coparticipación federal

Las provincias moderan su superávit fiscal en el primer trimestre de 2026

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El ajuste fiscal que caracterizó a las provincias durante 2024 y gran parte de 2025 comenzó a mostrar señales de agotamiento. El primer trimestre de 2026 cerró con un consolidado provincial todavía superavitario, aunque con un margen significativamente menor al del año pasado. Detrás de ese resultado aparece un escenario más complejo: los recursos crecieron por debajo de las necesidades de gasto, mientras las diferencias estructurales entre provincias se profundizan.

Según el último informe de la Fundación Encuentro sobre federalismo fiscal, el conjunto de las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires registró un superávit primario equivalente al 4,9% de sus ingresos durante el primer trimestre de 2026, frente al 9,3% alcanzado en igual período de 2025. El resultado financiero también permaneció en terreno positivo, con un saldo del 2,4%, aunque igualmente inferior al observado un año atrás.

La explicación principal reside en el comportamiento dispar entre ingresos y gastos. Mientras los recursos totales retrocedieron un 3,1% en términos reales respecto del primer trimestre del año pasado, el gasto primario aumentó un 1,6%. Esa combinación redujo el margen fiscal de las administraciones provinciales, aunque sin comprometer, por el momento, el equilibrio general de las cuentas públicas.

El informe advierte que el fenómeno no responde únicamente a una cuestión coyuntural. La estructura financiera de las provincias continúa exhibiendo una fuerte dependencia de los recursos nacionales, principalmente de la coparticipación y de las transferencias automáticas. Dentro de los ingresos propios, el Impuesto sobre los Ingresos Brutos sigue siendo la principal fuente de financiamiento, lo que hace que la recaudación provincial permanezca estrechamente vinculada al nivel de actividad económica.

Del lado del gasto, la capacidad de ajuste continúa siendo limitada. Más del 84% del gasto primario provincial se concentra en tres grandes rubros: salarios del sector público, transferencias corrientes y prestaciones de seguridad social. Se trata de componentes de elevada rigidez presupuestaria, cuya reducción resulta compleja tanto desde el punto de vista político como operativo.

Esta configuración explica por qué una desaceleración económica o una caída de la recaudación impactan rápidamente sobre las finanzas provinciales. Cuando los ingresos disminuyen, el margen para compensar ese efecto mediante una reducción del gasto resulta acotado.

Aun así, el informe destaca que la situación patrimonial del conjunto de las provincias continúa siendo relativamente sólida. El stock consolidado de deuda representa el 91% de los ingresos trimestrales, por encima del 83% registrado un año antes, aunque todavía en niveles considerados manejables en términos históricos.

Sin embargo, esa lectura general esconde profundas diferencias entre jurisdicciones. Mientras algunas provincias prácticamente no registran endeudamiento relevante, otras presentan niveles considerablemente elevados. Buenos Aires lidera el ranking con una deuda equivalente al 172% de sus ingresos trimestrales, seguida por La Rioja, con un 149%. Esta heterogeneidad condiciona de manera muy distinta la capacidad financiera de cada administración para afrontar inversiones o responder ante eventuales shocks económicos.

Otro elemento de atención es la composición del pasivo. Cerca del 80% de la deuda provincial permanece denominada en moneda extranjera, lo que incrementa la exposición frente a eventuales movimientos del tipo de cambio o restricciones en el acceso a divisas.

El calendario financiero también comienza a cobrar relevancia. Durante el resto de 2026 las provincias deberán afrontar vencimientos de títulos públicos en moneda extranjera por aproximadamente 1.200 millones de dólares, mientras que en 2027 los compromisos ascenderán hasta los 2.800 millones. Este escenario obliga a monitorear tanto la evolución del riesgo país como las condiciones de acceso al financiamiento internacional, especialmente para aquellas jurisdicciones con mayores necesidades de refinanciación.

El informe deja una enseñanza central para el debate federal argentino. La sostenibilidad fiscal ya no depende únicamente del equilibrio presupuestario. También exige avanzar en una mayor diversificación de las fuentes de ingresos provinciales, fortalecer la capacidad de generación de recursos propios, mejorar la eficiencia del gasto público y reducir las fuertes asimetrías entre jurisdicciones.

