crisis yerbatera

Los números de agosto

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Agosto llega con números que dicen mucho. El Presupuesto 2027, presentado el viernes por el gobernador Hugo Passalacqua, exhibe una radiografía del momento político, trasciende la discusión contable y se convierte en una definición política. En un país donde el Gobierno nacional decidió retirarse de áreas históricamente financiadas por el Estado -desde la obra pública hasta programas de salud, educación y asistencia-, Misiones opta por recorrer el camino inverso. 

La carta enviada por Passalacqua a la Legislatura no deja margen para interpretaciones: enumera los fondos que dejaron de llegar, advierte sobre el impacto de la desregulación y la apertura económica en una provincia de frontera y sostiene que será el Estado provincial el que absorberá esas responsabilidades. Es, en los hechos, un manifiesto sobre el rol del Estado frente al modelo libertario. 

La decisión de destinar el 63% del presupuesto a inversión social y otro 14% al desarrollo económico mediante la reactivación de obras es otra declaración de principios. Mientras la Nación plantea que el mercado debe reemplazar al Estado, Misiones reafirma que hay funciones que no pueden quedar libradas a esa lógica: la educación, la salud, la infraestructura y la contención social. El Presupuesto 2027 no solo proyecta cómo se administrarán 5,2 billones de pesos; fija la posición política de una provincia que elige sostener un modelo propio, aun cuando eso implique financiar con recursos locales obligaciones que antes eran compartidas con la Nación.

No es una posición aislada. Los productores yerbateros expresan hoy la necesidad de un Estado que brinde respaldos y ponga un poco de equilibrio en el mercado tras la desregulación que impuso el presidente Javier Milei. El derrumbe de los precios de la materia prima dejó desguarnecidos a los protagonistas de una de las principales economías de Misiones. Las palabras del obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez expresan con claridad la preocupación: “Todo proyecto económico que no incluya a la gente no nos sirve para nada”.

Fotos gentileza Marcos Otaño.
Foto gentileza Marcos Otaño.

Martínez recibió en el Obispado a los productores y les dio un fuerte respaldo. Durante la reunión surgió la propuesta de conformar una mesa de emergencia que permita articular respuestas entre distintos actores sociales e institucionales. Martínez recordó que la Diócesis cuenta con la Comisión de Justicia y Paz, organismo que ya intervino en otras etapas críticas de la historia argentina, especialmente durante la crisis de 2001, año bisagra también para la yerba mate, ya que fue cuando germinaron los tractorazos después de otra década de desregulación. La crisis yerbatera ya dejó de ser un problema de “los productores”, algunos que vuelven a ser protagonistas 25 años después. La caída del precio de la materia prima se traduce en menos ingresos para los pueblos, menos dinero circulante, jóvenes que no pueden estudiar porque no les alcanza para pagar el alquiler en las ciudades. Un efecto derrame a la inversa. 

Más allá de la coyuntura yerbatera, Martínez amplió el análisis hacia el rumbo económico nacional. Reconoció que la estabilidad macroeconómica constituye un objetivo compartido, pero advirtió que pierde legitimidad cuando no mejora la vida cotidiana de la población.

“Todos queremos estabilidad económica. Pero si esos números cierran sin la gente, si aumenta la pobreza, si cierran comercios, si se pierden fuentes de trabajo y se deteriora la vida social, entonces ese modelo nos daña profundamente”, sostuvo.

Durante la conferencia también fue consultado sobre el debate nacional en torno al proyecto de ley sobre la inviolabilidad de la propiedad privada. El obispo recordó que tanto la Conferencia Episcopal Argentina como la Pastoral Social ya manifestaron su rechazo a la iniciativa.

Explicó que la Doctrina Social de la Iglesia reconoce el valor de la propiedad privada, pero rechaza su concepción absoluta cuando entra en conflicto con el bien común. En esa línea, advirtió sobre la necesidad de proteger los recursos estratégicos del país frente a intereses económicos globales.

«Nos trae mucha preocupación», afirmó, al recordar que el documento «La tierra no es una mercancía» ya fijó la posición de la Iglesia sobre la iniciativa.

“Si se absolutiza la propiedad privada de empresas que pueden comprar tierras y recursos estratégicos, es un tema de extrema gravedad”, advirtió.

En ese contexto, pidió a los tres senadores nacionales por Misiones y a los diputados nacionales que analicen cuidadosamente el proyecto.

“Les decimos que piensen mucho, porque se ponen en juego muchas cosas. Que voten desde su conciencia y no desde estrategias políticas”, expresó.

