economías regionales argentina

Andresito pierde $64.800 millones por año por el derrumbe del precio de la yerba

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La crisis que atraviesa la producción yerbatera ya no se refleja únicamente en los ingresos de los productores. En Comandante Andresito, uno de los principales polos yerbateros del país, el derrumbe del precio de la hoja verde comienza a medirse en términos de desarrollo local, actividad económica y capacidad de generación de riqueza.

Un informe elaborado por el Ministerio del Agro y la Producción de Misiones revela que la diferencia entre los aproximadamente $250 por kilo que actualmente reciben los productores y los $700 por kilo que el organismo considera necesarios para cubrir costos y garantizar la sustentabilidad de la actividad provoca una pérdida anual de $64.800 millones para la economía de Andresito.

La magnitud del número adquiere otra dimensión cuando se lo compara con las finanzas públicas del municipio: equivale a casi 14 presupuestos municipales completos que cada año dejan de circular dentro de la localidad.

Una economía que deja de girar

El análisis toma como referencia las cerca de 18.000 hectáreas cultivadas con yerba mate en Comandante Andresito, cuya producción ronda los 144 millones de kilos de hoja verde anuales.

Con el precio actual, esos volúmenes generan ingresos por alrededor de $36.000 millones. Sin embargo, si la materia prima se comercializara a $700 por kilo, el ingreso anual ascendería a $100.800 millones.

La diferencia, de $64.800 millones, representa recursos que hoy no llegan a los productores ni se vuelcan al circuito económico local.

Para una localidad cuya actividad gira en torno a la producción primaria, semejante caída tiene un efecto multiplicador sobre prácticamente todos los sectores.

El impacto supera ampliamente a las chacras

Desde el Ministerio del Agro advierten que la pérdida no termina en el productor.

Menores ingresos implican menos contratación de tareferos, menor demanda de servicios rurales, reducción en la compra de fertilizantes, agroquímicos, combustible y maquinaria, además de una caída del movimiento comercial en talleres mecánicos, estaciones de servicio, corralones, supermercados y pequeños comercios.

Cada peso que deja de percibir un productor es un peso que tampoco circula en la economía de Andresito.

El fenómeno termina afectando el consumo, la inversión privada y también la recaudación de distintos niveles del Estado, profundizando el deterioro económico de una región cuya matriz productiva depende fuertemente de la yerba mate.

Una pérdida que se replica en toda Misiones

El informe también amplía la mirada hacia el conjunto de la provincia.

Tomando una producción anual cercana a los 900 millones de kilos de hoja verde, la diferencia entre el precio actualmente percibido y el valor considerado necesario para sostener la actividad implica que Misiones deja de incorporar alrededor de $405.000 millones por año a su economía.

Ese dinero, sostienen desde la cartera agraria, podría traducirse en mayor inversión productiva, más empleo rural, mayor consumo interno y una mayor capacidad de crecimiento para las economías regionales.

La desregulación, en el centro del debate

El estudio fue difundido en un contexto de fuerte tensión dentro de la cadena yerbatera.

Desde la entrada en vigencia del DNU 70/2023, el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) perdió la facultad de fijar precios mínimos para la hoja verde y la yerba canchada, modificando el esquema de regulación que había funcionado durante más de dos décadas.

La desregulación derivó en una fuerte dispersión de valores pagados a los productores y profundizó el conflicto entre los distintos eslabones de la cadena.

Mientras el Gobierno nacional sostiene que el mercado debe definir los precios, el Gobierno de Misiones, cooperativas, asociaciones de productores y trabajadores rurales vienen reclamando mecanismos que permitan recomponer el valor de la materia prima y evitar el deterioro de las economías regionales.

Para el Ministerio del Agro, el caso de Andresito muestra con claridad que la discusión excede al sector yerbatero: el precio de la hoja verde termina definiendo el nivel de actividad económica de localidades enteras.

Cuando el ingreso del productor cae, también se resiente el empleo, el comercio, los servicios y la inversión. En municipios cuya economía depende casi exclusivamente de la yerba mate, el precio de la materia prima deja de ser un dato sectorial para convertirse en un factor determinante del desarrollo local.

