Crisis Industrial

La industria volvió a caer en mayo y profundiza las señales de desaceleración de la recuperación

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La actividad industrial registró en mayo un retroceso interanual de 2% y acumula una caída de 0.6% en los primeros cinco meses del año.

El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en mayo de acuerdo a información preliminar un retroceso interanual de 2.0%, interrumpiendo un bimestre de avance y elevando la caída acumulada en los primeros cinco meses del año hasta 0.6% en comparación con el mismo periodo del año pasado (véase Tabla 1 y Gráfico Nº 1).

En el mes, la mayor caída de actividad entre los sectores industriales la registró la industria automotriz. Al interior de la rama se combinó una caída en la producción de automóviles –acumula once meses en marcada contracción‐, con una merma más moderada en la producción de utilitarios. En el mes se tuvo una caída de las exportaciones, luego de un bimestre de mejora, al tiempo que las ventas de vehículos tuvieron un importante retroceso, en un contexto de altos stocks a lo largo de la cadena de comercialización y menores expectativas de ventas.

En mayo la segunda mayor caída de la producción entre los sectores de actividad se registró en el de los químicos y plásticos. En efecto, luego de encadenar tres meses de avance en la compasión interanual y marcar en abril la segunda mayor alza sectorial de la producción –en parte por efecto de paradas realizadas en 2025‐, en mayo se tuvo un retroceso –anticipado‐ en la actividad a causa del cese de la operación de la única firma dedicada a la producción de negro de humo, junto con la marcada caída en la producción de neumáticos ‐se extiende desde fines de 2023‐, la que se ha profundizado con el cierre de una de las principales firmas del sector.

En el otro extremo, la refinación de petróleo tuvo en mayo el mejor registro de actividad entre los sectores industriales, encadenando doce meses de aumento de la producción y consolidando la posición del sector al tope del ranking de crecimiento. En efecto, en los primeros cinco meses del año la rama acumula un crecimiento de 9.7% en la comparación interanual, habiendo alcanzado en el período el mayor volumen de petróleo procesado desde 2008.

Entre los restantes sectores de actividad, en los primeros cinco meses del año y en la comparación con el mismo periodo de 2025, con un crecimiento superior al promedio se colocan las industrias metálicas básicas con un avance de 5% y el sector de los alimentos y bebidas con una mejora de 2.7%. La producción de químicos y plásticos igualó (+0.3%) el nivel de actividad acumulado entre enero y mayo del año pasado, mientras que las ramas de papel y celulosa e insumos textiles registran en el período una caída similar al promedio de la industria. Por su parte, la metalmecánica mostró un retroceso ligeramente más elevado (‐0.7%), al tiempo que los despachos de cigarrillos cayeron 3.3% y la producción de minerales no metálicos lo hizo 4.6%, en cada caso en los primeros cinco meses y en comparación con el mismo periodo del año pasado. Finalmente, cierra el ranking sectorial, la industria automotriz con una caída acumulada de la producción del 19.6% entre enero y mayo (véase Gráfico Nº 2). Con lo anterior, en los primeros cinco meses, la refinación de petróleo pasó a hacer el mayor aporte para contener la caída de la actividad industrial relegando a la rama de los alimentos y bebidas.

Desde la perspectiva de los tipos de bienes producidos, en los primeros cinco meses del año y en la comparación interanual, los bienes de consumo no durable lideran el ranking con un crecimiento de 1.9%, seguidos de los bienes de uso intermedio con una mejora acumulada 1.3%. Con una contracción superior al promedio se colocan los bienes de capital que acumulan un retroceso de 5.9%, seguidos de los bienes de consumo durable con una merma del 8.7%, en cada caso en los primeros cinco meses del año y en la comparación con el mismo periodo de 2025. Respecto al primer cuatrimestre, con la excepción de los bienes de consumo durable que mantuvieron la caída acumulada, todos mostraron un deterioro en el crecimiento, con una profundización de la caída en el caso de la producción de bienes de capital (véase Gráficos Nº 3).

