Cristina

El PJ Nacional se reunirá en Misiones

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Juan Manuel Irrazábal, presidente del Partido Justicialista Misiones, se reunió en Formosa con el gobernador Gildo Insfrán para organizar lo que será la primera reunión política con autoridades nacionales del Partido en la provincia.

 

El senador Irrazábal confirmó que “estuve en Formosa reunido con Gildo para invitarlo a venir a Misiones junto al senador Pichetto y hacer un gran encuentro con toda la dirigencia política de nuestro partido”. Y agregó “esta reunión sería la primera del Consejo Nacional en las provincias y en el marco de la reorganización de nuestra fuerza política en todo el país”.

 

La presencia de Gildo Insfrán en su carácter de Presidente del Congreso Nacional de PJ y la de Miguel Pichetto, jefe de Bloque del Justicialismo y Secretario General del Consejo Nacional del Partido en Misiones, se dará en el marco de un gran encuentro con toda a dirigencia politica del justicialismo misionero y sus cuadros politicos.

 

Irrazábal indicó que “la idea es fortalecer todo nuestro espacio político en cada rincón del país y prepararlo para los tiempos que vienen en la Argentina”.

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Schiaretti: “En el manejo de la economía hay una situación contradictoria”

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El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti se llevó plantines forestales de Misiones, para repoblar su provincia, asfixiada por el avance de la soja y la expansión granera. En un acuerdo firmado con el gobernador Hugo Passalacqua, compró tres millones de plantines de la Biofábrica, junto a la tecnología para recuperar bosques en Córdoba. A cambio, dejó varias definiciones fuertes en el ámbito político y económico.

Reconocido antikirchnerista, Schiaretti asegura que Argentina se salvó de una crisis profunda a fines de 2015, pero cuestionó “las contradicciones” del modelo económico de Mauricio Macri y advirtió que los gobernadores deben unirse para “evitar las crisis”.

El mandatario de “La Docta” negó que haya un eje Córdoba-Buenos Aires y aseguró que “lo que defendemos los cordobeses siempre es al interior”.

“Siempre preguntamos y expresamos todas nuestras posiciones, no sólo en la defensa de Córdoba sino de todo el interior del país. Nosotros somos una parte indestructible, de una parte indivisible de la Nación Argentina y  Latinoamérica”, insistió. 

Para el cordobés, se vive una situación política inédita que “significa crisis y oportunidades”.

“Es inédita porque es la primera vez desde el retorno de la democracia que nadie tiene la mayoría del Congreso Nacional y esto obliga a que haya el permanente diálogo. A mí me parece importante y lo compartíamos con Hugo, que la primera responsabilidad que tenemos aquellos a los que el pueblo nos  confió funciones para gobernar es evitar las crisis”, explicó.

Schiaretti remarcó que la deuda pendiente de la política ha sido reparar “lo que la Dictadura genocida destruyó”.

“La dictadura genocida no sólo masacró a 30 mil compatriotas, sino que destruyó el tejido social y el aparato productivo que tenía la Argentina. Y la democracia, no lo supo arreglar, tanto es así que cuando uno mira el índice de pobreza cada década que pasa es superior el índice de pobreza promedio de la década anterior. Es porque siempre hubo grandes crisis y, en esas grandes crisis, millones y millones de compatriotas eran arrojados abajo de la línea de pobreza y después el país mejoraba un poquito, estabilizaba y venía otra crisis”, argumentó.

Lo central  es evitar que haya una gran crisis. Y Argentina iba a fines de 2015, rumbo a tener una gran crisis, por lo tanto hay que evitarlo porque la crisis lo único que hace es dejar más compatriotas debajo de la línea de pobreza.

“Nunca cuanto peor es mejor. Decir que cuanto peor es mejor, es una especulación electoral que perjudica al pueblo y esto tiene que cambiar definitivamente. Este es el planteo que hacemos los gobernadores, y desde el Peronismo, cuando me preguntan con qué yo me siento identificados, me siento identificados con el Peronismo de los Gobernadores Peronistas, que estamos empeñados en garantizar la gobernabilidad, estamos empeñados en que el país pueda no solo no caer en crisis sino que pueda empezar a salir”, advirtió.

Schiaretti anticipó que sea cual fuere el resultado de las elecciones, esa paridad en el Congreso no se modificará. “Después que pasen las elecciones vamos a tener que seguir dialogando y estamos convencidos en garantizar la gobernabilidad”, aseguró.

