DÉFICIT FISCAL

Nación financia sólo el 7% de la inversión en educación básica

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Como parte de la estrategia para enfrentar el descalabro fiscal, el gobierno nacional dispuso reducir los programas nacionales destinados a apoyar servicios a cargo de las provincias, dentro de ellos los destinados a la educación básica. Si bien la disminución en estos programas no tuvo gran incidencia, lo cierto es que fue uno de los factores que explican la reducción del déficit fiscal en julio. Las críticas se intensificaron cuando se anunció que la medida se sostendrá en lo que resta del año. 

La pregunta que se impone es dilucidar cuál es la contribución que la Nación hace en favor de la educación básica. En términos de recursos invertidos, según datos del Ministerio de Economía para el 2021 se observa que:

  • El gasto público total en educación básica asciende a 4,0% del PBI.
  • Las provincias financian con sus recursos 3,7% del PBI.
  • Los programas nacionales representan apenas el restante 0,3% del PBI. 

Estos datos muestran que la Nación aporta apenas el 7% de la inversión que el Estado hace en educación básica. El otro 93% lo aportan las provincias con sus propios recursos porque son ellas las que tienen la responsabilidad de administrar las escuelas. Es claro que la contribución cuantitativa que los programas nacionales hacen a la educación pública es marginal. Por lo tanto, la educación no depende de los programas nacionales.

Pero desde el punto de vista cualitativo la intromisión de la Nación en funciones y responsabilidades provinciales tiene impactos muy negativos. Que desde un nivel centralizado se organicen viajes de estudio, se construyan jardines infantiles o se repartan computadoras sirve para justificar el agrandamiento de la burocracia, pero no ayuda a mejorar la calidad de la educación. Por el contrario, distrae esfuerzos y, lo más importante, diluye responsabilidades. El solapamiento y confusión de roles contribuye a que ante el fracaso del sistema educativo prevalezcan las excusas, en lugar de la autocrítica. 

La Constitución Nacional es clara en su artículo 5° cuando establece que cada provincia se asegurará para así “… la administración de justicia, el régimen municipal y la educación primaria”. En la época que se redactó (1853) la educación primaria es lo que hoy se entiende como educación básica. Aunque es claro que los programas nacionales violentan el mandato constitucional, se argumenta que son necesarios porque compensan asimetrías regionales. Pero las evidencias muestran que las provincias del norte argentino, que son las más rezagadas, reciben apenas el 30% del total de las erogaciones de los programas nacionales en educación. En estas provincias, la Nación aporta el 8% del gasto en educación, proporción similar al que se observa en el resto de las provincias.

Que funcionarios nacionales se entrometan en responsabilidades provinciales es un desvío que deteriora la calidad de la gestión pública. Esto no sólo ocurre en educación, sino también en otras funciones provinciales como salud pública, asistencia social, vivienda y urbanismo, entre otras. Por eso, un principio básico para el ordenamiento integral del Estado es respectar la distribución de funciones entre jurisdicciones que establece la Constitución. Bajo esta lógica, el Estado nacional tiene como rol central medir y difundir los resultados de la gestión educativa y cada provincia hacerse cargo íntegramente de la gestión de las escuelas. Lo que más necesitan las provincias pobres no son recursos, sino condiciones para que la ciudadanía presione con eficacia a los funcionarios locales. Esta es la mejor herramienta para reducir las asimetrías regionales, no la intromisión en la gestión.

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La venta de activos públicos, la clave para alcanzar la meta fiscal y cumplir con el FMI

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¿Cuál fue el resultado fiscal en junio?

En el sexto mes del año el resultado primario fue levemente negativo. Este desempeño era previsible debido a la elevada estacionalidad del gasto público (en junio se paga medio aguinaldo a los jubilados, quienes también recibieron el incremento trimestral correspondiente en sus prestaciones). Sin embargo, el rojo fue de apenas ARS 6.600 millones, reduciéndose significativamente respecto al mismo mes del año previo, cuando fue de ARS 56.700 millones. Esta contracción estuvo relacionada con los elevados ingresos de capital registrados durante el mes, gracias a las ventas de dos centrales térmicas y una transferencia del FGS a la ANSES, señala un estudio de la consultora Ecolatina. De esta manera, los ingresos totales treparon 69% i.a. (+9% en términos reales). Si no tenemos en cuenta los ingresos de capital, los recursos crecieron sólo 40% i.a. (-10% i.a. en términos reales). Mientras, el gasto primario se ubicó nuevamente por debajo de los ingresos al subir sólo 37% i.a. (-12% i.a. en términos reales).