En términos desestacionalizados, la producción industrial del mes de mayo tuvo un retroceso de 0.6% respecto al mes anterior, luego de dos meses de mejora. Las señales que indican que la industria se encontraría transitando una nueva fase de recuperación han mostrado un ligero debilitamiento, sosteniéndose el mes de septiembre del año pasado como potencial inicio de la fase de recuperación de la actividad fabril. Desde aquel mes la producción acumula un crecimiento del 5.2% equivalente anual, el menor ritmo entre las expansiones industriales previas desde 1980. Finalmente, en el trimestre marzo mayo, se registró una ligera mejora de la difusión de la recuperación, aunque cerca del 40% de la industria continúa mostrando una caída en la comparación interanual.

En síntesis. La industria registró en mayo una caída en la comparación con el año anterior, luego de dos meses de mejora, explicada fundamentalmente por la contracción de la producción automotriz y de químicos y plásticos. La refinación de petróleo consolida su posición al tope del ranking de crecimiento y hace el mayor aporte para apuntalar la recuperación de la industria. Con lo anterior, se delinea una divergencia en los desempeños sectoriales, con mejores registros de producción para los vinculados a energía, minería y agro, los que a su vez traccionan sobre algunos intermedios ‐segmentos de la siderurgia‐ y bienes de capital –al interior de la metalmecánica‐, mientras que otros muestran rezagos en un escenario de mayor competencia y debilidad de la demanda.

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Tormenta perfecta en la madera: exportaciones récord, nula demanda interna y rentabilidad mínima

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El contraste es tan llamativo como incómodo. Mientras el Gobierno nacional exhibe cifras récord de exportación forestal y celebra la apertura de mercados, buena parte de la industria maderera de Misiones atraviesa una de las crisis de rentabilidad más profundas de los últimos años. Las exportaciones crecen, pero las empresas aseguran que venden al costo. Los mercados externos se expanden, pero el mercado interno prácticamente desapareció. Y el dólar estable, que para la macroeconomía funciona como ancla antiinflacionaria, se convirtió para los industriales en un factor de pérdida de competitividad frente a Brasil, Paraguay y Uruguay.

En Misiones los industriales advierten sobre una crisis profunda marcada por la caída del mercado interno, el dólar atrasado, el aumento de los costos energéticos y una rentabilidad cada vez más estrecha.

Mientras el Gobierno nacional celebra el desempeño exportador de la forestoindustria argentina, en los aserraderos de Misiones el clima está lejos del optimismo. Los números oficiales muestran crecimiento. Los empresarios hablan de supervivencia.

La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca destacó que las exportaciones forestoindustriales crecieron 18% durante 2025 respecto del año anterior. La cadena logró presencia en 70 mercados para productos de madera, 75 para papel y cartón y 44 para taninos.

Los datos del primer trimestre de 2026 también muestran dinamismo. India incrementó sus compras un 350%; Estados Unidos un 56%; Vietnam un 33%; China un 9% y Chile un 2%. A su vez, las exportaciones de madera aserrada crecieron 30% en volumen, las colofonias 17% y las maderas perfiladas 15%.

Sin embargo, detrás de esas cifras aparece una realidad muy distinta en el corazón forestal argentino.

Estamos exportando porque ha desaparecido prácticamente el mercado interno y estamos exportando al costo para mantener nuestras empresas“, resume Guillermo Fachinello, presidente de la Asociación de Productores, Industriales y Comerciantes Forestales de Misiones y Norte de Corrientes y también de la Confederación Económica de Misiones. La frase sintetiza la paradoja que atraviesa al sector: se exporta más, pero se gana menos.

Exportar para sobrevivir

La expansión de las ventas externas no necesariamente implica mejores resultados económicos. Jerónimo Lagier, referente empresarial del sector, asegura que los números de crecimiento esconden una realidad incómoda.

“No son aumentos con una rentabilidad aceptable. Se exporta porque es el mercado que hoy está demandando. Las operaciones se tienen que cerrar para poder seguir girando la rueda”, explica el ex funcionario de Cambiemos.