Para el mandatario, uno de los temas en los que hay que avanzar es en la reforma impositiva en la que “lo único que está claro es que en un país como la Argentina la presión fiscal, no puede ser del 18%” porque eso significa un Estado ausente y como mínimo tiene que ser del 32%”.

La Justicia Social, no viene por la “teoría del derrame, sino por la opción del Estado que es el que fija las reglas de juego y toma las medidas”, sentenció.

Ante una consulta de Economis, Schiaretti sostuvo que se evitó un estallido a fines de 2015 y opinó que “ganara quien ganara había que tomar medidas correctivas” para no repetir un “Rodrigazo”.

Sin embargo, cuestionó el rumbo económico del gobierno de Macri. “Hay en el manejo de la economía una situación que es contradictoria, porque hay una política fiscal que es laxa en relación que no hay una reducción del régimen fiscal que es lo que nos afecta día a día, y una política monetaria constrictiva con tasas de interés altísimas que hace que no haya reactivación y penaliza el consumo”.

“El que tiene que dar explicaciones de esto es el Estado nacional, de porque tomaron éstas medidas, porque ellos creen que éstas son las medidas correctas. Pero lo que estamos observando es que esta contradicción no hace que baje la inflación y no haya una reactivación que se note masivamente”, criticó.

“Yo sigo haciendo votos para que baje la inflación porque sigue golpeando a los más humildes, y que  haya una reactivación para que la gente pueda tener empleo y para que crezca”, concluyó.

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Que pierda Macri y La Doctora no gane

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“Lo que tiene Cristina, lo tiene el peronismo de piso, con cualquier otro”, confirma la Garganta.
Uno de los instrumentadores del enigmático Grupo Esmeralda.
“Sea Randazzo, Verónica Magario, Scioli. Katopodis o Insaurralde”.

Al cierre del despacho, nada indica que La Doctora no vaya a presentarse para competir por la senaduría de la provincia inviable. Buenos Aires. En las elecciones legislativas donde -según los incautos- se juega el destino del Tercer Gobierno Radical.
Con la sobriedad del “tiempismo”, La Doctora nada deja librado al azar. Demora la decisión del lanzamiento que acapara la atención. Genera el suspenso que le garantiza la permanencia en la centralidad, mientras subsiste, como puede, en la adversidad. Carga con los procesamientos que incluyen a la descendencia. Derivaciones de la capacidad recaudatoria del Jefe del clan, que partió irresponsablemente.
La Doctora se dispone a mantener la tensión hasta el límite. Sin mayores novedades hasta que retorne, según nuestras fuentes, del viaje hacia dos o tres capitales europeas (se descuenta que los jueces respectivos le autorizan a salir del país).
Es probable, además, que antes de desplazarse hacia Europa, La Doctora encare un breve trayecto de cabotaje. Hacia el Estado Libre Asociado de San Luis. Donde el sorprendente Alberto Rodríguez Saa, el único gobernador aliado, planifica brindarle una recepción de Jefa de Estado. Televisado en directo por todos los canales.

La dilatada decisión de La Doctora condiciona a la totalidad del peronismo que aún le cuesta identificarse como “oposición”.
Lejos de estar paralizado, el peronismo se encuentra en estado de asamblea permanente. Se multiplican las reuniones entre los mini-gobernadores, los más activos, Los Esmeraldos, y los nuevos gobernadores que tratan de consolidarse en sus distritos.
Deben contener a la militancia de medialuna enarbolada. E intentan responder la misma pregunta. Si La Doctora se presenta o no. Por su alto nivel de aceptación en las encuestas, en general cuestionables. Sobre todo entre la Tercera y Primera Sección Electoral de la provincia inviable.
Números virtuales, equiparables en intensidad al altísimo nivel de rechazo. En especial en los distritos donde más influye la “Argentina neo pastoril”. O la Argentina blanca.
Los oficialistas del TGR, como los opositores peronistas de las diversas franquicias, esperan. Capturados entre las redes del suspenso, enmarcado en la medianía apabullante que no permite estimular grandes esperanzas de recuperación.
El largo plazo, en Argentina, se agota en octubre. Más allá es la posteridad.

Pirandellianos

“Seis Personajes en búsqueda de un autor”.
Obra catalogada de “maestra”, del teatro de Luigi Pirandello. Fracaso escénico en su momento, que paradójicamente produjo la inmortalidad del dramaturgo italiano.

