economía argentina 2026

La inversión volvió a retroceder en abril y enciende una señal de alerta para la recuperación productiva

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La inversión en Argentina volvió a mostrar signos de debilidad durante abril y registró una caída interanual del 11,4%, según el último relevamiento del Índice de Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM) elaborado por Orlando J. Ferreres & Asociados. El dato refleja que, pese a la estabilización macroeconómica y la desaceleración inflacionaria, el proceso de recuperación de la economía aún no logra consolidarse sobre bases productivas sólidas.

La medición indica que la inversión total alcanzó los USD 7.278 millones a precios corrientes durante abril, frente a los USD 7.896 millones registrados en igual mes del año pasado. El retroceso estuvo impulsado tanto por la contracción de la inversión nacional como por una menor participación de bienes importados destinados a la producción.

Más allá de la caída interanual, el dato resulta relevante porque se produce en un contexto donde el Gobierno nacional exhibe mejoras en variables financieras clave, como la baja del riesgo país, la recuperación de reservas y la reducción de las tasas de interés. Sin embargo, esos avances todavía no se traducen plenamente en decisiones de inversión de largo plazo por parte del sector privado.

Uno de los sectores más afectados continúa siendo la construcción. El componente vinculado a obras y actividad constructiva volvió a mostrar debilidad, reflejando la persistente retracción de la obra pública nacional y una recuperación todavía insuficiente de los desarrollos privados para compensar ese vacío. En paralelo, el segmento de bienes de capital también exhibe una dinámica más moderada respecto de los niveles observados durante 2025.

El informe muestra que el equipo durable de producción —uno de los indicadores más sensibles para medir la confianza empresarial— registró una disminución interanual, evidenciando que muchas compañías mantienen una estrategia de cautela a la espera de una mayor consolidación del escenario económico.

Para las economías regionales del NEA, la evolución de la inversión resulta un indicador particularmente relevante. Sectores como la forestoindustria, la agroindustria, la logística y el turismo dependen de nuevos desembolsos en infraestructura, maquinaria y tecnología para mejorar competitividad. La persistencia de tasas reales elevadas, sumada a la incertidumbre sobre la velocidad de crecimiento de la demanda interna, continúa demorando algunos proyectos de expansión.

No obstante, el informe también deja entrever algunos elementos positivos. En términos desestacionalizados, la inversión mostró una leve mejora mensual de 0,2%, lo que podría interpretarse como una señal de estabilización luego de varios meses de comportamiento errático.

La incógnita hacia adelante es si la reducción del costo financiero y la reapertura gradual del crédito lograrán revertir la tendencia durante el segundo semestre. La respuesta será determinante para medir la capacidad de la economía argentina de pasar de una etapa de estabilización macroeconómica a una fase de crecimiento sostenido basada en inversión, productividad y generación de empleo privado.

En provincias como Misiones, donde el sector privado concentra gran parte de la actividad económica, la evolución de la inversión será uno de los indicadores clave para evaluar si la recuperación comienza a derramarse sobre la producción, el comercio y los servicios o si continúa limitada a las variables financieras.

La inversión volvió a retroceder en abril según Ferreres by CristianMilciades

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Deuda corporativa en máximos: empresas argentinas aceleran emisiones y el mercado vive su mejor inicio de año desde 2015

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El mercado de capitales argentino atraviesa uno de sus momentos más activos de la última década y empieza a mostrar señales concretas de reapertura financiera para el sector privado. Entre enero y abril de 2026, las emisiones de obligaciones negociables y fideicomisos financieros de las empresas superaron los US$ 6.200 millones medidos al dólar contado con liquidación, configurando el mejor primer cuatrimestre desde 2015 y consolidando un cambio de clima que el sistema financiero venía esperando desde hace años.

El dato surge de un informe elaborado por el equipo de Deals de PwC Argentina y refleja no sólo una recuperación del financiamiento corporativo, sino también una transformación en las expectativas de empresas e inversores frente a la estabilidad macroeconómica, la baja del riesgo país y la desaceleración de tasas.

