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El semáforo económico de Misiones sigue en rojo pese al avance del PIB argentino

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Esta semana, el INDEC publicó el dato del Producto Interno Bruto (PIB) del primer trimestre de 2026 que, leído superficialmente, podría invitar al optimismo. La economía argentina creció 2,3% interanual y 0,7% respecto del trimestre previo, impulsada principalmente por las exportaciones, la actividad agropecuaria, la minería y algunos sectores vinculados a la producción primaria. A la par, se observa un nuevo máximo histórico para el consumo privado, pero se alerta respecto a la fuerte baja de la inversión.

Sin embargo, detrás de ese número agregado convive una realidad mucho más compleja. El crecimiento del PIB no implica que todas las provincias crezcan, ni mucho menos que todos los sectores económicos mejoren al mismo tiempo. Por el contrario, el primer trimestre de 2026 vuelve a poner en evidencia una de las principales características del actual esquema económico argentino: una creciente heterogeneidad territorial y sectorial.

Misiones es probablemente uno de los casos donde esa divergencia aparece con mayor crudeza. Para esto, vamos a actualizar el Semáforo de Actividad Provincial que en otras oportunidades ya hemos mostrado. Si vemos los números provinciales para el primer trimestre del año, a modo de comparar con el resultado agregado del PIB, en Misiones hay un panorama alarmante. 

Misiones | 1° trimestre 2026 11 indicadores en rojo 4 indicadores en verde
Semáforo de actividad provincial: Misiones bajo presión Variación interanual por indicador. Primer trimestre de 2026.
Variable Fuente Ene-26 Feb-26 Mar-26 Acumulado 1° trimestre
Ventas reales en supermercados INDEC -7,6% -13,9% -4,3% -8,5%
Venta de gasoil al público en m³ Sec. Energía -12,3% -16,6% -12,0% -13,6%
Venta de nafta al público en m³ Sec. Energía -1,7% -5,3% -8,8% -5,3%
Patentamientos de autos en unidades INDEC -17,1% -20,9% -15,9% -17,7%
Patentamientos de motos en unidades INDEC 27,5% 73,2% 50,2% 48,1%
Empleo privado formal en unidades STEySS -4,9% -4,5% -3,9% -4,4%
Salario real del sector privado formal STEySS -1,0% -2,3% -2,2% -1,8%
Empleadores privados en unidades SRT -5,4% -6,2% -6,6% -6,1%
Recaudación real de Ingresos Brutos ATM -25,0% -23,1% -17,5% -22,2%
Permisos de obra en unidades INDEC -12,5% -9,7% 21,4% -2,4%
Superficie autorizada en m² INDEC -36,5% -30,0% -37,4% -35,0%
Yerba mate – mercado interno en kg INYM -2,9% -8,7% 4,6% -2,1%
Yerba mate – mercado externo en kg INYM 46,6% -30,0% 9,3% 3,4%
Exportaciones totales en USD INDEC 16,3% -4,1% 17,7% 9,3%
Exportaciones totales en toneladas INDEC 4,1% -2,7% 15,9% 5,9%
Fuente: elaboración para Economis sobre datos de INDEC, Secretaría de Energía, STEySS, SRT, ATM e INYM.

De los quince indicadores relevados, apenas cuatro exhiben resultados positivos en el acumulado del primer trimestre, mientras que once permanecen en terreno negativo. Pero más preocupante aún es la naturaleza de esas caídas.

Respecto a los indicadores vinculados al consumo, las ventas reales en supermercados retroceden 8,5% acumulado, el expendio de gasoil cae 13,6%, la venta de naftas disminuye 5,3% y el patentamiento de autos retrocede 17,7%. En este marco, todos estos indicadores muestran un mismo fenómeno: la baja no es solo acumulada, sino que caen en todos los meses que conforman el período. 

Sólo uno muestra un signo diferente: el patentamiento de motos, que crece en todos los meses y cerró el acumulado en +48,1%, un gran signo de la época que se replica en casi todo el país. En definitiva, vemos que el consumo está todavía atravesando una fuerte crisis que no se condice con los augurios que bajan desde el poder central nacional.  

