Diarios de Misiones

Media sanción a la nueva Ley de Biocombustibles

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Parlamentario – Las dudas que persistían en el inicio de esta jornada finalmente fueron despejadas y el Senado, tras un extenso debate en el recinto, pudo avanzar con la media sanción de la nueva Ley de Biocombustibles. El texto resultó aprobado en general a las 22.17 por 41 votos a favor y 25 en contra. A continuación, se procedió a la votación en particular, donde se realizaron una serie de modificaciones que habían sido consensuadas entre el oficialismo y la oposición dialoguista.

En rigor, durante el debate hubo varios senadores de la oposición que sugirieron ir a un cuarto intermedio para acordar modificaciones. Desde el bloque Justicialista, que esbozó fuertes cuestionamientos -aunque no unánimes- y votó en contra, el primero fue el entrerriano Adan Bahl; luego, hubo varios que sugirieron lo mismo, y con énfasis, en su discurso de cierre, lo pidió José Mayans. Al punto tal que si los cambios que sugería se aceptaban, llegarían a una aprobación unánime, aseguró. Antes de la votación hubo una insistencia en ese sentido, por parte del radical Maximiliano Abad y el propio Mayans, que incluso aseguró que sería de 10 minutos. Pero la moción fue rechazada por 41 votos contra 25.

El texto finalmente aprobado es muy diferente al planteado originalmente por el oficialismo, conforme se aceptaron aportes del conjunto de iniciativas que había y que venían debatiéndose desde el año pasado. Los expedientes impulsados fueron de la jefa del bloque libertario Patricia Bullrich; la salteña Flavia Royón (Primero Los Salteños); Beatriz Ávila (Independencia); José Carambia y Natalia Gadano (Moveré Santa Cruz); Alejandra Vigo y Carlos Espínola (Provincias Unidas); Carlos Arce y Sonia Rojas Decut (Movimiento por Misiones); y Jorge Capitanich (Justicialista).

Si bien no se aceptó, como dijimos, ir a un cuarto intermedio, sí se votaron modificaciones durante la votación en particular, que fueron expresadas por el neuquino de La Libertad Avanza Pablo Cervi.

Qué dice el proyecto

El nuevo régimen de biocombustibles prevé una vigencia de 15 años. Actualmente, el marco regulatorio votado en 2021 cuenta con una vigencia hasta 2030. También habilita que las empresas no integradas puedan formar parte de un grupo económico que pasará a competir dentro del segmento abierto del mercado.

Propone, además, la liberación del 3% reservado para las empresas no integradas que no formen parte de esos grupos. Incorporado en las conversaciones finales, cada nuevo entendimiento contempla el diferencial por distancia reclamado por La Pampa y San Luis, modificación que apunta a compensar la desventaja de las plantas ubicadas en el interior frente a las grandes empresas integradas.

De esta manera, se establece el corte obligatorio de biodiésel para gasoil del 5%(vigente) al 7,5% y fija el incremento en 10% un año después de la sanción. Respecto al corte de bioetanol para la confección de nafta, dispone el mantenimiento en 12% y, transcurrido un año desde la promulgación ley, llevarlo al 15%.

Asimismo, quedó fijado que el porcentaje de las empresas no integradas se va a reducir al 5,5% en el 2029; al 5% en el 2030; y al 3% en el 2031. Pero quedó establecido que desde el 2032, el 7% se podrá comercializar entre todas las firmas, artículo que generó la resistencia de los senadores aliados de las provincias del centro. Finalmente, quedó establecido que las empresas no integradas tendrán un piso mínimo a partir del 1° de enero de 2031 hasta 2036 que será del 4%, con lo cual tendrán una porción del mercado garantizada.

La autoridad de aplicación será la Secretaría de Energía, quien podrá “modificar excepcionalmente y mediante resolución fundada el referido porcentaje obligatorio, en función de asegurar el abastecimiento de la demanda ante situaciones comprobadas de escasez que afecten el mercado interno o por cuestiones técnicas y/o de calidad”. “En ningún caso una reducción excepcional podrá extenderse por un plazo mayor a 90 días”, agrega.

Otro de los artículos indicar que “a los fines de garantizar la competencia, la participación por empresa elaboradora no excederá 20% del total de la cantidad anual de bioetanol comercializado en el corte obligatorio durante el año calendario correspondiente”.

A su vez, se faculta a las provincias y la Ciudad a “establecer regímenes de fomento propios habilitando nuevas bocas de expendio que favorezcan la comercialización de manera opcional e incremental de cortes superiores a los mínimos obligatorios”.

Por otra parte, se permite la libre importación de biocombustibles para ser utilizados en mezclas superiores al corte obligatorio y en los casos en los que hubiese faltante de oferta para satisfacer la demanda del corte obligatorio. No obstante, se aclara que “los biocombustibles destinados al cumplimiento del porcentaje de mezcla obligatoria con combustibles fósiles deberán haber sido elaborados en plantas habilitadas instaladas en la República Argentina y a partir de materias primas de origen nacional”.

En el dictamen también se contempla que “a los fines del cumplimiento mensual de la mezcla obligatoria, se deberá instrumentar un sistema de subastas en un Mercado Electrónico que concentre la comercialización de manera única, transparente y de acceso público, operado por un organismo independiente con experiencia comprobada en negociación de productos energéticos, agropecuarios, financieros u otros, y bajo estándares internacionales de comercio”.

