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Siete de cada 10 dólares y 160 países ¿Por qué necesitamos venderle al mundo?

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FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina) publicó su Monitor de Exportaciones Agroindustriales con datos que no paran de sorprender: “Si no exportáramos, miles de puestos de trabajo no existirían. Argentina llega a 160 países con sus exportaciones agroindustriales. De todos los productos agroindustriales que andan dando vueltas en barcos por el mundo, el 11% lo producimos en Argentina. Es importante que todos sepamos por qué es bueno exportar para dejar atrás falsas creencias que confunden”, afirma Nicolle Pisani Claro, economista de FADA. El informe se presenta como una herramienta que permite visualizar el gran potencial exportador de Argentina: qué producimos, para quiénes, cuánto nos compran, en qué nos beneficia. Hay múltiples mitos en torno a los beneficios o perjuicios de las exportaciones y el estudio de FADA aporta a echar luz con datos y análisis.

Superávit comercial ¿Qué es?

En 2021 ingresaron USD 54.895 millones en concepto de exportaciones agroindustriales, equivalen al 70% de las exportaciones argentinas. Dicho de otro modo, 7 de cada 10 dólares por exportación provienen de las cadenas agro. Es casi el único rubro que presenta un superávit comercial sostenido a través de los años. “Que tenga superávit comercial quiere decir que vendió al mundo más de lo que le compró. ¿Cómo se puede ver esa relación? Las cadenas agroindustriales, como todas las actividades, para producir requieren algunas cosas que acá no hacemos como insumos y maquinarias por lo que debemos importarlos pagando en dólares. Luego al exportar también lo hacemos en esa moneda. Al hacer el cálculo entre los dólares que “se fueron” para comprar lo que acá no hacemos y los “que entran” producto de las ventas, vemos que los que entran superan a los que se van. Eso es el superávit comercial”, explica David Miazzo, Economista Jefe de FADA.

El informe demuestra que este aporte no se repite en todos los rubros: las cadenas agroindustriales y el transporte son los únicos con superávit comercial. De todos modos, lo agroindustrial lidera ampliamente: el saldo positivo del transporte es mínimo con 233 millones de dólares mientras que las cadenas agroindustriales acumularon 45.368 millones de dólares. Por otro lado, el resto de los rubros demandan dólares. “Es por esto que puede decirse que las cadenas agroindustriales “financian” los saldos comerciales deficitarios de los restantes rubros (textil, química y conexos, electrónica, maderera, maquinaria nuclear e industrial). Esto quiere decir que gracias al balance positivo del agro podemos importar ropa, tecnología, maquinaria, etc.”, completa Miazzo.

A nivel macro, disponer de más dólares genera múltiples beneficios: implica tener más respaldo para nuestra moneda y así evitar devaluaciones y cepos cambiarios. Con una moneda más fuerte el poder adquisitivo de los argentinos puede mejorar, en lugar de seguir deteriorándose. Generar dólares genuinos evita que el país tenga que endeudarse y que cada tanto no pague sus deudas. “Aunque exportar más no es suficiente para lograr esto, para poder llegar a eso es necesario que proteger la moneda reduciendo el déficit y la emisión monetaria”, aclaran desde FADA. 

Top five Argentina en el mundo

El informe revela que nuestras cadenas agroindustriales llegan a más de 160 países y que estamos primeros en ránkings mundiales con granos, carnes y economías regionales: somos el primer exportador mundial de harina y aceite de soja, aceite y jugo de limón, porotos y maní. Estamos segundos con maíz y yerba, terceros con soja, cuartos con las peras y la leche en polvo y ocupamos el quinto puesto con harina de trigo, camarones y langostinos, lanas, aceite de girasol y carne bovina.

Al analizar algunos de los productos, es posible conocer que con el aceite de girasol y sus derivados llegamos a 37 países. También que en 49 países disfrutan de nuestros limones, aceites y jugos. También se detalla que estamos en la mesa de 48 países con nuestra carne de vaca. “Es un orgullo estar en esta infinidad de países, pero más importante aún es si pensamos en los empleos argentinos que involucra venderle a otros países y los dólares que ingresan al país producto de esas ventas”, destaca la economista.

De todas las exportaciones agro que se hacen en el mundo, el 11% son productos argentinos. “Esto quiere decir que de todos los productos agroindustriales que andan dando vueltas por distintos países, el 11% lo producimos en Argentina”, afirma Pisani Claro. “Para llegar a este valor, consideramos el promedio de los principales productos exportados por los 20 complejos agroindustriales analizados”, aclara. 