Por su parte, el pago de intereses fue de ARS 61.100 millones en el mes (+90% i.a., +22% i.a. deflactado). De esta forma el déficit financiero terminó cerca de los ARS 68.000 millones (-24% i.a., -51% i.a. deflactado).

¿Cómo fue la evolución de las cuentas públicas en la primera mitad del año?

Con el dato de junio el gobierno obtuvo el primer resultado primario positivo para un primer semestre desde el 2011. Así, sobrecumplió la meta fiscal pactada con el FMI. Éste organismo, en el stand-by firmado con Argentina, estableció que para el cierre de junio el ahorro público antes del pago de intereses debía ser de ARS 20.000 millones. Sin embargo, también se definieron ajustadores de la meta: si el gasto en prestaciones sociales y en obras públicas realizadas con financiamiento externo excedían ciertos pisos, la meta se relajaba en esa medida. Dado que Hacienda activó parte de estos ajustadores, la meta efectiva era de ARS -17.000 millones. Si bien el superávit operativo acumulado de ARS 30.000 millones (+0,1% del PBI) sobrecumple la meta en ARS 47.000 millones, al tener en cuenta que los ingresos de capital en junio fueron de casi ARS 65.000 millones, podemos concluir que el objetivo fiscal no habría sido alcanzado de no ser por la venta de estos activos. Los ingresos de capital estaban planificados y presupuestados, por lo que no es incorrecto que se computen, contribuyendo al cumplimiento de la meta fiscal. Lo que es llamativo es la magnitud del monto ejecutado, que probablemente no se repetirá en septiembre (cuando es la próxima revisión trimestral del Fondo) ni en diciembre (cuando no sólo será la revisión anual de las cuentas fiscales, sino también un mes de elevada estacionalidad de las erogaciones).

La mejoría fiscal primaria fue de 1,0 p.p. del PBI cuando se la compara con el primer semestre del año pasado. Sin embargo, al tener en cuenta también el pago de intereses, la reducción del déficit financiero fue sólo de 0,4 p.p. del PBI (pasó de -1,8% en la primera mitad del 2018 a -1,4% en igual lapso de 2019).

¿Qué queda para el resto del año?

Habiendo alcanzado exitosamente la meta de junio, el gobierno apuntará a satisfacer también el objetivo del tercer trimestre. En la última revisión del FMI, este target fue elevado de ARS +60.000 millones a ARS +70.000 millones, aunque se flexibilizaría por la aplicación de los ajustadores, quedando más cerca del equilibrio operativo. De esta forma, proyectamos que el objetivo se alcanzaría nuevamente.

Por último, la meta de diciembre luce más exigente: por el fuerte aumento del gasto durante ese mes, cumplir el acuerdo (-0,5% del PBI, usando en su totalidad los ajustadores) requerirá que exista una significativa reactivación de la actividad económica que traccione la recaudación. Aunque Hacienda descuenta que esto ocurrirá, la recuperación todavía está por verse y será fundamental para destrabar los desembolsos del Fondo.

 
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En línea con los requerimientos del FMI, las cuentas públicas cerraron abril con superávit de $499 millones