Lo “pirandelliano” se transformó en adjetivo. Suele confundirse con el estado ideal de la búsqueda.
El pirandelliano busca entonces la razón. El sentido de la vida, el objetivo existencial.
Sin ir más lejos, los peronistas pirandellianos son críticos de La Doctora que buscan su propio rumbo. Para aportarle un sentido a la identidad de la militancia. Muy culpabilizada desde los instrumentos de “la nueva política”, que se reduce a la cosmetología impuesta por el TGR.
Estos peronistas se resisten a cerrar los ojos y seguir al “frepasismo tardío” que encarna La Doctora. A la que -cabe consignarlo- en general obedecieron. Le rindieron pleitesía y la aceptaron como Jefa. Hasta apenas un año y medio atrás.
A estos peronistas los invade el calificativo despectivo de “populismo”. Concepto de la teoría política, impuesto por la hegemonía del marxismo. Se le niega legitimidad a todo grupo, o partido no marxista, que aspire a la alucinación de ser popular. Imposible evitar la estampilla del populismo.
El dilema de los peronistas pirandellianos no se resuelve con el hallazgo providencial del Líder. Con la búsqueda del “Conductor”, según la tipología costumbrista, hoy ausente.
Categoría que de ningún modo admiten asignarle a La Doctora.

Abundan, mientras tanto, los peronistas pirandellianos que detestan orgánicamente el proyecto del TGR. Se disponen a enfrentarlo. Pero tienen inconvenientes, tanto para convocar como ser convocados. 

Desconocen qué decir. Cómo actuar. Qué demonios proponer. Y carece de sentido convocar a la militancia para transmitirle solo dudas.
“No se puede llamar a los compañeros para decirles <muchachos, dudo>”.
(Lo confirmaba Héctor Mazón, El Chueco, cuando armaba el evaporado Grupo Chiessa, para sostener a Menem).
Con despotricar contra el comodín de Macri no alcanza. Aunque condenarlo hoy sea unificador. Y aunque aún no hayan asimilado la humillación de haber sido derrotados por los que ni comienzan a respetar.
Sin embargo tampoco consideran a los peronistas pragmáticos que por diversos motivos, todos explicables, o para estar cerca del presupuesto del poder, se entregaron a Macri o a la señora gobernadora Vidal. Para figurar, incluso, en los planteles. Y ser -lo peor- exhibidos.

Los peronistas pirandellianos más racionales saben intuitivamente qué es lo que no quieren. Excelente punto de partida para identificar lo que pueda conformarlos.
Para las elecciones legislativas de octubre, estos peronistas quieren, invariablemente, que pierda Macri. Pero que, en simultáneo, La Doctora no gane.
El que se plebiscita en octubre es Macri. Su derrota no debe necesariamente significar el triunfo de La Doctora.

Resulta indispensable la habilitación de otra ventanilla. La tercera alternativa que perfore la polarización inteligente, entre Macri y La Doctora. Natural, recíprocamente aprovechada.

La opacidad cotidiana de Macri solo puede confrontar con la atrocidad del pasado que representa La Doctora.
Mientras tanto, ella se considera de avanzada. Pese al retroceso, en el subcontinente, de “los procesos populares”. Necesita confrontar con la derecha. La que justamente Macri representa. Por el ajuste que no hace. Por el neoliberalismo que existe en la imaginación de los que suponen combatirlo. En el país donde es infinitamente más redituable comprar Lebacs que instalar un tallercito para darle trabajo a cuatro desdichados.
Ambos -Macri y La Doctora- se encuentran plácidamente condenados a rivalizar. Cada uno es, en la práctica, jefe de campaña del otro. Macri porque no acierta y La Doctora por el bagaje negativo que arrastra. En desmedro de los abrumados que se esfuerzan, en plena impotencia, por subirse al ring.
Segundos -por ahora- afuera.

Ventanillas. Massa y Randazzo

La ventanilla de Sergio Massa está abierta. Se mantiene intacta. En un principio hasta resultó atractiva. Desde que fue útil para clausurar la ambición de perpetuidad de La Doctora. 2013.
Consumido aquel éxito, ya casi desperdiciada la expectativa que había generado, Massa emerge como un producto experimentado, tan invalorable como insuficiente.
Ocurre, aparte, que los peronistas pirandellianos no son, en general, buchones. Rechazan la idea de enrolarse otra vez detrás de La Doctora, a la que pretenden depositar en el territorio del pasado. Por razones lícitas de conveniencia política. Saben que, aunque con ella puedan ganarle a Macri, a la larga pierden. Se estrellan contra la otra parte de la sociedad. Irremediablemente.

