CON SELLO PROPIO

Mitaí, muebles diseñados para el exigente aprendizaje de la niñez

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A finales del siglo XIX y principios del XX, la educadora y médica italiana María Montessori desarrolló un modelo educativo que se caracteriza en poner énfasis en la actividad dirigida por el niño y en la observación clínica por parte del maestro que tiene la intención de adaptar el entorno de aprendizaje del niño a su nivel de desarrollo.

Este método, que lleva el apellido de su autora, se replica en diferentes puntos de todo el planeta, como es el caso de Malén Marcial y Julio Cortinéz que están al frente de Mitaí, un pequeño emprendimiento que fabrica de mobiliarios infantiles. Malén y Julio, apuestan a la creación de productos que acompañen a las infancias desde sus primeros años, teniendo en cuenta medidas, peso y habilidades de acuerdo a cada edad, que les permitan desarrollar su propia autonomía con total libertad.

En diálogo con Economis, Malén explicó como surge esta propuesta que ganó el primer de la cuarta edición de la incubadora de empresas del Parque Industrial y de la Innovación. “Nosotros, con mi pareja, diseñamos y fabricamos muebles, juegos y juguetes basados en la pedagogía Montessori, estos están pensados para que todos los muebles estén a la altura de los niños, que todo esté a su medida, para que ellos puedan ser autónomos e independientes, obviamente siempre con la ayuda de un adulto. La idea es que ellos puedan aprender y hacer las cosas solitos de la casa”.

Para la fabricación de sus productos, Malén y Julio utilizan maquinaria CNC, un pantógrafo a computadora, para ser más específico. Luego de diseñar a mano las ideas o proyecciones, lo digitalizan a través de la PC y, a través de esta, la máquina corta las piezas, para que después sean ensambladas.

Mitaí inició con Julio (o Ernesto como lo llaman desde su entorno más cercano), cuando empezó a fabricar, junto a una señora, souvenir y otro tipo de artesanías. Fue en ese momento en el que le empezó a gustar todos los trabajos realizados en madera y MDF, mientras Malén, que en ese momento todavía cursaba la carrera de Diseño Industrial, había estudiado sobre el Método Montessori, algo que entendió podría ser su diferencial en el emprendimiento el cual ella se limitaba a colaborar únicamente.

Iniciaron con unas sillas pequeñas y otros pequeños muebles que expusieron en la feria Expo Mujer del año 2019, previo a la pandemia. Ese espacio sirvió como vidriera para que el organizador de la Feria Forestal le ofreciera un espacio gratuito en su evento, pero presentando únicamente muebles. “Fue en ese momento que definimos el rumbo, hicimos los diseños y cerramos todo lo que sea de niños. Esto fue en el 2019 donde también cambiamos el nombre, porque antes teníamos otro, le pusimos Mitaí y empezamos a enfocarnos todo a que lo que sea niños y pedagogía Montessori”.

Mitaí, antes de tener ese nombre, ya funcionaba hace tres años, con los primeros trabajos de souvenirs y muebles que se vendían de manera online, hasta que se fue transformando en lo que es actualmente. El emprendimiento de la joven pareja tiene un recorrido de unos pocos años, pero con mucho recorrido en ese breve período de tiempo donde encontraron el diferencial al cual apostar, el camino a seguir.

Luego de establecerse como marca, Malén y Julio (o Ernesto), tenían objetivos sencillos, pero concretos, como ser el contar con un local propio, que hoy se encuentra por la calle 3 de Febrero del centro posadeño, entre las calles Entre Ríos y La Rioja. Pasos firmes y seguros, sin apurarse ni descuidarse, son jóvenes y entienden que es un proceso el que deben transitar, sin caer en el entusiasmo de lo novedoso de su propuesta.

Para quien no comprende del todo la propuesta y entra al local, tardará al menos unos segundos en entender si se trata de un salón de venta de pequeños muebles o una juguetería artesanal. Con elementos distribuidos estratégicamente, cada producto tiene un lugar y una función que Malén no tiene problemas en explicar. Al interiorizarse un poco más en la propuesta, el cliente comprenderá por qué la propuesta fue la ganadora de la cuarta edición de la incubadora de empresas del Parque Industrial y de la Innovación.

