dólares

Agujero sin fin: la economía cayó 6,8 por ciento en marzo

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Tras dos meses con una tenue recuperación, en marzo la serie original del estimador mensual de actividad económica (EMAE) cayó 6,8% respecto al mismo mes de 2018 y acumula una baja de 5,7 por ciento en lo que va del año. Respecto del mes de febrero, la serie original con estacionalidad registró un nivel 9,4% más alto. En tanto, la evolución del EMAE desestacionalizado mostró en marzo una contracción de 1,3%. La serie tendencia-ciclo se retrajo 0,1% respecto al mes anterior.
Las ramas de actividad con mayor incidencia en la contracción interanual del EMAE en marzo de 2019 son “Industria manufacturera” y “Comercio mayorista, minorista y reparaciones”. En contraposición, “Agricultura, ganadería, caza y silvicultura” es el sector con mayor incidencia positiva.

No obstante, señala la consultora Ecolatina, lo más relevante es que la actividad también cedió en la medición desestacionalizada, marcando una contracción de 1,3% respecto a febrero. De esta manera, borró el crecimiento acumulado en los últimos tres meses y ubicó al nivel de actividad en el mínimo desde mayo de 2012. En consecuencia, la economía se contrajo 5,7% i.a. durante el primer trimestre del año e incluso retrocedió en términos desestacionalizados (-0,2%) en relación a los últimos tres meses de 2018.

En lo que respecta a los sectores, el primer trimestre del año mostró una marcada contracción en el Comercio (-12,8% i.a.), la Intermediación Financiera (-11,5% i.a.) y la Industria (-10,6% i.a.). Los dos primeros contribuyeron a un mayor deterioro en la provisión de Servicios (-6,4% i.a.), a la vez que el sector industrial traccionó la caída en la producción de Bienes (-5,1% i.a.). Estos últimos, contaron con el aumento de 8,8% i.a. del sector Agropecuario, el único sector de relevancia que exhibió un crecimiento. De hecho el PBI sin Agro cayó 6,5% i.a. a lo largo de los primeros tres meses del año.

¿A qué responde esta dinámica?

El verano cambiario y financiero por el que transitó la economía durante el primer bimestre del año permitió que la actividad se pusiera lentamente en movimiento gracias a una menor incertidumbre que desaceleró la caída del consumo. A ello se sumó el incremento de las exportaciones y avance de la cosecha agrícola. Sin embargo, con la entrada del otoño los brotes verdes se secaron: en marzo, volvió la volatilidad cambiaria, la inflación se aceleró (alcanzó 4,7% en el mes) y la tasa de interés de referencia trepó a casi 70% a fin de mes, colocando nuevamente a la economía en un sendero recesivo. Por caso, según datos de Kantar Worldpanel el consumo se desplomó 11% i.a. en el tercer mes del año (la mayor caída mensual desde 2002).

Uno de los factores que explica el deterioro del consumo es la lenta desaceleración de la caída del salario real. Tras la corrida cambiaria y la aceleración de la inflación, el poder adquisitivo de los salarios cayó 12,3% i.a. promedio entre septiembre y diciembre del año pasado, y luego retrocedió casi 11% i.a. durante enero y marzo. Más aún, si consideramos que en los primeros meses del año hubo un encarecimiento relativo de los Servicios Públicos y educativos, erogaciones prácticamente ineludibles, y que persistió un elevado costo del financiamiento que incentivó a pagar deudas (el saldo de la tarjeta de crédito, por ejemplo), el deterioro del ingreso disponible para consumo es incluso mucho mayor.

¿Qué esperamos para los próximos meses?

Para el segundo trimestre, esperamos que la actividad muestre una mejora a partir de la materialización de una cosecha récord: la producción de maíz alcanzaría las 56 millones de toneladas, lo que se traduce en un incremento de casi 29% respecto la campaña anterior, y la soja, con 55,9 millones de toneladas, aumentaría su producción un 48%. Si a ello se suma una buena campaña en el trigo (+5%) y el girasol (+8%), la producción de los principales cuatro cultivos (concentran casi el 93% de la producción agrícola del país) crecería alrededor del 31%. Suponiendo además que los sectores ganaderos y lácteos logran una mayor estabilidad a raíz de mayores exportaciones que compensen la caída del consumo interno, el sector agropecuario podría hacer que en el segundo trimestre el PBI marqué incluso un crecimiento marginal en la comparación interanual.

Sin embargo, pese a que el cambio en el esquema de intervención en el mercado cambiario redujo las expectativas de devaluación y con ello, la de inflación para los próximos meses, la lenta recuperación del salario real no permitirá que un mayor consumo de bienes y servicios traccione lo suficiente para contribuir a un despegue sostenido de la economía.