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Argentina registró un superávit fiscal primario de 499 millones de pesos en abril, pero el resultado financiero arrojó un déficit de $ 66.073 millones, informó el ministerio de Hacienda.
La primera cifra representa una reducción de $ 10.841 millones frente al déficit de $ 10.342 millones registrado en abril de 2018.
Los recursos totales crecieron un 43,8% en términos interanuales (i.a.), 8 puntos porcentuales (p.p) más en relación a los gastos primarios que tuvieron un incremento del 36,2% i.a.
Por su parte, el déficit financiero -que incluye el pago de los intereses de la deuda pública- fue de $ 66.073 millones, con un aumento equivalente al 52% en relación a abril de 2018 y una reducción en términos reales de 2,4% i.a.
Los ingresos totales del mes fueron $ 277.427 millones. Se destacaron los recursos tributarios -netos de la deducción por coparticipación a las provincias- que alcanzaron $ 245.964 millones y mostraron un crecimiento del 45,4% i.a.
Dentro de estos, sobresalieron los Derechos de Exportación (313,4% i.a.), el Impuesto a las Ganancias (52,6%), los Aportes y contribuciones a la seguridad social (42% i.a.), el Impuesto al Valor Agregado (30,1% i.a.) y el Impuesto a los créditos y débitos (29,5% i.a.). El resto de los recursos del Sector Público no Financiero mostró en abril un incremento del 32,5% i.a.
Los gastos primarios alcanzaron $ 276.929 millones, con un crecimiento del 36,2% i.a. en términos nominales y una reducción del 12,5% i.a. en términos reales. El gasto de capital creció un 8% i.a., donde sobresalieron los incrementos en la finalidad Transporte (83,8% i.a.) y Educación (18,9% i.a.), mientras que en el resto de las finalidades se observaron disminuciones en términos anuales.
Prácticamente un cuarto del gasto de capital del abril fue pagado con financiamiento externo, destacó la cartera a través de un comunicado.
Las prestaciones sociales aumentaron un 37,8% i.a. Se destacaron las jubilaciones y pensiones contributivas y no contributivas y asignaciones familiares que crecieron un 36,5% i.a., y la asignación universal por hijo con un crecimiento del 102% i.a. debido al incremento del beneficio del 46% otorgado en marzo.
Asimismo, la línea “Otras prestaciones sociales” aumentó un 40,8% i.a., con los programas “Hacemos Futuro” y “Proyectos Productivos Comunitarios”, que aumentaron un 55,6% i.a., en virtud del incremento del Salario Social Complementario otorgado en marzo.
Las transferencias a universidades aumentaron un 27,3% i.a. y las transferencias corrientes a las provincias un 7,6% anual, donde se destacaron las destinadas a Desarrollo Social (489,6% i.a.) y Seguridad Social (91,9% i.a.).
El gasto operativo aumentó un 40,6% i.a., producto de un incremento en el gasto en personal del 29,5% i.a. y un incremento en bienes y servicios del 79,2% i.a. Parte de la variación que mostró último rubro mostró un mayor crecimiento en relación al primer trimestre (+25,3% i.a.) que se explica por la ejecución de los programas “Políticas Alimentarias” (+212,6% i.a.) del Ministerio de Salud y Desarrollo Social y “Prevención y Control de Enfermedades Inmunoprevenibles” de la Secretaría de Gobierno de Salud (+763% i.a.) relacionado con la compra de vacunas.
Sin considerar el crecimiento que mostraron estos programas, el gasto en bienes y servicios habría tenido una suba interanual 22 p.p. menor.
Los subsidios económicos aumentaron un 44,2% i.a., desacelerándose en relación al crecimiento exhibido en el primer trimestre del año (+86,1% i.a.), pero todavía aumentando por encima del gasto primario total debido al impacto del tipo de cambio. En este sentido, los subsidios energéticos mostraron un alza de 100,8% i.a. mientras que los destinados al transporte cayeron un 3,5% i.a.
El pago de intereses se incrementó un 101% en abril, debido principalmente al impacto de la suba registrada en el tipo de cambio (+114% i.a.) en los intereses denominados en moneda extranjera (aproximadamente 60% del total este mes), previendo que para el total de 2019 se mantendrán en la misma relación con el PBI que establece el Presupuesto Nacional (3,2%).
En el primer cuatrimestre del año, el resultado primario tuvo un superávit de $ 10.846 millones (0,1% PBI), mejorando en 0,3 p.p. respecto del mismo período de 2018. Esta mejora se produjo a partir de que los ingresos crecieron 9 p.p. más que los gastos primarios (40,8% i.a. vs. 32,2% i.a). El resultado financiero fue de – $ 180.855 (-0,9% PBI), mostrando una reducción del 12% en términos reales.

