Europa

Si el Norte fuera el Sur

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Un 2022 caótico por donde se lo mire, y a aquellas cuestiones ya conocidas, se le suman nuevas crisis en países poco acostumbrados a estar en problemas. Huelgas, manifestaciones, recesión e inflación, parecieran ser palabras “nuevas” en el diccionario del gran norte industrializado del globo, pero que golpea y fuerte a su sociedad.

Europa en huelga 

A partir de la ya conocida descomposición de la hegemonía económica del viejo continente, a raíz de los acontecimientos bélicos en Ucrania, se sumaron una serie de protestas casi semanales. En este sentido, Alemania fue testigo de un gran “paro aéreo”. Los trabajadores de Lufthansa, la empresa de bandera alemana más grande de todas, llamaron a un paro que dejó a más de 130.000 personas varadas en los aeropuertos de Múnich y Frankfurt. El reclamo de los trabajadores alemanes es simple: aumento salarial. De esta proclama, el sector empresarial respondió con un aumento de 150 euros, cuando lo pedido por los trabajadores aeroportuarios de Lufthansa rondaba en 350 euros, explicando la razón de esta cifra a partir del acelerado incremento de precios que sufre Europa. Al no haber un acuerdo entre trabajadores y empresarios, la salida fue la huelga. Las pérdidas económicas para Lufthansa han sido enormes, sin embargo, pareciera ser que el dilema salarial con sus trabajadores no es prioridad en un país que, desde el milagro alemán, no ve demasiados sobresaltos financieros o de cash.

Por otro lado, la isla de Gran Bretaña también ha tenido sus jornadas de movilización y protesta. En este sentido, los sindicatos que aglomeran a los trabajadores del sector ferrocarril llamaron a un paro como medida de fuerza ante la inacción del Estado británico para atender sus demandas, las cuales tienen una bandera principal: aumento de sueldos. 

Hace poco más de un mes, Gran Bretaña presenció el paro de ferrocarril más grande en los últimos 30 años, y tan solo unas semanas después, las medidas se repiten. Es lógico que esto ocurra, ya que el país insular está atravesando una tormenta de inestabilidad política. El Boris Gate que terminó por dinamitar la figura de Boris Johnson y la descomposición de su gabinete, explican en gran parte, el desinterés del Estado por atender la situación salarial de los ferroviarios. Por otra parte, todas las fuerzas políticas están puestas en la próxima elección de un primer ministro. En base a esto, los trabajadores del sector ferroviario decidieron encauzar un nuevo paro, en un país donde los trenes son unos de los medios de transporte principales.

Estas huelgas en Gran Bretaña y Alemania tienen un factor en común. Son países que están atravesando una vicisitud económica inusitada, a causa de la guerra en Ucrania. Principalmente, el nexo común es la crisis energética. Las decisiones del cierre del grifo del gas ruso para Europa son vitales para el dinamismo económico de Europa. De hecho, Alemania comenzó a racionar el consumo de gas y de electricidad, pensando en un invierno que podría ser afrontado sin la provisión gasífera de Moscú. Es entendible que una guerra que involucre a dos países estratégicos de un golpe al tablero a la economía mundial. En un mundo hiper – globalizado, las decisiones de Putin afectan al viejo continente. 

En base a esta última premisa, y teniendo en cuenta el contexto de crisis energética, Francia también toma medidas de emergencia. Fue justamente Emmanuel Macron quién tomó la decisión de comenzar a restringir el consumo y el acceso al agua en 88 departamentos franceses. La situación responde a la ola de calor que azota a Europa, con una consecuente sequía, pero también a la fuerza productiva que es necesaria para movilizar el consumo del agua. Pero esa no es la única medida francesa, también se llamó al racionamiento de luz. Esto se explica a través de la obligación de no usar el aire acondicionado en comercios o locales que tengan la modalidad al aire libre, como así también una multa de 150 euros para quienes no cumplan con dicha medida. A causa de la crisis energética, los supermercados de Francia tomaron la decisión de acortar su franja horaria de atención al público para evitar consumir más electricidad. 

España inflacionaria 

Las inclemencias económicas también están presentes en Europa. España ha presentado su inflación del mes de julio, que resultó ser la más elevada desde 1984. Estos datos, que parecen ser fríos, solamente calientan más el humor social de los españoles. En dicho país, los precios comenzaron a elevarse casi a la par de las primeras semanas de la guerra en Ucrania, aunque es el país de los más “grandes” de la Unión Europea con menor crecimiento económico pre – guerra y pre – pandemia, sobre todo en el marco comparativo con Francia y Alemania. Más allá de eso, el índice inflacionario de julio de 10,8% es particularmente alarmante para los sectores menos pudientes de ese país, y también se han transformado en parte del discurso de Pedro Sánchez, con una misión clara en el estado español: clase media y trabajadora lo menos golpeada posible. A esto se le suma una medida extraordinaria, que tiene como eje a la migración. Es justamente el país español el que decidió flexibilizar la llegada de extranjeros al mercado laboral, y es, justamente, una medida económica para afrontar esta crisis. Ante la falta de mano de obra en sectores claves como el transporte, construcción y hotelería, la decisión de incorporar a los extranjeros es una decisión clave. Esto se da por la baja oferta salarial para un español que se ofrece en estos puestos de trabajo, pero que, para los extranjeros, sean latinoamericanos o africanos, representan un sueldo mucho más grande que el percibido en sus países y, además, simbolizan la posibilidad de estabilizarse y regular su situación en el viejo continente. 