Al menos dos de los senadores -Sonia Rojas Decut y Carlos Arce- votarán en contra del artículo más polémico, tras el planteo de Passalacqua. En contraste, el PROlibertario Martín Goerling, votará a favor. 

El reordenamiento tras la implosión de la Renovación, marca que Passalacqua hoy tiene el respaldo de la mayoría de los intendentes y de al menos quince diputados provinciales -dos o tres más meditan en silencio-, a los que se sumarían algunos de otros partidos. En Encuentro Misionero, con Carlos Rovira quedan entre cuatro y cinco. 

Hoy las encuestas marcan que el Gobernador disparó su intención de voto, con un potencial de crecimiento, que rompería la lógica de tercios que imaginaba la oposición. 

Uno de los puntos altos en los sondeos es la valoración de Passalacqua como gobernador en tiempos turbulentos. La mención al 2001 que se hizo en la reunión de yerbateros con el Obispo, no parece una exageración. La crisis social de entonces tiene muchos puntos en común con la actualidad. La Argentina atraviesa una tormenta de pérdida de empleos, ingresos de miseria, cierre de empresas y sometimiento a los organismos de crédito internacional, como el Fondo Monetario Internacional, que ahora tiene una silla en las reuniones de gabinete de Javier Milei.

Passalacqua ha decidido tomar distancia de ese escenario y recuperar autonomía en y desde Misiones. El diseño del Presupuesto -el primero de un nuevo tiempo-, expresa esa diferencia. Blinda los recursos de las áreas sociales y busca estimular la economía con incentivos directos

No son decisiones aisladas. Cuando amaneció julio, la eliminación de la llamada “Aduana Paralela” empezó a mostrar el rumbo. Con el fin de las retenciones automáticas sobre billeteras virtuales, transferencias bancarias, cuentas en moneda extranjera y operaciones bursátiles, que comienzan a regir en este agosto, Misiones comenzó a desmontar un esquema que durante años funcionó como un anticipo permanente de Ingresos Brutos. Para los monotributistas de hasta categoría D, el cambio implica recuperar alrededor de $40.000 por cada millón de pesos que circula por sus cuentas: dinero que deja de quedar inmovilizado en el Estado y vuelve a financiar consumo, capital de trabajo e inversión. Es una señal de alivio tributario que, en el contexto actual, tiene un impacto mucho más profundo que el mero ahorro administrativo.

Sin embargo, en los despachos oficiales admiten que la verdadera reforma todavía está por venir. Fuentes oficiales confirman que se trabaja en un plan integral para sanear los históricos saldos a favor acumulados por miles de contribuyentes, un problema que describen como una auténtica “bomba” fiscal y financiera. 

El desafío es enorme: devolver o compensar esos créditos implica aliviar al sector privado, pero también representa un fuerte costo para las cuentas públicas. Por eso, el proyecto -que está en etapa de diseño junto a especialistas tributarios- busca una salida gradual y sostenible, evitando que el remedio termine desfinanciando al Estado. 

Si prospera, esa sí podría convertirse en la reforma tributaria más trascendente de la gestión Passalacqua: no solo porque corregiría una distorsión histórica, sino porque modificaría de raíz la relación entre el fisco y quienes producen, invierten y generan empleo en Misiones.

Detrás de estas medidas asoma un cambio de filosofía tributaria. El objetivo ya no es maximizar la recaudación sobre los mismos contribuyentes, sino generar las condiciones para ampliar la actividad económica. En esa línea, ya se analizan rebajas de alícuotas de Ingresos Brutos para sectores específicos y una profunda revisión del impuesto automotor, uno de los tributos que más incentiva la radicación de vehículos en otras provincias. La premisa es sencilla: una economía más dinámica puede terminar generando más recursos que un esquema basado exclusivamente en aumentar la presión fiscal sobre quienes permanecen dentro del sistema.

Incluso si ese proceso demanda tiempo, el alcance político sería difícil de ignorar. De concretarse, Misiones podría terminar impulsando una de las reformas tributarias más profundas del país, en contraste con un Gobierno nacional que hizo de la baja de impuestos una de sus principales banderas, pero que hasta ahora no avanzó en una reforma estructural del sistema. 

Por el contrario, la propuesta de rediseño del IVA que circula en la órbita nacional apunta a generalizar la alícuota, eliminando exenciones y tratamientos diferenciales: en los hechos, implicaría que alimentos esenciales como el pan o la leche tributen lo mismo que una gaseosa. La diferencia entre simplificar el sistema y trasladar una mayor carga sobre el consumo esencial no es menor.

