dólares

A encender la economía: ¿cómo están los motores?

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Una de las frases claves de campaña del electo presidente Alberto Fernández es que hay que encender la economía. Ante un cambio de Gobierno que se da en una crisis económica, uno quiere creer que el problema es interno. En este caso sería algo así como: “Macri no supo encender la economía”, entonces esperamos que Fernández si sepa qué perilla tocar y que todo se encienda.

Lamento decir que el generador que termina dando electricidad al foco no siempre depende de la habilidad del dedo del gobernante y me parece útil en estos tiempos de transiciones ahondar sobre estos temas porque si no entendemos el contexto quizás podemos estar equivocados sobre el juicio de valor que hacemos sobre el gobernante:

¿Cuándo es la culpa del gobierno?

Cuando el Estado gasta mal: según un informe del BID al que nos referimos muchas veces, la Argentina tiene un gasto público ineficiente de 7% del PBI (si desea profundizar en el tema puede leer la nota que se encuentra en el siguiente link https://www.economis.com.ar/el-gasto-publico-es-mucho-o-poco/). 

Pero veamos las consecuencias de esto: si se  gasta más de lo que se recauda pueden pasar tres cosas: 

1)- aumentamos los impuestos (no fue el caso de Macri ), 

2)- nos endeudamos y terminamos en default (si fue el caso de Macri) 

o 3)- emitimos dinero (terminamos en inflación)

¿Cuando no es su culpa?

Ya hemos hablado también de lo que pasa cuando Estados Unidos sube la tasa de interés y los capitales huyen del país buscando una mejor rentabilidad por un lado, y la deuda externa se encarece por el otro; esto fue lo que pasó un poco a mediados del 2018 y como consecuencia el dólar de $20 se fue a $40, la inflación se aceleró y los sueldos quedaron atrás.

Lo que veremos hoy son los términos de intercambio, un concepto que tiene una profunda incidencia no solo en la Argentina sino que en todo Latinoamérica. El índice de términos de intercambio mide la capacidad de compra de bienes importados  de un país en base a sus exportaciones. Para ejemplificar: si nosotros exportamos soja y el precio de la soja sube; y somos importadores de celulares y el precio de los celulares baja aquí hay una mejora en los términos de intercambio porque por un lado la soja nos genera más dólares para comprar celulares que encima cuestan menos dólares. 

Existen otras combinaciones que el lector podrá ejercitar para entender cómo funcionan los términos de intercambio; por ejemplo el precio de las exportaciones sube, pero sube más el precio de los productos importados lo que habrá es un “deterioro en los términos de intercambio”.  

Este concepto fue muy estudiado en los 60’ y 70’ dado que se argumentaba que una de las principales causas del subdesarrollo latinoamericano se debía a que los países centrales compraban materia prima con poco valor agregado y nos vendían productos cada vez más elaborados y por ende, con más valor, como resultado de esto nunca nos alcanzarían los dólares que generan las exportaciones y deberíamos recurrir al endeudamiento permanente. 

Cuando China irrumpe en el mundo haciendo aumentar el precio de los alimentos y bajando el precio de la tecnología que le vendía en el mercado internacional, esto se revirtió de una manera asombrosa. A partir de esto, se trata de dejar en claro dos cosas:

  1. Los términos de intercambio son fundamentales para sortear la falta de dólares, y 
  2. No dependen en lo inmediato de algo que pueda hacer el país, sino de los mercados internacionales (el Gobierno sólo puede actuar a largo plazo, haciendo que se agregue más valor a lo que se exporta) .

Veamos algunos datos interesantes de los términos de intercambio Argentino:

Fuente: elaboración propia en base a Diaz Alejandro y Ministerio de Hacienda de la Nación.

La lectura es la siguiente: en el 46 al 49 (primera presidencia de Perón) los términos de intercambio subieron en promedio un 32 % con respecto al periodo 40-45. Esto quiere decir que el poder de compra de lo que exportaba Argentina subió más de un 30% para comprar productos importados (teníamos muchos dólares y la economía estaba mejor). 