Estados Unidos en recesión 

La gran sorpresa para muchos la dio un informe elaborado por la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos. El país de Joe Biden se encuentra en recesión. Por segundo trimestre consecutivo se contrajo la economía estadounidense, lo que supone una situación económica complicada. Sin embargo, los especialistas estadounidenses en materia económica, como así también grandes medios de comunicación vienen advirtiendo que Estados Unidos puede caer en una recesión económica técnica. Precisamente, la economía estadounidense se contrajo un 0,9%, comprendiendo la caída del Producto Bruto Interno (PBI). A esto hay que sumarle el imponente endurecimiento de las medidas de la Reserva Federal para poder contener la inflación, la cual también se siente en Estados Unidos.

Ahora bien, el arco político estadounidense se ha manifestado. En principio, la Casa Blanca se niega a hablar de recesión. De hecho, el mismo presidente Joe Biden decidió evadir una pregunta que involucra este concepto en una rueda de prensa. Por otro lado, la oposición republicana achaca toda culpa de una posible crisis económica al rol de Biden en el poder. Los trumpistas son los más duros, entendiendo que la situación económica está evidentemente más desmejorada que bajo el poder de Donald Trump. Sin embargo, más allá de las cuestiones internas de Estados Unidos, este país también es rehén de una crisis global que tiene como génesis a la guerra en Ucrania. 

La palabra recesión retumba fuerte en la sociedad estadounidense, desde el trabajador informal hasta el accionista de Wall Street. En principio, se genera una incertidumbre generalizada acerca de la elevación de los precios de bienes y servicios, lo cual motiva a un malestar social que sería casi lógico. Por otra parte, una situación de tamaña complejidad económica y financiera, lleva a pensar en los inversionistas de la bolsa de Nueva York y el respaldo que puedan seguir brindando. Ante todo este panorama, vuelven a avivarse los fantasmas de las crisis de 1930 y 2008. 

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¿Por qué Europa es un continente en llamas?

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Por Henry Fountain. Hace dos meses, Francia vivió el mes de mayo más caluroso de su historia, con máximos históricos en algunas ciudades. El mes pasado, Francia volvió a sufrir una ola de calor primaveral que también afectó a España, Italia y otros países. Luego, este mes, Polonia y otras partes de Europa del Este sufrieron durante una racha de calor extremo.

Ahora, las temperaturas en toda Europa se están disparando de nuevo, desde España hasta las Islas Británicas y extendiéndose hacia el este. En muchos países arden incendios forestales provocados por el calor, y gran parte del continente está sumido en una larga sequía.

Y aún quedan dos meses de verano.

Los científicos afirman que el persistente calor extremo de este año responde a una tendencia. Las olas de calor en Europa, dicen, están aumentando en frecuencia e intensidad a un ritmo más rápido que en casi cualquier otra parte del planeta, incluido el oeste de Estados Unidos.

El calentamiento global influye, al igual que en las olas de calor de todo el mundo, porque las temperaturas son en promedio unos 1,1 grados Celsius más altas que a finales del siglo XIX, antes de que se generalizaran las emisiones de dióxido de carbono y otros gases que atrapan el calor. Así que el calor extremo parte de un punto de partida más alto.

Pero además de eso, hay otros factores, algunos relacionados con la circulación de la atmósfera y el océano, que pueden hacer de Europa un punto clave de olas de calor.

Los incendios forestales arrasaron el domingo la zona de Losacio, en el noroeste de España.
Los incendios forestales arrasaron el domingo la zona de Losacio, en el noroeste de España.Credit…Emilio Fraile/Europa Press vía Associated Press

No hay dos olas de calor que sean precisamente iguales. Las actuales temperaturas abrasadoras que el lunes llegaron a Inglaterra y Gales fueron causadas en parte por una región de aire de baja presión que se había atascado en la costa de Portugal durante días. Se conoce como una “baja aislada”, en jerga meteorológica, porque se desplazó o aisló de un río de vientos del oeste, la corriente en chorro de latitud media, que rodea el planeta a gran altura.

Las zonas de baja presión tienden a atraer el aire hacia ellas. En este caso, la zona de baja presión ha estado atrayendo constantemente aire del norte de África hacia ella y al interior de Europa. “Está bombeando aire caliente en dirección al norte”, dijo Kai Kornhuber, investigador en el Observatorio Terrestre Lamont-Doherty que es parte de la Universidad de Columbia.

Kornhuber colaboró con un estudio publicado este mes que encontró que las olas de calor en Europa habían aumentado en frecuencia e intensidad en las últimas cuatro décadas y relacionó el aumento al menos en parte a los cambios en la corriente en chorro. Los investigadores encontraron que muchas olas de calor europeas sucedieron cuando la corriente en chorro se dividió temporalmente en dos, dejando una zona de vientos débiles y aire de alta presión entre ambas ramas, lo que es propicio para la acumulación de calor extremo.

Efi Rousi, científica sénior en el Instituto Postdam para la Investigación Climática en Alemania y autora principal del estudio, dijo que la actual ola de calor parecía estar vinculada a un “chorro doble” que dijo ha estado ocurriendo encima de Europa en las últimas dos semanas. Esto podría haber conducido a la creación de la baja aislada, dijo Rousi, así como a una zona de vientos débiles sobre Europa que permitieron que el calor persistiera.

“Parece que esto realmente está favoreciendo el aumento de esta ola de calor”, comentó.

