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¿Qué margen hay para crecer en 2026?

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Se fue nomás el 2025, un año que empezó con altas expectativas pero que fue, otra vez, presa de las propias inestabilidades políticas y económicas argentinas. En ese contexto, las provincias han sufrido nuevamente un escenario de caída de recursos, de discrecionalidades centralistas y de falta de apoyo traducido en fondos que condicionaron notablemente las gestiones presupuestarias en el territorio. Pero aún más: también sufrieron consecuencias de cambios normativos, totalmente inconsultos, que agravaron aún más esos problemas y que todo indica que seguirán haciéndolo.

Al cerrar diciembre, pudimos ver cómo fue el desempeño de los fondos nacionales que se reparten automáticamente a las provincias en el año. La performance del año fue pobre y solo estuvo parcialmente salvada por aspectos puntuales y no sostenibles. Veamos el caso Misiones: los recursos por coparticipación terminaron el 2025 con variación 0%; es decir, en pesos constantes, se recibió exactamente lo mismo que en 2024, un año donde había caído 9% contra el 2023. Por ende, estos fondos siguen muy retrasados y se dio lo que se temía: no se logró crecer contra un año que, a priori, debía ser un piso del cual rebotar. Por otro lado, el conjunto de Leyes Especiales, que hacia mitad de año mostraban una buena dinámica, cerraron el 2025 con una variación de apenas +0,2% contra 2024, año donde habían caído 16%. De nuevo: no se logró crecer contra lo que era un piso de reparto. ¿Qué fue lo que salvó el año? La Compensación del Consenso Fiscal, que creció 91,6%. Estos fondos representaron el 4,8% de los envíos automáticos a Misiones en el año, cuando en 2024 representaron el 2,6%.

¿En qué se basó esa suba? Para esto, recordemos que son las transferencias por compensación del Consenso Fiscal. Estos tienen su origen en los acuerdos fiscales firmados entre la Nación y las provincias a partir de 2017, en el marco del Consenso Fiscal, cuyo objetivo fue ordenar la relación tributaria interjurisdiccional y avanzar en la reducción gradual de impuestos distorsivos a nivel provincial. Como contrapartida a la pérdida de recursos que implicaban esos compromisos (principalmente la baja de Ingresos Brutos y Sellos), se establecieron mecanismos de compensación financiados con recursos nacionales, destinados a sostener los ingresos provinciales durante el período de transición.

Con el paso del tiempo, y tras sucesivas adendas y renovaciones de esos acuerdos, la compensación quedó institucionalizada como una transferencia automática y diaria, distribuida según cálculos teóricos administrados por la DNAP. De este modo, los fondos de Compensación del Consenso Fiscal pasaron a formar parte del esquema regular de transferencias automáticas. Pero estos fondos no surgen de la recaudación tributaria (a diferencia de la coparticipación y de las leyes especiales), sino que salen del Tesoro y se distribuyen según un cálculo preestablecido. Por ende, sus subas (o bajas) dependen de esos cálculos.

En sus inicios, estos fondos debían ser actualizados por inflación cada tres meses, pero eso no siempre se cumplió. Ello derivó en reclamos, algunos incluso judicializados, de provincias ante la Nación y quedó etiquetado como “deuda del Estado nacional a provincias”, lo que permitió que muchos distritos hayan compensado mutuamente pasivos incluyendo estos envíos. Pero a la par, este 2025 la Nación aplicó actualizaciones y permitió que crezcan de manera importante, al mismo tiempo que a una determinada cantidad de provincias se les haya transferido una porción significativamente mayor a la establecida justamente como cancelación parcial de deuda acumulada.

Entonces, hay dos cosas a destacar: en primer lugar, bienvenido que la Nación se “ponga al día” en este concepto; pero, en segundo lugar, que esto haya sido el motivo para que las transferencias automáticas hayan terminado con leve alza refleja la débil sostenibilidad de los fondos nacionales. Lo que las provincias necesitan es recomposición real de la coparticipación, que solo se dará por vía de mejora y expansión de la actividad económica.

Con esto en consideración, abrimos alertas para el 2026. La primera: la actividad seguirá mostrando heterogeneidades en su evolución. Esto es: la economía va a seguir creciendo, pero apoyada en sectores de bajo derrame como la minería y la energía. Esto no logrará impulsar el consumo, por ejemplo, y ante ello, el IVA no podrá mostrar una expansión muy significativa, lo que producirá que no haya más fondos para distribuir entre los estados subnacionales. 