Voces en el recinto

Miembro informante fue la senadora salteña Flavia Royón, quien definió al proyecto puesto a consideración como “un paso adelante para el futuro energético productivo y federal de nuestro país”. El mismo, dijo, “busca agregar valor en el interior de nuestro país, potenciar cadenas de valor de nuestros granos, atraer inversiones y desarrollar fuentes de trabajo en el interior”.

La senadora de Primero los Salteños sostuvo que el proyecto propone un marco integral nuevo para una industria que nuestro país conoce, que ya ha invertido y que necesita reglas nuevas que le permitan crecer”.

Recordó que el tema demandó un proceso largo de construcción legislativa, en el que las comisiones consideraron siete proyectos de distintos espacios, en el que se buscó “compatibilizar todas estas iniciativas y ordenar sus aportes. Esta diversidad de antecedentes muestra el interés que hay en las distintas regiones, en los distintos espacios, sobre la materia de los biocombustibles”.

“Este dictamen puede resumirse en una idea: preservar y dar previsibilidad a las capacidades productivas existentes, pero al mismo tiempo crear una transición hacia un marco más competitivo, más transparente y abierto a nuevas tecnologías -agregó-. Vamos a pasar de un esquema mucho más regulado, donde el Estado determina quién produce, cuánto produce y a qué precio produce, para ir a un esquema más mercado, porque levanta los cortes, y a un esquema más competitivo, donde sean el mercado y la competitividad las que fijen los precios”.

Flavia Royón precisó que “el proyecto aumenta gradualmente los cortes obligatorios. En el caso del biodiesel, pasa del 7,5 al 10% a partir de los 12 meses, y en el caso del bioetanol, pasa del 12% al 15 a partir de los 12 meses”.

“Pero este dictamen no solo aumenta los cortes, sino también regula cómo se abastecen esos cortes, sino también comercializan estos proyectos y cómo se garantiza una transición ordenada”, puntualizó. Señaló a continuación que “en el caso del bioetanol, se preserva durante la vigencia de la ley la participación de un 6% proveniente de la caña de azúcar, un 6% proveniente del maíz, mientras que el volumen incremental del otro 3% necesario para alcanzar el corte total queda abierto a distintas materias primas admitidas por el régimen”.

En el caso del biodiesel, continuó, también se levanta el corte del 7,5 al 10%, se establece un período de transición hasta el 2036, y eso asegura que la apertura no va a ser abrupta. Es un esquema que progresivamente reduce la porción reservada a empresas no integradas y amplía gradualmente la competencia en el sector.

Tras detallar todos los artículos que tiene la norma, sostuvo que “llegamos a un dictamen que equilibra y pone a la Argentina en condiciones de lograr otro nivel y otro marco de competitividad para el desarrollo de los biocombustibles en nuestro país”.

El senador puntano Fernando Salino, titular de Justicia Social Federal, desplegó una serie de críticas contra esta nueva Ley de Biocombustibles y señaló que “está mal defienda la autoridad de aplicación”. También sostuvo que “no podemos permitir todas las cosas que este proyecto delega en la reglamentación”.

En un recinto semivacío por las discusiones detrás del telón, Salino criticó que “nadie sabe explicar el corte que lleva del 10% al 15%”, y reiteró: “Hay muchas cosas que quisiéramos corregir. No podemos permitir todas las cosas que este proyecto delega en la reglamentación y que deberían de ser contenidas en la propia ley”.

El legislador entrerriano Adán Bahl expresó sus disidencias porque “no se da la previsibilidad a los inversores, se están cambiando las reglas de juego y las condiciones de inversión”, y cuestionó: “Tenemos que darles la seguridad jurídica a las empresas y en esta ley le damos una respuesta contraria”.

Así, aclaró que con el bioetanol está de acuerdo con el corte, pero no con el biodiesel y la solución es “no cambiarles las condiciones a las empresas del interior de las provincias”. En tanto, adelantó que pedirá una moción de orden “a ver si podemos, en un pequeño cuarto intermedio, buscar un punto de convergencia para una alternativa para que, tanto las empresas grandes y pequeñas empresas, puedan seguir trabajando y seguir sosteniendo los puestos de trabajo”.

En el cierre del debate, el jefe del bloque Justicialista, el formoseño José Mayans, consideró que se trata de un tema “interesante” y recordó que cuando se inició todo “había muchas dudas de si iba a funcionar. Por eso se habló de una mezcla del 5% en cuanto al biodiesel”.

“La ley vigente demostró que funcionó hasta hoy, pero hubo inconvenientes porque en el caso del biodiesel la Argentina produce unas 900 mil toneladas, genera casi 2 mil puestos de trabajo y 8 mil en forma indirecta. Las grandes aceiteras llegaron a exportar un récord en 2017, pero después llegaron los problemas de los aranceles que pusieron Estados Unidos y Europa, pusieron trabas y se cayó el sistema”, comentó.

Mayans cuestionó la iniciativa porque “busca desregular las empresas para el libre mercado”, y comparó: “En el bioetanol estamos todos contentos y de acuerdo”, y recordó que en el gobierno kirchnerista empezó la industria de los biocombustibles que “fue una discusión permanente”.

En esa línea, el formoseño señaló que “tenemos que construir un país con economía pareja” y alertó: “Perdimos 30 mil PyMES en esta gestión, ¿hace falta perder más? Si la ley nuestra sigue funcionando, no veo por qué tanto apuro. Decíamos el 15% y se sostiene el 7.5% para las pequeñas, pero no quieren. Esta ley rompe la previsibilidad”, y solicitó pasar a un cuarto intermedio para “ajustar las cosas” y poder votar así por unanimidad, pero “nos ponemos del lado de las pequeñas empresas”.