El volumen operado expone además un fenómeno político y económico más profundo: el regreso gradual del crédito privado de mediano plazo en una economía que durante años funcionó prácticamente sin financiamiento genuino y con mercados cerrados para la mayoría de las compañías.

Durante el primer cuatrimestre se concretaron 142 emisiones, el segundo registro más alto de la última década. El principal motor fueron las obligaciones negociables, que totalizaron US$ 5.586 millones distribuidos en 100 operaciones, también un récord histórico para este período del año.

El mercado mostró además una clara preferencia por deuda denominada en dólar hard, que explicó cerca del 90% de las colocaciones dentro del Régimen General. El dato revela que, pese a la desaceleración inflacionaria y cierta estabilidad cambiaria, las empresas todavía privilegian financiamiento atado a moneda dura para aprovechar tasas internacionales más competitivas y captar demanda externa.

La novedad más relevante fue el retorno de las emisiones internacionales. Entre enero y abril, compañías argentinas colocaron US$ 3.069 millones en el exterior mediante ocho operaciones, el mejor desempeño de los últimos tres años. En la City interpretan ese movimiento como una consecuencia directa de la caída del riesgo país tras las elecciones legislativas de octubre de 2025, donde el oficialismo logró consolidar poder parlamentario y reforzar expectativas de continuidad del programa económico.

Desde entonces, el mercado internacional comenzó lentamente a reabrirse para firmas argentinas que durante años habían quedado prácticamente excluidas del crédito global. Según PwC, desde octubre hasta fines de abril se registraron 18 emisiones internacionales por US$ 7.250 millones.

El cambio también empezó a verse en la composición de los instrumentos financieros demandados. Las ON dólar linked y ajustadas por UVA representaron apenas el 2% del total emitido, el nivel más bajo desde 2020. La lectura del mercado es clara: cayó la necesidad urgente de cobertura cambiaria e inflacionaria que dominó las estrategias financieras durante los años de alta volatilidad macroeconómica.

La baja de tasas se convirtió en otro factor decisivo. La tasa promedio de colocación de obligaciones negociables en pesos cayó de 37,6% nominal anual en enero a 26,3% en abril. La compresión supera los 1.100 puntos básicos en apenas un trimestre y marca las tasas corporativas más bajas desde el inicio de la gestión de Javier Milei.

Ese descenso comienza a modificar comportamientos empresariales que estaban prácticamente paralizados desde hacía años. Empresas que postergaban inversiones o dependían exclusivamente de capital propio vuelven ahora a evaluar financiamiento vía mercado de capitales.

Incluso en el segmento PYME avalado empezaron a observarse colocaciones con márgenes negativos, una anomalía poco frecuente en la Argentina reciente y que refleja el fuerte apetito inversor por instrumentos corporativos de riesgo moderado.

Los fideicomisos financieros también consolidaron su recuperación. En el primer cuatrimestre alcanzaron US$ 630 millones mediante 42 emisiones, con crecimiento tanto en monto como en cantidad de operaciones. Estos instrumentos volvieron a ganar atractivo porque ofrecen respaldo sobre activos específicos y permiten aislar riesgos en un contexto donde todavía persisten niveles elevados de mora en algunos sectores de la economía real.

Dentro de ese segmento, Mercado Libre tuvo un rol dominante. La compañía realizó dos emisiones por $230.000 millones y explicó cerca del 69% de todo el volumen colocado en fideicomisos financieros durante abril. El dato ratifica cómo las grandes empresas tecnológicas y fintech empiezan a consolidarse como actores centrales del nuevo esquema financiero argentino.

El segmento PYME también mostró señales de reactivación. Las obligaciones negociables para pequeñas y medianas empresas alcanzaron US$ 39 millones en el cuatrimestre, el mayor volumen nominal desde 2015 para ese período.

Aunque todavía se trata de cifras relativamente pequeñas frente a las grandes colocaciones corporativas, el dato es relevante porque refleja una reapertura gradual del financiamiento hacia sectores productivos medianos que históricamente quedaron fuera del mercado de capitales argentino.

