crisis yerbatera

La Iglesia respaldó a productores que piden declarar la emergencia yerbatera

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La crisis de la producción yerbatera sumó este jueves un nuevo capítulo institucional. Representantes de los productores fueron recibidos por el obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, en busca de respaldo frente a una situación que califican como “crítica”, marcada por el derrumbe del precio de la hoja verde tras la desregulación del mercado impulsada por el Gobierno nacional.

El obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, respaldó el reclamo de los productores yerbateros y definió la situación que atraviesa el sector como una verdadera emergencia social. Tras recibir a representantes de las organizaciones rurales, explicó que el encuentro tuvo como eje una escucha directa de quienes representan a miles de familias de pequeños productores y tareferos.

Martínez señaló que, si bien conoce la problemática por sus recorridas pastorales por el interior de la provincia, la reunión permitió profundizar en la dimensión de una crisis que ya trasciende al sector yerbatero y afecta a la economía de numerosas localidades. “Ellos representan a miles de familias. En Misiones hablamos de pequeños productores y tareferos, gente humilde que hoy padece circuitos de injusticia y que no logra sostener su actividad”, resumió.

El Obispo advirtió que la caída de la actividad repercute en toda la vida económica de los pueblos. Explicó que cuando el productor deja de tener ingresos también se resienten los comercios, los supermercados y el empleo, generando un efecto dominó que golpea a toda la comunidad.

En ese contexto, valoró que las organizaciones rurales se mantengan unidas para expresar su situación y reclamar la declaración de la emergencia yerbatera. Además, confirmó que surgió la propuesta de conformar una mesa de emergencia para abordar la problemática de manera conjunta.

Martínez recordó que la diócesis cuenta con la Comisión de Justicia y Paz, un espacio que ya tuvo participación durante la crisis de 2001 acompañando conflictos sociales y productivos. Consideró que esa experiencia puede volver a ser útil frente a una realidad que afecta especialmente a quienes poseen pequeñas explotaciones familiares y hoy, según relataron los propios productores, ya no logran sostenerse económicamente.

“Los números macro no alcanzan si la gente queda afuera”

El Obispo aprovechó la oportunidad para formular una reflexión más amplia sobre la situación económica del país. Afirmó que toda política económica debe medirse por su impacto sobre las personas.

“Todo proyecto económico que no incluye a la gente no nos sirve. Todos queremos estabilidad y que los números cierren, pero esos resultados tienen que alcanzarse con la gente adentro. Si la macroeconomía mejora mientras aumentan la pobreza, el cierre de comercios, la pérdida de empleo y el deterioro de las rutas, estamos frente a un modelo que daña profundamente a la sociedad”, sostuvo.

También relató que durante la reunión varios productores se emocionaron al describir la situación que atraviesan sus familias, reflejando una realidad que, dijo, representa a miles de trabajadores rurales de Misiones.

Como mensaje final, convocó a sostener la esperanza, evitar el desaliento y fortalecer la organización comunitaria. “Nunca hay que bajar los brazos. En estos momentos difíciles es fundamental mantenerse unidos y organizados”, expresó.

Rechazo al proyecto sobre tierras

Durante la conferencia, Martínez también ratificó la posición de la Iglesia frente al proyecto nacional de “Inviolabilidad de la Propiedad Privada”, actualmente en debate en el Congreso.

Recordó que tanto la Conferencia Episcopal Argentina como la Pastoral Social manifestaron su rechazo a la iniciativa porque, a su entender, absolutiza el derecho de propiedad privada y desconoce el principio del bien común que sostiene la doctrina social de la Iglesia.

Además, advirtió sobre el riesgo de que grandes intereses económicos avancen sobre recursos estratégicos del país.

“Valoramos la propiedad privada, pero no puede absolutizarse. Hoy quizá ya no sean gobiernos los que vienen por nuestros recursos, sino grandes empresas interesadas en los minerales, el litio o el Acuífero Guaraní. Tenemos que defender nuestra independencia y evitar que, por beneficios inmediatos, terminemos hipotecando el futuro de la Argentina”, concluyó.

Carlos Ortt, histórico productor yerbatero, explicó que la estrategia apunta a buscar apoyo en todos los ámbitos posibles. “Estamos tratando de encontrar todos los recursos e influencias que puedan ayudarnos a salvar la situación que vive hoy el sector productivo. Es crítica. La mayor parte de la provincia está semiparada porque los costos ya no cierran y no hay materia prima”, afirmó.

