Ecolatina

Para Ecolatina el país está “a un paso de cumplir la meta de déficit primario de 2018”

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Un informe privado de la consultora Ecolatina muestra que las proyecciones de la política fiscal de este año quedarán por debajo del 2,7% del PBI. También muestran las proyecciones para el 2019
¿Cómo fue el resultado fiscal de noviembre?
En el anteúltimo mes del año, el déficit fiscal primario del Sector Público Nacional alcanzó ARS 34.000 millones, incrementándose 14% i.a. (-23% i.a. en términos reales). Así, es la primera vez desde diciembre de 2017 –cuando se adelantaron gastos correspondientes a 2018- que el resultado primario empeora nominalmente respecto al mismo mes del año previo.
De esta manera, el resultado primario acumula un rojo de ARS 204.000 millones restando un mes para el cierre del ejercicio. En términos del Producto, implica un déficit de 1,5% PBI vs 2,7% PBI en los primeros 11 meses del año pasado. Incluyendo los gastos del Programa de Inversiones Prioritarias (PIP), como establece la metodología de seguimiento de las cuentas fiscales del FMI, el rojo primario se eleva a 1,7% del PBI, encaminándose al cumplimiento de la meta acordada para 2018 (-2,7% del PBI).
Asimismo, el rojo financiero rozó los ARS 73.000 millones, trepando 58% i.a. (+7% i.a. en términos reales), producto de un fortísimo incremento del pago de intereses (+139% i.a.). En el acumulado del año, el resultado financiero llega a un rojo de ARS 535.000 millones, equivalente a un déficit de 3,9% del PBI (-4,1% considerando gastos en PIP).
¿Cuál fue el motivo del deterioro?
El gasto primario creció sólo 32% i.a. retrocediendo 11% i.a. en términos reales (descontada la inflación). Asimismo, los ingresos redujeron su ritmo de expansión (+35% i.a.) exhibiendo una caída de 9% i.a. en términos reales, tras haber empardado a la inflación en octubre.
Analizando en términos reales las erogaciones se observa que: los subsidios treparon 36% i.a. (los energéticos se duplicaron); los gastos de capital avanzaron 13% i.a. (por segunda vez consecutiva, luego de 14 meses de caída); y las prestaciones sociales se derrumbaron 18% i.a.
Asimismo, en términos reales la mayoría de los ingresos se contrajeron. Las excepciones fueron: derechos de exportación (+131% i.a) por el nuevo esquema de retenciones y el salto cambiario; rentas de la propiedad (+68% i.a.) por la prefinanciación del programa financiero; y el impuesto a los créditos y débitos (+20% i.a.). Como novedad, se observa que la recaudación del IVA revirtió su signo: por la reducción de alícuotas a las importaciones y la caída de las ventas, este tributo cayó 13% i.a. Por su parte, los aportes y contribuciones a la seguridad social continúan en franco retroceso (-16% i.a.) por la reforma impositiva y la retracción de los salarios formales. Por último, los impuestos a los Bienes Personales y a las Ganancias también siguen cayendo (-68% i.a. y -27% i.a. en términos reales).
¿Cuál es la perspectiva para 2019?
De cara al año próximo, proyectamos que los impuestos a las exportaciones dinamizarán los ingresos tributarios, de la mano de una mayor competitividad cambiaria y la ampliación de las retenciones al resto de los bienes y a los servicios. Al mismo tiempo, la transferencia de parte de los subsidios económicos a las provincias alivianará las cuentas del Tesoro Nacional y el recorte en obra pública reducirá el peso del gasto primario en la economía.
Sin embargo, producto de un nivel de actividad por debajo de lo presupuestado y un posible aumento de la informalidad, será difícil alcanzar el equilibrio primario en 2019.
Además, el pago de intereses seguirá creciendo el año que viene: se ubicaría en torno a 3,5% del PBI y tendrá un peso creciente sobre el presupuesto, pudiendo alcanzar casi 15% de la Recaudación Nacional.

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Por la recesión en noviembre se desaceleró la inflación, ¿cuál es la expectativa para lo que sigue?

