exportaciones de yerba mate

El mercado externo salva la yerba: el segundo mejor mes de la historia en exportaciones

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Las exportaciones continúan siendo el principal sostén del negocio yerbatero en un contexto de menor cosecha y consumo interno prácticamente estancado. Durante el primer semestre de 2026, las salidas de molino destinadas tanto al mercado local como al exterior alcanzaron 163.234.270 kilos, una cifra levemente superior a la registrada en igual período del año pasado. En contraste, los productores buscan declarar la emergencia para la yerba mate por el desplome de los precios de la materia prima y mantendrán este jueves una cumbre con el obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez y otra reunión con el gobernador Hugo Passalacqua.

Los datos difundidos por el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) muestran que en junio las salidas de molino destinadas al mercado interno totalizaron 23.458.938 kilos, mientras que las exportaciones sumaron 7.040.971 kilos, el segundo mejor mes de la historia, detrás de agosto del año pasado, cuando se habían enviado al exterior 7.252.770 kilos.

De esta manera, entre enero y junio el mercado interno absorbió 137.336.991 kilos, lo que representa una baja acumulada del 0,7% respecto del mismo período de 2025. En términos mensuales, las ventas domésticas también mostraron una retracción cercana al 3%.

El indicador de salida de molino es considerado el mejor termómetro del consumo, ya que refleja el volumen que las empresas envían a distribuidores, supermercados, hipermercados y mayoristas antes de llegar a las góndolas.

El mercado externo compensa la desaceleración local

A diferencia del comportamiento del consumo interno, las exportaciones mantienen una tendencia claramente expansiva. Durante junio se embarcaron 7.040.971 kilos, llevando el acumulado anual a 25.897.279 kilos. Esto representa un crecimiento del 30,83% frente al primer semestre del año pasado y confirma que la demanda internacional sigue siendo el principal motor del sector.

Gracias a ese desempeño, el total comercializado entre mercado interno y exportaciones alcanzó 163.234.270 kilos, superando los 162.587.947 kilos registrados en igual período de 2025.

El crecimiento externo cobra aún mayor relevancia en un escenario atravesado por la crisis de precios de la hoja verde, las consecuencias de la desregulación del mercado y las dificultades económicas que enfrentan los productores.

La cosecha sigue por debajo del año pasado

En paralelo, el avance de la cosecha continúa mostrando menores volúmenes. Las declaraciones juradas presentadas ante el INYM indican que entre enero y junio ingresaron a secaderos 417.543.666 kilos de hoja verde, reflejando un ritmo de cosecha inferior al registrado durante el año anterior.

La menor disponibilidad de materia prima responde tanto a cuestiones climáticas como a decisiones de muchos productores de reducir la cosecha ante los bajos precios que recibe la hoja verde.

El paquete de medio kilo sigue siendo el favorito

El informe del INYM también ratifica que los hábitos de consumo prácticamente no cambiaron.

Durante junio, el 56,79% de las ventas al mercado interno correspondió a paquetes de medio kilo, consolidándose como el formato más elegido por los consumidores.

En segundo lugar se ubicaron los envases de un kilo, con el 37,33% de participación. Más atrás quedaron los paquetes de dos kilos (1,64%), los de 250 gramos (0,68%), mientras que los otros formatos representaron apenas 0,17%. El rubro “sin estampillas” explicó el 3,38% restante.

En conjunto, los envases de 500 gramos y un kilo concentran el 94,13% del mercado interno, una distribución que prácticamente no ha variado en los últimos años.

Un mercado sostenido por las exportaciones

Los datos del primer semestre muestran con claridad la nueva dinámica de la actividad yerbatera. Mientras el consumo doméstico permanece estable, las exportaciones ganan protagonismo y evitan una caída en el volumen total comercializado.

Sin embargo, detrás de esos números persiste la principal preocupación del sector: la rentabilidad de los productores. La caída de la cosecha, sumada a los bajos precios que recibe la hoja verde tras la desregulación del mercado, mantiene abierta la crisis que atraviesa la producción primaria, aun cuando la industria y las exportaciones muestran signos de fortaleza.