“La innovación, el diseño y presentación ante el jurado de la DI Malén Marcial, pero también de los demás competidores, demostraron el fuerte espíritu emprendedor que existe en nuestra provincia”, explicaron desde la organización del evento que premió a la joven pareja de emprendedores.

Proyectate

Mitaí participó de la cuarte edición de la incubadora de empresas del Parque Industrial y la Innovación, Proyectate y se impuso sobre los 500 proyectos inscriptos, de entre los cuales se seleccionaron, entre otros puntos, por criterios de potencial industrial, innovación y desenvolvimiento en su paso por la incubadora de empresas.

Los demás proyectos premiados, en orden de mérito, fueron Bonnat, Prisma, Bici Café, Fyqua, BBSoul, Mini belu, Banco de Residuos, Moringa Vida y Sistema de Energía Solar, conformando los 10 proyectos más prometedores inscriptos en esa edición, que pasaron por los talleres de formación y por la etapa de exposición ante el jurado el pasado viernes 29 de julio en el multiespacio PIIP.

En el caso de la propuesta que plantearon Malén y Julio, se trata de algo más que de objetos que cumplen funciones de juego y guardado, sino que están diseñados especialmente para las necesidades de cada edad, permitiendo que aprendan, observen y manipulen objetos a la vez que juegan y se divierten, estimulando la imaginación de niños y niñas.

“La experiencia del Proyectate estuvo buenísima, el poder ver la cantidad de emprendimientos que hay, la cantidad de ideas de gente joven y gente no tan joven también, que están con ganas de emprender siempre, de hacer cosas nuevas”, destacó Malén y agregó que para ellos fue muy importante poder hablar conocer las oportunidades que hay, todas las ideas y también las experiencias. Es súper importante poder compartir las experiencias y ver que por ahí todo estamos en la misma y siempre estamos ahí buscando algún empuje”.

En ese sentido, la joven emprendedora animó a quienes buscan desarrollar su unidad de negocio a que den el primer paso para concretarlo. “Siempre hay posibilidades y hay un montón de ayuda, tenés ayuda de todos lados, a nosotros nos ayudaron desde Ademi, el Ministerio de Industria, el MiDi, el Parque Industrial, hay un montón de opciones, siempre son capacitaciones gratuitas, a veces no tenés que ni siquiera invertir plata, así que que hay que animarse ya que hay un montón de oportunidades y posibilidades en la Provincia”, advirtió.

Malén y Julio están recorriendo esos primeros pasos, firmes como se mencionara anteriormente, y cumpliendo los objetivos propuestos, pero no se conforman con lo logrado hasta el momento. “Queremos poder crecer un poco más, darnos a conocer, tener más productos en stock para la venta y que sigamos creando cosas”, finalizaron.

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Madeca, zapatillas hechas en Misiones resistentes a todas las crisis

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Apostar al emprendedurismo en la Argentina siempre fue un desafío, sobre todo en contextos de incertidumbre económica y social, como lo fue con la vuelta de la democracia y una estabilidad latente. Sin embargo, eso no fue impedimento para que Daniel Lirussi, un viajante misionero, decidiera iniciar su propia empresa en el año 1983 y pudiendo concretarlo cuatro años después gracias a unos ahorros y con ayuda de quien fue su primer socia y pareja, Teresa Spizzo.

Fue de esta manera que Daniel y Teresa fundaron Madeca S.R.L., una empresa que supo sobrevivir a todos los vaivenes económicos, que aprendió a reconstruirse en base a las adversidades y que se mantiene vigente como una de las industrias más pujantes de la localidad de Garupá. Madeca S.R.L. es una fábrica de manufactura de calzado que nació gracias a la visión de Daniel que conocía el rubro por su trabajo y podía capitalizar clientes que hizo durante sus años como transportista.

En la actualidad, Madeca fabrica entre 600 a 700 pares diarios, entre las tres líneas de producción: Kid Racer, Ladys y Mariner. Desde zapatillas deportivas, sorpassos y ojotas, distribuyen sus productos a 16 provincias, además de varias localidades de Misiones y cuentan con un local comercial ubicado por la avenida Mitre, entre las calles Junín y Ayacucho de Posadas. Todos los productos están registrados de manera independiente bajo la marca global Sportgar (acrónimo de Sport y Garupá).

