dólares

Elecciones en Argentina, el reciclaje del eje peronismo–antiperonismo

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A horas de que terminen estas elecciones versión 2019, nos acercamos a escribir una nueva página en la historia democrática de nuestro país. Hacerlo en paz y en calma, en este contexto, es un logro político (quizá el único) de la dirigencia argentina de los últimos treinta años. Esto que generalmente puede llegar a pasar desapercibido, hoy es evidente a nivel regional. Países con índices sociales y económicos mucho mejores que la Argentina, sufren estallidos sociales estructurales producto de la inoperancia política. En nuestro caso es diferente, total, ¿Qué le hace otra raya más al tigre?

En ese marco se desarrolló una campaña particular desde diferentes puntos de vista. La primera característica para resaltar, post resultado de las PASO, es la marginalidad que tienen en algunos casos los procesos electorales. Existen dos tipos de factores (a priori) que definen el voto, los de corto plazo y los de largo plazo. Los factores de largo plazo son circunstancias cuasi permanentes que afectan la percepción de las personas (la cultura, la clase social, el lugar de residencia, etc.). Los de corto plazo, sucesos extraordinarios que afectan la percepción y alteran las relaciones de poder (una crisis económica, un debate particular, un caso de corrupción, etc.). La comunicación puede resultar más efectiva, cuando los efectos de corto plazo contradicen o generan mayores efectos que los de largo plazo. 

En este caso en particular, el efecto de corto plazo (la crisis) reforzó esquemas de percepción muy arraigados en la cultura argentina (concepción pesimista del sistema liberal, imagen del FMI, rol del empresariado y sistema financiero, etc.) Este golpe de realidad es algo muy fuerte para quebrar comunicacionalmente hablando, y el oficialismo lo entendió tarde. 

Con el diario del lunes es muy fácil hablar. Criticar abiertamente el sistema de comunicación de Jaime Durán Barba parece por lo menos atrevido. El estilo del show “post ideológico”, aunque falaz, marcó una época en la comunicación política argentina. Después de las PASO pareció que muchos repitieron la frase de los Simpsons “Lo felicitamos, nunca más vuelva.”  El quiebre apareció con las marchas del “Si se puede”. Se reversionó el timbreo, por el famoso acto político. Aquél que el consultor ecuatoriano se dedicó tanto tiempo a denostar. El territorio se convirtió en espacio de disputa política, como aquel del siglo XX. Espacio de expresión del conflicto político, todo se politizó. 

Hacia adelante, en caso de perder Macri, viene un desafío importante para María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. Ambos, aunque populares en sus distritos, todavía no se nacionalizaron. El salto que pegó Mauricio Macri en 2015, no lo puede hacer cualquiera. Hoy, mal que mal, el 35% que consolidó Juntos por el Cambio, es de él y nadie más. Hay muchas dudas y pocas precisiones, el tiempo dirá. 

En la vereda del frente el escenario no es mejor. En caso de ganar, Alberto Fernández tiene diferencias explícitas con gran parte del Frente de Todos. La polarización se instaló porque era beneficiosa para el macrismo en su momento. Cuando CFK se baja, el eje se mueve y el discurso del macrismo se desarticula. Lo que muchos no ven, capaz por el optimismo de una posible victoria, es que el Frente de Todos necesita a Macri de la misma forma que Cambiemos necesitaba a Cristina. Una vez se apague el show de la campaña, gobernar en una coalición tan amplia no es para cualquiera, hay que tragarse muchos sapos. El Pro no lo entendió, hay que ver si este nuevo peronismo lo puede hacer. 

Los resultados que parecieran importar a todos son los totales a nivel nacional, si tenemos o no balotaje. Aunque en política siempre hay mucho más en juego. La provincia de Buenos Aires puede concentrar el poder de oposición en un posible gobierno de Alberto Fernández. Axel Kicillof, Mayra Mendoza, Máximo Kirchner y demás, coparon las listas con la intención de ejercer total control en el territorio. El porcentual de diferencia que exista entre Kicillof y Vidal es vital para saber la diferencia que existirá en la cámara de diputados de PBA. 