Sin embargo de ningún modo pueden acompañar a Massa cuando llega acompañado en el combo por la señora Margarita Stolbizer. La dama que basa el crecimiento honorable a través de la desdicha de La Doctora. Como el Grupo Clarín, Stolbizer se propone verla presa.
Demasiado explícita la contradicción que arrastra Massa por su alianza protectora con Stolbizer. Hasta aquí, no les sirve a ninguno de los dos.

Al cierre real del despacho, es Florencio Randazzo, con su carta de intención, quien presenta el modelo de ventanilla que atrae.
Pero Randazzo es otro tiempista. Demora, como La Doctora, la decisión. Produce más fotografías que declaraciones.
Los peronistas pirandellianos, los Esmeraldos, lo aguardan. Como si se aferraran a Randazzo, el penúltimo proyecto que les queda.
Para no resignarse a ir, directamente, detrás de la soberbia inspirada de La Cámpora. Y tomar políticamente en serio, otra vez, al Cenador Zannini. Y contemplar, con simpatía artificial, a exponentes del frepasismo tardío como Sabbatella, o la señora Gabriela Cerrutti. Exponentes cristinistas que se suman a los peronistas fieles como Aníbal, o la señora Juliana Marino, o el desopilante Guillermo Moreno. Y un conjunto numéricamente admirable de mini-gobernadores. Desde Berazategui a Avellaneda, La Matanza incluida.

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Según una encuesta, mejora la imagen de Macri pero la mayoría votará en contra del Gobierno

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Mauricio Macri tiene motivos para sentirse envalentonado en su lucha frontal contra el sindicalismo docente que reclama mejores salarios y la apertura de una paritaria nacional. Según la última encuesta realizada por el consultor Gustavo Córdoba, el 21,90% por ciento de los consultados puso a la educación como la principal preocupación, por encima de la corrupción, la pobreza o la inseguridad.
En la misma línea, la gestión de Macri registró en el último mes un crecimiento en el nivel de aprobación, que pasó de 44,8 a 48,7, mientras que la desaprobación cayó al 50,2 por ciento, tres puntos menos que en febrero.
Sin embargo, es mayoría la que cree que la economía seguirá empeorando. El 32,8 piensa que estará peor y el 19,4, que seguirá “igual de mal”. Los optimistas son el 34,4 por ciento y los que esperan que siga “igual de bien”, el 9,1 por ciento. También aquí se registra un crecimiento del optimismo, del dos por ciento.

Pese a que la gestión de Macri mejoró en la percepción social, la de María Eugenia Vidal debe ser una señal de preocupación para el PRO. Cayó a su nivel más bajo de aprobación, con 54,9 por ciento y la imagen negativa se elevó al 39,7 por ciento. La misma suerte corre Lilita Carrió, cuya imagen positiva descendió al 50 por ciento, la más baja desde agosto del año pasado, y creció la negativa, al 43,9.
En cambio, la imagen de Florencio Randazzo, quien amenaza con irrumpir en la interna peronista, creció. La encuesta realizada por Córdoba & Asociados lo sitúa en Buenos Aires con un 53,9% de imagen buena + muy buena, contra un 31,3% de mala + muy mala. Según esos índices, es el peronista más valorado por sobre Cristina Kirchner y Daniel Scioli -eventuales competidores en las PASO del PJ- y por sobre Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey. La imagen positiva de Massa, desaparecido del escenario político en el último mes, cayó al 42,4 por ciento y la negativa subió al 47,7 por ciento, la más alta desde octubre pasado.
Cristina Fernández, en cambio, mantiene una imagen positiva del 41,7 por ciento y la negativa en 56,2, un punto más que en febrero.
El dato negativo para Macri es que el 50,6 por ciento de los consultados, no le cree y el 58,8 por ciento sostiene que el país no está mejor desde que asumió. De todos modos, hay una paridad casi absoluta entre quienes quieren darle una nueva oportunidad 47,3, contra los que no: 47,1. El 57,4 por ciento cree que hizo menos de lo esperado. El 53,7 por ciento anticipa que votará candidatos opositores a Macri.

