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La economía cayó 0,5% en mayo y creció apenas 0,2% en el último año

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La economía argentina llegó a mayo con señales cada vez más claras de desaceleración y una composición profundamente desigual. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró un crecimiento interanual de apenas 0,2%, mientras que en la medición desestacionalizada cayó 0,5% respecto de abril.

El dato técnicamente mantiene a la actividad en terreno positivo frente al año pasado, pero revela que la recuperación perdió velocidad. Más aún: el crecimiento general se sostuvo gracias al desempeño de un reducido grupo de sectores primarios y extractivos, mientras que la industria manufacturera y el comercio, dos actividades centrales para la generación de empleo y el movimiento del mercado interno, profundizaron su retroceso.

El componente tendencia-ciclo, utilizado para identificar la dirección de fondo de la economía más allá de las oscilaciones mensuales, mostró una mejora de 0,2%. Esa variación evita hablar todavía de una contracción consolidada, aunque confirma una trayectoria de expansión extremadamente moderada.

Dos caídas mensuales en tres meses

La evolución de los primeros cinco meses de 2026 muestra una economía volátil, sin capacidad para encadenar una secuencia sostenida de crecimiento.

En enero, el EMAE avanzó 0,2% respecto de diciembre. En febrero cayó 2,5%, en marzo rebotó 2,8%, en abril volvió a retroceder 1,5% y en mayo disminuyó otro 0,5%.

De esta manera, la actividad registró bajas mensuales en tres de los últimos cuatro meses. El fuerte crecimiento de marzo alcanzó para compensar parte de esas pérdidas, pero no logró consolidar una tendencia expansiva.

En términos interanuales, la secuencia también muestra una marcada irregularidad: la economía creció 2% en enero, cayó 1,5% en febrero, saltó 6,2% en marzo, se moderó a 1,7% en abril y prácticamente se estancó en mayo, con una suba de apenas 0,2%.

Como resultado, el crecimiento acumulado entre enero y mayo fue de 1,7%, por debajo del 2,2% que se registraba al cierre de abril. El arrastre positivo del comienzo del año continúa, pero se reduce a medida que aparecen comparaciones más exigentes y se debilitan algunos motores de la actividad.

El magro crecimiento de mayo también debe leerse contra una base relativamente elevada. En mayo de 2025, la actividad había aumentado 5,3% interanual, en pleno proceso de recuperación después de la recesión de 2024.

El índice original alcanzó en mayo de 2026 los 165,5 puntos, apenas por encima de los 165,1 puntos registrados un año antes. En cambio, el índice desestacionalizado se ubicó en 153,6 puntos, por debajo de los 154,3 de abril y también lejos de los 156,7 alcanzados en marzo.

La comparación permite distinguir dos fenómenos. Por un lado, la economía conserva un nivel superior al observado durante buena parte de 2024. Por otro, desde comienzos de 2026 no logra atravesar con firmeza ese techo: los avances mensuales son interrumpidos rápidamente por nuevas correcciones.

Incluso la tendencia-ciclo, que creció 0,2% mensual y llegó a 154,7 puntos, dibuja una curva ascendente, pero de pendiente muy reducida.

El campo y la minería sostuvieron el resultado

Ocho de los quince sectores que integran el EMAE crecieron frente a mayo de 2025, mientras que siete registraron caídas. Sin embargo, el resultado general estuvo muy concentrado.

La explotación de minas y canteras encabezó las subas, con un incremento interanual de 15,7%. El sector mantiene una expansión de dos dígitos impulsada principalmente por la producción de petróleo y gas, y se consolida como uno de los motores más dinámicos de la economía argentina.

La agricultura, ganadería, caza y silvicultura creció 4,6%. Aunque su porcentaje fue inferior al de la minería, resultó el sector con mayor incidencia positiva sobre el índice general debido a su peso dentro de la estructura productiva.

Entre ambos aportaron 1,2 puntos porcentuales a la variación interanual del EMAE. Dicho de otro modo: sin el empuje conjunto del agro y la actividad minera, el resultado de mayo habría sido claramente negativo.