“La empresa, en sus inicios, era totalmente otra cosa a lo que es ahora, elaboraba zapatillas mucho más elaboradas de lo que fabricamos hoy en día, que son productos mucho más económicos”, explicó Diego Lirussi, uno de los hijos de Daniel y actual socio propietario de la firma, a Economis. Diego, junto a su hermano Pablo, adquirieron el porcentaje de la sociedad correspondiente a su madre Teresa en el año 2012, para administrar el negocio familiar.

En los inicios, las pretensiones de Daniel eran altas, ya que los primeros productos eran calzados de cuero con suelas con cámaras de aire. Las zapatillas eran de una calidad respetable pero con contaba con el hecho de que no podía venderlo al mismo precio que otras marcas establecidas por ser modelos nuevos, de una marca local.

“Daniel quería producir algo de calidad, algo superior que lo hiciera sentir orgulloso”, recuerdan los hijos quienes vivieron el proceso de transformación de la empresa. “Era una zapatilla que tranquilamente podía competir con una Nike o Adidas, pero no eran de estas marcas y no podía cobrarle a la gente lo que valía, eso lo obligó a buscar una alternativa más económica y aumentar el volumen de producción para ganar competitividad”, agregaron.

Esa fue la primer transformación estructural de la empresa, donde empezaron a utilizar la tecnología de inyección directa en la fabricación de los calzados. “Esta técnica implica inyectar la suela directamente a la capellada y aumenta diez veces la producción; si originalmente se producían 150 pares diarios con 20 operarios, la inyección directa nos permite fabricar 700 pares por día con sólo 12 empleados”.

Estos calzados que empezaron a producir tenían un valor de aproximadamente 2,5 dólares, en una época donde la moneda estadounidense y la argentina estaban con el mismo valor.

Madeca ya existía como razón social previo a la fábrica de calzado, como una empresa de logística y fue de ahí que surgieron los primeros clientes. “El ya tenía una clientela y fue instalando de a poco su producto, llevando un muestrario. Al principio tenía más clientes en Misiones, siendo el fuerte Posadas”, recuerdan Diego y Pablo que comentaron que, en esos años, la fábrica trabaja hasta la siesta, donde subían la mercadería a un utilitario y salía a vender los productos, llevándolos personalmente a cada local.

“Iba por todos lados, volvía para las diez de la noche y al otro día a las 5:30 de la mañana ya abría de nuevo la fábrica”. El esfuerzo tuvo sus frutos, ya que después de 30 años, son los clientes los que se acercan a la fábrica ubicada sobre la avenida de Las Américas y Gallardo, a buscar los productos. Además, también envían lotes de productos a Chaco, Formosa, Entre Ríos, Tucumán, Jujuy, Santiago del Estero, Córdoba, Mendoza, Santa Fe y Buenos Aires, por nombrar algunos.

A diferencia de otras empresas del rubro, Madeca se encarga de toda la línea de producción y fabricación. Compran la materia prima y, dependiendo del modelo, eligen el proceso de fabricación: desde la suela, las plantillas, ojales, cordones, capelladas, hasta el packaging y logística. “Tratamos de que el producto final no dependa de un tercero que puede estar a mil kilómetros, nosotros armamos hasta las perchitas donde se cuelgan las ojota que fabricamos para el verano”, explicitaron.

Con un total de 16 trabajadores en las diferentes áreas de producción, Diego y Pablo trabajan codo a codo con los operarios y supervisan que todo funcione correctamente. Si una máquina tiene un desperfecto, cuentan con su propio taller para arreglarlo. De hecho, algunas máquinas fueron fabricadas exclusivamente por los hermanos Lirussi, con ayuda de ingenieros y obreros, con quienes colaboraron en el montaje de herramientas que se ajusten a las necesidades que tiene la empresa y el producto que necesiten fabricar.

A pesar de ser una empresa establecida y con una producción estable, Madeca trabaja para continuar con su crecimiento. “Queremos dar un salto de calidad en nuestra producción y englobar todo en una sola marca que sea representativa de nuestro producto. La idea es ofrecer un mejor calzado, trabajar con el marketing para instalarlo en el mercado misionero, que se reconozca como algo que se hace acá”, señalaron.

Si algo destaca a la empresa, es el sentido de familiar que conserva de sus primeros años y la diversidad etaria de sus trabajadores. “Acá hay operarios que se mantienen desde el inicio, como es el caso de uno que trabajó en la construcción del galpón como ayudante de albañil y quedó a trabajar en la fábrica hasta el día de hoy, además de varios trabajadores que hicieron carrera y se jubilaron acá adentro”, destacan.