Otro punto importante son las intendencias que defiende el oficialismo en dicha provincia. La Plata, Quilmes, Pilar, Morón, Lanús y Mar del Plata son algunos de los distritos claves que el peronismo quiere recuperar. Hay muchos factores a considerar, uno de ellos es que tan efectiva fue la “campaña de corte” y localización promovida para despegarse de las figuras nacionales. A su vez, esperar a ver si existe un crecimiento respecto de las PASO y el nivel de participación del domingo son ítems importantes. Ambas cosas son puntos de los cuáles va a depender la capacidad de proyección nacional que tenga Vidal en el 2020. 

En caso de Horacio Rodríguez Larreta el panorama parece más despejado en el corto plazo. Sin embargo, con el anuncio de Alberto Fernández de reducir la coparticipación de CABA el próximo año, se presenta un gran desafío. La Ciudad ya no contará con la posibilidad de articular grandes proyectos con la Nación como lo hizo durante estos cuatro años, habrá que negociar más que nunca.  Lo único que se puede afirmar con seguridad es que el eje político argentino volvió a ser peronismo–antiperonismo. Hay opciones identificadas claramente como derecha e izquierda que se disputan la discusión pública. La cual volvió a expresar componentes ideológicos explícitos, con todo lo que eso significa. La Argentina 2020 no pinta fácil, para nadie. Como en una serie, este sólo es el capítulo final de una temporada que duró cuatro años. The Peronistas, cómo tituló el Washington Post, pareciera que se estrena en diciembre.

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Ahora Ecuador: la relación tóxica del FMI con las crisis de América Latina

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Las noticias internacionales se hacen eco de una nueva crisis en un país de América Latina. Al parecer, esta vez es el turno de Ecuador. El 1 de Octubre el presidente Lenín Moreno anunció un paquete de medidas de ajuste denominado “el paquetazo”, que desató actos de protestas en todo el país y generó un fuerte conflicto social bajo el lema “no queremos ser Argentina”.

Cronología de la crisis en Ecuador y sus similitudes con Argentina

Si bien los hechos más conflictivos tuvieron lugar luego del anuncio del paquete de medidas de ajuste del pasado 1 de Octubre, las causas de la crisis de Ecuador datan de mucho tiempo antes. Al igual que Argentina, todo comenzó en los años de bonanza, cuando los precios de los comodities eran altos y los países como Ecuador y Argentina obtenían importantes ingresos a causa del comercio internacional. En ese momento el entonces presidente de Ecuador, Rafael Correa, incrementó significativamente el gasto público, que pasó de un 25% del PIB a un 44%. Si bien, ese incremento fue muy bueno para el pueblo ecuatoriano (ya logró reducir la desigualdad, bajar la pobreza en un 38% y la indigencia en un 47%), con la baja del precio de los comodities, el nivel de gasto se hizo insostenible  y el déficit fiscal alcanzó el 7% del PBI.

Fuente: Elaboración Propia en base a datos de Datos Macro

Para financiarse, el actual gobierno comenzó a endeudarse para cubrir el déficit fiscal recurrió al FMI. Como condición para desembolsar los préstamos, el Fondo le pide al país que aplique un plan de ajustes económicos para reducir el déficit y mejorar las cuentas fiscales (Cualquier parecido con Argentina NO es pura coincidencia). 

Dentro de las medidas de ajuste anunciadas por el gobierno ecuatoriano, la más conflictiva fue la quita de subsidios al combustible, lo que generó un alza de 120% en el precio de este insumo fundamental, incrementando el precio del transporte y generando escasez en los comercios de todo el país. Pero además de ello, se anunciaron las siguientes medidas:

  • Baja salarial de hasta el 20% en los contratos temporales de la administración pública;
  • Reducción de las vacaciones de los empleados públicos;
  • Un impuesto mensual equivalente a un día de trabajo a los empleados públicos;
  • Contribución especial de las empresas con ingresos superiores a los U$S10  millones anuales

También incrementaron los montos de los planes sociales y ampliaron el número de beneficiarios.