Ahora Milei vuelve a la carga con una reforma del Banco Central que, vaya paradoja, en lugar de dinamitarlo como prometía, ahora propone blindarlo. 

La inflación se va a desplomar y el peso se va a fortalecer mucho cuando aprobemos la nueva Carta Orgánica del BCRA”, prometió el diputado nacional Diego Hartfield con una nueva meta a futuro, mientras que el presente marca un derrumbe agobiante de la economía y ocurre mientras el Gobierno agota el tiempo en diatribas, peleas constantes, incluso con su propia tropa, como la nueva embestida contra Victoria Villarruel, ahora de la mano de Diego Santilli, el nuevo ministro del Interior, heredado del macrismo y antes del peronismo. 

El problema para Milei no son los rivales políticos ni su vicepresidenta, sino que la economía no da señales de aliento para los sectores postergados y los millones de argentinos que no llegan a fin de mes. 

Los únicos elogios a la marcha de la economía son del propio ministro de Economía, Luis Caputo, otro heredado del macrismo, y de Kristalina Georgieva, la presidenta del Fondo Monetario Internacional que celebra que el país esté haciendo bien los deberes. 

Kristalina vino a la Argentina a monitorear el plan acordado con el Caputo mileísta para sostener el respaldo del FMI y cumplir con las cuotas del préstamo tomado por el Caputo macrista, aquellos US$57.000 millones. Ese préstamo que la Auditoría General de la Nación sostiene que fue asumido sin seguir el circuito administrativo previsto para este tipo de endeudamiento, sin actos administrativos de aprobación, sin análisis suficientes sobre costos, riesgos y sostenibilidad y con graves falencias de transparencia.

La AGN documenta que ni siquiera quedaron debidamente registrados los fundamentos técnicos que justificaron ampliar el préstamo de US$50.000 a US$57.000 millones. 

La ironía de la historia es difícil de ignorar. Ocho años después, Luis Caputo vuelve a ser el ministro que negocia con el Fondo Monetario Internacional. Ya no frente a Christine Lagarde, sino ante Kristalina Georgieva, recibida con honores en la Argentina, sentada en una reunión de Gabinete y paseada por Vaca Muerta, el activo económico más relevante del país. 

Cuando Georgieva afirmó en Buenos Aires que Bulgaria “sabe” lo que significa atravesar un ajuste, apeló a una experiencia nacional traumática para legitimar el programa argentino. Pero el ejemplo búlgaro admite una lectura bastante menos celebratoria que la presentada por la directora del FMI. El plan de 1997 logró frenar la hiperinflación y estabilizar la moneda, pero lo hizo después de una destrucción masiva de salarios, jubilaciones y ahorros, y mediante privatizaciones aceleradas, cierres de empresas, desempleo y una fuerte retracción del Estado. La estabilidad llegó, aunque acompañada por desigualdad, pobreza persistente y una emigración que vació regiones enteras del país.

El paralelo con la Argentina no reside solamente en la inflación o en el déficit fiscal, sino en la lógica del tratamiento: ante una crisis profunda, el FMI vuelve a presentar la disciplina monetaria, el ajuste del gasto, la apertura y la desregulación como un sacrificio inevitable cuyo beneficio aparecerá más adelante. Georgieva sostuvo que la transformación argentina es “difícil” y recordó que Bulgaria atravesó “tiempos muy duros”, pero aseguró que la perseverancia finalmente dio resultados. El interrogante es quién soporta esos tiempos duros y quién captura los beneficios posteriores. En Bulgaria, el equilibrio macroeconómico no impidió que décadas después el país continuara entre los más desiguales y pobres de la Unión Europea.

Si Bulgaria es el ejemplo que propone Georgieva, conviene mirar la película completa y no sólo el final. Sí, derrotó la hiperinflación y estabilizó su economía. Pero también perdió cerca de una cuarta parte de su población desde 1990, sufrió una emigración masiva de jóvenes y profesionales, desmanteló buena parte de su aparato industrial y aún hoy exhibe los mayores niveles de desigualdad y riesgo de pobreza de toda la Unión Europea. El ajuste ordenó las cuentas; nunca terminó de recomponer el tejido social. La verdadera discusión es qué país queda en pie después de esa estabilización.

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Crisis yerbatera: Sand volvió a pedir una ley de emergencia con precio sostén para frenar el colapso del sector

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La crisis de la producción yerbatera en Misiones sumó un nuevo capítulo político e institucional. Tras reunirse con el obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones (APAM) confirmó que impulsará un proyecto de ley de emergencia provincial para establecer un precio mínimo sostén para la hoja verde, mientras la Iglesia convocará a una mesa de diálogo con productores, tareferos y distintos actores sociales.

