déficit fiscal

Caputo apuesta a un ciclo de crecimiento acelerado y afirmó que “lo peor ya pasó” para la economía argentina

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En una exposición de fuerte contenido económico y político ante empresarios reunidos en el CAMBRAS Business Day 2026, el ministro de Economía, Luis Caputo, presentó una defensa integral del programa económico del Gobierno de Javier Milei y sostuvo que la Argentina atraviesa una transformación estructural que permitirá consolidar un ciclo prolongado de crecimiento, inversión y generación de empleo.

El mensaje estuvo dirigido principalmente al sector privado, al que convocó a acelerar decisiones de inversión en un escenario que, según su visión, ya dejó atrás los principales riesgos macroeconómicos heredados de la gestión anterior. “La bomba atómica que heredamos ya se desactivó. Hoy no hay riesgo de explosión económica”, sintetizó el titular del Palacio de Hacienda.

La presentación se produjo en un contexto donde el Gobierno busca consolidar señales de recuperación tras más de dos años de ajuste y reordenamiento macroeconómico. Caputo destacó que la recaudación comenzó a recuperarse, que la inflación continúa desacelerándose y que los salarios volvieron a mostrar mejoras reales. Además, remarcó que la reglamentación de la reforma laboral debería impulsar una mayor formalización del empleo.

Uno de los puntos centrales de su exposición fue la evolución de la actividad económica. Según explicó, la serie de tendencia-ciclo del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) muestra 24 meses consecutivos de crecimiento, una dinámica que, aseguró, no se registraba desde hace más de quince años.

“¿Significa que todo está bien? No. Pero sí significa que vamos bien. Y si tenemos en cuenta de dónde venimos, diría que vamos extremadamente bien”, afirmó.

Caputo insistió en que la administración Milei no está ejecutando una corrección coyuntural sino un cambio profundo de régimen económico.

Según describió, el modelo anterior se sustentaba en una economía cerrada, con escasa competencia, baja inversión, salarios deprimidos y precios elevados. En contraposición, sostuvo que el nuevo esquema se apoya en tres pilares: inversión, exportaciones y competencia.

Para ilustrar esa transformación recordó que a fines de 2023 gran parte de los salarios se ubicaban en torno a los 300 dólares mensuales, mientras que bienes básicos para la producción y el consumo se encontraban entre los más caros de la región.

“El problema no era que protegíamos industrias exitosas. Lo que se protegían eran negocios financiados por consumidores que pagaban precios exorbitantes”, señaló.

En esa línea, aseguró que la apertura económica comenzó a generar una reducción de precios relativos en sectores como indumentaria, calzado, equipamiento para el hogar y medicamentos, mientras los salarios recuperan capacidad de compra.

El fin de la “restricción externa”

Uno de los conceptos históricos de la economía argentina que el ministro buscó desmontar fue el de la denominada “restricción externa”.

Durante décadas, distintos gobiernos justificaron controles cambiarios, restricciones a las importaciones y cepos financieros argumentando la insuficiencia de dólares para sostener el crecimiento.

Caputo afirmó que esa lógica quedó atrás.

“Hoy hay dólares para importar, para girar dividendos, para ahorrar y aun así el Banco Central sigue comprando divisas”, aseguró.

El ministro destacó que la autoridad monetaria acumula reservas a un ritmo cercano a los 100 millones de dólares diarios y afirmó que la meta acordada con el Fondo Monetario Internacional ya se encuentra prácticamente cumplida.

La explicación, sostuvo, radica en la recuperación de sectores exportadores estratégicos y en el potencial que comienza a desplegarse en energía y minería.

Energía, minería y el nuevo motor de divisas

Uno de los pasajes más optimistas de la exposición estuvo vinculado al potencial exportador de la Argentina.

Caputo aseguró que hacia 2031 el saldo comercial conjunto de energía y minería podría alcanzar los 60.000 millones de dólares anuales, cifra que consideró incluso conservadora frente a la magnitud de los proyectos actualmente en ejecución.

Según precisó, cuando se realizaron las primeras estimaciones existían proyectos por unos 85.000 millones de dólares. Hoy, afirmó, la cartera supera los 140.000 millones, con una participación creciente del sector energético.

A ello sumó indicadores positivos en exportaciones industriales, agroindustriales, servicios y ventas externas de pequeñas y medianas empresas.