¿La culpa la tiene el Fondo Monetario Internacional?

Al parecer, no solo los argentinos sentimos terror al escuchar “Fondo Monetario Internacional”. Sin dudas, las recetas neoliberales de ajuste que propone dicha institución se repiten en todos los países que llegan a él. Es por esta razón que el pueblo ecuatoriano salió a las calles bajo el lema “no queremos ser Argentina”, ya que como la historia lo ha demostrado, estas recetas no funcionan muy bien y los ajustes se hacen sentir fuerte en los bolsillos del pueblo.

Si bien el Fondo Monetario Internacional fue creado con el objetivo de ayudar a los países a de evitar estas profundas crisis económicas, con sus recetas parece empeorarlas.

¿Por qué:

El sector externo, las crisis de los 90 y las recetas de FMI

Las economías de América Latina tienen un problema estructural generado por la debilidad del Sector Externo. Para poder lograr el desarrollo económico, es necesario que los países puedan importar bienes de capital y tecnología, invertir en infraestructura y mejorar la equidad interna. Para lograr todo esto se necesitan dólares, los cuales vienen de las exportaciones. Pero, como las exportaciones, básicamente, se componen de materias primas, existen dos inconvenientes:

  • La oferta de productos primarios (comodities) es muy difícil de expandir;
  • Los precios no lo fijan los países vendedores, sino que se fijan en el mercado internacional por el juego de la oferta y la demanda.

Estas características hacen que la cantidad de dólares con la que puede contar un país no sea previsible en el tiempo y no hay nada que se pueda hacer como para controlar esa situación. Hasta aquí el problema estructural, pero ahora viene la explicación sobre cómo el FMI empeora las cosas: si bien la razón de ser del organismo debiera ser evitar las crisis externas, es el principal impulsor de la liberalización del mercado de capitales, lo que hace que los países queden más vulnerables a las corridas de capitales (como sucede ahora en Argentina).

 Ante eventos externos como una suba de tasas de interés, por ejemplo en Estados Unidos o ante algún hecho que genere desconfianza, los inversores comienzan a retirar sus inversiones y llevarlas a los países con economías más fuertes, generando grandes problemas en las economías de países en desarrollo como Argentina o Ecuador. Entonces, el país debe seguir contrayendo deuda para financiar estas fugas, cuyos intereses se acumulan y los compromisos de pagos se vuelven cada vez más difíciles de cumplir, hasta que terminan en default.

En el proceso, se ajusta más y más el gasto público tratando de erradicar el déficit fiscal por un lado, pero por el otro lado se acumulan los intereses de deuda. Entonces se llega a un punto donde el país ya no puede cumplir con sus obligaciones de deuda y puede terminar en default. Esta es la historia de la mayoría de las crisis que sufrieron los países en desarrollo desde la década de los 70.

Conclusión:

Para hacerla corta, luego de casi 50 años ya deberíamos haber aprendido la lección: recurrir al Fondo Monetario Internacional no nos ayudará a salir de la crisis. Pero para no depender de este organismo, tenemos que aprender a ser ordenados, sobre todo en las épocas de bonanza y resistir a la tentación de incrementar el gasto de manera insostenible. En este sentido, hubo algunos países que lograron superar estos círculos viciosos, entre ellos se encuentra Chile. Para ello, se tuvieron que tomar medidas claras; leyes que obligan al gobierno de turno a cumplir con estricto control del déficit fiscal y también a ahorrar en tiempos de superávit, lo que les permitió encontrar una senda de crecimiento sostenido. 

Como moraleja de esta historia que se repite una y otra vez, hay que saber que es preferible ir más lento en la senda de desarrollo y no retroceder cada 8 o 10 años.

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El frente externo, el único brote verde

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Desde mediados del año pasado se derrumbaron casi todos los indicadores económicos: el consumo interno, la inversión, el gasto público, etc. Sin embargo, hay una variable que mejoró sustancialmente, en parte por el deterioro de las demás: la balanza comercial de bienes.