Si vemos los indicadores de Empleo y Salarios, el escenario es igual de negativo:  el empleo privado formal pierde 4,4% acumulado, los salarios reales del sector privado se contraen 1,8% en el trimestre y los empleadores registrados del sector privado disminuyen 6,1%. Estos indicadores muestran caídas en todos los meses del período y el rojo acumulado se torna grave al pensar no solo en la foto, sino en la tendencia. Así, no solo se achica el empleo de calidad, sino que se hace cada vez menor la capacidad de compra de los trabajadores (ratificando así lo visto para los indicadores de consumo), a la par que el entramado empresarial se deteriora fuertemente y condiciona una posible (o más bien, deseada) recuperación de la economía real.

La recaudación real del impuesto a los Ingresos Brutos, que podría utilizarse como un proxy de actividad económico local, se desploma 22,2%, la baja más fuerte del país. Esto trae dos problemas: evidencia un problema de actividad pero a la par, desfinancia fuertemente al Estado en contextos donde se requiere brindar, desde allí, más asistencia para paliar la crisis.

Si miramos algunos puntos clave de la construcción, los permisos de obra privada bajan 2,4% (pese a un repunte en marzo) y la superficie autorizada para construir registra una contracción del 35%. Es decir, un sector altamente dinamizador de la economía no encuentra piso y no puede recomponerse, ratificando que se trata del sector posiblemente más golpeado con el actual modelo económico libertario. 

Con la yerba mate, el rojo se intensifica: las ventas al mercado interno se contraen 2,1% en el trimestre; y por el contrario, se fortalece la salida al exterior con exportaciones de yerba creciendo al 3,4% acumulado. Quedándonos en el lado del comercio exterior, las exportaciones misioneras crecen 9,3% medidas en USD y 5,9% en toneladas, siendo el dato más destacado para la provincia

En ese marco, los pocos datos positivos no modifican el diagnóstico general. Son actividades relevantes, pero insuficientes para compensar la debilidad generalizada del consumo, la inversión, la construcción y el mercado laboral. Entonces, se observa que prácticamente todos los indicadores que describen el funcionamiento cotidiano de una economía provincial muestran deterioro. 

Aquí aparece una cuestión central que muchas veces queda oculta detrás del dato nacional del PIB. El crecimiento de la economía argentina durante este trimestre estuvo explicado fundamentalmente por sectores de capital intensivo, fuerte orientación exportadora y alta concentración geográfica. El complejo agroexportador, la minería y algunas ramas vinculadas a recursos naturales explican buena parte de la expansión nacional. Pero Misiones y gran parte del norte argentino poseen una estructura productiva muy distinta.

Las economías de la región están más atadas al consumo interno, al turismo y la producción de bienes y servicios de pequeñas y medianas empresas. Es decir, el mercado interno tiene un peso determinante no solamente sobre la economía general sino también y particularmente, sobre el empleo y sobre la generación de ingresos. Cuando el modelo económico privilegia actividades altamente concentradas y con bajo efecto derrame sobre el resto del país, provincias como Misiones quedan inevitablemente rezagadas.

Entonces, no es una contradicción que el PIB nacional crezca mientras Misiones se debilita. Es, precisamente, una consecuencia esperable de un crecimiento extremadamente desigual

De hecho, el propio semáforo provincial permite deducir una secuencia económica consistente. Primero cae el consumo. Luego se retrae la recaudación. Después disminuye la construcción privada. Más tarde aparecen menores niveles de empleo y pérdida de empleadores. Finalmente, los salarios reales continúan deteriorándose. No son indicadores aislados; son distintas manifestaciones de un mismo proceso.

