ESTANFLACIÒN

Cuestión de actitud

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La Argentina cerrará el año con una inflación del 50 por ciento, proyectan los economistas después de observar la aceleración de precios en septiembre, con una suba de 6,5 por ciento y un acumulado anual de 40,6 por ciento. Octubre no será un mes mejor, admite el Gobierno, por culpa del “traslado de precios” de la corrida cambiaria, cuyos efectos todavía no fueron amortiguados por la política de cero pesos en la calle que implementó el Banco Central.
La de septiembre fue la segunda inflación más alta de la era Macri, superada por abril de 2016 con 6,7. Aún considerando que la inflación baje al 20 por ciento en 2019 -“No nos ponemos metas específicas”, aclaró el jefe de Gabinete, Marcos Peña en una carta-, Macri cerrará su mandato con una inflación promedio del 33 por ciento, por encima del 29 por ciento del último mandato de Cristina Fernández. También si se lo compara por años: el peor de la ex Presidenta fue 2014 y la suba de precios fue del 38 por ciento. Con Mauricio se acaricia el 50 por ciento, diez puntos por arriba de 2002, después del estallido de la Argentina en manos del fugaz Fernando De la Rúa, cuando la inflación fue de 40,9 por ciento.
Pero en los años kirchneristas, la suba de precios era compensada por sueldos que casi siempre empardaban. Ahora el ajuste licuó paritarias y el Estado fomentó los aumentos con el “sinceramiento” de las tarifas de servicios públicos.
Los precios mayoristas aumentaron bastante más que los minoristas. Un 16% solamente en el mes de septiembre con lo que acumula un 66,1% en todo 2018 y promete arrastrar al índice mayorista que todavía no se adaptó, por lo que la inflación seguirá en alza. “Esto evidencia no solamente la cantidad de inflación que todavía resta por venir sino lo más grave, es la estanflación (recesión con inflación) en la que ya estamos inmersos, situación de la que sin dudas será muy dura poder superar aun con los efectos de emisión cero que la nueva política del BCRA ha impuesto y donde sus efectos desinflacionarios recién podrán verse con suerte para mitad de 2019, de no mediar ningún cisne negro en el escenario”, precisó el economista Alejandro Rodríguez en esta nota de Economis.
En el NEA la suba de precios es incluso más alta que en el resto del país y en Misiones en particular, es peor, impulsada por los aumentos en transporte, esparcimiento e indumentaria. En la capital misionera la suba de precios se aceleró en mayo, en coincidencia con la brusca depreciación del peso que atenuó la fuga de compradores hacia Encarnación. La sed de revancha de los comerciantes no fue el mejor remedio: las ventas siguen estancadas en Posadas por la pérdida del poder adquisitivo aparejada a la inflación. El esfuerzo del Estado provincial en volcar recursos al circuito comercial es una bocanada de aire fresco que estimula la actividad económica: Ahora Misiones, Ahora Mamá y varios Ahoras, además de la primera cuota del bono navideño, reactivaron el movimiento. Habrá que ver si mejoraron las ventas.
“Para mí también han sido meses muy duros. Los peores meses que he vivido. La angustia de todos es mi angustia. Es una carga muy grande”, se quejó el Presidente al cerrar el coloquio empresario de IDEA; donde se reúnen los principales empresarios del país, quienes, esta vez no ocultaron su fastidio con la marcha de la economía. Muchos fueron fervorosos impulsores del cambio.
Macri les insistió en que ya pasó el peor de los tiempos y que lo que viene será mejor, aunque no hay ningún dato que permita avizorar una incipiente recuperación de la economía. El FMI proyecta datos poco optimistas, con una nueva caída de 1,6 por ciento en el PBI durante 2019. En su último informe sobre las Américas, volvió a hacer un diagnóstico dramático de la evolución de la economía argentina por al menos un año más, mostrando al mismo tiempo que le prestó plata no para generar crecimiento, sino para evitar que se corte la cadena de pagos (a ellos).
Para el FMI ahora se suman “riesgos políticos” a la argentina. Se refiere a las elecciones de Brasil y en 2019 en Argentina, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Panamá, Perú y Uruguay) que conllevarán incertidumbre económica y en materia de políticas.
“Las perspectivas económicas se verán empañadas si no se implementan reformas de suma necesidad. Si bien el ajuste externo ante el colapso de los precios de las materias primas prácticamente ha concluido, varios países tienen que seguir llevando adelante procesos de consolidación fiscal, y hay un riesgo creciente de fatiga causada por el ajuste”, reza el informe, como si el FMI fuera un simple observador neutral.
También advierte que la Argentina puede ser un factor de contagio regional, por “una recesión mayor de la prevista” y “una agudización de las tensiones financieras” que podría provocar “un aumento de la aversión al riesgo y reversiones de los flujos de capital en las economías financieramente integradas de la región”. Eufemismo para designar a la simple especulación financiera.
Para calmar la ansiedad en IDEA, el ministro de Producción, Dante Sica ratificó que el Gobierno insistirá con la flexibilidad laboral para bajar costos empresarios. Y pidió a la oposición acompañar la iniciativa: “Si no, vamos a tener más gente sin trabajo y más pobreza”, amenazó. La culpa, como se ve, no es del Gobierno y su crisis, sino de las condiciones laborales. Por supuesto, no hay evidencias empíricas sobre los efectos positivos de la precariedad laboral en la economía y sí, muchas, de las consecuencias negativas sobre el trabajador y, por añadidura, sobre la economía misma.