Para provincias periféricas como Misiones, la mejora del acceso al crédito corporativo podría convertirse en un factor estratégico si logra extenderse hacia economías regionales. Sectores como yerba mate, forestación, agroindustria o energía renovable siguen enfrentando fuertes restricciones de financiamiento de largo plazo y costos elevados para capital de trabajo.

El desafío será observar si esta mejora financiera logra derramarse más allá de bancos, energéticas, fintech y grandes grupos económicos, que hoy concentran buena parte de las emisiones.

El mercado también sigue de cerca la reglamentación de los Fondos de Asistencia Laboral (FAL), previstos dentro de la reforma laboral. En el sistema financiero estiman que ese mecanismo podría canalizar cerca de US$ 2.000 millones anuales hacia instrumentos administrados por fondos comunes de inversión, aportando mayor profundidad al mercado en pesos y nuevas fuentes de fondeo tanto para privados como para el Tesoro.

La combinación entre tasas descendentes, menor riesgo país y reapertura gradual del crédito internacional empieza a configurar un escenario financiero distinto al de los últimos años. Sin embargo, el mercado todavía observa con cautela variables clave como acumulación de reservas, sostenibilidad fiscal y estabilidad política.

La gran incógnita hacia adelante será si esta ventana financiera logra sostenerse en el tiempo o si queda limitada a un ciclo corto de optimismo financiero. Por ahora, las empresas argentinas aprovecharon el momento y aceleraron emisiones como no ocurría desde hace más de una década.

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Caputo redujo la deuda flotante en $1 billón y volvió a mínimos históricos

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l Gobierno nacional logró en abril una señal fiscal que el mercado venía observando con atención: redujo en más de $1 billón la deuda flotante —los pagos devengados pero todavía no cancelados— y devolvió ese indicador a uno de los niveles más bajos de la serie histórica en relación al Producto Bruto Interno (PBI).

El dato aparece en un momento clave para el equipo económico de Luis Caputo. Tras el salto registrado en marzo, que había despertado sospechas sobre un eventual “pisado” de pagos a proveedores y organismos públicos, abril mostró una fuerte corrección y reforzó la narrativa oficial sobre la sostenibilidad del superávit fiscal.

Sin embargo, detrás de la mejora contable aparece una discusión más profunda: cuánto margen real tiene el Gobierno para sostener el ajuste sin entrar en conflicto con leyes aprobadas por el Congreso, reclamos sociales y necesidades de financiamiento de las provincias.

Qué es la deuda flotante y por qué el mercado la sigue de cerca

La deuda flotante representa gastos ya comprometidos por el Estado pero todavía no pagados. Funciona como un termómetro sensible para detectar si un Gobierno está utilizando atrasos administrativos para mostrar un resultado fiscal artificialmente mejor.

En marzo, la cifra había escalado a más de $4 billones, generando ruido entre analistas. Pero en abril el stock cayó a $2,79 billones, una reducción superior a $1 billón en apenas un mes.

Medido contra el PBI, el indicador volvió a niveles cercanos al 0,3%, muy por debajo del promedio histórico argentino, que ronda el 1%.

Para el mercado, el dato tiene una lectura central:
el Gobierno estaría sosteniendo el superávit sin recurrir masivamente al diferimiento de pagos.

Sebastián Menescaldi, director de Eco Go, resumió esa percepción al señalar que el nivel de deuda flotante “es mucho más bajo que el histórico” y que no se observa una situación donde el Ejecutivo esté ocultando problemas financieros mediante pagos postergados.

El corazón del ajuste: transferencias, obra pública y gasto operativo

El recorte se concentró principalmente en: transferencias, gastos figurativos, bienes y servicios, y erogaciones operativas del Estado. Solo en transferencias, la baja superó los $700.000 millones respecto de marzo.

Ahí aparece uno de los puntos más sensibles para las provincias y particularmente para el NEA Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa dependen en gran medida de: transferencias nacionales; programas específicos; financiamiento de infraestructura; y fondos discrecionales.

Cada ajuste en esas partidas impacta directamente sobre: obra pública, municipios, proveedores y actividad económica regional.

Por eso, aunque el mercado celebra la consolidación fiscal, en las provincias aparece otra lectura: el superávit nacional se construye parcialmente sobre una fuerte compresión del gasto territorial.