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En noviembre, el IPC Nacional del INDEC registró un alza de 3,2% mensual. Pese a superar el 3%, la inflación se desaceleró significativamente en comparación con el bimestre septiembre-octubre, cuando promedió 6% mensual. Esta dinámica respondió a la reciente estabilización del dólar y la dilución del efecto del salto cambiario de fines de agosto (que termina siendo relativamente acotado producto de la fuerte caída de ventas), junto con un menor incremento de Precios Regulados (subieron sólo 2,8%, impulsados por aumentos en transporte). Por su parte, la inflación núcleo -que contiene los precios que no se comportan estacionalmente ni son regulados por el Estado o con una elevada carga impositiva- fue de 3,3% en el mes, desacelerándose respecto al 6,1% promedio del bimestre anterior.
De esta forma, la inflación acumula 43,9% en once meses y alcanzó una variación interanual de 48,5%. Si bien el Nivel General de precios marca una importante alza, no todos los precios subieron lo mismo. Por lo tanto, es relevante analizar la dinámica desagregada en pos de comprender su impacto sobre el resto de las variables macroeconómicas.
¿Cómo fue el movimiento de precios relativos?
Las variables nominales de la economía argentina fueron afectadas durante 2018 por un salto cambiario de más del 100%. Considerando la importancia del dólar en la formación de precios, la fuerte depreciación sufrida aceleró el proceso inflacionario. Este driver provocó que los precios de los bienes y servicios transables (que se comercian internacionalmente) crecieran por encima del resto, puesto que dependen sensiblemente del tipo de cambio. Dado que la mayoría de los bienes relevados en el IPC se comercializan internacionalmente mientras que la mayoría de los servicios no son transables. Es por ello, que en los primeros once meses del año los bienes aumentaron 10 p.p. más que los servicios: mientras que los primeros acumularon una suba de 47,7%, los servicios treparon 37,7%. Esta brecha es aún más marcada si tomamos en cuenta la suba de precios de los bienes vs. los servicios privados (mayormente no transables). Según el IPC GBA Ecolatina, la suba de precios acumulada en lo que va del año alcanza 47% para los bienes y 27% para los servicios privados. Por último, en un contexto de ajuste fiscal y elevada proporción de costos dolarizados en la provisión de luz, gas, agua y transporte público, no sorprende que el precio de los servicios públicos hayan trepado más que los bienes.

Por su parte, los precios de alimentos y bebidas escalaron 48,6% en los primeros once meses de 2018, superando ampliamente a la evolución del Nivel General y, por lo tanto, encareciéndose en términos relativos. Este rubro, que afecta principalmente a los sectores de menos recursos, lleva siete meses consecutivos de alza por encima del Nivel General. Si a esto le sumamos que los ingresos de las familias (salarios, changas y planes sociales) treparon mucho menos que la línea de indigencia (CBA) y pobreza (CBT), se entiende porque empeoraron los indicadores socio-económicos.
¿Cuál es la perspectiva para lo que sigue?
El reacomodamiento de precios relativos será un factor inflacionario en los próximos meses, ya que hay variables que quedaron nominalmente rezagadas frente al resto y pujarán por recuperar el terreno perdido (en la medida en que la demanda se los permita). Por lo tanto, aun cuando el tipo de cambio permanezca contenido, la inflación persistirá elevada, en este caso por motivos inerciales.
En ese contexto, estimamos que en el último mes del año los precios avanzarán en torno a 3%, finalizando el 2018 con una inflación de alrededor de 48% i.a. Así, diciembre podría ser el primer mes desde abril 2018 (cuando comenzaron las turbulencias cambiarias) en que la variación de precios sea menor a la registrada en igual mes de 2017 (+3,1%).
Sin embargo, esto no implica una “relajación” en la dinámica inflacionaria: el comienzo de 2019 será agitado. En primer lugar, porque los trabajadores intentarán recomponer el poder adquisitivo perdido este año. Además, se observarán incrementos ya pautados en los precios regulados (agua en enero, electricidad en febrero, subte en el primer bimestre y gas en abril, además de subas en combustibles). En consecuencia, aunque no haya saltos en el frente cambiario, la inflación promediaría 2,5% en el primer cuatrimestre del año próximo.