De esa misma manera, la acción social es un factor importante en la actividad de la empresa, debido a que donan, con regularidad, calzados a comedores, hogares y fundaciones varias de la zona. “Somos muy partícipes en la comunidad, también pasa que tenemos un lote entero de calzados que salen con una mancha en la tela, que no afecta al producto, pero ya no se puede vender, entonces la donamos completa, con plantilla, cordones, la caja y explicando bien que es en carácter de donación”, advirtien.

Diego y Pablo son la nueva cara de una empresa que supo reponerse a una hiperinflación, a las crisis del 2001 y a cuanto vaivén social y económico atravesó el país. Madeca es una empresa con una visión y seriedad que les permitió emplear a trabajadores y mantenerse vigente, agotando variables que no afecten a sus empleados y les permita mantenerse vigentes por más de 30 años, que no es poca cosa.

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Green abrió las puertas de su primer local de servicios de jardinería, parquización y riego de última generación

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Con un gran despliegue, abrió las puertas de su primer local comercial, Green una empresa de huertas ecológicas, que realizan sistemas de riego por aspersión y goteo, para casas y clubes. Con ya un año d trabajo, donde realizaron importantes obras en diferentes puntos del sur de la provincia y el norte de Corrientes, Green tendrá su local de ventas por la avenida Chacabuco 3257, casi Santa Catalina.

Entre los servicios más importantes que ofrecen se encuentran: Sistema de riego por aspersión, sistemas de riego manual, parquizados, jardines verticales, huertas agroecológicas, huertas hidropónicas, canteros temáticos, podas, diseño de espacios verdes, mantenimientos de jardín y asesoramiento profesional para proyectos del rubro.

“Estamos trabajando hace un año más o menos y ahora que hemos concluido la construcción del local queríamos hacer una inauguración formal para presentarlo al público”, explicó el propietario del salón, Juan María Beigbeder. “Ofrecemos diferentes soluciones para el jardín, hacemos huertas, brindamos servicios de poda y parquizado y realizamos soluciones paisajísticas”, agregó.

A pesar de que el grueso de clientes de Green es la construcción de sistemas de riego para domicilios particulares, explicó que también avanzan en obras de instituciones más grandes. “En este momento estamos haciendo un sistema de riego para un club muy conocido de Posadas (Centro de cazadores). Terminamos la del club Tacurú. Trabajamos con casas, edificios, haciendo jardines verticales”, resaltó y agregó que también le han solicitado sistemas de riego para plantaciones de yerba mate.

Beigbeder señaló que, actualmente, trabajan 7 personas en el local y además, dependiendo del trabajo, suman a trabajadores eventuales. “Incorporamos los sistemas más eficientes de riego por goteo o aspersión, que consumen el mínimo de agua y tienen una efectividad más elevada que en el riego tradicional”.

“Queremos mostrar a las familias que todos pueden tener en sus casas una huerta de donde poder alimentarse mejor. No es una apología a no comprar en las verdulerías, sino un incentivo a la agroecología y a mejorar la alimentación”, aseveró y argumentó que buscan enfocarse en ofrecer un servicio a las familias.

“Esto es para todas familias, no hacen falta grandes inversiones. El rinde es enorme una cuchara de semillas de lechuga te rinde 120 plantas y eso te sirve para todo el año y hablamos de unos 100 pesos por esas semillas. Además explicamos cómo trabajar sin químicos utilizando barreras naturales para evitar las plagas y los insectos”, finalizó.

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Strikell, violines con madera made in Misiones que se exportan al mundo

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Según Wikipedia, la lutería, luthería o laudería es la actividad consistente en fabricar, ajustar o reparar instrumentos musicales de cuerda frotada y pulsada, particularmente violines o guitarras. No obstante, este concepto resulta insuficiente para describir la labor de estos artesanos que crean otros instrumentos para producir más arte y a lo que decidió dedicarse, hace unos años, Jonathan Keller, un joven artista, productor y luthier montecarlense de 32 años que reside actualmente en Buenos Aires y logró insertar su producto al mercado internacional, a través de su empresa Strikell.