Por otro lado, hay dos factores negativos que permanecen intactos: política de tasas altas e incertidumbre política. Ambos atravesarán el plano económico durante todo el año, afectando las decisiones de inversión y de gasto de los agentes. Por lo tanto, el shock positivo del campo se diluirá y la actividad tendrá dificultades para continuar la eventual recuperación en la segunda mitad del año.   

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Ojo con los stop (yo los conozco)

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Lo que parecía a partir del año 2003 como un ingreso al interminable sendero del crecimiento a tasas chinas se vio truncado en el año 2009 con una brutal caída del 5,9 % para recuperarse rápidamente hasta estancarse desde el año 2013 en su famoso ciclo de “stop and go” que nos viene acompañando desde la década del 50.

 
¿Qué es el Stop and go? Como se observa en el gráfico, es donde después de mostrar crecimiento la economía argentina presentaba una caída al año siguiente; últimamente se le llamaba también la maldición de los años pares. Según los autores que estudian este fenómeno argentino ocurre simplificadamente de la siguiente manera:
Sector primario: Argentina es un país productor y exportador de materias primas, con esto no hay problemas porque traen dólares, lo que hoy es la soja antes era el trigo y la carne y una buena cosecha y buenos precios internacionales generan muchos dólares para el país.
Sector industrial: en cambio la industria es pequeña salvo excepciones como la automotriz pero que tienen un mismo denominador: quieren expandirse y para eso necesitan dólares para comprar maquinaria en el exterior, entonces compran los dólares que generó el campo para comprar sus insumos.
Entonces que ocurre: cuando los dólares que compra el sector industrial son mayores a los que produce el sector primario se entra en lo que se conoce como la restricción externa, que es la falta de dólares para seguir comprando en el exterior; ahí se frena la actividad hasta que los dólares del agro vuelven a ser suficientes para reactivar la economía.
El argumento es injusto ya que acusa al desarrollo industrial de las crisis recurrentes que tenemos en el país cuando también debemos tener en cuenta los dólares que se demandan para: ahorro argentino ( poner abajo del colchón ), viajes al exterior, y pago de intereses de deuda entre los principales. Pero aunque no explique todo, una parte de los dólares si se los lleva el desarrollo industrial y cuando faltan se nota el freno en la actividad.
Las explicaciones del stop and go son muchísimas, y muchas encontradas, lo único cierto es que ocurre en la Argentina y cada vez más seguido; se ve en los números y en la situación de la población.
Conclusión: por este circulo vicioso es que entre otras cosa pasamos de ser el primero al tercer país en términos de PBI per cápita de la región y seguimos descendiendo: ver https://economis.com.ar/que-le-preguntaria-a-un-candidato-a-presidente/
El otro stop:
Y quizás el más complicado el sudden stop; “Un sudden stop es una situación donde hay una caída violenta en la entrada de capitales a un país, que lo fuerza a realizar un ajuste interno rápido y de magnitud significativa” (Calvo 2001). Las consecuencias directas de este fenómeno, serán una caída en la inversión, la depreciación de la moneda, la caída de los salarios reales y, por ende, la caída del consumo.  
Los memoriosos de la década del 90 recordarán que todo iba bárbaro hasta que estalló el efecto tequila en el 94, también ahí aparece el FMI poniendo mucha plata para salvar la convertibilidad y cuando todo parecía reordenarse aparece la crisis asiática y luego la crisis rusa que se terminaron llevando puesta poco tiempo después la convertibilidad, la Alianza y por poco todo el país.
Primera lección: y según varios estudios los países con tipo de cambio fijo tienden a crecer menos y son más vulnerables a este fenómeno. Esta lección va para tener en cuenta a los que con cierta razón dicen “con la convertibilidad no teníamos inflación”, es cierto, pero nos expone a cosas complicadas, después no digan que no se advirtió.
Segunda lección: revisando la bibliografía encontramos que para que este fenómeno se revierta EEUU debería inundar de dólares el mundo como lo hizo después de 2009 para salir de la crisis subprime, o que suba el precio de la soja, entre otras cosas que exportamos, para tener un superávit comercial con el resto del mundo y  suplir la falta de capitales externos. Ninguna de las dos cosas tienen mucha probabilidad de ocurrencia (no quiere decir que no pase o que no deseáramos que pase pero las probabilidades reales son bajas).
Mirando los datos oficiales nos encontramos con que según el banco central el año pasado de fugaron 27.230 millones de dólares, esto equivale a más de la mitad del acuerdo con el FMI, del cual ya queda poco para desembolsar, ¿y si este año termina peor?….
Según el autor citado (Guillermo Calvo Argentino y profesor de la Universidad de Columbia) no quedan dudas que Argentina está atravesando un sudden stop, esto implica que la única fuente de dólares que tenemos es el FMI, por lo que si no se logra salir del proceso el ajuste puede ser brutal en términos reales (algo así como que la inflación le vuelva a ganar a los salarios en un 20 %, el año pasado le ganó en un 12 %)
En fin no son ocho, son dos los stop y no los soporto.