La baja de la deuda flotante refuerza además la estrategia económica central del Gobierno: mostrar que el equilibrio fiscal no es transitorio sino estructural. Ese punto es clave para sostener: la desaceleración inflacionaria; la baja del riesgo país; y la recuperación de activos financieros.

El problema es que la etapa más “fácil” del ajuste parece agotarse. El propio Fondo Monetario Internacional comenzó a advertir sobre presiones fiscales crecientes derivadas de leyes aprobadas por el Congreso y compromisos políticos pendientes.

El FMI pone el foco en las leyes que el Gobierno no quiere ejecutar

En el último Staff Report, el FMI identificó tres focos de presión potencial sobre la meta de superávit primario de 1,4% del PBI: Ley de Emergencia en Discapacidad; Financiamiento Universitario; y la Reforma laboral.

Según el organismo: discapacidad agregaría un costo de 0,15% del PBI; universidades otro 0,20%; y la reforma laboral 0,15%. La señal del Fondo es políticamente relevante porque expone un dilema creciente del oficialismo: cómo sostener el ancla fiscal sin profundizar tensión social e institucional.

El Gobierno ya comenzó a tomar decisiones defensivas. Una de ellas fue postergar la entrada en vigencia del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), previsto originalmente para junio.

Para el interior argentino, la discusión fiscal tiene efectos mucho más concretos que en la City porteña. En provincias como Misiones, el ajuste repercute sobre: universidades nacionales; programas sanitarios; obras de infraestructura; subsidios al transporte; y financiamiento productivo.

La provincia logró amortiguar parte del impacto gracias a una estructura fiscal relativamente ordenada y mayor autonomía tributaria respecto de otros distritos del NEA. Pero aun así, la retracción del gasto nacional empieza a sentirse sobre sectores económicos sensibles.

Hay un dato político adicional: la estrategia fiscal de la Nación obliga a gobernadores e intendentes a absorber costos sociales crecientes con menos asistencia federal.

Eso explica por qué muchos mandatarios provinciales comenzaron a endurecer posiciones frente al Gobierno aun cuando acompañan parcialmente el ordenamiento macroeconómico.

Superávit versus actividad: el equilibrio delicado

El programa económico de Javier Milei logró algo que pocos gobiernos argentinos pudieron sostener:
superávit financiero consistente durante varios meses.

Pero ahora empieza otra discusión: si el ajuste puede convivir con recuperación económica sostenida. El mercado hoy premia equilibrio fiscal; acumulación de reservas; y baja del riesgo país. Sin embargo, la economía real todavía exhibe fragilidades como el consumo débil; la inversión selectiva; la caída de ingresos públicos provinciales; y tensión en economías regionales.

En Misiones, por ejemplo, sectores como yerba, forestoindustria y comercio fronterizo siguen operando con márgenes estrechos pese a la estabilización financiera nacional.

El recorte de la deuda flotante demuestra que el Gobierno mantiene capacidad de control financiero sobre las cuentas públicas. Pero también marca el inicio de una etapa más compleja.

Hasta ahora, el ajuste avanzó principalmente sobre obra pública; transferencias; subsidios; y gasto operativo. La próxima fase podría requerir decisiones políticamente mucho más costosas reformas estructurales, redefinición de programas sociales y mayor tensión con provincias y universidades.

El interrogante que empieza a recorrer tanto al mercado como a los gobernadores es si el Gobierno podrá sostener simultáneamente superávit fiscal; desaceleración inflacionaria; recuperación económica; y gobernabilidad política. Porque mientras los números fiscales muestran orden, el verdadero desafío pasa a ser otro: cuánto tiempo puede sostenerse el equilibrio macroeconómico sin que aparezcan nuevas fracturas en la economía real y en el entramado federal argentino.

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Riesgo país debajo de 500: el mercado apuesta a la estabilidad financiera

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La baja del riesgo país por debajo de los 500 puntos volvió a encender el optimismo financiero sobre la Argentina. El indicador de JP Morgan cerró en 494 unidades, su nivel más bajo en años, mientras las acciones y bonos argentinos extendieron la racha alcista tanto en Buenos Aires como en Wall Street. La mejora llega acompañada por un dato que el Gobierno considera central: las reservas del Banco Central superaron los USD 48.500 millones, el mayor nivel desde septiembre de 2019.