Puede que haya otras razones por las que Europa está atestiguando más olas de calor, y más persistentes, aunque algunas de estas actualmente son motivo de debate entre los científicos. La variabilidad del clima natural puede ocasionar que sea difícil distinguir las influencias específicas, dijo Rousi.

Kornhuber dijo que el calentamiento en el Ártico, que está ocurriendo más rápidamente que en otras partes del mundo, podría tener un papel. En tanto el Ártico se calienta a un ritmo más veloz, la diferencia de temperatura entre esta zona y el Ecuador disminuye. Esto conduce a un decrecimiento en los vientos estivales, lo que tiene el efecto de causar que los sistemas meteorológicos permanezcan más tiempo. “Sí notamos un aumento en la persistencia”, dijo.

También hay indicios de que los cambios en una de las principales corrientes oceánicas del planeta, la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, puede afectar el clima de Europa. Rousi publicó el año pasado un artículo científico que mostró, con simulaciones computacionales, que un debilitamiento de la corriente al calentarse el planeta causaría cambios en la circulación atmosférica y conduciría veranos más secos en Europa.

Como en otras partes del mundo, una ola de calor en Europa puede hacer más probable que se produzcan otras en la misma zona, porque un periodo de calor extremo seca el suelo.

Cuando hay algo de humedad en el terreno, parte de la energía del sol se usa para evaporar el agua, lo que tiene un efecto de enfriamiento ligero. Pero cuando una ola de calor se lleva casi toda la humedad del suelo, hay poco para evaporar al llegar la siguiente ola de aire caliente. Por lo tanto, una mayor cantidad de energía solar quema la superficie, lo que aumenta el calor.

Henry Fountain se especializa en la ciencia del cambio climático y sus efectos. Escribe sobre ciencia para el Times desde hace más de 20 años y ha viajado al Ártico y la Antártica. @henryfountain • Facebook

Raymond Zhong colaboró con la reportería.

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La guerra en Ucrania golpea la economía europea: inflación récord, huelgas y temor a una recesión

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La inflación récord no cede en Europa, con un futuro marcado por la incertidumbre sobre cuánto tiempo más durará la guerra en Ucrania y la velocidad para cortar la dependencia del gas ruso, dos de los factores principales que explican esta alza de precios que provocó huelgas históricas, elevó la inseguridad alimentaria, devaluó el euro frente al dólar y genera el temor por una recesión en una economía que buscaba recuperarse del golpe de la pandemia.

La suba de precios en los 19 países que usan el euro como moneda única alcanzó el 8,6% interanual en junio, la marca más alta de la historia, en una escalada de la tasa que se aceleró desde el inicio de la invasión rusa el 24 de febrero.

La mayor causa de estos números inéditos es el precio de la energía por las sanciones y contrasanciones entre la Unión Europea (UE) y el Kremlin, que redujeron la oferta de suministro de petróleo, pero sobre todo de gas ruso, que hasta antes de la guerra representaba más del 40% de las importaciones de ese combustible en el bloque.

“El gas ruso está subiendo de precio y esto está golpeando duramente a Europa, que ahora tiene toda esta inflación vinculada a la energía. Esto significa que todos los ciudadanos pagan enormes facturas, pero además, si el precio de la energía sube, también lo hace el de todos los bienes”, explicó a Télam Maria Demertzis, directora adjunta de Bruegel, un think tank con sede en Bruselas que se especializa en economía europea.

“Esto genera una enorme desorganización. Las empresas no pueden tomar decisiones porque no saben qué cobrar, los consumidores se quejan porque cada vez que van al supermercado tienen que pagar más dinero. Así que los sindicatos están muy descontentos, exigen aumentos y convocan a huelgas”, añadió.

En ese marco, los ferroviarios británicos realizaron su mayor paro en 30 años, los trabajadores portuarios alemanes bloquearon la actividad de las mayores terminales del país y empleados de las compañías aéreas y de aeropuertos de toda la UE frenaron el tráfico aéreo, en lo que son solamente algunos ejemplos de las protestas de las últimas semanas que tienen un denominador común: la exigencia de mejoras salariales ante el aumento del costo de vida.

También debido a este aumento de precios, casi la mitad de los británicos recortó sus compras habituales de alimentos, de acuerdo a cifras oficiales, mientras que en España crece el consumo de las marcas propias de los supermercados, generalmente más baratos, que ya copan más del 40% del mercado.

En Alemania, la demanda de los bancos de alimentos en todo el país aumentó “significativamente” desde principios de año y se duplicó en algunas zonas, según una vocera de Tafel, una red de estas instituciones que vienen sintiendo un crecimiento de su actividad desde la pandemia de Covid-19.

“Podemos datar el inicio del aumento de la curva de inseguridad alimentaria con la crisis de 2008. Luego se estabilizó y comenzó a descender en 2019, pero hubo un repunte con la llegada de Covid-19. El 2022 empezó de forma positiva, pero lamentablemente el estallido de la guerra trajo una ola de millones de refugiados a muchos países europeos”, indicaron a esta agencia desde la Federación Europea de Bancos de Alimentos (FEBA), una entidad con sede en Bélgica que nuclea a organizaciones que brindan asistencia en 24 países del continente.

“Esta emergencia estuvo acompañada de un aumento de la inflación, que, sobre todo en los países europeos más frágiles -este y sur de Europa-, crece mucho más rápido que en los de mayores ingresos. Así que sin dudas la guerra en Ucrania está afectando la seguridad alimentaria en Europa”, agregaron.