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La resistencia a la crisis: en Misiones hay más empresas pero menos empleo

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La utilización de la capacidad instalada en la industria (UCII) anotó en marzo una nueva caída en términos interanuales, al retroceder 3,9 puntos porcentuales al 57,5%, informó ayer el INDEC. Pero además, el indicador cayó contra febrero en 0,8 p.p., ante una nueva aceleración de la inflación y una mayor presión del tipo de cambio, que atentaron contra la actividad manufacturera. Vale recordar que en el mes, la producción industrial se contrajo un 13,4% interanual y un 4,3% desestacionalizado, de acuerdo con el organismo estadístico.
Los malos datos de marzo refutaron la teoría del oficialismo de que la economía estaba comenzando a recuperarse, tras tocar piso en noviembre.
El impacto de la recesión se extiende a todo el país y Misiones no es la excepción.
Sin embargo, la economía misionera es una de las pocas que está resistiendo a la crisis. Aumentó levemente la recaudación de impuestos y se crearon en el primer trimestre, dos empresas más que en el mismo período de 2018. En enero ninguna, en febrero tres y en marzo trece, contra catorce del año pasado.
Pero más empresas no se traduce en más empleo. Hay una caída de 2,1 por ciento en el primer bimestre y en números, son 4294 empleos menos que en el mismo período del año pasado, según los datos de la Afip.

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¿Cómo se soluciona la pulseada tasa de interés y dólar?

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Por Gustavo Reyes. Desde el lanzamiento del plan para frenar el “ACV” que sufrió la economía entre el II y III trimestre del año pasado, el BCRA ha modificado progresivamente su regla monetaria – cambiaria. 1 Estos cambios (ver Cuadro 1) han profundizado la dureza de la política monetaria y habilitado el uso de mayores municiones para frenar las presiones sobre el dólar.
Las sucesivas modificaciones de la regla de la política monetaria – cambiaria han obedecido claramente al escaso éxito alcanzado, hasta ahora, para contener la inflación y las presiones cambiarias. Estas presiones se originan en gran parte de un complicado círculo vicioso que resulta difícil de romper en la presente coyuntura política (a 6 meses de las elecciones presidenciales).
El círculo vicioso mencionado anteriormente se alimenta tanto de problemas económicos (coyunturales y estructurales) como de una enorme incertidumbre sobre el rumbo que seguirán las autoridades que emerjan del proceso eleccionario. Entre los problemas económicos puede citarse al financiamiento futuro de las cuentas públicas (aún alcanzando el equilibrio del déficit primario se requieren recursos para el pago de los servicios de la deuda), el creciente endeudamiento del BCRA (Leliq) requerido para cumplir con su meta de 0 emisión monetaria y la cada vez más difícil concreción de las reformas estructurales que necesita la economía para su buen funcionamiento (laboral, previsional, impositiva y de coparticipación de impuestos, apertura de la economía). La difícil solución a estos problemas se potencia con los posibles cambios bruscos en las reglas de juego económicas que pueden acontecer en el panorama post-elecciones (temor al retorno de controles cambiarios, mayores regulaciones al sector exportador, relación con los organismos internacionales de crédito, reestructuración forzosa de la deuda, etc.).
En la economía cotidiana, esta incertidumbre y los problemas citados se reflejan en una menor demanda de dinero doméstico por parte de los agentes económicos. La caída en los deseos de la gente de mantener dinero genera un excedente de pesos que se produce a pesar del sobre-cumplimiento de la regla de emisión nula de Base Monetaria del Banco Central2 . Este exceso de pesos presiona tanto al mercado cambiario como a la inflación y el BCRA para evitar esto, trata de reducirlo emitiendo más letras Leliq (absorbe pesos). El mayor stock de Leliq presiona al alza a las tasas de interés y esto a su vez, aumenta nuevamente el stock de dicha deuda del Banco Central en forma automática (la amortización de estas letras se realiza mediante su renovación cada 7 días). El aumento de la deuda remunerada de la autoridad monetaria vuelve más inestable el cumplimiento futuro del compromiso de emisión cero de Base Monetaria y esto, lógicamente, hace caer nuevamente la demanda de pesos. Esta dinámica junto con los problemas comentados anteriormente, retroalimentan el círculo vicioso de altas tasas de interés y presiones sobre el mercado cambiario.