Al final del debate, Patricia Bullrich sostuvo que “en el bioetanol estamos dando un salto concreto, pero no hay un aumento de precio porque tiene el mismo precio que el combustible fósil. En consecuencia, ahí el corte obligatorio que es del 12% va a pasar al 15, y podemos proteger la diversidad productiva que construyó esta industria en el marco de una industria que no le aumenta el combustible al consumidor”.

En un pasaje de su discurso, señaló que “tenemos también un mercado que plantea una regla antimonopólica, que ninguna empresa puede superar el 20% del bioetanol comercializado para el corte obligatorio. Por eso es que se buscan más jugadores y más competencia”.

Señaló que “el corte obligatorio era de 5, ahora está en un 7,5, y a los 12 meses va a aumentar a 10, así que le estamos dando un margen importante. Y se prevé un sendero previsible”.

En ese marco Bullrich pidió: “Piensen que estamos en un momento difícil; Argentina prácticamente no ha aumentado las naftas en un momento del mundo en que las naftas están produciendo una gran inflación”, y remarcó que YPF no ha aumentado el precio de los combustibles en los últimos meses.

“Entonces estamos planteando una transición mucho más larga; estamos hablando de 2036, después el resto del mercado se va a ir abriendo a una transición libre”, planteó.

Más adelante aclaró: “No estamos diciéndole a una PyME que mañana se arregle sola, no es así, le estamos dando tiempo le estamos dando volumen, le estamos dando previsibilidad para competir en el mercado que viene, no la estamos dejando tirada”.

Sobre el final, Bullrich reconoció que “hemos tenido intereses muy distintos y hemos logrado llegar a un acuerdo. Por eso nos gustaría que se sumen”, les dijo a los senadores que habían exteriorizado críticas al proyecto. Y recordó que “Santa Fe tiene una realidad; Córdoba tiene otra realidad; Tucumán, Salta y Jujuy tienen la suya; Buenos Aires, La Pampa y San Luis también tienen otras particularidades y era lógico que cada provincia defendiera su sector. Pero el trabajo del Senado no consiste en negar esas diferencias. Construir esta ley nacional es a partir de ellas, por eso este dictamen fue cambiando”.

En otro pasaje aseguró que “esto es win-win, no hay perdedores”.

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María Helena Irastorza: “La agricultura orgánica no es de insumos, es de procesos”

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La agricultura orgánica enfrenta un problema que excede la disponibilidad de bioinsumos: necesita conocimiento para utilizarlos, transferencia tecnológica para adaptarlos a cada producción y condiciones económicas que permitan sostener los procesos en el tiempo. Esa es una de las principales conclusiones que dejó María Helena Irastorza, ingeniera agrónoma, magíster, productora y vicepresidenta del Movimiento Argentino para la Producción Orgánica (MAPO), durante la Cumbre Internacional de Agricultura Sostenible realizada en Posadas.

Irastorza llegó al encuentro con una mirada construida desde la investigación, la asistencia técnica y también desde la producción. Su planteo parte de una premisa sencilla, pero con implicancias económicas relevantes: un bioinsumo no funciona por sí solo. Requiere condiciones de aplicación, seguimiento, conocimiento sobre los microorganismos utilizados y, sobre todo, una estrategia productiva que permita que ese insumo cumpla una función dentro del sistema.

“Los productores orgánicos necesitamos herramientas para poder solventar los problemas que tenemos”, explicó. Y puso el foco en los bioinsumos y los biopreparados como instrumentos capaces de reducir costos y ampliar la autonomía del productor. Los biopreparados, en particular, permiten que el propio establecimiento pueda elaborar determinados productos a partir de protocolos y metodologías conocidas, en lugar de depender exclusivamente de la compra de insumos.

Para Irastorza, allí aparece una diferencia central respecto de la agricultura convencional basada en paquetes de productos. “La agricultura orgánica, ecológica, sostenible no es una agricultura de insumos, es una agricultura de procesos”, sostuvo.

El ejemplo que utilizó para explicar esa lógica fue el funcionamiento de los microorganismos en el suelo. No alcanza con incorporar una bacteria capaz de solubilizar fósforo. El sistema debe generar las condiciones para que esa bacteria pueda desarrollarse y cumplir su función, de modo que los nutrientes terminen disponibles para la planta.

La consecuencia es que el productor necesita comprender qué está haciendo y por qué. Compost, lombricompost, té de compost y otros recursos no deberían incorporarse simplemente como sustitutos de un producto químico. La lógica, según explicó, consiste en construir las condiciones biológicas del suelo para que los microorganismos benéficos puedan actuar sobre las raíces y mejorar la respuesta del cultivo.

El cuello de botella no es solamente el producto

Irastorza observa en Misiones una oportunidad particular por el desarrollo alcanzado por la Biofábrica, pero advierte que la disponibilidad de tecnología no resuelve por sí sola el problema productivo. El paso decisivo es lograr que esa tecnología llegue a las chacras acompañada de capacitación, ensayos y seguimiento.

“Insumo y a la vez transferencia tecnológica para que él pueda replicarlo y apropiarse de su conocimiento. Es lo más importante”, señaló.

La diferencia puede parecer técnica, pero tiene una traducción económica directa. Si un productor utiliza un microorganismo sin conocer las condiciones necesarias para conservarlo o aplicarlo, puede perder dinero y terminar descartando una herramienta que potencialmente podría ser útil.