Según Ortt, la crisis ya comenzó a trasladarse al conjunto de la economía provincial. “Esto va a significar un retroceso muy grande para la economía de Misiones. Esperamos encontrar alguna solución con el Gobierno, con el Obispado y con todos los sectores que puedan colaborar”, sostuvo.

Una crisis que combina precios, clima y falta de mano de obra

El productor describió un escenario en el que convergen múltiples factores negativos. A la fuerte caída de los precios de la hoja verde se suman los efectos climáticos de un año con abundantes precipitaciones y un problema creciente: la escasez de trabajadores rurales.

“No solo nos afecta el clima. Hoy prácticamente no tenemos obreros rurales porque muchos están migrando hacia Brasil. La baja rentabilidad del sector hace imposible pagar mejores salarios y los trabajadores buscan oportunidades donde les ofrecen mejores ingresos”, explicó.

La cercanía con la frontera facilita ese proceso migratorio, que complica aún más las tareas de cosecha y mantenimiento de las plantaciones.

Temor por la venta de chacras y la concentración de tierras

Ortt también manifestó preocupación por el impacto estructural que puede tener la crisis sobre el modelo productivo misionero.

Advirtió que la pérdida de rentabilidad está acelerando la venta de chacras familiares y favoreciendo un proceso de concentración de tierras.

“Es impresionante la cantidad de chacras que se están vendiendo. Muchos productores abandonan la actividad porque ya no pueden sostenerla. Si esto sigue así, vamos hacia una concentración de la tierra en manos de quienes tienen mayor capacidad económica”, alertó.

En ese contexto cuestionó las políticas nacionales que, a su entender, favorecen la concentración económica mientras el pequeño productor pierde competitividad.

“El modelo productivo de Misiones no puede reemplazarse”

El dirigente también rechazó las propuestas que plantean reemplazar la producción tradicional por cultivos extensivos como soja o maíz.

Recordó que la estructura agraria de Misiones, con chacras promedio de unas 25 hectáreas y una topografía compleja, hace inviable ese esquema.

“La unidad económica histórica en Misiones fue de unas 25 hectáreas. Los modelos que proponen requieren establecimientos de más de 100 o incluso 300 hectáreas y terrenos aptos para maquinaria pesada. Nuestra geografía no lo permite. Ni siquiera la mecanización de la cosecha de yerba puede implementarse en toda la provincia”, explicó.

Por eso insistió en que el desafío es sostener el modelo de agricultura familiar que caracteriza a Misiones y evitar que la crisis derive en un proceso irreversible de abandono de chacras.

“Necesitamos que el Gobierno provincial, la Iglesia y todas las instituciones que puedan influir nos ayuden a equilibrar una situación que hoy está golpeando de lleno a los productores misioneros”, concluyó.

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Productor que militó por Milei rompe con el Gobierno y expone la fractura libertaria en la chacra misionera

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Hay testimonios que valen más que una encuesta. No porque definan por sí solos un escenario político, sino porque condensan un cambio de clima. El de Néstor Homeniuk, productor bananero de Colonia Polana, pertenece a esa categoría.

No habla un dirigente opositor ni un histórico adversario del Gobierno. Habla alguien que asegura haber recorrido los pueblos de Misiones para convencer a miles de productores de votar por Javier Milei. Un militante libertario de la primera hora que ahora afirma sentirse responsable de haber promovido un proyecto político que, según sostiene, terminó perjudicando precisamente a quienes prometía beneficiar.

Su declaración, realizada en Eldópolis Radio 106.3, tiene un peso simbólico particular porque emerge desde uno de los sectores sociales que más acompañó el discurso libertario en 2023: los pequeños y medianos productores rurales.

Alguien lo tenía que decir. Y lo tenía que decir un libertario, alguien que se puso la camiseta para que él pueda llegar a presidente con la esperanza de que los agricultores estén mejor, no peor“, resumió.

El lamento llega en un contexto especialmente delicado para la producción primaria de Misiones. La yerba mate atraviesa una de las crisis más profundas de las últimas décadas tras la eliminación de las herramientas regulatorias del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Los precios pagados al productor quedaron muy por debajo de los costos de producción, mientras proliferan reclamos, movilizaciones y pedidos de emergencia.

El tabaco también enfrenta dificultades por la caída de rentabilidad, mientras que los productores de frutas y hortalizas denuncian una creciente presión de productos importados, especialmente provenientes de Brasil.