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Misiones arrasa en la exportación de yerba: concentra al menos 72,6% y La Cachuera lidera el negocio

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La exportación argentina de yerba mate cerró el primer semestre de 2026 con un marcado liderazgo de Misiones, una fuerte concentración entre cuatro grandes operadores y una dependencia todavía extraordinaria del mercado sirio.

Entre enero y junio se exportaron 26.044,78 toneladas, por un valor FOB total de US$ 48.259.728. El precio promedio de las operaciones fue de US$ 1.852,95 por tonelada, de acuerdo con el relevamiento aduanero que comprende yerba simplemente canchada, yerba mate y preparaciones o extractos incluidos en las posiciones arancelarias analizadas.

La comparación interanual debe realizarse con cautela porque el registro aduanero y las declaraciones de salida de molino del Instituto Nacional de la Yerba Mate no tienen necesariamente la misma cobertura. Como referencia, el INYM había informado exportaciones por 24.495 toneladas en el primer semestre de 2025. Contra ese registro, el volumen aduanero de 2026 representa una expansión aproximada del 6,3%.

La Cachuera se quedó con más de un tercio del mercado

La gran ganadora del semestre fue La Cachuera, elaboradora de Amanda, que exportó 9.030,54 toneladas, equivalentes al 34,67% de todo el volumen nacional.

Sus ventas generaron US$ 15,13 millones, el 31,35% del valor total exportado, con un promedio de US$ 1.675,13 por tonelada. La empresa, con producción y trayectoria industrial en Misiones, exportó principalmente hacia Siria, Brasil y España.

El segundo puesto correspondió a Productores de Yerba Mate de Santo Pipó, propietaria de Piporé, con 4.398,72 toneladas, el 16,89% del total, y ventas por US$ 8,57 millones.

La cooperativa logró un precio promedio de US$ 1.947,89 por tonelada, 16,3% superior al obtenido por La Cachuera. Su principal destino también fue Siria, aunque presentó una cartera más diversificada, con embarques hacia Chile, Emiratos Árabes Unidos, Canadá, Alemania, Países Bajos, Líbano y Estados Unidos. La cooperativa tiene su casa central y su planta en Santo Pipó, Misiones.

El tercer lugar fue para la correntina Las Marías, con 4.101,14 toneladas, el 15,75% del volumen, y una facturación de US$ 7,60 millones. El precio promedio fue de US$ 1.853,31 por tonelada, prácticamente en línea con el promedio nacional.

Las Marías mostró una estructura comercial más diversificada: aunque Siria concentró 67,3% de sus embarques, también exportó cantidades importantes a Chile y China, además de Estados Unidos, España, Francia, Paraguay, Alemania, Canadá, Australia y otros mercados. Su establecimiento productivo está ubicado en Gobernador Virasoro, Corrientes.

El cuarto gran jugador fue Grupo Kabour, con 3.870,90 toneladas, el 14,86% del mercado, y exportaciones por US$ 6,10 millones. Toda su producción tuvo como destino Siria, con un valor promedio de US$ 1.576,23 por tonelada.

Cuatro compañías controlan 82% de las exportaciones

La concentración es uno de los datos centrales del semestre.

La Cachuera, Piporé, Las Marías y Grupo Kabour exportaron en conjunto 21.401,30 toneladas, equivalentes al 82,17% del volumen nacional.

La concentración aumenta al ampliar el cálculo:

  • La primera empresa controla 34,7%.
  • Las dos primeras, 51,6%.
  • Las tres primeras, 67,3%.
  • Las cuatro primeras, 82,2%.
  • Las diez primeras, 93,1%.
  • Las doce primeras, 94,5%.

Las otras 44 firmas que aparecen en el registro se repartieron apenas 5,5% de las toneladas exportadas.

El negocio exportador tiene una estructura dual: cuatro grandes compañías dominan las exportaciones masivas, mientras que un conjunto numeroso de operadores participa con embarques pequeños, generalmente dirigidos a mercados de mayor valor unitario.