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El semáforo económico de Misiones sigue en rojo pese al avance del PIB argentino

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Esta semana, el INDEC publicó el dato del Producto Interno Bruto (PIB) del primer trimestre de 2026 que, leído superficialmente, podría invitar al optimismo. La economía argentina creció 2,3% interanual y 0,7% respecto del trimestre previo, impulsada principalmente por las exportaciones, la actividad agropecuaria, la minería y algunos sectores vinculados a la producción primaria. A la par, se observa un nuevo máximo histórico para el consumo privado, pero se alerta respecto a la fuerte baja de la inversión.

Sin embargo, detrás de ese número agregado convive una realidad mucho más compleja. El crecimiento del PIB no implica que todas las provincias crezcan, ni mucho menos que todos los sectores económicos mejoren al mismo tiempo. Por el contrario, el primer trimestre de 2026 vuelve a poner en evidencia una de las principales características del actual esquema económico argentino: una creciente heterogeneidad territorial y sectorial.

Misiones es probablemente uno de los casos donde esa divergencia aparece con mayor crudeza. Para esto, vamos a actualizar el Semáforo de Actividad Provincial que en otras oportunidades ya hemos mostrado. Si vemos los números provinciales para el primer trimestre del año, a modo de comparar con el resultado agregado del PIB, en Misiones hay un panorama alarmante. 

Misiones | 1° trimestre 2026 11 indicadores en rojo 4 indicadores en verde
Semáforo de actividad provincial: Misiones bajo presión Variación interanual por indicador. Primer trimestre de 2026.
Variable Fuente Ene-26 Feb-26 Mar-26 Acumulado 1° trimestre
Ventas reales en supermercados INDEC -7,6% -13,9% -4,3% -8,5%
Venta de gasoil al público en m³ Sec. Energía -12,3% -16,6% -12,0% -13,6%
Venta de nafta al público en m³ Sec. Energía -1,7% -5,3% -8,8% -5,3%
Patentamientos de autos en unidades INDEC -17,1% -20,9% -15,9% -17,7%
Patentamientos de motos en unidades INDEC 27,5% 73,2% 50,2% 48,1%
Empleo privado formal en unidades STEySS -4,9% -4,5% -3,9% -4,4%
Salario real del sector privado formal STEySS -1,0% -2,3% -2,2% -1,8%
Empleadores privados en unidades SRT -5,4% -6,2% -6,6% -6,1%
Recaudación real de Ingresos Brutos ATM -25,0% -23,1% -17,5% -22,2%
Permisos de obra en unidades INDEC -12,5% -9,7% 21,4% -2,4%
Superficie autorizada en m² INDEC -36,5% -30,0% -37,4% -35,0%
Yerba mate – mercado interno en kg INYM -2,9% -8,7% 4,6% -2,1%
Yerba mate – mercado externo en kg INYM 46,6% -30,0% 9,3% 3,4%
Exportaciones totales en USD INDEC 16,3% -4,1% 17,7% 9,3%
Exportaciones totales en toneladas INDEC 4,1% -2,7% 15,9% 5,9%
Fuente: elaboración para Economis sobre datos de INDEC, Secretaría de Energía, STEySS, SRT, ATM e INYM.

De los quince indicadores relevados, apenas cuatro exhiben resultados positivos en el acumulado del primer trimestre, mientras que once permanecen en terreno negativo. Pero más preocupante aún es la naturaleza de esas caídas.

Respecto a los indicadores vinculados al consumo, las ventas reales en supermercados retroceden 8,5% acumulado, el expendio de gasoil cae 13,6%, la venta de naftas disminuye 5,3% y el patentamiento de autos retrocede 17,7%. En este marco, todos estos indicadores muestran un mismo fenómeno: la baja no es solo acumulada, sino que caen en todos los meses que conforman el período. 

Sólo uno muestra un signo diferente: el patentamiento de motos, que crece en todos los meses y cerró el acumulado en +48,1%, un gran signo de la época que se replica en casi todo el país. En definitiva, vemos que el consumo está todavía atravesando una fuerte crisis que no se condice con los augurios que bajan desde el poder central nacional.  