En ese escenario, Homeniuk habla desde su propia experiencia. “Perdí dos cosechas de limón caipiriña y la banana tuve que tirarla. Todo viene de Brasil. Vas a las góndolas y la mayoría son productos brasileños. ¿Cómo vamos a sacar adelante la Argentina así?”, cuestionó.

Su crítica apunta directamente a una de las banderas económicas del Gobierno: la apertura comercial y la desregulación de mercados.

Homeniuk reivindica haber sido uno de quienes más trabajó por la candidatura presidencial de Milei en el interior profundo de Misiones. “Desde el principio al fin”, respondió cuando le preguntaron si había militado toda la campaña.

Describe jornadas que comenzaban antes del amanecer en la chacra y terminaban entrada la noche haciendo proselitismo. “Trabajábamos durante el día. A las seis de la tarde salíamos hasta las diez u once de la noche a hacer campaña y al otro día nos levantábamos a las cinco de la mañana para volver a trabajar.”

Según su reconstrucción, fueron los propios agricultores quienes sostuvieron territorialmente la campaña libertaria en municipios como Jardín América, Colonia Polana, Andresito, San Vicente y Eldorado.

“Nadie mostraba la cara porque tenían miedo. Nosotros nos pusimos la camiseta”.

Esa identificación hace que el desencanto tenga un componente casi personal. “No esperaba esto de este gobierno. Metí la pata y me siento responsable de haber convencido a miles y miles de personas para que lo voten.”

Una crítica que interpela al núcleo libertario

Homeniuk no reniega de las ideas liberales. Incluso aclara que continúa creyendo en “la libertad”, aunque cuestiona la forma en que el Gobierno aplica sus políticas. “Si vamos a ser libertarios, vamos a ser bien libertarios. No esta clase de libertarios que hacen las cosas mal“.

Su principal reproche apunta a que, según su mirada, la administración nacional dejó de representar al trabajador y al pequeño productor.

“Nosotros queríamos un gobierno que gobernara para el trabajador y para el que quiere salir adelante, no para los multimillonarios.”

También critica la respuesta oficial frente a quienes cuestionan la marcha económica. “Hoy todo el que reclama o dice que las cosas no están viniendo bien, para el Presidente son todos kukas”.

Esa frase sintetiza una incomodidad que comienza a escucharse en sectores que acompañaron el cambio político pero hoy sienten que cualquier cuestionamiento es interpretado como una traición.

Las críticas no se limitan a la Casa Rosada. El productor también apuntó contra la dirigencia de La Libertad Avanza en Misiones, especialmente hacia los actuales representantes legislativos.

Afirmó que durante la campaña presidencial muchos de quienes hoy ocupan cargos no participaron del trabajo territorial y que, una vez electos, dejaron de responder los reclamos del sector productivo. Se refiere a Adrián Núñez y Diego Hartfield, con quienes intentó comunicarse sin suerte.

“Antes de la campaña estaban todos; ahora que son diputados nacionales nadie responde”.

Uno de los pasajes más fuertes de la entrevista fue su referencia a la estrategia digital utilizada durante la campaña presidencial. Homeniuk relató que existían grupos organizados de WhatsApp donde se distribuían contenidos políticos y reconoció que muchas publicaciones respondían a una lógica de confrontación y desinformación.

“Trabajábamos incluso haciendo campaña sucia. Hoy me doy cuenta de que fue así”.

Según explicó, desde esos grupos enviaban material hacia Buenos Aires y luego recibían nuevos videos para viralizar entre productores y vecinos. “Mucha gente votó por cómo le hicimos la campaña. Eso es lo que más bronca me da”.

Más allá del caso individual, el testimonio de Homeniuk revela un fenómeno que comienza a observarse en distintos sectores del agro misionero.

Durante la campaña presidencial, buena parte de los pequeños productores depositó expectativas en una economía más estable, menor presión impositiva y mejores condiciones para producir.

Sin embargo, el proceso de desregulación coincidió con una fuerte caída de la rentabilidad en varias economías regionales. La crisis yerbatera, la competencia de productos importados y el deterioro del consumo interno modificaron rápidamente ese humor social.

En política, los cambios de clima suelen comenzar con voces aisladas. Pero cuando esas voces provienen de quienes construyeron electoralmente un proyecto, adquieren otra dimensión.