Las empresas misioneras sumaron 18.899,95 toneladas, equivalentes al 72,57% de todas las exportaciones argentinas.

La fortaleza misionera está sustentada principalmente por La Cachuera, Piporé y Grupo Kabour. Solamente esas tres compañías colocaron 17.300,16 toneladas, equivalentes al 66,4% de toda la yerba exportada por la Argentina.

Las dos grandes compañías correntinas -Las Marías y la Cooperativa Agrícola de Colonia Liebig, dos y uno del mercado doméstico- exportaron juntas 4.619,86 toneladas, equivalentes al 17,74% del total nacional.

Corrientes participó con 17,7% de las cantidades, pero capturó alrededor de 19,4% del valor FOB, debido fundamentalmente al desempeño de la Cooperativa Liebig.

La elaboradora de Playadito alcanzó un valor promedio de US$ 3.428,29 por tonelada, 85% por encima de la media nacional. Sus principales destinos fueron España, Chile, Estados Unidos, Alemania, República Checa, Portugal, Australia, China y Reino Unido. La cooperativa está radicada en Colonia Liebig, Corrientes.

La conclusión territorial es contundente: por cada tonelada exportada por compañías correntinas, las empresas misioneras despacharon aproximadamente 4,1 toneladas.

La dependencia del mercado sirio continúa siendo la principal característica -y también una de las principales vulnerabilidades- del comercio exterior yerbatero.

Siria recibió 17.493,57 toneladas, equivalentes al 67,17% del volumen total, y generó US$ 29,02 millones, el 60,13% de las divisas. El precio promedio fue de US$ 1.658,88 por tonelada, por debajo de la media general.

Cuatro compañías concentraron 97,2% de las ventas a ese país: La Cachuera, con 6.930 toneladas, Kabour con 3.870, Piporé con 3.450 y Las Marías, con 2.758 toneladas. 

Buena parte de la yerba enviada a Siria se exporta molida en bolsas de aproximadamente 50 kilos y posteriormente se fracciona en destino.

Chile fue el segundo destino, con 3.058,73 toneladas, el 11,74% del total, por US$ 5,92 millones. El precio promedio fue de US$ 1.936,68.

Brasil quedó tercero con 1.618,82 toneladas, 6,22% del volumen, mientras que España recibió 942,07 toneladas, 3,62%. Estados Unidos completó los cinco primeros lugares con 583,55 toneladas.

La concentración geográfica es casi tan elevada como la empresarial. Siria, Chile y Brasil explicaron por sí solos 85,1% del volumen exportado.

Junio fue el mejor mes por volumen y facturación: las cantidades crecieron 34,1% frente a mayo y más que duplicaron las registradas en febrero. Sin embargo, el precio promedio bajó a US$ 1.760 por tonelada, 6,3% menos que en mayo.

La expansión de junio estuvo impulsada principalmente por Grupo Kabour, Piporé, La Cachuera y Las Marías. Kabour exportó 1.667,2 toneladas durante el mes; La Cachuera, 1.470,13 toneladas; Piporé, 1.377,45; y Las Marías, 892,46 toneladas.

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Yerba a la India: años de gestiones, una batalla regulatoria y un mercado de 1.400 millones de consumidores

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La incorporación de la yerba mate al Código Alimentario de India marca uno de los mayores avances comerciales de la historia del sector. La eliminación de barreras regulatorias, la fuerte reducción de aranceles y la apertura de un mercado de 1.400 millones de habitantes coronan una estrategia de una década impulsada por Misiones, con Piporé y Klimiuk como empresas pioneras en las misiones comerciales que permitieron destrabar el acceso al gigante asiático.

Durante décadas, la industria yerbatera argentina buscó nuevos mercados para reducir una dependencia que continúa siendo estructural: cerca del 90% del consumo sigue concentrado en Argentina. Cada apertura internacional representa una oportunidad, pero pocas tienen la dimensión estratégica que ofrece India.