La pulseada entre las tasas de interés y el dólar
Si bien en los primeros meses del plan esta pulseada desapareció (relativa calma en la cotización del dólar junto con una caída en las tasas de interés), a partir de febrero las presiones sobre el dólar se intensificaron y como puede observarse en el gráfico, el aumento en las tasas de interés no pudo calmar totalmente la dinámica del precio de la divisa.
¿Por qué son altas las tasas de interés?
El nivel de las tasas de interés tiene componentes domésticos y externos. Entre los últimos hay dos que son fundamentales: la tasa de interés internacional y la prima de riesgo (promedio) de los países emergentes.
Dentro de los factores internos, también hay también dos que resultan clave: el sobre riesgo que deben pagar los bonos argentinos y la tasa de depreciación esperada del peso . Tomado como base 100 el día previo al inicio del plan (26 de setiembre de 2018), se puede observar que los principales componentes externos que afectan a la tasa de interés no han cambiado sustancialmente: subió un poco la prima de riesgo promedio de países emergentes pero bajó más la tasa de interés internacional.
No ocurre lo mismo con los factores domésticos: el sobre riesgo de Argentina prácticamente se duplicó y las expectativas de depreciación, que habían bajado en los primeros meses del año, volvieron a subir en los últimos meses situándose en niveles similares al de las primeras semanas del plan. 

De esta forma, el aumento de las tasas de interés en los últimos meses responde mucho más a factores domésticos que externos y los mismos están claramente relacionados al círculo vicioso que se explicaba anteriormente.
¿Cómo se frena la espiral de altas tasas de interés y presiones cambiarias?
¿Qué nos enseña la experiencia histórica? La economía de Argentina ha tenido numerosos episodios en su historia contemporánea donde las tasas de interés también han tratado de calmar las presiones sobre el dólar. En algunos de estos casos la economía terminó prácticamente explotando pero en otros, la explosión pudo ser evitada. Dentro del primer grupo, se encuentran los ejemplos de la salida de la Tablita de Martínez de Hoz, del final del Plan Primavera (terminó en hiperinflación) y del último año del Plan de Convertibilidad (que desembocó en un corralito y luego en una fuertísima devaluación). Si bien en todos los casos se podrían encontrar importantes diferencias, la similitud es que en todos estos episodios, las mayores tasas calmaron al tipo de cambio solamente en forma temporal pero luego la economía terminó en una gran crisis.
En los casos donde la explosión económica logró ser evitada, en todos ellos se produjo la implementación de algún plan específico que frenara el proceso. Ejemplos de estos planes que abortaron los colapsos pueden encontrarse tanto con sistemas cambiarios flexibles como rígidos. Como ejemplo del primer caso puede citarse al denominado Plan Bonex a fines del año 1989 que, con una drástica sustitución forzosa de bonos y plazos fijos produjo una fuerte contracción monetaria y cortó el círculo vicioso entre tasas de interés y presiones cambiarias.
¿Qué podemos esperar? El hecho que solamente resten 6 meses para las elecciones presidenciales es sin duda una enorme restricción para que el actual gobierno lance un plan que corte definitivamente este proceso (no puede asegurar que va a seguir en sus funciones para terminar de ejecutarlo). Solamente podría lanzar un plan en el hipotético caso que el actual gobierno registre una eventual importante victoria en las elecciones primarias (las “paso” – durante el mes de agosto), pero dadas las actuales encuestas, esta opción por ahora no resulta la más probable.
Por estos motivos, el Banco Central en los últimos meses ha tomado medidas para reforzar la dureza de su política monetaria (reducir la demanda de dólares) y ha negociado con el Fondo Monetario la forma de estar habilitado para aumentar la oferta de dólares lo más posible en la medida que las turbulencias cambiarias lo requieran.
De esta forma, dadas las restricciones presentadas por el cronograma electoral, el escenario más probable es que de acá a las elecciones la economía probablemente continuará con la peligrosa puja entre las altas tasas de interés y las presiones cambiarias. El nuevo gobierno, inexorablemente deberá lanzar un plan específico que apunte a solucionar los problemas antes mencionados y eliminar el círculo vicioso en el que se encuentra actualmente la economía.
 