Homeniuk no habla desde la oposición tradicional. Habla desde la decepción de quien creyó haber encontrado una salida y hoy sostiene que esa apuesta terminó perjudicando al mismo sector que ayudó a llevar al poder.

Su advertencia final resume ese cambio de época. “Así como ayudamos a que ganaran, también les podemos hacer perder. Si no cambian todo esto, los agricultores les vamos a ir en contra”.

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En los últimos dos años y medio Misiones perdió el 11,4% de sus empleadores privados

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Lo de Dass es apenas un síntoma. Los 150 empleos que se perderán en las próximas horas forman parte de un escenario complejo, que exhibe un deterioro acelerado en los últimos meses. En abril de 2026 Misiones contabilizó 8.399 empleadores privados activos, el registro más bajo desde, al menos, enero de 2023 y un nuevo mínimo desde el inicio de la gestión del presidente Javier Milei.

La comparación interanual muestra una caída del 7,2%, equivalente a 653 empresas menos que en abril de 2025. Si el análisis se extiende al período previo al cambio de Gobierno nacional, el retroceso alcanza el 11,4%, con 1.081 empleadores privados menos desde noviembre de 2023. Frente al pico registrado en septiembre de ese año, la pérdida asciende a 1.414 empresas, lo que representa una reducción del 14,4% del universo de empleadores de la provincia.

El deterioro resulta aún más significativo cuando se compara con el desempeño nacional. Mientras Misiones perdió el 7,2% de sus empleadores en el último año y el 11,4% desde noviembre de 2023, el promedio del país registró bajas del 2,8% y del 5,2%, respectivamente. En otras palabras, la desaparición de empresas en Misiones avanza aproximadamente al doble de velocidad que en el conjunto de la Argentina.

Un proceso que se aceleró durante el último año

La evolución de la serie muestra que el deterioro no fue lineal. Entre noviembre de 2023 y abril de 2025 la provincia perdió 428 empleadores, a un ritmo promedio de 25 empresas por mes. Incluso hubo un breve período de recuperación entre febrero y junio de 2025, cuando el número de empleadores aumentó durante cinco meses consecutivos, favorecido por una desaceleración inflacionaria y una leve recuperación del crédito.

Sin embargo, ese rebote resultó efímero. Desde julio de 2025 el indicador acumula diez meses consecutivos de caída, período en el que desaparecieron 862 empleadores, equivalentes al 9,3% del total existente. El ritmo de destrucción prácticamente se duplicó: durante los últimos doce meses cerraron, en promedio, 54 empresas por mes, frente a las 25 mensuales registradas en la etapa previa.

En consecuencia, seis de cada diez empleadores perdidos desde noviembre de 2023 desaparecieron durante el último año, confirmando una fuerte aceleración del proceso.

Las microempresas concentran el mayor impacto

El análisis por tamaño revela que la crisis golpea principalmente a las firmas más pequeñas.

De los 1.081 empleadores desaparecidos desde noviembre de 2023, 990 tenían diez trabajadores o menos, es decir, el 91,6% de toda la destrucción empresarial.

Solo el segmento de empresas con entre uno y cinco trabajadores explica 855 cierres, mientras que las firmas de seis a diez empleados aportan otras 135 bajas.

La fotografía del último año confirma la misma tendencia: de las 653 empresas perdidas entre abril de 2025 y abril de 2026, 605 correspondían a microempresas, lo que representa el 92,6% del total.

En contraste, las compañías de entre 11 y 25 trabajadores incluso registraron un leve crecimiento, mientras que las de entre 51 y 100 empleados permanecieron prácticamente estables.

Los datos sugieren además que parte de la caída observada en las empresas medianas responde a una reducción de personal que las hace descender de categoría estadística. En cambio, cuando desaparece una microempresa no existe esa posibilidad: simplemente deja de existir.

La destrucción empresarial avanza a un ritmo superior al del empleo privado. Mientras la cantidad de trabajadores registrados cayó 3,9% interanual, el número de empleadores retrocedió 7,2%. Como consecuencia, el tamaño promedio de las empresas sobrevivientes pasó de aproximadamente 11,2 a 11,6 trabajadores.

Más que una mejora de productividad, el fenómeno refleja un proceso de concentración económica: hay menos empresas operando en la provincia.

Comercio, industria y construcción lideran las pérdidas

El impacto sectorial tampoco es homogéneo.

Desde noviembre de 2023 el comercio perdió 437 empleadores, equivalente al 13,6% de su universo empresarial y explica, por sí solo, cuatro de cada diez cierres registrados en Misiones.