A modo de ejemplo, mientras que en el primer semestre del 2018 el déficit comercial se agravó en relación a igual período de 2017 (pasó de USD -2.600 millones a USD -4.900 millones), en la segunda mitad del año pasado el rojo se convirtió en un superávit, pasando de USD -5.700 millones a USD +1.000 millones. Asimismo, esta dinámica se repitió en la primera parte de 2019 y el saldo comercial totalizó USD +5.600 millones.

Pese a estas buenas noticias, cabe destacar que la mejora respondió mayormente a un desplome de las importaciones, que roza el 30% i.a. en el acumulado a agosto (último dato disponible), y no a un avance de las exportaciones, que crecieron poco menos de 4% i.a. en los primeros ocho meses del año. En consecuencia, señala la consultora Ecolatina, la recuperación del frente externo es más un subproducto de la crisis que el resultado de una mayor competitividad cambiaria o la apertura de nuevos mercados. Para que estas dos políticas arrojen resultados concretos, será necesario que las mismas sean sostenidas en el tiempo.

Volviendo a los números, dado que la recesión sigue sin encontrar su piso, la mejora del saldo comercial se mantendrá en la segunda mitad del año, y el superávit comercial de bienes rondaría USD 14.000 millones en 2019. Este resultado sería explicado por una importante caída de las importaciones (-22% i.a.), que cerrarían 2019 en la zona de USD 51.000 millones y un tibio avance de las ventas externas (+5% i.a.), que acumularían USD 65.000 millones este año, impulsadas en parte por la baja base de comparación que dejó la sequía de 2018 y los mayores saldos exportables que arroja una demanda interna deprimida.

Más allá de las falencias locales, vale destacar que la mejora del resultado comercial sería aún mayor si la economía brasileña finalmente creciera –sus proyecciones de crecimiento pasaron de 2,5% a comienzos de año a menos de 1% en la última semana- y si nuestros términos de intercambio, es decir, los precios de nuestros productos de exportación respecto de los de importación no estuvieran cayendo (-17% i.a. en el acumulado a agosto) producto de la cosecha récord que apuntaló la oferta internacional de productos oleaginosos y la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que retacea el crecimiento del gigante asiático.

Hacia un superávit récord en 2020, ¿que el pago de la deuda se llevará?

Lamentablemente, el desempeño económico no mejoraría en 2020. A modo de ejemplo, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central arrojó una caída del PBI de 1,5% i.a. Además, pese al control de cambios y la obligatoriedad de liquidar las divisas provenientes de las exportaciones en no más de cinco días hábiles, el dólar cerraría el año próximo en la zona de 90 ARS/USD según el informe. De esta manera, marcaría un avance cercano al 35% en 2020 -conforme al REM, diciembre 2019 terminaría con una divisa en la zona de 65 ARS/USD-, levemente por debajo de la inflación (+40% i.a.).

En consecuencia, el tipo de cambio real permanecería relativamente estable a lo largo del año próximo. Si consideramos los elevados pagos de deuda pública relevante (al sector privado y organismos financieros internacionales) en moneda extranjera que debe afrontar nuestro país en 2020 (USD 25.000 millones, más de 5% de PBI) y que los mercados de crédito permanecerán virtualmente cerrados, esta evolución parece lógica: el peso no se fortalecería, aun en un contexto de importantes restricciones a la demanda de moneda extranjera.

En este marco, proyectamos un superávit comercial cercano a USD 19.000 millones para el año que viene, un récord histórico medido en dólares corrientes. Un resultado positivo de esta magnitud será fundamental por dos motivos. Por un lado, por su impacto tradicional sobre los sectores transables. Por el otro, porque el sector privado aportará dólares frescos para los pagos de deuda que el sector público debe realizar. En consecuencia, si este superávit no se materializara, y no aparecen fuentes de financiamiento alternativas como por ejemplo asistencia china, los pagos de deuda del año próximo deberían reestructurarse. Aunque tampoco puede descartarse un escenario de default con un superávit de 5% del PBI, lo cierto es que sin él sería casi inevitable. 