La consolidación del proceso trae otras consecuencias que aún no observamos: por ejemplo, la reducción de empresas no es solo un problema actual, también implica menor capacidad futura para generar empleo formal y menor densidad empresarial, un activo que tarda años en reconstruirse. Algo similar ocurre con el salario: aunque la inflación desacelere, la recuperación del ingreso continúa siendo insuficiente para dinamizar el consumo, especialmente en provincias donde la demanda interna constituye el principal motor económico. Su recuperación no depende solo de mayores ingresos, sino también de mayor robustez del empleo. Una viene de la mano de la otra y la destrucción del tridente ingresos-empleos-empresas es un arma letal para las economías locales. 

Con todo esto, Misiones enfrenta una situación donde prácticamente todos los motores tradicionales de crecimiento permanecen apagados. Por eso resulta equivocado utilizar el dato nacional del PIB como sinónimo de una recuperación homogénea. La economía argentina efectivamente está creciendo, pero lo hace de manera extremadamente concentrada, tanto sectorial como territorialmente. Los beneficios de esa expansión no llegan con igual intensidad a todas las provincias.

Misiones representa hoy una de las caras menos visibles de ese fenómeno. Mientras algunos sectores exportadores explican el crecimiento nacional, buena parte de la economía misionera y de las economías provinciales en general continúa transitando una etapa de fuerte deterioro. El desafío no pasa por cuestionar el crecimiento del PIB, sino por reconocer sus límites como indicador del bienestar económico territorial.

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Sáenz advirtió sobre una “desesperanza” social y comparó el clima actual con el 2001

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El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, expresó una de las definiciones más duras formuladas hasta ahora por un mandatario provincial sobre el clima social y económico que atraviesa la Argentina. En una reflexión cargada de preocupación, aseguró que percibe a la sociedad “desesperanzada” y trazó un paralelismo con la crisis de 2001, aunque advirtió que el escenario actual presenta características distintas, marcadas por el enojo social, la violencia discursiva y el agotamiento de la confianza pública.

“Veo a la gente desesperanzada. Ha pasado de la bronca, del odio, que fue lo que llevó a este gobierno a llegar a donde está, porque también venía con una serie de golpes en lo económico, y le dio un cheque en blanco a este gobierno. Y empiezo a verlo con desesperanza. Algo parecido al 2001, pero distinto”, sostuvo Sáenz.

El mandatario salteño describió un deterioro profundo del humor social y consideró que la crisis actual se expresa también en las redes sociales, donde -según afirmó- ya no predomina el clásico rechazo político del “que se vayan todos”, sino una sensación todavía más extrema. “Yo creo que ahora dicen que se mueran todos. La gente está cansada, ya no cree en nadie”, señaló.

Las declaraciones se producen en un contexto de fuerte ajuste económico, caída del consumo, pérdida del poder adquisitivo y aumento de la fragilidad laboral, especialmente en las economías regionales y en el interior profundo del país, donde las alternativas de subsistencia son mucho más limitadas que en los grandes centros urbanos.

Sáenz puso especial énfasis en la situación social de los sectores más vulnerables. “Que los jubilados no tengan para remedios, que la gente tenga que comer salteado, que no consigan empleo”, enumeró, al tiempo que advirtió sobre el impacto que está teniendo la recesión sobre pequeñas y medianas empresas que tardaron años en consolidarse y hoy enfrentan cierres definitivos.

“Hay un montón de empresas, pymes, que han estado años para cumplir sus sueños y hoy día han cerrado. ¿Cómo se vuelve a abrir ese sueño? ¿Cómo se vuelve a emprender eso?”, cuestionó el gobernador en una entrevista con Eduardo Feinmann.

En su análisis también marcó las diferencias entre la realidad de las grandes ciudades y la situación del interior profundo. Señaló que en las capitales provinciales todavía existen mecanismos informales de supervivencia económica -como trabajar con aplicaciones de transporte o reparto-, pero sostuvo que esas alternativas prácticamente no existen en las localidades más alejadas.

“Acá en Capital alguien se queda sin trabajo, pone un Uber y pucherea, lleva la comida de cada día a su casa. Eso en el interior no pasa. Primero porque no hay mercado para eso y segundo porque hay que tener auto”, afirmó.

