Ecolatina

Impulsada por el salto cambiario, la suba de precios alcanzó 16% en la primera mitad de 2018

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Un análisis de Ecolatina muestra como la inflación dio un salto luego de la corrida de mayo.
La inflación nacional superó 29% y el staff del FMI está habilitado a discutir la respuesta de política con el Gobierno
Según el INDEC, el IPC Nacional trepó 3,7% en junio de 2018 y marcó una importante aceleración respecto del dato de mayo de 2018(+2,1%). Con estos números, acumula un alza de 16,0% en lo que va del año (muy por encima del 11,8% registrado en igual período de 2017). Además, la suba de precios de los últimos doce meses escaló a 29,5% en junio, lo que implica el mayor registro desde marzo 2017 (32%, según la metodología utilizada por el Banco Central ya que no hay datos interanuales del INDEC para entonces).
Con este acumulado interanual, el staff del FMI ya está habilitado a discutir la respuesta de política con el Banco Central: la suba de precios no debía superar 29% en el acumulado de los últimos doce meses para evitar esta situación. Si bien todavía no hay precisiones al respecto, esta dinámica podría endurecer aún más a la política monetaria (alza de la tasa de interés), lo que golpearía adicionalmente a la actividad y estiraría los problemas ya vigentes en el normal cumplimiento de la cadena de pagos.
La inflación de junio estuvo dinamizada por el IPC Núcleo que creció 4,1% en el mes. De este modo, también acumula un avance de 16,0% en lo que va del año y de 26,9% en los últimos doce meses. Por su parte, los precios Estacionales crecieron 3,4% (+18,8% acumulado) en el mes y los Regulados hicieron lo propio en 2,9% (+10,8% acumulado). Dado que el salto del dólar de mayo y junio fue el principal motor inflacionario del mes pasado, esta dinámica era previsible.
La depreciación del peso también se sintió a nivel rubros. Por caso, el alza de los bienes (+4,3%) superó ampliamente a la de servicios (+2,3%), algo que no se corresponde con la suba acumulada en el primer semestre del 2018 (15,7% vs. 16,8%, respectivamente, ya que aquí el atraso cambiario continúa pesando). Por lo tanto, sería esperable que en los próximos meses los bienes continuasen descontándole terreno a los servicios.
Por otro lado, uno de los capítulos que dinamizó al Nivel General fue Alimentos y Bebidas no Alcohólicas. Su avance de 5,2% en el mes estuvo impulsado por harinas, pan, aceites e infusiones. Dado el efecto directo de este tipo de productos sobre los sectores más vulnerables, su comportamiento señala que la reducción de la pobreza registrada en la segunda parte de 2017 no se repetirá en la primera parte de 2018.
Si bien julio viene siendo más calmo en materia cambiaria, estimamos que el traslado a precios de la devaluación continuará sintiéndose durante este mes, máxime considerando los ajustes ya realizados en combustibles. Además, la inflación también estará motorizada por factores estacionales (vacaciones de invierno en julio). Por ende, según nuestras proyecciones, la suba de precios rondaría el 2,5-3% en el séptimo mes del año (si no se registran nuevos saltos cambiarios). De este modo, alcanzaremos seis meses consecutivos (febrero-julio) con una inflación mensual superior al 2%, algo que no sucedía desde la primera mitad del 2016.
Si la inflación cerrase julio en 2,5% mensual (un panorama optimista), la suba de precios debería promediar 2,1% mensual en lo que resta de 2018 para no tener que acudir a la Junta Ejecutiva del FMI (lo que pasaría en caso de que el acumulado anual superase el 32%). Esta dinámica implicaría una desaceleración de 0,4 p.p. respecto a la media del primer semestre. Si bien este objetivo no es imposible de alcanzar, cualquier nuevo movimiento abrupto del tipo de cambio o un alza pronunciada en las tarifas de Servicios Públicos, pondría en jaque al Acuerdo.
Con todo este panorama, estimamos que la inflación interanual cerrará 2018 en torno del 31,5%. Por lo tanto, si bien se superará el objetivo intermedio pautado en el préstamo stand by con el FMI (27%), su cota máxima no se alcanzaría –aunque por pocas décimas- (32%). Más allá de este fin de año “auspicioso” en materia inflacionaria, proyectamos que en 2019 efectivamente el Gobierno deberá acudir a la Junta Ejecutiva del organismo multilateral, ya que la inflación de ese año probablemente exceda al límite del 21%.