Al igual que este año, a la mejora del saldo comercial de 2020 se llegaría tanto por una caída de las importaciones (que estimamos no menor al 5% i.a.), que rondarían USD 48.000 millones, como por un avance de las exportaciones (en torno al 3,5% i.a.), que acumularía USD 67.000 millones.

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Las explicaciones detrás de estas dinámicas serían similares a las de 2019: una demanda interna en rojo y un peso depreciado, que impactan negativamente en la coyuntura doméstica pero generan brotes verdes en el frente externo. Por su parte, la economía brasileña podría ayudar (sus proyecciones de crecimiento rondan el 2% i.a.), algo que no sucederá este año, pero la cosecha agropecuaria no repetirá la excelente performance de 2019 ni su base de comparación será baja por la sequía de 2018. Asimismo, por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, más el anémico crecimiento de la economía europea, nuestros términos de intercambio no revertirían el deterioro de este año.

En resumen, en 2020 el frente externo será otra vez una estrella solitaria dentro de una economía argentina golpeada en la mayoría de sus partes. Esperemos que también aporte los dólares necesarios para enfrentar los servicios de deuda relevante y se convierta en nuestro único héroe en este lío.

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Pruebas contundentes

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Ecuador vive un estado de “excepción” para frenar las protestas por el aumento del combustible y el plan de ajuste aplicados por Lenin Moreno en acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Perú vive otra crisis similar, con un vacío de poder y el Congreso anulado por el presidente Martín Vizcarra. Su plan económico es elogiado por el FMI. La economía de Brasil, que sostiene un plan de ajuste tradicional desde el golpe a Dilma Rousseff, cae en paralelo a la imagen positiva de su presidente, Jair Bolsonaro. 

En Argentina hay una porción de cada menú, condimentado por un inédito respaldo del Fondo Monetario Internacional, que prestó 56 mil millones de dólares al presidente Mauricio Macri y ahora le permite utilizar las reservas del Banco Central para cubrir gastos corrientes.

Los programas financiados por el FMI suelen terminar, casi inevitablemente en profundas crisis sociales y económicas. Los planes de austeridad paralizan la economía y dejan a millones al desamparo. La misma receta tiene idénticas consecuencias. 

El resultado económico argentino no tiene nada que envidiar a la región. La pobreza más alta desde fines de la crisis de 2001, inflación descontrolada, un desempleo de dos dígitos y una deuda eterna como herencia para las generaciones futuras

Pero el Presidente ofrece, nuevamente en campaña, la ilusión de un nuevo “segundo semestre”. “Lo que viene será crecimiento, es más trabajo, es cuidar tu sueldo. El futuro va a ser distinto”, promete. “Voy a cambiar lo que haya que cambiar”, insiste, el que, vaya paradoja, llegó hace cuatro años con el eslogan del cambio.  

En Cambiemos, los convencidos creen en esa promesa. Que ahora sí, que sí se puede. Que ya están sentadas las bases para crecer, repiten. Y sugieren que la crisis actual obedece al mal PASO del 11 de agosto y no al desmoronamiento de la economía, que no tiene freno desde hace por lo menos un año y medio, como lo reflejan la industria, el consumo y la construcción. 

“Confiamos en que estabilizada la macroeconomía, los datos de pobreza volverán a bajar, como sucedió en 2017 cuando logramos bajarla de un 32% estimada en 2015 a un 29%, y como venía sucediendo semanas antes de las PASO cuando empezábamos a crecer nuevamente. Lamentablemente la crisis de 2018 nos afectó mucho, y cuando nos estábamos reponiendo, los resultados de las PASO en Agosto pasado, generaron desconfianza y el dólar volvió a subir, provocando subas de precios y problemas económicos al que le estamos haciendo frente”, resumió el radical Luis Pastori, uno de los más enfervorizados defensores del Presidente. 

La culpa es de las Paso, repite. Pero la realidad contradice su insistencia. El 35,4 por ciento de pobreza es un dato del estado de situación del primer semestre. Es decir, la pobreza viene en aumento desde mucho antes de las elecciones y la devaluación tras el fracaso en las primarias no hará más que sumar pobres por la caída de los ingresos. El drama adicional es que el 52,6 por ciento de los niños argentinos está hoy en la pobreza. “Tener a los chicos con malnutrición además de inhumano, es una hipoteca social”, sintetiza el neurocientífico Facundo Manes, ¿ex? Cambiemos.

