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Nepal y la catástrofe que nadie vio venir 

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El miércoles 26 de agosto, a las 8:37 de la mañana hora local, los sismógrafos del mundo registraron una señal inusual cerca de la frontera entre Nepal y el Tíbet.

El Servicio Geológico de Estados Unidos la catalogó inicialmente como terremoto de magnitud 4,4. Luego la revisó: 5,2. Horas después, la reclasificó por completo. No había sido un sismo. Había sido el impacto de millones de toneladas de hielo y roca desprendiéndose del glaciar Lhende Khola y cayendo sobre el cauce del río Bhotekoshi. El estruendo fue tan violento que los instrumentos lo confundieron con un movimiento de la corteza terrestre.

Lo que siguió fue una catástrofe en cámara rápida. El hielo y los escombros bloquearon el río. El agua se acumuló detrás de ese dique natural durante minutos. Cuando cedió, una muralla de lodo, roca y corriente arrasó todo lo que encontró aguas abajo: aldeas, carreteras, puentes, centrales hidroeléctricas, el puerto fluvial de Gyirong en el lado chino. Los turistas indios que hacían la peregrinación sagrada al monte Kailash quedaron atrapados o desaparecieron en el barro.

Balance al 29 de agosto de 2026: al menos 676 muertos confirmados entre Nepal y el Tíbet, con más de 3000 desaparecidos. El número sigue creciendo a medida que los equipos de rescate acceden a las zonas más remotas. Más de 400 peregrinos indios sin contacto. Cuatro ciudadanos españoles sin localizar. Distritos de Rasuwa y Nuwakot declarados zonas de crisis. India movilizó equipos de rescate en horas. China coordinó operaciones desde el Tíbet. 

Antes y después. El centro fronterizo y Puente de la Amistad entre Nepal y China, arrasado por completo y erradicado del mapa. 

Pero hay un dato que cambia todo: esto ya había pasado antes. En el mismo río. En el mismo lugar.

En agosto de 2025, exactamente un año antes,  el desborde de un lago glaciar en el Tíbet provocó otra inundación repentina en el sistema del Bhotekoshi. Dejó nueve muertos y 24 desaparecidos. Destruyó el llamado Puente de la Amistad, la conexión estratégica entre Nepal y China. Los científicos advirtieron que el riesgo de nuevas inundaciones del mismo tipo era alto. El glaciar seguía retrocediendo. Los lagos glaciares del área seguían acumulando agua. Un año después, en el mismo sistema fluvial, a una escala que multiplicó por cuarenta el número de víctimas.

¿Por qué, después del evento de 2025 y de las advertencias científicas, las aldeas aguas abajo del Bhotekoshi no tenían sistemas de alerta temprana que funcionaran?

La respuesta tiene varias capas. La primera es técnica: los sistemas de alerta temprana para inundaciones glaciares existen y funcionan. Algunos países los implementaron con éxito. Consisten en sensores en los lagos glaciares que detectan cambios de presión y envían señales automáticas a las comunidades aguas abajo, dándoles entre 15 y 30 minutos para evacuar. Quince minutos pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte cuando viene una pared de agua a 60 kilómetros por hora.

La segunda capa es económica. Nepal es uno de los países más pobres de Asia. Su presupuesto de gestión de riesgos climáticos es una fracción de lo que necesitaría para cubrir todos los puntos de vulnerabilidad en el Himalaya. Y los puntos de vulnerabilidad son muchos: el país tiene más de 3.600 lagos glaciares, de los cuales al menos 47 fueron identificados como potencialmente peligrosos en estudios del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas.

La tercera capa es climática. Y es la más importante para entender por qué esto no es un accidente extraordinario sino un patrón que va a repetirse.

Los glaciares del Himalaya están retrocediendo al doble de la velocidad global. La temperatura en la región aumentó 1,5 grados por encima del promedio del siglo XX — el doble que el calentamiento global promedio. Ese aumento produce dos efectos simultáneos: los glaciares pierden masa, formando lagos en sus bordes, y el permafrost que estabiliza las laderas se derrite, aumentando la probabilidad de deslizamientos. Nepal tiene más de 3.600 lagos glaciares. Al menos 47 fueron identificados como de alto riesgo de ruptura. El lago glaciar que colapsó esta semana no estaba en esa lista de los más vigilados. 