La situación se repite en buena parte de los aserraderos medianos y pequeños.

Guillermo Sato sostiene que muchas empresas comenzaron a buscar mercados externos simplemente porque dejaron de encontrar demanda local.

“La exportación ha subido porque empresas que antes no exportaban hoy se están lanzando al mercado internacional. Pero el dólar actual no representa un negocio; representa algo que te salva por el momento mientras buscás cómo sostener la estructura”, afirma.

La ecuación es sencilla. Los precios internacionales se mantienen relativamente estables, mientras los costos locales aumentan en dólares.

Combustible, energía, salarios, logística y cargas sociales avanzan más rápido que el tipo de cambio. “La energía aumentó 26 por ciento el Kw y 10,77 por ciento la potencia contratada”, detalla Sato. 

Lo que subió el combustible en dólares y lo que subió la energía en dólares nos saca competitividad frente a Brasil, Paraguay y ahora Uruguay”, advierte Fachinello.

Un boom exportador concentrado

Los industriales también relativizan el alcance real del crecimiento exportador.

Fachinello sostiene que menos del 27% de las empresas misioneras exportan regularmente y que una parte importante de los embarques está concentrada en grandes jugadores.

“No llegamos al 27% de las empresas que exportan y las exportaciones están concentradas principalmente en dos grandes empresas”, señala.

Esto significa que buena parte de los aserraderos sigue dependiendo del mercado interno, precisamente el segmento que hoy muestra mayor debilidad.

Si existe un consenso absoluto entre los empresarios consultados es que el principal problema ya no está en las exportaciones, sino en la falta de demanda doméstica.

La construcción privada sigue sin recuperar niveles históricos y la paralización de la obra pública nacional eliminó uno de los motores tradicionales del consumo de madera.

Tenemos toda la capacidad para producir, pero no hay demanda“, resume Abel Gauto Fechtner. Guillermo Sato coincide.

“Hubo pequeñas reacciones del mercado interno en marzo y abril. Pensamos que podía ser una normalidad, pero solo fueron pequeños destellos”, explica.

El fenómeno alcanza incluso a productos industrializados con mayor valor agregado.

Marcela Berezozki, de Placas y Maderas, asegura que la caída del consumo es visible en toda la cadena.

La industria maderera en Misiones está atravesando uno de los momentos más difíciles de los últimos años. Hay muchos productos que están reemplazando a la madera y eso complica aún más las ventas”, señala.

La empresaria cita como ejemplo el avance de materiales sintéticos sobre segmentos históricamente dominados por la madera.

“El machimbre de pino fue reemplazado en muchos casos por machimbres de PVC”, explica.

Qué reclama la industria maderera

Los pedidos ya no apuntan al crecimiento, sino a la supervivencia.

Presión fiscal Reducción de impuestos y flexibilización de embargos.
Energía Medidas para abaratar el costo eléctrico industrial.
Construcción Incentivos a la obra privada y al crédito hipotecario.
Logística Mejoras vinculadas al puerto de Eldorado.
Transporte Reformas en la ley de cabotaje para reducir costos.
Biomasa Incentivos para generar energía a partir de residuos forestales.
Exportación Agilización de reintegros y recuperos impositivos.

A la falta de demanda se suma una nueva preocupación: el costo energético. Durante las últimas semanas, las industrias enfrentaron aumentos de entre 18% y 26% en sus facturas eléctricas, además de modificaciones en los esquemas de potencia contratada.

Nos han cambiado las categorías y hemos tenido casi un 19% de aumento en los grandes consumidores“, afirma Fachinello en respuesta a la decisión del Gobierno nacional de liberar tarifas y quitar definitivamente todos los subsidios. 

Lagier agrega que el problema no es coyuntural. “Estamos enfrentando una situación estructural. En otros lugares se cobra potencia consumida y acá se cobra potencia contratada. Eso encarece significativamente los costos industriales”.

El dirigente considera que resulta indispensable avanzar en incentivos para la generación mediante biomasa y energía solar.