La consolidación de reglas fiscales previsibles, junto con una estrategia que permita disminuir la dependencia de la coparticipación y administrar prudentemente el endeudamiento en moneda extranjera, aparece como uno de los principales desafíos para fortalecer el federalismo fiscal y dotar a las provincias de mayor autonomía frente a los cambios del ciclo económico.

Informe Fiscal y Financiero Provincias y CABA by CristianMilciades

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Santilli suma poder, la Vicejefatura del Interior tendrá el manejo de los ATN

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La reorganización del Estado nacional continúa redefiniendo el esquema de poder dentro de la administración de Javier Milei. Mediante la Resolución 64/2026, publicada este martes en el Boletín Oficial, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, delegó en la Vicejefatura de Gabinete del Interior la facultad de asignar el Fondo de Aportes del Tesoro Nacional (ATN), una herramienta clave para asistir financieramente a las provincias ante situaciones de emergencia o desequilibrios fiscales.

La decisión transfiere esa competencia al vicejefe de Gabinete del Interior, Gustavo Coria, quien desde la desaparición del Ministerio del Interior quedó al frente de la articulación política y administrativa con los gobiernos provinciales. En términos institucionales, la medida consolida la concentración de funciones que inició el Gobierno con el Decreto 571/2026, mediante el cual la Jefatura de Gabinete absorbió las atribuciones que históricamente ejercía esa cartera.

La resolución fundamenta la delegación en la necesidad de garantizar “los principios de legalidad, eficacia, celeridad, economía y sencillez del procedimiento administrativo”. Bajo ese argumento, el Ejecutivo considera que descentralizar la firma dentro de la propia estructura de la Jefatura permitirá agilizar la distribución de los recursos cuando las provincias requieran asistencia extraordinaria.

Los ATN constituyen uno de los instrumentos más sensibles del federalismo fiscal argentino. Regulados por la Ley de Coparticipación Federal N.º 23.548, estos fondos tienen como destino exclusivo atender emergencias, contingencias o desequilibrios financieros que afecten a las administraciones provinciales. Si bien forman parte del régimen de distribución de recursos nacionales, su asignación es discrecional y depende de una decisión del Poder Ejecutivo.

Hasta la reciente reforma del organigrama estatal, esa facultad correspondía al Ministerio del Interior, tradicional interlocutor político de la Nación con los gobernadores. Con la eliminación de esa cartera y la absorción de sus competencias por la Jefatura de Gabinete, la administración de los ATN pasó formalmente a la órbita de Diego Santilli, quien ahora optó por delegarla en uno de sus colaboradores más cercanos.

El movimiento también fortalece el perfil político de Gustavo Coria dentro del gabinete nacional. El funcionario llegó al Gobierno de la mano de Santilli cuando éste asumió como ministro del Interior y permaneció como viceministro hasta la reestructuración institucional. Tras la reforma impulsada por el Ejecutivo, fue designado como vicejefe de Gabinete del Interior, cargo desde el cual centraliza la coordinación con las provincias y ahora también administrará uno de los principales mecanismos de asistencia financiera nacional.

Antes de desembarcar en el Gobierno nacional, Coria desarrolló su carrera en la Ciudad de Buenos Aires durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta. Se desempeñó inicialmente como jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad y posteriormente asumió como ministro de Seguridad y Justicia porteño, experiencia que consolidó su vínculo político con Santilli y el equipo que hoy ocupa posiciones estratégicas dentro del Ejecutivo.

Desde una perspectiva política, la resolución no modifica el destino legal de los recursos ni los criterios establecidos por la Ley de Coparticipación, pero sí redefine el circuito administrativo y concentra en la Vicejefatura del Interior una herramienta de alto impacto en la relación entre la Casa Rosada y los gobernadores. En un contexto de fuerte ajuste fiscal y negociaciones permanentes con las provincias, el manejo de los ATN adquiere un valor estratégico tanto para atender emergencias como para sostener la coordinación institucional entre la Nación y los distritos.

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El superávit nacional y el costo silencioso que pagan las provincias

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En materia económica, pocas discusiones generan hoy tanto consenso como la necesidad de ordenar las cuentas públicas. Después de más de una década de déficits fiscales casi permanentes, la búsqueda del equilibrio financiero aparece como una condición necesaria para estabilizar la economía argentina, reducir la inflación y reconstruir la confianza. Sobre ese objetivo, incluso el peronismo se sumó a la ola: el equilibrio fiscal llegó (aparentemente) para quedarse.

