créditos de carbono

La selva como activo: la empresa que consiguió US$7 millones para restaurar bosques en Misiones

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En una provincia donde históricamente la riqueza se midió por lo que se extraía del monte -madera, yerba, té, tabaco o biodiversidad convertida en recurso-, está sucediendo una transformación silenciosa. Tardará años en verse, pero que comienza a transformarse en un legado a perpetuidad. En lugar de cortar monte, de expandir la frontera agraria, hay quienes vieron el negocio en reforestar, en cuidar, en replantar monte caído. Y el negocio está funcionando: consiguió inversiones por siete millones de dólares. 

La firma detrás de esta transformación es Nideport, que encontró en Misiones el laboratorio perfecto para desarrollar créditos de carbono de alta integridad. Hace seis meses, el proyecto Selva Paranaense Vida Nativa – GS1, desarrollado por la empresa Nideport, obtuvo la certificación internacional de Verra bajo los estándares VCS (Verified Carbon Standard) y CCB Gold Label (Climate, Community & Biodiversity – Nivel Oro), el máximo nivel de reconocimiento global por su impacto en clima, comunidad y biodiversidad.

La certificación de 138.000 créditos de carbono (VCUs) posiciona a Vida Nativa como uno de los proyectos de restauración de selvas tropicales más grandes del mundo y el primero de bosque nativo en Argentina en alcanzar este nivel de validación. La certificación abarca dos años, 2021 y 2022, sobre la retención de emisiones en la selva misionera.

Verra -la misma entidad que certifica los bonos de carbono del programa jurisdiccional de Misiones– garantiza que estos créditos poseen trazabilidad, adicionalidad y permanencia verificable, lo que les otorga credibilidad y competitividad en los mercados internacionales.

Juan Núñez -junto a su socio Tomás Gutiérrez– es uno de los empresarios detrás de uno de los proyectos más singulares de la nueva economía verde argentina: transformar la recuperación de bosque nativo degradado en un activo rentable, escalable y financieramente sostenible.

No podíamos depender de la filantropía. Salvar la selva tenía que ser rentable, porque si no, nunca iba a escalar”, resume, con una frase que funciona como manifiesto de época. “Entendíamos que la filantropía para nosotros no era el camino y que también para que eso sea escalable necesitamos que tuviera rentabilidad. Como cualquier negocio”.

No habla desde el ambientalismo tradicional. Es abogado, viene del mundo de la tecnología y la seguridad, con formación en Israel y trayectoria lejos del universo forestal. Pero encontró en la crisis climática una certeza brutal: el sistema natural del planeta ya no logra regenerarse solo.

“Los umbrales biológicos ya están prácticamente cruzados. El mundo ya no se regenera naturalmente”, dice. “La economía global depende mucho de lo que sucede con los bosques, con la producción incluso hídrica de los ríos y demás, tienen origen en los bosques”.

Juan Núñez y Tomás Gutierrez son los socios fundadores de Nideport, que certificó bonos de carbono en Misiones.

Y allí nació la pregunta fundacional: si toda la economía global depende de los bosques -del agua, del clima, de los suelos, de la biodiversidad-, ¿por qué restaurarlos no podía ser también un gran negocio?

La respuesta apareció en el mercado de créditos de carbono.

Ese sistema, consolidado tras el Protocolo de Kioto y luego reforzado por el Acuerdo de París, permite que empresas que emiten dióxido de carbono compensen su huella comprando créditos generados por proyectos que capturan o evitan emisiones.

Pero no todos los créditos son iguales.

Nideport eligió trabajar en el segmento más exigente y más valorizado: créditos asociados a restauración real de naturaleza, con impacto medible en biodiversidad, trazabilidad tecnológica y licencia social validada con comunidades locales.

“Hoy el mercado está orientado a créditos que restauran la naturaleza. Eso es lo que hacemos nosotros”, explica. “Es un tipo de producto barra servicio ideado para hacer un negocio detrás de restaurar el planeta”.