El movimiento tiene impacto político y económico. Para el mercado, el descenso del riesgo país implica una menor percepción de default y reabre expectativas de financiamiento externo para empresas y eventualmente para el propio Estado. Pero para Misiones y el NEA, la lectura es más compleja: el clima financiero mejora en Buenos Aires mientras el interior productivo sigue condicionado por el costo del crédito, la presión fiscal y un consumo todavía débil.

El mercado consolida el “trade Argentina”

La rueda dejó una postal que hace meses parecía improbable: activos argentinos desacoplándose parcialmente de la volatilidad regional y acompañando el rally de Wall Street.

El S&P Merval ganó 0,7%, hasta los 3.089.497 puntos, acumulando en mayo una suba cercana al 10% tanto en pesos como en dólares. En Nueva York, los ADR argentinos mostraron mayoría de alzas, con destaque para Banco Macro y Globant.

Los bonos soberanos en dólares también avanzaron, aunque con selectividad. El resultado alcanzó para que el riesgo país perforara nuevamente el umbral psicológico de los 500 puntos, una barrera que el mercado sigue utilizando como referencia de “normalización financiera”.

Detrás de esa mejora aparecen tres factores: fuerte compra de reservas del Banco Central; rollover positivo del Tesoro en la licitación de deuda; expectativa de desaceleración inflacionaria.

Luis Caputo alimentó ese escenario al anticipar que la inflación de mayo sería inferior a la de abril y al insistir en que el programa económico atraviesa una etapa de consolidación.

Reservas récord y dólar quieto: el ancla que observa el NEA

El Banco Central compró USD 447 millones en la jornada y acumula adquisiciones por casi USD 9.700 millones en 2026. Las reservas brutas alcanzaron USD 48.511 millones, un nivel que el mercado interpreta como señal de fortalecimiento del balance monetario.

En paralelo, el dólar mayorista cerró en $1.410, mientras que el minorista y el blue terminaron alineados en torno a los $1.430.

Para Misiones, la estabilidad cambiaria tiene una importancia estratégica distinta a la del centro financiero porteño. La provincia convive con una economía fronteriza altamente sensible al diferencial de precios con Brasil y Paraguay. Cuando el dólar se acelera, aparecen distorsiones comerciales inmediatas; cuando se estabiliza, el comercio local recupera algo de previsibilidad.

Sin embargo, el nuevo escenario también tiene un efecto dual: mejora la capacidad de planificación para importadores y comercios; pero encarece en dólares costos internos que afectan competitividad regional.

Sectores como madera, yerba, té y turismo siguen mirando con atención el tipo de cambio real. Un peso apreciado favorece la desaceleración inflacionaria, pero reduce márgenes exportadores en economías regionales que ya vienen operando con rentabilidad comprimida.

Bancos y energía lideran el apetito inversor

El rally volvió a concentrarse principalmente en acciones bancarias. Banco Macro encabezó las ganancias tanto en Buenos Aires como en Wall Street.

El dato no es casual. El mercado está anticipando un escenario donde: baja el riesgo soberano, cae la inflación, mejora el crédito, y se normaliza progresivamente el sistema financiero.

Ese movimiento tiene implicancias concretas para provincias como Misiones, donde el acceso al financiamiento productivo sigue siendo uno de los principales cuellos de botella.

Hoy muchas pymes forestales, yerbateras y comerciales continúan trabajando con tasas reales todavía elevadas, pese a la desaceleración inflacionaria. La mejora financiera nacional todavía no se traduce plenamente en crédito accesible para el interior productivo.

Wall Street ayuda, pero el petróleo sigue condicionando

El contexto internacional también colaboró. Wall Street cerró nuevamente en máximos históricos tras datos de inflación estadounidense levemente mejores a lo esperado.

El índice PCE —la medición favorita de la Reserva Federal— mostró un incremento mensual de 0,4%, moderando temores sobre nuevas subas agresivas de tasas.