Las consecuencias ya comienzan a sentirse. Fachinello recuerda que recientemente cerró una de las mayores fábricas de pallets de la provincia.

“La empresa dejó más de 150 trabajadores sin empleo directo y afectó a toda la cadena logística asociada”, señala.

Otras compañías redujeron turnos, suspendieron líneas de producción o disminuyeron horas de trabajo.

Muchas empresas están operando al 50% o 55% de su capacidad industrial“, advierte Sato.

Aunque el empleo todavía se sostiene en buena parte de la cadena, los empresarios reconocen que cada vez cuesta más mantener las estructuras.

“Sostener es difícil. Hoy estamos luchando por sobrevivir”, resume Berezozki.

Enrique Bongers, presidente de la Asociación Maderera, Aserraderos y Afines del Alto Paraná (Amayadap), coincide con el diagnóstico general del sector, pero advierte que la situación actual combina varios factores que están erosionando la competitividad de la industria de manera simultánea.

“El primer semestre arrancó muy complicado y acentuó el difícil momento que ya veníamos atravesando desde fines del año pasado”, señala. “Los aumentos de logística por el combustible, los incrementos en energía y potencia contratada profundizaron aún más la crisis”.

Según Bongers, durante los primeros meses del año la demanda interna se ubicó en niveles extremadamente bajos y recién en las últimas semanas comenzaron a observarse algunos movimientos puntuales.

“Los corralones empezaron a hacer algunos pedidos porque se estaban quedando sin determinadas medidas de madera y necesitaban reponer stock. Pero eso no significa una recuperación. Se está comercializando a márgenes cero, simplemente para sostener la actividad”, explica.

El dirigente remarca que la industria sigue operando con elevados niveles de capacidad ociosa y que la mejora observada en algunos indicadores de exportación no necesariamente se traduce en una mejora económica para los aserraderos.

“Los aserraderos que exportan están trabajando con precios de medios a bajos porque el mercado internacional está teniendo precios medios a bajos. Muchas veces se trabaja a contribución marginal”, sostiene.

A su entender, el problema es especialmente grave para los establecimientos pequeños que no cuentan con bosques propios ni integración vertical.

“Hay que diferenciar al aserradero chico del aserradero mediano que tiene forestación propia. El que tiene plantaciones puede darle un valor marginal a su materia prima y sostener algunas exportaciones. Pero hay aserraderos chicos que directamente no pueden salir a exportar porque no les cierran los números. Si sumás el costo de la madera, la logística y la energía para poner un contenedor FOB Buenos Aires, terminás perdiendo dinero”.

Para Bongers, la competitividad exportadora también está condicionada por el tipo de cambio.

“Nosotros creemos que el dólar está atrasado para la industria. Un dólar de 1.550 o 1.600 pesos nos daría mayor competitividad“, afirma.

Aunque aclara que la discusión no es lineal.

“También es cierto que muchos de los insumos que usamos para exportar están dolarizados. Consumimos polietileno, flejes y otros productos vinculados al dólar. Si el dólar sube, también aumentan esos costos. Pero claramente hoy estamos atrasados para competir”.

Otro de los factores que más preocupa a la entidad es el impacto de la energía sobre la estructura de costos.

Tuvimos un aumento del 18% en energía sin aviso previo. Nosotros vendemos a precios pactados y después nos encontramos con costos que no tenemos forma de trasladar. Así se hace muy difícil planificar”.

Por eso considera que debe existir un tratamiento diferencial para la industria.

Debería haber una tarifa energética diferencial para el sector productivo. Hoy estamos compitiendo con países que tienen costos mucho más bajos que los nuestros”.

A pesar del contexto, Bongers asegura que la prioridad sigue siendo sostener el empleo. “Lo que más priorizamos es la mano de obra. Es nuestro capital más importante. Son años de capacitación y experiencia. Por eso la mayoría de los socios de la cámara están haciendo un enorme esfuerzo para sostener a sus trabajadores”.