La decisión de la Food Safety and Standards Authority of India (FSSAI) de incorporar oficialmente la yerba mate a su Código Alimentario no es simplemente una habilitación sanitaria. Es un cambio de paradigma para el comercio exterior de uno de los principales productos regionales del país.

Detrás de esa resolución hay casi diez años de negociaciones técnicas, diplomacia comercial, misiones empresariales, trabajo regulatorio y articulación entre el sector privado, el Gobierno de Misiones, Cancillería, Senasa y los organismos sanitarios indios.

El resultado modifica completamente las reglas de juego.

Hasta ahora, cada embarque debía tramitar autorizaciones especiales, la yerba ingresaba como un producto exótico y soportaba aranceles superiores al 130%. Desde ahora pasa a ser un alimento reconocido por la legislación india, con un procedimiento regular de importación y tributos cercanos al 30%.

La diferencia no es menor: deja de ser una operación excepcional para transformarse en un negocio potencialmente permanente.

Muchos suponían que el problema era encontrar compradores. No era así. Los interesados existían. Lo que faltaba era una regulación que permitiera importar. Ese es quizá el dato más importante de esta historia.

Para Renso Klimiuk, el cambio tiene un valor histórico. Explica que durante la misión comercial realizada el año pasado comprobaron el enorme interés que despertaba la yerba mate entre empresas indias, aunque todas enfrentaban el mismo obstáculo: la burocracia.

La yerba no figuraba en el Código Alimentario de India, lo que obligaba a presentar documentación extraordinaria para cada importación. Los tiempos eran largos y los costos muy elevados.

El arancel, superior al 130%, hacía prácticamente inviable cualquier operación comercial.

Tras la misión comenzaron los trámites técnicos impulsados junto al ministro Facundo López Sartori. Hoy el escenario cambió por completo.

“La yerba mate quedó incorporada con todas sus variedades dentro del Código Alimentario y cualquier empresa india puede importarla pagando aproximadamente un 30% de arancel”, resume Klimiuk.

Para la empresa, el trabajo comercial ya comenzó con dos importadores visitados durante la misión.

Los primeros envíos serán pequeños.

Pero representan la construcción de un mercado completamente nuevo.

No alcanza con vender mate

La apertura regulatoria no garantiza automáticamente grandes exportaciones.

Ese será el siguiente desafío. Y allí aparece otro aspecto estratégico. India es uno de los mayores consumidores mundiales de infusiones. Pero no consume mate: consume té y bebidas funcionales. Consume productos asociados al bienestar.

Por eso la adaptación comercial será determinante.

El presidente de Piporé, Martín Brites, considera que el desafío pasa por adaptar la presentación del producto a los hábitos del consumidor indio. Habrá yerba tradicional, pero el mayor crecimiento probablemente llegue mediante mate cocido, saquitos, blends, infusiones energéticas, extractos y otros formatos compatibles con la cultura de consumo local.

La lógica no consiste en enseñar a 1.400 millones de personas a tomar mate con bombilla, sino en incorporar la yerba mate al universo de las bebidas saludables que ya forman parte del consumo cotidiano en India.

Para Brites, la habilitación regulatoria resuelve apenas la primera parte del desafío. La segunda será eminentemente comercial. India posee una cultura profundamente ligada al consumo de infusiones, pero con hábitos muy distintos a los del Cono Sur. “Está de parte nuestra adaptar el consumo de la yerba mate a la forma en que los indios están acostumbrados a consumirla”, sostiene.

Eso implica desarrollar presentaciones específicas, desde mate cocido y saquitos hasta mezclas funcionales y bebidas energéticas elaboradas con extractos de yerba, sin abandonar la oferta del consumo tradicional. “Hay sobradas capacidades en el sector para evolucionar en esto y ofrecer un producto que satisfaga las necesidades del consumidor indio”, afirma el presidente de Piporé, convencido de que la innovación industrial será tan importante como la apertura comercial para consolidar la presencia de la yerba mate en una de las economías de mayor crecimiento del mundo.