Para el funcionario, la combinación de estabilidad macroeconómica, reducción de regulaciones y menor presión tributaria terminará generando un salto de competitividad capaz de acelerar significativamente el crecimiento económico.

La disputa por la velocidad de la recuperación

Aunque reconoció que la economía ya crece a tasas cercanas al 4% anual, Caputo consideró que el país podría expandirse entre 7% y 8% por año si logra acelerar el proceso de reconversión productiva.

En ese punto identificó como principal obstáculo la persistencia de cierto escepticismo en empresarios e inversores, producto de décadas de inestabilidad económica.

Por ello insistió en transmitir previsibilidad sobre la continuidad del programa económico y aseguró que las bases fiscales, monetarias y financieras construidas durante los primeros años de gestión permiten proyectar una expansión sostenida.

“La economía va a seguir mejorando porque en economía no hay casualidad. Hay causalidad. Si hacés las cosas bien, los resultados llegan”, afirmó.

El componente político: críticas al kirchnerismo y respaldo a Milei

La parte final de la presentación estuvo marcada por definiciones políticas contundentes.

Caputo descartó cualquier posibilidad de retorno del kirchnerismo al poder y sostuvo que la sociedad argentina ya identificó al modelo económico anterior con una etapa de crisis y deterioro.

“El kirchnerismo no es una opción para la mayoría de los argentinos”, afirmó.

Incluso planteó que, aun frente a eventuales shocks externos o dificultades económicas, no visualiza condiciones para una reversión política del rumbo actual.

En ese contexto destacó el liderazgo de Javier Milei como garante de la continuidad del programa económico y atribuyó al Presidente el coraje político necesario para sostener las reformas.

Más allá de los indicadores coyunturales, el mensaje central del ministro estuvo orientado al mediano plazo.

Caputo aseguró que la Argentina se encuentra ante una oportunidad histórica y sostuvo que el país podría convertirse en una de las economías de mayor crecimiento del mundo durante las próximas décadas.

Con una visión marcadamente optimista, afirmó que 2027 mostrará una realidad económica muy diferente a la que hoy proyecta gran parte del mercado y consideró que la combinación de equilibrio fiscal, expansión exportadora, inversiones récord y estabilidad monetaria permitirá consolidar un ciclo de crecimiento sostenido.

“Estamos viviendo un cambio de época. Argentina va a ser el país que más oportunidades ofrezca durante los próximos treinta años”, concluyó.

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El Gobierno desaceleró la quita de subsidios energéticos para contener la inflación

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El Gobierno nacional moderó durante el primer cuatrimestre de 2026 el ritmo de reducción de subsidios energéticos para evitar un mayor impacto inflacionario sobre hogares y empresas. La decisión implicó un incremento real de las transferencias estatales al sector eléctrico y gasífero, que alcanzaron los $1,76 billones, equivalentes al 0,16% del Producto Interno Bruto (PIB).

Los datos surgen de un informe técnico de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), que expone uno de los principales dilemas económicos del programa de Javier Milei:
cómo sostener la desaceleración inflacionaria sin provocar un shock tarifario que afecte consumo, actividad y conflictividad social.

Para provincias periféricas como Misiones, donde el costo energético tiene impacto directo sobre industria forestal, comercio, secaderos yerbateros y pequeñas empresas, la decisión tiene implicancias económicas concretas.

El ajuste tarifario perdió velocidad

El informe de la OPC muestra que la cobertura tarifaria sobre el costo real de generación eléctrica cayó del 84% al 75% promedio en términos interanuales durante el primer cuatrimestre.

Traducido:
los usuarios comenzaron a pagar proporcionalmente menos del costo total de la energía. La diferencia volvió a ser absorbida por el Estado mediante subsidios.

Eso explica el fuerte aumento de transferencias a: CAMMESA; ENARSA; y fondos fiduciarios energéticos. El movimiento refleja un cambio táctico del Gobierno.

Tras el fuerte sinceramiento tarifario de 2024 y parte de 2025, Economía comenzó a administrar con mayor cautela las actualizaciones para evitar que la inflación núcleo vuelva a acelerarse.

CAMMESA concentró casi toda la asistencia eléctrica

El sector eléctrico absorbió el 75% de todos los subsidios energéticos ejecutados por Nación durante el primer cuatrimestre.