Desde muy joven, Johnny, sentía pasión por la música y todas las expresiones artísticas relacionadas, en su Montecarlo natal. Cuando era pequeño era parte del ballet Raíces Nuevas de El Alcázar, con quienes llegó a competir en cuartero de malambo, en festivales como el Laborde de Córdoba y fue terminando la escuela secundaria, cuando decidió que se dedicaría al arte y emigró a Oberá para estudiar el Profesorado de Música en el Instituto Superior del Profesorado de Arte de Oberá (ISPAO).

Luego, durante su cursado en el ISPAO, tuvo la posibilidad de viajar con el ballet por Alemania, Italia, Turquía y Chipre como violinista y con el acompañamiento de Fausto Rizzani. Luego de egresar, en el 2015, volvió a Montecarlo para ejercer como docente, donde incluso llegó a armar una academia de violín. En paralelo a esto, Johnny tiene un gran interés en las producciones audiovisuales, por lo que decidió filmar, junto a su novia, una versión en su instrumento de la canción de Leonard Cohen, Halleluja.

“Ese video llegó a manos de una excelente persona, Agustín Trajtenberg, quien me ofreció la posibilidad de venir a vivir Buenos Aires. Gracias a ello pude arrancar mi carrera como artista acá, arme una pequeña productora y comencé cursos de luthería en el cual logré diseñar el violín que actualmente estamos vendiendo”, explicó Johnny que advirtió que esta actividad hizo que se limitara a su trabajo de producción para enfocarse full time a la construcción de violines.

Trajtenberg cumpliría un rol fundamental en el crecimiento profesional de Johnny, ya que lo ayudó a instalarse en la capital, a conseguir contactos y es, actualmente un inversionista de la marca Strikell. “El proyecto, que había iniciado como un hobby para construir una idea, terminó siendo un emprendimiento, para el cual era necesario darle nombre al mismo, de ahí nació Strikell el cual fue idea de mi madre y una forma de honrar a mis padres, ya que es la unión de mi apellidos materno Strieder y paterno Keller”, advirtió.

Los orígenes

El proyecto de violines eléctricos nace al conocer al Luthier de instrumentos eléctricos Ale Gard en marzo del 2019, al cual había llevado un charango que había estado construyendo por muchos años y un poco frustrado por no poder terminarlo, prefirió pedir ayuda para terminarlo. “Al finalizar ese proyecto con éxito, Ale Gard me ofrece clases de luthería para poder construirme lo que sería mi primer violín eléctrico. Así que a fines de Marzo comienzo a diseñar un primer boceto de como me imaginaba el violín”, advirtió.

Para Johnny debía tratarse de algo original, que mezclara lo moderno con lo clásico, por lo que les surgió la idea de incorporar piezas hechas en impresión 3D, para fusionarlas con el diseño en madera. “En un principio parecía una locura, algo muy complejo de fabricar y sobre todo de plasmarlo en la realidad. En ese momento, luego de tener la idea general y un plano con medidas necesarias, envíe el proyecto a la empresa CHE3D, los cuales llevan a cabo proyectos en impresión 3d”.

En paralelo, arrancaron a construir en madera, junto a Ale Gard, lo que sería la estructura base del violín, sin tener aún las piezas 3D. Para ello utilizaron madera misionera, como ser Cancharana, Guayubira y Guatambú y utilizando la técnica de multilaminado, muy utilizada en guitarras eléctricas y que les permitió tener un instrumento más flexible y con una mejor propagación del sonido por todo el cuerpo.

Al pasar unos meses, luego de tener un primer prototipo finalizado, en mayo de ese mismo año, Agustin Trajtenberg vio el proyecto y decidió impulsar la idea a un nuevo nivel, sumándose como inversor. “Esto permitió que se logre mejorar los prototipos y llevar la fabricación a lo último en tecnología y vanguardia sumando maquinaria CNC y mejorando las piezas 3d junto a Che3D con una precisión y eficiencia aún mayor a las creadas en un principio”, recordó.

Con esta inversión también nació la idea de darle una identidad a cada violín, para que no sea solo un instrumento más de cuerda frotada, sino que tenga un valor adquirido por su identidad. Utilizando diferentes combinaciones de maderas y colores en impresión 3D se diseñaron los tres primeros modelos: TERRA, SALINE y NATURE.