Las declaraciones de Sáenz reflejan una creciente preocupación entre gobernadores por el impacto social del ajuste económico y por el deterioro de las economías regionales. En provincias del norte argentino, donde el empleo público, las pymes y las actividades primarias tienen un peso central en la estructura económica, la caída del consumo y la paralización de inversiones comienzan a trasladarse con mayor fuerza al tejido social.

El planteo del gobernador salteño también deja entrever un temor compartido por parte de varios mandatarios provinciales: que el desgaste económico derive en una crisis de representación política y en una profundización del descreimiento institucional, en un escenario donde amplios sectores sociales sienten que no encuentran respuestas ni perspectivas de recuperación en el corto plazo.

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Semáforo de economías regionales: la yerba sigue en rojo y la mandioca se suma al grupo en crisis

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El arranque de 2026 confirma una tendencia que ya venía consolidándose: las economías regionales atraviesan un escenario de creciente fragilidad, con más actividades en terreno negativo y un deterioro sostenido en los ingresos de los productores. En ese mapa, Misiones aparece especialmente expuesta. La yerba mate permanece en rojo y, como dato nuevo, la mandioca se suma al grupo de actividades en crisis, mientras que el sector forestal continúa en zona amarilla, sin lograr consolidar una recuperación.

El problema de fondo es común a la mayoría de las actividades en retroceso: los precios que reciben los productores crecen por debajo de la inflación, mientras los costos operativos -insumos, logística, mano de obra- siguen en alza. El resultado es un deterioro persistente de la rentabilidad que, en muchos casos, empieza a impactar en las decisiones productivas y en la continuidad de la actividad.

En Misiones, la situación se vuelve particularmente delicada. La yerba mate, principal cultivo de la provincia, continúa mostrando señales de desgaste estructural desde el eslabón productivo, mientras que los escalones más altos atraviesan una bonanza, particularmente el sector exportador. El precio de la hoja verde de yerba mate se ubica en torno a los $220.000 por tonelada, pero en términos reales implica una caída cercana al 27%, en un contexto donde los costos no dejan de subir. A esto se suma una producción que cayó 8% en el último año, reflejando un menor dinamismo de toda la cadena.

Semáforo de Economías Regionales

Rojo: Yerba mate, mandioca, arroz, papa, vino, hortalizas, algodón, maní, leche

Amarillo: Forestal, tabaco, cítricos, aves, porcinos, peras y manzanas

Verde: Bovinos, ovinos, granos, miel

Pero el dato que enciende nuevas alarmas es el deterioro de la mandioca. Aunque el precio mostró mejoras nominales, en términos reales acumula una caída del 41% desde fines de 2023. Este desfase golpea directamente al productor, desincentiva la comercialización y comienza a generar efectos en cadena: menor área sembrada y problemas de abastecimiento en la industria, con plantas de fécula que incluso debieron interrumpir su actividad por falta de materia prima.

El sector forestal, otro de los pilares de la economía misionera, tampoco logra despegar. Se mantiene en zona amarilla, con señales mixtas: los precios crecieron apenas 18% interanual, claramente por debajo de la inflación, mientras que las exportaciones cayeron 19%. En paralelo, las importaciones aumentaron, configurando un escenario de pérdida de competitividad en un sector clave para la generación de empleo y divisas.

A nivel general, el semáforo de las economías regionales muestra un avance de las actividades en rojo. Allí se ubican, además de la yerba y la mandioca, el arroz, la papa, el vino y mosto, las hortalizas, el algodón, el maní y la leche. En todos estos casos, el patrón se repite: ingresos rezagados frente a la inflación, costos elevados y dificultades para sostener márgenes positivos.

En zona amarilla aparecen sectores como el forestal, el tabaco, los cítricos dulces, las carnes aviar y porcina y algunas economías frutícolas. Son actividades que muestran cierta estabilidad, pero con recuperación lenta y sin lograr consolidar mejoras estructurales. 