En un plano monetario, la preocupación que genera la economía europea llevó a que el euro cotice por debajo de 1,01 dólares por primera vez desde fines de 2002, elevando la presión para que el Banco Central Europeo suba las tasas de interés, tal como hizo la Reserva Federal (Fed) estadounidense para valorizar la moneda de ese país.

De fondo están los temores de recesión en la zona euro y de las turbulencias financieras alimentadas por un nuevo aumento de los precios de la energía en la región ante más reducciones en la importación de gas ruso.

“Como medida paliativa, los países estuvieron ayudando directamente a los hogares dándoles dinero para pagar su factura energética, pero más allá de eso, lo único que puede ayudar es bajar los precios de la energía, y para eso la guerra (en Ucrania) debe terminar”, indicó Demertzis.

“Europa está desvinculando muy rápidamente su dependencia energética de Rusia. Será cuestión de meses, no de años. Pero aún son meses y mientras la guerra continúe, el precio de la energía seguirá siendo alto”, reafirmó la economista, que trabajó en la Comisión Europea y en el Banco Central de los Países Bajos.

El gigante energético ruso Gazprom redujo en un 31% sus exportaciones de gas hacia los países no pertenecientes a la postsoviética Comunidad de Estados Independientes (CEI), entre ellos los europeos, según cifras de los últimos seis meses, que dan cuenta de los cambios que produjo la invasión, con un redireccionamiento del suministro hacia China e India.

El tránsito de gas ruso a través de Ucrania cayó en junio a su nivel más bajo, de acuerdo al operador de los gasoductos ucranianos, mientras que el Nord Stream 1, que va por el mar Báltico hasta Alemania, está funcionando en un 40% de su capacidad y desde el lunes dejará de operar, según Moscú por tareas de mantenimiento.

Esta caída del volumen de gas amenaza con elevar aún más los precios de la energía e incrementar la inflación, a pocos meses de que Europa empiece a demandar más suministro por el comienzo del frío.

Pero todavía en el verano boreal, hay señales que ofrecen cierto optimismo para la economía del continente: el resurgimiento del turismo tras levantarse las restricciones de la Covid-19, una tasa de desempleo baja en la UE (6,6% en mayo) y las políticas activas de muchos gobiernos para ayudar a los sectores que más lo necesiten.

Fuente Télam

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El tablero mundial del eje OTAN-G7

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Los últimos días del mes de junio encontraron a Occidente bajo la necesidad de diagramar y trazar políticas conjuntas a futuro. Lógicamente, esto sucede en el contexto de incertidumbre generado por el avance de las tropas rusas en Ucrania, y con las consecuencias económicas evidentes relacionadas a este suceso. Las potencias occidentales y capitalistas tuvieron la ardua tarea de poder empezar a pensar en los distintos panoramas sobre como salir de esta situación, con el menor riesgo colateral posible para ellos. En consecuencia, la cumbre del G7 en Alemania y la cumbre de la OTAN en España han dejado bosquejo de la reconfiguración geopolítica del globo, desde la perspectiva de los intereses occidentales.

Ucrania en la agenda de los grandes

No es una novedad el hecho de que el país dirigido por Volodimir Zelenski se ha transformado en un tema recurrente, no solo en las esferas académicas, diplomáticas o militares, sino que inclusive en cualquier charla cotidiana. En parte se explica esto por la reacción generada en una sociedad que, en occidente, nunca vivió ni padeció una guerra. Lejos quedan las problemáticas de Siria, Myanmar, Cisjordania y Yemen. Asimismo, la generación de la comunicación inmediata se ha hecho eco de la guerra en Ucrania y, de igual manera, han ayudado a su difusión. Ahora bien, donde la situación mundial se dirime es en la mesa de las grandes potencias representadas por sus máximos mandatarios. 

La cumbre de los 7, conocida como el G7, tuvo lugar en Alemania entre el 26 y el 28 de junio. Este grupo de países, potencias políticas, militares y económicas, está integrado por Estados Unidos, Canadá, Alemania, Inglaterra, Italia, Francia y Japón. Particularmente siempre se invita a la Unión Europea, y en esta ocasión, Argentina fue el único representante latinoamericano, por invitación directa de Olaf Scholz para la presidencia argentina. En esta edición también fueron invitados los jefes de Estado de India, Indonesia, Senegal y Sudáfrica. Si bien, este grupo de grandes países de economía de libre mercado e industrializados, funciona desde 1975, esta edición tuvo un agregado más que importante: la guerra ruso – ucraniana. 

Esta cumbre del G7 partió de la base de las sanciones a Rusia. Se intensificaron, con el aval de los líderes políticos occidentales, una batería de sanciones in crescendo para el país de Vladimir Putin. En principio, la limitación con tendencia prohibitiva hacia la exportación del oro ruso, uno de los principales motivos de generación de excedentes. Ante esto, la reacción en cadena es predecible, sobre todo con los problemas financieros que se evidencian en la cuestión plasmada en la falta de pago de deuda externa a la que ha incurrido Rusia. El primer posible default en un siglo. Asimismo, otro “cepo” económico propuesto desde el G7 giró en torno a la industria militar rusa. En este sentido, es entendible que esto afectaría directamente a la capacidad bélica del Kremlin, la cual pareciera no tener fin, comprendiendo el poderío armamentístico de Moscú. Claro está, que la condena hacia el preconcepto del crimen de guerra al cual se lo juzga a Rusia fue tema de debate, entendiendo el rearmado diplomático que se daría cuando cese la guerra, triunfe Putin o triunfe Zelenski. 