SALINE: Inspirado en las llanuras del altiplano, el Saline, incorpora un color sobrio e imponente como la pureza del blanco. Su armonía con las maderas permite entrever un instrumento muy amable, cálido y con carácter de grandeza.

NATURE: Como su nombre lo indica, fue inspirado en la naturaleza, tiene mucha similitud al Saline ya que comparten el mismo cuerpo de madera de Cancharana, Guatambú y Guayubira, teniendo como jerarquía al Guatambú. Es un instrumento con un sonido muy cálido y con una estética que crea una sensación relajante de equilibrio, estabilidad y frescura.

TERRA: Su diseño nace de la tierra misma, creando un carácter agresivo de pertenencia. La tonalidad cobre transmite fuerza, crecimiento y experiencia. Desde un punto de vista positivo, el color bronce crea en el individuo un sentido de amor hacia los objetos. Las maderas seleccionadas para el cuerpo fueron cancharana, guatambú y guayubira, dándole jerarquía a la cancharana, lo que nos permite tener un violín más ligero con mayores prestaciones equilibrio y sustain.

De Montecarlo al Mundo

Luego de sesiones de fotos y videos, una pandemia, después de muchas pruebas e intentos fallidos y siete prototipos, finalmente los violines se encontraban en su etapa final. Es así que, en Agosto del 2021, existió la posibilidad de viajar a Estados Unidos ya teniendo listo los tres primeros modelos.

“Yo viaje con tres violines conmigo y fui a diferentes casas de música básicamente a mostrarlos, a ver sus opiniones, que consejos podría conseguir para mejorar los violines a futuro, en todas me recibieron muy bien, fui a casas en Los Ángeles, en Las Vegas y en Carolina del Norte, en Durham”, recordó Johnny y explicó que en Carolina del Norte está la casa de violines más famosa del mundo, el cual se dedican a la venta específica de violines eléctricos y exportan a 90 países.

“En las casas que fui de Los Ángeles y Las Vegas apuntaban más a violines tradicionales de orquesta y es por eso que ninguno me ofreció para vender los instrumentos aunque si fueron muy amables probando el violín y dándome sus opiniones y devoluciones”. Fue en la tienda Electric Violin Shop de Durham, donde estuvieron interesados en adquirir los instrumentos que llevó Johnny al país.

“Gracias a esto tuve la posibilidad de conocer a uno de los violinistas eléctricos más famosos del mundo como Matt Bell, quien probó y testeó todos los modelos existentes de fabricantes y luthiers de violines en el mundo en su tienda”. Fue tan bueno el feedback con Matt que, junto al equipo de Electric Violin Shop, le ofrecieron la posibilidad de vender los instrumentos de Strikell en su tienda, que tiene un alcance a más de 90 países, siendo la más famosa en el mundo.

“Lastimosamente en el viaje a Estados Unidos uno de los violines viajó en mi valija y llegó rajado en una parte, jamás lleves un instrumento en valijas de viaje entre la ropa”, rememoró entre risas. Por esto motivo, a pesar de poder mostrarlo porque seguía funcional, no lo pudo vender por la lesión del mástil. Del mismo modo, otro de los violines que había llevado había queda con el mástil levemente más ancho de lo recomendado y era algo incómodo para usarlo, por lo que tampoco consideraba correcto venderlo.

A pesar de esto, el tercer instrumento si se encontraba en óptimas condiciones y sin ningún problema, por lo que lo dejó al local para que lo vendan y no tardó un mes en irse, en manos de la reconocida violinista libanesa, que actualmente reside en Las Vegas, María Bassil. “La idea es enviarles más violines, una vez finalizada la Feria de Música en la Rural, que se llevará a cabo en septiembre. Incluso sumar los de cinco cuerdas que es algo muy original y que están de moda”.

De esta manera, esperan enviar unas primeras ocho unidades, para que lo tengan en el catálogo web de Electric Violin Shop, que serían las tres anteriormente nombradas, más la edición black. Cada modelo tendrá su variante de cuatro y de cinco cuerdas, tendrán un valor de 1.600 dólares para compradores argentinos y de 2.000 dólares para clientes extranjeros, como es el caso de esta tienda norteamericana.

A pesar de haber iniciado con la guitarra, habiéndose recibido de profesor de música con orientación en este instrumento, el violín siempre fue su instrumento predilecto por su sonido. La gira europea junto al ballet, en el 2013 terminó de convencerlo por las cuatro cuerdas con el arco y de proponerse objetivos dentro del mundo de este dulce instrumento.