En el 73-75 subió un 13%, que en dólares no es poco, y si consideramos el promedio del período Kirchnerista completo fue un 40 % más que el gobierno de la Alianza (tiene que ver con la suba del precio de la soja y la baja de los precios de los productos importados chinos).

No fue magia:

Por supuesto que los términos de intercambio no explican todo. Incluso pueden mejorar en una situación de crisis porque se deja de comprar o se compra productos importados más baratos. 

Sin embargo, esto, que los expertos en economía suelen llamar “la restricción externa”, fue un factor desencadenante de muchas crisis en la historia Argentina.  A esta altura sabemos que lo que necesitamos es generar más dólares, y que hacerlo por vía de las exportaciones es más genuino que hacerlo por vía del endeudamiento y que por eso todos estamos rogando que para esto la historia se repita: cuando asume un Gobierno peronista los términos de intercambio mejoran milagrosamente para la Argentina, y esto es clave para encender la economía.

Dejamos el gráfico desde 1986 hasta la actualidad para que el lector compare cómo se comportaron los términos de intercambio ante cada periodo de auge o crisis Argentina.

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Los primeros cien días de Alberto Fernández

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Alberto Fernández, el recientemente electo presidente de la Argentina, y con menos de un mes para empezar a ejercer el cargo efectivamente aprendió (o debió haber aprendido) en base a la experiencia de Mauricio Macri algunas cosas:

1* Debe ser cierto eso de que lo que no se hace en los primeros 100 días de Gobierno no se hace más.

2* Las políticas graduales para la economía no sirven.

3* Las herencias hay que resolverlas pronto o se agravan más.

A la luz del creciente problema inflacionario que tiene la Argentina, y sabiendo que si esto no se soluciona rápido se puede llevar puesto su Gobierno más temprano que tarde, ha trascendido en los medios que lo primero que intentará hacer es un acuerdo social de precios y salarios.

En qué consiste:

La idea es sencilla (de escribir, no de aplicar, aquí se verá la primera destreza política del gobierno). Consiste en lo siguiente:

El Gobierno llama a los formadores de precios en la Argentina; por ejemplo, de 260 empresas productoras de alimentos 18 tienen el 60 % del mercado.

“Dentro de esto tenemos casos notorios a saber: el 80 % del aceite es de dos empresas, el 75 % de los enlatados una, también el 75 % del azúcar está en manos de una (se omite los nombres porque no estamos para hablar hoy de concentración económica; lo que se quiere mostrar es que los que forman precios en la Argentina son identificables, aunque esto no quiere decir que sean los malos de la película, al menos no siempre…. Pero ese es otro tema)”

También llama a los sindicatos, o mejor dicho a los sindicalistas que los conocemos todos y les dice:

  • “Señores, esto se nos va de las manos, hagamos un pacto por un tiempo de no aumentar los precios y los salarios para cortar la inercia inflacionaria y salimos todos contentos por la recuperación de la confianza y el aumento del consumo”

Obviamente los empresarios plantearán que el aumento del dólar les subió los costos y todavía tienen que aumentar algo para no perder y los sindicatos pedirán algún aumento de sueldo para recuperar lo perdido y ahí sí, fijando pautas de aumentos que quedaron rezagados o decrecientes de acuerdo al contexto echamos a andar el acuerdo y la inflación baja y los sueldos no pierden poder de compra.

¿Se puede o no se puede?

Para contestar esta pregunta vamos a la historia, ya que algo que parece muy tentador, no siempre termina como como esperamos; veamos dos frenos abruptos de la inflación con concertación de precios y salarios:

A) Pacto social de inflación 0 de José Bel Gerbard: año 1974 tercera presidencia de Perón, se hizo el acuerdo, y en un primer tramo la inflación bajó, los salarios crecieron, también el consumo y la actividad económica. Cabe aclarar que el principal objetivo del ministro era también incrementar el salario real y generó fuertes emisiones de dinero a la vez que controlaba los precios. Después de un tiempo vuelve la inflación y al final todo termina en el Rodrigazo. 