Sacando la situación de la guerra en Ucrania, el G7 no se salió de su molde. Reactivación económica a partir de paquetes monetarios emitidos por los grandes países hacia los de economía emergente o crónica. Lógicamente que, con esto se da el posicionamiento de grandes potencias como EEUU, como los acreedores del mundo. Paralelamente, la presencia de países invitados marca el rumbo de las alianzas políticas. La presencia argentina es fundamental, sobre todo entendiendo el contexto de refinanciamiento de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional. En este sentido, la diplomacia juega un papel clave a la hora de poder establecer una red de países que sirvan de soporte o apoyo a las decisiones financieras argentinas con un plan de pago que pueda mantener una economía sostenida.

Por otro lado, aparece la otra gran cumbre. Hablamos de la reunión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que tuvo lugar en España entre el 28 y el 30 de junio. Esta cumbre reunió a gran parte de los países que formaron parte de la reunión del G7, aunque con la salvedad del tópico militar como presencia estelar. Ante esto, fue nuevamente la cuestión ucraniana la que se posicionó como la vedette de dicha cumbre.

Aquí sí, con total claridad se puede resumir que, a partir de la invasión en territorio de Ucrania, Putin y su país se transformaron en la amenaza de la OTAN. Esto se da porque, básicamente, con una mínima acción belicista de Moscú, se puso en jaque el sistema de seguridad occidental. El punto real para la Alianza Atlántica no es, principalmente, la situación de Ucrania en sí, sino lo que puede pasar a raíz de eso. Es decir, el temor de la OTAN es tener que enfrentar militarmente a Rusia, por el poderío que representa Putin, como así también por las alianzas armamentísticas que ha generado el Kremlin con el correr de los años. Ante la activación del protocolo de emergencia y actuación de la OTAN, es sabido que detrás de la potencia militar heredada de la Unión Soviética, aparecerá la figura de China, Irán y Corea del Norte. Todos los países que podrían participar de este enfrentamiento hipotético podrían acarrear una guerra de dimensión monumental. Este es lo que genera el verdadero sentido de mesura por parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. 

Más allá de esto, las medidas tomadas en Madrid por parte de la OTAN, son las de reforzar el flanco militar este de Europa, con una frontera cercana a Ucrania, que también pone en alerta al mismísimo Vladimir Putin. Sin embargo, lo que le quita el sueño al líder político ruso, son los posibles nuevos miembros de la OTAN. Hablamos de Suecia y Finlandia. Los países nórdicos desde hace semanas confirmaron su necesaria adhesión a la Alianza Atlántica, con el fin de tener resguardo militar y político ante un posible avance de las tropas rusas sobre su territorio. Esto sería un verdadero revés para las intenciones de equilibrio político en Europa por parte de Rusia, entendiendo que esta forzando un proceso de ingreso a la OTAN de países con los que tiene un comercio fluido, además de una historia militar en común. No obstante, y más allá de la anulación del veto turco, la propia dinámica de las alianzas geopolíticas conlleva a rearmar el tablero global, y sobre todo en el viejo continente, territorio donde hace décadas no se ve tan agitado en términos de inestabilidad. 

Otro punto de vital importancia para comprender, a manera de resumen, lo acontecido por los representantes de la OTAN en la última cumbre de Madrid, es el abordaje sobre China. Stoltenberg y los jefes de Estado fueron claros respecto a este país de vital importancia. Para ellos, el gigante rojo de Asia representa un desafío. Esto se entiende desde la perspectiva económica y el brutal afianzamiento financiero y de generación de excedentes que mantiene a un ritmo galopante el régimen de Xi  Jinping. De hecho, la preponderancia económica lo lleva a China a ser la potencia mundial por excelencia, y además es la razón por la cual, el país asiático no busca involucrarse de manera directa en el enfrentamiento bélico entre Ucrania y Rusia. Cierto es, que China es un aliado de Moscú, aunque el afán por mantener la aceleración en la rueda de consumo es mucho más grande. Una guerra enfriaría la economía global donde China impera, es por esa razón que Xi Jinping solo mira de reojo lo que acontece en el este de Europa. La OTAN sabe eso, y es la razón por la cual no se lo considera una amenaza como sí es considerada Rusia.

Empero, hay otra cuestión por la cual China es un reto para la Alianza Atlántica. Tiene que ver con el abultado ejército a disposición que tiene Beijing, y los intereses geopolíticos que se encuentran alejados del viejo continente. En base a esto, conocida es la vieja disputa entre China y Taiwán, y la constante tensión vivida en esa zona del globo a partir de amenazas de Beijing dirigidas hacia la isla taiwanesa. De igual forma, los intereses económicos de China se ven reflejados, geopolíticamente hablando, en el cinturón de perlas hecho alrededor de India, con el fin de establecer un comercio marítimo prácticamente directo con África. Dicho esto, es predecible ver que los ánimos de China se encuentran lejos de Europa, aunque cerca de sus aliados. Con esto último, es menester hablar de la posición dominante que el gigante asiático busca tener en los archipiélagos de Oceanía, sobre todo centrado en Islas Salomón. Xi Jinping ha demostrado en más de una ocasión su intención de mantenerse cerca de los países oceánicos y esto fue advertido en reiteradas situaciones por Australia, el país que mantiene bajo su control, la hegemonía de Oceanía. Es así, que Sídney, además de haber sido una colonia inglesa, sigue perteneciendo a la Commonwealth, y tiene una relación más que cercana con los intereses de la OTAN y el G7. 