El encuentro dejó en evidencia que el conflicto ya excede la discusión por el precio de la materia prima. Para los productores, la caída de los ingresos amenaza la supervivencia de miles de familias rurales y pone en riesgo la economía de los pueblos del interior misionero.

Hugo Sand, referente de APAM, aseguró que la desregulación del mercado tras la pérdida de facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) provocó una transferencia de recursos desde los pequeños productores hacia los grandes compradores. Según afirmó, el sector dejó de percibir alrededor de 200.000 millones de pesos por año, situación que atribuyó a la eliminación del mecanismo que regulaba los precios.

“El mercado de la yerba es imperfecto. Hay una posición dominante de unas pocas empresas que concentran más de la mitad del mercado. Nunca van a competir entre ellas para mejorar el precio al productor; por el contrario, terminan acordando valores más bajos”, sostuvo Sand.

Desde APAM plantean que el mercado, por sí solo, no garantiza una remuneración justa para quienes producen la materia prima. Por eso proponen una legislación provincial que establezca un precio mínimo obligatorio, calculado sobre el costo real de producción, incluyendo gastos laborales, previsionales y un margen razonable de rentabilidad.

Actualmente, explicó Sand, el kilo de hoja verde se paga entre 230 y 280 pesos, mientras que el valor de equilibrio debería ubicarse por encima de 700 pesos si se toma como referencia histórica el equivalente a 50 centavos de dólar. Si el cálculo se actualiza por inflación, el precio superaría los 1.100 pesos por kilo, según las estimaciones de la entidad.

“La diferencia ya no es una discusión de unos pesos más o menos. Estamos frente a un problema humanitario”, advirtió.

La iniciativa que APAM presentará propone que sea el Poder Ejecutivo provincial el que determine periódicamente ese precio sostén mediante estudios técnicos realizados por organismos oficiales, evitando que quede exclusivamente sujeto a la negociación entre industrias y productores.

El dirigente también confirmó que solicitarán formalmente la declaración de la emergencia yerbatera y que continuarán reclamando la recuperación de las herramientas regulatorias del INYM, aunque reconoció que, mientras esa discusión continúa en la Justicia y en el ámbito político nacional, resulta imprescindible que la Provincia intervenga con instrumentos propios.

En ese contexto, Sand valoró el acompañamiento del gobernador Hugo Passalacqua en los planteos judiciales contra la desregulación, aunque pidió avanzar ahora con medidas concretas para proteger a los pequeños productores.

Uno de los principales resultados de la reunión con el obispo Martínez fue el compromiso de avanzar en una mesa institucional de diálogo, que reúna a productores, tareferos, organizaciones sociales, representantes políticos y distintos sectores económicos.

Desde APAM consideran que la Iglesia puede desempeñar un rol clave para construir consensos y visibilizar la dimensión social de la crisis, que ya afecta no solo al sector primario sino también al comercio, el empleo y la actividad económica de numerosas localidades del interior de Misiones.

Sand destacó que la convocatoria realizada por el obispo permitió reunir a representantes de diferentes zonas productivas y fortalecer un mensaje común: la necesidad de construir soluciones colectivas frente a una crisis que amenaza la sustentabilidad de la principal economía regional de la provincia.

El dirigente también vinculó la situación yerbatera con otros debates nacionales sobre la propiedad de la tierra, los recursos naturales y el modelo de desarrollo, al sostener que las políticas actuales favorecen la concentración económica mientras debilitan a la agricultura familiar.

Para APAM, el desafío inmediato pasa por transformar el reclamo sectorial en una política pública que garantice ingresos mínimos para quienes producen la materia prima, evitando un mayor deterioro social en las zonas rurales. Con el respaldo de la Iglesia y el impulso de una futura mesa de diálogo, los productores buscan instalar que la crisis yerbatera dejó de ser exclusivamente económica para convertirse en una cuestión de interés social y humanitario para toda Misiones.

Productores esperando ser recibidos por el Gobernador de Misiones

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El Obispo Martínez respaldó el reclamo yerbatero y recordó que: “Todo proyecto económico que no incluya a la gente no nos sirve”

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La crisis de la producción yerbatera sumó un nuevo actor institucional de peso. El obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, recibió este miércoles a representantes de productores, tareferos y organizaciones civiles de Misiones, quienes expusieron el profundo deterioro económico y social que atraviesa la actividad. Tras el encuentro, el titular de la Diócesis de Posadas advirtió que la provincia enfrenta una situación de emergencia y sostuvo que “todo proyecto económico que no incluya a la gente no nos sirve para nada”.