¿Qué salió mal? Desde la ortodoxia la crítica es casi obvia, como no se aumentaban los precios aumentaba el consumo de manera forzada, disminuían las exportaciones por el aumento del consumo, y se generó una inflación reprimida que inevitablemente iba a terminar como terminó. Desde la heterodoxia agregan que la crisis de los países petroleros de 1973 pegó fuerte en la Argentina como todo el mundo y eso también hizo insostenible el plan.

B) El plan Austral del gobierno de Alfonsín: También empezó con un acuerdo y congelamiento de precios, pero a diferencia del plan de Gelbard, era mucho más realista. El objetivo era quebrar la inercia inflacionaria, y para hacerlo rápido debía pararse por igual el dólar, los precios y salarios. Cabe destacar que el plan Austral estuvo bien calculado, y esto significa con las cuentas del Estado en equilibrio para evitar la emisión monetaria. Tuvo un éxito rotundo los primeros meses, pero también después de un tiempo terminó en la hiper. 

¿Qué salió mal? Otra vez la ortodoxia diría que controlar precios no sirve, que reprime la inflación y después explota. Tiempo después de arrancar el plan, Estados Unidos subió fuertemente la tasa de interés lo que encarecía el pago de la deuda externa, sumado a la caída del precio del trigo, lo que hacía bajar las retenciones y el ingreso de dólares al país. El cálculo inicial era insostenible ante el nuevo contexto externo y la historia terminó en la hiper. 

Sin embargo en Israel copiaron el plan radical y después de ser constante en los acuerdos lograron bajar la inflación, los pactos de la Moncloa en España también tuvieron éxito en este plano. 

Entonces…

Si el acuerdo es a la Gelbard, o sea con el objetivo de aumentar sueldos sin corregir los problemas de fondo, va a durar poco porque es insostenible, en algún momento empieza la presión sobre el dólar porque se exporta menos y se importa más por el aumento de consumo y la presión del dólar lo hace insostenible.

Si el acuerdo es a la Sourrouille, con el objetivo de frenar la inflación pero con las cuentas tendiendo al equilibrio, y el contexto externo no juega una mala pasada puede comenzar el descenso de la inflación y a partir de ahí ver que todos los sectores incluido salarios crezcan de manera sostenible. 

Enamorarse de los controles de precios y aumentar los sueldos sin corregir el fondo de la cuestión, es una condena al fracaso segura, y se sabe, solo hace falta mirar la historia.

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Las crisis: historias de supervivencia del comercio posadeño

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Argentina, Misiones, Posadas. El comercio posadeño ha vivido en más de medio siglo, los avatares de la economía del país, con un aditivo, las asimetrías con Paraguay. Recorrimos algunos de estos pilares del comercio, esas tradicionales casas que los posadeños eligen por generaciones. Annets boutique con 30 años, Mobi Hogar con 60 y Rincón Musical con 51 años. Cada uno desde su rubro explicó  ¿cómo sobrevivieron a las crisis? ¿cuál les afectó más? Y las claves para continuar vigentes. 

Elena Gronovich – Annets Boutique Desde 1980:

“Comenzamos en la calle Bolívar y Ayacucho, un local chiquito al lado del teatro Español. Comencé con bijouterie y marroquinería. En esa época la gente venía para el día de la madre en auto y reservaba. Nos iba muy bien”, comienza Elena.

Ricardo Wirz padre y Ricardo Wirz hijo (31 años) – Mobi Hogar desde 1959

Mobi (motos y bicicletas) se fundó hace 60 años. Comenzó con Ernesto Wirz, Juan y Roberto Hourcade y los hermanos Juan y Ramón Pérez. Dirigen hoy la empresa el hijo y el nieto del fundador. Mobi se fue transformando a largo de los años y el rubro Hogar fue cobrando fuerza. Luego incorporó bosque y jardinería.  