La especialista en Comercio Exterior Rosario Guadalupe Pelozo, quien acompañó técnicamente todo el proceso desde el Ministerio del Agro, explica que el vínculo comercial con India comenzó en 2016, pero recién pudo acelerarse tras retomarse las gestiones en 2024 y concretarse una misión comercial durante 2025.

Aquella misión no fue un viaje protocolar, sino un punto de inflexión, ya que las empresas encontraron importadores dispuestos a comprar.

Pero esos importadores debían iniciar un procedimiento privado para solicitar que la yerba mate fuera incorporada al sistema alimentario indio. Era un trámite que ningún gobierno podía realizar por ellos.

La misión comercial permitió justamente conectar ambos extremos de la cadena. Seis meses después llegó la resolución esperada.

Entre las compañías que encabezaron esa estrategia aparecen dos nombres que llevan años apostando por la internacionalización de la yerba misionera.

Klimiuk Infusiones y la cooperativa de Santo Pipó, Piporé fueron las industrias que participaron activamente de las misiones comerciales organizadas junto al Gobierno de Misiones para abrir el mercado indio.

También participaron otras firmas como Fenicia SBL e Indumar, pero fueron Klimiuk y Piporé quienes ya venían desarrollando relaciones comerciales concretas con potenciales importadores.

Incluso Piporé ya había realizado envíos experimentales hacia India antes de la pandemia, operaciones que luego quedaron interrumpidas por las restricciones sanitarias internacionales.

La habilitación definitiva permite retomar ese camino bajo condiciones completamente distintas.

Messi también juega 

Existe además un fenómeno cultural imposible de ignorar. La imagen de Lionel Messi tomando mate durante los mundiales y junto a la Selección Argentina convirtió a la infusión en un producto reconocido incluso en países sin tradición matera.

Klimiuk sostiene que ese fenómeno puede transformarse en una poderosa herramienta comercial. India vive el fútbol con creciente intensidad y la admiración por Messi atraviesa generaciones.

La identificación entre Argentina y el mate ya comenzó a funcionar como un activo de marketing internacional.

Un mercado premium antes que masivo

Aunque India tenga más de 1.400 millones de habitantes, nadie espera un crecimiento explosivo.

Rosario Pelozo advierte que inicialmente se tratará de un mercado premium. La yerba llega como una bebida funcional, saludable, energizante y vinculada al bienestar. No competirá por precio con el té, sino como valor agregado.

Incluso captar apenas una fracción mínima del mercado podría representar un crecimiento significativo para las exportaciones argentinas.

En un país de semejante escala, incluso el uno por ciento del mercado constituye un volumen extraordinario para una industria como la yerbatera.

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Victoria Szychowski, la mujer que heredó un siglo de yerba, familia y frontera

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La historia de Victoria Szychowski no empieza en un despacho ni en una sala de directorio. Empieza mucho antes, en 1900, cuando sus bisabuelos llegaron a Apóstoles desde aquella Europa partida por imperios, pasaportes cruzados y hambre de futuro. Misiones todavía no era provincia. Era territorio nacional, frontera viva, tierra por poblar y por defender. Allí, sobre el arroyo Chimiray, la familia eligió una chacra de 25 hectáreas con una intuición que hoy parece extraordinaria: algún día, para crecer, haría falta energía.

De esa mirada nació La Cachuera. Primero fue un molino. Después, arroz y maíz. Más tarde, en 1917, llegaron las primeras plantaciones de yerba mate. Y con ellas comenzó una historia que atraviesa más de un siglo y que hoy tiene a Amanda como una de las marcas más vendidas del país y a La Cachuera como la principal exportadora argentina de yerba mate.

Victoria habla de esa historia sin grandilocuencia. Como quien sabe que administra algo más delicado que una empresa: una herencia. Pero no una herencia quieta, de museo y bronce, sino una tradición que debe probar todos los días que todavía está viva.

¿Cómo se conduce una compañía familiar centenaria sin quedar prisionera del apellido? ¿Cómo se honra a los pioneros sin repetirlos? ¿Cómo se sostiene una marca histórica en un mercado donde cada generación exige otro lenguaje?