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Se acabó lo que se daba: la venta de electrodomésticos se desplomó

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Un informe de la consultora EcoLatina muestra la evolución de las ventas de la “línea blanca”-
¿Qué nos dicen los últimos datos?
Luego de crecer por seis trimestres consecutivos, el volumen de venta de electrodomésticos quebró su tendencia y marcó en el tercer trimestre de 2018 una caída del 22% i.a. Según los datos publicados por el INDEC, la facturación (en términos nominales) de los centros de compras especializados creció 5% i.a. en dicho periodo, pero los precios del rubro, medido por el IPC-GBA Ecolatina, se incrementaron en promedio 38% i.a., lo que deja la facturación real claramente en terreno negativo (-22% i.a.).
¿Qué factores explican la fuerte caída de las ventas?
Existen dos razones. La primera, es que en el tercer trimestre de 2018 ya no se encuentra presente el “efecto mundialista”, motor de crecimiento de las ventas de televisores en la primera parte del 2018. En esta línea, hasta junio la facturación en términos reales del rubro televisores, video y fotografía marcaba un aumento de 75% i.a., mientras que el resto de los rubros en conjunto exhibía un incremento de sólo 6,4% i.a. En el tercer trimestre, la caída fue generalizada: el volumen de los primeros cayó 32% i.a., mientras que los segundos retrocedieron 20% i.a.
La segunda razón, es el nuevo contexto macroeconómico. La fuerte devaluación del Peso argentino y el encarecimiento –inclusive la desaparición- del crédito, hicieron que se desplome la demanda de electrodomésticos. En este sentido, el salto en cotización del dólar, redujo el poder adquisitivo en moneda dura, desalentando la compra de bienes durables, pero también aceleró la inflación, deteriorando al mismo tiempo el poder adquisitivo en pesos. Particularmente, en septiembre, cuando el dólar perforó los 40AR$ y la incertidumbre reinaba en los mercados, la facturación del sector experimentó una caída nominal del 1,8% i.a., siendo que los precios del sector treparon más del 50% i.a. De manera adicional, tras el salto cambiario, los electrodomésticos y artículos del hogar se encarecieron respecto al resto de bienes de la economía: en el bimestre septiembre-octubre el Nivel General de Precios creció 12,7%, mientras que los precios del rubro lo hicieron 24%.
¿Cuáles son las perspectivas?
Las perspectivas para el sector no son alentadoras. Esperamos que la caída en la venta de electrodomésticos se profundice en el último trimestre de 2018 y, que las mismas no muestren mejoras significativas durante 2019. Los salarios en pesos exhibirían crecimiento en términos reales recién a mediados del año que viene y la mejora no sería suficiente para compensar lo perdido durante 2018. Por lo cual, frente a la necesidad de recomponer consumo de bienes considerados de mayor necesidad que los bienes durables, la compra de electrodomésticos seguiría relegada en 2019. Asimismo, aunque se prevé una baja significativa de la tasa de interés, la misma continuará en niveles elevados, dificultando el acceso al financiamiento, herramienta clave del sector. Por último, no esperamos un abaratamiento relativo de los electrodomésticos que impulse las ventas, dado que prevemos que el tipo de cambio se mueva en línea con la inflación (el precio de los electrodomésticos está atado al dólar debido al alto componente importado del sector). De esta forma, hasta tanto la economía muestre mayor estabilidad, el costo de financiamiento se reduzca a niveles accesibles y los salarios se fortalezcan, las ventas del sector no mostrarían una recuperación.

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Recesión: La caída del salario real dificultará una rápida recuperación