La mayor parte fue canalizada a través de CAMMESA, la administradora del mercado mayorista eléctrico, que recibió: $1,29 billones; equivalentes al 97% de las transferencias eléctricas. El resto incluyó: asistencia a Entidad Binacional Yacyretá; sostenimiento del sistema de transmisión; y fondos para la sustentabilidad del mercado eléctrico.

Gas: ENARSA volvió a ganar protagonismo

En el sistema gasífero, los subsidios crecieron todavía más: un 269,7% interanual real, según la OPC. El principal receptor fue ENARSA, que concentró el 72% de los fondos destinados al gas.

El segundo actor relevante fue el Fondo Fiduciario para Subsidios a Consumos Residenciales de Gas (FFGAS), vinculado al esquema de Zona Fría.

La dinámica muestra que, pese al discurso de reducción del gasto, el Estado todavía cumple un rol decisivo para sostener precios energéticos políticamente administrables.

El nuevo equilibrio económico

El dato tiene una doble lectura. Por un lado, el gasto en subsidios sigue siendo mucho más bajo que el promedio histórico:
el 0,16% del PIB actual se ubica muy por debajo del promedio de 0,29% registrado desde 2015 para igual período.

Pero por otro lado, el crecimiento real de las transferencias muestra que el Gobierno debió desacelerar la eliminación de subsidios para sostener la desinflación.

Ese equilibrio es particularmente delicado porque: el FMI exige consolidación fiscal; el mercado sigue mirando el superávit; y la inflación continúa siendo la principal variable política del Gobierno.

Subsidios a Energia 1° Cuatrimestre 2026 by CristianMilciades

Yacyretá vuelve a aparecer en el mapa energético

El informe también confirma transferencias vinculadas a Entidad Binacional Yacyretá, una pieza estratégica para el abastecimiento eléctrico regional.

Para Misiones, Yacyretá no sólo representa generación energética:
también es una variable geopolítica y económica clave dentro de la relación bilateral con Paraguay.

El sostenimiento financiero del sistema eléctrico mayorista vuelve a poner en escena la discusión sobre: costos reales de generación; distribución federal de energía; y subsidios cruzados entre regiones.

La política energética de Milei empieza a mostrar una transición más pragmática que ideológica. Aunque el discurso oficial sigue defendiendo la reducción de subsidios, la dinámica inflacionaria obligó a moderar el ritmo de ajuste.

La economía encontró un nuevo equilibrio parcial: tarifas más altas que en años anteriores; pero todavía parcialmente subsidiadas. El interrogante hacia adelante es cuánto tiempo podrá sostenerse esa estrategia sin tensionar: el objetivo de superávit; las metas con el FMI; y el bolsillo de empresas y consumidores.

Porque en la Argentina actual, la energía dejó de ser solamente un servicio público. Se convirtió nuevamente en una variable central de estabilidad macroeconómica y competitividad regional.

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Caputo usa utilidades del BCRA para cancelar deuda y acelerar el saneamiento del balance del Central

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El Gobierno nacional avanzó con una nueva operación financiera orientada a recomponer el balance del Banco Central y reducir pasivos del Tesoro. Según informó el Ministerio de Economía, el BCRA puso a disposición del Tesoro Nacional $24,4 billones correspondientes a dividendos del ejercicio 2025, recursos que serán destinados en parte a reforzar depósitos oficiales y, principalmente, a cancelar Letras Intransferibles en poder de la autoridad monetaria.

La medida implica la utilización de $18,4 billones para recomprar Letras Intransferibles por un valor nominal estimado de USD 21.700 millones. De acuerdo con el comunicado oficial, la operación reducirá la deuda bruta del Tesoro en aproximadamente 3,3% del Producto Interno Bruto.

El restante de los fondos, unos $6 billones, será utilizado para constituir depósitos del Tesoro en el Banco Central, en un movimiento que el oficialismo presenta como parte de una estrategia de fortalecimiento patrimonial y estabilización monetaria.

El Gobierno apunta a desarmar uno de los pasivos históricos del BCRA

Las Letras Intransferibles fueron emitidas en años anteriores como mecanismo para compensar el uso de reservas internacionales por parte del Tesoro Nacional. Según explicó Economía, esos instrumentos reemplazaron activos líquidos —como dólares de reservas— por títulos “ilíquidos y sin valor de mercado”.