La respuesta de Victoria tiene más gestión que nostalgia. La tercera generación, dice, tiene un desafío enorme: profesionalizar. Abrir la mesa. Incorporar miradas externas. Escuchar al consumidor. Entender que la marca no puede vivir eternamente de la frase “la yerba que tomaba mi abuela”. Amanda debe seguir siendo memoria, sí, pero también presente.

Ese equilibrio parece ordenar toda su conducción.

La empresa que hoy exporta al mundo estuvo, alguna vez, al borde de desaparecer. En 1966, La Cachuera estaba fundida. Fue entonces cuando su padre, Juan Alfredo “Pancho” Szychowski, volvió para hacerse cargo. Preguntó cuánto se debía, midió el tamaño del problema y reconstruyó la compañía desde adentro. Una tía vendió su casa en Quilmes para aportar capital y se mudó al campo. La familia entera entendió que salvar la empresa no era solamente salvar un negocio: era salvar una forma de vida.

Pancho fue el gran refundador. Un hombre duro, trabajador, visionario. Victoria lo recuerda como alguien exigente, pero justo: nunca pedía más de lo que él mismo estaba dispuesto a dar. También fue quien vio antes que muchos que la yerba mate podía cruzar fronteras. Mientras el producto seguía atado al consumo argentino, él miró hacia Medio Oriente. Viajó, recorrió mercados, convenció clientes y abrió una ruta comercial que todavía hoy sostiene buena parte del liderazgo exportador de La Cachuera.

Siria y el Líbano no aparecen en esta historia como simples destinos comerciales. Aparecen como capítulos de una trama cultural inesperada: inmigrantes árabes que habían vivido en la Argentina, que volvieron a sus países con el hábito del mate y que convirtieron a la yerba en una costumbre propia. Allí, Amanda encontró un mercado. Y también una prueba de que lo profundamente local puede volverse universal.

Victoria llegó a la empresa en 1990. No empezó arriba. Pasó por tareas administrativas, acompañó reuniones, tomó notas, escuchó. Fue secretaria del directorio y, sin proponérselo, absorbió la empresa como una esponja. Producción, secaderos, ventas, finanzas, proveedores, familia, conflictos, decisiones. Todo pasaba por esa mesa.

Cuando asumió la presidencia en 2016, no fue en un momento luminoso. El día de la asamblea murió su madre. Poco después falleció el presidente de la compañía. En medio del duelo, Victoria tuvo que tomar el mando. Reconoce que hubo meses nublados, casi sin memoria. La sostuvieron su familia, su esposo y el equipo de trabajo.

“Hay noches en las que no dormís”, admite en diálogo con La Fábrica del Podcast. No lo dice como queja, sino como parte del oficio. Dirigir una empresa de este tamaño no es administrar una marca desde lejos. Es cargar con empleados, productores, proveedores, mercados externos, consumidores y una comunidad entera que mira a La Cachuera como parte de su propia identidad.

Por eso, cuando habla de liderazgo, Victoria no habla de autoridad sino de escucha. Un buen líder, dice, debe aceptar que no sabe todo. Debe rodearse bien. Debe tener sentido común. Debe poder decir: me equivoqué. En una empresa familiar, esa condición es todavía más importante, porque las rencillas domésticas pueden entrar al negocio si no existen reglas, profesionalismo y distancia.

Amanda compite hoy en un mercado mucho más complejo que el de sus abuelos. Hay nuevas marcas, blends, influencers, venta digital, discursos sobre lo orgánico y consumidores cada vez más atentos. Victoria mira ese fenómeno con una mezcla de curiosidad y advertencia. No todo lo que se vende como natural u orgánico lo es. La certificación importa. La trazabilidad importa. La confianza importa.

Allí ubica uno de los diferenciales de Amanda: controlar el proceso. La empresa posee secaderos propios, trabaja con proveedores históricos auditados y busca garantizar que el paquete que llega a la góndola tenga la misma identidad que el consumidor espera. No es sencillo. La yerba mate es un producto vegetal, sensible al clima, al secado, al estacionamiento y al blend. Cada paquete debe parecerse al anterior, aunque la naturaleza nunca produzca dos cosechas iguales.