Si vemos los indicadores de Empleo y Salarios, el escenario es igual de negativo:  el empleo privado formal pierde 4,4% acumulado, los salarios reales del sector privado se contraen 1,8% en el trimestre y los empleadores registrados del sector privado disminuyen 6,1%. Estos indicadores muestran caídas en todos los meses del período y el rojo acumulado se torna grave al pensar no solo en la foto, sino en la tendencia. Así, no solo se achica el empleo de calidad, sino que se hace cada vez menor la capacidad de compra de los trabajadores (ratificando así lo visto para los indicadores de consumo), a la par que el entramado empresarial se deteriora fuertemente y condiciona una posible (o más bien, deseada) recuperación de la economía real.

La recaudación real del impuesto a los Ingresos Brutos, que podría utilizarse como un proxy de actividad económico local, se desploma 22,2%, la baja más fuerte del país. Esto trae dos problemas: evidencia un problema de actividad pero a la par, desfinancia fuertemente al Estado en contextos donde se requiere brindar, desde allí, más asistencia para paliar la crisis.

Si miramos algunos puntos clave de la construcción, los permisos de obra privada bajan 2,4% (pese a un repunte en marzo) y la superficie autorizada para construir registra una contracción del 35%. Es decir, un sector altamente dinamizador de la economía no encuentra piso y no puede recomponerse, ratificando que se trata del sector posiblemente más golpeado con el actual modelo económico libertario. 

Con la yerba mate, el rojo se intensifica: las ventas al mercado interno se contraen 2,1% en el trimestre; y por el contrario, se fortalece la salida al exterior con exportaciones de yerba creciendo al 3,4% acumulado. Quedándonos en el lado del comercio exterior, las exportaciones misioneras crecen 9,3% medidas en USD y 5,9% en toneladas, siendo el dato más destacado para la provincia

En ese marco, los pocos datos positivos no modifican el diagnóstico general. Son actividades relevantes, pero insuficientes para compensar la debilidad generalizada del consumo, la inversión, la construcción y el mercado laboral. Entonces, se observa que prácticamente todos los indicadores que describen el funcionamiento cotidiano de una economía provincial muestran deterioro. 

Aquí aparece una cuestión central que muchas veces queda oculta detrás del dato nacional del PIB. El crecimiento de la economía argentina durante este trimestre estuvo explicado fundamentalmente por sectores de capital intensivo, fuerte orientación exportadora y alta concentración geográfica. El complejo agroexportador, la minería y algunas ramas vinculadas a recursos naturales explican buena parte de la expansión nacional. Pero Misiones y gran parte del norte argentino poseen una estructura productiva muy distinta.

Las economías de la región están más atadas al consumo interno, al turismo y la producción de bienes y servicios de pequeñas y medianas empresas. Es decir, el mercado interno tiene un peso determinante no solamente sobre la economía general sino también y particularmente, sobre el empleo y sobre la generación de ingresos. Cuando el modelo económico privilegia actividades altamente concentradas y con bajo efecto derrame sobre el resto del país, provincias como Misiones quedan inevitablemente rezagadas.

Entonces, no es una contradicción que el PIB nacional crezca mientras Misiones se debilita. Es, precisamente, una consecuencia esperable de un crecimiento extremadamente desigual

De hecho, el propio semáforo provincial permite deducir una secuencia económica consistente. Primero cae el consumo. Luego se retrae la recaudación. Después disminuye la construcción privada. Más tarde aparecen menores niveles de empleo y pérdida de empleadores. Finalmente, los salarios reales continúan deteriorándose. No son indicadores aislados; son distintas manifestaciones de un mismo proceso.

La consolidación del proceso trae otras consecuencias que aún no observamos: por ejemplo, la reducción de empresas no es solo un problema actual, también implica menor capacidad futura para generar empleo formal y menor densidad empresarial, un activo que tarda años en reconstruirse. Algo similar ocurre con el salario: aunque la inflación desacelere, la recuperación del ingreso continúa siendo insuficiente para dinamizar el consumo, especialmente en provincias donde la demanda interna constituye el principal motor económico. Su recuperación no depende solo de mayores ingresos, sino también de mayor robustez del empleo. Una viene de la mano de la otra y la destrucción del tridente ingresos-empleos-empresas es un arma letal para las economías locales. 