La reunión fue solicitada por las entidades que representan a miles de familias vinculadas a la producción de yerba mate. Para el obispo, el principal objetivo fue escuchar de manera directa una realidad que ya conoce a partir de sus recorridas pastorales por toda la provincia, pero que esta vez llegó con el respaldo de organizaciones que expresan la problemática de pequeños productores y trabajadores rurales.

Martínez diferenció la realidad del sector yerbatero misionero de otros conflictos agropecuarios del país. Remarcó que en Misiones predominan los pequeños productores y los tareferos, familias que dependen exclusivamente de la actividad para subsistir y que hoy enfrentan un escenario de extrema vulnerabilidad.

“Acá no estamos hablando de grandes terratenientes ni de grandes capitalistas. Estamos hablando de pequeños productores y tareferos que padecen circuitos de injusticia y que hoy, según ellos mismos manifestaron, ya no pueden sobrevivir”, afirmó.

El obispo explicó que la crisis trasciende al sector primario y termina afectando a toda la economía de los pueblos del interior. Cuando el ingreso de quienes producen y cosechan yerba desaparece, también se resiente el consumo, caen las ventas en los comercios y se deteriora la actividad económica local.

“Esa depresión económica alcanza al supermercado, al almacén, al comerciante, a las fuentes de trabajo. Es un problema social que impacta sobre toda la comunidad”, describió.

Durante la reunión surgió además la propuesta de conformar una mesa de emergencia que permita articular respuestas entre distintos actores sociales e institucionales. Martínez recordó que la Diócesis cuenta con la Comisión de Justicia y Paz, organismo que ya intervino en otras etapas críticas de la historia argentina, especialmente durante la crisis de 2001.

El obispo consideró que aquel antecedente demuestra que el diálogo institucional puede contribuir a ordenar situaciones complejas cuando los sectores afectados logran expresar sus demandas de manera organizada.

Más allá de la coyuntura yerbatera, Martínez amplió el análisis hacia el rumbo económico nacional. Reconoció que la estabilidad macroeconómica constituye un objetivo compartido, pero advirtió que pierde legitimidad cuando no mejora la vida cotidiana de la población.

“Todos queremos estabilidad económica. Pero si esos números cierran sin la gente, si aumenta la pobreza, si cierran comercios, si se pierden fuentes de trabajo y se deteriora la vida social, entonces ese modelo nos daña profundamente”, sostuvo.

En ese sentido, llamó a que las políticas públicas contemplen especialmente a los sectores más vulnerables y recordó que el desarrollo económico solo resulta sostenible cuando incorpora inclusión social.

Frente a las familias que hoy atraviesan la crisis productiva, Martínez dejó un mensaje de esperanza, pero también de organización comunitaria.

“Nunca hay que bajar los brazos. En los momentos difíciles es fundamental mantenerse unidos, organizarse y sostener la esperanza”, expresó.

Durante la conferencia también fue consultado sobre el debate nacional en torno al proyecto de ley sobre la inviolabilidad de la propiedad privada. El obispo recordó que tanto la Conferencia Episcopal Argentina como la Pastoral Social ya manifestaron su rechazo a la iniciativa.

Explicó que la Doctrina Social de la Iglesia reconoce el valor de la propiedad privada, pero rechaza su concepción absoluta cuando entra en conflicto con el bien común. En esa línea, advirtió sobre la necesidad de proteger los recursos estratégicos del país frente a intereses económicos globales.

“Tenemos que defender nuestros minerales, el litio, el acuífero y todos aquellos recursos que forman parte del patrimonio nacional. Si no existe un discernimiento adecuado, podemos terminar entregando riquezas que condicionarán el futuro de las próximas generaciones”, afirmó.

Para el obispo, la actual crisis yerbatera también debe interpretarse como una oportunidad para fortalecer los espacios de diálogo entre el Estado, los sectores productivos y las organizaciones sociales. Consideró que las soluciones no surgirán únicamente desde los indicadores macroeconómicos, sino de la capacidad de construir consensos que permitan sostener el empleo, preservar la producción y evitar que miles de familias rurales continúen profundizando su situación de vulnerabilidad.

El respaldo de la Iglesia Católica al reclamo de productores y tareferos incorpora una nueva dimensión institucional a un conflicto que ya dejó de ser exclusivamente económico. La preocupación expresada por la Diócesis de Posadas refleja que la crisis de la yerba mate impacta sobre el tejido social de Misiones y plantea el desafío de encontrar respuestas antes de que las consecuencias sean aún más profundas.