Participación del productor en el precio final

Yerba mate: 13% (vs 23% histórico)

Vino: 14% (vs 24%)

Papa: 25% (vs 34%)

Leche: 25% (vs 29%)

Arroz: 16% (vs 20%)

En contraste, el semáforo en verde se reduce a pocos casos: bovinos, ovinos, granos y miel, donde los precios lograron superar la inflación y los mercados acompañaron.

Sin embargo, incluso en este contexto, el desempeño exportador muestra una fuerte concentración. En el primer bimestre del año, las economías regionales exportaron 9.322 millones de dólares, pero el 78% de ese total estuvo explicado por el complejo granario. Muy por detrás quedaron el sector bovino, la lechería y el maní. 

Esta estructura limita el peso relativo de producciones como las del NEA y, en particular, las de Misiones, que dependen de cadenas con menor escala exportadora.

Uno de los indicadores más reveladores del deterioro es la pérdida de participación del productor en el precio final. En la yerba mate, por ejemplo, el productor capta hoy apenas el 13% del valor en góndola, cuando históricamente esa participación rondaba el 23%. La caída es significativa y refleja un problema estructural en la cadena: mayor concentración en los eslabones intermedios, aumento de costos y pérdida de poder de negociación en el origen.

Este fenómeno se repite en otras economías regionales, como el vino, la papa o las hortalizas, donde la distancia entre el precio de origen y el precio final se amplía, dejando al productor en una situación cada vez más vulnerable.

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Yerba mate, AFA y política: el reclamo misionero suma presión transversal para revisar el sponsor brasileño

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La polémica por el auspicio de una marca brasileña de yerba mate a la Selección Argentina escaló en las últimas horas y dejó al descubierto un fenómeno poco habitual en la política nacional: un reclamo transversal que une a dirigentes del misionerismo con sectores del PRO alineados al oficialismo nacional.

A la iniciativa impulsada por los senadores misioneros Sonia Rojas Decut y Carlos Omar Arce, que solicitaron a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) revisar el acuerdo comercial, se sumó un documento del senador nacional Martín Goerling, referente del PRO y cercano al mileísmo, que endurece el tono y amplía el alcance del planteo.

El proyecto de declaración presentado por Goerling expresa un “profundo rechazo y enérgico repudio” a la decisión de la AFA de incorporar como sponsor a una yerba mate de origen brasileño, al considerar que la medida “perjudica de manera directa a las economías regionales” y desplaza a la industria nacional de uno de los espacios de mayor visibilidad global.

El dato político no es menor: el cuestionamiento ya no se limita al espacio provincial misionero, sino que alcanza a sectores opositores que, en otros temas, suelen acompañar la agenda del gobierno de Javier Milei. La yerba mate, en este caso, funciona como un eje de defensa productiva que trasciende alineamientos partidarios.

En sus fundamentos, tanto el proyecto de los senadores misioneros como el de Goerling coinciden en un punto central: la contradicción entre el carácter de “Infusión Nacional”, establecido por la Ley 26.871, y la decisión de promover una marca extranjera en uno de los principales símbolos del país.

Goerling advierte que la medida rompe con la tradición de acompañamiento de empresas nacionales a la Selección y constituye “un precedente lesivo para la soberanía productiva” de provincias como Misiones y Corrientes.

El planteo adquiere mayor peso al incorporar datos estructurales del sector: Misiones concentra el 88% de la superficie cultivada de yerba mate en Argentina, con más de 200 mil hectáreas, mientras que la actividad involucra a más de 13.000 explotaciones y sostiene el entramado económico de amplias zonas del noreste.

En ese contexto, los legisladores advierten que la decisión de la AFA no es un hecho aislado ni meramente comercial, sino que impacta directamente en la cadena productiva y en el empleo, en un momento en el que el sector ya muestra señales de deterioro.

Más que un sponsor: visibilidad, mercado y posicionamiento

El núcleo del conflicto no radica únicamente en la elección de una marca extranjera, sino en lo que representa la Selección Argentina como plataforma de posicionamiento global.