Con todo esto, Misiones enfrenta una situación donde prácticamente todos los motores tradicionales de crecimiento permanecen apagados. Por eso resulta equivocado utilizar el dato nacional del PIB como sinónimo de una recuperación homogénea. La economía argentina efectivamente está creciendo, pero lo hace de manera extremadamente concentrada, tanto sectorial como territorialmente. Los beneficios de esa expansión no llegan con igual intensidad a todas las provincias.

Misiones representa hoy una de las caras menos visibles de ese fenómeno. Mientras algunos sectores exportadores explican el crecimiento nacional, buena parte de la economía misionera y de las economías provinciales en general continúa transitando una etapa de fuerte deterioro. El desafío no pasa por cuestionar el crecimiento del PIB, sino por reconocer sus límites como indicador del bienestar económico territorial.

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Sáenz advirtió sobre una “desesperanza” social y comparó el clima actual con el 2001

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El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, expresó una de las definiciones más duras formuladas hasta ahora por un mandatario provincial sobre el clima social y económico que atraviesa la Argentina. En una reflexión cargada de preocupación, aseguró que percibe a la sociedad “desesperanzada” y trazó un paralelismo con la crisis de 2001, aunque advirtió que el escenario actual presenta características distintas, marcadas por el enojo social, la violencia discursiva y el agotamiento de la confianza pública.

“Veo a la gente desesperanzada. Ha pasado de la bronca, del odio, que fue lo que llevó a este gobierno a llegar a donde está, porque también venía con una serie de golpes en lo económico, y le dio un cheque en blanco a este gobierno. Y empiezo a verlo con desesperanza. Algo parecido al 2001, pero distinto”, sostuvo Sáenz.

El mandatario salteño describió un deterioro profundo del humor social y consideró que la crisis actual se expresa también en las redes sociales, donde -según afirmó- ya no predomina el clásico rechazo político del “que se vayan todos”, sino una sensación todavía más extrema. “Yo creo que ahora dicen que se mueran todos. La gente está cansada, ya no cree en nadie”, señaló.

Las declaraciones se producen en un contexto de fuerte ajuste económico, caída del consumo, pérdida del poder adquisitivo y aumento de la fragilidad laboral, especialmente en las economías regionales y en el interior profundo del país, donde las alternativas de subsistencia son mucho más limitadas que en los grandes centros urbanos.

Sáenz puso especial énfasis en la situación social de los sectores más vulnerables. “Que los jubilados no tengan para remedios, que la gente tenga que comer salteado, que no consigan empleo”, enumeró, al tiempo que advirtió sobre el impacto que está teniendo la recesión sobre pequeñas y medianas empresas que tardaron años en consolidarse y hoy enfrentan cierres definitivos.

“Hay un montón de empresas, pymes, que han estado años para cumplir sus sueños y hoy día han cerrado. ¿Cómo se vuelve a abrir ese sueño? ¿Cómo se vuelve a emprender eso?”, cuestionó el gobernador en una entrevista con Eduardo Feinmann.

En su análisis también marcó las diferencias entre la realidad de las grandes ciudades y la situación del interior profundo. Señaló que en las capitales provinciales todavía existen mecanismos informales de supervivencia económica -como trabajar con aplicaciones de transporte o reparto-, pero sostuvo que esas alternativas prácticamente no existen en las localidades más alejadas.

“Acá en Capital alguien se queda sin trabajo, pone un Uber y pucherea, lleva la comida de cada día a su casa. Eso en el interior no pasa. Primero porque no hay mercado para eso y segundo porque hay que tener auto”, afirmó.

Las declaraciones de Sáenz reflejan una creciente preocupación entre gobernadores por el impacto social del ajuste económico y por el deterioro de las economías regionales. En provincias del norte argentino, donde el empleo público, las pymes y las actividades primarias tienen un peso central en la estructura económica, la caída del consumo y la paralización de inversiones comienzan a trasladarse con mayor fuerza al tejido social.

El planteo del gobernador salteño también deja entrever un temor compartido por parte de varios mandatarios provinciales: que el desgaste económico derive en una crisis de representación política y en una profundización del descreimiento institucional, en un escenario donde amplios sectores sociales sienten que no encuentran respuestas ni perspectivas de recuperación en el corto plazo.