“Sueño con ver violinistas famosos del mundo con los violines Strikell. Ya de por si, ver a otra persona, de otro lugar, con otras culturas, usar algo que vos lo construiste con tus manos, con mucho amor y dedicación no tiene precio realmente, es muy difícil explicar la sensación de alegría que produce. Además de que te abre muchas puertas a conocer gente en el mundo a fin a lo que a uno le gusta”, finalizó Johnny que actualmente vive el sueño que se propuso de joven… o tal vez un poco más.

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Jóvenes empresarias revolucionaron la producción local de alimentos sin TACC

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Motivos para emprender siempre hay varios, tal vez en la misma cantidad como para no hacerlo. Sin embargo, aquellos que tuvieron esa cuota de osadía y valentía fueron quienes hoy pueden presumir de un emprendimiento exitoso o, cuando menos, en auge. Las dificultades estarán y eso se debe tener tan en cuenta como los objetivos a cumplir, para no desanimarse y seguir.

Eso es algo que hicieron Ana Laura Villalba y Daiana Karaben, dos ingenieras en alimentos que las aulas las hizo amigas, la academia colegas y el oficio las convirtió en socias. Ellas están al frente de Vital Tacc, una creciente tienda de alimentos, a pasos del centro de Posadas, libres de gluten, que cuenta con una amplia variedad de productos elaborados, listos y pre listos para personas con afecciones como la celiaquía o simplemente quienes desean probar una comida diferente.

La fecha inaugural de su local se remonta a octubre del 2017, cuando todavía no contaban con el mobiliario y presentación que las caracteriza en la actualidad, pero sus orígenes vienen desde hace un tiempo atrás. Tal vez sea ese segundo año de cursado de ingeniería que las encontraría y las uniría, un poco sin saber lo que las deparaba en un futuro, o tal vez sea ese enero del 2017 cuando ya cada una tenía su familia, sus trabajos, decidieron emprender por su propia cuenta.

Tanto Ana Laura, como Daiana coinciden en varias cosas: las dos cuentan con 33 años, las dos son ingenieras en alimentos y las dos conformaron una familia con curiosas similitudes, al contar con una pareja y dos jóvenes hijos que las acompañan desde los albores de su amistad, siendo la maternidad, uno de los motivos que las empujó a ir detrás de su propio emprendimiento.

Previo a la creación de Vital Tacc, Daiana trabaja en el sector privado, mientras que Ana Laura se encontraba en el sector público, con una agenda de trabajo que le exigía muchos viajes y traslados que la alejaban de su casa y, sobre todo, de sus hijos. “Fue uno de los principales motivos por el cual decidimos emprender algo propio, algo en el que podamos decidir nosotras y manejar nuestros tiempos, con nuestras familias”, explicó Ana Laura.

El siguiente paso fue decidir de qué se trataría realmente su emprendimiento. Entre idas y venidas, se inclinaron por elaborar alimentos sin TACC, lo que sería el primer riesgo que correrían y que les funcionaría aún cinco años después. “Sabíamos que el porcentaje de población celíaca o intolerante al gluten, pero los pocos productos que se consiguen no son muy atractivos, además todo es para preparar y nosotras decidimos apuntar hacia otro lado y vender un producto ya hecho, pero sobre todo que sea rico y agradable al paladar”, señaló Ana Laura.

Los primeros pasos no fueron fáciles, fue un aprender a cocinar algo más de lo que preparaban en la academia, sobre todo con un producto que requiere de muchos cuidados, donde la contaminación cruzada es uno de los principales riesgos que deben afrontar. “Preparábamos cosas en mi casa, luego en el de Ana Laura, hasta que conseguimos un departamento donde podíamos preparar todo con mayor cuidado”, explicó Daiana, quien agregó que los primeros clientes, como en muchos casos, fueron los allegados.

Como se mencionara anteriormente, emprender requiere riesgos y sacrificios y, al tratarse de dos madres jóvenes, tenían responsabilidades ineludibles. “Es algo que tenemos desde la academia, yo era como la tía del primer hijo de Ana Laura, ya que lo cuidábamos mientras estudiábamos; ahora que tenemos nuestro emprendimiento nos vamos turnando, nos cubrimos, nuestras familias nos ayudan mucho también, es algo progresivo y que podemos hacer gracias a su ayuda”, remarcó Daiana.