Los empresarios no parecen muy entusiasmados de acuerdo a las conclusiones del coloquio de IDEA. Es que la caída de la actividad arrastra ganancias y apenas el sector financiero presenta balances favorables. La incredulidad se justifica en un repaso de las últimas decisiones en materia económica. Tasas por las nubes que solo mueven la bicicleta financiera y contradicciones que perjudican más que cualquier otra inseguridad.  Macri será, a los postres, el Presidente que más aumentó la presión fiscal, pese a que prometía venir a bajarla para ganar competitividad.
Como compensación al ajuste en las provincias, Macri aceptó aumentar Bienes Personales, un impuesto que es coparticipable y podría rendir entre 30.000 y 40.000 millones extra en 2019. Misiones recibiría entre un mínimo de 370 millones si hay una recaudación extra de 20 mil millones, de 556 si el extra es de 30 mil millones y de 741 millones si se llega a los 40 mil millones más. El monto máximo compensaría la pérdida del Fondo de la Soja.
La suba impositiva es una moneda de cambio para que se apruebe el ajustado Presupuesto y haya una compensación por las pérdidas en las provincias. La idea fue gestada por el misionero Jorge Franco y otros diputados y aceptada por Macri a través de Marcos Peña.
El impuesto se paga en todo el país, pero tiene más incidencia en las provincias donde hubo un aumento en la valuación fiscal de las propiedades, especialmente en Buenos Aires. La Federación Agraria Argentina fue la primera en salir a poner el grito en el cielo. “Advertimos que, en caso de votarse, el proyecto de Ley que busca subir Bienes Personales para el año fiscal 2019 impactará regresivamente en los pequeños y medianos productores.  Mientras los chacareros, las economías regionales, las Pymes y los trabajadores venimos enfrentando la recesión, especialmente el sector productivo asumió el esfuerzo de ingresar en un nuevo circuito de retenciones hacia todos los bienes exportables, mientras tanto el sector financiero sigue acumulando beneficios. Pareciera que a algunos sólo les toca pasar por la ventanilla de sacar, pero nunca en la de poner”, cuestionaron. La Mesa de Enlace también salió a advertir las consecuencias del nuevo “impuestazo”: “Si a esto le sumamos la nueva imposición de derechos de exportación y la posibilidad de llevar las retenciones a la soja al 33%, incluidas en el proyecto de presupuesto, nos encontramos ante un panorama absolutamente desalentador”; alertó la entidad integrada por la Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas, Coninagro y Federación Agraria Argentina. Algunos amenazan con repetir los “piquetes de la abundancia” que paralizaron al país hace diez años, en contra de la recordada resolución 125. Paradojas del destino, nacía entonces la oleada del cambio.
El desencanto no es solo del campo. La alianza con el radicalismo cruje y Lilita Carrió puede considerarse hoy fuera de Cambiemos. La UCR quiere forzar internas para definir candidatos y por lo menos estar en la fórmula presidencial en 2019. “En mi partido hice fuerza por Cambiemos, que creó cumplió el cometido de 2015, hoy- Gobierno de por medio- no comparto casi nada. Hay que barajar y dar de nuevo, como dijo alguna vez el General”, respondió -el día de la Lealtad- Ricardo Barrios Arrechea, ante una consulta del periodista Patricio Downes. ¿Hará caso la camada juvenil que quiere conducir el partido? El economista Federico Villagra cuestiona las políticas de Cambiemos, mientras que Ricardo Jaquet está alineado con el radicalismo “alfonsinista” que hizo un acto de pre ruptura en Tucumán hace diez días. Solo Martin Arjol es un socio pleno de Cambiemos, “defensor del espacio y crítico de algunas decisiones”. Pero no es un dato menor que dos de los tres candidatos a la presidencia expresen ideas en contra de la alianza con el PRO. La pregunta final es ¿habrá internas?