Esa tensión entre industria y naturaleza está en el centro del negocio yerbatero. También explica la crisis reciente del sector. Victoria evita las explicaciones fáciles. Sostiene que la caída de precios no puede atribuirse únicamente a la desregulación impulsada por Javier Milei. Hubo, dice, una combinación de factores: tres años de sequía, faltante de materia prima, precios altos, expansión de plantaciones, recuperación de los yerbales con las lluvias y luego una oferta abundante frente a una demanda que no creció al mismo ritmo. La consecuencia fue conocida: márgenes mínimos en toda la cadena.

¿Dónde queda una empresa líder en ese escenario? En el lugar más incómodo: debe defender calidad, sostener mercados, cuidar costos y, al mismo tiempo, pensar en el largo plazo.

Quizás por eso Victoria vuelve tanto al museo familiar. Allí está el viejo molino. Las máquinas adaptadas. Las herramientas construidas por prueba y error. La evidencia material de que todo comenzó con muy poco y con una voluntad enorme.

Cuando camina por ese lugar, no encuentra sólo recuerdos. Encuentra una pregunta: si ellos pudieron, ¿cómo no vamos a poder nosotros?

Esa parece ser la clave de su presidencia. No administrar la nostalgia, sino convertirla en método. No repetir a los fundadores, sino estar a la altura de su audacia.

En el fondo, Victoria Szychowski conduce una empresa que se parece mucho a Misiones: hija de inmigrantes, de frontera, de monte, de trabajo familiar, de industria nacida lejos de los grandes centros de poder. Amanda es una marca nacional, pero su raíz sigue clavada en Apóstoles, donde un arroyo, una represa y una familia decidieron que la yerba mate podía ser mucho más que una hoja.

Al final, cuando habla de su padre, Victoria resume el legado con una frase sencilla: poder caminar por la calle con la frente alta. No hay balance más exigente que ese.

La principal exportadora de yerba mate argentina no se explica sólo por toneladas, mercados o facturación. Se explica también por esa ética antigua, casi austera, que todavía ordena la vida de muchas empresas familiares del interior: trabajar mucho, deber poco, honrar la palabra y dejar algo mejor de lo que se recibió.

Victoria Szychowski parece haber entendido que su tarea no es cuidar una marca congelada en el tiempo, sino lograr que Amanda siga siendo Amanda, incluso cuando el mundo cambia.

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La yerba mate profundiza su crisis: caen la cosecha, el consumo interno y las exportaciones

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No es únicamente el precio lo que cae en la yerba mate. Todos los eslabones de la cadena entraron en un terreno negativo. Los datos acumulados entre enero y mayo de 2026 reflejan una caída simultánea en los tres principales indicadores de la actividad: producción, consumo y exportaciones. El resultado es una contracción general del mercado que confirma las advertencias que vienen realizando productores, cooperativas e industrias sobre el deterioro de la cadena. Los datos negativos llegan en un momento particular: por primera vez el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, aceptó recibir a los representantes de la cadena yerbatera para analizar el impacto de la desregulación. Aunque son prácticamente inexistentes las posibilidades de que haya una revisión del plan económico, los representantes de la cadena yerbatera presentes en el directorio del Instituto Nacional de la Yerba Mate fueron convocados para el próximo 8 de julio a a una reunión con Sturzenegger; el secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Sergio Iraeta; y el secretario de Coordinación y Producción del Ministerio de Economía, Pablo Lavigne.

El dato más contundente surge de la cosecha. Entre enero y mayo ingresaron a secaderos 275,17 millones de kilos de hoja verde, lo que representa una caída del 13,06% respecto del acumulado previo y una baja interanual del 13,46%.

La reducción en el ingreso de materia prima confirma que la zafra avanza con menor volumen, en un contexto marcado por precios deprimidos para el productor, incertidumbre regulatoria y una menor rentabilidad en las chacras. La caída productiva no encuentra compensación en la demanda.