2022, una cachetada a Europa

Una de las premisas que se esgrimen como síntesis de supina importancia al hablar de las últimas cumbres que han tenido lugar en el viejo continente, es el hecho de que Europa se dio cuenta que perdió la batalla de modelos políticos. Más que Europa, hablamos de la Unión Europea. ¿Por qué se dice esto? Básicamente porque la UE se había posicionado como el modelo político nacional y regional de funcionamiento ideal de las democracias liberales, la socialdemocracia, el libre mercado y las dinámicas políticas en base a la diplomacia total desde el comienzo del siglo XXI. Pero Europa se equivocó, no solamente eso, sino que se equivocó y perdió. Este año le dio un baldazo de agua fría, propinado por Rusia y también por EEUU.

Esto se explica por el proceso de otanización que lleva adelante Europa, con una rigidez política mucho más evidente que durante los años de proliferación de las diplomacias europeizantes. El concepto otanización fue propuesto por el mismísimo Joe Biden. El máximo mandatario de Estados Unidos aclaró que Europa está atravesando por ese proceso de inclusión a la OTAN por culpa de las decisiones de Vladimir Putin y las ambiciones de mayor defensa nacional de Rusia. He aquí un claro ejemplo en donde una invasión rusa y una respuesta estadounidense fueron suficientes para ponerle un punto a las prácticas políticas institucionales de la Unión Europea. 

Vayamos más a fondo, el G7 y la OTAN entendieron que el avance militar ruso no trae consigo solamente una cuestión plenamente territorial, sino que detrás viene el afianzamiento de un modelo político puesto a disposición en el personalismo de un líder carismático. De hecho, si se hace un breve proceso de revisión de la historia rusa, verá que sus épocas de apogeo económico estuvieron en manos de personajes y líderes, no así de modelos concretos. Aquí podríamos nombrar a Pedro el Grande, Catalina, Stalin y el mismísimo Vladimir Putin. Es decir, que tan solo el avance de Rusia sobre Ucrania puso en jaque todo un modelo de prácticas políticas que la Unión Europea había construido durante décadas. 

Por otro lado, hablamos de EEUU. En este sentido, Washington y su intransigencia o posición cuasi dubitativa también dejaron a la Unión Europea en un limbo. Curiosamente, Joe Biden condenó la operación militar rusa en Ucrania desde el primer momento, ejecutó sanciones económicas, apoya a Ucrania con envío de armamentos y de paquetes monetarios, pero no se metió en suelo ucraniano a combatir al “enemigo”. Pareciera ser que EEUU perdió esa fiereza que tuvo durante la Guerra Fría, en donde junto a la Unión Soviética, transformaron al mapa mundial en un juego táctico. Hace falta recordar lo que sucedió en la península de Corea, Vietnam, Afganistán y la crisis de los misiles cubanos. Ahora bien, Biden sabe que no es momento de actuar de esa manera, por las razones previamente establecidas como la equivalencia de fuerzas bélicas y el debilitamiento del sistema económico que ya viene desguarnecido por la pandemia de COVID – 19. Por otro lado, el eterno defensor de la democracia ha tomado la postura de la defensa indirecta, resguardando sus intereses y con un contexto nacional particular. La adhesión social en EEUU no es algo homogéneo en su mayoría, y además cabe recordar el avance de los extremismos en su sociedad, marcada por los tiroteos masivos y por el funesto episodio del asalto al Capitolio en 2021. Con esto se quiere decir que Estados Unidos tiene asuntos que resolver en su patio trasero antes de salir a pasear por el barrio. 

En el medio de esta discordia, la Unión Europea se encuentra entre fuego cruzado y con una amenaza constante y total. Por esa razón, personajes como Macron o Scholz han buscado el diálogo constante con Putin, entendiendo que esa vía es la indicada al no tener un contexto favorable para otro tipo de ultimátum. Por otro lado, las sanciones económicas a Rusia, no parecen afectarle en demasía, como si lo hace el bloqueo del petróleo y el gas del Kremlin, que están causando una verdadera crisis energética en el viejo continente. Efectos casi nunca padecidos: altas tasas inflacionarias, previsiones a futuro aún más elevadas, aumento del precio de combustible y caída del nivel de vida. Ante esto, la Unión Europea se dio cuenta del golpazo que le están propinando Rusia y EEUU, y también que su modelo puede entrar en crisis en cualquier momento. 

G7 y OTAN en la periferia 

Mucho se habló de lo acontecido en el viejo continente y de lo meramente relacionado a la Guerra en Ucrania. Sin embargo, hay países considerados emergentes que han participado de dichas cumbres, en forma de invitados. Previamente se habló de Argentina, y en este apartado cabe recordar que el país conducido por Alberto Fernández quedó medianamente bien posicionado en la última Cumbre de las Américas. Esto podría servir para Argentina, por razones de pagos externos, pero también para las potencias, entendiendo que, si la economía argentina goza de un leve despegue en los próximos meses o años, puede ser una oportunidad de invertir en Sudamérica. 

Más allá de esto, India se presenta como un país interesante que tuvo invitación al G7. La importancia de este gran país asiático radica en que forma parte del BRICS. Es decir, la alianza conformada también por Brasil, Rusia, China y Sudáfrica. Es decir, son países con economías emergentes, con relaciones bilaterales estratégicas. El acercamiento de India a las problemáticas que guardan relación con Europa puede servir como una especie de termómetro, si es que se posiciona como interés de la India, para con Vladimir Putin. No pareciera ser de suma importancia para Nueva Delhi, el hecho de ser un mediador en esta guerra. Caso contrario al de Turquía. 