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San Luis: tras el fallo de la Corte, Rodríguez Saá pidió cita con Macri para sellar pago

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El mandatario solicitó una audiencia con el Presidente y enfatizó que la decisión del máximo tribunal sobre coparticipación “no pone en riesgo el plan de déficit cero” que Argentina acordó con el FMI.
Tras el fallo de la Corte Suprema que fijó el monto que Nación deberá pagarle a San Luis por la detracción de fondos coparticipables entre 2006 y 2015 (unos $15.000 millones), el gobernador puntano Alberto Rodríguez Saá solicitó formalmente una audiencia al presidente Mauricio Macri para establecer forma y tiempos de pago. Además, sostuvo que el importe “no pone en riesgo el plan de déficit cero” que el Gobierno nacional acordó con el FMI.
“La provincia necesita contar con un plan de pago de esta deuda para poder planificar”, dijo Rodríguez Saá en una conferencia de prensa. Fue la primera aparición pública del mandatario peronista tras la decisión del máximo tribunal de la semana pasada, cuando volvió a expresarse sobre el recorte de coparticipación del 15% para financiar a ANSES y de 1,9% para la AFIP durante el kirchnerismo. Los jueces decidieron poner fin al asunto con la aplicación de tasa pasiva del Banco Nación para actualizar el monto de unos $5.000 millones, deuda original al momento del primer fallo a favor de la provincia a finales de 2015.
“La resolución de la Corte nos alegró enormemente, ya que se trata de un fallo que se dictó hace más de tres años y que ahora las partes tienen 120 días para acordar la forma de pago”, comentó el gobernador, quien estimó la deuda en $16.000 millones. Y destacó al respecto: “Queremos iniciar un procedimiento de diálogo sereno y amable”.
Déficit
Rodríguez Saá cuestionó al Gobierno nacional: “Nunca nos dieron respuesta sobre las tres alternativas de pago propuestas por San Luis, con bonos, obras y dinero, para que se hicieran efectivas mientras discutíamos el tipo de tasa de interés que debía aplicarse a la deuda”. “Ahora queremos tener un plan de pago para que ese dinero no se termine perdiendo en la burocracia”, agregó.
Asimismo, el gobernador relativizó el importe, al mencionar que no es representativo para las arcas nacionales. La semana pasada, un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) estimó que si la Corte avala también ese criterio para el pedido de Santa Fe -tiene una demanda similar por montos que se cuadriplican-, las partidas para pagar esas deudas serían equivalentes al 15% del esfuerzo fiscal para alcanzar el equilibrio primario en 2019. Sin embargo, Rodríguez Saá, con foco sólo en las acreencias de San Luis, expresó que el pago “no desequilibra los planes del Gobierno en su meta del déficit cero”.
En ese sentido, remarcó que el Presupuesto nacional “es de $4 billones, equivalentes a u$s100.000 mil millones, cuando la deuda con San Luis asciende a u$s400 millones de dólares, el 0,4 por mil; si se acomoda algún gasto superfluo, se nos podrá pagar”.
Destino
El gobernador puntano, que buscará este año su reelección, en medio de una disputa electoral con su hermano, el senador nacional Adolfo, también anunció que el dinero de la deuda se destinará a obras en la provincia.
“También nos encantaría hacer frente a los tarifazos con un plan de energías sustentables y que San Luis fuera autosuficiente; solucionar el problema del transporte urbano e interurbano, que no es necesariamente un subsidio, porque llevaría a la bancarrota a San Luis en 3 años, ya que estamos dispuestos a conversar un gran plan sobre este tema”, manifestó Rodríguez Saá.
Respecto a qué podría pasar si no llegan a un acuerdo con Nación en el plazo de los 120 días, indicó: “Tenemos la posibilidad en septiembre de iniciar la acción judicial ejecutiva para que se efectivice el pago”. Sin embargo, recalcó: “No queremos llegar a eso, sino acordar una forma de pago”.
El gobernador asimismo recordó que el fallo de la Corte hace referencia que a San Luis “no se le puede oponer el Pacto Fiscal porque no lo firmó”. “Hoy resulta un enorme beneficio no haberlo firmado; vemos que ninguna provincia firmante lo pudo cumplir ni mucho menos el Gobierno nacional y que implicaba renunciar a las deudas y sus intereses”, afirmó.
También recordó el mandatario la consulta popular realizada en la provincia en la que los ciudadanos votaron a favor de reclamar judicialmente la deuda y opinó: “Tengo la obligación, por prudencia política, de ser optimista” respecto del cumplimiento de la sentencia del máximo órgano judicial del país.