La compañía emite créditos certificados bajo estándares internacionales de máxima exigencia, entre ellos Verra, principal referencia global del mercado voluntario de carbono, además de la distinción CCB Gold -la máxima calificación por impacto positivo en clima, biodiversidad y comunidades- y una calificación A de Sylvera, que la ubica entre los proyectos IFM de mayor integridad y desempeño del mercado .

La sustentabilidad en Nideport, se construye con datos. La empresa desarrolló una plataforma tecnológica propia basada en inteligencia artificial, drones autónomos y monitoreo forestal en tiempo real que permite supervisar grandes extensiones de bosque y detectar amenazas ambientales antes de que se conviertan en daño irreversible.

Cada árbol plantado está georreferenciado. Cada avance del bosque puede medirse y cada riesgo puede anticiparse.

La estructura incluye tecnología LiDAR, fotogrametría, sensores IoT para detección temprana de incendios e intrusiones, cámaras trampa, cámaras en vivo, imágenes satelitales y protocolos de seguridad orientados a prevenir incendios, monitorear deforestación y detectar incluso caza furtiva en zonas críticas .

Además, incorporan blockchain para garantizar transparencia y trazabilidad total de los créditos emitidos, una condición central en un mercado donde la credibilidad define el valor.

Misiones no es el único territorio en el que invierten. En Uruguay están en la etapa de planificación, gestión y análisis de nuevos ecosistemas y proyectan una expansión global con más de 2 millones de hectáreas evaluadas en múltiples países. 

El desembarco en Misiones no fue casual. Uno de los founders tenía tierras en la provincia y fue el anzuelo. Luego, ante complicaciones sucesorias, iniciaron la búsqueda de nuevos campos y encontraron una oportunidad única en el norte misionero: superficies de bosque nativo degradado por décadas de tala selectiva.

“Entendiendo que había una gran oportunidad en Misiones por toda la actividad forestal de bosques nativos”, relata.

No se trata de selva virgen, pero tampoco tierra perdida. Territorios donde todavía sobrevive entre el 20% y el 30% de la biomasa original de un bosque prístino.

“Buscamos tierras que compatibilicen con la emisión de crédito de carbono y que impliquen la necesidad de restaurarlas. Ese es el punto”, explica. “En nuestro caso, en el primer campo que estamos desarrollando, la biomasa está más o menos en un 20% de un bosque prístino”.

Su proyecto insignia es Vida Nativa, en San Pedro, frontera con Brasil: una intervención de 22.878,5 hectáreas sobre el Bosque Atlántico misionero, uno de los ecosistemas más biodiversos y amenazados del continente .

Se trata de una ex forestal belga atravesada por cuatro sierras, con una geografía compleja y una biodiversidad que aún resiste: más de 50 especies endémicas y al menos diez especies en peligro de extinción, incluido el yaguareté .

El modelo fue de arrendamiento con opción a compra. “El arrendamiento genera la rentabilidad que tenía por la extracción de madera, pero con muchos menos conflictos y riesgos”, explica Núñez. “Después adquirimos la tierra y ya la preservamos a perpetuidad”.

Plantar no alcanza: restaurar lleva décadas

Hablar de árboles puede sonar simple. No lo es. La restauración ecológica seria no consiste en plantar especies en línea para una foto institucional.

Implica entender el suelo, los doseles, la dinámica, los corredores biológicos y la recuperación funcional del ecosistema.

En Nideport comenzaron con ensayos en 2021. En 2022 iniciaron plantaciones.

Entre 2023 y 2024 ya superaron los 40.000 árboles nativos plantados y mantienen una proyección de 100.000 árboles para 2026.

“Queremos alcanzar los 100 mil árboles por año, pero con rigor científico. Primero hay que entender el suelo y cómo responde el bosque”, explica. “Hoy ya estamos en 30 mil árboles por año”.

La intervención cubre entre 200 y 300 hectáreas por año, dependiendo del nivel de degradación y de la presencia de “bambucias”, esas etapas de transición natural del monte.