Ese detalle es crucial: el lago que reventó esta semana no estaba entre los 47 de mayor riesgo conocido. Lo que significa que el mapa de peligro real es mucho más grande que el mapa de peligro monitoreado. Y el mapa de peligro monitoreado ya superaba la capacidad de Nepal para gestionarlo.

¿Quién debería pagar los sistemas de alerta que Nepal no puede costear?

La pregunta no es retórica. Tiene una respuesta que la comunidad climática internacional discute desde hace décadas sin resolverla: los países que más emitieron el CO₂ que calentó el planeta son, en su mayor parte, los que hoy tienen los recursos para responder. Los países que sufren las consecuencias más graves son, en su mayor parte, los que menos contribuyeron al problema.

Nepal emite menos del 0,1% del CO₂ mundial. Sin embargo, concentra el 10% de los glaciares del mundo fuera de los polos ártico y antártico. Eso lo convierte en uno de los países más vulnerables al cambio climático del planeta  un cambio que otros produjeron y que él está pagando en vidas.

Hay un concepto que los negociadores climáticos llaman “pérdidas y daños”.  La idea de que los países más vulnerables merecen compensación económica de los grandes emisores por los daños que el cambio climático ya está causando, daños que no se pueden prevenir ni adaptar sino solo pagar. En la COP27 de 2022, por primera vez en treinta años de negociaciones climáticas, se creó un fondo específico para pérdidas y daños. En la COP28, se capitalizó con compromisos iniciales. Los montos disponibles a la fecha representan una fracción ínfima de lo que países como Nepal necesitarían.

El sistema de alerta temprana para el río Bhotekoshi costaría varios millones de dólares. El fondo de pérdidas y daños tiene compromisos por menos de mil millones en total para todo el mundo en desarrollo. La proporción habla por sí sola.

Mientras tanto, el segundo escenario que los científicos advierten ya está en movimiento. Qianggong Zhang, jefe de riesgos climáticos en el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas con sede en Katmandú, lo dijo directamente a Reuters horas después del colapso: “La avalancha de hielo y roca en el Lhende Khola todavía bloquea parcialmente el cauce del río. Puede ocurrir una segunda inundación.”

Las comunidades aguas abajo están en alerta. Los equipos de rescate trabajan sabiendo que el terreno puede moverse otra vez. Y los científicos que llevan años publicando estudios sobre los lagos glaciares del Himalaya esperan que esta vez alguien los escuche.

No se trata de rechazar la respuesta de emergencia que llegó esta semana  India, China y los organismos internacionales reaccionaron con relativa rapidez y eso salva vidas. Se trata de preguntarse por qué la respuesta llega siempre después.

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Alerta roja: Glaciar Thwaites se desmorona y afectar al nivel del mar

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Científicos han lanzado una alerta mundial: el glaciar Thwaites en la Antártida se está derritiendo a un ritmo alarmante y podría colapsar en las próximas décadas, desencadenando un aumento catastrófico del nivel del mar.

Conocido como el “glaciar del fin del mundo”, Thwaites  un glaciar ubicado en la Antártida, contiene suficiente hielo para elevar el nivel global del mar en más de 60 centímetros. Pero el peligro va más allá: su colapso podría desestabilizar a toda la capa de hielo de la Antártida Occidental, provocando un aumento del nivel del mar de varios metros en los próximos siglos.

“La Antártida sigue siendo la mayor amenaza para comprender y predecir el futuro aumento del nivel del mar”, afirman los científicos del ITGC en un comunicado.

¿Qué implica esto para el futuro?