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El rojo de Cuenta Corriente fue récord

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En su último informe la consultora Ecolatina muestra el deterioro de la balanza de pagos en el primer trimestre, el déficit aumentó un 34% en relación al mismo periodo del año pasado.
Recién en el “segundo semestre” aparecerán los cambios ya no tendremos tantos importados, ni será barato salir del país. Por la sequía que golpeó el campo la Argentina tendrá dificultades para compensar las diferencias. Nos costará más pagar lo que debemos mientras el acuerdo con el FMI nos impone una reducción del déficit.
De acuerdo con un informe elaborado por la consultora Ecolatina el deficit externo de la Cuenta Corriente en el primer trimestre de 2018, profundizó su deterioro. El saldo mostró el mayor rojo para un primer trimestre alcanzando USD -9.600 millones (-1,5% del PBI). De hecho, un aumentó 34% respecto a igual período del 2017 (USD -7.200 millones).
Con estos números, en el acumulado de los últimos cuatro trimestres el saldo negativo de la Cuenta Corriente asciende a -5,3% del PBI (USD –34.000 millones), lo que marca el registro más alto desde la salida de la Convertibilidad (tanto en términos nominales como en porcentaje del PBI).
Como el año anterior, detalla la consultora, la profudización del rojo se debió “a la expansión de la actividad y la apreciación cambiaria”. Sin embargo, observaron que tras la corrida cambiaria de junio y el freno del nivel de actividad, esta “situación comenzará a revertirse a partir del segundo trimestre”.
Más adelante los economistas puntualizaron que el déficit del saldo de bienes, superó los USD -1.700 millones casi triplicando la cifra observada en el primer trimestre del 2017″ (USD -600 millones). El importante incremento de las importaciones observado en los primeros tres meses del año (+21% i.a.) no pudo ser compensado por el avance de las exportaciones (+13% i.a.).
El rojo de servicios trepó 14% i.a. en el primer trimestre de 2018, superando USD -3.500 millones. El déficit se explica principalmente por el boom de turismo en el exterior: este rubro explica más del 70% de dicho rojo.
El déficit de cuenta corriente registrado en el primer trimestre de 2018 fue solventado por la entrada neta de divisas por la cuenta capital y financiera. En los primeros tres meses del año las operaciones financieras con no residentes arrojaron un saldo positivo de USD 16.200 millones (sin contar de activos de reserva), lo que implica una leve caída respecto del primer cuarto de 2017 (-5% i.a.).
Esta dinámica alarmante del déficit externo no se repetirá en lo que resta del año: la mejora del tipo de cambio real y la contracción del nivel de actividad frenaran las importaciones”. No obstante, producto de la sequía que azotó al sector agropecuario y los recortes en las perspectivas de crecimiento de Brasil, las mejoras serán lentas por el lado de las exportaciones. Con este panorama, estimamos que el rojo de cuenta corriente rondará los USD 27.000 millones en 2018.
El déficit de cuenta corriente registrado en el primer trimestre de 2018 fue solventado por la entrada neta de divisas por la cuenta capital y financiera. En los primeros tres meses del año las operaciones financieras con no residentes arrojaron un saldo positivo de USD 16.200 millones (sin contar de activos de reserva), lo que implica una leve caída respecto del primer cuarto de 2017 (-5% i.a.).
Durante 2017 el ingreso de divisas financieras, estuvo liderado por las inversiones de cartera: agentes privados externos que arriban al país aprovechando la rentabilidad del carry trade. La relajación de la política monetaria observada en el primer trimestre del 2018 impactó negativamente (se redujo 8% i.a.), cerrando apenas por debajo de USD 13.000 millones. Asimismo, la inversión extranjera directa se redujo 24% i.a., ubicándose por debajo de USD 2.500 millones en el primer trimestre del año.
Ecolatina resalta que el desarme generalizado de posiciones de fondos de inversión internacionales que tuvo lugar desde abril y se intensificó en mayo revertirá el influjo de capitales privados observado tras el arreglo con holdouts. No obstante, gracias al desembolso del préstamo del FMI, la cuenta capital y financiera continuará exhibiendo un saldo superavitario, evitando una reversión masiva del flujo de capitales. Sin embargo, dicho préstamo tiene asociados condicionalidades como la reducción del déficit.
En cuanto a la deuda en moneda extranjera con no residentes trepó 28% i.a. en el primer trimestre del año, rozando USD 254.000 millones (39% del PBI). Este avance se explica principalmente por el sector público (Gobierno General y BCRA), que incrementó sus pasivos en USD 40.000 millones respecto de los primeros meses de 2017 (+29% i.a.). A todo esto “el sector privado, incrementó en USD 14.989 millones (+2% i.a.) sus compromisos con el exterior”.