Sin embargo, reconoce que el panorama sigue siendo incierto.

“El contexto continúa siendo difícil. Sentimos que todavía no se tocó fondo. La demanda sigue siendo el principal problema y los costos continúan demasiado altos para el sector”.

Desde Amayadap impulsan una agenda concreta de medidas para recuperar competitividad. Entre ellas aparecen el fortalecimiento del Puerto de Eldorado, la reforma de la legislación de marina mercante para potenciar el transporte fluvial, la reducción de la carga impositiva, mejoras en el esquema energético y programas de promoción para viviendas de madera.

“Estamos convencidos de que el transporte por la hidrovía puede bajar significativamente los costos logísticos. Paraguay lo utiliza intensamente y obtiene ventajas competitivas. Nosotros también deberíamos aprovechar esa herramienta”, sostiene.

La entidad también promueve mecanismos para reactivar la demanda interna.

“Presentamos propuestas para fortalecer la construcción de viviendas de madera y viviendas mixtas financiadas con créditos hipotecarios. Si logramos reactivar ese mercado, los aserraderos más chicos podrán enfocarse en abastecer la demanda local mientras los grandes continúan exportando”.

Para Bongers, el futuro inmediato de la actividad dependerá menos de los mercados internacionales y más de la capacidad de corregir problemas estructurales.

“Hoy los tres grandes temas que están afectando a la industria son la logística, la energía y la carga impositiva. Si no trabajamos sobre esos costos, cada vez será más difícil competir”.

Otro dato que genera preocupación surge del censo forestoindustrial que realiza la Secretaría de Agricultura.

Según Lagier, los primeros resultados muestran una fuerte divergencia regional.

“Misiones y Entre Ríos aparecen prácticamente estancadas en cantidad de industrias, mientras Corrientes pasó de unas 150 a cerca de 300 plantas”, señala.

Para los industriales, el dato refleja diferencias vinculadas a costos energéticos, incentivos fiscales y condiciones de inversión.

El diagnóstico empresarial ya no gira alrededor del crecimiento. La prioridad pasó a ser sostener las empresas abiertas.

Las demandas incluyen reducción de la presión fiscal, alivio en materia energética, incentivos para la construcción, créditos hipotecarios accesibles, mejoras logísticas vinculadas al puerto de Eldorado, reformas al sistema de cabotaje y una mayor velocidad en los reintegros de exportación.

Pero detrás de esos reclamos aparece una preocupación más profunda.

Fachinello lanza una advertencia que resume el estado de ánimo de gran parte del empresariado. “Nos extraña mucho la pasividad que estamos teniendo en esta agresión y destrucción de la industria nacional“.

Y agrega: “Estamos adormecidos. Tenemos que darnos cuenta de la destrucción de la industria nacional y del parate que tenemos. Si no tomamos medidas ahora, los problemas serán mucho más graves.”

La forestoindustria argentina vive así una situación inédita. Exporta más que nunca, conquista nuevos mercados y amplía su presencia internacional. Pero puertas adentro, buena parte de las empresas trabaja con márgenes mínimos, capacidad ociosa creciente y un mercado interno que sigue sin reaccionar.

La paradoja es evidente: el sector vende más madera al mundo, pero cada vez encuentra menos rentabilidad para producirla.

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Dass en alianza con el grupo Texcin traslada producción a Paraguay

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La relocalización industrial ya dejó de ser una hipótesis para convertirse en un movimiento concreto dentro del sector manufacturero regional. La empresa brasileña Dass, fabricante de calzado e indumentaria para marcas internacionales como Adidas, Nike y Fila, trasladó gran parte de su producción desde Argentina hacia Paraguay, donde desde marzo opera una nueva planta industrial junto al grupo brasileño Texcin.

La inversión, estimada en USD 400 millones, se instaló bajo el esquema de maquila impulsado por el Gobierno paraguayo de Santiago Peña, un régimen que permite producir con menores costos tributarios y exportar hacia Brasil y otros mercados regionales con ventajas fiscales.