Pero además, se suman otros dos problemas de tipo normativo: los cambios que propone el proyecto de Reforma Laboral y que impactan sobre fondos coparticipables. Primero: las alícuotas del impuesto a las Ganancias de empresas se reducirán en las escalas más altas: las que pagan el 30% bajarían a 27% y las que tributan el 35% pasarían a 31,5%. Esto va a impactar en la recaudación general del impuesto y, por ende, en su distribución a las provincias. 

Segundo: eliminación de Impuestos Internos, que también son parte de la masa coparticipable. Esto provocará una pérdida de casi 1,7 billones para las provincias; Misiones, en ese marco, dejaría de percibir unos 57 mil millones de pesos, según las proyecciones existentes.

Si bien las reformas tributarias y el alivio a empresas son necesarias para reactivar la actividad, el Gobierno nacional avanza de manera unilateral sin considerar sus impactos en las cajas provinciales: en caso de darse una pérdida de recursos como la detallada antes, estamos en las puertas de un 2026 donde las provincias van a volver a sufrir por menores ingresos y, por ende, más dificultad para aplicar políticas de desarrollo que colaboran con la expansión de la economía a nivel local.

El grado de desfinanciamiento a los subnacionales es fenomenal: pensemos solo en el caso misionero. En 2025, comparado con 2023, la provincia perdió unos 179 mil millones de pesos de recursos automáticos; además, perdió otros 188 mil millones de pesos por fondos no automáticos. Dicho de otro modo: en este año que acaba de terminar dispuso de 367 mil millones de pesos menos que en el año 2023, el equivalente a casi tres masas salariales mensuales.

Para 2026 ya se arranca con una alerta: la potencial merma de fondos por las reformas antes mencionadas, que pueden sumarse a otras cuando se presente la Reforma Tributaria, que posiblemente también recorte fondos a distribuir entre las provincias. Esto, y sin la garantía de que una eventual mejora de la actividad realmente impacte en las arcas nacionales y, por ende, en las provinciales, equivale a pensar en un nuevo año de pensar más en cómo “sobrevivir” que en desarrollarse y lograr avanzar en los desafíos pendientes.

¿Qué margen hay para crecer entonces? Desde el punto de vista subnacional, poco. Nuevamente, condicionado por una política centralista unilateral cuya única respuesta es “arréglenselas”. Bienvenido 2026, ojalá no seas lo que parece que vas a ser.

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Es hora de modernizar las medidas de crecimiento

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Escribe Rebecca Riley / F&D FMI – Las evaluaciones de las economías mundiales pueden estar equivocadas en billones de dólares. Las métricas existentes como el PIB, los precios al consumidor, la productividad y similares están luchando por igualar el rápido ritmo de cambio en tecnología, modelos de negocio y comportamiento del consumidor en la economía actual basada en datos. Se necesita una innovación continua en los sistemas de medición de crecimiento para evitar una brecha creciente entre lo que se mide y la nueva y cada vez más diversa realidad económica que vivimos.

Sin información precisa sobre el verdadero estado de la economía, los responsables de la política económica quedarán en la oscuridad, sin saber cuándo pisar el acelerador para contrarrestar una recesión o frenar para frenar la inflación. Sin información detallada sobre la estructura de la economía, no pueden saber cómo promover mejor el crecimiento económico para todos. Esto resulta más que extraño en un mundo digital caracterizado por abundantes datos nuevos que podrían ayudar a monitorizar la economía y a guiar la acción de banqueros centrales, fiscales y responsables de la política económica en general.

Es hora de replantear la infraestructura crítica de las estadísticas económicas clave. Esto significa que nuestros conceptos económicos deben adaptarse a los tiempos cambiantes, desarrollando datos y métodos para medir estos conceptos e integrándolos en la producción de datos económicos fundamentales. También significa acceder a nuevas fuentes de información.

Por muy prometedor que parezca, es importante reconocer los importantes obstáculos para aprovechar nuevas fuentes de datos y desarrollar estadísticas económicas significativas y fiables. Y, sin embargo, como demuestran muchos avances ya logrados, superar los obstáculos promete beneficios reales en forma de una mejor formulación de políticas económicas.

La economía reconfigurada

Los responsables de la toma de decisiones se basan en estadísticas económicas para proporcionar un mapa de la economía. Las agencias estadísticas nacionales elaboran los principales informes económicos de las naciones basándose en conceptos articulados en el Sistema de Cuentas Nacionales de las Naciones Unidas (SNA), el referente global. De manera similar, la medición de la inflación se guía por el manual de precios al consumidor del FMI. Las estadísticas económicas resultantes se incluyen en las políticas oficiales y sustentan las evaluaciones de políticas y las previsiones presupuestarias. Estas estadísticas también guían la política de tipos de interés y los ajustes a los pagos de bienestar y los contratos comerciales.