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Semáforo de economías regionales: la yerba sigue en rojo y la mandioca se suma al grupo en crisis

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El arranque de 2026 confirma una tendencia que ya venía consolidándose: las economías regionales atraviesan un escenario de creciente fragilidad, con más actividades en terreno negativo y un deterioro sostenido en los ingresos de los productores. En ese mapa, Misiones aparece especialmente expuesta. La yerba mate permanece en rojo y, como dato nuevo, la mandioca se suma al grupo de actividades en crisis, mientras que el sector forestal continúa en zona amarilla, sin lograr consolidar una recuperación.

El problema de fondo es común a la mayoría de las actividades en retroceso: los precios que reciben los productores crecen por debajo de la inflación, mientras los costos operativos -insumos, logística, mano de obra- siguen en alza. El resultado es un deterioro persistente de la rentabilidad que, en muchos casos, empieza a impactar en las decisiones productivas y en la continuidad de la actividad.

En Misiones, la situación se vuelve particularmente delicada. La yerba mate, principal cultivo de la provincia, continúa mostrando señales de desgaste estructural desde el eslabón productivo, mientras que los escalones más altos atraviesan una bonanza, particularmente el sector exportador. El precio de la hoja verde de yerba mate se ubica en torno a los $220.000 por tonelada, pero en términos reales implica una caída cercana al 27%, en un contexto donde los costos no dejan de subir. A esto se suma una producción que cayó 8% en el último año, reflejando un menor dinamismo de toda la cadena.

Semáforo de Economías Regionales

Rojo: Yerba mate, mandioca, arroz, papa, vino, hortalizas, algodón, maní, leche

Amarillo: Forestal, tabaco, cítricos, aves, porcinos, peras y manzanas

Verde: Bovinos, ovinos, granos, miel

Pero el dato que enciende nuevas alarmas es el deterioro de la mandioca. Aunque el precio mostró mejoras nominales, en términos reales acumula una caída del 41% desde fines de 2023. Este desfase golpea directamente al productor, desincentiva la comercialización y comienza a generar efectos en cadena: menor área sembrada y problemas de abastecimiento en la industria, con plantas de fécula que incluso debieron interrumpir su actividad por falta de materia prima.

El sector forestal, otro de los pilares de la economía misionera, tampoco logra despegar. Se mantiene en zona amarilla, con señales mixtas: los precios crecieron apenas 18% interanual, claramente por debajo de la inflación, mientras que las exportaciones cayeron 19%. En paralelo, las importaciones aumentaron, configurando un escenario de pérdida de competitividad en un sector clave para la generación de empleo y divisas.

A nivel general, el semáforo de las economías regionales muestra un avance de las actividades en rojo. Allí se ubican, además de la yerba y la mandioca, el arroz, la papa, el vino y mosto, las hortalizas, el algodón, el maní y la leche. En todos estos casos, el patrón se repite: ingresos rezagados frente a la inflación, costos elevados y dificultades para sostener márgenes positivos.

En zona amarilla aparecen sectores como el forestal, el tabaco, los cítricos dulces, las carnes aviar y porcina y algunas economías frutícolas. Son actividades que muestran cierta estabilidad, pero con recuperación lenta y sin lograr consolidar mejoras estructurales. 

Participación del productor en el precio final

Yerba mate: 13% (vs 23% histórico)

Vino: 14% (vs 24%)

Papa: 25% (vs 34%)

Leche: 25% (vs 29%)

Arroz: 16% (vs 20%)

En contraste, el semáforo en verde se reduce a pocos casos: bovinos, ovinos, granos y miel, donde los precios lograron superar la inflación y los mercados acompañaron.

Sin embargo, incluso en este contexto, el desempeño exportador muestra una fuerte concentración. En el primer bimestre del año, las economías regionales exportaron 9.322 millones de dólares, pero el 78% de ese total estuvo explicado por el complejo granario. Muy por detrás quedaron el sector bovino, la lechería y el maní. 

Esta estructura limita el peso relativo de producciones como las del NEA y, en particular, las de Misiones, que dependen de cadenas con menor escala exportadora.

Uno de los indicadores más reveladores del deterioro es la pérdida de participación del productor en el precio final. En la yerba mate, por ejemplo, el productor capta hoy apenas el 13% del valor en góndola, cuando históricamente esa participación rondaba el 23%. La caída es significativa y refleja un problema estructural en la cadena: mayor concentración en los eslabones intermedios, aumento de costos y pérdida de poder de negociación en el origen.