A ello se suman las pérdidas en:

  • Industria manufacturera (-143).
  • Transporte y almacenamiento (-114).
  • Construcción (-92).
  • Alojamiento y gastronomía (-65).

En conjunto, estas cinco actividades concentran cerca del 80% de toda la destrucción empresarial. Se trata, precisamente, de los sectores más dependientes del consumo interno y de la inversión privada.

La crisis yerbatera también alcanza al agro

Hasta mediados de 2025 el sector agropecuario había mostrado una mayor capacidad de resistencia. Sin embargo, esa situación comenzó a revertirse durante el último año.

El número de empleadores agropecuarios cayó de 1.416 a 1.360, en un contexto marcado por la profunda crisis de la cadena yerbatera.

En conjunto, estos factores explican por qué Misiones atraviesa uno de los procesos de destrucción empresarial más intensos del país.

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Independencias innegociables

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El cierre de Dass en Eldorado se anunció como epílogo de una tragedia anunciada. Es también una biografía de la economía argentina de las últimas dos décadas. La empresa de capitales brasileños desembarcó en Misiones durante el gobierno de Néstor Kirchner, cuando el país apostaba por un modelo de sustitución de importaciones, protección de la industria y expansión del mercado interno. 

En ese escenario encontró el ecosistema ideal para crecer: llegó a fabricar más de 20.000 pares de zapatillas por día para marcas internacionales como Nike y Adidas, empleó a unos 1.500 trabajadores y convirtió a Eldorado en uno de los polos industriales más importantes del Nordeste. 

Durante aquellos años, el ruido de sus máquinas era también el sonido de una Argentina que creía que el desarrollo industrial podía ser el camino hacia la movilidad social.

Después llegó el péndulo. Con Mauricio Macri comenzó una apertura comercial que expuso a muchas industrias a competir con productos importados en condiciones muy desiguales. Dass empezó a flaquear: suspensiones, despidos y líneas de producción cada vez más vacías. La llegada de Alberto Fernández al poder, le dio algo de oxígeno, con una visita simbólica, pero nunca recuperó el volumen perdido. 

Con Javier Milei el péndulo volvió a acelerar, esta vez sin frenos. La apertura casi irrestricta de las importaciones, el retiro del Estado como actor de la política industrial y la convicción de que el mercado debe decidir quién vive y quién desaparece terminaron de sellar un destino que ya venía escribiéndose. Las grandes marcas optaron por producir en Asia o Paraguay, donde los costos son más bajos, y la planta de Eldorado dejó de ser competitiva.

Dass cierra, pero la discusión trasciende a una fábrica. La pregunta es si la Argentina seguirá condenada a oscilar entre modelos que se deshacen mutuamente cada cuatro años. El kirchnerismo construyó industria, pero sin resolver problemas estructurales de competitividad. El macrismo apostó a abrir la economía antes de que esa industria estuviera preparada para competir. Milei decidió directamente que la supervivencia industrial no debe ser una preocupación del Estado. En ese péndulo permanente quedaron atrapadas miles de familias. Porque las inversiones industriales se planifican para décadas, no para un mandato presidencial. Y ningún empresario serio apuesta a un país donde las reglas cambian cada vez que cambia el inquilino de la Casa Rosada.

El de Dass es un dato más en una profunda crisis que se vive en la industria textil argentina, que atraviesa una situación cada vez más compleja y su principal desafío hoy es la pérdida de escala productiva. Con maquinarias operando a menos de la mitad de su capacidad, el sector enfrenta crecientes dificultades para sostener la competitividad, el empleo y la inversión.

Según los últimos indicadores difundidos por la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), se registró una caída interanual de la producción de 22,2% en abril y una retracción acumulada de 25,5% entre enero y abril de 2026, un retroceso superior a la baja registrada por la industria manufacturera en su conjunto.

La industria textil alcanzó apenas 42,4% de su capacidad productiva, lo que implica que más de la mitad de las máquinas, instalaciones y recursos disponibles permanecieron detenidas sin utilizar. Además, el impacto sobre el empleo es concreto y acumulado. Desde diciembre de 2023, la cadena textil, de la confección, cuero y calzado perdió más de 24.000 puestos de trabajo. Dass anotará otros 150. 

El ciclo de la yerba mate también sirve para auscultar cómo impactan los modelos económicos y cómo las decisiones tomadas en Buenos Aires, repercuten directamente en el bolsillo y la (in) estabilidad de miles de familias. 