La conservación es un ejemplo. Un bidón de un producto convencional puede tolerar determinadas condiciones de almacenamiento que no necesariamente sirven para un microorganismo vivo. Lo mismo ocurre con el agua utilizada en una aplicación. Irastorza explicó que determinadas bacterias pierden viabilidad cuando se incorporan a aguas con condiciones inadecuadas de pH.

Por eso, la transición hacia una agricultura con mayor utilización de herramientas biológicas exige modificar prácticas. “Hay que promover la toma de conciencia de que estoy manejando un insumo vivo”, explicó.

También requiere conocer las interacciones entre microorganismos. Una formulación puede ser útil individualmente y, sin embargo, generar problemas cuando se mezcla con otro organismo sin evaluar previamente su compatibilidad. Irastorza puso como ejemplo a Trichoderma, un hongo utilizado para controlar otros hongos patógenos, cuya combinación inmediata con determinadas bacterias benéficas puede generar competencia.

El conocimiento, entonces, pasa a formar parte del propio insumo.

De la prueba de laboratorio al lote productivo

Ese salto entre la tecnología disponible y su aplicación concreta es uno de los puntos donde la entrevistada ubica un desafío para el sistema argentino de innovación agropecuaria.

Irastorza cuestionó que la formación universitaria todavía no otorgue suficiente espacio específico a la producción orgánica. A su criterio, no alcanza con enseñar alternativas naturales para controlar una plaga o una enfermedad. La producción orgánica requiere comprender el funcionamiento integral del sistema.

La capacitación debería llegar también a técnicos y agentes de extensión. El objetivo es que puedan acompañar al productor en la evaluación de resultados, en la elección de herramientas y en la adaptación de las prácticas a cada cultivo.

La experiencia que relató sobre ensayos en establecimientos productivos apunta precisamente en esa dirección. En el caso de los bioinsumos, la evaluación no debería terminar con la entrega del producto. La metodología implica aplicar, observar, medir, corregir y volver a probar.

Esa dinámica también permite evitar una de las principales amenazas para la adopción tecnológica: que una mala aplicación termine desacreditando una herramienta que no fue utilizada bajo las condiciones necesarias.

“Si no lo hacemos con conocimiento, con los plazos y las dosis, el productor se desanima y dice: no me sirve, no me controló”, explicó.

La rentabilidad rápida choca con los tiempos del suelo

La principal tensión económica aparece cuando se compara el tiempo biológico de la producción con la necesidad inmediata de generar ingresos.

Irastorza conoce esa dificultad desde la experiencia propia. Junto con su esposo, también ingeniero agrónomo, adquirió una finca después de décadas vinculada a la actividad y trabajó con producción destinada a mercados internacionales. El proceso de recuperación del suelo demandó años.

Según relató, partieron de un nivel de materia orgánica de 0,6% y, mediante la incorporación progresiva de materiales y prácticas, alcanzaron 1,2% en seis años.

El dato resume una dificultad estructural: construir fertilidad, materia orgánica y actividad biológica no produce resultados instantáneos. Requiere inversión, conocimiento y continuidad. El productor, en cambio, enfrenta costos todos los meses y necesita ingresos para sostener la explotación.

Por eso Irastorza planteó la necesidad de discutir instrumentos financieros específicos. La agricultura tiene riesgos climáticos y productivos que pueden hacer difícil esperar varios años por los resultados de una transformación del sistema. “Debería haber políticas crediticias o créditos blandos para el productor”, sostuvo.

La discusión deja de ser exclusivamente ambiental. Si una práctica permite recuperar suelo, reducir determinados costos o disminuir la dependencia de insumos externos, el tiempo necesario para implementarla se convierte en una variable económica que las políticas públicas también pueden contemplar.

Un cambio que necesita escala

La entrevistada también cuestionó la idea de que la agricultura orgánica necesariamente deba permanecer vinculada a pequeñas superficies o al autoconsumo.

“Siempre se habla de agricultura orgánica, producción orgánica a baja escala como autosustento y no a escala comercial”, señaló.

Su experiencia productiva y de asesoramiento apunta a otra posibilidad: desarrollar sistemas orgánicos capaces de abastecer mercados comerciales y, al mismo tiempo, sostener la productividad en el largo plazo.

Para alcanzar esa escala, sin embargo, no alcanza con sustituir un producto químico por uno biológico. El desafío consiste en rediseñar procesos, formar técnicos, generar evidencia en campo y construir cadenas de comercialización capaces de reconocer el valor de esa producción.

En ese punto aparece otra tensión que Irastorza considera relevante: los costos relativos de los insumos. Durante la entrevista señaló que los bioinsumos enfrentan una carga de IVA mayor que la que se aplica a determinados insumos químicos, una diferencia que, según su planteo, afecta las condiciones de competencia entre ambas alternativas.

Más allá de la discusión tributaria específica, su argumento apunta a una cuestión de política productiva: si el objetivo es ampliar el uso de herramientas biológicas, las reglas económicas también forman parte del proceso de transición.

Misiones como laboratorio productivo

La provincia aparece en su diagnóstico como un territorio con capacidades que pueden ser aprovechadas. Irastorza destacó el trabajo de la Biofábrica y su posibilidad de entregar herramientas, acompañar proyectos y realizar seguimiento de ensayos junto con los productores.

Ese modelo combina tres componentes que suelen avanzar separados: tecnología, asistencia técnica y experimentación en campo.