Erdogan sigue haciendo de la OTAN, una novela en donde él mismo es el guionista. Con idas y vueltas para con Suecia y Finlandia. Más, sin embargo, habría que empezar a pensar en un actor importante que no ha aparecido en escena en estas cumbres, pero que tiene intereses de mediador y de dominador regional tal y como lo busca Turquía: hablamos de Israel. El país de Medio Oriente cumple un papel fundamental en las cercanías de la medialuna de las tierras fértiles, un rol preponderante como aliado de los intereses de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. El control de las sublevaciones o los afianzamientos de movimientos islámicos y, sobre todo, palestinos, es de vital importancia para mantener los intereses petroleros de la región. Israel, a su vez, no ha tenido participación directa en estas cumbres, aunque se conoce su postura al respecto de las problemáticas tratadas. A esto hay que agregarle, que Tel Aviv está pasando por un proceso de fragilidad institucional más que evidente. En los últimos días, Israel disolvió su parlamento y llamó a elecciones anticipadas para noviembre del corriente año. Será la quinta elección en cuatro años en dicho país. 

Luego de lo previamente expuesto, pareciera ser que África vuelve a ser ignorada y dejada de lado por las grandes potencias. El G7 y la OTAN solo tuvieron una escasa aproximación a un paquete económico de ayuda humanitaria en el continente más afectado por la pobreza y la enfermedad. Además de esto, la siempre complicada situación de Melilla en el norte africano fue material de comentarios en los pasillos alemanes y españoles, pero no más que eso. Nuevamente, el continente africano queda afuera de las políticas globales, sin tener en cuenta su galopante y preocupante nivel de pobreza, indigencia, falta de educación, crisis sanitarias por enfermedades y bajísimo nivel de vida. 

Finalmente, las políticas medio y socio – ambientales ocuparon un breve espacio, sobre todo en la cumbre del G7. Con el fin de continuar un proceso de saneamiento de la naturaleza y preservación de la naturaleza y la biodiversidad a partir de políticas a largo plazo. Inclusive, la Unión Europea aprobó el abandono de los vehículos a combustión para 2035, pero no más que eso. Es decir, antes de la guerra en Ucrania, la agenda global se encontraba plenamente abocada a las políticas ambientales. Hoy, la OTAN y el G7 tienen preocupaciones de mayor envergadura, las cuales han sido identificadas y tienen claros destinatarios: el avance militar de Rusia con el declive político de Europa, y la mega – maquinaria económica y financiera de China, manejada por un régimen con mano dura como el de Xi Jinping.

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¿La ‘peste negra’ mató a la mitad de la población en Europa? Un nuevo estudio sugiere que no

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Por Carl Zimmer
. A mediados de la década de 1300, una especie de bacteria propagada por pulgas y ratas se extendió por Asia y Europa, provocando casos mortales de peste bubónica. La “peste negra” es una de las pandemias más conocidas en la memoria histórica, y muchos expertos calculan que mató a unos 50 millones de europeos, la mayoría de los habitantes del continente.

“Los datos son lo suficientemente amplios y numerosos como para pensar que la peste negra arrasó con alrededor del 60 por ciento de la población europea”, escribió en 2005 Ole Benedictow, historiador noruego y uno de los principales expertos en la peste. Cuando Benedictow publicó The Complete Black Death en 2021, elevó ese cálculo al 65 por ciento.

Pero esas cifras, basadas en documentos históricos de la época, sobrestiman en gran medida el verdadero número de víctimas de la peste, según un estudio publicado el jueves. Al analizar antiguos depósitos de polen como indicadores de la actividad agrícola, los investigadores de Alemania descubrieron que la peste negra causó un patrón de destrucción desigual. En efecto, algunas regiones de Europa sufrieron pérdidas devastadoras, pero otras se mantuvieron estables y algunas incluso prosperaron.

“Ya no podemos decir que mató a media Europa”, dijo Adam Izdebski, historiador del medio ambiente del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana de Jena, Alemania, y uno de los autores del nuevo estudio.

En el siglo XIV, la mayoría de los europeos trabajaban en granjas, lo que requería una labor intensiva para obtener cosechas. Si la mitad de los europeos murieron entre 1347 y 1352, la actividad agrícola habría caído en picada.

“La mitad de la mano de obra desaparece instantáneamente”, dijo Izdebski. “No se puede mantener el mismo nivel de uso de la tierra. En muchos campos no se podría continuar”.

La pérdida de la mitad de la población habría dejado muchas granjas baldías. Sin suficientes pastores para atender al ganado, los pastos habrían crecido en exceso. Los arbustos y los árboles se habrían apoderado de ellos, sustituyéndolos finalmente por bosques maduros.

Izdebski y sus colegas pensaron que si la peste negra provocó ese cambio, deberían poder verlo en las especies de polen que sobrevivieron a la Edad Media. Todos los años, las plantas liberan grandes cantidades de polen en el aire, y parte de él acaba en el fondo de lagos y humedales. Enterrados en el barro, los granos pueden sobrevivir a veces durante siglos.

Para ver qué decía el polen sobre la peste negra, Izdebski y sus colegas seleccionaron 261 lugares de toda Europa —desde Irlanda y España en el oeste hasta Grecia y Lituania en el este— que conservaban granos de alrededor de 1250 a 1450.

Por Jonathan Corum | Fuentes: Adam Izdebski et al., Nature Ecology & Evolution. Se muestran las fronteras modernas.