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Campaña de largada

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Envalentonado por el apoyo de la marcha en defensa del Gobierno que se hizo el 1 de abril, el presidente Mauricio Macri decidió redoblar la apuesta a la polarización en la carrera hacia las elecciones legislativas que se harán el 22 de octubre.

La movilización no fue masiva y quedó pequeña en comparación con las marchas previas en contra de las políticas económicas actuales. Sin embargo, le dio al Gobierno la certeza de que hay un nucleo duro que se mantiene leal e inconmovible. Y que pide más. Concentrado en Capital Federal y el centro del país, ese respaldo le dio aires a Macri para enfrentar el primer paro nacional de su gestión.

El paro, que fue casi total por la adhesión de los gremios del transporte y camioneros, le dio una excusa perfecta para fortalecerse en ese nucleo duro.

Por eso, Macri no se amilanó ante la huelga ni los piquetes. Y desafió al anquilosado sindicalismo. “Siento que no paró el país, al contrario, diría yo que fue un activador del cambio, porque vimos una toma de conciencia, una profundización del debate de qué es lo que sirve para construir futuro. Los que pararon, los que no pararon, todos queremos una Argentina con más oportunidades. ¿Y dónde vamos a dirimir las cosas en las que sigamos teniendo diferencias? En la elecciones de octubre. Y creo que cada vez más se ve con claridad quienes queremos construir un futuro y quienes se aferran a un pasado que no nos dio respuestas ni a la pobreza, ni al desarrollo, ni a la mejora de la calidad de la educación pública. Entonces ratifico que creo en lo que estamos haciendo”, dijo, palabras más, palabras menos, el Presidente. Algo así como “armen un partido” y ganen las elecciones.

Son “ellos o nosotros”. “O los mafiosos van presos o nos voltean”, dice que les dijo a sus ministros. La amenaza latente de que la ex presidenta Cristina Fernández vaya presa, encaja perfectamente en la estrategia. Esa dicotomía le sirve para hacer política.

Una apuesta tan alta conlleva el riesgo de perder todo. Pero Macri acostumbra a plantear metas demasiado elevadas aunque después terminen siendo un boomerang.

Ellos o nosotros es yo o el abismo. Ese abismo puede ser perder las elecciones, un escenario que el mismo Presidente define como “un fracaso”, aunque al mismo tiempo espera que aumente la presencia de Cambiemos en el Congreso en 20 por ciento.

Por eso admite que “no hay plan B” para la economía. Su fortaleza está en sostener el rumbo para retener al votante que lo eligió convencido. Con el radicalismo sumiso y el peronismo desperdigado, la opción no es mala. Puede quedarse con un tercio de los espacios de poder en juego. 

Ningún análisis puede caer en la ingenuidad de pretender que el Presidente “no ve la realidad”. La ve, la interpreta y toma posición. Hace política, algo que muchos le endilgan no conocer.

El nucleo duro no quiere torcer el rumbo ni se siente demasiado afectado por la recesión que no cede, los tarifazos ni la inflación. Es el sector más bajo de la pirámide social el que sufre los embates del ajuste. Y es éste el que sale a la calle y el que nutrió el paro de la CGT. Pero ya no lo había votado –mayoritariamente- en 2015. ¿Por qué lo haría ahora? Macri ganó pese a la “calle ganada” del kirchnerismo, que ahora, además, está fragmentado y es mala palabra para algunos sectores.

Como hace dos años, Macri debe convencer de que el camino es el correcto para que lleguen “inversiones” y se produzca algún derrame. Los dos primeros semestres de su gestión pasaron sin grandes novedades.

El Foro Económico Mundial sobre América Latina que se realizó en Buenos Aires, sirvió para repetir el ruego de que los grandes grupos económicos miren a la Argentina como destino de sus dólares. Aunque sean efímeros. “Para aquellos que vengan a invertir en nuestro país, sepan que se pueden llevar el dinero cuando lo decidan, confiando todos los argentinos en que vamos a crecer tanto y durante tantos años, que siempre van a continuar reinvirtiendo”, aseguró Macri. Una confianza demasiado excesiva a la luz de la experiencia. Capitales golondrina y un alto nivel de endeudamiento no suelen ser una buena combinación.

Pero Macri tiene los elogios que busca. David Lipton, subdirector del Fondo Monetario Internacional, consideró que “ya hay indicios de que las políticas están siendo eficaces”.