Celio Clausen al frente de Rincón Musical que cumplió 51 años liderando el sector.

En el sector de la música, a la crisis económica hay que agregarle los cambios tecnológicos que sin duda afectaron la venta de los soportes musicales. A pesar del MP3 y spotify, Celio sostiene esa esquina característica de la ciudad. Desde hace varios años incorporó el rubro instrumentos.


“Empezar de nuevo”: Las crisis ¿cuál fue la más difícil?

Elena: “Vivimos crisis con todos los gobiernos, la del 2001 fue la peor. Tuve que refinanciar muchas cosas. En un momento hasta un auto perdí. La gente gritaba en los bancos. Fue bravo. La gente estaba muy asustada. Te pagaban con Lecop (las cuasi moneda) y no podías depositar en el banco. Viajaba mucho a Buenos Aires a financiar los pagos. En esa época no pude pagar más el alquiler y nos mudamos al local actual” (allí funcionaba un estudio de fotografía, perteneciente a la familia de Elena). 

“Fue como empezar de nuevo”, enfatizó.

“Nunca dejé de tener mercadería ni de comprar a los fabricantes que confiaban en mí. En ese momento lo peor es que se perdió la confianza. Todo era de contado”.

Con tres generaciones de clientes, los Wirz pasaron todas las crisis.

Wirz se hizo cargo temprano de la empresa que fundó su padre y abuelo materno. Y recuerda el 2001: “El quiebre de la Convertibilidad. Después de una década de uno a uno, un día anuncian que el dólar valía $1,40 y toda la gente endeudada en dólares. Salió un coeficiente que había que aplicarle a la deuda de la gente. Nosotros hicimos otro camino. El primer día, el lunes un montón de gente en el local. Porque el mes anterior habíamos lanzado 36 cuotas en dólares. Y, ese lunes de diciembre, mucha gente queriendo recuperar su prenda. Y permitimos que todo aquel que había comprado una moto la podía devolver. Le devolvíamos la prenda en dólares y el pagaré. Ese primer mes recibimos devoluciones. Después hasta julio (seis meses) no vendimos ninguna moto. Artículos del hogar vendíamos tímidamente, pero también cayeron las ventas abruptamente. Había muchas cuentas por cobrar. Nosotros no estábamos endeudados. Un poco porque se venía venir y otro por una política de no trabajar con deuda”. “Tampoco aplicamos el CER a nadie. Pedíamos que cancelen el 100 por ciento pero con el uno por uno. Y un 30, 40 por ciento, entre enero y febrero canceló su deuda”.


Ricardo Wirz (p): Un tip: “Seguir apostando al país”.

Celio de Rincón Musical: “Esta crisis nos está afectando, porque la gente tiene otras prioridades. Pero de todas, la del 2001 fue tremenda. Se sintió muchísimo”. 

Antes del 2001, la hiper ¿y después?

Elena: “Antes de ese 2001 bisagra, el comercio posadeño pasó por la hiperinflación y una asimetría voraz. A fines de los 80 y los primeros tiempos de Menem”. 

“Después del 86, era le época de (Raúl) Alfonsín. Era una época donde el cambio de precios era tremendo. Venían los brasileros y compraban cuero. A la mañana había un precio y cuando íbamos a reponer ese precio, era otro. Terrible”. 

“¿Sabes qué pasa? Nosotros los misioneros, los argentinos siempre tenemos la esperanza de que va a estar mejor”.

“El primer gobierno de Kirchner mejoramos mucho; el primer mandato de Cristina anduvimos bien y después fue bajando. Repuntamos con el Ahora 12. La gente entró a usar tarjeta. Y hasta la primera parte del 2017, íbamos bastante bien y después comenzó a decaer cada vez más”. 

