo sostienen que la Comisión conserva la autoridad legal para avanzar con una aplicación provisional del pacto.

El rol de la Comisión y la vía de implementación provisional

La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, expresó que el organismo está preparado para actuar “tan pronto como al menos un país del Mercosur ratifique el acuerdo”. Sus declaraciones se produjeron al cierre de una cumbre de líderes comunitarios en Bruselas, donde el tema ocupó un lugar central en la agenda política del bloque.

Hay un claro interés en garantizar que los beneficios de este acuerdo se apliquen lo antes posible”, afirmó von der Leyen ante la prensa. Y resumió la posición institucional con una frase que marcó el tono del debate: “En resumen, estaremos listos cuando ellos estén listos”.

No obstante, la titular de la Comisión aclaró que aún no se adoptó ninguna decisión formal respecto a la puesta en marcha del tratado. En la misma conferencia de prensa, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, reforzó la postura del Ejecutivo comunitario al señalar que la Comisión sí cuenta con la facultad necesaria para avanzar en una implementación provisional del acuerdo, incluso mientras se dirime su validación jurídica definitiva.

El Tribunal de Justicia de la UE, árbitro clave del acuerdo

El futuro del acuerdo Mercosur-UE quedó condicionado a la intervención del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), organismo al que el Parlamento decidió remitir el texto para determinar si respeta los tratados fundacionales del bloque. La decisión parlamentaria no anuló el acuerdo, pero lo dejó en vilo, abriendo un proceso de revisión jurídica que podría tener impacto directo sobre su alcance y vigencia.

El TJUE, con sede en Luxemburgo y fundado en 1952, está integrado por dos instancias: el Tribunal de Justicia, compuesto por un juez de cada uno de los 27 países miembros de la UE, y el Tribunal General, conformado por dos jueces por Estado. Según detalla el propio organismo en su sitio oficial, su misión es “garantizar que la legislación de la UE se interprete y aplique de la misma manera en cada uno de los países miembros”, además de velar por el cumplimiento de las normas comunitarias por parte de las instituciones europeas.

La remisión al TJUE introduce un factor de incertidumbre institucional, pero no bloquea por completo la posibilidad de avanzar en una aplicación parcial o provisional, una herramienta que la Comisión evalúa como vía para evitar que el acuerdo quede paralizado indefinidamente.

Impacto político y económico de una definición en suspenso

La controversia expone una tensión interna en la arquitectura institucional europea, entre el Parlamento, la Comisión y el Consejo, en torno a uno de los acuerdos comerciales más amplios firmados por la UE. El tratado con el Mercosur implica beneficios potenciales en términos de acceso a mercados, comercio bilateral y reglas comunes, pero también despierta resistencias políticas que derivaron en la ajustada votación parlamentaria.

Mientras el TJUE analiza la legalidad del texto, la posibilidad de una implementación provisional abre un escenario intermedio: permitir que algunos efectos económicos del acuerdo comiencen a operar, sin una ratificación definitiva. Esta alternativa podría generar reacciones encontradas dentro del bloque, al tiempo que mantiene en expectativa a los países del Mercosur, que aguardan definiciones concretas sobre los plazos y alcances reales del pacto.

El desenlace dependerá tanto del pronunciamiento judicial como de las decisiones políticas que adopten las instituciones comunitarias en las próximas semanas, en un contexto donde la Comisión dejó claro que no descarta avanzar si las condiciones mínimas están dadas.

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La Unión Europea pausó indefinidamente el acuerdo comercial con EE.UU. tras amenazas arancelarias y el conflicto por Groenlandia

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La Unión Europea decidió suspender “indefinidamente” las negociaciones para ratificar el acuerdo comercial con Estados Unidos, luego de que el presidente Donald Trump amenazara con imponer aranceles adicionales de hasta el 35% a los países que se opusieran a sus planes sobre Groenlandia. La decisión, adoptada en el Parlamento Europeo, introduce un nuevo foco de tensión en la relación transatlántica y abre un escenario de alto impacto económico, político e institucional para dos de las mayores economías del mundo.

La medida fue confirmada este miércoles por el presidente de la comisión de comercio del Parlamento Europeo, Bernd Lange, quien anunció públicamente el freno al proceso de ratificación: “¡El acuerdo UE-EE.UU. queda suspendido indefinidamente!”, escribió en la red social X. El bloqueo se produjo luego de que un grupo clave de eurodiputados impidiera la votación prevista, en rechazo a las amenazas formuladas desde Washington.