La lealtad no está en dudas solo en la alianza con el radicalismo. María Eugenia Vidal disparó todas las alarmas en las últimas semanas al cuestionar -en voz baja- las consecuencias de la crisis económica y el escaso respeto a sus opiniones dentro de la mesa chica del Gobierno. El viernes sorprendió con una foto con Juan Manuel  Urtubey, el gobernador de Salta que sueña con ser el candidato presidencial del peronismo colaboracionista. “Dos gobernadores de provincias muy diferentes, de partidos muy diferentes, pueden compartir preocupaciones y encontrar puntos en común para enfrentar momentos difíciles para todos los argentinos”, explicó el salteño.
En el peronismo hubo un atisbo de llamado a la unidad. Daniel Scioli, Sergio Massa, Juan Manzur y el oficialista de siempre, Miguel Ángel Pichetto, se juntaron en Tucumán para celebrar el Día de la Lealtad. No los une el amor. Por eso, algunos como Alberto Fernández, piden que Cristina sea invitada a la mesa para derrotar a Cambiemos. “La ancha avenida del medio, en la que yo creí, es una ilusión óptica de las encuestas”, advirtió Fernández, quien en las próximas horas estará por Misiones. Es que Sergio Massa no repunta en intención de voto y está lejos de la disputa central. La ex Presidenta, en cambio, hoy disputa palmo a palmo el primer lugar, con Macri o Vidal. Depende del encuestador, ganaría una primera vuelta, pero podría complicarse en la segunda.
Lejos de ensimismarse con lo que sucederá en un año, el gobernador Hugo Passalacqua tuvo una intensa semana dedicada a resolver cuestiones inmediatas. El Ahora Misiones sumó variantes como el “Arreglo mi Casa” con el Ahora Programa de Atención Climática, destinado a quienes sufrieron algún daño por los últimos temporales. Pura sinergia con el sector privado y el Banco Macro, además de otras entidades financieras que hacen su aporte con subsidios a la tasa financiera. “Nosotros creemos en un Estado que está cerca de la gente y este es un momento en que la cosa no está fácil, pero en esos momentos es cuando hay dos o tres acciones que se pueden hacer como ciudadano: O te pichás y te quedás esperando sentado que vengan los buenos momentos…pero no se soluciona nada; te paralizás ante el problema o tenés la actitud misionerista de encarar el problema, salir para adelante, con lo poquito que tenemos…porque tenemos poco y ese poco lo repartimos, inteligentemente, pensando siempre en los sectores más humildes, donde se puede inyectar un gramo, aunque sea, de Justicia Social”, describió el Gobernador.
Pero antes sorprendió con el anuncio de una línea de créditos para productores tealeros para financiar embarques destinados a la exportación. Fue uno de los reclamos que le hizo el consorcio tealero que se reunió con Macri en Misiones hace dos semanas. El Presidente solo dejó evasivas.
Rápido de reflejos el Gobernador tomó notas y decidió brindar una solución superadora incluso de aquel reclamo inicial. Así se gestó esta línea de financiamiento del Consejo Federal de Inversiones que salió con suma rapidez: 70 millones de pesos en créditos de hasta 200 mil dólares por empresa a tasa cero por los primeros seis meses y de 2,5 por ciento los próximos seis. Juan José Ciácera respondió con celeridad. Amigo de la casa, el veterano titular del organismo financiero resiste desde hace un año el embate de Cambiemos por desplazarlo.
Solo quedaron fuera del esquema los cuatro grandes de la industria tealera y se preparan otros aportes para los prestadores de servicio que se financiarán con devoluciones de créditos generados por las retenciones a las exportaciones durante el Gobierno anterior. “Es nuestra obligación como Gobierno poner particular énfasis en atender a los eslabones de la cadena productiva que más necesitan. Se sale entre todos”, enfatizó Passalacqua.