Además, el mercado siguió de cerca las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. La posibilidad de avances diplomáticos redujo parcialmente la tensión sobre el petróleo: el Brent cayó 0,5%; mientras el WTI subió 0,3%.

Para Argentina, un petróleo más estable implica menor presión sobre costos energéticos y combustibles. Para Misiones, donde el transporte explica buena parte de la estructura de costos logísticos, cualquier moderación energética tiene impacto directo sobre precios y competitividad.

El dato silencioso: el Tesoro volvió a financiarse sin sobresaltos

Otro punto clave de la jornada fue la última licitación del Tesoro. El Gobierno consiguió un rollover del 114%, captando $12,6 billones frente a vencimientos por $11 billones. La señal fue leída positivamente porque reduce presión monetaria y evita expansión adicional de pesos.

La demanda se concentró principalmente en instrumentos de corto plazo y tasa fija, reflejando que el mercado empieza a extender duración, aunque todavía mantiene cautela sobre horizontes más largos.

El éxito financiero le da oxígeno político al Gobierno en momentos donde busca consolidar el proceso de desinflación antes de las elecciones legislativas.

El entusiasmo financiero convive con una economía real que todavía muestra heterogeneidad. En Misiones, el consumo continúa lejos de los niveles previos al ajuste de 2024. La recuperación aparece fragmentada: mejoran algunos segmentos vinculados a turismo y comercio fronterizo; persisten dificultades en industria y producción primaria; el crédito productivo aún no acompaña la baja del riesgo financiero.

El desafío para el Gobierno será transformar el “momentum” de mercado en mejora concreta de actividad y empleo fuera del AMBA.

Porque mientras el riesgo país perfora los 500 puntos y Wall Street vuelve a premiar activos argentinos, en el interior productivo todavía persiste una pregunta más terrenal: cuándo esa estabilidad financiera llegará efectivamente al bolsillo, al consumo y a la inversión regional.

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IRSA acelera el regreso de marcas globales y apuesta a una recuperación del consumo

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El mayor operador de shoppings de la Argentina volvió a enviar una señal de optimismo sobre el rumbo del consumo y la economía. Eduardo Elsztain, presidente del grupo IRSA, aseguró que las marcas internacionales “ven una oportunidad” en el país y confirmó que cadenas globales avanzan con nuevos desembarcos, ampliaciones y aperturas en centros comerciales argentinos. Entre ellas, ratificó la llegada de H&M, uno de los ingresos más esperados por el retail local.

La definición no es menor. IRSA controla activos clave del negocio comercial argentino, desde Alto Palermo y DOT hasta Patio Bullrich y Abasto, por lo que el movimiento de marcas funciona como termómetro adelantado sobre expectativas de inversión, consumo y estabilidad macroeconómica.

El fenómeno también empieza a tener lectura regional. Aunque las aperturas iniciales se concentran en Buenos Aires, el regreso de firmas internacionales impacta sobre ciudades fronterizas y polos comerciales del interior, especialmente en provincias como Misiones, donde el consumo históricamente convivió con la competencia de Paraguay y Brasil.

El regreso de las marcas: una señal de normalización económica

Durante años, muchas compañías internacionales evitaron expandirse en Argentina por restricciones cambiarias, dificultades para importar, inflación alta e imposibilidad de girar utilidades. El nuevo escenario económico modificó parcialmente esa percepción.

“Las marcas están viniendo porque ven en la Argentina una oportunidad”, sostuvo Elsztain durante un encuentro con periodistas organizado por IRSA.

La frase sintetiza un cambio de clima empresarial. El sector comercial interpreta que la desaceleración inflacionaria, la estabilización financiera y la reapertura importadora reactivaron planes de expansión que permanecían congelados desde hace más de una década.

La lista de compañías mencionadas por el empresario muestra un fenómeno transversal: marcas premium; fast fashion; deporte; accesorios; belleza; y retail masivo. Entre los desembarcos y expansiones confirmadas aparecen: H&M, Decathlon, Victoria’s Secret, Mango, Miniso, Skechers, Armani Exchange, Dolce & Gabbana, Maje, Only, y Jack & Jones

La llegada más simbólica probablemente sea la de H&M. La cadena sueca llevaba años analizando el mercado argentino, pero nunca había logrado condiciones macroeconómicas que garantizaran previsibilidad operativa.