Sin embargo, alcanzar el equilibrio fiscal no es solamente una cuestión de números. También importa cómo se llega a ese resultado, quién absorbe el costo del ajuste y cuáles son sus efectos sobre el resto de la economía. Porque las cuentas públicas no son compartimentos estancos: el ahorro de un nivel del Estado muchas veces implica menores recursos para otro. Y eso es precisamente lo que muestran las finanzas provinciales desde el inicio de la actual gestión nacional. Nada que no hayamos ya dicho en innumerables ocasiones, pero que cada mes vale la pena repasar. 

El Gobierno nacional exhibe mes tras mes el superávit fiscal como uno de los principales logros de su programa económico. Es un dato objetivo. Pero existe otra realidad, mucho menos visible, que también merece formar parte del análisis: una parte significativa de ese ordenamiento se consiguió reduciendo las transferencias hacia las provincias, tanto las automáticas como, especialmente, las discrecionales. El resultado fue un deterioro profundo de la capacidad financiera de los gobiernos subnacionales, cuyas consecuencias comienzan a sentirse sobre la actividad económica del interior del país. Otra vez: ya lo hemos dicho hasta el cansancio, pero cada cierre de mes, al observar los datos de coparticipación y transferencias nacionales, vuelve el tema a la agenda (y a la preocupación).

Las transferencias automáticas representan el principal vínculo financiero entre la Nación y las provincias. La coparticipación federal explica la mayor parte de esos recursos y constituye la fuente de financiamiento más importante para la mayoría de las jurisdicciones. Su comportamiento depende de la evolución de la recaudación de impuestos coparticipables y, por lo tanto, del desempeño de la economía. Los datos permiten observar con claridad lo ocurrido desde comienzos de 2024; es decir, en la era Milei.

Durante prácticamente todo ese año las transferencias automáticas registraron fuertes caídas en términos reales. En nueve de los doce meses del año hubo caídas, de las cuales ocho fueron en dos digitos llegando a máximos como -26,8% en marzo. 

Sobre el cierre de año (noviembre y diciembre) comenzaron a observarse algunas mejoras, que se dieron principalmente como rebote, pero esa incipiente recuperación nunca alcanzó para compensar el derrumbe acumulado durante tres cuartas partes del período. 

En términos económicos, recuperar una parte de lo perdido no implica volver al punto de partida. Solo en 2024, el conjunto de provincias perdió, mirándolo a precios actuales, unos $ 8,5 billones de pesos

La expectativa era que, superado ese impacto, 2025 consolidara una trayectoria más favorable. Pero eso tampoco ocurrió. Si bien el año inició con fuertes rebotes (productos de la muy baja base comparativa), a partir del tercer trimestre se vieron deterioros en la trayectoria, con reducción en la velocidad de recuperación como también con caídas (como septiembre y noviembre). Esto marcaba el hecho de que la recaudación no encontraba un ritmo estable de recuperación, y por ende, la economía seguía estando muy inestable sin lograr consolidar una recuperación homogénea. El acumulado de ese año, aun con ello, cerró con una relativa mejora: se “recuperaron” unos $ 1,3 billones, aunque el saldo acumulado seguía siendo altamente negativo (-$ 7,2 billones perdidos en dos años).

Lejos de mejorar definitivamente, durante 2026 la situación volvió a deteriorarse y con fuerza. En los primeros seis meses del año, cinco registraron caídas reales interanuales y solamente mayo logró mostrar un crecimiento impulsado por un factor tributario estacional. El saldo acumulado del primer semestre muestra pérdidas por $ 1,1 billones contra el primer semestre de 2025 y, a su vez, los 30 meses de gobiernos completos de Milei dejan un saldo negativo de $ 8,3 billones para las provincias, solo por envíos automáticos. Es decir, más de dos años después del inicio del nuevo esquema económico, las transferencias automáticas siguen presentando un escenario altamente deteriorado.