“La máxima vidriera deportiva del país” —como la define el documento— es también un espacio estratégico de marketing internacional. Ceder ese lugar a un competidor externo implica, según los legisladores, resignar una oportunidad clave para promover la producción nacional en mercados internacionales.

El argumento se refuerza con un dato simbólico: mientras el mate se consolida como parte de la identidad argentina a nivel global, impulsado incluso por la visibilidad de los campeones del mundo, la AFA opta por asociar esa imagen a un producto importado.

El reclamo comenzó en el ámbito productivo, con el planteo del diputado provincial Juan José Szychowski, pero rápidamente escaló al plano institucional y ahora suma volumen político en el Congreso.

La coincidencia entre el misionerismo y un sector del PRO alineado al oficialismo nacional introduce un elemento nuevo: la posibilidad de que el tema trascienda lo simbólico y se convierta en un punto de tensión concreta entre economías regionales y decisiones de actores privados con impacto público.

Aunque la AFA es una entidad de derecho privado, los proyectos presentados sostienen que su rol excede lo comercial por su peso cultural y representativo, lo que abre un debate más amplio sobre los límites entre mercado, identidad nacional y políticas de promoción productiva.

En ese escenario, la discusión por un sponsor deportivo se transforma en algo más profundo: un test sobre cómo se defienden —o se resignan— los espacios de visibilidad global de las economías regionales argentinas.

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Alerta en el agro: ocho economías regionales en rojo y la yerba mate entre las más golpeadas

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El inicio de 2026 confirma un escenario complejo para buena parte del agro argentino. El último Semáforo de Economías Regionales, correspondiente a enero, muestra un panorama en el que predominan las actividades en crisis o con señales de alerta: apenas 4 sectores aparecen en verde, 7 en amarillo y 8 en rojo, reflejando un deterioro respecto del mes anterior.

El dato central es que las actividades en rojo superan a las que muestran desempeño favorable, lo que evidencia las dificultades estructurales que atraviesan varias cadenas productivas del interior del país. La situación más preocupante vuelve a ser la yerba mate, una de las principales economías regionales del nordeste argentino, que permanece en zona crítica desde la desregulación del mercado que impuso el presidente Javier Milei.

El semáforo evalúa tres componentes clave: negocio (relación entre precios y costos), productivo (área, stock y volumen de producción) y mercado (consumo, exportaciones e importaciones). En la mayoría de los casos que aparecen en rojo, el principal problema es el mismo: los precios que reciben los productores crecen por debajo de la inflación y de los costos operativos, lo que erosiona la rentabilidad.

Yerba mate: el corazón productivo del NEA sigue en rojo

La yerba mate continúa entre las economías regionales más comprometidas. El principal factor que explica su permanencia en rojo es el deterioro del componente de negocio.

Durante enero, la tonelada de hoja verde se pagó alrededor de $170.000, lo que representa un incremento interanual del 29%, por debajo de la inflación anual cercana al 32,4%. Este atraso relativo en los precios reduce el margen de los productores, en un contexto de costos crecientes.

En el plano productivo, el área cultivada se expandió en los últimos años hasta superar las 231.000 hectáreas, mientras que la producción de los últimos doce meses alcanzó 892.000 toneladas, un 12% menos que el período anterior, aunque todavía levemente por encima del promedio histórico.

En cuanto al mercado, el consumo interno se mantiene estable en torno a 4,5 kilos por habitante al año, mientras que las exportaciones generaron USD 128 millones en los últimos doce meses, con un incremento del 10%. Sin embargo, este crecimiento no logra compensar la presión de los costos en la cadena primaria.

A esto se suma un dato particularmente sensible para el sector: la participación del productor en el precio final cayó a apenas el 10%, cuando históricamente rondaba el 23% para el mes de enero, una pérdida de 13 puntos porcentuales en la distribución del valor dentro de la cadena.

Otras actividades en rojo: precios atrasados y costos en alza

Además de la yerba mate, el semáforo ubica en rojo a arroz, papa, vino y mosto, hortalizas, algodón, y desde este mes también a maní y leche, que descendieron desde la categoría amarilla.