Este fenómeno se repite en otras economías regionales, como el vino, la papa o las hortalizas, donde la distancia entre el precio de origen y el precio final se amplía, dejando al productor en una situación cada vez más vulnerable.

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Yerba mate, AFA y política: el reclamo misionero suma presión transversal para revisar el sponsor brasileño

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La polémica por el auspicio de una marca brasileña de yerba mate a la Selección Argentina escaló en las últimas horas y dejó al descubierto un fenómeno poco habitual en la política nacional: un reclamo transversal que une a dirigentes del misionerismo con sectores del PRO alineados al oficialismo nacional.

A la iniciativa impulsada por los senadores misioneros Sonia Rojas Decut y Carlos Omar Arce, que solicitaron a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) revisar el acuerdo comercial, se sumó un documento del senador nacional Martín Goerling, referente del PRO y cercano al mileísmo, que endurece el tono y amplía el alcance del planteo.

El proyecto de declaración presentado por Goerling expresa un “profundo rechazo y enérgico repudio” a la decisión de la AFA de incorporar como sponsor a una yerba mate de origen brasileño, al considerar que la medida “perjudica de manera directa a las economías regionales” y desplaza a la industria nacional de uno de los espacios de mayor visibilidad global.

El dato político no es menor: el cuestionamiento ya no se limita al espacio provincial misionero, sino que alcanza a sectores opositores que, en otros temas, suelen acompañar la agenda del gobierno de Javier Milei. La yerba mate, en este caso, funciona como un eje de defensa productiva que trasciende alineamientos partidarios.

En sus fundamentos, tanto el proyecto de los senadores misioneros como el de Goerling coinciden en un punto central: la contradicción entre el carácter de “Infusión Nacional”, establecido por la Ley 26.871, y la decisión de promover una marca extranjera en uno de los principales símbolos del país.

Goerling advierte que la medida rompe con la tradición de acompañamiento de empresas nacionales a la Selección y constituye “un precedente lesivo para la soberanía productiva” de provincias como Misiones y Corrientes.

El planteo adquiere mayor peso al incorporar datos estructurales del sector: Misiones concentra el 88% de la superficie cultivada de yerba mate en Argentina, con más de 200 mil hectáreas, mientras que la actividad involucra a más de 13.000 explotaciones y sostiene el entramado económico de amplias zonas del noreste.

En ese contexto, los legisladores advierten que la decisión de la AFA no es un hecho aislado ni meramente comercial, sino que impacta directamente en la cadena productiva y en el empleo, en un momento en el que el sector ya muestra señales de deterioro.

Más que un sponsor: visibilidad, mercado y posicionamiento

El núcleo del conflicto no radica únicamente en la elección de una marca extranjera, sino en lo que representa la Selección Argentina como plataforma de posicionamiento global.

“La máxima vidriera deportiva del país” —como la define el documento— es también un espacio estratégico de marketing internacional. Ceder ese lugar a un competidor externo implica, según los legisladores, resignar una oportunidad clave para promover la producción nacional en mercados internacionales.

El argumento se refuerza con un dato simbólico: mientras el mate se consolida como parte de la identidad argentina a nivel global, impulsado incluso por la visibilidad de los campeones del mundo, la AFA opta por asociar esa imagen a un producto importado.

El reclamo comenzó en el ámbito productivo, con el planteo del diputado provincial Juan José Szychowski, pero rápidamente escaló al plano institucional y ahora suma volumen político en el Congreso.

La coincidencia entre el misionerismo y un sector del PRO alineado al oficialismo nacional introduce un elemento nuevo: la posibilidad de que el tema trascienda lo simbólico y se convierta en un punto de tensión concreta entre economías regionales y decisiones de actores privados con impacto público.

Aunque la AFA es una entidad de derecho privado, los proyectos presentados sostienen que su rol excede lo comercial por su peso cultural y representativo, lo que abre un debate más amplio sobre los límites entre mercado, identidad nacional y políticas de promoción productiva.

En ese escenario, la discusión por un sponsor deportivo se transforma en algo más profundo: un test sobre cómo se defienden —o se resignan— los espacios de visibilidad global de las economías regionales argentinas.

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