La posibilidad de que un productor pueda probar un bioinsumo, recibir acompañamiento, medir los resultados y adaptar la aplicación cambia la naturaleza de la transferencia tecnológica. Ya no se trata solamente de vender o entregar un producto, sino de generar capacidad instalada en el establecimiento.

La experiencia también puede servir para ampliar el alcance de los bioinsumos más allá de la agricultura estrictamente orgánica. Irastorza planteó que determinadas herramientas de control biológico pueden incorporarse gradualmente en establecimientos convencionales, como una forma de reducir determinados problemas sin exigir una transformación inmediata de todo el sistema.

Mencionó, entre otros ejemplos, el uso de Trichoderma y experiencias de control biológico en cultivos extensivos. En su visión, el conocimiento de estas herramientas permite avanzar de manera progresiva, evaluando resultados y adaptando las prácticas.

El agrónomo vuelve al lote

Hay una última dimensión que atraviesa toda su propuesta: la necesidad de recuperar la observación directa como parte del trabajo técnico.

Irastorza lo resumió con una imagen concreta: el ingeniero agrónomo tiene que “ensuciarse las botas”, caminar el campo y mirar qué está ocurriendo. Incluso contó que lleva una lupa en la mochila para observar los cultivos y detectar la evolución de las poblaciones de insectos.

El ejemplo del jabón potásico muestra esa lógica. Una aplicación puede reducir una población de plagas, pero no necesariamente eliminarla por completo. La evaluación posterior permite determinar si es necesario repetir el tratamiento y en qué momento hacerlo.

La tecnología, en esa mirada, no reemplaza al técnico ni al productor. Los vuelve más capaces cuando está acompañada por conocimiento.

La misma lógica puede trasladarse a la política agropecuaria. Para que la agricultura sostenible deje de ser una declaración de principios y se convierta en una alternativa económica, necesita algo más que productos nuevos: requiere investigación aplicada, extensión, crédito, ensayos, formación profesional y mecanismos que permitan absorber los costos de transición.

La discusión que dejó la Cumbre Internacional de Agricultura Sostenible en Posadas apunta justamente allí. El desafío no consiste solamente en producir con menos impacto. Consiste en construir sistemas capaces de seguir produciendo cuando cambian el clima, los precios, los costos y las condiciones de los mercados.

En esa ecuación, el bioinsumo puede ser una herramienta. Pero el activo estratégico es el conocimiento que permite utilizarlo bien, medir sus resultados y convertirlo en parte de un proceso productivo sostenible.

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De Posadas al mar: la historia de Yuriko Marín a bordo de la fragata Libertad

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Vocación, esfuerzo y el sueño de una misionera de navegar los mares del mundo. A bordo de la fragata ARA “Libertad”, la Guardiamarina en Comisión Yuriko Andrea Marín lleva consigo una historia marcada por el espíritu de superación y el deseo de conocer el mundo a través del mar. En navegación – La Guardiamarina en Comisión Yuriko Andrea Marín arribará el próximo sábado 19 de septiembre a Buenos Aires a bordo de la fragata ARA “Libertad”, que ese día finalizará su 54° Viaje de Instrucción.

La joven nació el 20 de diciembre de 2003 en la ciudad de Corrientes, vivió allí apenas cuatro meses antes de que su familia regresara a su lugar de origen: Posadas, Misiones. Su infancia y parte de su adolescencia transcurrieron en el tradicional Barrio Rocamora. Allí cursó sus estudios primarios en el Instituto San Alberto Magno, ubicado a tan solo tres cuadras de su casa.

Su núcleo familiar está integrado por sus padres y una hermana menor. Su madre, Mirna, es médica psiquiatra, y su padre, Juan, es médico clínico en proceso de especializarse también en psiquiatría. Tiene una hermana, de 21 años, que decidió seguir la tradición médica familiar y estudia la carrera en la Universidad Católica de las Misiones (UCAMI).

En un hogar donde la ciencia de la salud marcaba el ritmo cotidiano, muchos preveían un camino similar para Yuriko. De hecho, tras egresar del liceo, realizó el curso de ingreso a Medicina en UCAMI; sin embargo, pronto comprendió que su verdadera vocación no estaba en un consultorio, sino en el mar. Sin dudarlo, presentó su documentación e ingresó a la Escuela Naval Militar.

El primer acercamiento al mundo militar vino de los relatos de su niñera, cuyo hijo era egresado del Liceo Naval Militar “Almirante Storni”. Aquellas historias de disciplina, orden y camaradería despertaron de inmediato la curiosidad de la joven misionera, fascinada además con la posibilidad de viajar, conocer otras culturas y compartir vivencias con jóvenes de distintos puntos del país.

“Conocer otras culturas, otra gente, fue lo que me motivó a seguir la carrera como oficial. Descubrí que podía vivir una experiencia distinta, rodeada de personas con un profundo sentido de pertenencia, compañerismo y lealtad”, explica Yuriko, a quien, al escuchar su nombre por primera vez, resulta casi inevitable que le pregunten sobre su origen.

La respuesta remonta a sus bisabuelos maternos, quienes llegaron al país desde el lejano Japón e insistieron, tiempo antes de que ella naciera, en que llevara ese nombre que significa “pequeño lirio”. La flor, que evoca suavidad y elegancia, contrasta armónicamente con la fortaleza y la determinación de esta joven que surcó durante meses el Atlántico vistiendo el uniforme de la Armada Argentina.