En la mayoría de estos casos el problema central se repite: precios prácticamente estancados frente a costos en aumento.

En el caso del arroz, el productor recibió $250.000 por tonelada, prácticamente el mismo valor que un año atrás, lo que implica una fuerte pérdida de poder adquisitivo frente a la inflación.

En algodón, los precios crecieron apenas 11% interanual, muy por debajo de la inflación, mientras que la superficie sembrada para la campaña 2025/26 se proyecta con una caída del 25%.

La lechería, que pasó a rojo en enero, muestra una situación similar: el litro de leche se mantiene en torno a $478 desde hace diez meses, lo que representa apenas un 8% de aumento interanual, muy lejos de la evolución de los costos.

Sectores en amarillo: señales mixtas en forestal, tabaco y mandioca

En la zona intermedia del semáforo se ubican varias economías regionales con fuerte presencia en el nordeste argentino, como forestal, tabaco y mandioca, que muestran indicadores mixtos.

El sector forestal enfrenta un escenario de precios que crecieron 18% interanual, nuevamente por debajo de la inflación. En comercio exterior, las exportaciones alcanzaron USD 170 millones en los últimos doce meses, con una caída del 23%, mientras que las importaciones aumentaron 8%.

El tabaco, en cambio, muestra un mejor desempeño relativo. El precio pagado al productor registró un incremento interanual del 34%, levemente por encima de la inflación, y el comercio exterior también refleja dinamismo: las exportaciones del complejo tabacalero alcanzaron USD 628 millones, con un crecimiento del 31%.

La mandioca, una producción relevante en el nordeste argentino, registró un fuerte aumento en el precio al productor, con una suba interanual del 102%, alcanzando $450 por kilo. Sin embargo, el mercado continúa siendo limitado: no se registraron exportaciones en los últimos doce meses y las importaciones crecieron 168%, hasta los USD 4 millones.

Los pocos sectores en verde

En contraste con este panorama, sólo cuatro actividades lograron posicionarse en verde: bovinos, ovinos, granos y miel.

En estos casos, el componente de negocio muestra mejores resultados, con precios que crecieron por encima de la inflación, acompañados por mercados dinámicos y una evolución productiva relativamente estable.

El complejo granario, por ejemplo, proyecta una producción cercana a 148 millones de toneladas para la campaña 2025/26, con exportaciones que en los últimos doce meses superaron los USD 47.000 millones.

Durante enero, las 19 economías regionales analizadas exportaron en conjunto USD 5.032 millones, un valor 44% superior al promedio histórico de la última década para ese mes.

Sin embargo, la estructura exportadora muestra una fuerte concentración: el 80% de los ingresos provino del complejo granario, mientras que la carne bovina explicó otro 9%.

El conjunto de las demás economías regionales -incluyendo producciones emblemáticas como yerba mate, frutas, tabaco o forestación- aportó apenas el 11% de las exportaciones, unos USD 525 millones.

Participación del productor: la brecha que se amplía

Otro indicador que refleja la fragilidad de varias cadenas regionales es la participación del productor en el precio final que paga el consumidor.

En varias actividades, especialmente las de mayor nivel de industrialización, esa participación se redujo respecto de los promedios históricos. La yerba mate muestra la caída más fuerte: el productor recibe apenas el 10% del precio final, cuando históricamente rondaba el 23%.

También se registraron retrocesos en hortalizas, arroz, vino y trigo, lo que refuerza la percepción de que buena parte del valor agregado se concentra en los eslabones posteriores de la cadena.

El panorama que surge del semáforo de enero es claro: las economías regionales comienzan 2026 con más actividades en crisis que en recuperación.

Mientras algunos sectores muestran señales de dinamismo, la mayoría enfrenta precios atrasados, costos elevados y mercados con baja dinámica, una combinación que continúa presionando sobre la rentabilidad de los productores.

En ese contexto, la yerba mate, una de las principales producciones del nordeste argentino, sigue siendo uno de los casos más sensibles del mapa agroindustrial.

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