La economía digital basada en los datos ha transformado la forma en que producimos bienes y servicios y cómo los consumimos. En esencia, los avances tecnológicos han reconfigurado nuestra economía, pero hemos sido lentos en reconfigurar nuestras estadísticas económicas, lo que deja enormes puntos ciegos para los responsables de la toma de decisiones.

No hace falta mucho para captar la desconexión. Productores y consumidores utilizan tecnologías digitales basadas en datos a diario para crear productos y servicios nuevos y mejorados, como aplicaciones de transporte compartido, plataformas de redes sociales, software mejorado con IA y mercados online. Las mayores empresas del mundo por capitalización bursátil son casi exclusivamente empresas tecnológicas globales que dependen de los datos. Gran parte de esta nueva actividad económica no se contabiliza o es invisible en las métricas económicas.

Por ejemplo, una característica distintiva de la economía digital basada en datos es su dependencia de intangibles como el software, las bases de datos de marketing y el “capital organizacional” de las empresas (la estructura, los procesos y la cultura que les permiten operar de forma eficiente). En muchas economías avanzadas, las empresas invierten al menos tanto en intangibles como en edificios y fábricas, lo que sin duda asciende a cientos de miles de millones de dólares y probablemente a billones.

Pero las medidas oficiales de productividad y PIB no reflejan completamente estos intangibles. La economista del Conference Board Carol Corrado y sus colegas de investigación estiman que la mitad de las inversiones intangibles en economías avanzadas son, esencialmente, inversiones en datos que las cuentas económicas apenas están empezando a incluir como parte de una actualización del SNA este año. Estos añadirían sustancialmente a nuestra comprensión de los factores que impulsan el crecimiento de la productividad.

La creciente importancia de la inversión intangible, junto con la globalización de la producción, plantea un conjunto separado de dificultades para medir la producción nacional. Por ejemplo, el uso de bienes intangibles por parte de empresas multinacionales ha provocado el traslado de beneficios para minimizar las obligaciones fiscales, trasladando la propiedad intelectual y los ingresos a países con bajos impuestos. Esto puede dar lugar a que los insumos de producción se cuenten en un país mientras que los ingresos asociados se contabilizan en otro.

Agregados macroeconómicos

Los investigadores han demostrado la importancia de estos temas para agregados macroeconómicos como el PIB, las balanzas comerciales y la productividad al redistribuir la producción de las multinacionales entre países en línea con el empleo o las ventas. En algunas economías pequeñas y abiertas, como Irlanda y Dinamarca, las agencias estadísticas recurren cada vez más a un conjunto más amplio de datos para trazar una imagen de la salud económica, complementando el PIB con otros agregados e indicadores de cuentas nacionales menos sensibles a los efectos de la globalización.

Los cálculos del PIB real y del consumo real de los hogares son una base para estimar los cambios en el nivel medio de vida material. Los aumentos en el PIB real pretenden captar las ganancias en la cantidad y calidad de bienes y servicios, más que solo aumentos en el valor monetario. Pero medir la calidad de los productos es notoriamente esquivo, especialmente cuando la innovación rápida conduce a productos nuevos o mejorados que sustituyen a los antiguos.

Consideremos, por ejemplo, las industrias de servicios de información y comunicaciones. Dependen en gran medida de los datos y las tecnologías digitales, y esperamos que registren un crecimiento fuerte y impulsado por la innovación. Y, sin embargo, la productividad medida en esos sectores se estancó sustancialmente en varias economías avanzadas durante la década posterior a la crisis financiera de 2008, contribuyendo a una desaceleración del crecimiento global.

Una investigación del economista Richard Heys de la Oficina Nacional de Estadísticas del Reino Unido, en colaboración con ingenieros y académicos, condujo en 2021 a un nuevo enfoque. La investigación sugiere que el crecimiento real en la industria de las telecomunicaciones estuvo más en línea con lo esperado debido a una fuerte caída en los precios ajustados por calidad. Este hallazgo, implementado junto con otros avances metodológicos, recortó un cuarto de punto porcentual la desaceleración estimada del crecimiento de la productividad en el Reino Unido durante esa década. Las agencias estadísticas nacionales han adoptado una variedad de enfoques para ajustar las mejoras de calidad en productos digitales, lo que ha afectado el equilibrio entre la inflación medida y el crecimiento económico dentro de los países, así como la comparabilidad de estas estadísticas entre países.