Restaurar completamente un bosque puede llevar entre 20 y 60 años. En algunos casos, incluso siglos.

“La selva puede tardar entre 500 y 1000 años en restaurarse sola. Nosotros aceleramos ese proceso”, dice.

Además, el proyecto ya incorporó una estrategia de conservación a 100 años, una definición poco habitual incluso dentro del mercado internacional de carbono .

Lo que empezó como una idea entre amigos durante la pandemia terminó atrayendo a uno de los fondos más relevantes de América Latina.

“Surge de un grupo de amigos. A mí particularmente se me ocurre que no podíamos ir por la filantropía. Ya conocía el mercado de créditos de carbono por otro inicio de negocio y empezamos a plantear esa idea. Nos agarra la pandemia y en lugar de dedicarle tiempo a Netflix decidimos empezar a desarrollar el modelo”, recuerda.

Draper Cygnus -ligado a Tim Draper, histórico inversor de Tesla y SpaceX- tomó participación en la compañía. Hoy posee el 10%.

En total, entre equity y deuda de impacto, Nideport levantó cerca de siete millones de dólares.

Entre los inversores figuran además Koi Ventures, Antom.la, Alma Vest y Embarca, fondos vinculados a innovación climática y capital de impacto .

Ese capital permitió desarrollar tecnología propia, certificar créditos de carbono -una barrera que muchos proyectos nunca logran superar- y comenzar la fase de retorno. Hoy el negocio ya es rentable.

“Sí, es un negocio rentable. Supera el 40% de retorno”, afirma. “Ya somos un proyecto que logró certificar créditos de carbono, algo que muchos desarrolladores nunca llegan a conseguir”.

Pero advierte: no es un negocio rápido. Requiere paciencia, certificación, tiempo y credibilidad.

No hay greenwashing posible cuando se trabaja con estándares internacionales serios.

En tiempos donde la sustentabilidad suele reducirse a discursos corporativos, Núñez insiste en una premisa poco habitual en el mundo financiero: antes que cualquier aprobación política, importa la licencia social.

Antes que cualquier oficina pública. Primero, la comunidad Mbya.

“Lo importante para nosotros es que el cacique y la comunidad nos den su consentimiento con la comunidad. Eso está antes que cualquier político o estructura de gobierno, los dueños ancestrales de la tierra”, afirma.

Y profundiza: “Eso es el modelo principal. Una vez que tenemos la licencia social, que fue lo primero que hicimos antes de tocar cualquier planta o poner un pie en la tierra, logramos esa aprobación”.

La comunidad Tekoa Alecrín fue el primer actor consultado y hoy forma parte estructural del proyecto, junto al trabajo con cooperativas locales, fortalecimiento comunitario, acceso al agua potable, mejoras habitacionales tradicionales, apoyo educativo y empleo local.

“Nos juntamos con la comunidad, con las cooperativas locales, con el intendente de San Pedro que tiene una apertura muy interesante, y con esa base de licencia social ya estamos conformes”, explica.

Después llegaron las cooperativas, el municipio y recién luego el resto del sistema institucional. En el negocio del carbono, sin legitimidad territorial, no hay proyecto posible.

La burocracia argentina y la urgencia del planeta

Misiones avanza en una estructura provincial para créditos de carbono. La Nación también tiene registros y marcos regulatorios.

Pero para Núñez, el problema sigue siendo la velocidad. “Misiones está recién teniendo una estructura bastante sólida”, señala. “La Nación tiene un tratamiento sobre los créditos de carbono y un registro, pero son realmente estructuras muy burocráticas. Llevamos años en conversación”.

Y ahí aparece una tensión profunda entre la urgencia climática y la lentitud estatal.

Mientras el planeta pierde entre 10 y 20 millones de hectáreas de bosque por año, la regulación suele caminar a velocidad de expediente.

“Si tuviésemos un mercado de créditos de carbono regulado como existe en Japón, en Paraguay o en México, estaríamos en la panacea, pero bueno, es la Argentina”, ironiza Núñez.