El despertar de la vocación naval

Yuriko Andrea Marín concretó su ingreso al Liceo Naval Militar “Almirante Storni”, donde su interés por la vida naval se fue consolidando año a año. Sin embargo, la chispa definitiva se encendió durante su quinto año de secundaria. La visita de un oficial de la Armada Argentina, quien dictó una charla informativa sobre la propuesta formativa de la Escuela Naval Militar (ESNM), le reveló con claridad el horizonte que deseaba seguir.

Curiosamente, durante mucho tiempo Yuriko creyó que no tenía antecedentes navales en su árbol genealógico. Fue recién tras su ingreso a la Escuela Naval que comenzó a descubrir que la Institución ya estaba presente en la historia familiar: un tío suyo se había retirado como oficial submarinista y, dos años atrás, un primo egresó de la ESNM y actualmente realiza el curso de Aviación Naval. “Recién cuando entré a la Escuela hicimos más contacto y creamos un vínculo mucho más fuerte”, reflexiona.

El ingreso a la Escuela Naval Militar significó encarar un gran desafío personal. La distancia y la separación de sus seres queridos la enfrentaron por primera vez con el desarraigo. No obstante, en la convivencia diaria encontró en sus compañeros de promoción una verdadera segunda familia, reafirmando cada día la certeza de haber elegido el rumbo correcto.

Su pasión por la navegación se selló durante su segundo año de formación a bordo del patrullero ARA “King”. Aquella travesía en las aguas fluviales marcó un antes y un después en su vida. Posteriormente, su adiestramiento continuó en el transporte rápido ARA “Canal Beagle” y en las lanchas de instrucción de cadetes, desplegando navegaciones hasta puertos como Mar del Plata y Rosario.

“Me di cuenta de que me apasionaba navegar. Además, sentí que estaba acá no solo para defender a la Patria, sino también para motivar a más gente a que ingresé a la Armada y experimente este sentido de pertenencia.” A la par de la exigencia académica y profesional, Yuriko integró el equipo representativo de natación de la Escuela Naval Militar, participando en diversas competencias universitarias donde fortaleció la disciplina, la resistencia y el trabajo en equipo.

El 54° Viaje de Instrucción

Hoy, a bordo del buque escuela fragata ARA “Libertad”, la Guardiamarina en Comisión Marín vive las últimas horas del 54° Viaje de Instrucción, que emprendió teniendo como objetivo principal el volcar y profundizar en la práctica los conocimientos teóricos adquiridos, enfrentar las exigencias operativas de la navegación y comprender de manera directa el impacto de las condiciones meteorológicas e hidrometeorológicas sobre la actividad marítima.

De cara al futuro en el Escalafón Naval, proyecta orientar su carrera hacia el área de Comunicaciones y tiene el anhelo de, a futuro, participar de una Campaña Antártica a bordo del rompehielos ARA “Almirante Irízar”.

A miles de millas de su tierra natal, la joven misionera extraña la calidez del hogar, las costumbres de su provincia y la belleza paisajística de Misiones: el contraste de la tierra colorada, el verdor de la vegetación, la imponente Costanera de Posadas y la majestuosidad de las Cataratas del Iguazú; también la cercanía cálida de su pueblo, las charlas espontáneas al cruzarse con un conocido en la calle y los entrañables sabores del litoral como la chipá y el reviro. Sin embargo, sabe que cada milla navegada y cada guardia cumplida reafirman su vocación indeclinable de servir a la Nación.

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Los aportes del monotributo no alcanzan para financiar una jubilación mínima

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El monotributo nació como una puerta de entrada a la formalidad para trabajadores independientes de menor escala, pero su diseño previsional deja abierta una pregunta que adquiere cada vez más peso: ¿cuánto puede financiar una persona para su jubilación cuando sus aportes representan apenas una fracción de sus ingresos? Un informe de la IERAL de la Fundación Mediterránea calculó que el aporte previsional personal promedio de los monotributistas equivale al 1,1% de sus ingresos, muy por debajo del 11% correspondiente a un asalariado formal promedio y del 5% de los trabajadores autónomos.

El problema aparece con mayor claridad cuando se proyecta ese flujo durante toda una vida laboral. Según el estudio elaborado por Marcelo Capello y Martín Fiore, ninguna categoría del monotributo acumularía, bajo un escenario de rendimiento equivalente a la inflación, fondos suficientes para financiar mediante una renta vitalicia una jubilación mínima actual, aun con 40 años de aportes.

La discusión excede al monotributo. Pone bajo la lupa la relación entre formalización, nivel de aportes y prestaciones futuras en un sistema previsional que deberá enfrentar, además, una población progresivamente más envejecida y una menor cantidad relativa de personas en edad activa.

Un régimen pensado para simplificar, pero con aportes previsionales bajos

El Monotributo concentra en una cuota mensual tres obligaciones: el componente impositivo, el aporte previsional al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y la contribución destinada a la cobertura de salud. La categoría se determina a partir de parámetros como los ingresos brutos, la superficie afectada a la actividad, el consumo de energía y los alquileres, según corresponda.

Ese diseño reduce costos administrativos y facilita que pequeños prestadores de servicios, comerciantes y trabajadores independientes puedan emitir facturas y mantenerse dentro de la economía formal. El problema que identifica IERAL aparece en el tercer componente: el aporte previsional no crece proporcionalmente con los ingresos del contribuyente, sino que está determinado por montos fijos asociados a cada categoría.