Mientras la expansión toma forma en Paraguay, en Argentina el proceso deja señales opuestas: cierre de plantas, despidos y reducción de personal. En Misiones, la fábrica de Dass en Eldorado abrió un programa de retiros voluntarios para 50 trabajadores, en un escenario de fuerte retracción productiva y sin certezas sobre la continuidad operativa de la planta.

Eldorado, entre la reducción de personal y el temor al vaciamiento

La planta misionera concentra actualmente lo que queda de la producción de Dass en Argentina. Según la información difundida, hoy trabajan allí unos 230 operarios, aunque la empresa llegó a emplear cerca de 1.500 personas en sus años de mayor actividad.

Si se concretan las desvinculaciones previstas, el plantel podría reducirse a alrededor de 180 trabajadores. Los retiros voluntarios contemplan indemnización completa y forman parte de un proceso de reducción de costos frente a la caída de pedidos de sus principales clientes.

La empresa ya había advertido meses atrás que tenía asegurada carga de trabajo solamente hasta junio si no aparecían nuevos contratos de producción.

La situación en Eldorado replica lo ocurrido previamente en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, donde Dass cerró su planta, trasladó maquinaria hacia Paraguay y despidió a unos 850 trabajadores. La magnitud del impacto llevó al intendente Ricardo Moccero a declarar la emergencia laboral en la ciudad.

Paraguay acelera su estrategia industrial

El movimiento de Dass expone uno de los ejes centrales de la política económica paraguaya: captar inversiones manufactureras regionales mediante incentivos fiscales y menores costos operativos.

El régimen de maquila paraguayo grava apenas el 1% del valor agregado para exportación, mientras el esquema tributario general contempla 15% de impuesto a la renta personal, 10% de IVA y 8% sobre dividendos.

El ministro de Industria y Comercio de Paraguay, Marco Riquelme, viene promoviendo activamente estas ventajas competitivas ante empresarios argentinos y brasileños. Incluso visitó la planta de DassTex en Mariano Roque Alonso durante marzo, en plena expansión de operaciones.

Aunque desde el Gobierno paraguayo sostienen que el objetivo es generar “complementariedad” y no reemplazar producción argentina, el caso Dass aparece como un ejemplo concreto de traslado industrial efectivo.

El deterioro del sector no se explica por un único factor. Según el texto base, la empresa enfrenta simultáneamente apertura de importaciones, caída del consumo y recesión económica.

El último informe industrial del INDEC citado en el reporte mostró una caída de 23,3% en textiles y de 8,9% en prendas de vestir, cuero y calzado, indicadores que reflejan la presión que atraviesa la industria manufacturera orientada al mercado interno.

La estructura de Dass, basada en producción tercerizada para grandes marcas deportivas, quedó particularmente expuesta frente al ingreso de productos importados a menores precios.

La disputa regional por las industrias

La situación de Dass también refleja una competencia silenciosa pero cada vez más intensa entre países de la región por atraer producción industrial.

Mientras Paraguay profundiza un esquema de promoción manufacturera basado en costos fiscales y laborales más bajos, Argentina enfrenta tensiones derivadas de la apertura comercial y la pérdida de competitividad en sectores intensivos en empleo.

Para Misiones, el caso tiene una sensibilidad especial. La planta de Eldorado fue durante años uno de los principales motores industriales del norte provincial y su eventual reducción o cierre tendría impacto directo sobre empleo, comercio y actividad económica local.

El escenario también expone una tensión más amplia: cómo sostener producción industrial en provincias periféricas frente a esquemas regionales que ofrecen menores costos y reglas más estables para exportación.

Impacto económico en Misiones

Aunque la empresa no confirmó un cierre definitivo en Eldorado, la reducción de personal y la incertidumbre operativa ya generan efectos sobre la economía local.

La planta tiene un fuerte efecto multiplicador sobre servicios, comercios y consumo en la zona norte de Misiones. La caída de actividad industrial en una ciudad con fuerte dependencia del empleo fabril impacta no sólo en los trabajadores directos, sino también en proveedores y circuitos comerciales asociados.