 

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Programa Económico 2.0 (actualizado por el FMI)

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Escribe Lorenzo Sigaut Gravina, Economista Jefe de Ecolatina. Tras el anuncio de un préstamo Stand By del FMI por hasta USD 50.000 Millones por tres años, el Ministro de Hacienda y el Presidente del BCRA relanzaron en conferencia el programa económico de la administración Macri. Cabe destacar que no anunciaron un nuevo esquema sino que lo recalibraron: bajo la atenta supervisión del staff técnico del FMI, se modificó la velocidad del gradualismo fiscal y el tempo de las metas de inflación.
En el frente fiscal, el Ministro de Hacienda se comprometió a un ajuste más fuerte para alcanzar el equilibrio primario en 2020 (la propuesta original era conseguirlo en 2019 pero luego se pospuso a 2021), bajando el rojo primario de la meta del 2,7% PBI para este año a un déficit de 1,3% PBI el año que viene. Esto significa que en 2019, año de elecciones presidenciales, el gobierno de Cambiemos deberá hacer un esfuerzo fiscal de 1,4 p.p. del PBI.
En el cuadro se detalla donde se concentrará el recorte de 1 p.p. de las erogaciones primarias en 2019 (gasto de capital, subsidios y transferencia a las provincias caerán en términos nominales) y el aporte de los ingresos (+0,4 p.p. del PBI) gracias a un crecimiento del 2,5% previsto para el año entrante.
Más aún, el FMI sumó al programa fiscal el resultado financiero, que incluye el pago de intereses de la deuda pública (ver abajo) y se negoció una cláusula novedosa en la cual el Estado puede elevar el gasto en planes sociales (+0,2 p.p. del PBI) si la pobreza empeora.