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La reducción del déficit fiscal se logró gracias a la inflación

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Según la consultora IDESA la baja del déficit fiscal es buena noticia pero debe tomarse con cautela ya que se basó en el salto inflacionario. El motivo es que la recaudación sigue el aumento de los precios mientras que los salarios públicos y las jubilaciones también, pero con retardo. Advierten que el equilibrio fiscal sustentable solo se logra con reformas modernizadoras.
Se conocieron los resultados fiscales del sector público nacional del año 2018. El déficit primario (es decir, antes de computar el pago de intereses de deuda) alcanzó los $339 mil millones o 2,4% del PBI. Comparado con el déficit primario de 3,8% del PBI registrado en el 2017 se trata de un progreso importante. Además, se cumplió en exceso con la meta acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que había previsto un déficit primario de $378 mil millones o 2,7% del PBI.
El logro fue destacado con entusiasmo por las autoridades económicas. Sin embargo, no se observa un sentimiento similar entre los agentes económicos. Por el contrario, subsisten dudas y desconfianza y, asociado a ello, un clima recesivo. Los factores que contribuyen al pesimismo son varios pero uno de alta relevancia gira en torno a los medios utilizados para impulsar el equilibrio de las cuentas públicas.
Para evaluar la sustentabilidad de la reducción del déficit fiscal resulta pertinente analizar los datos publicados por el Ministerio de Hacienda. Según esta fuente se observa que:
En el 2017 los ingresos públicos crecieron un 23% y el gasto primario un 22% anual.
En el 2018 el aumento en los ingresos públicos fue del 30% mientras que el gasto primario siguió creciendo al 22% anual.
En el 2017 la inflación fue de 25%, mientras que en el 2018 fue de 48% anual.
Estos datos muestran que la reducción del déficit fiscal en el 2018 se logró gracias a que la recaudación tendió a crecer al ritmo de los precios mientras que los gastos escalaron, pero por debajo de la inflación. El IVA y el impuesto al cheque reaccionaron de manera casi automática a la aceleración inflacionaria y la fuerte devaluación brindó espacio para el restablecimiento del impuesto a las exportaciones. Por el lado de los gastos, en cambio, la contención se centró en los subsidios económicos y la obra pública y en que las jubilaciones y los salarios públicos crecieron por debajo de la inflación. Esta dinámica sugiere que un factor decisivo en el ajuste fiscal fue la devaluación y su impacto inflacionario.
Para el 2019 el planteo oficial es profundizar el ajuste fiscal hasta llegar al déficit primario cero junto con la desaceleración de la inflación. Esto está plasmado tanto en el Presupuesto 2019 como en el acuerdo con el FMI. Para ello se contará con la recaudación plena (y no solo por algunos meses como ocurrió en el 2018) del impuesto a las exportaciones. Pero, como contrapartida, no hay margen para aliviar las cuentas públicas a través de la licuación de salarios públicos y jubilaciones como se hizo en el 2018. Muy por el contrario, con inflación descendente la aplicación de la movilidad jubilatoria exigirá un crecimiento del gasto previsional por encima de los precios. Dicho de otra manera, mientras que en el 2018 la aceleración inflacionaria jugó a favor de la baja del déficit fiscal, en el 2019 la desaceleración de la inflación jugará en contra.
En los últimos 60 años, la Argentina tuvo sólo 6 años con superávit fiscal que fueron entre el 2003 y el 2008. No se trata de una excepción a la sistemática indisciplina fiscal argentina sino a que la mega-devaluación del 2002 produjo una drástica licuación de salarios y jubilaciones. Salvando órdenes de magnitud, la mejora en las finanzas públicas del 2018 tiene similares características: ingresos que tienden a crecer automáticamente con la inflación y gastos del Estado que reaccionan con retardo.
Parte del escepticismo se explica porque el ajuste fiscal emula el método espurio usado en el 2003. Para pasar a una instancia superadora hay que abordar un ordenamiento integral del Estado. Esto comprende, fundamentalmente, la reforma del sistema previsional, replantear la organización del sistema tributario para reducir la presión de los impuestos ampliando la base de recaudación y la profesionalización del empleo público.

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