El mercado doméstico, principal destino de la yerba mate argentina, también muestra señales de debilidad. Las salidas de molino destinadas al consumo interno alcanzaron 113,09 millones de kilos entre enero y mayo de 2026, frente a los 116,88 millones de kilos registrados en igual período de 2025.

La diferencia equivale a 3,79 millones de kilos menos, una contracción del 3% interanual acumulada.

La tendencia negativa se profundizó durante mayo. Las ventas al mercado interno fueron 5% inferiores a las de abril y quedaron 7,72% por debajo del mismo mes del año pasado, evidenciando que el consumo sigue sintiendo el impacto de la pérdida de poder adquisitivo y la retracción general del gasto de los hogares.

Aunque la yerba mate conserva su condición de producto esencial en la canasta de los argentinos, la desaceleración del consumo se hace visible en las estadísticas de salida de molino, el indicador más cercano al comportamiento real de las ventas en góndola.

Las exportaciones tampoco logran despegar

El frente externo, que había funcionado como un sostén para la actividad durante 2025, también comenzó a mostrar signos de agotamiento. Entre enero y mayo se exportaron 18,81 millones de kilos, lo que implica una baja acumulada del 0,53% interanual.

Más preocupante aún resulta el desempeño de mayo, cuando los embarques registraron una caída del 19,18% respecto del mismo mes de 2025. El dato marca una desaceleración importante en los mercados internacionales y pone en evidencia que el crecimiento exportador observado durante el año pasado perdió impulso.

La combinación de menores ventas internas y exportaciones en retroceso impactó directamente sobre el volumen total comercializado por la cadena. Entre enero y mayo de 2026, las salidas de molino destinadas al mercado interno y al exterior sumaron 131,90 millones de kilos.

En igual período de 2025 habían alcanzado 135,79 millones de kilos.

La diferencia es de 3,89 millones de kilos, equivalente a una caída cercana al 2,9% interanual.

Se trata de un dato particularmente relevante porque resume el comportamiento agregado del sector: la yerba mate está vendiendo menos tanto dentro como fuera del país.

La fotografía de los primeros cinco meses del año muestra un fenómeno poco habitual para la actividad yerbatera: caen simultáneamente la oferta y la demanda.

Por un lado, los productores entregan menos hoja verde a los secaderos. Por otro, los molinos colocan menos producto tanto en el mercado doméstico como en el exterior.

La situación adquiere mayor relevancia en un contexto en el que el sector continúa atravesado por la discusión sobre el impacto de la desregulación impulsada por el DNU 70/2023 y la pérdida de facultades regulatorias del Instituto Nacional de la Yerba Mate.

Mientras las entidades de productores sostienen que la crisis de precios está afectando la rentabilidad y desincentivando la cosecha, los números oficiales comienzan a reflejar una desaceleración integral de la actividad.

El consumidor sigue prefiriendo los paquetes de medio kilo

En medio de la caída general del mercado, los hábitos de consumo muestran pocos cambios.

Los envases de medio kilo continúan liderando ampliamente las preferencias de los compradores y representan el 56,3% de las ventas internas.

Los paquetes de un kilo concentran el 37,78%, mientras que los formatos de dos kilos apenas alcanzan el 1,59%.

En conjunto, las presentaciones de medio kilo y un kilo explican más del 94% del mercado interno, confirmando una tendencia que se mantiene estable desde hace varios años.

Una cadena bajo presión

Los números de mayo consolidan una tendencia que se viene observando desde comienzos de año: la yerba mate enfrenta una retracción generalizada.

La cosecha cayó más de 13%, el mercado interno retrocede 3%, las exportaciones dejan de crecer y el volumen total comercializado se reduce en casi cuatro millones de kilos.

Para una economía regional que tiene en la yerba mate uno de sus principales motores productivos, los datos encienden una señal de alerta. La evolución de los precios al productor, el comportamiento del consumo y la capacidad de recuperar mercados externos serán factores decisivos para determinar si la actividad logra revertir la tendencia durante el segundo semestre.

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