Existen dos incógnitas sobre la viabilidad del planteo fiscal. La primera es sobre la fortaleza política del Ejecutivo ¿puede el gobierno implementar dicho ajuste del gasto? Preocupa particularmente la aprobación en el Congreso de un presupuesto con una reducción de partidas sensibles para las provincias (Ej: transferencias corrientes a las provincias).
La segunda es sobre la factibilidad económica del ajuste fiscal. Si el PBI no crece (no mejoran los ingresos) el recorte del gasto sería aún mayor al estipulado dificultando sobremanera el cumplimiento de la metas fiscal. Vale destacar además que el ajuste pautado para 2019 reduce las posibilidades de expansión de la economía. Es cierto que un clima favorable en la zona agrícola núcleoel año que viene podría recuperar la pérdida de actividad de este año (1 p.p. del PBI), pero el arrastre estadístico de 2018 sería nulo (o incluso negativo) y la política fiscal y monetaria será contractiva para conseguir las ambiciosas metas trazadas.
Por el lado de la inflación, el BCRA recuperó el control sobre la fijación de las metas (el 28 de diciembre de 2017 había perdido esta potestad a manos de Jefatura de Gabinete), y acordó con el Tesoro tres cuestiones que le otorgan mayor margen de maniobra a la hora de desacelerar la suba de precios.
En primer lugar, el Tesoro va a cancelar -anticipadamente y en Pesos- Letras Intransferibles para que el BCRA pueda recomprar/reducir el stock de LEBAC. Esta medida apunta a que el Central recupere gradualmente el control de la tasas de interés de referencia (muy elevada en un escenario de corrida para evitar que el desarme de LEBAC termine presionando al dólar). En segundo término, el BCRA va a dejar de comprar las divisas provenientes de la colocación de Deuda Pública. Esto implica que el Tesoro va a tener que venderlas en el mercado cambiario para hacerse de Pesos, mientras que el Central deja de acumular Reservas y emitir Pesos (contrapartida de esa operación). Por último, se acordó la eliminación de la asistencia al Tesoro, y el envío por parte del Ejecutivo de una reforma de la Carta Orgánica del BCRA para cristalizar legalmente la mayor autonomía conseguida.
En este contexto el presidente del BCRA anunció nuevas meta de inflación para los próximos tres años: 17% en 2019; 13% para 2020 y 9% en 2021. Además, tomó la decisión de dar de baja la meta de 2018 (que a fines del año pasado fue elevada de 12% a 15%) producto del fenomenal desvío respecto de la realidad (esperamos que el año cierre con una inflación de 28,5%). Consistente con esta medida, ayer el gobierno elevó 5% (de 15% a 20%) la pauta salarial que acordaron la mayoría de los gremios en la paritaria de 2018.
La pregunta del millón es si finalmente el BCRA podrá cumplir con la meta de inflación pactada. El saneamiento patrimonial de la autoridad monetaria (principio de solución para la bola de nieve de las LEBAC), la reducción de la emisión monetaria (por asistencia al Tesoro y acumulación de reservas), y precios relativos (tarifas y dólar) más alineados, son elementos que permiten ser optimista sobre alcanzar el 17% el año próximo. Sin embargo, tres años consecutivos de incumplimiento han minado la credibilidad del BCRA, la elevada inercia y lo que suceda con el tipo de cambio nominal serán claves.
Esto nos lleva a discutir la política cambiaria. Pese a que el Presidente del Central mencionó que intervendrá frente a tendencias disruptivas, dejó de poner un techo al dólar mayorista (oferta de USD 5.000 millones a 25 ARS/USD), dando la señal de volver a un esquema de mayor flotación como exige el FMI. Sin embargo, el Ministerio de Finanzas se comprometió a vender las divisas conseguidas por colocaciones de deuda pública en el mercado cambiario en momentos de presión, por lo que aún no se sabe cuán activa será la participación del Tesoro. Si con los dólares conseguidos se consolida la estabilidad, la tentación de planchar el tipo de cambio el año próximo son elevadas: en el corto plazo el atraso cambiario ayuda a cumplir las metas del programa económico y ganar elecciones.
Pese al relanzamiento del programa económico actualizada por el FMI, la pregunta clave sigue siendo con cuanto ingreso neto de capitales contará la economía argentina. Esta variable define la trayectoria del tipo de cambio y la magnitud del déficit externo financiable. Si contamos con apoyo de organismos financieros internacionales, un posible swap con China, y/o prestamos de un grupo de bancos internacionales, la economía Argentina podría conseguir más de U$S 60.000 millones en los próximos meses, brindándole al gobierno de Cambiemos un dique de contención frente a nuevas presiones cambiarias (por shocks externos o internos).
Para aquellos que piensan que el problema de Argentina es de origen fiscal, dicho financiamiento será el puente para llegar al superávit primario que permite estabilizar el ratio deuda pública producto y además corrige “pari passu” el déficit externo, llevando a nuestro país finalmente a la senda del desarrollo.
Lamentablemente, el principal problema de nuestra economía es la restricción externa, por lo que sin una estrategia clara de promoción de las exportaciones (tipo de cambio real competitivo y apertura de mercados externos) dicho financiamiento sólo servirá para sostener por más tiempo un déficit de cuenta corriente elevado, acumulando mayor deuda en moneda extranjera. Es que este esquema es inestable (depende en demasía del ingreso de capitales) y sólo puede ser exitoso en el corto plazo (lograr estabilidad cambiaria y crecer bajando la inflación como sucedió en 2017) a costa de seguir acumulando desequilibrios externos.

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La inflación se mayo sería 2%

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El Índice de Precios al Consumidor Ecolatina de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires mostró un crecimiento de 2,0%, entre la primera quincena de abril y el mismo periodo de mayo. Sobre la base de estos datos, proyectamos que la inflación alcance el 2,0% mensual  para el mes en curso.

De esta forma, el IPC GBA Ecolatina acumularía una suba de 11,8% en lo que va de 2018 y de 26,8% para los últimos doce meses.