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La Iglesia respaldó a productores que piden declarar la emergencia yerbatera

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La crisis de la producción yerbatera sumó este jueves un nuevo capítulo institucional. Representantes de los productores fueron recibidos por el obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, en busca de respaldo frente a una situación que califican como “crítica”, marcada por el derrumbe del precio de la hoja verde tras la desregulación del mercado impulsada por el Gobierno nacional.

El obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, respaldó el reclamo de los productores yerbateros y definió la situación que atraviesa el sector como una verdadera emergencia social. Tras recibir a representantes de las organizaciones rurales, explicó que el encuentro tuvo como eje una escucha directa de quienes representan a miles de familias de pequeños productores y tareferos.

Martínez señaló que, si bien conoce la problemática por sus recorridas pastorales por el interior de la provincia, la reunión permitió profundizar en la dimensión de una crisis que ya trasciende al sector yerbatero y afecta a la economía de numerosas localidades. “Ellos representan a miles de familias. En Misiones hablamos de pequeños productores y tareferos, gente humilde que hoy padece circuitos de injusticia y que no logra sostener su actividad”, resumió.

El Obispo advirtió que la caída de la actividad repercute en toda la vida económica de los pueblos. Explicó que cuando el productor deja de tener ingresos también se resienten los comercios, los supermercados y el empleo, generando un efecto dominó que golpea a toda la comunidad.

En ese contexto, valoró que las organizaciones rurales se mantengan unidas para expresar su situación y reclamar la declaración de la emergencia yerbatera. Además, confirmó que surgió la propuesta de conformar una mesa de emergencia para abordar la problemática de manera conjunta.

Martínez recordó que la diócesis cuenta con la Comisión de Justicia y Paz, un espacio que ya tuvo participación durante la crisis de 2001 acompañando conflictos sociales y productivos. Consideró que esa experiencia puede volver a ser útil frente a una realidad que afecta especialmente a quienes poseen pequeñas explotaciones familiares y hoy, según relataron los propios productores, ya no logran sostenerse económicamente.

“Los números macro no alcanzan si la gente queda afuera”

El Obispo aprovechó la oportunidad para formular una reflexión más amplia sobre la situación económica del país. Afirmó que toda política económica debe medirse por su impacto sobre las personas.

“Todo proyecto económico que no incluye a la gente no nos sirve. Todos queremos estabilidad y que los números cierren, pero esos resultados tienen que alcanzarse con la gente adentro. Si la macroeconomía mejora mientras aumentan la pobreza, el cierre de comercios, la pérdida de empleo y el deterioro de las rutas, estamos frente a un modelo que daña profundamente a la sociedad”, sostuvo.

También relató que durante la reunión varios productores se emocionaron al describir la situación que atraviesan sus familias, reflejando una realidad que, dijo, representa a miles de trabajadores rurales de Misiones.

Como mensaje final, convocó a sostener la esperanza, evitar el desaliento y fortalecer la organización comunitaria. “Nunca hay que bajar los brazos. En estos momentos difíciles es fundamental mantenerse unidos y organizados”, expresó.

Rechazo al proyecto sobre tierras

Durante la conferencia, Martínez también ratificó la posición de la Iglesia frente al proyecto nacional de “Inviolabilidad de la Propiedad Privada”, actualmente en debate en el Congreso.

Recordó que tanto la Conferencia Episcopal Argentina como la Pastoral Social manifestaron su rechazo a la iniciativa porque, a su entender, absolutiza el derecho de propiedad privada y desconoce el principio del bien común que sostiene la doctrina social de la Iglesia.

Además, advirtió sobre el riesgo de que grandes intereses económicos avancen sobre recursos estratégicos del país.

“Valoramos la propiedad privada, pero no puede absolutizarse. Hoy quizá ya no sean gobiernos los que vienen por nuestros recursos, sino grandes empresas interesadas en los minerales, el litio o el Acuífero Guaraní. Tenemos que defender nuestra independencia y evitar que, por beneficios inmediatos, terminemos hipotecando el futuro de la Argentina”, concluyó.

Carlos Ortt, histórico productor yerbatero, explicó que la estrategia apunta a buscar apoyo en todos los ámbitos posibles. “Estamos tratando de encontrar todos los recursos e influencias que puedan ayudarnos a salvar la situación que vive hoy el sector productivo. Es crítica. La mayor parte de la provincia está semiparada porque los costos ya no cierran y no hay materia prima”, afirmó.