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La política del doble cero

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El primer cero
El nuevo programa firmado por el gobierno argentino con el FMI todavía no es público pero se van conociendo algunos detalles. En materia fiscal, el gobierno propone adelantar un año la eliminación del déficit fiscal primario que estaba prevista para 2020 y, a cambio, recibe un adelantamiento de los fondos que se iban a desembolsar, más fondos adicionales por US$ 7.100 millones. Eso permite que el gobierno nacional tenga recursos para hacer frente a todos sus vencimientos de deuda de aquí a finales de 2019, suponiendo un mínimo rollover de la deuda de corto plazo.
En acuerdo con la mayoría de los gobernadores, se establecieron los criterios a través de los cuales se logrará alcanzar esa meta. El esfuerzo previsto en el programa anterior de 1,3% del PIB se lograría por la vía de una reducción de gasto en términos reales y el adelantamiento, que es un monto similar, por la vía de mayores ingresos (impuestos a las exportaciones de bienes y servicios).
Si bien en la discusión del presupuesto es posible que se decidan algunos cambios, es poco probable que ellos se aparten mucho de lo acordado entre la Nación y la mayoría de las provincias. Con una mirada más larga, entre 2015 y 2019 la presión tributaria nacional aumentaría alrededor de 0.5% del PIB y el gasto primario se reduciría en casi 4% del PIB. La mala noticia es que la mitad de ese esfuerzo se habría concretado por la vía de menores gastos de capital.
El acuerdo prevé que la mejora fiscal debería continuar en 2020 (otro punto del PIB). Pero no puede detenerse allí. Si se excluye la deuda que el Tesoro tiene con el BCRA, la deuda nacional sería este año cerca de 65% del PIB. Aun suponiendo que se apreciara el tipo de cambio real a 32 pesos de hoy (ajustado por inflación) y que el costo del nuevo endeudamiento bajara a 7% en dólares, se requiere otro punto de superávit primario desde 2021 en adelante para lograr una reducción sostenida en el cociente deuda/PIB. Dado que no hay espacio para nuevas subas de impuestos (de hecho habría que financiar la rebaja gradual prevista en la reforma de 2017) y que casi no queda inversión pública nacional en el presupuesto, será necesario que el futuro presidente encare reformas estructurales profundas para reducir el peso del gasto corriente.
El segundo cero
El anuncio de una banda cambiaria amplia de flotación del peso (entre 34 y 44 pesos que se ajustan al 3% mensual de aquí a fin de año en forma diaria) fue acompañado de la decisión de controlar agregados monetarios (la base monetaria) que no podrán crecer en términos nominales hasta junio de 2019 (más allá del ajuste estacional que se permitiría en diciembre).
Este marco de crecimiento nominal nulo sólo se modifica si el peso toca el piso de la banda, porque allí opera como un escenario de tipo de cambio fijo donde el BCRA compra los dólares que el sector privado quiere venderle para satisfacer su mayor demanda de pesos. La dureza monetaria se manifiesta en tasas de interés de las Leliq muy elevadas en un intento por ganar credibilidad para el ancla monetaria elegida.
En la medida en que las tasas altas se prolonguen en el tiempo se generará un déficit cuasifiscal creciente. Por ello, la clave pasa por generar la confianza.
En materia cambiaria el punto de partida es muy diferente del de abril de 2018. El tipo de cambio real es bastante más realista y junto con la recesión están reduciendo en forma rápida el déficit externo.
Además, el Tesoro recibirá del FMI más dólares de los que necesita para hacer frente a sus vencimientos en moneda extranjera, lo cual lo habilita a vender algunas divisas en el mercado. Y, además, el BCRA ha anunciado que puede vender US$ 150 millones por día en todos los días de acá a finales del año en que el tipo de cambio pase el techo de la banda.
 