Argentina cuenta con unos 4,8 millones de monotributistas. De ellos, alrededor de 2,8 millones son activos en el SIPA y unos 2,2 millones registran aportes previsionales, de acuerdo con las cifras utilizadas por el estudio. La estructura está además muy concentrada en las categorías de menor facturación: el 55% se ubica en la categoría A y el 78% se concentra entre las categorías A, B y C.

Esa concentración resulta relevante porque transforma una cuestión tributaria en un problema previsional de largo plazo. La mayor parte de los trabajadores que aportan bajo el régimen lo hace desde categorías donde el componente previsional representa una proporción reducida de los ingresos.

El 1,1% que explica la brecha previsional

La diferencia frente a otras modalidades laborales es significativa. Según IERAL, los aportes personales equivalen en promedio al 11% de los ingresos de un asalariado formal, al 5% de los autónomos y apenas al 1,1% en el caso de los monotributistas.

En las categorías A a G, los aportes previsionales representan entre el 3,6% y el 1% de los ingresos. En la categoría K, la proporción sube al 1,6%, pero continúa por debajo de la carga previsional de un asalariado formal con ingresos similares, debido también al efecto del tope de aportes que rige para los trabajadores en relación de dependencia.

El diseño tiene una lógica de simplificación: el contribuyente paga una suma fija y conoce de antemano su obligación mensual. Pero esa previsibilidad tiene una contracara cuando se observa la jubilación futura. Si el aporte destinado al sistema previsional permanece desconectado del ingreso efectivo, la acumulación previsional también queda limitada.

El estudio estima que el monotributo representó apenas el 0,16% del PIB en recaudación nacional durante 2026. El dato fue 0,22% en 2012 y cayó hasta 0,07% en 2023. IERAL vincula esa baja participación con el nivel relativamente reducido de los pagos y con la concentración de contribuyentes en las categorías inferiores.

Qué jubilación podría financiar cada categoría

Para dimensionar el problema, IERAL construyó una simulación diferente del sistema de reparto vigente. Supuso que los aportes de cada trabajador se acumulan en un fondo individual y que, al momento del retiro, ese capital se transforma en una renta vitalicia.

El ejercicio contempla trabajadores que realizan aportes durante 10, 20, 30 o 40 años y utiliza distintas hipótesis de rendimiento. En el escenario más conservador, los fondos solamente mantienen su valor real, es decir, obtienen un rendimiento equivalente a la inflación.

Con esa hipótesis, un hombre de categoría A que aporta durante 40 años acumularía recursos suficientes para financiar una renta equivalente a apenas el 9% de una jubilación mínima actual. Una mujer de la misma categoría llegaría al 6%, en parte por la mayor expectativa de vida utilizada en la simulación.

La situación mejora en la categoría K, pero tampoco alcanza el haber mínimo. Un hombre que aporta durante 40 años podría financiar el equivalente al 75% de una jubilación mínima, mientras que una mujer llegaría al 50%. Con 30 años de aportes, los porcentajes serían todavía menores: 56% para el hombre y 38% para la mujer.

El ejercicio también incorpora el caso de un trabajador varón que deja una pensión a su cónyuge. Allí la suficiencia del fondo acumulado disminuye todavía más, porque el ahorro debe financiar prestaciones durante un período adicional.

La conclusión del modelo es contundente en términos financieros: incluso cuatro décadas de aportes dentro del régimen no alcanzarían, bajo ese supuesto de rendimiento, para generar por sí solos una renta equivalente al haber mínimo.

El rendimiento cambia la ecuación, pero no para todos

El segundo escenario del informe supone que los fondos obtienen un rendimiento anual real de dos puntos porcentuales por encima de la inflación. La capitalización mejora sustancialmente los resultados, aunque la suficiencia continúa concentrada en las categorías de mayores ingresos.

Con 40 años de aportes, solamente los hombres de categoría K alcanzarían o superarían una jubilación mínima bajo esa hipótesis, con un fondo equivalente al 138% del haber mínimo. Incluso contemplando una pensión para el cónyuge, el resultado sería equivalente al 105% de la mínima. En el caso de las mujeres de categoría K, el fondo permitiría financiar el 99% del haber mínimo.

La diferencia entre categorías muestra dónde se encuentra la principal tensión del régimen. El problema no es únicamente la cantidad de años aportados, sino la magnitud del aporte durante esos años y la capacidad de esos recursos para acumular capital.

Para un monotributista de categoría A que aporta durante 40 años y obtiene un rendimiento real del 2% anual, IERAL calcula que el aporte mensual al SIPA debería aumentar 778% para una mujer y 725% para un hombre que deja pensión a su cónyuge para alcanzar una renta equivalente a la jubilación mínima bajo el modelo utilizado.

La solución no pasa solamente por subir la cuota

El propio informe plantea una disyuntiva que excede la discusión sobre cuánto debería pagar un monotributista. Una alternativa sería conservar la simplicidad del régimen, pero elevar progresivamente los aportes previsionales hasta niveles más próximos a los de otras modalidades laborales.

Otra posibilidad sería limitar el Monotributo a contribuyentes de ingresos efectivamente bajos y derivar al régimen general a quienes superen determinados niveles de actividad. En ambos casos, IERAL plantea que debería mejorar el control sobre la facturación para reducir los incentivos a permanecer artificialmente en categorías inferiores.

Ese punto es clave. Aumentar la cuota sin mejorar la correspondencia entre ingresos reales y categoría podría encarecer la formalidad para los trabajadores de menor escala sin resolver necesariamente el problema de fondo. La política previsional necesita que el aporte adicional se traduzca en una mayor capacidad de financiamiento futuro y, al mismo tiempo, que el sistema siga siendo accesible para quienes tienen ingresos bajos o irregulares.