La primera regulación de la yerba mate ocurrió en 1935, durante la llamada Década Infame. Llegó para poner un poco de equilibrio en un mercado protagonizado por peones y mensúes, con productores dispersos que reclamaban un mejor precio para la materia prima. Fue apenas unos meses antes de la Masacre de Oberá, que desnudó con violencia las décadas acumuladas de desigualdad. 

La regulación atravesó casi todo el siglo pasado, con distintos modelos económicos y colores políticos. El mercado estaba medianamente equilibrado, con productores e industria emparejados, con ganadores y perdedores temporales. Oro Verde era sinónimo de yerba mate. 

En 1991 Domingo Cavallo inició la década desregulada y el derrumbe productivo fue la consecuencia en un puñado de años, con precios de miseria y un silencioso éxodo desde chacras malvendidas. 

Entre 2001 y 2002 los tractorazos parieron al Instituto Nacional de la Yerba Mate, que paulatinamente puso equilibrio en la cadena y acercó el precio de la materia prima a los míticos 50 centavos de dólar. 

Milei le puso fin a 20 años de regulación con el DNU 70/23 y la promesa de una prosperidad que vendrá -en un inasible futuro-, pero que no alcanzará a todos al mismo ritmo, como admitió Martín Menem en su breve paso por Posadas el sábado pasado, como parte de la comitiva de Karina Milei, en el virtual lanzamiento de la campaña por la reelección del Presidente, junto a a los diputados Diego Hartfield y Adrián Núñez. En su paso por Misiones, Karina Milei se llevó una foto con Stuart Navajas y Víctor Saguier, ejecutivos de las principales yerbateras, pero sería un error considerar que toda la industria está alineada con las políticas nacionales. “Es una foto inoportuna“, describieron desde otra yerbatera.

En su paso por Misiones, Karina Milei se llevó una foto con Stuart Navajas y Víctor Saguier, ejecutivos de las principales industrias yerbateras.

Éste último estuvo en la reunión la primera reunión que el desregulador Federico Sturzenegger tuvo con representantes de toda la cadena. En la fría recepción en la Secretaría de Agricultura escuchó los planteos de productores y representantes de cooperativas y el Gobierno de Misiones. La respuesta lacónica no sorprendió:  “La política de desregulación económica del sector y la no fijación de precios constituyen lineamientos de gestión de carácter innegociable”. 

En realidad, ninguno de los que fueron a la reunión esperaba otra cosa de Sturzenegger, quien durante su paso por la alianza y por Cambiemos, ya había dado acabadas muestras de su dogmatismo. Sorprendió si, el silencio de Sergio Iraeta, el secretario de Agricultura que no es un simple tecnócrata, sino un productor agropecuario, de una histórica familia patricia. 

“Le pedí a Iraeta que intercediera y defienda a los productores, ya que un modelo de desarrollo rural con predominio de minifundistas, con éstas políticas corre serio riesgo de desaparecer. Si esto sigue así, me gustaría encontrarlos dentro de 3 o 4 años y ver quién estaba equivocado”, cuestionó Ricardo Maciel, representante de Misiones en la cumbre. 

Un estudio realizado por el ministerio del Agro sirve para dimensionar el impacto de la desregulación en un municipio que depende casi exclusivamente de la yerba mate, como Andresito, con 18 mil hectáreas plantadas. Con los valores actuales, los productores generan ingresos cercanos a los $36.000 millones, pero si el precio alcanzara los $700 por kilo -cerca de 50 centavos de dólar-, esa cifra ascendería a $100.800 millones, dejando una brecha de $64.800 millones que hoy no ingresan a la economía local.

La reducción de ingresos afecta el empleo de tareferos y contratistas, la compra de insumos, combustible y maquinaria, además del movimiento comercial en talleres, estaciones de servicio, comercios y otros sectores que dependen directa o indirectamente de la actividad yerbatera.

El informe también proyecta el escenario a escala provincial. Considerando una producción anual cercana a los 900 millones de kilos de hoja verde, la diferencia entre el precio actual y el considerado necesario implica que Misiones deja de incorporar alrededor de $405.000 millones al circuito económico, con consecuencias sobre la inversión, el consumo y la recaudación. Pierden los productores, pierden el comercio y la industria. Pierde la economía misionera. 