En la edición 2017 de la Feria Forestal que se realiza en Posadas, Vital Tacc estuvo presente y fue un escenario que les sirvió de vidriera para captar nuevos clientes en lo que sería ya su actual local, que todavía se encontraba en construcción. “Atendíamos por pedidos, no teníamos mostrador, en un momento una señora nos retó porque dice que fue al local y estaba cerrado, pero es porque no estaba como ahora el local, estábamos instalándonos”, recuerda Ana Laura entre risas.

No obstante, los éxitos no se hicieron esperar y los clientes empezaron a llegar, de todo Posadas y de otros puntos de la Provincia. Una particularidad y que sirvió como motivación, fue el hecho de que, a pesar de contar con un público objetivo, su clientela creció más que ese pequeño porcentaje que esperaban. “Viene bastante gente que no es celíaca, simplemente porque les gusta lo que hacemos, tal vez cuando tienen alguna cena o encuentro y llevan algo listo para algún invitado que es intolerante al gluten o por diferentes motivos, los clientes se van sumando, muchas veces por recomendaciones de otras personas que vinieron antes a comprar y les gustó”, explicó Daiana.

Además de la venta en mostrador, donde se pueden apreciar distintos tipos de panificados dulces y salados, pastas y su producto emblema, que son las empanadas listas para cocinar, abastecen a alrededor de diez comercios y dietéticas de otras localidades, además de mercados locales y hamburgueserías o pizzerías. “La otra semana vino una chica de una rotisería y llevó 40 panes de hamburguesas para el fin de semana y para el lunes ya había vendido todo. Eso nos sorprendió y quiere decir que la gente consume nuestros productos, que gusta”, rememoró Daiana.

Sin embargo, Ana Laura y Daiana entienden que están en los inicios de su trayectoria y apuntan a crecer cada vez más, por lo que no se conforman con el mercado local y buscan expandirse a otras provincias, algo que en un primer intento no les funcionó tan bien, pero tampoco las desanimó. “Enviamos una tanda de empanadas a un comercio de Buenos Aires; el dueño vino una vez a Posadas, probó lo que hacíamos y le gustó tanto que nos pidió que le mandáramos para vender”, recordó Ana Laura.

La experiencia no fue la mejor, en el camino apagaron el motor de refrigeración del transporte y los productos llegaron deteriorados, aplastados y con una presentación poco favorable. “No fue una responsabilidad nuestra, pero ya es un cliente que perdimos y no sabemos si lo vamos a recuperar alguna vez. La logística es un tema delicado y costoso”, advirtieron.

Es por eso que apuntan a crecer en ese aspecto, debido a que amerita un esfuerzo económico muy grande o una inversión difícil de afrontar, sobre todo en tiempos donde la economía regional es tan volátil. “Es algo que deseamos y queremos tratar de resolver de la mejor manera que nos funcione, nos sea rentable y nos permita llegar de manera óptima a un público mayor”, reflexionaron.

Premio CEM Joven

A finales de junio de este año, la Comisión de Jóvenes Empresarios de la Confederación Económica de Misiones (JECEM) realizó la entrega del premio Joven Empresario Misionero 2021 en el contexto del Emprender Misiones que se realizóen el Salón Osde, de Posadas. Allí, Ana Laura y Daiana recibieron el premio a “Emprendedor del año”, gracias a Vital Tacc.

“Fue una situación curiosa, dudamos en ir, porque no solemos participar de nada externo a nuestro emprendimiento, estamos muy abocadas a esto y finalmente decidimos ir, sin saber que recibiríamos el premio”, recordaron las jóvenes empresarias, “hubiera sido muy cómico no asistir y enterarnos luego que recibimos el premio, algo que no esperábamos”, continuaron entre risas.

A pesar de ello, el reconocimiento sirvió para empujarlas a ir un poco más para allá y empezar los preparativos para participar del encuentro de CAME joven, a realizar en el mes de septiembre. “No es algo que buscamos, pero es lindo recibir un reconocimiento por el trabajo que uno realiza, porque sólo nosotras sabemos el sacrificio que hay atrás de todo esto, para que funcione, no es sencillo ser joven empresaria, madre y cumplir con todas las responsabilidades que tenemos”, finalizaron.

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