Según Ortt, la crisis ya comenzó a trasladarse al conjunto de la economía provincial. “Esto va a significar un retroceso muy grande para la economía de Misiones. Esperamos encontrar alguna solución con el Gobierno, con el Obispado y con todos los sectores que puedan colaborar”, sostuvo.

Una crisis que combina precios, clima y falta de mano de obra

El productor describió un escenario en el que convergen múltiples factores negativos. A la fuerte caída de los precios de la hoja verde se suman los efectos climáticos de un año con abundantes precipitaciones y un problema creciente: la escasez de trabajadores rurales.

“No solo nos afecta el clima. Hoy prácticamente no tenemos obreros rurales porque muchos están migrando hacia Brasil. La baja rentabilidad del sector hace imposible pagar mejores salarios y los trabajadores buscan oportunidades donde les ofrecen mejores ingresos”, explicó.

La cercanía con la frontera facilita ese proceso migratorio, que complica aún más las tareas de cosecha y mantenimiento de las plantaciones.

Temor por la venta de chacras y la concentración de tierras

Ortt también manifestó preocupación por el impacto estructural que puede tener la crisis sobre el modelo productivo misionero.

Advirtió que la pérdida de rentabilidad está acelerando la venta de chacras familiares y favoreciendo un proceso de concentración de tierras.

“Es impresionante la cantidad de chacras que se están vendiendo. Muchos productores abandonan la actividad porque ya no pueden sostenerla. Si esto sigue así, vamos hacia una concentración de la tierra en manos de quienes tienen mayor capacidad económica”, alertó.

En ese contexto cuestionó las políticas nacionales que, a su entender, favorecen la concentración económica mientras el pequeño productor pierde competitividad.

“El modelo productivo de Misiones no puede reemplazarse”

El dirigente también rechazó las propuestas que plantean reemplazar la producción tradicional por cultivos extensivos como soja o maíz.

Recordó que la estructura agraria de Misiones, con chacras promedio de unas 25 hectáreas y una topografía compleja, hace inviable ese esquema.

“La unidad económica histórica en Misiones fue de unas 25 hectáreas. Los modelos que proponen requieren establecimientos de más de 100 o incluso 300 hectáreas y terrenos aptos para maquinaria pesada. Nuestra geografía no lo permite. Ni siquiera la mecanización de la cosecha de yerba puede implementarse en toda la provincia”, explicó.

Por eso insistió en que el desafío es sostener el modelo de agricultura familiar que caracteriza a Misiones y evitar que la crisis derive en un proceso irreversible de abandono de chacras.

“Necesitamos que el Gobierno provincial, la Iglesia y todas las instituciones que puedan influir nos ayuden a equilibrar una situación que hoy está golpeando de lleno a los productores misioneros”, concluyó.

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Productor que militó por Milei rompe con el Gobierno y expone la fractura libertaria en la chacra misionera

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Hay testimonios que valen más que una encuesta. No porque definan por sí solos un escenario político, sino porque condensan un cambio de clima. El de Néstor Homeniuk, productor bananero de Colonia Polana, pertenece a esa categoría.

No habla un dirigente opositor ni un histórico adversario del Gobierno. Habla alguien que asegura haber recorrido los pueblos de Misiones para convencer a miles de productores de votar por Javier Milei. Un militante libertario de la primera hora que ahora afirma sentirse responsable de haber promovido un proyecto político que, según sostiene, terminó perjudicando precisamente a quienes prometía beneficiar.

Su declaración, realizada en Eldópolis Radio 106.3, tiene un peso simbólico particular porque emerge desde uno de los sectores sociales que más acompañó el discurso libertario en 2023: los pequeños y medianos productores rurales.

Alguien lo tenía que decir. Y lo tenía que decir un libertario, alguien que se puso la camiseta para que él pueda llegar a presidente con la esperanza de que los agricultores estén mejor, no peor“, resumió.

El lamento llega en un contexto especialmente delicado para la producción primaria de Misiones. La yerba mate atraviesa una de las crisis más profundas de las últimas décadas tras la eliminación de las herramientas regulatorias del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Los precios pagados al productor quedaron muy por debajo de los costos de producción, mientras proliferan reclamos, movilizaciones y pedidos de emergencia.

El tabaco también enfrenta dificultades por la caída de rentabilidad, mientras que los productores de frutas y hortalizas denuncian una creciente presión de productos importados, especialmente provenientes de Brasil.