Pero si la evolución de la coparticipación genera preocupación, las transferencias no automáticas describen un panorama todavía más contundente. Históricamente, estos recursos permitían financiar obras públicas, programas específicos, asistencia financiera extraordinaria y distintas políticas acordadas entre la Nación y las provincias. Su distribución siempre fue objeto de debate por su carácter discrecional, pero constituían una herramienta relevante para atender desequilibrios fiscales o impulsar inversiones estratégicas.

Con la llegada de la nueva administración nacional, esa herramienta prácticamente desapareció. Los números son elocuentes. Durante 2024 las transferencias no automáticas registraron caídas reales en todos los meses, superiores en todos los casos al -70% real. En moneda de hoy, se recortaron envíos por $ 7,9 billones. 

En otras palabras, el Gobierno nacional eliminó prácticamente la totalidad de los instrumentos de financiamiento provincial. 

Hacia 2025, se puede ver de nuevo una relativa recuperación de estos envíos, con subas en los primeros siete meses de ese año. Sin embargo, esas subas se dieron (otra vez) contar una base de comparación que era extraordinariamente baja, casi nula en algunos casos. Crecer respecto de un año en el cual las transferencias virtualmente desaparecieron no significa haber recuperado los niveles previos. El saldo acumulado mostró una recuperación equivalente a los $ 800 millones, apenas un 10% de lo perdido en 2024.

La evidencia más reciente confirma el sesgo bajista de este cuadro. Durante el primer semestre de 2026 las transferencias no automáticas volvieron a registrar caídas reales muy significativas en todos los meses, llegando a su pico en junio con -87,7% con una en particular: los envíos de junio de 2026 fueron los más bajos para ese mes desde 2005. En otras palabras, el peor junio en veinte años. Por ende, lejos de consolidarse una recomposición, la asistencia a provincial volvió a retraerse con fuerza. Esto produjo que el primer semestre termine con una caída del 62% interanual, siendo el peor primer semestre también en veinte años. De este modo, en los 30 meses completos de Milei en el gobierno nacional, se recortaron transferencias a provincias por un total, a precios actuales, de $ 8,1 billones

Así, la tendencia que muestran los datos es clara: desde el inicio de la actual administración nacional las provincias reciben considerablemente menos recursos provenientes de la Nación: sumando las pérdidas por transferencias automáticas y no automáticas de los últimos treinta meses, las provincias resignaron ingresos por $ 16,5 billones a precios actuales.

Las consecuencias de este proceso exceden ampliamente el plano contable. Las provincias no administran recursos para acumularlos. Los utilizan para financiar hospitales, escuelas, rutas, seguridad, programas sociales, salarios públicos, infraestructura y servicios esenciales. Cuando los ingresos disminuyen de manera persistente, las alternativas disponibles son pocas: reducir gastos, postergar inversiones, incrementar la presión tributaria provincial o aumentar el endeudamiento, cuando ello resulta posible.

En mayor o menor medida, todas esas respuestas comenzaron a observarse durante los últimos dos años. Muchas jurisdicciones redujeron el ritmo de ejecución de obras públicas. Otras demoraron inversiones en infraestructura, equipamiento o mantenimiento. Algunas intensificaron la utilización de impuestos provinciales para compensar parcialmente la pérdida de recursos nacionales o, también, la toma de deuda. En varios casos también aparecieron crecientes dificultades para sostener los compromisos salariales con los trabajadores estatales.

Pero existe además un efecto menos visible y probablemente más importante: el impacto sobre la actividad económica. Cada peso que deja de ingresar a una provincia representa menor capacidad de gasto dentro de esa economía regional. Menos obra pública implica menor demanda para empresas constructoras, industrias proveedoras de materiales, transportistas y profesionales. Menores compras del Estado afectan directamente a cientos de pequeñas y medianas empresas que dependen de la contratación pública. Salarios públicos que pierden poder adquisitivo reducen el consumo en comercios y servicios locales. Todo ello termina repercutiendo sobre el empleo, la inversión y el nivel de actividad.

En definitiva, el ajuste nacional no concluye en el Ministerio de Economía. Se transmite hacia las provincias y desde allí al entramado productivo de cada región. Esto adquiere una relevancia aún mayor en el norte argentino, donde la dependencia de los recursos nacionales resulta significativamente superior a la observada en las jurisdicciones con mayor capacidad de recaudación propia. Para muchas provincias del NOA y del NEA, la coparticipación constituye el principal sostén de sus presupuestos. Cuando esos recursos pierden poder de compra y las transferencias discrecionales prácticamente desaparecen, el margen de maniobra fiscal se reduce de manera considerable.