Otro indicador que mide el estudio de FADA es la concentración de destinos, el cual concluye en que, en promedio, el 66% de las exportaciones agroindustriales se vende a los primeros 5 países compradores. “Es un dato relevante ya que las cadenas con menor concentración de destinos tienen una menor dependencia para la colocación de sus productos en el mercado internacional”, explica Pisani Claro.

Empleo y exportaciones

Cada vez que se exporta cualquier producto se está generando trabajo. En promedio, de los 20 complejos agro seleccionados, exportamos el 50% de lo que producen las cadenas agroindustriales, la otra mitad abastece lo que consumimos en el país. “Esto quiere decir que, si no le vendiéramos al mundo, miles de esos trabajos no existirían. Además de todos los puestos indirectos que se generan en el circuito de exportar”, comenta Pisani Claro.

La cadena del maní exporta el 88% de su producción, sin la exportación no existirían gran cantidad de los puestos de trabajo que genera. En el caso de la carne, se exporta el 27%, son 100.000 puestos de trabajo vinculados a la exportación y estamos así en los asados de 48 países.

Además del empleo directo, cada persona que trabaja en este circuito, a su vez consume y genera empleos en otros sectores: construye, compra un auto, ropa, consume en la verdulería, etc.

Perspectivas 2022

“Las perspectivas para 2022 es que el campo genere aún más dólares que en 2021. Este aumento de las exportaciones se deriva, principalmente, de la mejora de precios, impulsada por la guerra Rusia-Ucrania. Las exportaciones crecerán, aún cuando la producción de granos, carne bovina y uva, por tomar algunos ejemplos, será menor”, analiza Miazzo.

Hay otros tres aspectos que limitarán la producción y la exportaciones: los costos, que han aumentado de manera sustancial, en particular fertilizantes; atraso del tipo de cambio oficial, que encarece costos como los fletes y las labores al medirlas en dólares; y políticas públicas como las restricciones a las exportaciones de trigo, maíz y carne, y medidas que reducen el precio percibido por el productor como los fideicomisos de trigo y aceites y la eliminación de los diferenciales de derechos de exportación de harina y aceite de soja.

Derechos de exportación vs. desarrollo regional

Los Derechos de Exportación (DEX) son un tributo nacional sin coparticipación con las provincias. Durante el 2021 AFIP recaudó USD 9.924 millones en concepto de Derechos de Exportaciones de las cadenas agroindustriales. Del total, el complejo soja explicó el 75%. Si se agrupan por cadenas, los cereales y oleaginosas explicaron el 91%, seguido por las economías regionales 4%, cadenas cárnicas con un 3%, lácteos 0,8% y el resto un 0,2%.

Los DEX reducen el precio que se percibe y por ello tiene efectos negativos en la producción. Cuando se reducen, el productor percibe una mejora en el precio, incentivándolo a invertir para producir más y, de esta manera, generar mayor actividad económica, exportación y empleo. A su vez, cuando se produce más, se exporta más e ingresan más dólares que contribuyen a atender los compromisos del país. Cuando se exporta se generan dólares de manera genuina y no tenemos que salir a pedir prestado o incumplir nuestras obligaciones como país. Se genera un círculo virtuoso”, explica Miazzo.

Competitividad de las cadenas

Existen otros países y empresas que tienen la capacidad tecnológica, la escala o las condiciones para hacer algunas cosas mejores o más baratas que nosotros. Si Argentina trabaja en potenciar sus sectores productivos, estos pueden salir al mundo a competir y, en algunos casos, también competir con las importaciones. Es por esto que la exportación genera más competitividad en las cadenas productivas, porque para poder competir en el mundo tienen que ser más productivas, más innovadoras, más inteligentes, incorporar más tecnología. “Esto lleva a generar desafíos que impulsan a toda la cadena y a generar nuevas capacidades. Lleva a investigar para generar mejores semillas, producir mejores máquinas agrícolas, con más tecnología y productividad, o requerir más profesionales y mejor capacitados, muchos de los cuales se forman en universidades nacionales. Esto eleva la vara de todas las cadenas exportadoras para llevarlas al nivel de países como Estados Unidos, Australia o Europa”, concluye Miazzo.

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¿Qué pagamos al comprar pan, leche y carne? 