Por eso la preocupación del Gobierno provincial en recuperar la economía yerbatera. Desde que Nación impuso la desregulación y descartó cualquier intervención para recomponer el precio que reciben productores y tareferos, Misiones optó por explorar herramientas propias para amortiguar el impacto de la crisis. 

Sin las facultades del INYM para fijar valores de referencia, la Provincia comenzó a utilizar el crédito como un mecanismo de incentivo económico, orientando el financiamiento hacia aquellos operadores que pagan mejores precios por la materia prima. Es una estrategia que busca influir en el mercado mediante señales financieras, allí donde la Nación decidió retirarse.

Desde mayo ya se inyectaron más de $5.491 millones en distintas líneas de financiamiento para la cadena yerbatera. El esquema incluye más de 215 operaciones de descuento de cheques a tasa cero, por un monto superior a $2.769 millones; $2.222 millones en créditos de corto plazo con tasa bonificada y $500 millones en préstamos de largo plazo, canalizados a través de los bancos Macro y Nación. La prioridad se concentró en las empresas y cooperativas que respetan los precios mínimos de referencia impulsados por la Provincia –$301 por kilo de hoja verde y $1.160 por kilo de yerba canchada– con el objetivo de generar un efecto gradual de mejora sobre el valor que perciben los productores. 

En ese contexto deben leerse las palabras del gobernador Hugo Passalacqua en Cerro Corá, durante el acto por el aniversario de la Independencia. El mandatario reivindicó el protagonismo histórico de las provincias y especialmente de Misiones en la construcción del país, al recordar el legado de José Gervasio Artigas, Andrés Guacurarí y el Congreso de los Pueblos Libres como antecedentes fundamentales del federalismo argentino. Al referirse a esos procesos históricos, sostuvo que muchas de aquellas discusiones continúan vigentes y recordó una frase atribuida a José Gervasio Artigas –’Buenos Aires siempre da amarguras’– para contextualizar los históricos debates sobre el federalismo y el rol de las provincias en la construcción del país.

“Los misioneros debemos pensar de forma independiente para tomar las riendas de los desafíos que se vienen”, remarcó en una frase con una profunda significación política, en relación con la Nación, pero también hacia dentro de la política misionera. 

No fue una frase al azar. Passalacqua eligió estar en un pequeño municipio misionero en lugar de la foto de Tucumán, donde estuvo el presidente Milei con un grupo de mandatarios. Casi como sucedió en 1816. Passalacqua recordó que Misiones protagonizó el primer grito de independencia como parte de la Liga de los Pueblos Libres, que sucedió en 1815. Esa liga, liderada por José Gervasio Artigas, nucleó a la Provincia Oriental (actual Uruguay), Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y, por un tiempo, Córdoba. Su modelo político era republicano, federal y democrático. Lo que nunca terminó de consolidarse en la Argentina desde la independencia formal. 

Otra frase de Cerro Corá sirve para explicar el presente político. “Querido pueblo de Misiones, quiero decirle que estoy orgulloso de los misioneros. Orgulloso de cada uno de ustedes, sus familias. En un momento tan angustiante para la República, difícil, difícil. Sin embargo, siempre los veo con una sonrisa. Y si hay algo que podemos hacer desde acá, quienes fuimos legitimados con ese con ese voto, es tratar de hacerles un poco más fácil la vida cada día. Un poco más fácil. Si no cumplimos eso, ahí está la urna”.

El llamado es explícito, aunque el propio Passalacqua todavía no lo haya verbalizado. Buscará ser ratificado en las urnas. “Movimiento por lo que viene”, fue bautizado el nuevo espacio liderado por Passalacqua, quien exhibió músculo, acompañado por buena parte de los intendentes, diputados y los principales ministros del Gabinete.

El espacio asume el compromiso de recuperar los valores históricos del misionerismo, reflejados en el discurso de Cerro Corá: pensar con independencia, sostener una mirada profundamente federal y defender, por encima de cualquier otra consideración, los intereses de las familias misioneras, sin aceptar imposiciones ni condicionamientos desde Buenos Aires. Ese principio supone que cada decisión política debe medirse por su impacto concreto en Misiones y no por las conveniencias de las disputas nacionales, lo que marca también un posicionamiento distinto al expresado hasta ahora por los legisladores nacionales. Desde esa perspectiva, resulta inevitable revisar las decisiones que, en los últimos años, significaron acompañar iniciativas impulsadas desde el poder central aun cuando sus efectos terminaron perjudicando a la provincia. La subordinación a agendas nacionales por encima de las necesidades locales debilitó la capacidad de defensa de Misiones en debates estratégicos y terminó afectando a sectores productivos, trabajadores y economías regionales. Recuperar una voz propia implica volver a colocar a los misioneros en el centro de cada decisión política.