El diablo está en los detalles
Más allá del esfuerzo que requiere lograr el cumplimiento de ambos ceros, hay algunos grados de libertad. En materia fiscal, el proyecto de presupuesto prevé utilizar 0.4% del PIB del Fondo de Garantía Solidario para pagar parte de los egresos asociados a la reparación histórica.
En un sentido estricto, entonces, el déficit primario será 0.4% del PIB en 2019 si se cumple con el presupuesto. En materia monetaria, la meta se fija en función de la Base, agregado que no incluye las Leliq (que son encajes remunerados).
En la medida en que haya un aumento en la demanda de crédito mayor al que prevé el programa, el BCRA tendrá alguna flexibilidad de satisfacerlo sin alterar su meta, modificando la composición entre encajes sin remunerar y Leliq.
Además, cuando se ajusta por inflación la proyección de base monetaria cero, la caída real máxima se da a finales del primer trimestre del año próximo -acumulando alrededor 17% real-, cifra que es sólo algo más alta que la observada en las dos últimas recesiones.
El riesgo principal
El gobierno procura reganar al menos parte de la confianza perdida y ello lo lleva a sobreactuar tanto en el frente fiscal como en el monetario. Un ajuste fiscal superior a 2% del PIB en un año electoral es una rareza y tasas de interés de intervención de 6% mensual también. Por ello se camina sobre un hilo delgado: si la confianza no se restaura pronto, la economía podría recesionar más de lo previsto en el programa y poner en duda las metas fiscales.
Sin embargo, se puede inferir de las proyecciones del presupuesto que se prevé una caída interanual de la actividad de 5% en el segundo semestre de este año (-3% en el tercer trimestre y -7% en el cuarto) y una caída de 5.5% en el primero de 2019. Si bien la realidad puede ser algo peor, no cabría esperar una diferencia significativa capaz de generar un faltante fiscal muy importante.
El principal problema es que las “buenas noticias” que aparecerán por la vía de la mejora en las cuentas externas y fiscales se darán gradualmente y ello puede demorar su efecto en el nivel de riesgo país.
Lamentablemente, reganar la confianza luego de varias decisiones desacertadas a lo largo de la gestión actual requiere un proceso bastante doloroso.

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Informe de Economía y Regiones prevé que se extiendan la recesión y estanflación