Las elecciones, reflejan, en última instancia, el resultado de las políticas, pero no son nunca responsables ni de la pobreza ni del desempleo.

Este punto de partida es sobre el cual acepto ser evaluado como presidente: por si pudimos reducir la pobreza en este gobierno“, dijo Macri en 2016. En ese entonces, la pobreza había subido a 32,2 por ciento.  

Ahora, con una pobreza ocho puntos porcentuales más alta que en el primer semestre de 2018, promete que lo que viene será mejor y que sólo necesita más tiempo. Pero las pruebas son contundentes.

La realidad, nuevamente, se empecina en decir lo contrario. 

Durante la sesión en la que se aprobó el presupuesto de Misiones, el presidente de la comisión homónima, Marcelo Rodríguez, expuso varios datos del deterioro de la economía y sus consecuencias. 

Recordó que el presupuesto 2019 fue diseñado con una proyección de una caída del 0,5 por ciento del PBI y una inflación del 23 por ciento, con un dólar a 40,10 pesos y una deuda externa que representaría el 87 por ciento del PBI. 

Lo cierto es que la economía caerá 2,9 por ciento la inflación será como mínimo del 55 por ciento -bastante más del doble doble de la proyección oficial- y el dólar cerrará el año a 65 pesos. Solamente este año hubo una devaluación del 60 por ciento. Si se compara con diciembre de 2015, la depreciación del peso es de 519 por ciento.

La deuda externa, a diciembre de ese año era de 240 mil millones de dólares, con una cotización de 9,73, lo que equivalía a 2,34 billones de pesos y el 52,6 por ciento del PBI. Hoy la deuda equivale a 312.970 millones de dólares, con un dólar a 65 -a fines de diciembre-, lo que representa a 20,34 billones de pesos y el 91 por ciento del PBI. La deuda creció 30 por ciento en dólares y mil por ciento en pesos. 

Rodríguez también cuestionó uno de los pilares del discurso económico del Gobierno nacional: la reducción del déficit. En efecto, el superavit fiscal primario es de 48.260 millones de pesos, pero los intereses de la deuda equivalen a 428.127 millones, lo que arroja un déficit financiero de 379.867 millones, equivalente al 15,8 por ciento. 

Los números desnudan la magnitud de la debacle. Quizás por eso los diputados de la alianza Cambiemos casi que apuraron el trámite para votar el Presupuesto y no pusieron el mínimo reparo a las proyecciones diseñadas por Hugo Passalacqua para el primer año de la gestión de Oscar Herrera Ahuad y Carlos Arce. La Legislatura, liderada por Carlos Rovira convirtió nuevamente a Misiones en la primera provincia en contar con el presupuesto aprobado, herramienta fundamental para el modelo provincial: el eje está puesto en la educación, la salud y el desarrollo económico, además de un refuerzo inédito en las partidas de Desarrollo Social, que se encarga de alimentar comedores comunitarios, nuevamente abarrotados en medio de la crisis que puso a la Argentina en una emergencia alimentaria.

Passalacqua expresó “una profunda gratitud por el acompañamiento permanente del presidente de la Cámara de Diputados, Carlos Rovira, no solamente en la sanción del Presupuesto durante estos cuatro años de Gobierno, sino a través del tratamiento de tantas leyes que son un enorme aporte para quien está en la máxima función del Poder Ejecutivo”. 

El gobernador insistió en que el Presupuesto es “una herramienta fundamental para la gobernabilidad” y que en los cuatro años de su gestión, Misiones fue la primera provincia en contar con dicho instrumento.