Por supuesto, reconocer este fenómeno no implica desconocer la necesidad de ordenar las cuentas públicas. Tampoco supone defender los excesos del pasado ni cuestionar el objetivo de alcanzar un Estado fiscalmente sostenible. El verdadero debate pasa por la distribución del esfuerzo. Hasta ahora, buena parte del ajuste fue absorbido por las provincias. Mientras la Nación exhibe superávits crecientes, los gobiernos provinciales administran presupuestos cada vez más tensionados, con menos recursos para cumplir responsabilidades que siguen siendo esencialmente las mismas.

En ese contexto, celebrar únicamente el resultado fiscal nacional implica observar apenas una parte del problema. El equilibrio de un nivel del Estado no necesariamente refleja el equilibrio del sistema en su conjunto. Si el ordenamiento de las cuentas nacionales se consigue trasladando recursos y obligaciones hacia las provincias, entonces el costo simplemente cambia de lugar. 

Así, el balance global de la era Milei continúa siendo claramente desfavorable para las finanzas provinciales. Las provincias disponen hoy de menos recursos nacionales, cuentan con menor capacidad para impulsar políticas propias y enfrentan crecientes restricciones para sostener el nivel de actividad en sus economías. El superávit fiscal nacional podrá ser una condición necesaria para estabilizar la macroeconomía. Pero difícilmente alcance para garantizar el desarrollo si ese equilibrio se construye sobre unas provincias financieramente más débiles.

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AFoAMi respaldó la eliminación del pago anticipado de Ingresos Brutos y pidió avanzar hacia una reforma tributaria integral

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La Asociación Forestal y Ambiental de Misiones (AFoAMi) respaldó la decisión del Gobierno provincial de suspender, desde el 1° de julio, el régimen de pago a cuenta del Impuesto sobre los Ingresos Brutos en los puestos de control fiscal sobre rutas, al considerar que la medida representa un avance concreto para mejorar la competitividad de las empresas misioneras y aliviar una de las principales cargas financieras que enfrentaba el sector productivo.

La entidad sostuvo que la eliminación de este mecanismo constituye una señal positiva para la actividad económica, aunque planteó que el desafío de fondo pasa por consolidar una política tributaria más previsible y extender progresivamente este tipo de beneficios a la totalidad de las pequeñas y medianas empresas de la provincia.

Desde AFoAMi remarcaron que la previsibilidad, la seguridad jurídica y la estabilidad de las reglas fiscales son factores determinantes para atraer inversiones y fortalecer el entramado productivo. En ese sentido, advirtieron que las empresas necesitan contar con marcos impositivos estables para planificar proyectos de largo plazo, fortalecer su capital de trabajo, ampliar su capacidad productiva y generar empleo.

La posición de la entidad forestal se inscribe en un debate más amplio sobre la competitividad de Misiones, una provincia que históricamente sostiene que enfrenta desventajas estructurales derivadas del régimen de coparticipación federal y de su condición de provincia fronteriza. Según AFoAMi, estas asimetrías reducen la capacidad competitiva de las empresas locales frente a otras jurisdicciones y justifican la necesidad de avanzar en reformas tanto a nivel provincial como nacional.

Por esa razón, la asociación también reclamó la intervención de los legisladores nacionales por Misiones para impulsar modificaciones que permitan corregir esas diferencias y mejorar las condiciones de desarrollo económico de la provincia.

Al mismo tiempo, la entidad planteó la necesidad de revisar los mecanismos de recaudación tributaria que obligan a las empresas a anticipar impuestos antes de concretar sus operaciones comerciales. Desde su perspectiva, este tipo de esquemas inmoviliza recursos financieros que podrían destinarse a inversión, compra de insumos, ampliación de la producción o generación de nuevos puestos de trabajo.

“La recaudación no debería afectar el capital de trabajo de las empresas”, sintetiza el planteo institucional, que propone evolucionar hacia un sistema tributario orientado a incentivar la actividad privada en lugar de restringir la liquidez empresarial.