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Desde hace algunas semanas, la consultora Economía & Regiones cuyo economista en jefe es Diego Giacomini, expone su hipótesis de los ajustes y devaluaciones en años pares (2014, 2016 y 2018) para enfrentar los años electorales que son en años impares (2015, 2017 y 2019). No obstante, se hizo la advertencia de que 2018 es mucho más complejo que 2014 y 2016.
Algunos fragmentos del contenido de E&R:
* “En los primeros 8 meses de 2018 (+65,5%) el dólar ha subido más del doble que lo que se había encarecido en el mismo período de 2016 (+31,5%) y 2014 (+29,9%). Sin embargo, la inflación acumulada en los primeros 8 meses (con IPC E&R) de 2018 (+23,3%) es muy inferior a la acumulada en el mismo período de 2016 (+31,3%) y 2014 (+27,3%), ya que la traslación a precios ha sido, al menos por ahora, mucho más baja: 35,6% (2018) vs 104,4% (2016) y 86,4% (2014).”
* “El hecho que la devaluación 2018 sea más del doble y se extienda también más del doble en el tiempo que en 2016 y 2014, sumado al hecho de que nadie espera que ya haya terminado, está mostrando que hay mucha inflación contenida “debajo de la alfombra”. En otras palabras, si el BCRA no hace política fuertemente contractiva, existe el riesgo que esta devaluación se termine (más adelante) trasladando a precios y la inflación también sea récord.”
* “De no corregirse el actual desequilibrio monetario récord, tampoco se pueden descartar más rounds de corrida cambiaria, lo cual retro alimentaría aún más el círculo vicioso entre dólar e inflación, caída de demanda de dinero y nivel de actividad. No debería sorprender, que en un escenario sin credibilidad en el gobierno y sin confianza en el programa económico, el tipo de cambio termina saltando a su equilibrio más depreciado (dólar más alto) de corto plazo y el dólar volvería a encarecerse.”
* “A nivel sectorial y utilizando el EMAE INdEC, siete de los quince sectores tienen una mejor performance en lo que va del año comparando con 2016 y 2014.”
* “Gracias a la recuperación de la producción de petróleo que se vienen dando desde marzo y la buena dinámica de la producción de gas, la minería es uno de los sectores con mejor comportamiento comparativo, creciendo +2,4% en 2018 contra la baja de -4,5% de 2016 y la suba del +1,6% de 2014.”
* “La industria es otro sector con un mejor desempeño (hasta ahora), ya que en los primeros cinco meses de 2014 cayó -3,4% y en 2016 se contrajo -3,3%, pero en 2018 aumentó 2,4%. Sin embargo (…) cuando se estudia la apertura se aprecia una realidad muy heterogénea dentro de la industria. Las industrias ganadoras son la industria automotriz, industrias metálicas básicas, productos de minerales no metálicos, papel y cartón, metalmecánica excluida automotriz, edición e impresión y alimentos y bebidas, que compensaron las caídas en textiles, cigarrillos, refinación de petróleo, sustancias y productos químicos y caucho y plástico.”
* “En este marco, se puede decir sin miedos a equivocarnos, que la caída del segundo trimestre del año 2018 se sustent a más que nada sobre los efectos de la sequía sobre el campo argentino. Sin embargo, mirando para adelante, la sequía deja de tener un rol preponderante en explicar la recesión y, mucho menos, la inflación que se vendrán durante los próximos meses. En este sentido, la devaluación, la caída de la demanda de dinero, el aumento de la inflación, el derrape de los activos financieros, la suba del costo de capital y los ajustes fiscales centrados en el corte de la obra pública, serán los determinantes de los números macroeconómicos negativos de los próximos meses.”
* “Con respecto a la inflación núcleo (incremento en los precios sin estacionales y sin productos regulados por Hacienda), el INdDEC reportó +3,2% de incremento, siendo de +28,7% interanual. Esto muestra que la inflación correspondiente a las políticas monetarias del Banco Central, no tienen un sendero decreciente, sino por el contrario, el mismo se encuentra abortado y hace varios meses tiene una tendencia positiva.”

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Los interrogantes para 2018

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Como es natural, el debate público está enfocado en la evolución de las variables económicas de los próximos meses. Se mira con atención la tasa de inflación mensual, el ritmo de recuperación de la economía y la consistencia de las políticas monetaria y fiscal. Las preguntas centrales son las siguientes:

  1. ¿podrá bajar la inflación después del aumento observado en el trimestre febrero abril? Esperamos que, como consecuencia de la mayor dureza en la política monetaria y la ausencia hasta finales del año de aumentos tarifarios importantes, la inflación descienda sustancialmente, pero así y todo terminaría el año alrededor del 21%.
  2. ¿se acelerará y extenderá a más sectores la tibia recuperación que muestran los datos oficiales del primer trimestre del año? Nuestra impresión es que se consolidará la recuperación de la actividad económica pero a tasas bajas, cerrando el año alrededor de 2.5% de crecimiento, comparado con 2016.
  3. ¿se puede sostener el ritmo de expansión de las Lebacs? Las Lebacs más los Pases netos han aumentado desde finales de 2015 hasta mediados de mayo en un monto que duplica el aumento en las reservas netas del BCRA. Esa relación se mantuvo en lo que va de 2017, pero estaría mejorando en los últimos meses.

De todas maneras, es demasiado optimista concluir que una emisión de letras que compensa el efecto monetario de la compra de divisas no genera costos a la autoridad monetaria en el mediano plazo. Hay dos problemas centrales: por un lado, la compensación futura de las pérdidas por el “carry trade” que sufre la autoridad monetaria es políticamente menos viable (y probable) cuanto mayor sea la depreciación futura del tipo de cambio que se necesita para balancear la cuenta.

Además, si ese salto es importante, aún cuando el BCRA balancee su cuenta cuasifiscal, se afectará su capacidad de hacer política antiinflacionaria en el futuro, en la medida en que las negociaciones salariales y los precios tengan en cuenta la depreciación del peso; por otro lado, en la transición, el BCRA paga primero el costo cuasifiscal que supuestamente recuperará en el futuro y ello puede dar lugar a críticas y presiones que pueden limitar sus decisiones.