Además, la situación se produce en un contexto donde otras industrias manufactureras argentinas también observan a Paraguay como alternativa para reducir costos.

El futuro de Dass en Misiones dependerá de variables que todavía permanecen abiertas: la evolución del consumo interno, la continuidad de contratos con marcas internacionales, la dinámica de las importaciones y la capacidad de la planta de sostener competitividad frente al nuevo polo industrial paraguayo.

También quedará bajo observación si el caso Dass se convierte en un episodio aislado o en una señal de una reconfiguración más profunda del mapa industrial regional.

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Como en pandemia, Misiones sale al rescate de empresas y trabajadores

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La escena remite inevitablemente a los meses más duros de 2020. Empresas sin horizonte, mercados retraídos, exportaciones que no alcanzan para compensar la caída del consumo interno y la Provincia que vuelve a intervenir para evitar que la crisis se traduzca en cierres y despidos masivos.

En Misiones, el Gobierno provincial a través del ministerio de Trabajo, reactivó mecanismos excepcionales para contener el empleo en sectores estratégicos, especialmente en la industria maderera, donde la caída de la actividad ya encendió todas las alarmas. El instrumento central vuelve a ser el Artículo 223 bis de la Ley de Contrato de Trabajo, la misma herramienta que durante la pandemia permitió sostener miles de puestos laborales mediante suspensiones acordadas y pagos no remunerativos.

Hoy, el escenario tiene nombres propios: una de las principales firmas madereras de Eldorado; empresas nucleadas en la Asociación de Madereros, Aserraderos y Afines del Alto Paraná (Amayadap); firmas industriales en Puerto Rico; y casos recientes como una colchonería tradicional, que logró salir de una situación crítica tras aplicar un esquema similar. La lógica es simple: evitar despidos definitivos mientras se gana tiempo para atravesar la tormenta. En los procesos ya iniciados, se preservaron 600 puestos laborales. 

El Artículo 223 bis fue incorporado a la legislación laboral en 1996 como una válvula de escape para situaciones extraordinarias de crisis económica. Permite que, ante falta o disminución de trabajo o fuerza mayor no imputable al empleador, las empresas acuerden suspensiones temporales con sus trabajadores pagando una prestación no remunerativa en lugar del salario habitual.

Eso implica una reducción sustancial de la carga laboral: no se realizan aportes jubilatorios, aunque sí se mantienen contribuciones para obra social y cuota sindical.

Durante la pandemia, este mecanismo se volvió masivo. Desde marzo de 2020, miles de empresas en todo el país recurrieron al 223 bis para pagar, en general, al menos el 75% del salario neto mientras las plantas permanecían paralizadas.

Ahora, Misiones vuelve a apelar a esa herramienta. Uno de los casos más sensibles es el de una maderera, donde cerca de 300 trabajadores atraviesan una situación crítica. La empresa enfrenta una fuerte retracción del mercado interno, dificultades operativas y una estructura de costos que se volvió difícil de sostener. La salida acordada fue avanzar con suspensiones extraordinarias bajo el paraguas del 223 bis.

En términos concretos, el esquema permite que los empleados continúen cobrando prácticamente el 100% de sus ingresos, mientras la empresa logra un alivio financiero determinante: la firma eldoradense logró 120 millones de pesos mensuales de ahorro.

Ese margen surge principalmente de la descompresión de cargas laborales, aunque se mantienen seguros, obra social y cobertura básica para los trabajadores.

La premisa provincial fue clara: contener el empleo y evitar despidos. La situación no es aislada. Desde Amayadap advierten que entre nueve y diez grandes empresas del sector forestal-industrial ya están trabajando bajo este esquema o analizando su implementación inmediata.

En total, el universo alcanza a unos 600 trabajadores, aunque el número podría ampliarse si la crisis del mercado interno persiste. Desde la entidad empresarial resumen el momento con una frase contundente: “Es como en pandemia”.