El comunicado oficial remarcó que esa operatoria había deteriorado el activo del Banco Central en un contexto de déficit fiscal y cierre del financiamiento voluntario. El Gobierno sostuvo además que, al inicio de diciembre de 2023, las reservas netas eran negativas en más de USD 11.000 millones.

La recompra de esos instrumentos aparece ahora como una de las piezas centrales del proceso de saneamiento del balance del BCRA iniciado por la administración de Javier Milei y el ministro Luis Caputo.

El movimiento se conoció luego de que el Directorio del Banco Central aprobara los estados contables correspondientes a 2025, ejercicio en el que la entidad registró una ganancia de $34,3 billones. Según los datos oficiales, el resultado implicó una mejora del 34% respecto de 2024, mientras que el patrimonio neto alcanzó los $51,3 billones.

El BCRA atribuyó parte de esa mejora al recupero generado por la recompra de Letras Intransferibles y al incremento de reservas internacionales, que ascendieron a USD 41.095 millones al cierre de 2025.

El organismo también vinculó la mejora patrimonial con operaciones financiadas mediante desembolsos del FMI, acuerdos REPO con bancos internacionales y la valorización del oro.

La operación tiene además una lectura institucional y política. El Gobierno intenta mostrar consistencia fiscal y capacidad de ordenamiento financiero en un contexto donde la acumulación de reservas y la credibilidad monetaria siguen siendo variables observadas por el mercado y los organismos internacionales.

La decisión de utilizar utilidades contables del BCRA para cancelar deuda intraestado busca además reducir uno de los principales cuestionamientos históricos sobre la calidad de los activos del Central.

En paralelo, el Banco Central informó que continuará durante 2026 con el proceso de saneamiento de su hoja de balance y con un programa de compra de reservas preanunciadas, apoyado —según indicó— en la remonetización de la economía.

Qué cambia para la economía real

Aunque la operación ocurre dentro del sector público, el movimiento tiene efectos indirectos sobre el esquema económico general. La reducción de pasivos del Tesoro y la recomposición patrimonial del BCRA apuntan a fortalecer la estabilidad monetaria y financiera, dos variables clave para la estrategia antiinflacionaria del Gobierno.

También busca consolidar señales hacia acreedores e inversores en medio de un programa económico que mantiene el equilibrio fiscal como principal ancla.

El propio Banco Central destacó la reducción de intereses pagados por pasivos monetarios y la caída de los gastos de emisión, en línea con la política de contracción monetaria aplicada durante el último año.

Si el proceso de saneamiento financiero logra sostener la desaceleración inflacionaria y mejorar las condiciones de financiamiento, sectores productivos regionales podrían beneficiarse de una menor volatilidad cambiaria y monetaria. Sin embargo, el escenario todavía depende de variables externas, del nivel de reservas y de la capacidad oficial para sostener el equilibrio fiscal sin frenar la actividad.

El Gobierno exhibe la cancelación de Letras Intransferibles como una señal de normalización financiera y fortalecimiento institucional del Banco Central. Sin embargo, la consistencia de ese proceso seguirá atada a la evolución de reservas, la estabilidad cambiaria y el acceso al financiamiento.

La atención del mercado ahora se concentra en cómo evolucionará la estrategia de acumulación de divisas y en qué medida el saneamiento del balance del BCRA puede traducirse en una mayor estabilidad económica durante 2026.

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La recaudación cae por noveno mes y presiona el equilibrio fiscal del Gobierno

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Un análisis del presidente del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), Nadin Argañaraz muestra que la recaudación tributaria nacional volvió a caer en términos reales en abril y extendió a nueve meses consecutivos la tendencia negativa. Según datos oficiales de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), los ingresos alcanzaron los $17,4 billones, con una suba interanual nominal del 27,2%, pero insuficiente frente a la inflación estimada, lo que derivó en una contracción real.

El dato central no es mensual sino acumulativo: en los primeros cuatro meses de 2026, la recaudación crece 23,8% nominal, pero cae -6,7% en términos reales. La señal es consistente con una economía que pierde dinamismo y plantea un desafío directo para la estrategia fiscal del Gobierno.