Electricidad, gas y agua también exhibió una expansión importante, del 8%, mientras que la construcción avanzó 1,9%. Este último dato permitió al sector volver al terreno positivo luego de haber caído 1,8% interanual en abril.

Los servicios sociales y de salud crecieron 0,8%; transporte y comunicaciones, 0,6%; las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, 0,4%; y la intermediación financiera, 1,5%.

La industria volvió a quedar en el centro de la caída

La contracara estuvo en la industria manufacturera, que cayó 5,6% frente a mayo de 2025. Fue la actividad con mayor incidencia negativa sobre el resultado general, una señal especialmente relevante por su capacidad para irradiar efectos sobre el empleo, la inversión, el transporte y las cadenas de proveedores.

La caída industrial de mayo fue, además, más profunda que la registrada en abril, cuando la baja había sido de 2,7%. El sector alternó un crecimiento de 5,2% en marzo con retrocesos de 2,4% en enero, 8,4% en febrero, 2,7% en abril y 5,6% en mayo.

La secuencia muestra que el repunte de marzo no alcanzó para revertir una tendencia de debilidad que atraviesa buena parte del entramado fabril.

El índice sectorial de la industria se ubicó en 114,4 puntos, por debajo de los 121,2 de mayo de 2025 y también de los 134,8 puntos que había registrado en mayo de 2023. La comparación expone que la producción manufacturera no solo perdió terreno durante el último año, sino que continúa alejada de niveles previos.

El comercio refleja la debilidad del consumo

El comercio mayorista, minorista y las reparaciones retrocedieron 4,3% interanual. El dato prolongó la caída de abril, que había sido de 3,2%, y se sumó a los descensos de enero y febrero.

El deterioro comercial representa una de las señales más directas sobre el estado del mercado interno. Aun cuando la desaceleración de la inflación permitió cierta recomposición de los ingresos reales, el consumo continúa condicionado por el debilitamiento del empleo, la pérdida de poder adquisitivo acumulada, el encarecimiento del crédito y la cautela de los hogares.

El índice del sector comercial descendió desde 160,9 puntos en mayo de 2025 hasta 153,9 en mayo de 2026. La actividad también quedó por debajo del nivel de marzo, cuando había alcanzado los 160,3 puntos.

Industria y comercio, junto con la pesca, restaron en conjunto 1,4 puntos porcentuales al resultado interanual. Ese aporte negativo fue superior a la expansión total del EMAE y debió ser compensado por las actividades primarias y extractivas.

La pesca registró el mayor derrumbe

La pesca sufrió la caída sectorial más pronunciada, con una baja interanual de 29,3%. El retroceso se produjo después de una contracción de 28,4% en abril y cortó el fuerte crecimiento registrado durante el primer trimestre.

Hoteles y restaurantes también pasaron a terreno negativo, con una disminución de 1,8%, después de haber permanecido sin variaciones en abril. Otras actividades de servicios comunitarios, sociales y personales retrocedieron 1,3%.

La administración pública y la defensa cayeron 1,4% interanual, prolongando la reducción observada desde comienzos de 2025. Enseñanza disminuyó 0,1%, mientras que los impuestos netos de subsidios crecieron apenas 0,5%.

Una economía con motores de crecimiento poco intensivos en empleo

El informe de mayo describe una economía partida. De un lado aparecen el agro, la energía y la minería, actividades competitivas, generadoras de exportaciones y divisas, pero con una capacidad de creación directa de empleo relativamente menor que la industria, la construcción o el comercio.

Del otro lado se encuentran precisamente los sectores más vinculados con el mercado interno, el entramado de pequeñas y medianas empresas y la ocupación urbana. La caída fabril y comercial indica que la mejora de las variables macroeconómicas todavía no se traduce en una recuperación homogénea de la economía real.

La construcción ofreció una señal moderadamente favorable, aunque su crecimiento de 1,9% debe leerse con cautela: el nivel de actividad del sector se mantiene muy por debajo de sus registros de 2023. El índice de mayo fue de 124,4 puntos, contra 147 puntos en el mismo mes de aquel año.

Algo similar ocurre con hoteles y restaurantes. Pese a que el nivel sectorial es superior al de 2023 y 2024, en mayo mostró una caída interanual, lo que podría anticipar una pérdida de impulso en el consumo de servicios.