  • Ciudades costeras en riesgo: Millones de personas que viven en zonas costeras de todo el mundo se verán afectadas por el aumento del nivel del mar, lo que provocará inundaciones, erosión costera y la pérdida de tierras fértiles.
  • Ecosistemas marinos en peligro: El deshielo de los glaciares alterará la salinidad y la temperatura de los océanos, afectando a la vida marina y los ecosistemas costeros.
  • Refugiados climáticos: El aumento del nivel del mar obligará a millones de personas a abandonar sus hogares, lo que generará una crisis humanitaria de dimensiones sin precedentes.

El proceso de la investigación:

La investigación sobre el “glaciar del fin del mundo”, realizada durante seis años, indica que este gigante de hielo se está derritiendo a un ritmo acelerado, lo que podría desencadenar un aumento catastrófico del nivel del mar a nivel global.

Utilizando robots submarinos y satélites, los científicos han descubierto que el agua cálida del océano está penetrando profundamente en el glaciar, acelerando su deshielo. Las grietas y las formaciones de “escalera” en el hielo actúan como canales que permiten que el agua caliente se adentre más profundamente, debilitando la estructura del glaciar.

Kiya Riverman, glacióloga de la Universidad de Portland, afirma que el primer clip del robot con forma de torpedo llamado Icefin nadando hasta la línea de fondeo fue emocionante. “Creo que para los glaciólogos tuvo el mismo impacto emocional que la llegada a la Luna para el resto de la sociedad”, declaró en una conferencia. “Fue un gran acontecimiento. Veíamos este lugar por primera vez”.

Si Thwaites colapsa por completo, podría elevar el nivel del mar en más de 60 centímetros. Además, al actuar como un corcho que retiene la vasta capa de hielo antártica, su desintegración podría desencadenar un aumento aún mayor del nivel del mar, de hasta 3 metros, a lo largo de varios siglos.

Los científicos advierten que, aunque se han logrado avances significativos en la comprensión de Thwaites, aún queda mucho por investigar. La incertidumbre sobre el futuro del glaciar es grande, y las proyecciones sugieren que incluso si se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, el colapso de Thwaites podría ser inevitable.

“Aunque se han hecho progresos, seguimos teniendo una profunda incertidumbre sobre el futuro”, afirma Eric Rignot, glaciólogo de la Universidad de California en Irvine y parte del ITGC. “Me sigue preocupando mucho que este sector de la Antártida se encuentre ya en estado de colapso”.

Fuente: CNN

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Científicos de 40 países pidieron en París más inversión para investigar el deshielo en los polos

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Científicos de 40 países aseguraron hoy, durante una reunión en París, que la inversión en investigaciones en los polos del planeta es “claramente insuficiente”, y pidieron el aumento de la financiación de la investigación polar, ante el aceleramiento del deshielo.

El “One Planet Polar Summit” fue organizado por el gobierno francés para compartir los hallazgos y proyecciones de la comunidad científica sobre el derretimiento del hielo y ofrecer recomendaciones para una mejor protección de las regiones glaciares y polares.

“La investigación sobre la criósfera ha avanzado mucho en las últimas décadas”, señaló la paleoclimatóloga Valérie Masson-Delmotte, mientras que su colega Jean Jouzel manifestó que “está claro que necesitamos apoyo”.

“También se necesita financiamiento en la investigación polar, claramente insuficiente”, advirtió Olivier Poivre d’Arvor, embajador de Francia para los polos y el océano, según consignó la agencia AFP.

El “One Planet Polar Summit” se extenderá hasta el viernes y reúne a científicos, investigadores y políticos de alrededor de cuarenta países y regiones glaciares y polares.

Uno de los objetivos declarados es establecer una cooperación internacional en el estudio de las consecuencias del calentamiento en los glaciares y los polos, así como en la prevención y adaptación de las políticas climáticas frente a la rápida erosión de la criósfera.

Los científicos instaron a los gobiernos a “reducir fuerte y rápidamente” las emisiones de gases de efecto invernadero para respetar los objetivos del Acuerdo de París, es decir, limitar el calentamiento global a 2 ºC o 1,5 ºC con respecto a la era preindustrial.

Los participantes también pidieron a las autoridades que apoyen “las iniciativas y misiones científicas internacionales” destinadas a “mejorar el conocimiento de la criósfera”, subrayando la importancia de la cooperación internacional para garantizar una recogida de datos continua y exhaustiva.