La caída del consumo golpeó de lleno a la industria maderera, especialmente a las empresas más vinculadas a la demanda nacional. Aunque algunas mantienen exportaciones activas, eso no alcanza para compensar la debilidad del mercado doméstico.

En ese contexto, destacan que la única respuesta rápida llegó desde la Provincia, pese a que hace algunas semanas hubo encuentros con Maura Gruber, diputada de la Libertad Avanza que proviene del sector maderero. 

“Los únicos que vinieron a auxiliar fueron los del Ministerio de Trabajo”, reconocen desde Amayadap.

La tramitación exprés del 223 bis permitió evitar que la crisis escalara hacia despidos masivos o concursos preventivos, muchos de los cuales -según describen- permanecen estancados y sin resolución concreta.

No es la primera vez que Misiones utiliza este esquema en la actual desaceleración económica. Una tradicional colchonería había ingresado en una situación delicada y aplicó una extensión de 90 días bajo este régimen excepcional. Finalmente, logró salir de la emergencia en apenas 60 días.

Ese antecedente fortaleció la decisión oficial de replicar el modelo en otras actividades.

También aparecen otros sectores de la economía provincial bajo observación, incluyendo dos grandes empresas radicadas en Puerto Rico que analizan medidas similares.

Mientras a nivel nacional predominan los concursos preventivos demorados y una menor capacidad de respuesta institucional, en Misiones el Gobierno optó por una estrategia activa: sostener empleo antes que administrar despidos.

El formulario 931 -que refleja cargas y contribuciones patronales- representa en muchos casos cerca del 60% de la remuneración. Al flexibilizar ese peso durante tres meses, las empresas logran atravesar la coyuntura sin romper definitivamente la relación laboral.

La Provincia no está subsidiando salarios de manera directa, pero sí acelerando mecanismos que permiten ganar tiempo.

En una economía atravesada por la caída del consumo, la presión impositiva y la dificultad para sostener márgenes, ese tiempo puede ser decisivo.

Como ocurrió en pandemia, la prioridad vuelve a ser una sola: preservar el trabajo antes de que la crisis se vuelva irreversible.

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Dass abre retiros voluntarios y profundiza la incertidumbre sobre su planta en Eldorado

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La fábrica de calzado Dass abrió un proceso de retiros voluntarios para 50 trabajadores en su planta de Eldorado, en medio de un escenario de fuerte retracción productiva y creciente incertidumbre sobre su continuidad operativa en Misiones.

La empresa, que en sus años de mayor actividad llegó a emplear a cerca de 1.500 personas, podría reducir su plantel a apenas 180 trabajadores si se concretan las desvinculaciones previstas, lo que refleja la magnitud de la crisis que atraviesa el sector.

Según trascendió, los retiros voluntarios contemplan el pago de la indemnización completa y forman parte de una estrategia para achicar costos ante la fuerte caída en los pedidos de sus principales clientes.

Desde hace varios meses, la firma viene advirtiendo sobre las dificultades para sostener la producción. Incluso, había señalado que, de no revertirse la situación, tenía asegurada carga de trabajo solamente hasta junio.

El problema, sin embargo, excede a la planta misionera. La industria nacional del calzado atraviesa una etapa crítica, marcada por la apertura de importaciones y la creciente competencia de productos provenientes del exterior a precios considerablemente más bajos, una combinación que golpea especialmente a las fábricas orientadas a marcas deportivas y producción tercerizada.

La propia Dass ya había dado una señal de ese deterioro a comienzos de 2025, cuando anunció el cierre de su planta en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, argumentando dificultades similares vinculadas a la pérdida de competitividad frente al avance de las importaciones.

En Eldorado, la situación genera preocupación no solo por el impacto directo sobre los trabajadores y sus familias, sino también por el efecto multiplicador que la planta tiene sobre la economía local. La fábrica fue durante años uno de los principales motores del empleo industrial en el norte misionero.

Ahora, con una estructura cada vez más reducida y sin certezas sobre nuevos contratos de producción, el futuro de Dass en Misiones vuelve a quedar bajo un manto de incertidumbre.

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