El reto de medir con precisión la calidad de la producción adquiere un giro particular en un mundo digital basado en datos. Muchos servicios digitales se consumen esencialmente de forma gratuita y, por tanto, simplemente no se cuentan en el consumo doméstico. Por ejemplo, los consumidores utilizan motores de búsqueda, redes sociales y software de código abierto sin coste monetario. Pero el valor de estos servicios digitales está lejos de ser nulo, según experimentos que preguntan a los consumidores cuánto estarían dispuestos a pagar por ellos.

Paul Schreyer, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, desarrolló una forma de conceptualizar estos servicios. Incluye el uso de las redes sociales como insuyo para servicios de ocio habilitados digitalmente e incorpora ese valor a una mayor medida de actividad económica. Las estimaciones experimentales sugieren que el valor nominal de los servicios digitales de ocio producidos por los hogares es elevado. Investigaciones preliminares sobre el Reino Unido lo sitúan en el 8 por ciento del PIB nominal.

Los hogares también utilizan servicios digitales gratuitos para realizar actividades que antes podrían haber tenido lugar en la economía de mercado, donde se contarían en el PIB, como organizar los viajes. Otra actividad es la producción voluntaria en el hogar de software y material de asesoramiento. Una evaluación precisa de la magnitud de este tipo de actividad requiere buena información sobre el uso del tiempo por parte de los hogares.

Aprovechamiento de nuevos datos

La economía, rica en datos, necesita estadísticas económicas reconfiguradas para reflejar nuevas realidades. Una actualización del SNA este año —la primera desde 2008— es un esfuerzo bienvenido que busca captar mejor los desarrollos macroeconómicos, como la digitalización y la globalización, teniendo en cuenta la sostenibilidad y el bienestar medioambiental.

Pero hay otro conjunto de desafíos. La economía actual ofrece una serie de oportunidades en forma de nuevos datos recogidos a través de la interacción de las personas con sistemas digitales. Estos podrían ayudar a que las estadísticas económicas sean más actuales, precisas y detalladas. Para lograrlo, sin embargo, se requerirán capacidades significativamente ampliadas y potencialmente elevados costes iniciales en un entorno de recursos limitados e incentivos en competencia.

Dirigir nuevas fuentes de datos hacia el bien público puede requerir acuerdos de intercambio de datos o cambios legislativos, inversión en tecnologías para el procesamiento de datos e instituciones de confianza. Nuevas formas de datos que proporcionan estadísticas económicas significativas y fiables exigen inversión en el desarrollo de nuevos métodos económicos y estadísticos, pruebas de concepto y métodos de exploración de datos.

Esto ya está ocurriendo con los índices de precios al consumidor, que son algunos de los indicadores de inflación más seguidos. Tradicionalmente, las agencias gubernamentales elaboran estos índices utilizando datos obtenidos del seguimiento de precios de los minoristas y mediante encuestas a los consumidores sobre el gasto. Esto es caro. También se está volviendo más difícil a medida que la gente está menos dispuesta a responder a las encuestas.

Sin embargo, el aumento del uso de códigos de barras y escáneres por parte de los minoristas y la prevalencia de los datos en línea están cambiando las reglas del juego. Durante la última década, las agencias estadísticas de Países Bajos, Australia y Canadá han incorporado gradualmente datos de puntos de venta en los índices de precios al consumidor. La agencia estadística del Reino Unido también está avanzando en este ámbito. La recopilación de estos datos permite una medición de la inflación más oportuna y precisa; Además, estos avances también pueden permitir a las agencias estadísticas captar mejor las experiencias de los consumidores en diferentes partes del país y en distintos niveles de ingresos. Detrás de estos avances se sustenta una avalancha de avances técnicos en el manejo de datos a gran escala e intrínsecamente caóticos, como ilustran Kevin Fox y sus colegas de la Universidad de Nueva Gales del Sur y el Centro de Excelencia en Estadísticas Económicas del Reino Unido.

Uno de los principales beneficios de los datos del sector privado para cartografiar y seguir la economía es el potencial de mejorar la puntualidad y granularidad de los indicadores económicos. Esto fue especialmente evidente durante la pandemia. Había demanda de evidencia de alta frecuencia sobre desarrollos económicos tanto a nivel nacional como local. Las agencias estadísticas y los investigadores adoptaron los datos del sector privado para satisfacer esa demanda. En parte compensan los beneficios el ruido estadístico, la posibilidad de doble recuento y muestras insuficientes que podrían ocultar señales económicas.