Un primer informe científico internacional sobre la criósfera será presentado a los responsables políticos al término de la cumbre.

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Mientras la Tierra se calienta, el hielo revela los secretos y el caos de la antigüedad

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Por Franz Lidz. Durante los últimos siglos, los yup’ik de Alaska han contado truculentas historias de una masacre ocurrida durante los días de la Guerra del Arco y la Flecha, una serie de largas y a menudo brutales batallas a lo largo de la costa del Mar de Bering y el Yukón. Según un relato, la carnicería comenzó cuando un pueblo envió una partida de guerra para asaltar a otro. Pero los residentes habían sido advertidos y tendieron una emboscada, aniquilando a los merodeadores. Los vencedores atacaron al pueblo indefenso, incendiándolo y masacrando a sus habitantes. Nadie se salvó.

Durante los últimos 12 años, Rick Knecht ha liderado una excavación en un yacimiento llamado Nunalleq, a unos 650 kilómetros al oeste de Anchorage. “Cuando empezamos, la esperanza era aprender algo sobre la prehistoria yup’ik excavando en un pueblo cualquiera”, dijo Knecht, arqueólogo de la Universidad de Aberdeen en Escocia. “Poco sabíamos que estábamos excavando en algo que era el equivalente yup’ik de Troya”.

Su descubrimiento más sorprendente fueron los restos carbonizados de una gran casa comunal. El suelo era negro y arcilloso y estaba plagado de cientos de puntas de flecha de pizarra, como si se tratara de un tiroteo prehistórico. En total, los investigadores y los nativos yup’ik que viven en la zona desenterraron 60.000 artefactos bien conservados, así como la carroña chamuscada de dos perros y los huesos dispersos de al menos 28 personas, casi todas mujeres, niños y ancianos. Evidentemente, varios fueron arrastrados afuera de la casa, donde los ataron con cuerdas de hierba y los asesinaron. Algunos fueron decapitados. “Es una escena del crimen compleja”, dijo Knecht. “También es un ejemplo arqueológico raro y detallado de la guerra indígena”.

Hasta hace poco, el yacimiento estaba congelado en el subsuelo conocido como permafrost. A medida que las temperaturas globales se aceleran, el permafrost y los glaciares se están descongelando y erosionando rápidamente en vastas zonas de la Tierra, liberando muchos de los objetos que habían absorbido y revelando aspectos de la vida en un pasado que era inaccesible.

“El mundo circumpolar está, o estaba, lleno de yacimientos milagrosamente conservados como Nunalleq”, dijo Knecht. “Ofrecen una ventana inesperada a la vida de los cazadores y recolectores prehistóricos”.

Ötzi, el hombre de 5300 años de antigüedad que fue descubierto en los Alpes en 1991, en el Museo de Arqueología de Tirol del Sur en Bolzano, Italia.
Ötzi, el hombre de 5300 años de antigüedad que fue descubierto en los Alpes en 1991, en el Museo de Arqueología de Tirol del Sur en Bolzano, Italia.Credit…Dmitry kostyukov para The New York Times

La arqueología glaciar es una disciplina relativamente nueva. El hielo se rompió literalmente durante el verano de 1991, cuando unos excursionistas alemanes que se encontraban en los Alpes de Ötztal divisaron un cadáver de color té semienterrado en el lado italiano de la frontera con Austria. Al principio, lo confundieron con un alpinista moderno que pudo haber fallecido en un accidente de escalada. Pero, mediante la datación por carbono, se demostró que “Ötzi, el hombre de hielo”, como llegó a ser llamado, había muerto hace unos 5300 años.

Ötzi, un hombre de baja estatura y con muchos tatuajes de unos 40 años, usaba un gorro de piel de oso, varias capas de ropa hechas con pieles de cabra y de ciervo, y zapatos de piel de oso con suela rellenos de hierba para mantener los pies calientes. El equipo de supervivencia del hombre de hielo incluía un arco largo de tejo, una aljaba de flechas, un hacha de cobre y una especie de botiquín rudimentario lleno de plantas con poderosas propiedades farmacológicas. Una radiografía de tórax y una tomografía computarizada mostraron una punta de flecha de sílex enterrada en lo más profundo del hombro izquierdo de Ötzi, lo que sugiere que pudo haber muerto desangrado. Su asesinato es el caso inconcluso más antiguo de la humanidad.