Del rebote a una meseta

Durante 2025, la economía había crecido 4,5% en el acumulado anual, impulsada en buena medida por la comparación contra la recesión de 2024. Ese efecto estadístico comenzó a diluirse.

En los primeros cinco meses de 2026, el avance acumulado se redujo al 1,7%. Mayo representa la expresión más clara de ese cambio: la actividad ya no compara contra los meses más profundos de la recesión, sino contra una economía que un año antes se encontraba en recuperación.

El desafío dejó de ser simplemente rebotar desde niveles bajos. Ahora consiste en transformar la estabilización en crecimiento sostenido, ampliar la recuperación hacia la industria y el comercio y generar una expansión capaz de mejorar el empleo y los ingresos.

Por el momento, el EMAE muestra una economía que evita la recesión, pero que tampoco consigue acelerar. El agro, la minería y la energía mantienen encendido el motor externo; la industria y el consumo interno, en cambio, continúan funcionando a media marcha.

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El consumo privado cayó 1,1% en junio y acumula siete meses consecutivos de retrocesos interanuales

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El consumo de los hogares continúa mostrando señales de debilidad pese al proceso de desaceleración inflacionaria. En junio, el Índice de Consumo Privado (ICP-UP) registró una caída del 1,1% interanual, marcando el séptimo descenso consecutivo frente al mismo mes del año anterior y confirmando que la recuperación del poder adquisitivo aún no logra traducirse en una expansión sostenida del gasto de las familias.

El relevamiento, elaborado por la Facultad de Negocios de la Universidad de Palermo, mostró, sin embargo, una mejora de 1,2% respecto de mayo en la serie desestacionalizada, un dato que sugiere un leve repunte mensual luego de dos meses de virtual estancamiento. Aun así, el balance del primer semestre continúa siendo negativo: entre enero y junio el consumo privado acumula una retracción del 1,7% en comparación con igual período de 2025.

El informe sostiene que el comportamiento mensual representa una primera señal de recuperación, aunque insuficiente para revertir la tendencia de fondo. El indicador se construye a partir del procesamiento de más de treinta variables de alta frecuencia, entre ellas ventas minoristas, patentamientos, recaudación tributaria y otros indicadores que permiten anticipar la evolución del gasto de consumo final de los hogares antes de la publicación de las estadísticas oficiales.

La composición del consumo refleja además una marcada heterogeneidad entre sectores. El segmento más afectado fue el de bienes semidurables, integrado principalmente por indumentaria y calzado, que registró una contracción interanual del 3,8%. Los bienes durables también permanecieron en terreno negativo con una baja del 1,2%, mientras que los servicios recreativos mostraron estabilidad. El único rubro que logró expandirse fue el de consumo masivo, que avanzó 1,1% respecto de junio del año pasado.

Dentro del mercado de alimentos también se observaron diferencias significativas. El consumo de carne porcina fue el único que mostró crecimiento, con una suba interanual del 3,9%, mientras que la demanda de carne vacuna cayó 13,5% y la de carne aviar retrocedió 8%, reflejando cambios en los hábitos de consumo y una mayor búsqueda de alternativas de menor costo por parte de los hogares.

La debilidad del gasto también quedó reflejada en otros indicadores de actividad. Las ventas de combustibles al público disminuyeron 2,4% interanual, mientras que los despachos de cemento en bolsa descendieron 5%, evidenciando una menor dinámica tanto del consumo cotidiano como de la inversión vinculada a pequeñas obras y refacciones.

En los bienes durables el panorama fue mixto. El patentamiento de motocicletas creció 42,3%, impulsado por la búsqueda de vehículos de menor costo y opciones de movilidad más accesibles. En contraste, el patentamiento de automóviles cayó 13,7%, al tiempo que la facturación del sector de electrodomésticos registró una disminución del 11,6%, confirmando que las compras de mayor valor continúan postergándose.

El segmento de servicios vinculados al ocio tampoco escapó a la desaceleración. El consumo en restaurantes tradicionales de la Ciudad de Buenos Aires acumuló su cuarta caída consecutiva, con un descenso interanual del 3,7% durante junio. En paralelo, los centros comerciales registraron bajas del 7,2% en ventas de indumentaria y calzado y del 13,8% en supermercados, reflejando un comportamiento más prudente de los consumidores.