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Perdedores del modelo: análisis del poder adquisitivo de las jubilaciones en 2018 y 2019

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Desde el 2008, las jubilaciones y pensiones tenían por ley, un incremento garantizado dos veces por año, en marzo y septiembre, en base a un coeficiente que promediaba la variación de salarios de la economía con la variación de la recaudación tributaria semestral con un rezago de 6 a 12 meses.
A finales de 2017 el Gobierno propuso y logró la aprobación legislativa del cambio en la ley de movilidad jubilatoria. Esta nueva ley de actualización jubilatoria impuso una serie de modificaciones:
 El coeficiente de actualización pasa a estar compuesto un 70% por la variación del IPC oficial y un 30% la variación de los salarios. Asimismo, se pasa de 2 a 4 actualizaciones anuales.
 Se asegura, para los jubilados con al menos 30 años de aporte, que el haber no será inferior al 82% del salario mínimo vital y móvil (SMVM).
 Se otorga un bono por única vez en marzo, de $750 para jubilados con ingresos menores a $10.000 siempre y cuando se hayan jubilado con la cantidad de años de aportes exigidos. El resto, básicamente los jubilados por moratoria, recibirán un bono de $375. Los beneficiarios de AUH percibirán $400.
En la práctica, esta nueva fórmula para la actualización de haberes tiene importantes efectos en dos sentidos. Por un lado, la consolidación de la pérdida en el poder adquisitivo de las jubilaciones experimentada durante los dos primeros años de la gestión de Cambiemos.
Por otro, sumado a otras medidas en torno al sistema previsional como la eliminación de la moratoria jubilatoria, la consolidación del quiebre de un sistema jubilatorio inclusivo, donde no todos los adultos mayores pueden aspirar a los mismos derechos, sino que consolida un esquema de jubilados de primera y de segunda.

La movilidad para la jubilación en marzo de 2019 alcanza 11,83%, mientras que según el mismo calculo, la actualización jubilatoria en junio llega a 10,74%.
Los datos de marzo coinciden con los valores inflacionarios del primer trimestre de 2019, que alcanzó 11,83%. Esto da por tierra las menciones del Gobierno de la recuperación del poder adquisitivo de las jubilaciones en este periodo.
Como mencionó CEPA en varias oportunidades, la recuperación del poder adquisitivo dependía de la reducción de la inflación, cosa que en virtud de los datos actuales, no se produjo. Resulta particularmente relevante el análisis de los índices de este año. Como se mencionó, la movilidad se conforma con 70% de variación de precios, y el restante 30% en relación a la variación de los salarios según el RIPTE.
Lo que se observa, es que, durante 2019, la inflación considerada para la movilidad (julio a diciembre 2018) habrá alcanzado un 27,24%, mientras que el RIPTE ascendió a solo 16,02%, lo que deriva en un aumento acumulado de las jubilaciones de 23,84%.
Es decir, la “fórmula Pichetto”1 , que incluyó la variación salarial, perjudicó a los jubilados en casi 3,5 puntos. Como mencionamos en otras oportunidades, esto debió haberse subsanado indicando que se utilizaría el mayor de los valores entre la fórmula prevista o la inflación.
En ambas actualizaciones es posible distinguir que son los salarios los que varían por debajo de la inflación. Si la movilidad se hubiese actualizado por inflación exclusivamente, las movilidades hubiesen alcanzado 14,11% y 11,51% en marzo y junio. En definitiva, en el semestre, la inclusión del RIPTE en la fórmula hizo perder a los jubilados $1.584 en los seis meses de vigencia.


A la vez es posible distinguir que el promedio del año, de todas formas, queda por debajo del promedio de 2018. El punto de cierre (diciembre de 2019) es aun 12% menor al promedio 2015.
 
La previsión en diciembre de 2018, considerando el REM BCRA, era una recuperación del poder adquisitivo de las jubilaciones de 7,4% pero según las estimaciones a mayo de 2019 en el mejor de los casos sólo podría recuperarse 0,4%. Adicionalmente, la recuperación del poder adquisitivo hacia el segundo semestre sucede siempre y cuando los precios varíen según las expectativas del REM BCRA, que son decrecientes en el tiempo, y donde la inflación del segundo semestre de 2019 se prevé sensiblemente menor a la del primer semestre de 2019 (14% contra 23%). Pero ¿qué sucedería si en el segundo semestre de este año la inflación fuese mayor a la prevista en las expectativas? Si se estimase una inflación anual del 50%, entonces la recuperación no sería tal, quedando las jubilaciones en la misma posición en el primer semestre (inflación y movilidad de 24%) y con una leve recuperación en el segundo (24% de movilidad contra 21% de inflación). Es importante mencionar que en el ejercicio planteado los salarios aumentan en línea con la inflación. Si estos se mueven por debajo del índice de precios, afectarían entonces negativamente la pendiente de la curva de jubilaciones reales.

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