Seis años más tarde, en los campos de nieve del Yukón, aparecieron herramientas de caza de hace miles de años procedentes del deshielo. Pronto se produjeron hallazgos similares en el oeste de Canadá, las Rocosas y los Alpes suizos.

En 2006, un largo y caluroso otoño en Noruega dio lugar a una explosión de descubrimientos en las montañas nevadas de Jotunheimen, hogar de los Jötnar, los gigantes de roca y escarcha de la mitología nórdica. De todos los escombros desprendidos, el más intrigante fue un proto-zapato Oxford de 3400 años de antigüedad, probablemente fabricado con piel de reno.

El descubrimiento del zapato de la Edad de Bronce supuso el inicio de la prospección glaciar en las cumbres del condado de Innlandet, donde en 2011 se inició el Programa de Arqueología Glaciar, financiado por el estado. Fuera del Yukón, es el único proyecto de rescate permanente de descubrimientos en el hielo.

La zona helada de Langfonne en Noruega
La zona helada de Langfonne en NoruegaCredit…Programa de arqueología de glaciares, Consejo del condado de Innlandet

La arqueología glaciar difiere de su prima de las tierras bajas en aspectos fundamentales. Los investigadores del Programa de Arqueología Glaciar suelen realizar los trabajos de campo en un breve periodo de tiempo, desde mediados de agosto hasta mediados de septiembre, entre el deshielo de la nieve vieja y la llegada de la nueva. “Si empezamos demasiado pronto, gran parte de la nieve del invierno anterior seguirá cubriendo el hielo viejo y reducirá las posibilidades de hacer descubrimientos”, explica Lars Holger Pilo, codirector del Programa de Arqueología de Glaciares. “Empezar demasiado tarde también es peligroso. Podría nevar a principios de invierno y la temporada de campo podría terminar antes de empezar”. Los descubrimientos en los glaciares suelen limitarse a lo que los arqueólogos pueden recoger en el terreno previamente bloqueado por el hielo.

Cuando se inició el programa, los hallazgos eran principalmente de la Edad de Hierro y la Edad Media, de hace 500 a 1500 años. Pero a medida que el deshielo se amplía, quedan al descubierto períodos cada vez más antiguos de la historia. “Ahora el hielo se ha fundido hasta la Edad de Piedra en algunos lugares, con piezas de hasta seis milenios de antigüedad”, dijo Pilo. “Estamos retrocediendo en el tiempo a gran velocidad”.

Hasta la fecha, el Programa de Arqueología Glaciar ha recuperado unos 3500 artefactos, muchos de ellos conservados con extraordinaria delicadeza. A nivel mundial, Noruega posee más de la mitad de los hallazgos prehistóricos y medievales procedentes del hielo. Un paso alpino recién descongelado en Lendbreen —que se usó entre hace 600 y 1700 años — ha dejado constancia de los comerciantes que lo atravesaban: herraduras, estiércol de caballo, un esquí rudimentario e incluso una caja llena de cera de abeja.

En la última década, las reliquias que se han derretido en los Alpes han incluido los restos momificados de una pareja suiza desaparecida desde 1942 y los restos de un avión militar estadounidense que se estrelló durante un clima turbulento en 1946. En Rusia, los científicos han regenerado el tejido reproductivo a partir de los frutos inmaduros de una silene stenophylla deshidratada por congelación bajo la tundra durante 32.000 años. Una previsora ardilla de tierra ártica había almacenado los frutos en su madriguera.