Las restricciones financieras también siguen condicionando la capacidad de gasto. La recaudación real del IVA retrocedió 4,2%, mientras que las compras realizadas con tarjeta de crédito disminuyeron 5,2% y los préstamos personales cayeron 2,2%, indicadores que muestran un menor uso del financiamiento para sostener el consumo.

El informe de la Universidad de Palermo plantea así un escenario de transición. La mejora mensual observada en junio podría anticipar una recuperación gradual si continúa la estabilización macroeconómica, pero la persistencia de caídas interanuales en la mayoría de los rubros evidencia que el consumo privado todavía enfrenta dificultades para consolidar un cambio de tendencia.

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Día del Amigo 2026: el asado lidera las preferencias y el gasto promedio proyectado asciende a $40.500

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El Día del Amigo volverá a convertirse en uno de los principales motores del consumo de julio. Este año, la celebración presenta una particularidad que amplía las expectativas comerciales: caerá un lunes, en plena primera semana de vacaciones de invierno en gran parte del país, mientras que el domingo previo coincidirá con la final del Mundial 2026. Esa combinación extenderá los festejos durante varios días y generará una ventana más amplia de actividad para la gastronomía, el entretenimiento, el turismo urbano y el comercio minorista.

Un relevamiento de Focus Market proyecta que el gasto promedio por persona para esta celebración alcanzará los $40.500, impulsado por un consumidor que continúa priorizando las experiencias compartidas, aunque bajo una lógica de consumo más racional y planificado.

Según explicó Damián Di Pace, director de la consultora, el calendario de este año permitirá distribuir los encuentros entre el fin de semana previo y los días posteriores, favoreciendo especialmente a bares, cafeterías, cervecerías, restaurantes, comercios de regalos y servicios vinculados al ocio. En un contexto donde el consumo sigue mostrando selectividad, las reuniones sociales funcionan como uno de los pocos segmentos capaces de sostener niveles de actividad por encima del promedio.

Las preferencias gastronómicas reflejan la vigencia de las comidas tradicionales para compartir. El asado encabeza las elecciones con el 28%, seguido muy de cerca por la picada, con el 26%, y la pizza, con el 24%. Más atrás aparecen las empanadas, elegidas por el 15%, las pastas, con el 5%, y otras opciones que reúnen apenas el 2% de las respuestas.

La elección del lugar para reunirse también confirma una búsqueda de equilibrio entre costos y experiencia. El 27% de los consultados planea comprar los alimentos en supermercados o locales especializados para cocinar en el hogar, mientras que el 20% optará por un bar. Las pizzerías concentran el 18% de las preferencias, las parrillas el 13%, los restaurantes el 11%, los servicios de catering el 6% y un 5% anticipa que no celebrará la fecha.

El hogar continúa consolidándose como una alternativa competitiva frente al mayor costo de las salidas. Entre las opciones de delivery relevadas, una promoción de picada para compartir alcanza los $61.700, lo que representa un incremento interanual del 21% respecto de los $52.000 registrados en 2025. En el caso del sushi, una promoción de 40 piezas pasó de $20.000 a $30.000, con una suba del 25%.

Para quienes prefieren celebrar fuera de casa, la oferta también se diversifica. Una fiesta en barco con navegación por la zona de Olivos, cena y acceso al boliche tiene un valor cercano a $50.000, mientras que el ingreso únicamente al evento nocturno ronda los $35.000. Las degustaciones de vino con propuesta gastronómica también se ubican en torno a los $50.000, mientras que los recorridos organizados por bares, con pizza y bebida incluida, parten desde $25.000 por persona.

El mercado de regalos mantiene opciones para distintos niveles de presupuesto. Entre $10.000 y $15.000 predominan productos como tazas de cerámica, pulseras, almohadones personalizados o marcos con fotografías. En el rango de $20.000 a $25.000 aparecen boxes de golosinas, botellas térmicas, chocolates y remeras, mientras que quienes destinan entre $30.000 y $35.000 pueden optar por artículos de diseño, velas aromáticas, accesorios gamer o delantales de jean.