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Andresito pierde $64.800 millones por año por el derrumbe del precio de la yerba

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La crisis que atraviesa la producción yerbatera ya no se refleja únicamente en los ingresos de los productores. En Comandante Andresito, uno de los principales polos yerbateros del país, el derrumbe del precio de la hoja verde comienza a medirse en términos de desarrollo local, actividad económica y capacidad de generación de riqueza.

Un informe elaborado por el Ministerio del Agro y la Producción de Misiones revela que la diferencia entre los aproximadamente $250 por kilo que actualmente reciben los productores y los $700 por kilo que el organismo considera necesarios para cubrir costos y garantizar la sustentabilidad de la actividad provoca una pérdida anual de $64.800 millones para la economía de Andresito.

La magnitud del número adquiere otra dimensión cuando se lo compara con las finanzas públicas del municipio: equivale a casi 14 presupuestos municipales completos que cada año dejan de circular dentro de la localidad.

Una economía que deja de girar

El análisis toma como referencia las cerca de 18.000 hectáreas cultivadas con yerba mate en Comandante Andresito, cuya producción ronda los 144 millones de kilos de hoja verde anuales.

Con el precio actual, esos volúmenes generan ingresos por alrededor de $36.000 millones. Sin embargo, si la materia prima se comercializara a $700 por kilo, el ingreso anual ascendería a $100.800 millones.

La diferencia, de $64.800 millones, representa recursos que hoy no llegan a los productores ni se vuelcan al circuito económico local.

Para una localidad cuya actividad gira en torno a la producción primaria, semejante caída tiene un efecto multiplicador sobre prácticamente todos los sectores.

El impacto supera ampliamente a las chacras

Desde el Ministerio del Agro advierten que la pérdida no termina en el productor.

Menores ingresos implican menos contratación de tareferos, menor demanda de servicios rurales, reducción en la compra de fertilizantes, agroquímicos, combustible y maquinaria, además de una caída del movimiento comercial en talleres mecánicos, estaciones de servicio, corralones, supermercados y pequeños comercios.

Cada peso que deja de percibir un productor es un peso que tampoco circula en la economía de Andresito.

El fenómeno termina afectando el consumo, la inversión privada y también la recaudación de distintos niveles del Estado, profundizando el deterioro económico de una región cuya matriz productiva depende fuertemente de la yerba mate.

Una pérdida que se replica en toda Misiones

El informe también amplía la mirada hacia el conjunto de la provincia.

Tomando una producción anual cercana a los 900 millones de kilos de hoja verde, la diferencia entre el precio actualmente percibido y el valor considerado necesario para sostener la actividad implica que Misiones deja de incorporar alrededor de $405.000 millones por año a su economía.

Ese dinero, sostienen desde la cartera agraria, podría traducirse en mayor inversión productiva, más empleo rural, mayor consumo interno y una mayor capacidad de crecimiento para las economías regionales.

La desregulación, en el centro del debate

El estudio fue difundido en un contexto de fuerte tensión dentro de la cadena yerbatera.

Desde la entrada en vigencia del DNU 70/2023, el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) perdió la facultad de fijar precios mínimos para la hoja verde y la yerba canchada, modificando el esquema de regulación que había funcionado durante más de dos décadas.

La desregulación derivó en una fuerte dispersión de valores pagados a los productores y profundizó el conflicto entre los distintos eslabones de la cadena.

Mientras el Gobierno nacional sostiene que el mercado debe definir los precios, el Gobierno de Misiones, cooperativas, asociaciones de productores y trabajadores rurales vienen reclamando mecanismos que permitan recomponer el valor de la materia prima y evitar el deterioro de las economías regionales.

Para el Ministerio del Agro, el caso de Andresito muestra con claridad que la discusión excede al sector yerbatero: el precio de la hoja verde termina definiendo el nivel de actividad económica de localidades enteras.

Cuando el ingreso del productor cae, también se resiente el empleo, el comercio, los servicios y la inversión. En municipios cuya economía depende casi exclusivamente de la yerba mate, el precio de la materia prima deja de ser un dato sectorial para convertirse en un factor determinante del desarrollo local.

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