Los investigadores han explorado estos problemas comparando datos del sector privado con estadísticas nacionales representativas, destacando los ajustes necesarios y el valor añadido por fuentes de datos complementarias. Otros han destacado los beneficios de los datos administrativos y de encuestas vinculados, así como el potencial de las encuestas asistidas por IA. La producción de estadísticas económicas clave probablemente se basará cada vez más en una variedad de fuentes de datos del sector privado, sistemas administrativos públicos y encuestas, en un enfoque mixto impulsado por agencias nacionales.

El camino a seguir

Es hora de reforzar la inversión en nuestra infraestructura de estadísticas económicas. Podemos estar perdiendo la capacidad de monitorizar la economía y tomar decisiones informadas porque billones de dólares en actividad económica pueden estar sin medir o medir con un detalle insuficiente. No debe subestimarse la importancia de abordar este asunto, y tampoco los desafíos.

Los obstáculos incluyen superar la inercia burocrática, financiar la reforma de los sistemas contables económicos y llevar a cabo acciones coordinadas. Si no avanzamos en estadísticas fiables producidas por agencias nacionales con rigor estadístico de manera responsable y transparente —con imparcialidad y acceso igualitario— habrá mucho ruido para cubrir el vacío en el mundo actual tan rico en datos.

¿Qué podría deparar? La revisión de 2025 del SNA y las actualizaciones del manual de balanza de pagos del FMI son un punto de partida y serán más eficaces si se implementan ampliamente por agencias estadísticas de todo el mundo. Pero los problemas implicados sugieren que no se puede esperar que las agencias estadísticas resuelvan los problemas por sí mismas. La pandemia de COVID-19 nos mostró lo que se puede lograr mediante la coordinación y el liderazgo. El avance de las estadísticas económicas en una economía digital y rica en datos exige la colaboración entre los propietarios de datos del sector público y privado, así como entre agencias gubernamentales, respaldada por marcos legales y técnicos. También es necesaria la colaboración entre agencias estadísticas internacionales y con académicos universitarios.

Parte de esto ocurre en los márgenes. Ejemplos incluyen el Centro de Excelencia en Estadísticas Económicas del King’s College London, establecido por la Oficina de Estadísticas Nacionales del Reino Unido; el Instituto de Investigación en Medición Económica en la Oficina Nacional de Investigación Económica en EE. UU.; el trabajo del Centro de Investigación Económica Aplicada de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Australia; y la cátedra de Medición en Economía en la Escuela de Economía de París, apoyada por la agencia nacional de estadística, en Francia. Economistas y estadísticos harían bien en adoptar esa colaboración.

REBECCA RILEY es profesora de práctica económica en King’s Business School, King’s College London, y directora del Economic Statistics Centre of Excellence.

Referencias:

Abdirahman, M., D. Coyle, R. Heys y W. Stewart. 2020. “Una comparación de deflactores para la salida de servicios de telecomunicaciones.” Economie et Statistique/Economics and Statistics 517-518-519: 103–22.

Corrado, C., J. Haskel, M. Iommi y C. Jona-Lasinio. 2022. “Midiendo los datos como activo: marco, métodos y estimaciones preliminares.” Documento de trabajo del Departamento de Economía de la OCDE 1731, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, París.

Fox, K. J., P. Levell y M. O’Connell. 2025. “Medición de la inflación con datos de alta frecuencia.” Revista de Estadísticas Empresariales y Económicas. DOI: 10.1080/07350015.2025.2537392.

Schreyer, P. 2022. “Contabilizando los servicios digitales gratuitos y la producción doméstica: una aplicación para Facebook (Meta).” Eurostat Review on National Accounts and Macroeconomic Indicators (EURONA): 7–26.

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LG visualiza una recuperación del consumo a partir del segundo trimestre de 2026

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LG Electronics Argentina participó en la “EXPO COREA 2025”, evento que conmemoró el 60º aniversario de la inmigración coreana en Argentina. La feria tuvo lugar los días 14 y 15 de noviembre en el Pabellón 6 del Centro Costa Salguero. En el marco de este evento, la compañía exhibió sus soluciones de electrodomésticos inteligentes con ThinQ, incluyendo heladeras InstaView, microondas NeoChef y lavarropas.

Enrique Laffue, CEO de la empresa, conversó con Enretail sobre lo que fue este año para LG. “2025 fue muy bueno. Estamos muy contentos con el desarrollo del año”.