“La humanidad necesita restaurar 2.500 millones de hectáreas de bosques desaparecidos”, advierte.

La visión corporativa ya está planteada con una meta concreta: restaurar 45 millones de hectáreas hacia 2035 y consolidarse como referente regional en soluciones climáticas basadas en la naturaleza .

Núñez no evita hablar del contexto político ni de la mirada ambiental del Gobierno nacional.

Sabe que el presidente Javier Milei tiene una visión distante respecto del cambio climático y la agenda ambiental, pero asegura que eso no modifica la convicción de la empresa.

“El Presidente tiene su visión sobre el planeta y sobre lo que es el cambio climático, la restauración ambiental; nosotros tenemos la nuestra”, afirma.

Y remata con una definición que resume su postura: “Así como él no lo frena a nadie, nosotros tampoco, y veremos el impacto que tiene cada uno en el tiempo”.

El legado: devolverle algo a la tierra

Hay una frase que atraviesa toda la conversación y que define más que un modelo de negocios.

“Nosotros generamos recursos naturales donde la mayoría de los modelos se basan en extraer recursos naturales”, dice.

Núñez sabe que el capitalismo define las reglas actuales del juego. Y si la única forma de salvar bosques es que salvarlos sea rentable, entonces prefiere jugar ahí.

“Ojalá que los árboles no tuviesen que pagar por ser salvados. Esto lo hablamos mucho internamente. Nosotros no creamos eso ni pusimos eso ahí”, admite.

“De alguna manera nuestro trabajo y nuestro fundamento es devolver a la tierra lo que está quitando la humanidad”, sostiene. “No sé si es una mochila que nos corresponde, pero sí que asumimos”.

Y concluye con una mirada de largo plazo: “Yo creo que las generaciones futuras particularmente no nos lo van a agradecer. Hoy no sé si se siente tanto, pero estamos muy convencidos de lo que hacemos”.

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Mercados de carbono: Latinoamérica acelera y se posiciona como fuente de divisas

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América Latina comienza a consolidarse como un actor activo en los mercados internacionales de carbono, con avances concretos en marcos regulatorios, desarrollo de proyectos e inversiones en marcha. En un contexto global donde los mercados internacionales de carbono que establece el Artículo 6 del Acuerdo de París entra en fase operativa, la región se posiciona como proveedora estratégica de créditos de carbono en un mercado en expansión.

Estas fueron algunas de las principales conclusiones del encuentro regional organizado por la Red Carbono LATAM, del que participó la Mesa Argentina de Carbono junto a referentes de Chile, Perú y Paraguay.

Un mercado que ya está en marcha

El desarrollo del Artículo 6 muestra avances concretos a nivel global, con más de 100 acuerdos bilaterales en negociación y ya firmados entre países, y las primeras transferencias internacionales de resultados de mitigación (ITMOs) ya en proceso. En este escenario, América Latina tiene un rol creciente:

  • 11 países de la región venderán créditos de carbono
  • Representa el 20% de los acuerdos globales firmados
  • Consolida su posicionamiento como región exportadora de carbono

Además, el diferencial económico es significativo: los créditos comercializados bajo el Artículo 6 pueden alcanzar valores entre 2 y 5 veces superiores a los del mercado voluntario, lo que permite viabilizar proyectos que no son viables con los precios del mercado voluntario y en muchos casos alcanzando mayor escala e impacto territorial.

Chile: regulación clara e inversiones en marcha

Chile se posiciona como uno de los países más avanzados de la región en la implementación del Artículo 6, con un marco regulatorio ya definido y proyectos en ejecución.

Actualmente, el país cuenta con cinco proyectos autorizados por el Ministerio del Medio Ambiente, tres de ellos también validados en acuerdos internacionales, lo que representa una cartera de inversiones estimada en USD 1.400 millones.

“Chile ha avanzado en generar un marco que brinda certezas para el desarrollo de proyectos y su vinculación con mercados internacionales, lo que permite transformar oportunidades en inversiones concretas”, señalaron desde Carbono Chile AG.