Ingresos en retroceso y tensión fiscal

La recaudación es uno de los pilares del esquema fiscal. Su deterioro sostenido refleja, según los datos, dos factores simultáneos: menor actividad económica y decisiones de política tributaria.

El informe oficial señala que los ingresos continúan afectados por el frente externo, en particular por la reducción de alícuotas de derechos de exportación para productos clave como soja, trigo y maíz, junto con una desaceleración de importaciones. En términos concretos, esto implica menos recursos para el Estado en un contexto donde la consistencia fiscal sigue siendo un objetivo central.

Caída generalizada con focos de compensación

El comportamiento de los principales tributos muestra un cuadro heterogéneo, pero con predominio de caídas reales:

  • IVA: recaudó más de $6 billones, con suba nominal del 28,3%, pero caída real cercana al 3%. El dato expone el enfriamiento del consumo interno.
  • Ganancias: alcanzó $3,1 billones, con incremento nominal del 28%, aunque también con caída real (3,2%), limitada por menores retenciones y ajustes en liquidaciones.
  • Derechos de exportación: registraron el mayor impacto negativo, con una caída real significativa, explicada por la baja de alícuotas.

En contrapartida, algunos tributos vinculados a la nominalidad o a decisiones impositivas específicas mostraron mejoras:

  • Impuesto al cheque: subió 35,1% nominal, con leve crecimiento real.
  • Combustibles: avanzó 74,1% nominal, impulsado por actualizaciones del tributo.

El cuadro general indica que los aumentos no alcanzan a compensar la caída de los tributos más relevantes en términos de volumen.

La persistencia de la caída real en la recaudación condiciona el margen de maniobra del Gobierno. La combinación de menor ingreso y compromiso de orden fiscal genera una tensión estructural: sostener el equilibrio con menos recursos.

En términos de poder, el escenario fortalece el peso de las decisiones de política tributaria —como la reducción de retenciones— y traslada presión hacia la administración del gasto. Al mismo tiempo, expone la dependencia del esquema fiscal respecto del nivel de actividad económica.

Consumo, exportaciones y actividad

Los datos permiten una lectura directa sobre la economía real: La caída del IVA sugiere menor consumo. La debilidad en Ganancias refleja menor dinamismo en ingresos y utilidades. El retroceso en derechos de exportación combina efecto precio, volumen y cambios normativos. Y la desaceleración de importaciones evidencia menor nivel de actividad o ajuste en el comercio.

En conjunto, la recaudación funciona como termómetro: los ingresos fiscales retroceden porque la economía pierde tracción.

En provincias del NEA, donde el consumo interno y las economías regionales tienen peso, la caída del IVA y de tributos asociados al comercio puede traducirse en menor circulación económica.

Asimismo, los cambios en derechos de exportación sobre productos agropecuarios —aunque no específicos de la región— forman parte del esquema que redefine incentivos productivos a nivel nacional, con posibles efectos en cadenas vinculadas.

Recaudación, actividad y política fiscal

La continuidad de la tendencia abre interrogantes sobre la sostenibilidad del esquema fiscal en los próximos meses. Variables clave a observar serán la evolución de la actividad económica, el impacto pleno de las modificaciones impositivas y la capacidad del Gobierno para compensar la caída de ingresos.

Si la recaudación no logra revertir la tendencia, el desafío no será sólo técnico, sino político: administrar un programa económico con menor margen fiscal en un contexto aún inestable.

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La recaudación crece en nominal pero cae en términos reales y expone el costo fiscal de la baja de retenciones

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La recaudación tributaria de abril alcanzó los $17.400.833 millones, con una suba interanual del 27,2%, según datos oficiales. Sin embargo, al descontar el efecto de la inflación, los ingresos del Estado registraron una caída real del 4%, encadenando nueve meses consecutivos de retroceso. El dato, difundido este 4 de mayo por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), refleja una dinámica fiscal condicionada por la actividad económica y por decisiones de política tributaria.

El número sintetiza una tensión central: el Gobierno logra sostener ingresos nominales en crecimiento, pero pierde capacidad recaudatoria en términos reales en un contexto de reformas impositivas y menor aporte del comercio exterior.

Reformas tributarias y menor aporte externo

El desempeño de abril se explica, en parte, por cambios en la estructura impositiva. Según el informe oficial, la recaudación continúa “incidida negativamente por los menores ingresos vinculados al comercio exterior”, producto de dos factores: la desaceleración de las importaciones y la reducción de alícuotas en los derechos de exportación, especialmente en productos clave como soja, trigo y maíz.