La empresa incorporó nuevas heladeras, un segmento en el que antes la oferta era reducida, logrando una buena recepción por parte del consumidor. Además, se incluyó un lineal de más de 20 modelos de lavarropas y lava secarropas, entre ellos la Wash Tower, de la cual se vendieron unidades que superaron la expectativa inicial de stock en los comercios.

El ejecutivo también mencionó que la línea de televisores fue renovada, con los modelos de gama alta, como los OLED y los QND, mostrando una buena repercusión en el mercado. Se proyecta que estos productos sean opciones preferidas por el consumidor argentino durante el mundial. Asimismo, el microondas inverter de 42 L tuvo una buena recepción.

Trabajo con el canal retail

Respecto a la operatividad comercial, el CEO indicó que el trabajo con el canal retail se desarrolla bien y comentó que gran parte de la demanda es cubierta mediante negocios directos, donde el retail importa directamente. “Estamos haciendo negocios directos, es el retail el que está importando directamente gran parte de la demanda”, detalló.

Otra porción de la distribución se realiza a través de socios establecidos, como Newsan, y otros subdistribuidores que atienden canales menores, subdistribuidores de informática y el canal B2B.

Perspectivas del mercado y proyecciones futuras

Laffue contextualizó el desempeño del segundo semestre del año, señalando que el mercado se modificó a partir de julio debido al incremento en el tipo de cambio y la tasa de interés. Estos factores generaron un endurecimiento del mercado, motivado por el retiro de esquemas de cuotas y una tensión en el tema de los precios.

A pesar de esto, LG mantiene una perspectiva optimista sobre la normalización del contexto económico. La empresa tiene la esperanza de que las nuevas políticas gubernamentales, la estabilización del tipo de cambio y una relajación en la tasa de interés contribuyan a la recuperación.

En este sentido, LG proyecta un futuro de estabilidad que favorece el esquema de negocios, dada la incorporación de productos nuevos y un nuevo lineal. “Vemos que, a partir del segundo trimestre del año que viene, van a haber símbolos fuertes de recuperación, lo que nos favorece mucho porque estamos incorporando muchos productos y lineales nuevos”, expresó.

Para concluir, Laffue también destacó la filosofía de la compañía: “Para LG, ‘Life’s Good’ fue más que un lema; fue una invitación a vivir de manera inteligente, saludable y con propósito. La compañía busca que su tecnología no solo facilite la vida, sino que apoye la preservación de la cultura coreana y promueva un estilo de vida que valora la innovación y la tradición”.

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¿Por qué hay dudas sobre el crecimiento?

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Analytica. El Estimador Mensual de Actividad Económica subió 0,5% mensual s.e. en septiembre y 5% respecto un año atrás. Un resultado que vale la pena analizar desde varias aristas para entender sus implicancias y por qué desató cuestionamientos hacia el INDEC. Veamos.

1.Aspectos metodológicos

Al igual que en otras ocasiones, el INDEC corrigió valores de meses anteriores. El cuadro a continuación clarifica qué meses se modificaron. Y sobre todo como eso impactó en el crecimiento acumulado anual. El informe de octubre señalaba una caída del 0,6% entre agosto y diciembre pasado. Mientras en el de noviembre para ese mismo periodo hay un crecimiento del 0,5%. A pesar de estas revisiones, la serie original -la que conserva estacionalidad- prácticamente no exhibe cambios, lo cual es coherente con los procesos de consistencia que aplican los modelos del INDEC hacia fin de año.

Con el objetivo de comprender mejor el sentido y la magnitud de estos ajustes, analizamos la diferencia entre la serie publicada en octubre y la revisada en noviembre, tanto en la versión original como en la desestacionalizada. Para ello utilizamos dos medidas complementarias: el error en la media, que captura diferencias en el nivel promedio del índice, y el error cuadrático, que permite evaluar las discrepancias mensuales entre ambas series, penalizando los cambios que se distribuyen a lo largo del tiempo incluso si luego se compensan.

El último enfoque es particularmente relevante porque el INDEC no desestacionaliza directamente el EMAE agregado, sino que lo construye a partir de la desestacionalización individual de cada sector. Por ese motivo, cualquier revisión sectorial puede tener un impacto diferente sobre la serie original y respecto a la sin estacionalidad, aun si la trayectoria anual finalmente termina alineándose.

Al observar el comportamiento del nivel general, identificamos que la serie desestacionalizada revisada quedó en promedio un 0,23% por encima de la serie previa, mientras que la versión con estacionalidad prácticamente no presenta diferencias. Esto significa que los cambios sectoriales se compensaron a nivel agregado, pero igual generaron reacomodamientos dentro del componente estacional y del filtro aplicado al ciclo mensual.