Para Ricardo Wirz padre, esta es un crisis complicada. Pero las dos hiperinflaciones de fines de los 80 y el comienzo de los 90 fueron las peores, seguidas por la del 2001.

Esta crisis es distinta a todas, faltan pesos y dólares. Eso veo de diferente a las crisis anteriores. Hay caída de venta, de producción, de circulante y a la vez inflación”. Ricardo lo encuadra en el concepto de estanflación: el peor escenario.

Ricardo (h) tiene cuatro años en la empresa y le tocó pilotear el escenario actual: “Hace dos años comenzó a caer la venta de motos. Este año las ventas bajaron más de 65%. Tuvimos que cerrar una sucursal”.

Celio Clausen: “Lo más pedido sigue siendo Soda Stereo, Charly García y Los Beatles”

El presente: estrategias de supervivencia

La situación actual es desesperante. ¿Cómo hacen los comercios para no sucumbir?. Ellos responden: 

Ricardo Wirz (h): “Reducimos gastos, pero no despedimos a nadie. Incorporamos el rubro repuestos. Algo que no teníamos. Tenemos dos talleres y pusimos energía allí. La gente no puede con el 0km, pero arregla la usada”, cuenta Ricardo hijo. 

 Ricardo destacó otra herramientas para sobrellevar este momento: “los ahora 12 y 18, con eso remontamos un poco”. 

Elena: “Mantengo las mismas marcas y casas. Los proveedores confían en mi. La clave es la honestidad. Si llevas una prenda y no te resulta automáticamente se le cambia. La atención y el arreglo de las ropas. Eso no se cobra. El servicio que brindamos.  Y la atención, es clave también”.

Para Ricardo Wirz padre, La clave para sortear crisis es: “Estar con las cuentas ordenadas. No estar endeudado. La parte impositiva en regla. Eso nos permitió seguir aguantando. La estructura es chica, somos flexibles. Se toman medidas de un día para otro y se implementan”. 

Elena Gronovich: La Competencia desleal: “Paraguay y la venta por internet”.

Con la crisis actual. Misma fórmula. “No estar muy endeudado. No tenemos compras a plazo largo. Trabajamos con crédito propio. Ya le estamos vendiendo al nieto de los primeros compradores. Estamos presentes. La gente sabe que si algo no funciona, puede traerlo, tiene quien le responda”. 

 “Esto es un día a día”. 

Para Celio, es esencial la “Perseverancia. Cumpliendo con los proveedores. Eso fundamental”. 

Otra apuesta para sortear los años dificultosos fue la diversificación. Rincón Musical incorporó la venta de instrumentos. “Hace muchos años incorporamos instrumentos musicales. Eso ayuda y es afín. A pesar de todo, mucha gente sigue escuchando CD y vinilo que volvieron a estar de moda”.

El cliente y las crisis

Ricardo (p): “El cliente siempre reacciona mal a los cambios. A los precios, a la tasa, o cuando pasa la tarjeta y no tiene fondos. Hay intentos de innovar con las cuotas, pero la gente está al límite de la tarjeta. La gente baja su nivel de consumo y de vida. Ya no es segunda marca, va por la cuarta marca. La gente se adapta para abajo, ajustándose”. 

Celio: “El cliente debe ser atendido y no despachado. Se busca, si no hay lo que necesita. Siempre a la expectativa de lo que la gente quiere”. 

“Siempre hemos tratado de no tener intermediarios para tener un buen precio. Que sea conveniente para el cliente”.

Elena: “no hay cliente cautivo. Al menos ahora, en otra época puede ser. Ahora la gente recorre y busca”.

“La inflación golpeó mucho en los alimentos, pero no tanto en la indumentaria; los precios no variaron más de un 10% de una temporada a la otra”.

“Nosotros mantenemos la calidad, las mismas marcas y las mismas casas”.