“Para este año y el próximo prevemos un repunte de la economía, y que la inflación continúe disminuyendo”, aseguró Lipton en sus referencias a la situación económica en el país.

El elogio endulza los oídos del Gobierno, pero contrasta con los propios análisis del FMI. El organismo financiero en enero había pronosticado que el PBI del país crecerá este año 2,2% en lugar de 2,7% como había previsto en octubre último y bastante abajo del 3,5% que planteó el Gobierno en el Presupuesto 2017.

También adelantó que la inflación terminará por encima de la meta del Banco Central y que la recesión fue más grave a lo previsto.

Hace apenas unos días, el director del FMI para occidente, Alejandro Wernes dijo que creía que el Gobierno fue “muy optimista” en cuanto a la velocidad de reacción de los inversores. El funcionario celebró el gradualismo, pero pidió “acelerar el ritmo antes de un eventual cambio en las condiciones financieras internacionales”. No habrá muchas mejoras, pero el FMI aplaude.

La Fundación Mediterránea advierte que “alcanzar la meta de déficit fiscal de 2017 exigirá una importante moderación en el gasto en lo que resta del año”.

Si el ajuste no llega antes de las elecciones, para no dañar las chances electorales del oficialismo, llegará apenas después.

El Gobierno viene fallando con sus propias metas. En 2016, se cumplió la meta de déficit primario de 4,6 % del PIB, pero fueron determinantes los ingresos extraordinarios del último trimestre, originados en el Sinceramiento Fiscal. Sin ese aporte, el déficit se habría ubicado en torno a 5,8 % del PIB. En el primer trimestre de 2017, los ingresos fiscales subieron 36,9 % interanual, pero sin computar las multas del blanqueo, el aumento habría sido de 27,3 % interanual. Mientras tanto, el gasto primario subió en enero-febrero a un ritmo interanual de 38,5 por ciento.

El ministro de Economía, Nicolás Dujovne, ratificó que “bajar el déficit fiscal” no es negociable. Así que en algún momento se profundizará el ajuste. Probablemente sea después de las elecciones.

Sin embargo, las cuentas públicas registraron en febrero un déficit presupuestario primario sin rentas financieras de 26.747 millones de pesos, lo que muestra un incremento del 60,7% en comparación con igual mes de 2016.

El blanqueo disimula un poco el rojo. Pero el récord alcanzado no se traduce en un impacto directo en la economía real ni en las inversiones. Los analistas anticipan que se moverán los mercados inmobiliarios y de automóviles, pero no mucho más en inversión directa. Es que buena parte de los 116 mil millones sigue en el exterior. Peor aún, para la economía misionera, los dólares que ingresen no harán más que fortalecer el tipo de cambio, lo que significará extender las asimetrías en el tiempo.

El resultado del blanqueo representa casi exactamente la mitad de los u$s 232.411 millones que los argentinos tienen en el exterior como dinero no declarado, según informó el Indec el año pasado.

Mientras tanto, la economía real tambalea. Los brotes verdes celebrados no son demasiados. Y los datos que empiezan a aparecer de Macri versus Macri, son desalentadores. La industria cayó  6 por ciento en febrero y la construcción bajó 3,4 por ciento. Y, según el Indec, el uso de la capacidad instalada de la industria se contrajo al nivel más bajo en los últimos catorce años al retroceder al 60 por ciento.  El sector automotriz fue el peor posicionado con 31,5% en el uso de sus posibilidades de producción, seguido por el de la metalmecánica (excepto automotores), con un 42,1%.

El indicador de la Utilización de la Capacidad Instalada en la Industria había alcanzado el 60,6% en enero pasado, y el 64,2% en febrero de 2016. El declive sigue.

Este es el escenario en el que transcurrirá el tiempo de ir a las urnas. Seguramente se moverá más la obra pública, lo que sería una bendición para las provincias, pero no habrá muchos cambios sustanciales.

El Gobierno de Cambiemos se pondrá a prueba con sus propias recetas, aquellas que se sabía antes, iba a aplicar, pero de las que renegaba en público como una supuesta “campaña del miedo”. Deberá, sin embargo, conquistar a sus propios desencantados, que van apareciendo tímidamente y ordenar una tropa política que, salvo el circulo más cercano, pelea sus propias batallas por espacios de poder. La renuncia del embajador de Estados Unidos, Martín Lousteau abre un interrogante sobre el resultado en la Capital Federal, donde el enrulado según algunas encuestas, tiene una imagen positiva superior al 60 por ciento, incluso superando a Elisa Carrió, la carta “ganadora” de Cambiemos para el distrito gobernado por Horacio Rodríguez Larreta. Lousteau estuvo a punto de derrotar a Rodríguez Larreta en las elecciones pasadas, lo que podría haber desmoronado todo el armado PRO. ¿Podrá ahora? ¿Irá por afuera o planteará internas?