Perú: desarrollo institucional y potencial forestal

Perú avanza en los mercados internacionales de carbono con foco en proyectos forestales y soluciones basadas en la naturaleza, apoyado en su gran experiencia previa en proyectos REDD+ de gran escala e impacto local principalmente en la Amazonía.

El país ya ha identificado 66 medidas de mitigación y trabaja en el desarrollo de sistemas que permitan escalar proyectos y canalizar financiamiento internacional. “El Artículo 6 representa una herramienta clave para potenciar el desarrollo de proyectos en el territorio con alto impacto ambiental y social,  conectando ese valor local con la demanda internacional”, destacaron desde la Asociación Peruana de Carbono.

Paraguay: estrategia país y perfil exportador

Paraguay se posiciona como un mercado emergente con una estrategia clara orientada a la exportación de créditos de carbono, apoyado en su matriz energética renovable y su potencial en soluciones basadas en la naturaleza.

El país avanza en la implementación de su Registro Nacional de Carbono, así como en la reglamentación necesaria para autorizar transferencias internacionales y en la homologación de estándares. En línea con los debates recientes del Paraguay Carbon Forum, el desarrollo del mercado es considerado un eje estratégico de crecimiento económico para el país.

“Paraguay tiene condiciones para posicionarse como un proveedor competitivo de créditos de carbono, combinando recursos naturales con una estrategia orientada al mercado internacional”, indicaron referentes del sector.

Argentina: una oportunidad económica concreta

En este contexto regional, Argentina cuenta con condiciones excepcionales para insertarse en los mercados internacionales de carbono. Según estimaciones del Centro Argentino de Ingenieros y la Academia Nacional de Ingeniería, el país podría generar al menos 131,4 millones de créditos de carbono anuales, lo que se traduciría en ingresos de entre USD 1.400 y USD 3.900 millones por exportaciones.

Además, los precios internacionales del Artículo 6, entre 2 y 5 veces superiores a los del mercado voluntario, permitirían viabilizar proyectos en sectores clave como energía, agro, bosques y residuos, entre otros. “La implementación del Artículo 6 representa una oportunidad concreta para transformar el capital natural del país en una fuente de divisas, inversión y desarrollo federal”, señaló Juan Pedro Cano, coordinador de la Mesa Argentina de Carbono.

Una región que se posiciona

Más allá de las particularidades de cada país, América Latina muestra avances sostenidos en:

  • Desarrollo de marcos regulatorios
  • Generación de proyectos de carbono
  • Articulación público-privada
  • Inserción en mercados internacionales

En este escenario, la coordinación regional a través de espacios como la Red Carbono LATAM se consolida como un factor clave para escalar el desarrollo del sector y posicionar a la región como un actor relevante en la economía global del carbono.

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Agricultores pueden ahora medir y beneficiarse del comercio de carbono de árboles frutales

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Escribe Wilson Odhiambo / Inter Press Service – Los agricultores ahora pueden conocer y beneficiarse de su contribución al cambio climático gracias a una fórmula que se puede utilizar para calcular la cantidad de carbono almacenado en los árboles frutales, como muestra una iniciativa desarrollada en Kenia.

En un proyecto denominado «Árboles frutales para la mitigación y adaptación al cambio climático en África Oriental», la Universidad de Agricultura y Tecnología Jomo Kenyatta (Jkuat), en colaboración con el Instituto Internacional de Agroforestería (Icraf, en inglés), desarrolló una fórmula matemática que permite a los agricultores calcular y determinar la cantidad de carbono que almacenan sus árboles frutales.

La fórmula implica el uso de ecuaciones alométricas, mediante las cuales el agricultor introduce el diámetro del árbol para obtener su biomasa, que luego se utiliza para determinar la cantidad de carbono que contiene.

El objetivo de este proyecto es animar a los agricultores a plantar más árboles frutales para promover la mitigación del cambio climático.