El Presupuesto de Misiones en el contexto económico by Juan Carlos Arguello on Scribd

Dos voces llamaron la atención en la noche del jueves. Primero la del diputado de la alianza Cambiemos, Roberto Rocholl, quien pidió que la Provincia construya helipuertos para facilitar el traslado a hospitales de Posadas, Eldorado e Iguazú. “Apuntamos a una mejoría en el sistema de traslado de pacientes, ya que existe la necesidad que esto sea en un breve lapso de tiempo”, sentenció el legislador en una apelación fuera de tiempo. La Provincia tuvo que aumentar la inversión en salud porque el Gobierno nacional dejó de enviar partidas fundamentales, como las destinadas a las vacunas o a sostener el plan médicos comunitarios. 

La otra, sin dudas fue la de Lucas Cácerez, cuya voz y sus proyectos pocas veces se hicieron sentir en la Legislatura. El camporista acusó a la Renovación de ser “cómplice” de medidas antipopulares tomadas por el gobierno de Cambiemos. La apelación del joven legislador sorprendió por lo intempestiva, ya que Alberto Fernández abrazó como aliada fundamental en Misiones a la Renovación. Y abre el interrogante ¿los sectores más intransigentes del peronismo y la Cámpora aceptarán las políticas de consenso que quiera aplicar el casi seguro Presidente? ¿Los diputados del Frente de Todos serán parte de esa intransigencia o serán capaces de un guiño hacia las necesidades de Misiones? En el Gobierno provincial se mostraron sorprendidos por la actitud de Cácerez, ya que se convirtió en diputado en una boleta de la Renovación, lo mismo que Cristina Britez, quien, sin embargo, pocas veces jugó en tándem con la bancada misionerista y en cambio, fue protagonista de varias iniciativas individuales.

La intransigencia de Cácerez contrasta con la apertura exhibida por Alberto y Cristina Fernández. El candidato a presidente sumó por estas horas a Florencio Randazzo y participó del abrazo histórico de la CTA y la CGT, hasta hace poco centrales obreras distanciadas. Y alimentó en el Gobierno provincial la necesidad de fortalecer la campaña por la boleta corta, sumando diputados que respondan al mandato misionerista en vez, nuevamente de ser delegados de la Nación, como lo fueron los diputados de Cambiemos. ¿Si hubiera que reclamar por la compensación histórica a la que se comprometió Fernández, Britez y Héctor “Cacho” Bárbaro respaldarán la demanda o serían émulos de Pastori y su promesa del artículo 10 de la ley Pymes?

En esa línea, Herrera Ahuad pidió el voto de los misioneros para la fórmula de Presidente y Vicepresidente del Frente de Todos, para Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, y la boleta corta con los cuatro candidatos a diputados nacionales de la Renovación, “porque ellos serán la voz de Misiones en el Congreso Nacional”.“Estamos en un tiempo político y juntos vamos a lograrlo todo”.

Lo cierto es que Alberto Fernández está cada hora más cerca de la Presidencia. Una encuesta de Oh Panel anticipa que conseguirá el 52 por ciento de los votos, contra 33 por ciento de Macri-Pichetto, por lo que la elección se resolverá en primera vuelta. Un dato revela la composición del voto entre ambos contendientes: el 80 por ciento de los que votarán a F², lo hará para que “haya más trabajo. El 69 por ciento de los que elige a Macri lo hace para que no gane Cristina Fernández. Otro sondeo, de D’Alessio Irol muestra que el 84 por ciento anticipa que no cambiará su voto de las Primarias.

Encuesta a un mes de las elecciones by Juan Carlos Arguello on Scribd


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¿Salsa portuguesa? ¿Mateada uruguaya? Las opciones para atender la crisis argentina

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No quedan dudas que los resultados de las Primarias en Argentina afectaron de manera importante el día a día de la gente: los debates políticos pasaron a ser un tema de conversación frecuente y muchos piensan que la victoria de Alberto Fernández es casi irreversible. Por el otro lado, el actual oficialismo no se da por vencido y cambió drásticamente de estrategias, pasando de un programa de ajuste a medidas mucho más populistas, pretendiendo aliviar el bolsillo de los votantes. Pero este clima electoral pareciera haber acortado mucho la perspectiva de análisis que se hace de la economía: muchos (la clase política sobre todo) están viendo qué sucede hasta octubre, a lo sumo diciembre. Sin embargo, es importante preguntarnos ¿qué va a pasar con la economía en el mediano plazo? ¿Podrá Argentina superar esta nueva crisis? ¿Cuándo volverá a crecer la economía?