Desde Focus Market sostienen que la coincidencia entre la definición del Mundial y el Día del Amigo constituye un factor adicional para dinamizar el consumo durante todo el fin de semana. El efecto combinado podría traducirse en mayores ventas para restaurantes, cervecerías, servicios de delivery, comercios de bebidas, confiterías, locales de regalos y espacios de entretenimiento, consolidando a las experiencias compartidas como uno de los principales impulsores del gasto en un escenario económico donde el consumidor continúa administrando cuidadosamente cada decisión de compra.

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El consumo de los hogares volvió a crecer en mayo, según la CAC

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El consumo de los hogares mostró una nueva señal de recuperación en mayo, impulsado por una inflación más moderada y una mejora gradual del poder adquisitivo. Según el último informe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), el Indicador de Consumo (IC) creció 0,9% en comparación con igual mes del año pasado y avanzó 0,7% frente a abril en términos desestacionalizados, consolidando el rebote observado durante el último bimestre.

El dato marca un cambio de tendencia luego de un primer trimestre con variaciones interanuales negativas, aunque el ritmo de expansión continúa siendo moderado y todavía insuficiente para recuperar plenamente los niveles de consumo registrados antes del deterioro económico de 2024. De hecho, la CAC remarcó que la serie permanece por debajo del máximo alcanzado a comienzos de 2025.

La mejora se produce en un contexto de desaceleración de la inflación. En mayo, el Índice de Precios al Consumidor registró una variación mensual de 2,1%, el menor incremento desde septiembre de 2025, aunque la inflación interanual todavía se ubicó en 33,2%, un nivel que continúa condicionando las decisiones de gasto de los hogares.

Para la entidad empresaria, la menor presión inflacionaria comenzó a traducirse en una recuperación parcial del ingreso disponible. Ese fenómeno permitió que, por segundo mes consecutivo, los ingresos familiares exhibieran una mejora interanual frente a un período de 2025 que ya había mostrado cierta recomposición tras el fuerte ajuste de 2024.

Sin embargo, la continuidad de esa recuperación dependerá en gran medida de la evolución de los precios durante los próximos meses. La CAC advierte que la estabilidad inflacionaria será determinante para consolidar un mayor poder de compra y sostener el crecimiento del consumo interno.

El comportamiento de los distintos rubros continúa mostrando una recuperación heterogénea. Vivienda, alquileres y servicios públicos fue uno de los principales motores del indicador, con un crecimiento estimado de 7,4% interanual, explicado principalmente por el mayor consumo de servicios públicos. Este segmento aportó 1,3 puntos porcentuales al crecimiento general del índice.

También contribuyó positivamente el conjunto del resto de bienes y servicios, que avanzó 2,7% interanual y explicó otros 1,5 puntos porcentuales del resultado general. Según el informe, este grupo de actividades ya opera en niveles levemente superiores a los observados antes de la pandemia, tomando como referencia mayo de 2019.

En contraste, algunos sectores continúan mostrando debilidad. El rubro de indumentaria y calzado retrocedió 1,7% interanual, mientras que transporte y vehículos registró una caída de 7,7%, afectado por una menor cantidad de patentamientos de automóviles respecto de un año atrás, cuando las ventas habían alcanzado niveles elevados.

La actividad vinculada a recreación y cultura también presentó un retroceso significativo del 10,1% interanual. En este caso, la CAC explicó que la comparación se realiza contra una base muy alta, ya que durante mayo de 2025 el sector había experimentado un crecimiento excepcional de más del 35%.

El informe también vuelve a mostrar una relación cada vez menos lineal entre consumo y actividad económica. Mientras el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en marzo —último dato disponible— una expansión interanual del 5,5%, el Indicador de Consumo había mostrado ese mismo mes una caída del 2,6%, evidenciando que la recuperación macroeconómica no necesariamente se traslada con la misma intensidad al consumo de las familias.