Del otro lado hay una mayor fragmentación que en 2015 y eso puede jugarle a favor al Gobierno. El kirchnerismo, enredado en inncontables causas judiciales, tiene a su favor la “mística”, pero cada vez menos dirigentes se animan a describirse como tales.  

Sergio Massa está desaparecido de la acción política desde hace más de un mes y parece haber perdido el crédito como “sucesor”. La irrupción de Florencio Randazzo puede volver a modificar el escenario peronista, donde también pretenden competir Daniel Scioli y posiblemente Cristina Fernández.

En esa lógica, el misionerismo se consolida como opción política que no dependa de las decisiones tomadas en un sillón de Buenos Aires. El gobernador Hugo Passalacqua ratificó que en el tiempo electoral se marcarán las diferencias con el Gobierno nacional, disimuladas hasta ahora en pos de la gobernabilidad. Pero lo cierto es que hasta ahora no hubo demasiados beneficios por sostener el acompañamiento.

La estrategia de la Renovación será sostener el modelo con un mensaje claro que ya bajó a las primeras y segundas líneas: lo importante es el equipo y el rumbo. Aparecerán caras nuevas en la oferta electoral legislativa, matizadas con la experiencia de quienes ya tienen carrera hecha. Pero los nombres más firmes se conocerán más o menos en un mes. El oficialismo tiene el mérito de la gestión y por eso puede esconder sus cartas hasta último momento.

“No es momento de vanidades. La gente está en serias dificultades y hay que estar cerca de la gente. Hay dificultades para llenar la olla y para recaudar. Y así y todo estamos haciendo obras, con acuerdos de gobernabilidad con la Nación, con Paraguay, con Brasil”, explicó Passalacqua.

El mandatario sostuvo que Misiones seguirá dando gobernabilidad al Gobierno nacional aunque en tiempos electorales marcarán las diferencias. “No somos del mismo color político y cuando vengan las elecciones en octubre, iremos con nuestras listas. Pero queremos dar gobernabilidad”, afirmó el mandatario.

Passalacqua aseguró que pese a la crisis por la que atraviesa el país, “el error que nunca voy a cometer es alejarme de la gente”.

En la oposición, en cambio, ya aparecen algunas definiciones. La alianza Cambiemos ofrecerá a Humberto Schiavoni como candidato a senador y buscará la ratificación de Luis Pastori como diputado nacional.

El problema está en el deseo de un sector del radicalismo de pelear cargos en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. Gustavo González es uno de los que quiere dar el salto al Congreso nacional y los jóvenes que terminan sus mandatos en el Concejo Deliberante posadeño, quieren convertirse por lo menos en diputados provinciales.

Si la UCR obliga a unas internas, en el PRO no disimularán su fastidio. El macrismo quiere marcar el territorio y fortalecer a los propios. Alex Ziegler, quien también tenía aspiraciones de repetir en su banca, está con un pie afuera de Cambiemos y para seguir perteneciendo deberá conformarse con apenas una banca como diputado provincial. Lo más probable es que protagonice una nueva ruptura, como la que lo alejó de la Renovación. El vicepresidente del partido del Colorado, Libertad; Valores y Cambio, Sergio Peñalva, salió con los tapones de punta contra Schiavoni. “El marketing electoral, no nos interesa; nosotros somos verdaderamente el cambio y continuamos representando la voluntad del electorado misionero. Seremos una alternativa electoral en las próximas elecciones”, disparó. 

En la Legislatura misionera está puesta la gran atención de los otros partidos locales. El partido Agrario confirmó que teje una alianza con el massismo y los radicales de Vanguardia. Si se concreta y los votos acompañan, el objetivo es transformarse en la segunda fuerza parlamentaria, desplazando a la suma del PRO  y la UCR.

En cambio, el peronismo y el Frente Grande ratificaron su integración al Frente Renovador de la Concordia, con un mensaje claro: las políticas que hay que enfrentar son las que bajan de la Nación.

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