  1. ¿mejorarán los números fiscales luego de un primer cuatrimestre con ingresos (netos del blanqueo) aumentando menos que el gasto primario?

En el análisis de los números fiscales deben excluirse también los gastos de una sola vez asociados al pago de sentencias judiciales en el marco del programa de reparación histórica a los jubilados.

Esa información no es pública pero, depurando tanto el blanqueo como una aproximación de esos pagos, el déficit primario habría aumentando ligeramente en 2017 comparado con 2016, medido en porcentaje del PIB. En los próximos meses la comparación será con los meses del año pasado de mayor expansión del gasto, lo que ayudaría a que el cierre fiscal del año se aproxime a la meta oficial.

Hacia el futuro, la complicación aparece por las dificultades para mantener el gasto constante en términos reales porque hay partidas importantes que tienden a aumentar por encima de los precios (por ejemplo, pagos a jubilados que se indexan cada seis meses con una fórmula que refleja la variación del salario real y del empleo registrado).

El gobierno ha anunciado que pretende reducir la inflación 5 puntos en 2018 (que serían 9 puntos, si el objetivo se mantiene respecto del techo de la banda de este año) y mejorar el resultado primario en un punto del PIB. Lograr ambos objetivos requiere de esfuerzos importantes.

En la lucha contra la inflación, los ajustes de precios relativos importantes (por ejemplo, tarifas) tendrán un impacto similar al de este año. Al cronograma anunciado para energía, se sumaría el postergado aumento en el transporte. Pero además, se agrega un problema adicional que es la indexación de los contratos salariales que el propio gobierno impulsó este año para ayudar a lograr sus objetivos de corto plazo, pero complicando la política antiinflacionaria futura.

La rigidez que introduce la indexación de contratos para reducir la inflación es un problema reconocido en la literatura porque genera inercia. En materia fiscal, sin reformas estructurales será muy difícil lograr que el gasto no crezca en términos reales.

Avanzar en reformas importantes después de las elecciones de medio término no está para nada garantizado, aún dentro de la propia coalición de gobierno. Sin embargo, el exceso de gasto público debe ser corregido. Gradualmente va ganando consenso la idea de que la Argentina tiene hoy un nivel de participación del Estado en la economía que no es sostenible (entendiendo por tal, el que la sociedad está dispuesta a financiar con impuestos).

Sin embargo, muchos analistas dudan de la conveniencia de iniciar ahora esa reducción, básicamente por dos razones: desde una óptica keynesiana tradicional, el ajuste del gasto complicaría la recuperación de la economía; y una reducción en el gasto estatal tendría consecuencias sociales no deseadas.

Ambos argumentos tienen problemas. La reducción del gasto va de la mano de una reducción en sus fuentes de financiamiento (impuestos, inflación o deuda). No parece haber diferencias importantes entre el “multiplicador” del gasto y el de los impuestos o la inflación. Y en el caso argentino, un menor endeudamiento externo permitiría sostener un tipo de cambio real más alto que le quitaría, al menos parcialmente, el peso que soporta el sector transable de la economía.

Además, si el gasto es ineficiente y se financia con impuestos que traban al sector más eficiente, reducirlo permite una mejora en la economía de una sola vez.

El problema se limita a la transición (similar al que se plantea cuando se abre la economía: se ve el costo de los sectores que sufren por la mayor competencia pero no las oportunidades que se abren para los exportadores castigados por los efectos de una protección desmedida). En ese marco, puede haber ineficiencias cuya corrección tenga “consenso” (por ejemplo reducir el sobre costo que genera la corrupción, aunque nótese que el efecto keynesiano sobre la actividad también se da en este caso, en la medida en que los corruptos gasten dentro del país) y otras que lucen más complejas, como mejorar la eficiencia y la focalización de todas las partidas presupuestarias, incluidas las de gasto social.

Finalmente, si la situación fiscal actual es insostenible en el mediano plazo (como han afirmado las máximas autoridades del gobierno nacional), postergar su encuadramiento generaría un problema de expectativas que puede impactar negativamente en el proceso de financiamiento externo y de inversión.

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