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La consultora Ecolatina analizó los datos del EMAE y mostró como se profundiza la recesión en el país y cuales son las causas. Además anticipa que la caída del salario real dificultará una rápida recuperación
¿Cuánto cayó la actividad económica en septiembre?
En septiembre 2018, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) retrocedió 5,8% i.a. y cayó 1,9% en términos desestacionalizados respecto de agosto. En consecuencia, acumula una caída de 1,5% i.a. en lo que va del año. La contracción interanual registrada en septiembre fue liderada por Comercio (-12,8% i.a.) y por Industria (-10,8% i.a.), que conjuntamente explicaron casi la mitad de la caída. El primero impactó en la producción agregada de Servicios (-3,9% i.a.) y el segundo en la de Bienes (-6,6% i.a.). Con el dato de septiembre, estimamos que el PBI cayó 3,5% i.a. en el tercer trimestre del año y retrocedió 0,4% desestacionalizado respecto al segundo trimestre.
¿Qué factores están detrás de esta dinámica?
Disipado el impacto negativo de la sequía (el sector agropecuario creció 2,2% i.a. en septiembre), la contracción económica responde fundamentalmente a dos factores: el aumento del tipo de cambio y la aceleración de la inflación. La consecuente reducción del poder adquisitivo en dólares y en pesos, retrajo la demanda de bienes durables y de consumo, lo que llevó a las empresas a reducir al mínimo la producción dado el creciente costo financiero de mantener stocks elevados en un contexto de ventas deprimidas. A ello se suma, que particularmente en septiembre, los bruscos movimientos del tipo de cambio y las expectativas de un nuevo acuerdo con el FMI, hicieron que reinara la incertidumbre paralizando la toma de decisiones de los agentes económicos.
Para el último trimestre del año, esperamos que las estadísticas muestren una profundización de la recesión que dejará al 2018 con un nivel de actividad 2,4% menor al alcanzado en 2017. A la significativa contracción en la producción de Bienes (acumularon una caída de 5% i.a. en los primeros nueve meses del año), se le sumará un mayor deterioro de los Servicios (acumulan a septiembre una suba de casi 1% i.a.). La caída en la provisión de los mismos se acelerará en los últimos meses del año por un mayor deterioro de los salarios reales, producto de la aceleración de la inflación (en el último trimestre caerán en promedio 13% i.a.). Esto pone de manifiesto el significativo impacto que tiene el salario real en el nivel de actividad a través del consumo privado (componente que representa 70% de la demanda interna). Adicionalmente, el consumo público irá en retroceso producto del endurecimiento de las metas fiscales.
¿Cuáles son las perspectivas para el año que viene?
Los salarios le ganarían a la inflación recién a mediados del año que viene, por lo que es de esperar una lenta recuperación de las actividades no transables que depende de la demanda interna. Al mismo tiempo, el hecho de que tanto el Comercio como la Industria sean los de peor resultado en septiembre, cuando estos son los que concentran la mayor cantidad de trabajadores de la economía, tampoco arroja perspectivas alentadores sobre el empleo.
Un aliciente serán los sectores transables (con potencial exportador), que tras la mejora de la competitividad cambiaria y las mayores perspectivas de crecimiento de la economía brasileña (en torno al 2,5% i.a. en 2019) exhibirán un repunte significativo. Sin embargo, esto no sería suficiente para que la actividad se recupere rápidamente y cierre el 2019 en terreno positivo, ya que los sectores transables representan menos de un tercio. De hecho, estimamos una caída del PBI de 1,4% para el año que viene.

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Del déficit al superávit comercial de bienes

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¿Por qué 2018 cerrará con un déficit comercial de bienes?
A pesar del superávit comercial de bienes alcanzado en septiembre (USD +314 millones, tras 20 meses consecutivos de déficit), en el acumulado de 2018 el rojo muestra un incremento del 27% i.a. De hecho, el déficit pasó de USD 5.100 millones en los primeros nueve meses de 2017 a casi USD 6.500 millones en lo que va del año producto de un mayor ritmo de expansión de las importaciones frente a las exportaciones (+6% i.a. y +3,5% i.a., respectivamente). La brecha entre el dinamismo de las compras y las ventas externas se viene acortando mes a mes (por caso, al cierre del primer semestre las variaciones eran de 13% i.a. y 6% i.a., respectivamente), pero el aumento de los precios internacionales de las importaciones y la sequía agrícola que afecta las exportaciones, no permitieron que la misma desaparezca.
 
Sin embargo, todavía resta un trimestre para el cierre de 2018. En él, la recesión mostrará su peor cara y el golpe sobre las importaciones será significativo. Además, dado que ya tuvo lugar la salida de la magra cosecha gruesa, los envíos externos retomarían su dinámica positiva. En este marco, proyectamos que se acumularía un superávit comercial cercano a USD 900 millones en el período octubre-diciembre 2018, lo que implicaría una mejora significativa respecto al déficit de USD 3.200 millones alcanzado en el último cuarto de 2017. Con estos números, este año cerraría con un saldo comercial negativo de USD 5.500 millones, lo que implicaría una reducción del 34% respecto del rojo obtenido en 2017 (USD -8.300 millones).
 