A nivel sectorial, las revisiones no fueron homogéneas. El caso más notorio es el de Hoteles y Restaurantes, cuyo índice original aumentó 3,8% respecto a la versión previa, convirtiéndose en la corrección de mayor magnitud dentro del EMAE. Este sector también concentra uno de los errores cuadráticos más altos de toda la matriz, lo que sugiere que los ajustes no se limitaron a un mes aislado, sino que afectaron varias observaciones a lo largo del año.

Algo similar ocurre con Pesca, que presenta cambios en el promedio y un error cuadrático especialmente elevado, en línea con su histórica volatilidad estadística. Por el contrario, Comercio muestra la mayor corrección negativa en el promedio, con una merma de 0,6% en la serie original y diferencias mensuales significativas detectadas en el error cuadrático.

El resto de los sectores exhibe modificaciones más leves, con ajustes positivos y negativos que tienden a compensarse en el consolidado del EMAE. Esto refuerza la idea de que las revisiones recientes se explican por un conjunto acotado de actividades, y que el impacto agregado es relativamente moderado.

En síntesis, el análisis conjunto del error en la media y del error cuadrático permite comprender mejor el origen de los cambios y evaluar su relevancia. La primera medida muestra si el nivel promedio de la serie cambió de manera sustancial; la segunda ayuda a identificar sectores donde la trayectoria mensual fue reestimada de forma más profunda. Esta combinación de indicadores es clave para interpretar cómo las revisiones sectoriales del INDEC pueden alterar la dinámica de la serie desestacionalizada, incluso en casos donde la serie original permanece prácticamente inalterada.

2.Dinámica sectorial

Al analizar el desagregado sectorial y corregir por estacionalidad se ve una particularidad: según nuestra estimación, el sector de intermediación financiera tuvo una suba del 11,9% mensual. Se trata de la suba mensual más elevada de toda la serie histórica que inicia en 2004, siendo los anteriores máximos de crecimiento en torno al 5% (uno de ellos en enero de este año). Sin embargo, durante septiembre el crédito al sector privado tuvo una caída real del 1,8% mensual s.e., la primera tras 17 meses consecutivos de suba; al mismo tiempo que los balances de los bancos para el tercer trimestre no reflejan un buen desempeño por los encajes bancarios más exigentes y el aumento de las previsiones por incobrabilidad: el grupo Galicia registró una pérdida por $87.710 millones y Supervielle de $50.724 millones; mientras que BBVA tuvo ganancia pero con una caída interanual del 71%.

La clave es la forma en que se mide al sector financiero en las Cuentas Nacionales y el particular contexto macroeconómico en la previa electoral, con tasas de interés reales muy elevadas.

El INDEC mide la mayor parte de la intermediación financiera a través de los Servicios de Intermediación Financiera Medidos Indirectamente (SIFMI) que surgen del spread entre la tasa activa de préstamos y la tasa pasiva de depósitos en relación con una tasa de referencia. En septiembre aumentaron los spreads en las distintas líneas de crédito: tomando de base la TAMAR, durante septiembre en créditos hipotecarios el spread aumentó 13,3 puntos porcentuales TNA promedio, 1,9 en tarjetas, 9,4 en personales y 12,3 en documentos a sola firma. Al mismo tiempo, pudo existir una sobreestimación de la actividad bancaria. Si la tasa de referencia utilizada para su cálculo no se ajustó para reflejar el costo real de los fondos (que es mayor debido a la inmovilización por los encajes) o el rendimiento real de los activos (que es menor), el margen resultante entre la tasas activas y pasivas se amplía artificialmente. Esta sobreestimación es creciente y significativa a medida que la tasa de encajes es más alta. Desde mediados de agosto se produjeron una serie de aumentos en las tasas de encajes y modificaciones en su cálculo que los llevaron a máximos de las últimas décadas, con un impacto pleno en septiembre.

Dado lo anterior, resulta relevante evaluar el comportamiento del EMAE sin el sector financiero. Con ese ajuste y según nuestras estimaciones, la actividad habría caído un 0,2% mensual s.e. en septiembre, similar al -0,3% que adelantamos con nuestro ILA. En ese contexto, acumularía caída en 4 de los últimos 5 meses, con una economía estancada desde marzo y con niveles de actividad inferiores en un 0,7% a los de diciembre pasado, a diferencia del índice completo, que se ubica un 1% por encima del cierre del año pasado.