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Elecciones en Argentina, el reciclaje del eje peronismo–antiperonismo

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A horas de que terminen estas elecciones versión 2019, nos acercamos a escribir una nueva página en la historia democrática de nuestro país. Hacerlo en paz y en calma, en este contexto, es un logro político (quizá el único) de la dirigencia argentina de los últimos treinta años. Esto que generalmente puede llegar a pasar desapercibido, hoy es evidente a nivel regional. Países con índices sociales y económicos mucho mejores que la Argentina, sufren estallidos sociales estructurales producto de la inoperancia política. En nuestro caso es diferente, total, ¿Qué le hace otra raya más al tigre?

En ese marco se desarrolló una campaña particular desde diferentes puntos de vista. La primera característica para resaltar, post resultado de las PASO, es la marginalidad que tienen en algunos casos los procesos electorales. Existen dos tipos de factores (a priori) que definen el voto, los de corto plazo y los de largo plazo. Los factores de largo plazo son circunstancias cuasi permanentes que afectan la percepción de las personas (la cultura, la clase social, el lugar de residencia, etc.). Los de corto plazo, sucesos extraordinarios que afectan la percepción y alteran las relaciones de poder (una crisis económica, un debate particular, un caso de corrupción, etc.). La comunicación puede resultar más efectiva, cuando los efectos de corto plazo contradicen o generan mayores efectos que los de largo plazo. 

En este caso en particular, el efecto de corto plazo (la crisis) reforzó esquemas de percepción muy arraigados en la cultura argentina (concepción pesimista del sistema liberal, imagen del FMI, rol del empresariado y sistema financiero, etc.) Este golpe de realidad es algo muy fuerte para quebrar comunicacionalmente hablando, y el oficialismo lo entendió tarde. 

Con el diario del lunes es muy fácil hablar. Criticar abiertamente el sistema de comunicación de Jaime Durán Barba parece por lo menos atrevido. El estilo del show “post ideológico”, aunque falaz, marcó una época en la comunicación política argentina. Después de las PASO pareció que muchos repitieron la frase de los Simpsons “Lo felicitamos, nunca más vuelva.”  El quiebre apareció con las marchas del “Si se puede”. Se reversionó el timbreo, por el famoso acto político. Aquél que el consultor ecuatoriano se dedicó tanto tiempo a denostar. El territorio se convirtió en espacio de disputa política, como aquel del siglo XX. Espacio de expresión del conflicto político, todo se politizó. 

Hacia adelante, en caso de perder Macri, viene un desafío importante para María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. Ambos, aunque populares en sus distritos, todavía no se nacionalizaron. El salto que pegó Mauricio Macri en 2015, no lo puede hacer cualquiera. Hoy, mal que mal, el 35% que consolidó Juntos por el Cambio, es de él y nadie más. Hay muchas dudas y pocas precisiones, el tiempo dirá. 

En la vereda del frente el escenario no es mejor. En caso de ganar, Alberto Fernández tiene diferencias explícitas con gran parte del Frente de Todos. La polarización se instaló porque era beneficiosa para el macrismo en su momento. Cuando CFK se baja, el eje se mueve y el discurso del macrismo se desarticula. Lo que muchos no ven, capaz por el optimismo de una posible victoria, es que el Frente de Todos necesita a Macri de la misma forma que Cambiemos necesitaba a Cristina. Una vez se apague el show de la campaña, gobernar en una coalición tan amplia no es para cualquiera, hay que tragarse muchos sapos. El Pro no lo entendió, hay que ver si este nuevo peronismo lo puede hacer. 

Los resultados que parecieran importar a todos son los totales a nivel nacional, si tenemos o no balotaje. Aunque en política siempre hay mucho más en juego. La provincia de Buenos Aires puede concentrar el poder de oposición en un posible gobierno de Alberto Fernández. Axel Kicillof, Mayra Mendoza, Máximo Kirchner y demás, coparon las listas con la intención de ejercer total control en el territorio. El porcentual de diferencia que exista entre Kicillof y Vidal es vital para saber la diferencia que existirá en la cámara de diputados de PBA. 