La fórmula se centra principalmente en los árboles de aguacate y mango, que son los tipos de árboles frutales más comunes cultivados por los agricultores que practican la agrosilvicultura en Kenia.

Tradicionalmente, había que talar los árboles para determinar la cantidad de carbono que contenían. Ahora, los agricultores pueden evaluar la cantidad de carbono almacenada en un árbol simplemente tomando medidas y haciendo un pequeño cálculo, en lugar de talarlo.

Con este conocimiento, los agricultores pueden mantenerse informados sobre su contribución al cambio climático mientras mantienen su medio de vida, lo que también les ayudará a negociar adecuadamente los créditos de carbono en el mercado de comercio de carbono, en rápido crecimiento.

Tierras agrícolas necesarias para el control del cambio climático

Según Shem Kuyah, el investigador responsable de la fórmula, la captura de carbono se realiza principalmente en los bosques, pero el aumento de la población humana ha dado lugar a actividades humanas que causan continuamente la destrucción y la disminución de los bosques.

Como resultado, se hizo urgente la necesidad de encontrar otras alternativas para la absorción de carbono, y las tierras agrícolas se consideraron una alternativa de conservación a través de la agrosilvicultura.

Kuyah es profesor en la Jkuat, en el departamento de agrosilvicultura.

«Uno de los principales objetivos del proyecto es formar y concienciar a los agricultores sobre la importancia de plantar árboles para el control del clima», afirmó Kuyah a IPS.

Anteriormente, la contribución al secuestro de carbono y a la mitigación del cambio climático se asociaba principalmente a los bosques.

«Sin embargo, con el aumento de la población humana, las reservas forestales comenzaron a disminuir, a pesar de la necesidad de más árboles para combatir el cambio climático. Por lo tanto, se consideró que las tierras agrícolas podían proporcionar espacio para plantar más árboles mediante la agrosilvicultura», explicó Kuyah.

Los agricultores dependen de sus tierras y cultivos para obtener ingresos, por lo que el proyecto tenía que promover la agrosilvicultura teniendo en cuenta los árboles más beneficiosos desde el punto de vista económico.

«Descubrimos que los agricultores preferían plantar árboles frutales y que los mangos y los aguacates eran las especies arbóreas más comunes», afirmó.

Beneficiarse del comercio de carbono igual a plantar más árboles frutales

Dada la importancia de los árboles frutales para el sustento de los agricultores, este proyecto no solo les dio una razón para cultivar árboles frutales para controlar el cambio climático, sino que también les proporcionó un incentivo financiero adicional: aprovechar el comercio de créditos de carbono.

Los créditos de carbono son certificados negociables en los que un crédito de carbono representa una tonelada métrica de CO₂ (u otro gas de efecto invernadero equivalente) reducida o eliminada de la atmósfera.

Permiten a las empresas y gobiernos altamente contaminantes compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero financiando proyectos que reducen o eliminan la contaminación, como iniciativas de reforestación o de energía renovable.

Más allá de su impacto climático, estos proyectos suelen aportar beneficios adicionales, como el empoderamiento de las comunidades, la protección de la biodiversidad o la mejora de la salud pública.

«Tenemos dos fórmulas que se utilizan para determinar la cantidad de carbono en los árboles. La fórmula general, que se puede aplicar a cualquier tipo de árbol, y la fórmula específica para cada especie, desarrollada para satisfacer las necesidades de los agricultores, determinan la cantidad de carbono en los árboles frutales», dijo Kuyah.

Esta última, precisó, «es más precisa en la cuantificación del carbono, ya que solo permite un error marginal (alrededor de 5 %) en comparación con la fórmula general (hasta un 40 % de error)».

Dado que los agricultores pueden determinar la cantidad de carbono sin talar sus árboles, la fórmula les anima a plantar más árboles frutales, lo que beneficia su sustento a través del comercio de créditos de carbono y contribuye a la mitigación del cambio climático.