Esa decisión implica un costo fiscal directo. Los derechos de exportación registraron una caída interanual del 13,3%, con ingresos por $574.547 millones. La baja de alícuotas —detallada en el informe— redujo la carga sobre el sector agroexportador, pero también recortó recursos del Estado.

En paralelo, la dinámica de importaciones también condicionó la recaudación. Los derechos de importación crecieron 15,8%, pero desde una base elevada y con impacto negativo de medidas como la utilización de créditos fiscales para cancelar tributos.

Crecimiento desigual entre impuestos

El mapa tributario muestra comportamientos heterogéneos. El IVA —principal fuente de ingresos— recaudó $6.049.934 millones, con una suba nominal del 28,3%. Sin embargo, el componente aduanero creció menos (21,6%), reflejando el menor dinamismo del comercio exterior.

El impuesto a las Ganancias aportó $3.136.961 millones (+28,0%), mientras que el tributo a los débitos y créditos bancarios —considerado un termómetro de la actividad— avanzó 35,1%, alcanzando $1.426.170 millones.

Los recursos de la Seguridad Social, por su parte, sumaron $4.552.872 millones (+26,6%), aunque el incremento nominal no logra compensar la inflación, lo que sugiere una caída en términos reales.

En contraste, Bienes Personales mostró una suba más moderada (12%), con $65.783 millones recaudados.

En Derechos de Exportación se obtuvieron $ 574.547 millones con una variación interanual negativa de -13,3%. Por otra parte, por Derechos de Importación y otros, ingresaron $ 588.298 millones con una variación interanual de 15,8%. 

El esquema revela una redistribución de cargas dentro del sistema tributario. La reducción de retenciones favorece al complejo agroexportador —uno de los principales generadores de divisas—, pero reduce ingresos fiscales en el corto plazo.

Al mismo tiempo, el peso de la recaudación se sostiene sobre impuestos vinculados al consumo (IVA) y a la actividad financiera (débitos y créditos), lo que traslada parte del esfuerzo tributario hacia la economía interna.

Desde la perspectiva del Gobierno, la estrategia combina estímulo sectorial con disciplina fiscal. Sin embargo, la persistencia de caídas reales en la recaudación introduce una restricción: limita el margen para sostener el equilibrio de las cuentas públicas sin ajustes adicionales.

Señales mixtas de actividad

Los datos tributarios funcionan como proxy de la economía real. El crecimiento del impuesto al cheque por encima del promedio sugiere cierta reactivación en la operatoria corriente, mientras que el desempeño del IVA indica un consumo que no logra despegar en términos reales.

La Seguridad Social aporta otra señal: el incremento nominal, por debajo de la inflación, refleja tensiones en el mercado laboral, ya sea por menor empleo registrado o por pérdida de poder adquisitivo.

En conjunto, el cuadro es de estabilidad nominal con fragilidad real.

Para economías como Misiones y el NEA, el comportamiento de la recaudación tiene impacto indirecto pero relevante. La menor recaudación vinculada al comercio exterior puede afectar la masa de recursos coparticipables, mientras que la evolución del IVA y la Seguridad Social incide en la dinámica del consumo y el empleo regional.

La baja de retenciones, en tanto, podría tener efectos positivos sobre sectores productivos vinculados al agro, aunque el impacto concreto dependerá de la transmisión a precios y niveles de actividad.

Informe Recaudación Tributaria de Abril by CristianMilciades

Sostenibilidad fiscal bajo presión

Con ingresos acumulados por $68 billones en el primer cuatrimestre (+23,8% interanual), la recaudación mantiene una trayectoria nominal ascendente. Sin embargo, la continuidad de caídas reales plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del esquema fiscal.

Entre las variables a observar aparecen la evolución de la actividad económica, el impacto pleno de las reformas tributarias y el comportamiento del comercio exterior. A esto se suma un dato clave: cambios normativos recientes —como la eliminación de impuestos internos— comenzarán a impactar con mayor fuerza en los próximos meses.

El resultado fiscal dependerá, en buena medida, de cómo se reconfigure ese equilibrio entre alivio impositivo, nivel de actividad y capacidad de recaudación.

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