3.Impacto en el empleo

El debate sobre el crecimiento se relaciona también con el impacto que genera sobre el bienestar de la población. Por caso, como se observa en el gráfico a continuación, el sector de intermediación financiera es de los sectores que más crece pero su demanda de mano de obra es baja.

Al comparar la actividad acumulada hasta septiembre de este año con igual período de 2023 se observa que la construcción se ubicó 14,2% por debajo, la industria 9,5% y el comercio 4,8%. Estos tres sectores explican 37,6% del empleo directo de la economía. En contraste, el agro, los hidrocarburos, la minería y la intermediación financiera representan en conjunto apenas 7,7% del empleo total.

En consecuencia, una proporción importante de los trabajadores puede no evidenciar el crecimiento de la economía en su día a día. Uno de los principales desafíos del gobierno consiste en ampliar más allá de la baja de la inflación los beneficios de su modelo económico.

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Paraguay crecerá 5,3% este año: el agro y la industria marcan el ritmo

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El sector agropecuario emerge como una sorpresa positiva en este contexto. Inicialmente se proyectaba un crecimiento modesto para el agro, pero la estimación fue corregida significativamente al alza, pasando de un 0,6% a un robusto 5,6%. Este impulso se debe principalmente al crecimiento no anticipado en la producción de maíz, que se expandió en un notable 24,4%, junto con un buen desempeño del arroz. Lo más destacable es que este crecimiento ocurrió en un año que no fue el mejor para la soja, un pilar de la economía nacional, cuya producción si bien es menor a la del año pasado, muestra signos de recuperación.

Complementando este panorama, la ganadería paraguaya tuvo un año excepcional. El comportamiento del sector cárnico fue extraordinario, impulsado por una fuerte demanda externa y elevados precios internacionales. Este éxito no solo beneficia al sector primario, sino que su impacto se traslada directamente a la industria manufacturera, generando un círculo virtuoso en la economía. La carne se consolida así como un producto estrella de las exportaciones nacionales.

El economista Jorge Garicoche analizó este desempeño señalando que la economía viene creciendo de una manera muy interesante. “Uno ve que en la agricultura la soja no tuvo el mejor de sus años y aún así el sector primario tuvo un crecimiento importante”, comentó. Además, resaltó el año crucial para la producción ganadera, afirmando que “ese impacto se traslada al sector secundario con las carnes. Ese fue un aliciente muy importante”. Garicoche también destacó, en un reportaje con InfoNegocios, el aporte de otros cultivos como el trigo y el maíz, y la irrupción de un sector emergente: el forestal, que ahora crece en torno al 9%.

El impulso del agro y la ganadería tuvo un efecto cascada sobre la manufactura. Este sector registró un incremento tremendo, gracias en gran medida a las exportaciones de carne, que crecieron en torno al 36%. Los precios mejoraron y la cartera de clientes se expandió, consolidando este rubro. Asimismo, la industria de la maquila se hace cada vez más presente en la estructura productiva del país, creciendo año tras año y rompiendo récords de manera consistente, lo que diversifica las fuentes de crecimiento.

En el ámbito del comercio, el factor determinante fue el turismo. Según las observaciones, se registraron años con movimientos inéditos en la historia del país, lo que dinamizó significativamente este sector. Esta corrección se reflejó en las proyecciones, ajustando el crecimiento del comercio de un 5,3% a un 7%. El régimen de turismo y las reexportaciones fueron claves en este desempeño, beneficiándose también de los márgenes generados por la manufactura, cuya proyección también fue ligeramente ajustada al alza.

En cuanto a la inflación, se espera una convergencia gradual de la inflación total hacia la meta del 3,5% para el año 2026. En los últimos cuatro a cinco meses se registraron tasas moderadas en los precios de los productos no alimenticios, una tendencia que probablemente continuará. Este comportamiento está sustentado por la estabilidad del tipo de cambio y la evolución de los precios internacionales del petróleo, factores que actúan como anclas para las expectativas de precios.

Un crecimiento del 5,3% representaría el nivel más elevado para la economía paraguaya, lo que genera la pregunta sobre su sostenibilidad. Los analistas del BCP reconocen que estos niveles se encuentran por encima del crecimiento potencial sostenible del país a largo plazo. No obstante, existe un optimismo cauteloso de que en los próximos años se puedan mantener cifras de crecimiento sólidas, aunque con la conciencia de que existen probabilidades de que el desempeño pueda moderarse e indicarse por debajo de estos picos.

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