Un acuerdo en suspenso y un conflicto que escala

El acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos contemplaba, entre otros puntos, la aplicación de aranceles del 15% para los productos europeos exportados al mercado estadounidense. La UE y EE.UU. habían alcanzado un entendimiento preliminar en julio, y gran parte de sus disposiciones ya se encontraban implementadas antes de la firma definitiva.

Sin embargo, no está claro si la suspensión implica la cancelación total del acuerdo o si las partes ya vigentes continuarán aplicándose. Según Lange, Estados Unidos habría violado los términos pactados al amenazar con aranceles adicionales de hasta el 35%, lo que tensó al máximo la relación bilateral. “Hasta que las amenazas terminen, no habrá posibilidad de compromiso”, afirmó el funcionario europeo, aunque dejó entrever que algunos compromisos de la UE, como la compra de productos militares y energéticos estadounidenses, podrían mantenerse.

El anuncio europeo se conoció mientras Trump participaba del Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, donde aseguró que no tenía intención de utilizar la fuerza para adquirir Groenlandia. No obstante, insistió en su exigencia de que Europa ceda ese territorio a Estados Unidos. En ese contexto, Lange precisó en una conferencia de prensa en Estrasburgo que el presidente estadounidense “quiere que Groenlandia forme parte de Estados Unidos lo antes posible y quiere tener una mesa donde podamos discutir el precio de compra”.

Reacciones políticas y la “bazuca comercial” europea

Las amenazas arancelarias y la presión sobre Groenlandia derivaron en una reunión de emergencia de representantes de los países europeos durante el fin de semana. Según trascendió, el presidente francés Emmanuel Macron solicitó a la Unión Europea que evaluara la activación del denominado instrumento anticoerción, conocido en Bruselas como la “bazuca comercial”.

Este mecanismo permitiría a la UE responder con medidas de alto impacto, como la suspensión de licencias a empresas estadounidenses o la imposición de impuestos a servicios provenientes de Estados Unidos. Los líderes europeos volverán a reunirse este jueves en Bruselas para analizar posibles represalias en caso de que Washington concrete las nuevas amenazas arancelarias.

En paralelo, la viabilidad de las medidas anunciadas por Trump también enfrenta un frente judicial interno. La capacidad del presidente estadounidense para imponer estos gravámenes depende, en parte, de un caso que se encuentra actualmente bajo análisis del Tribunal Supremo de Estados Unidos, que cuestiona la legalidad de sus aranceles más amplios. Se espera que el máximo tribunal emita un fallo en el corto plazo.

Impacto económico y riesgos de una guerra comercial

El trasfondo económico del conflicto es de gran magnitud. En 2024, el comercio conjunto entre Estados Unidos y la Unión Europea alcanzó casi un billón de dólares, de acuerdo con datos del Departamento de Comercio de EE.UU. Una escalada hacia una guerra comercial entre ambos bloques podría generar profundas repercusiones en cadenas de valor, flujos de inversión y precios internacionales.

La pausa indefinida del acuerdo comercial no solo introduce incertidumbre para los exportadores europeos y estadounidenses, sino que también reconfigura el equilibrio político en una relación históricamente estratégica. Con las negociaciones congeladas y las amenazas aún vigentes, el vínculo transatlántico ingresa en una fase de alta volatilidad, con efectos potenciales sobre la economía global y el sistema de comercio internacional.

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Trump descarta el uso de la fuerza para adquirir Groenlandia

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El presidente Donald Trump afirmó que no usaría la fuerza para adquirir Groenlandia, en su declaración más clara hasta el momento descartando recurrir al poderío militar para anexionar la isla ártica.

“Probablemente no conseguiremos nada a menos que decida usar una fuerza excesiva, en cuyo caso seríamos, francamente, imparables”, dijo Trump. “Pero no haré eso. Okey. Ahora todos dicen: ‘¡Bien!’”.

“Esa es probablemente la declaración más importante que he hecho, porque la gente pensaba que usaría la fuerza. No necesito usar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No usaré la fuerza”, afirmó Trump.

“Todo lo que Estados Unidos pide es un lugar llamado Groenlandia”, añadió.

Más tarde, Trump reiteró que contempla la plena propiedad de Groenlandia por parte de Estados Unidos, en lugar de un acuerdo mejorado.

“Todo lo que pedimos es obtener Groenlandia, incluyendo el título de propiedad, porque se necesita la propiedad para defenderla”, dijo. “No se puede defender con un contrato de arrendamiento”.

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