La simulación del IERAL calcula que si los aportes se incrementaran hasta permitir que un monotributista con 40 años de trayectoria alcance una jubilación mínima, la recaudación previsional asociada al régimen podría pasar del 0,04% al 0,27% del PIB. Si el esquema se graduara para vincular la categoría A con una jubilación mínima y la K con un haber equivalente a la jubilación promedio, la recaudación llegaría al 0,29% del PIB.

El debate previsional que queda planteado

El informe también coloca el problema dentro de una transformación demográfica más amplia. La proporción de personas de entre 0 y 14 años, según la proyección citada por IERAL, habría pasado del 31% de la población en 1991 a una estimación del 17% para 2030. Menos jóvenes y una población envejecida implican una presión creciente sobre cualquier sistema que deba financiar prestaciones para los adultos mayores.

Por eso, el desafío previsional no puede reducirse a discutir el monto de la jubilación cuando una persona llega a la edad de retiro. También requiere revisar cómo se construye el derecho durante las décadas anteriores: cuánto se aporta, sobre qué ingresos, durante cuánto tiempo y qué relación existe entre ese esfuerzo y la prestación futura.

IERAL propone analizar, entre otras alternativas, un esquema nocional. Bajo ese modelo, el Estado mantendría la administración pública del sistema, pero registraría los aportes realizados por cada trabajador y reconocería sobre ese saldo un rendimiento determinado. Al momento de jubilarse, el haber surgiría de esa trayectoria acumulada y no exclusivamente de variables vinculadas a los ingresos de los últimos años de actividad.

La propuesta no equivale a trasladar automáticamente el sistema argentino a una capitalización individual. De hecho, el propio informe advierte sobre los costos fiscales que tendría una transición desde un régimen de reparto hacia uno de capitalización, especialmente porque durante el cambio el Estado debería seguir financiando las prestaciones del sistema anterior.

La ventaja potencial del esquema nocional, según sus autores, sería mantener una administración pública y, al mismo tiempo, hacer más visible la relación entre aportes y beneficios. Esa conexión podría convertirse en un incentivo a la formalización y al cumplimiento, porque permitiría que cada trabajador conozca con mayor claridad qué prestación previsional puede sostener su trayectoria contributiva.

El dato más relevante que deja el informe no es entonces que el monotributo tenga un problema aislado. Es que la Argentina enfrenta una dificultad más amplia: millones de personas pueden acumular años de formalidad sin reunir aportes suficientes para financiar por sí mismas una prestación mínima. Resolver esa brecha exige preservar la puerta de entrada a la economía formal, pero también construir un sistema en el que la formalización tenga una consecuencia previsional comprensible, sostenible y proporcional al esfuerzo realizado durante la vida laboral.

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FOPEA advierte por una figura penal que podría afectar al periodismo

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El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) advierte sobre un riesgo concreto para la libertad de expresión dentro del proyecto de “Ley de Defensa de la Soberanía Nacional”, que el Poder Ejecutivo remitió al Congreso de la Nación.

Partiendo de la premisa del legítimo reclamo por las Islas Malvinas, y reconociendo la necesidad de proteger la limpieza de los procesos electorales, hay aspectos del proyecto de ley que deben ser mejorados, para no ocasionar un retroceso en la discusión libre, penalizar el ejercicio legítimo del periodismo y limitar la crítica política y de asuntos de interés público.

Dentro de su articulado, el Título VI incorpora el artículo 225 bis al Código Penal, que reprime con prisión de 5 a 12 años (y de 8 a 15 en supuestos agravados) a quien, actuando por cuenta, orden o financiamiento de un Estado, organización o agente extranjero, “procure alterar procesos electorales o manipular la opinión pública mediante campañas coordinadas de desinformación masiva”.

FOPEA reafirma su compromiso con la lucha contra la desinformación y contra las operaciones de injerencia extranjera destinadas a distorsionar el debate público. Ese objetivo es legítimo y compartido por cualquier organización que defienda la calidad institucional de la democracia.

Sin embargo, la redacción del artículo 225 bis propuesta por el PEN presenta un riesgo cierto para el ejercicio del periodismo y de la libertad de expresión. En particular, la descripción de la conducta típica del delito como “manipular la opinión pública” y la descripción de “desinformación” carecen de la precisión que exige la materia penal. No delimitan con claridad qué conducta se castiga y dejan un margen amplio para que la norma sea aplicada de manera discrecional. La experiencia comparada muestra que normas de este tipo, presentadas bajo la bandera de la soberanía o la seguridad nacional, terminaron utilizándose para castigar el disenso, desalentar la crítica periodística y el trabajo de organizaciones de la sociedad civil en distintos países de la región y de Europa del Este.

Tras una revisión por parte de especialistas y de constitucionalistas, entendemos que es conveniente una modificación de esta redacción, compatibilizándola con la Constitución y los Tratados Internacionales de Derechos Humanos.

Por ello, FOPEA insta al Congreso de la Nación a separar el tratamiento de este artículo del proyecto de soberanía y a revisar su redacción con participación de organizaciones de prensa y de derechos humanos, incorporando una definición taxativa de las conductas que se pretende sancionar y una cláusula expresa que excluya de toda responsabilidad penal a la difusión de opiniones, informaciones o críticas amparadas por la libertad de expresión.

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