El pronunciamiento cobra relevancia en un contexto donde distintas cámaras empresarias vienen planteando la necesidad de reducir el denominado “costo argentino”, una agenda que incluye la revisión de tributos nacionales, provinciales y municipales para recuperar competitividad frente a otros mercados.

Para AFoAMi, la suspensión del pago anticipado de Ingresos Brutos puede convertirse en el punto de partida de una transformación más profunda del esquema tributario provincial. En ese sentido, la entidad manifestó su disposición a acompañar todas las iniciativas que favorezcan una provincia “más competitiva, con mayor producción, más inversiones y más oportunidades para el desarrollo sostenible”

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La coparticipación de Misiones cayó 4,1% en junio y perdió más de $33.000 millones en el semestre

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Las transferencias automáticas de recursos de origen nacional volvieron a retroceder en junio y profundizaron el escenario de menor disponibilidad de fondos para las provincias. En ese contexto, Misiones recibió $222.880 millones, un monto que representa una caída real interanual del 4,1%, exactamente en línea con el promedio nacional, según el informe elaborado por Politikon Chaco.

El resultado confirma que el alivio observado en mayo fue apenas transitorio. En junio, las transferencias automáticas distribuidas entre las provincias y la Ciudad de Buenos Aires alcanzaron $6,95 billones, pero en términos reales se ubicaron 4,1% por debajo del mismo mes del año pasado. La principal explicación volvió a estar en la fuerte caída de la coparticipación, afectada por una menor recaudación del Impuesto a las Ganancias y del IVA.

La coparticipación volvió a ser el principal problema

Los recursos provenientes de la Coparticipación Federal de Impuestos, que representan el 77% del total distribuido, registraron una caída real del 8,4% interanual. El deterioro estuvo impulsado por un desplome del 14,2% en la recaudación del Impuesto a las Ganancias, acompañado por una baja del 4,1% en el IVA, además de retrocesos en los impuestos internos y otros tributos coparticipables.

En contrapartida, los fondos correspondientes a Leyes y Regímenes Especiales crecieron 12,9% en términos reales, impulsados por Bienes Personales, el impuesto a los Combustibles, el Régimen de Energía Eléctrica y el Monotributo. También aumentaron los recursos por Compensación del Consenso Fiscal, con una mejora del 17,4%. Sin embargo, esos incrementos no alcanzaron para compensar el derrumbe de la coparticipación.

El impacto en Misiones

La estructura se repitió en la provincia.

Misiones recibió en junio:

  • $171.031 millones por Coparticipación Federal, con una baja real del 8,4%.
  • $41.778 millones por Leyes y Regímenes Especiales, con un crecimiento del 14,7%.
  • $10.070 millones por Compensación del Consenso Fiscal, que aumentó 6,5%.

Aun así, el saldo final fue negativo y dejó a la provincia con una disminución real del 4,1% respecto de junio de 2025.

En el ranking nacional, Misiones quedó prácticamente sobre el promedio del país. Mientras Córdoba (-2,4%), Salta (-2,6%) y Catamarca (-2,7%) registraron las menores bajas, la Ciudad de Buenos Aires sufrió el mayor retroceso (-8,1%). Misiones compartió el nivel del promedio nacional con una caída del 4,1%, mientras Corrientes retrocedió 4,3%, Chaco 4,6% y Formosa 4,6%.

Un semestre que también cerró en rojo

El balance de los primeros seis meses del año tampoco dejó margen para el optimismo.

Entre enero y junio, las provincias y la Ciudad de Buenos Aires recibieron $36,92 billones, con una caída real acumulada del 2,8%, equivalente a una pérdida de $1,11 billones a valores actuales. Se trata de un desempeño inferior al de 2025, pero también por debajo de los niveles registrados en 2023, 2022 y 2021.

Para Misiones, el semestre cerró con transferencias por $1,182 billones, un descenso real del 2,6% frente al mismo período del año pasado. Traducido a pesos constantes, la provincia dejó de percibir el equivalente a $33.066 millones, una cifra que refleja el costo acumulado de la menor recaudación nacional sobre las finanzas provinciales.

Aunque Misiones figura entre las jurisdicciones con menores caídas acumuladas -sólo detrás de Catamarca, Buenos Aires, Salta, Tucumán y Neuquén-, el resultado mantiene la tendencia negativa que viene condicionando los ingresos automáticos de las provincias durante 2026.

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