En ese escenario, Homeniuk habla desde su propia experiencia. “Perdí dos cosechas de limón caipiriña y la banana tuve que tirarla. Todo viene de Brasil. Vas a las góndolas y la mayoría son productos brasileños. ¿Cómo vamos a sacar adelante la Argentina así?”, cuestionó.

Su crítica apunta directamente a una de las banderas económicas del Gobierno: la apertura comercial y la desregulación de mercados.

Homeniuk reivindica haber sido uno de quienes más trabajó por la candidatura presidencial de Milei en el interior profundo de Misiones. “Desde el principio al fin”, respondió cuando le preguntaron si había militado toda la campaña.

Describe jornadas que comenzaban antes del amanecer en la chacra y terminaban entrada la noche haciendo proselitismo. “Trabajábamos durante el día. A las seis de la tarde salíamos hasta las diez u once de la noche a hacer campaña y al otro día nos levantábamos a las cinco de la mañana para volver a trabajar.”

Según su reconstrucción, fueron los propios agricultores quienes sostuvieron territorialmente la campaña libertaria en municipios como Jardín América, Colonia Polana, Andresito, San Vicente y Eldorado.

“Nadie mostraba la cara porque tenían miedo. Nosotros nos pusimos la camiseta”.

Esa identificación hace que el desencanto tenga un componente casi personal. “No esperaba esto de este gobierno. Metí la pata y me siento responsable de haber convencido a miles y miles de personas para que lo voten.”

Una crítica que interpela al núcleo libertario

Homeniuk no reniega de las ideas liberales. Incluso aclara que continúa creyendo en “la libertad”, aunque cuestiona la forma en que el Gobierno aplica sus políticas. “Si vamos a ser libertarios, vamos a ser bien libertarios. No esta clase de libertarios que hacen las cosas mal“.

Su principal reproche apunta a que, según su mirada, la administración nacional dejó de representar al trabajador y al pequeño productor.

“Nosotros queríamos un gobierno que gobernara para el trabajador y para el que quiere salir adelante, no para los multimillonarios.”

También critica la respuesta oficial frente a quienes cuestionan la marcha económica. “Hoy todo el que reclama o dice que las cosas no están viniendo bien, para el Presidente son todos kukas”.

Esa frase sintetiza una incomodidad que comienza a escucharse en sectores que acompañaron el cambio político pero hoy sienten que cualquier cuestionamiento es interpretado como una traición.

Las críticas no se limitan a la Casa Rosada. El productor también apuntó contra la dirigencia de La Libertad Avanza en Misiones, especialmente hacia los actuales representantes legislativos.

Afirmó que durante la campaña presidencial muchos de quienes hoy ocupan cargos no participaron del trabajo territorial y que, una vez electos, dejaron de responder los reclamos del sector productivo. Se refiere a Adrián Núñez y Diego Hartfield, con quienes intentó comunicarse sin suerte.

“Antes de la campaña estaban todos; ahora que son diputados nacionales nadie responde”.

Uno de los pasajes más fuertes de la entrevista fue su referencia a la estrategia digital utilizada durante la campaña presidencial. Homeniuk relató que existían grupos organizados de WhatsApp donde se distribuían contenidos políticos y reconoció que muchas publicaciones respondían a una lógica de confrontación y desinformación.

“Trabajábamos incluso haciendo campaña sucia. Hoy me doy cuenta de que fue así”.

Según explicó, desde esos grupos enviaban material hacia Buenos Aires y luego recibían nuevos videos para viralizar entre productores y vecinos. “Mucha gente votó por cómo le hicimos la campaña. Eso es lo que más bronca me da”.

Más allá del caso individual, el testimonio de Homeniuk revela un fenómeno que comienza a observarse en distintos sectores del agro misionero.

Durante la campaña presidencial, buena parte de los pequeños productores depositó expectativas en una economía más estable, menor presión impositiva y mejores condiciones para producir.

Sin embargo, el proceso de desregulación coincidió con una fuerte caída de la rentabilidad en varias economías regionales. La crisis yerbatera, la competencia de productos importados y el deterioro del consumo interno modificaron rápidamente ese humor social.

En política, los cambios de clima suelen comenzar con voces aisladas. Pero cuando esas voces provienen de quienes construyeron electoralmente un proyecto, adquieren otra dimensión.

Homeniuk no habla desde la oposición tradicional. Habla desde la decepción de quien creyó haber encontrado una salida y hoy sostiene que esa apuesta terminó perjudicando al mismo sector que ayudó a llevar al poder.

Su advertencia final resume ese cambio de época. “Así como ayudamos a que ganaran, también les podemos hacer perder. Si no cambian todo esto, los agricultores les vamos a ir en contra”.

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