Elsztain dejó una definición que explica buena parte del interés internacional: las marcas consideran que el consumidor argentino ya conoce sus productos. “Los argentinos ya las compraron en Miami, Brasil o Nueva York”, explicó.

Ese punto es central para entender el atractivo del mercado local. Argentina no necesita “educar” consumidores para las grandes marcas globales. El cliente ya existe; lo que faltaba era estabilidad para monetizar esa demanda dentro del país.

Para Misiones, esa lectura tiene un matiz particular. Durante años, la apertura de shoppings y comercios en Encarnación o Foz do Iguaçu funcionó como vía de escape del consumo argentino hacia el exterior.

Ahora aparece un escenario más competitivo: mayor presencia de marcas globales dentro del país; menor brecha cambiaria; y un consumidor más racional frente al gasto.

El nuevo consumidor: menos ansiedad y más selectividad

Elsztain describió además un cambio relevante en la conducta de compra.

Según el empresario, el consumidor dejó atrás la lógica defensiva típica de la inflación alta, donde la prioridad era gastar rápido antes de que los precios subieran nuevamente.

“Cuando el consumidor cree que la plata se le derrite, la gasta más rápido. Cuando ve que los precios van bajando, espera”, afirmó.

Esa transformación tiene impacto directo sobre el retail. El consumo sigue activo, pero se volvió más selectivo y competitivo.

Por eso el presidente de IRSA lanzó otra definición que resume el momento comercial actual: “El que no baja los precios vende menos”.

La frase refleja una nueva dinámica para cadenas, importadores y marcas nacionales, acostumbradas durante años a trasladar inflación casi automáticamente a precios.

Elsztain vinculó el nuevo ciclo comercial con otro fenómeno que el mercado sigue de cerca: el regreso del financiamiento de largo plazo.

El empresario destacó que hoy las compañías vuelven a emitir deuda a diez años, algo prácticamente inexistente durante la última década argentina.

La mejora del riesgo país —que cayó desde niveles superiores a 2.500 puntos hasta la zona de 500— empieza a modificar decisiones de inversión inmobiliaria y comercial.

Para IRSA, el dato es estratégico porque el negocio inmobiliario requiere horizontes largos de estabilidad.

Pero el análisis también alcanza a sectores productivos. Si el crédito hipotecario y corporativo logra consolidarse, podría reactivarse parte de la inversión privada hoy postergada en construcción, comercio y servicios.

Minería y oro: el otro negocio que entusiasma a Elsztain

Además del retail, el empresario ratificó su interés en minería y particularmente en el oro.

Elsztain explicó que la emisión monetaria global volvió a posicionar al metal precioso como activo de resguardo para fondos y bancos centrales.

IRSA ya realizó inversiones en proyectos mineros en San Juan y el empresario dejó abierta la puerta para futuras iniciativas, incluso bajo el régimen RIGI.

El dato no pasa inadvertido en el mundo financiero: los grandes grupos económicos argentinos están empezando a diversificar posiciones entre real estate, energía, minería y consumo, buscando capturar oportunidades en distintos sectores de la economía post-ajuste.

El entusiasmo empresario todavía convive con una recuperación desigual del consumo.

Elsztain reconoció que el salario real sigue condicionado por nuevos costos que antes no existían para muchas familias, aunque sostuvo que la continuidad de la estabilidad económica podría mejorar gradualmente el escenario.

Ahí aparece la principal incógnita para el retail argentino de los próximos meses: si la desaceleración inflacionaria logra transformarse en recomposición sostenida del ingreso; y si el nuevo ciclo de apertura comercial impulsa más competencia o profundiza la concentración.

Por ahora, los grandes jugadores ya tomaron posición. Y el regreso de marcas internacionales funciona como una señal concreta de que el mercado global volvió a mirar a la Argentina como un territorio nuevamente atractivo para invertir.

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