Otro punto importante son las intendencias que defiende el oficialismo en dicha provincia. La Plata, Quilmes, Pilar, Morón, Lanús y Mar del Plata son algunos de los distritos claves que el peronismo quiere recuperar. Hay muchos factores a considerar, uno de ellos es que tan efectiva fue la “campaña de corte” y localización promovida para despegarse de las figuras nacionales. A su vez, esperar a ver si existe un crecimiento respecto de las PASO y el nivel de participación del domingo son ítems importantes. Ambas cosas son puntos de los cuáles va a depender la capacidad de proyección nacional que tenga Vidal en el 2020. 

En caso de Horacio Rodríguez Larreta el panorama parece más despejado en el corto plazo. Sin embargo, con el anuncio de Alberto Fernández de reducir la coparticipación de CABA el próximo año, se presenta un gran desafío. La Ciudad ya no contará con la posibilidad de articular grandes proyectos con la Nación como lo hizo durante estos cuatro años, habrá que negociar más que nunca.  Lo único que se puede afirmar con seguridad es que el eje político argentino volvió a ser peronismo–antiperonismo. Hay opciones identificadas claramente como derecha e izquierda que se disputan la discusión pública. La cual volvió a expresar componentes ideológicos explícitos, con todo lo que eso significa. La Argentina 2020 no pinta fácil, para nadie. Como en una serie, este sólo es el capítulo final de una temporada que duró cuatro años. The Peronistas, cómo tituló el Washington Post, pareciera que se estrena en diciembre.

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Ahora Ecuador: la relación tóxica del FMI con las crisis de América Latina

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Las noticias internacionales se hacen eco de una nueva crisis en un país de América Latina. Al parecer, esta vez es el turno de Ecuador. El 1 de Octubre el presidente Lenín Moreno anunció un paquete de medidas de ajuste denominado “el paquetazo”, que desató actos de protestas en todo el país y generó un fuerte conflicto social bajo el lema “no queremos ser Argentina”.

Cronología de la crisis en Ecuador y sus similitudes con Argentina

Si bien los hechos más conflictivos tuvieron lugar luego del anuncio del paquete de medidas de ajuste del pasado 1 de Octubre, las causas de la crisis de Ecuador datan de mucho tiempo antes. Al igual que Argentina, todo comenzó en los años de bonanza, cuando los precios de los comodities eran altos y los países como Ecuador y Argentina obtenían importantes ingresos a causa del comercio internacional. En ese momento el entonces presidente de Ecuador, Rafael Correa, incrementó significativamente el gasto público, que pasó de un 25% del PIB a un 44%. Si bien, ese incremento fue muy bueno para el pueblo ecuatoriano (ya logró reducir la desigualdad, bajar la pobreza en un 38% y la indigencia en un 47%), con la baja del precio de los comodities, el nivel de gasto se hizo insostenible  y el déficit fiscal alcanzó el 7% del PBI.

Fuente: Elaboración Propia en base a datos de Datos Macro

Para financiarse, el actual gobierno comenzó a endeudarse para cubrir el déficit fiscal recurrió al FMI. Como condición para desembolsar los préstamos, el Fondo le pide al país que aplique un plan de ajustes económicos para reducir el déficit y mejorar las cuentas fiscales (Cualquier parecido con Argentina NO es pura coincidencia). 

Dentro de las medidas de ajuste anunciadas por el gobierno ecuatoriano, la más conflictiva fue la quita de subsidios al combustible, lo que generó un alza de 120% en el precio de este insumo fundamental, incrementando el precio del transporte y generando escasez en los comercios de todo el país. Pero además de ello, se anunciaron las siguientes medidas:

  • Baja salarial de hasta el 20% en los contratos temporales de la administración pública;
  • Reducción de las vacaciones de los empleados públicos;
  • Un impuesto mensual equivalente a un día de trabajo a los empleados públicos;
  • Contribución especial de las empresas con ingresos superiores a los U$S10  millones anuales

También incrementaron los montos de los planes sociales y ampliaron el número de beneficiarios.