El asta de una lanza de 106 centímetros de largo, tallada en madera de un árbol joven de abedul y con una antigüedad estimada de 10.300 años, es el primer artefacto orgánico que se ha recuperado del hielo.
El asta de una lanza de 106 centímetros de largo, tallada en madera de un árbol joven de abedul y con una antigüedad estimada de 10.300 años, es el primer artefacto orgánico que se ha recuperado del hielo.Credit…Tara L. Hornung/INSTAAR

Los espectaculares hallazgos glaciares siempre implican suerte, como puede atestiguar Craig Lee, arqueólogo del Instituto de Investigación Ártica y Alpina. Hace 14 años, en el hielo de las montañas de las afueras del Parque Nacional de Yellowstone, descubrió el asta de una lanza de arrojar llamada átlatl, tallada en un árbol joven de abedul hace 10.300 años. Esta primitiva arma de caza es el artefacto orgánico más antiguo que se ha recuperado de una placa de hielo.

“En el Yukón, los descubrimientos de placas de hielo nos han proporcionado nuevos conocimientos sobre la tradición pre-europea de la elaboración del cobre por parte de los pueblos indígenas”, afirmó William Taylor, arqueólogo del Museo de Historia Natural de la Universidad de Colorado, en Boulder. “En las Rocosas, los investigadores han recuperado desde árboles congelados que documentan importantes cambios en el clima y la vegetación hasta los utensilios de caza de algunos de los primeros pueblos del continente”.

El trabajo de Taylor se centra en la relación entre el clima y el cambio social en las primeras sociedades nómadas. Su estudio sobre los márgenes de hielo que se están derritiendo en las montañas de Altai, en el oeste de Mongolia, ha producido artefactos que ponen en duda algunas de las suposiciones arqueológicas más básicas sobre la historia de la zona. Aunque durante mucho tiempo se ha clasificado a los habitantes de la región como pastores, el equipo de Taylor descubrió un campo de exterminio helado de ovejas argali, junto con las lanzas y flechas usadas para matarlas. Los análisis de laboratorio revelaron que la caza mayor ha sido una parte esencial de la subsistencia y la cultura pastoril en las estepas orientales durante más de 3500 años.

Los investigadores examinaron los restos de 42.000 años de antigüedad de un potro, de solo una o dos semanas de edad y perteneciente a una especie extinta, que fue conseguido en el permafrost del cráter Batagaika de Siberia en 2018.
Los investigadores examinaron los restos de 42.000 años de antigüedad de un potro, de solo una o dos semanas de edad y perteneciente a una especie extinta, que fue conseguido en el permafrost del cráter Batagaika de Siberia en 2018.Credit…Michil Yakovlev/EPA vía Shutterstock

Alrededor del diez por ciento de la masa terrestre del planeta está cubierta de hielo glacial y, a medida que el mundo se descongela, también se están desenterrando antiguas criaturas grandes y pequeñas. En el sur de Chile, docenas de esqueletos casi completos de ictiosaurios fueron arrojados cerca del glaciar Tyndall. Estos reptiles marinos vivieron entre los periodos Triásico y Cretácico, que se extendieron entre 66 y 250 millones de años atrás.

Se han recuperado fósiles de insectos de tres millones de años en el este de Alaska (gorgojos ciegos del género Otibazo) y en el oeste del territorio del Yukón (la especie Notiophilus aeneus, más conocida como escarabajo de ojos grandes).

Los hallazgos arqueológicos más llamativos en Yakutia, una república del noreste de Siberia, han sido los cadáveres de mamuts lanudos, rinocerontes lanudos, bisontes esteparios y leones de las cavernas, grandes felinos que antaño recorrían el hemisferio norte. Las bestias extintas habían permanecido suspendidas en sus tumbas refrigeradas durante nueve milenios o más, como uvas en gelatina.

En 2018, se encontró un potro perfectamente intacto de 42.000 años de antigüedad —una especie desaparecida hace mucho tiempo conocida como caballo de Lena— sepultado en el hielo del cráter Batagaika de Siberia con orina en la vejiga y sangre líquida en las venas.