¿Qué pasará con la balanza comercial el año que viene?
En 2019 nuestro país alcanzará un superávit comercial de bienes. El mismo responderá tanto a un aumento de las exportaciones (que conforme a nuestras estimaciones rondaría el 6% i.a.) como a un retroceso de las importaciones (caerían alrededor de 8% i.a.). Por el lado de las ventas externas, la recuperación del sector agropecuario será fundamental. Paralelamente, la mejora en la competitividad cambiaria, mayores saldos exportables a raíz de la recesión y una economía brasilera más pujante con un Real fortalecido (estimamos un importante influjo de capitales una vez superado el proceso electoral) explican la recuperación esperada. Por último, las sensibles mejoras en la producción de petróleo y gas no convencional en Vaca Muerta ayudarían a sustituir importaciones energéticas e incluso sumarían a las exportaciones (ya hay un pedido de exportación de gas a Chile autorizado y otros seis pendientes de aprobación). Asimismo, las compras externas se verían golpeadas por una economía local que no repunta y un tipo de cambio real que no volverá a apreciar de manera significativa. En este marco, estimamos que el saldo del intercambio de bienes cerraría 2019 en terreno positivo, ubicándose en la zona de USD 3.500 millones.
 
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¿Cuánto durará el superávit comercial?
En la historia económica argentina de los últimos veinte años se registraron dos momentos en que a un año de déficit comercial de bienes le siguió otro de superávit: 1999-2000 y 2015-2016. En ambos casos, la caída en el nivel de actividad jugó un rol clave: tanto en el 2000 como en 2016 el PBI se contrajo (-0,8% i.a. y -1,8% i.a., respectivamente) reduciendo los valores importados (-1% i.a. y -7% i.a. , respectivamente). Uno de los cambios fue estructural y el otro coyuntural: mientras que al 2000 le siguieron saldos positivos ininterrumpidos hasta 2015, al 2016 le siguió el mayor déficit comercial corriente de la historia –y el máximo como porcentaje del PBI desde 1994-. Analizar similitudes y diferencias con ambos años nos permitirá precisar si el superávit comercial de bienes será duradero o no.
 
En primer lugar, corresponde destacar que la caída del nivel de actividad de 2019 sería apenas menor a la de 2016 (según nuestras estimaciones, en torno a -1,5% i.a.), lo que frenaría a las importaciones. Sin embargo, a 2019 no le seguirían años de expansión significativa de la demanda interna (en 2017 la misma creció 6% i.a.), de modo que el menor nivel de las compras externas adquiriría un carácter más permanente.
 
En el frente cambiario, la cotización nominal del dólar era fija en 2000 a la par que la inflación era nula (los precios cayeron 0,7% i.a. ese año). Sin embargo, dado que en Brasil sí tenía algo de inflación (alrededor de 6% i.a. en el promedio anual), existió cierta ganancia de competitividad externa. Por su parte, en el 2016, luego de la salida del cepo y la normalización del mercado cambiario, el tipo de cambio real multilateral subió 14% frente a 2015. Además, considerando la reducción de retenciones con que comenzó la gestión Cambiemos, nuestra producción se abarató sensiblemente en relación al resto del mundo. En 2019 la divisa no se atrasaría, y nuestro principal socio comercial se apreciaría incluso en términos nominales, por lo que estimamos un avance del tipo de cambio real multilateral de 5% i.a. a lo largo del año (en promedio mejoraría 25%respecto a 2018)
 
Por último, corresponde evaluar la evolución de los precios internacionales. En el 2000, los términos de intercambio avanzaron 9% i.a., potenciados por un avance de los precios de exportación. Asimismo, en 2016 crecieron 6% i.a. producto del deterioro de los precios de importación. En este punto, y de cara al futuro, el panorama luce incierto. Por caso, una escalada de tensiones entre Estados Unidos y China desaceleraría al crecimiento global, conteniendo avances en los precios de commodities. No obstante, si como resultado del cierre de mercados se generara un excedente de producción en bienes, los precios de las manufacturas caerían más (es decir, de las importaciones) y nuestra situación mejoraría en términos relativos.
 
En consecuencia, esperamos que la recuperación del superávit se sostenga en el mediano plazo porque la caída de la demanda no se revertiría en el corto plazo y el tipo de cambio real no se atrasaría sensiblemente en el futuro inmediato. En función de qué tendencias prevalezcan en el contexto global, y por lo tanto en los términos de intercambio, el saldo superavitario será más duradero.
 
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