Para provincias como Misiones, donde el comercio representa uno de los principales motores de la actividad económica, estos datos reflejan una recuperación todavía frágil. Si bien la desaceleración inflacionaria comienza a aliviar el presupuesto de los hogares, el consumo continúa condicionado por la evolución del empleo, los salarios reales y el acceso al crédito, variables que definirán si el repunte observado durante el segundo trimestre logra consolidarse en la segunda mitad del año.

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El Gobierno eliminó decenas de regulaciones comerciales y cierra formalmente programas de control de precios

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La Secretaría de Industria y Comercio avanzó con una nueva etapa del proceso de simplificación regulatoria al derogar un amplio conjunto de resoluciones vinculadas a programas de control de precios, mecanismos de financiamiento al consumo, regulaciones sobre mercados y herramientas de intervención estatal que habían perdido vigencia o sustento legal.

La medida, formalizada mediante la Resolución 12/2026, consolida jurídicamente decisiones que en muchos casos ya estaban operativamente desactivadas, pero que continuaban formando parte del entramado normativo. Para el sector privado, el principal efecto es la reducción de incertidumbre regulatoria y la eliminación definitiva de obligaciones administrativas asociadas a programas que dejaron de existir.

Limpieza normativa para un nuevo esquema de mercado

La resolución elimina normas que se habían dictado bajo marcos regulatorios posteriormente derogados, entre ellos la Ley de Góndolas, la Ley de Abastecimiento, el Observatorio de Precios y distintos instrumentos de intervención comercial.

También quedan sin efecto regulaciones asociadas a programas de control de precios implementados entre 2021 y 2024, incluyendo sucesivas actualizaciones de esquemas de referencia para productos de consumo masivo.

Desde la visión oficial, la medida busca depurar el sistema normativo para evitar superposiciones y eliminar disposiciones que ya no tienen aplicación práctica. El argumento central es que la acumulación de normas genera costos de cumplimiento, dudas interpretativas y riesgos jurídicos para empresas y consumidores.

La resolución también cierra administrativamente normativas vinculadas a programas de estímulo al consumo financiado que no fueron renovados durante 2025.

El Gobierno sostiene que la normalización del mercado crediticio torna innecesarios estos mecanismos de subsidio indirecto y que la asignación de recursos debe responder a señales de mercado.

Para las empresas comerciales, industriales y de servicios, la decisión implica que desaparecen definitivamente los marcos regulatorios que acompañaban esos programas, eliminando exigencias de adhesión, reportes o condiciones específicas de participación.

El caso del Fondo Estabilizador del Trigo

Otro punto relevante es la eliminación de normativa complementaria vinculada al Fondo Estabilizador del Trigo Argentino.

El fideicomiso había sido revocado en marzo de 2024 por el Ministerio de Economía, pero permanecían disposiciones reglamentarias asociadas a su funcionamiento. La nueva resolución cierra definitivamente ese capítulo regulatorio.

Para la cadena agroindustrial, especialmente molinos, distribuidores y operadores vinculados al mercado de harinas, la medida representa la desaparición formal de uno de los principales instrumentos de intervención utilizados durante los años previos.

Lo que observan las empresas

Más allá del contenido específico de cada norma derogada, el mensaje que observa el sector privado es la continuidad de una estrategia orientada a reducir la intervención administrativa en mercados y simplificar el marco regulatorio.

Entre los efectos prácticos más relevantes aparecen: Eliminación de normas asociadas a controles de precios que ya no estaban operativas. Reducción de obligaciones informativas derivadas de programas extinguidos. Mayor claridad sobre qué regulaciones permanecen vigentes. Cierre formal de instrumentos vinculados a subsidios y mecanismos de estabilización de precios. Menor riesgo de interpretaciones contradictorias dentro del marco regulatorio comercial.

La depuración normativa no modifica por sí sola los costos de producción, la presión tributaria o las condiciones de financiamiento que enfrentan las empresas. Sin embargo, sí forma parte de una transformación institucional más amplia: la migración desde un esquema basado en programas sectoriales y controles administrativos hacia uno sustentado en reglas generales de mercado.

Para el sector productivo del NEA, el desafío será determinar si esta simplificación regulatoria logra traducirse en menores costos operativos y mayor previsibilidad para invertir, dos variables que continúan siendo más determinantes que la cantidad de normas vigentes.

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