Dogor, un cachorro de 18.000 años de antigüedad que fue encontrado en Yakutia, Siberia, parece ser un novedoso eslabón entre los lobos y los perros modernos.
Dogor, un cachorro de 18.000 años de antigüedad que fue encontrado en Yakutia, Siberia, parece ser un novedoso eslabón entre los lobos y los perros modernos.Credit…Academia de Ciencias de la República de Sakha (Yakutia)

Ese mismo año, en otras partes de Yakutia, los cazadores de mamuts se toparon con la cabeza cortada de una subespecie de lobo desaparecida, y los investigadores desenterraron un cachorro de 18.000 años de antigüedad que no se parecía a nada vivo en la actualidad. “El canino puede haber sido un eslabón evolutivo entre los lobos y los perros modernos”, dijo Love Dalén, un genetista sueco que ha secuenciado el genoma de la criatura. “Se llama Dogor, que significa ‘amigo’ en la lengua yakut y es también un ingenioso juego de palabras en inglés con la pregunta ‘perro o… lobo’”.

Dogor fue exhumado en un trozo de barro helado cerca del río Indigirka. Los trozos de hielo resultan ser el lugar donde se hacen la mayoría de los descubrimientos. La diferencia básica entre un glaciar y una placa de hielo es que un glaciar se mueve. Una placa de hielo no se mueve mucho, lo que la convierte en un preservador más fiable.

“El movimiento constante en el interior de los glaciares daña tanto los cuerpos como los artefactos, y acaba arrojando los tristes restos a la boca del témpano de hielo”, explica Pilo, del Programa de Arqueología de Glaciares de Noruega. “Debido al movimiento y a la continua renovación del hielo, los glaciares rara vez conservan los objetos más de 500 años”.

Lee, del Instituto de Investigación Ártica y Alpina, compara la destrucción provocada por la degeneración glaciar con una biblioteca en llamas. “Ahora no es el momento de quedarse señalando con el dedo a unos y otros tratando de echar la culpa del incendio”, dijo. “Ahora es el momento de rescatar los libros que puedan salvarse para la edificación del futuro”.

Rick Knecht, a la derecha, le mostraba a los niños locales algunos artefactos de los yup’ik que fueron recuperados en Nunalleq, en 2019.
Rick Knecht, a la derecha, le mostraba a los niños locales algunos artefactos de los yup’ik que fueron recuperados en Nunalleq, en 2019.Credit…Mark Ralston/Agence France-Presse — Getty Images

Entre los arqueólogos de los glaciares es un chiste interno que su campo de estudio ha sido uno de los pocos beneficiados por el cambio climático. Pero aunque el retroceso del hielo y la nieve hace que algunos tesoros prehistóricos sean brevemente accesibles, la exposición a los elementos amenaza con destruirlos rápidamente.

Una vez que los materiales orgánicos blandos —cuero, tejidos, puntas de flecha— salen a la superficie, los investigadores tienen un año como máximo para rescatarlos para su conservación antes de que se degraden y se pierdan para siempre. “Cuando desaparecen”, dijo Taylor, “nuestra oportunidad de usarlos para comprender el pasado y prepararnos para el futuro se va con ellos”.

E. James Dixon, antiguo director del Museo Maxwell de Antropología de la Universidad de Nuevo México, se mostró de acuerdo. “La magnitud de la pérdida en relación con el número de arqueólogos que investigan estos yacimientos es abrumadora”, dijo. “Es como una extinción arqueológica masiva en la que ciertos tipos de yacimientos están desapareciendo todos aproximadamente al mismo tiempo”.

El cambio climático ha desencadenado una cascada de consecuencias. La erosión frente al mar ha sido devastadora. En algunas partes de Alaska, más de un kilómetro de costa ha retrocedido en los últimos 80 años, y con ella todo el registro arqueológico y fósil. “Los yacimientos no solo están siendo arrastrados por la corriente, sino que se están pudriendo literalmente en el suelo”, dijo Knecht.

“Salvar lo que podamos no es solo una cuestión de salvaguardar la cultura yup’ik o la prehistoria del norte, sino el patrimonio de toda la humanidad”, dijo. “Al fin y al cabo, la caza y la búsqueda de alimentos es la forma en que todos los seres humanos han vivido durante la mayor parte de nuestra existencia colectiva en la Tierra”.

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