Acuerdos de la COP30

El hecho de que las plantas sean la principal fuente de sustento de los agricultores convierte este proyecto en un activo importante para la mitigación del cambio climático, especialmente ahora, en un momento en el que las naciones parecen discrepar sobre las medidas de control del clima.

Han pasado diez años desde el Acuerdo de París de 2015, cuyo objetivo era limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados, con 2 grados como máximo absoluto, lograr emisiones netas de carbono cero a mediados de siglo y proporcionar apoyo económico a los países vulnerables al cambio climático.

Sin embargo, la financiación de esta iniciativa sigue siendo un reto.

Muchos países no han cumplido sus objetivos y, según la Organización Meteorológica Mundial, las emisiones de carbono alcanzarán un máximo histórico en 2024.

Los líderes mundiales aún no han llegado a un acuerdo amistoso sobre el camino a seguir en cuanto a las medidas y han puesto un énfasis considerable en encontrar formas de financiar la mitigación.

En la 30 Conferencia de las Partes (COP3) sobre cambio climático, celebrada en la ciudad brasileña de Belém en noviembre, se anunció la plena puesta en marcha del Mecanismo de Créditos del Acuerdo de París (PACM, en inglés), que regula los mercados de carbono.

Además, la Coalición para el Crecimiento de los Mercados de Carbono, lanzada en septiembre por los copresidentes de Singapur, el Reino Unido y Kenia, recibió el respaldo de 11 países y el apoyo de otros más durante las deliberaciones en Belém.

Los objetivos declarados de la coalición son armonizar, integrar y estandarizar dichos mercados para movilizar una mayor financiación para una acción climática más rápida y proporcionar un conjunto coherente de principios y salvaguardias requeridos por las empresas.

¿Cómo se beneficiarán los agricultores de árboles frutales?

El proyecto de Jkuat no solo aborda las medidas contra el cambio climático, sino que también fomenta la participación pública y la educación mediante la formación de los agricultores.

Desde que Kenia se unió al comercio de créditos de carbono en 2023, varios agricultores y propietarios de tierras se han quejado de haber sido estafados o de no haber recibido una compensación adecuada por su contribución a la reducción de carbono.

En un documental reciente, Carbon Contract, realizado por un medio de comunicación local de Kenia, los habitantes del noreste del país se quejaban de que solo recibían 20 % de la venta total de carbono de sus tierras, como parte de un acuerdo que preveía que un proyecto de compensación de carbono utilizara sus tierras durante un máximo de 30 años.

Los participantes se quejaban de la falta de transparencia del proyecto.

Sin embargo, el proyecto de «Árboles frutales para la mitigación y adaptación al cambio climático en África Oriental» tiene entre sus objetivos formar a las organizaciones cooperativas de ahorro y crédito de los agricultores y a los agentes de extensión sobre cómo utilizar la fórmula para calcular la cantidad de carbono de sus árboles.

Esa formación les da una ventaja a la hora de negociar los créditos de carbono.

La formación también incluye la comprensión de qué es el comercio de carbono y cómo funciona.

«Nuestra fórmula puede ayudar a los agricultores a negociar los créditos de carbono desde un punto de vista consciente», explicó Kuyah.

Destacó que «con una simple cinta métrica y una calculadora, los agricultores pueden determinar el valor de carbono de sus árboles, de modo que cuando se les acerquen programas relacionados con el comercio de créditos de carbono, sabrán exactamente cuánto deben recibir».

«También intentamos que nuestra fórmula fuera lo más fácil de entender posible para los agricultores, pidiéndoles solo que midieran el diámetro del árbol y lo utilizaran para calcular la cantidad de carbono con una calculadora», detalló.

«Estamos desarrollando una aplicación/interfaz que generará automáticamente la cantidad de carbono después de que el agricultor introduzca la especie y el diámetro del árbol. Actualmente, les hemos proporcionado una plataforma Excel que realiza los cálculos», amplió Kuyah.