¿La culpa la tiene el Fondo Monetario Internacional?

Al parecer, no solo los argentinos sentimos terror al escuchar “Fondo Monetario Internacional”. Sin dudas, las recetas neoliberales de ajuste que propone dicha institución se repiten en todos los países que llegan a él. Es por esta razón que el pueblo ecuatoriano salió a las calles bajo el lema “no queremos ser Argentina”, ya que como la historia lo ha demostrado, estas recetas no funcionan muy bien y los ajustes se hacen sentir fuerte en los bolsillos del pueblo.

Si bien el Fondo Monetario Internacional fue creado con el objetivo de ayudar a los países a de evitar estas profundas crisis económicas, con sus recetas parece empeorarlas.

¿Por qué:

El sector externo, las crisis de los 90 y las recetas de FMI

Las economías de América Latina tienen un problema estructural generado por la debilidad del Sector Externo. Para poder lograr el desarrollo económico, es necesario que los países puedan importar bienes de capital y tecnología, invertir en infraestructura y mejorar la equidad interna. Para lograr todo esto se necesitan dólares, los cuales vienen de las exportaciones. Pero, como las exportaciones, básicamente, se componen de materias primas, existen dos inconvenientes:

  • La oferta de productos primarios (comodities) es muy difícil de expandir;
  • Los precios no lo fijan los países vendedores, sino que se fijan en el mercado internacional por el juego de la oferta y la demanda.

Estas características hacen que la cantidad de dólares con la que puede contar un país no sea previsible en el tiempo y no hay nada que se pueda hacer como para controlar esa situación. Hasta aquí el problema estructural, pero ahora viene la explicación sobre cómo el FMI empeora las cosas: si bien la razón de ser del organismo debiera ser evitar las crisis externas, es el principal impulsor de la liberalización del mercado de capitales, lo que hace que los países queden más vulnerables a las corridas de capitales (como sucede ahora en Argentina).

 Ante eventos externos como una suba de tasas de interés, por ejemplo en Estados Unidos o ante algún hecho que genere desconfianza, los inversores comienzan a retirar sus inversiones y llevarlas a los países con economías más fuertes, generando grandes problemas en las economías de países en desarrollo como Argentina o Ecuador. Entonces, el país debe seguir contrayendo deuda para financiar estas fugas, cuyos intereses se acumulan y los compromisos de pagos se vuelven cada vez más difíciles de cumplir, hasta que terminan en default.

En el proceso, se ajusta más y más el gasto público tratando de erradicar el déficit fiscal por un lado, pero por el otro lado se acumulan los intereses de deuda. Entonces se llega a un punto donde el país ya no puede cumplir con sus obligaciones de deuda y puede terminar en default. Esta es la historia de la mayoría de las crisis que sufrieron los países en desarrollo desde la década de los 70.

Conclusión:

Para hacerla corta, luego de casi 50 años ya deberíamos haber aprendido la lección: recurrir al Fondo Monetario Internacional no nos ayudará a salir de la crisis. Pero para no depender de este organismo, tenemos que aprender a ser ordenados, sobre todo en las épocas de bonanza y resistir a la tentación de incrementar el gasto de manera insostenible. En este sentido, hubo algunos países que lograron superar estos círculos viciosos, entre ellos se encuentra Chile. Para ello, se tuvieron que tomar medidas claras; leyes que obligan al gobierno de turno a cumplir con estricto control del déficit fiscal y también a ahorrar en tiempos de superávit, lo que les permitió encontrar una senda de crecimiento sostenido. 

Como moraleja de esta historia que se repite una y otra vez, hay que saber que es preferible ir más lento en la senda de desarrollo y no retroceder cada 8 o 10 años.

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