En algunas regiones, como Grecia y el centro de Italia, el polen contó una historia de devastación. El polen de cultivos como el trigo disminuyó. Los dientes de león y otras flores de los pastos se desvanecieron. Aparecieron árboles de crecimiento rápido, como el abedul, seguidos de otros de crecimiento lento, como los robles.

Pero esto no fue la norma en toda Europa. De hecho, solo siete de las 21 regiones estudiadas por los investigadores sufrieron un cambio catastrófico. En otros lugares, el polen registró pocos cambios.

De hecho, en regiones como Irlanda, el centro de España y Lituania, el paisaje se transformó en la dirección opuesta. El polen de los bosques maduros se hizo más raro, mientras que el de los pastos y las tierras de cultivo se hizo aún más común. En algunos casos, dos regiones vecinas se desviaron en caminos diferentes: el polen sugiere que una se convirtió en bosque y la otra en granja.

Aunque estos hallazgos sugieren que la peste negra no fue tan catastrófica como muchos historiadores han argumentado, los autores del nuevo estudio no ofrecieron una nueva cifra del número real de víctimas de la pandemia. “No nos sentimos cómodos arriesgando el cuello”, dijo Timothy Newfield, historiador de enfermedades en la Universidad de Georgetown y uno de los colaboradores de Izdebski.

Algunos historiadores independientes afirmaron que el nuevo estudio sobre todo el continente coincidía con sus propias investigaciones sobre determinados lugares de Europa. Por ejemplo, Sharon DeWitte, antropóloga biológica de la Universidad de Carolina del Sur, descubrió que los restos óseos de Londres durante ese periodo mostraban evidencias de un modesto número de víctimas de la pandemia. Eso la llevó a preguntarse si ocurría lo mismo en otras partes de Europa.

“Una cosa es tener una sospecha razonable y otra muy distinta presentar pruebas, como hacen estos autores”, dijo DeWitte. “Es realmente emocionante”.

Joris Roosen, jefe de investigación del Centro de Historia Social de Limburgo, en los Países Bajos, dijo que la peste negra no destacó en su investigación histórica de Bélgica. Roosen midió el número de víctimas de la peste negra al examinar el impuesto de sucesiones que se pagaba en una provincia llamada Hainaut. Las muertes causadas por la peste bubónica provocaron, en efecto, un aumento de los impuestos de sucesiones, pero Roosen descubrió que otros brotes en años posteriores crearon picos igual de grandes o incluso mayores.

“Se puede seguir eso durante trescientos años”, dijo. “Cada generación, en esencia, sufre un brote de peste”.

Pero a otros expertos no les convencen las conclusiones del nuevo estudio. John Aberth, autor de The Black Death: A New History of the Great Mortality, dijo que el estudio no cambiaba su opinión de que cerca de la mitad de los europeos de todo el continente murieron.

Aberth dijo que dudaba que la peste pudiera perdonar regiones enteras de Europa mientras asolaba las vecinas.

“Estaban muy interconectadas, incluso durante la Edad Media, por los intercambios, los viajes, el comercio y la migración”, dijo Aberth. “Por eso soy escéptico de que regiones enteras pudieran escapar”.

Aberth también puso en duda que el cambio de una región hacia el polen de los cultivos significara necesariamente que la población de la misma estuviera en auge. Especuló con la posibilidad de que la población haya sido aniquilada por la peste negra, para ser sustituida por inmigrantes que ocuparan las tierras vacías.

“La inmigración de los recién llegados a una zona podría haber compensado las pérdidas demográficas”, dijo Aberth.

Izdebski reconoció que en la época de la peste bubónica había personas que inmigraban por toda Europa. Pero argumentó que su número documentado era demasiado pequeño para sustituir a la mitad de la población.

Y también señaló que las enormes oleadas de inmigrantes tendrían que haber venido de otras partes de Europa que supuestamente también fueron aniquiladas por la peste negra.

“Si necesitas que vengan cientos de miles de personas, ¿de dónde saldrían si en todas partes murió la mitad de la población?”, preguntó.

Monica Green, historiadora independiente con sede en Phoenix, especuló que la peste negra podría haber sido causada por dos cepas de la bacteria Yersinia pestis, que podrían haber causado diferentes niveles de devastación. El ADN de Yersinia recogido en esqueletos medievales apunta a esta posibilidad, dijo.

En su estudio, Izdebski y sus colegas no examinaron esa posibilidad, pero sí tuvieron en cuenta otros factores, como el clima y la densidad de población en distintas partes de Europa. Pero ninguno explicaba el patrón que encontraron.

“No hay una explicación sencilla detrás de esto, ni siquiera una combinación de explicaciones sencillas”, dijo Izdebski.

Es posible que la ecología de las ratas y las pulgas que propagaron la bacteria fuera diferente de un país a otro. Los barcos que llevaron la Yersinia a Europa pueden haber llegado a algunos puertos en una mala época del año para la propagación de la peste, y a otros en un mejor momento.

Al trabajar en el estudio durante la propagación de una pandemia diferente que se desarrolla en varios continentes, Izdebski dijo que había lecciones que sacar de la peste negra en la era del coronavirus.

“Lo que mostramos es que hay una serie de factores, y no es fácil predecir desde el principio qué factores van a importar”, dijo, refiriéndose a cómo pueden propagarse los virus. “No se puede asumir que un mecanismo funcione en todas partes de la misma manera”.

Carl Zimmer es el autor de la columna Matter. Ha publicado 14 libros, entre ellos Life’s Edge: The Search For What It Means To Be Alive@carlzimmer • Facebook

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