Trataré de poner un poco de claridad sobre el tema y para ello, consideraré algunos dichos al respecto tanto de Macri como de Fernández.

El plan del oficialismo para la economía que se viene:

Luego de la derrota en las PASO, el actual Presidente dijo haber escuchado lo que los argentinos expresaron en las urnas, reconociendo que el ajuste de la economía había sido duro y que había tocado fuerte el bolsillo. Anunció un paquete de medidas económicas mucho más expansivas, como bonos para empleados públicos y privados, quita del IVA a productos de primera necesidad, incrementos en la asistencia social y congelamiento de precios, entre otras. 

Cabe destacar que todas estas medidas son temporales y durarían hasta diciembre, por lo que es necesario preguntarse si son consecuencia de que el equipo económico, luego de un análisis responsable, determinó que es lo más conveniente para recuperar la economía o, si solamente se trata de un estrategia electoral. 

El plan de Fernández para la economía que se viene:

En los últimos días se escuchó hablar a los integrantes del Frente de Todos de una salida “a la Portuguesa” de la crisis económica. Es decir que buscarían solucionar los problemas económicos de Argentina con un plan que tome como  base los lineamientos que utilizó Portugal para salir de la fuerte crisis que sufría en 2011. 

Al respecto, hay que decir que a Portugal le fue bien: la economía lusa viene creciendo ininterrumpidamente desde el 2014 (incluso crece más que el resto de la zona euro), tiene su cuenta corriente y su cuenta fiscal saneada, los salarios crecen y recuperó el acceso al crédito internacional a tasas muy razonables (incluso pudo cancelar sus obligaciones con el FMI de manera anticipada).Pero… ¿cuál fue el costo? Si bien el resultado del plan portugués es muy bueno, no fue sencillo lograrlo. Las medidas económicas aplicadas fueron muy duras, se dan algunos ejemplos en el siguiente cuadro:

Fuente: Elaboración propia en base a datos de Labour Capital Growth.

Una vez conocida las medidas aplicadas en Portugal y el nivel de sacrificio que implicó salir de la crisis, me pregunto si, cuando mencionan la “salida a la portuguesa”, consideran necesario seguir con los ajustes o si, por el contrario, creen que la etapa de ajustes terminó y se comenzará con la segunda fase del plan portugués: la salida del ajuste y el retorno del crecimiento económico.

La respuesta a dicha pregunta debe tener como base un análisis profundo de las variables macroeconómicas del país pero también se debe considerar la situación socioeconómica del ciudadano y las marcadas diferencias de la economía portuguesa respecto de la argentina. Sobre todo en los ajustes salariales, considerando que Portugal se encuentra dentro de la Zona Euro donde existe “libre movilidad de factores”, es decir, que los portugueses tenían la opción de moverse libremente a otros países de la zona para establecerse y trabajar, mientras que los argentinos no tienen dicha oportunidad.

Como última observación, pero no por ello menos importante, cuando se analizan las dos etapas del plan portugués (tanto el ajuste como la salida del ajuste) se puede apreciar una gran responsabilidad por parte de la cúpula política. Los ajustes se implementaron sobre toda la población, evitando la bicicleta financiera donde algunos se enriquecían mientras la mayoría empobrecía. Del mismo modo, cuando se comenzó a salir del ajuste, se tomaron medidas de forma racional, manteniendo las variables económicas en equilibrio y no aumentando el gasto público de manera insostenible.La otra alternativa que evalúa Fernández es replicar el modelo uruguayo de refinanciación de la deuda externa. En forma “amistosa”, Uruguay postergó vencimientos sin quita de capital, pero la deuda renegociada era de 11 mil millones de dólares y reestructuró el 40 por ciento del total. La deuda externa argentina es hoy de  US$ 283.567 millones.

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