El programa de formación para agricultores llevado a cabo por la Jkuat y el Icraf puede ser, por lo tanto, una de las muchas soluciones al cambio climático que se buscaron en Belém, durante la cumbre climática, la COP30, desarrollada entre el 10 y el 22 de noviembre.

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Argentina busca posicionarse en el mercado internacional del biochar forestal

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El próximo 9 de octubre, la Iniciativa Biochar Argentina realizará un seminario virtual para analizar el potencial del biochar forestal, una tecnología capaz de capturar carbono durante siglos, mejorar suelos y abrir nuevas oportunidades de negocios sostenibles. El encuentro, que cuenta con el apoyo de la Asociación Forestal Argentina (AFoA) y la Mesa Argentina de Carbono, se inscribe en la estrategia de posicionar al país en un mercado global que podría superar los USD 3.000 millones en la próxima década.

Biochar: residuos convertidos en valor y carbono en el suelo

El biochar se obtiene a partir de la biomasa mediante un proceso de pirólisis, que convierte residuos forestales y agrícolas en un material con capacidad de secuestrar CO₂ de manera estable por cientos de años. Su utilización no solo representa una solución de gran escala contra el cambio climático —con potencial de eliminar hasta el 6% de las emisiones globales anuales—, sino que también abre la puerta a mercados de créditos de carbono, cada vez más demandados en el mundo.

Los beneficios del biochar trascienden la cuestión climática: Regenera suelos degradados, aumentando su productividad. Retiene agua y nutrientes, vital en contextos de sequía. Remedia contaminantes y promueve prácticas de economía circular.

El biochar representa una convergencia poderosa entre ciencia, productividad y compromiso ambiental. Este seminario es una oportunidad para que Argentina se posicione en la frontera de una bioeconomía innovadora”, destacó Pablo Nardone, coordinador de la Iniciativa Biochar Argentina.

Actores estratégicos y agenda del seminario

El encuentro virtual reunirá a referentes nacionales e internacionales en bioeconomía, mercados de carbono y certificación ambiental. Participarán, entre otros:

  • Mara Volpe (Cyclus S.A.), especialista en economía circular y descarbonización.
  • Juan Pedro Cano (Mesa Argentina de Carbono), abogado y referente en gestión ambiental y mercados de carbono.
  • Sebastián Fragni (GMF / The Carbon Sink), experto en créditos de carbono y proyectos forestales.
  • Kranav Sharma (Verra), ONG líder en estándares climáticos (VCS).
  • Ariel López Mato (UNITAN), director de la principal exportadora de tanino del país, pionera en certificar bonos de carbono.
  • Ángela Duque (BioCarbon Standards), CEO de la entidad de certificación ambiental que incorpora trazabilidad con blockchain.

El seminario será moderado por Pablo Nardone y buscará trazar un mapa de oportunidades para el sector forestal argentino, donde la abundancia y calidad de biomasa otorgan ventajas comparativas para ingresar de lleno al negocio global del biochar.

Oportunidades y desafíos para Argentina

El desarrollo del biochar se presenta como una oportunidad estratégica para el país: convertir residuos forestales en valor económico, atraer inversiones a partir de créditos de carbono y fortalecer cadenas de valor locales ligadas a la bioeconomía.

No obstante, el desafío pasa por articular políticas públicas, marcos regulatorios y certificaciones internacionales que aseguren la calidad y trazabilidad de los proyectos. La participación de organismos como Verra y BioCarbon Standards refuerza la necesidad de estándares globales para garantizar la competitividad argentina en este nuevo mercado.

Si Argentina logra consolidar una estrategia de producción y certificación de biochar, podría convertirse en un actor regional de peso en el emergente mercado de carbono, aportando no solo divisas, sino también soluciones concretas frente al cambio climático. El seminario del 9 de octubre será, en este sentido, un hito para alinear actores públicos, privados y académicos en torno a esta nueva frontera de la bioeconomía.

La participación del seminario requiere inscripción previa en: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSd-dnna-dPBiS1ubinnQ42jInVHw5U8-HROE_wd9DIe3Jal6A/viewform?usp=dialog

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