La suba en el dólar experimentada en los últimos días comienza a sentirse en la llamada inflación core (que excluye a los precios regulados y con variaciones estacionales), con una suba proyectada para el mes de 2,3%. El efecto final de la suba del dólar tendrá lugar una vez que el tipo de cambio se estabilice en torno a un valor y es de prever que el traslado a precios de la reciente suba del dólar se extienda a los próximos meses.

Al comparar la primera quincena de mayo respecto a la primera de abril, el capítulo que más creció fue Vivienda y Servicios Básicos (+3,0%), impulsado por el aumento en agua y alquileres. También cabe señalar que el rubro Alimentos y Bebidas (+1,8%), fue influenciado por el alza en harinas, fideos, lácteos, huevos e infusiones.

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Implicancias del acuerdo con el FMI

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·       Con la decisión de acudir al Fondo Monetario Internacional, el Gobierno apunta a obtener un respaldo del orden de los 30.000 millones de dólares (según trascendidos) equivalentes a 5% del PBI y más de la mitad de las reservas internacionales.
·       Como aspecto positivo, señala la consultora Ecolatina, el costo financiero, que rondaría el 4% anual, sería más acotado en comparación con el que se obtendría en el mercado de capitales (los bonos argentinos en dólares, en días previos al inicio de las turbulencias cambiarias, se ubicaban en más de 7%).
·       Por el lado de los costos, los condicionamientos en materia de política económica no serán inocuos sobre la trayectoria de las variables macroeconómicas, por lo cual vale la pena repasar las características del crédito.
·       En primer lugar, son líneas flexibles en términos de duración, ya que pueden cubrir desde 12 a 36 meses. En condiciones normales, se otorga hasta un 435% de la cuota del país en el Organismo, lo que resulta en un monto máximo para Argentina de US$ 19.784 millones. Sin embargo, el FMI contempla la posibilidad de ampliar estos parámetros en circunstancias particulares, por lo cual los montos que han trascendido son asequibles. Claro está, este acceso excepcional implicaría un mayor escrutinio por parte de la Junta Ejecutiva del organismo en el cumplimento de las condiciones cuantitativas y cualitativas que imponga.
·       Los financiamientos precautorios del FMI están diseñados como líneas de disponibilidad, pero no necesariamente como líneas de ejecución (el objetivo es que el país receptor cuente con la opción, más no la obligación, de utilización). De hecho, el Ministerio de Finanzas adelantó a principios de año la mayor parte de las necesidades financieras de 2018, atento a la esperada suba de las tasas de interés internacionales. Sin embargo, los condicionamientos que se imponen son ante la aprobación de la línea, aunque esta no se utilice. El FMI exige no solo un set de medidas económicas a partir del desembolso, sino también “acciones previas”, a las que define como medidas que el país receptor se compromete a adoptar antes de que el Consejo Ejecutivo apruebe el financiamiento o complete una revisión posterior.
·       Las pautas generales de condicionalidad fueron revisadas y reformuladas de manera extensiva por parte del FMI en 2002, apuntando a una mayor flexibilidad. No obstante, su principal objetivo se mantiene inalterable: asegurar que el país en cuestión tenga capacidad de repago del crédito de modo que dichos recursos estén disponibles para otros países miembros. Entendido este meta-objetivo, el FMI ubica en un lugar central la necesidad de “restaurar o mantener la viabilidad de la balanza de pagos y la estabilidad macroeconómica”, según se desprende de la descripción de los Stand-By.
·       Típicamente, esto supone programas que establezcan criterios mesurables y observables en términos de niveles específicos de reservas Internacionales, así como límites específicos sobre los niveles de déficits y/o endeudamiento, más aún teniendo en cuenta que estos créditos se desembolsan en cuotas y las mismas están sujetas a medidas de política económica demostrables.
·       Argentina, tanto el plano fiscal (resultado primario del sector público) como el externo (cuenta corriente) se encuentran en situación deficitaria, cabe preguntarse sobre cuál se hará énfasis en reducir.
·       Dado que el Gobierno Nacional ya cuenta con un programa de reducción progresiva en el frente fiscal (el cual incluso intensificó para 2018) y considerando también que el “gradualismo” permanece en el centro de la lógica política adoptada, y la continuidad del proceso político está fuertemente atada a ella, estimamos que los condicionantes se posarán en mayor grado sobre el equilibrio de las cuentas externas.

 
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