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FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina) publica su estudio semestral de “Composición de precios” que registra lo que pasa con los precios desde el campo a la góndola. “Por ejemplo, en el caso del pan, el precio se multiplica 7 veces y media desde el trigo al pan que compramos. En la leche, el número se triplica. En la carne, más del 60% son costos y 28% impuestos, adelanta Natalia Ariño, Economista de FADA. ¿Sabemos cómo se llega a estos números? Esta investigación intenta develar qué es lo que pagamos cuando compramos pan, leche y carne, desglosando por eslabones y rubros. 

¿Los granos tienen la “culpa”? 

No, según los resultados de este informe, es un mito a derribar. El maíz representa sólo el 16% del precio final de la carne de cerdo, 23% en carne aviar, 11% en carne vacuna y 6% en leche. El trigo aporta el 13% del precio del pan. “En el último tiempo, por la guerra Rusia-Ucrania se dio un aumento de granos y erróneamente se desvía la discusión de la inflación hacia ese lado: se asocia el aumento de precios de alimentos a la suba de precios del maíz o trigo, pero esta relación no es la que determina lo que salen los productos. Este estudio demuestra que el impacto es mucho menor al que se cree”, aclara Ariño. 

Entre febrero y la primera semana de abril, el precio del trigo aumentó un 30% y maíz un 10%. “Teniendo en cuenta cómo influye el grano en los alimentos, el precio que paga el consumidor por el pan francés, no debería aumentar más del 4% por “culpa” del trigo o, en el caso del maíz, no debería aumentar más del 1,6% la carne porcina, o el 2,3% la carne aviar, 0,6% la leche y 1,1% la carne bovina. Con esta información se cae el mito de que el precio lo pone el productor”, detalla Nicolle Pisani Claro, economista de FADA.

“Por este motivo, restringir las exportaciones de carne, trigo o maíz, crear un fideicomiso de trigo o subir los derechos de exportación a los granos, son medidas que de ninguna manera reducen la inflación, sólo generan nuevas trabas y menores incentivos a producir. En el largo plazo, lo único que asegura que la carne, la leche o el pan sean baratos es más producción. Que haya más oferta es la única forma genuina para que un producto sea barato. Por este motivo, lo que en realidad hay que hacer es incentivar la producción, abriendo mercados, generando previsibilidad, bajando la carga tributaria. Y en el proceso se genera lo que realmente necesitamos: más trabajo y más dólares”, explica David Miazzo, Economista Jefe de FADA.

¿Cuánto pesa la mochila de los impuestos?

Los resultados del estudio de FADA, muestran un alto impacto de los impuestos en la composición del precio final. 

“De lo que pagamos por la carne, leche y pan, 1 de cada 4 pesos son impuestos. Es decir, los impuestos son un cuarto del precio final que pagamos los consumidores. 

En la carne de vaca el 28% del precio final son los impuestos de la cadena. En el pan francés la carga tributaria llega al 23%. El sachet de leche entera tiene una mochila impositiva del 26% de lo que pagan los consumidores. En los tres productos analizados es posible ver que 3 de cada 4 pesos de impuestos corresponden a tributos nacionales, en algunos productos incluso más.

“En momentos donde la inflación se acelera se tiende a discutir los precios, la cadena y los costos, pero en realidad el problema no es de un precio en particular sino del peso en sí mismo, nuestra moneda pierde valor de compra, el problema es mucho más amplio. Desde el equipo económico de FADA definen tres puntos para explicarlo: “Primero que tenemos un profundo déficit fiscal, segundo que esto se financia emitiendo pesos y como tercero se suma la falta de confianza, esta situación se traduce en pesos que cada vez valen menos: eso es la inflación”.

Una radiografía de los precios

LECHE

El trabajo arroja que, en el precio del sachet de leche entera, el tambo representa el 35%, la industria el 32%, el comercio 7% e impuestos el 26%. “Para decirlo de otra forma, en promedio el sachet tuvo un precio de $106,5, de los cuales $28 son impuestos”, explica Ariño.  El maíz constituye el 18% del precio de la leche cruda (tambo) y el 6% del sachet

También podemos ver la composición de los precios según los costos de producción, los impuestos y el resultado. En el caso de la leche se detalla que el 86% son costos de producción, 26% impuestos y -12% pérdida de la cadena. De los impuestos que paga la cadena, 78% son nacionales, 18% provinciales y 4% municipales. El IVA representa el 67% de todos los impuestos.

PAN

Del total que paga el consumidor por kilo de pan francés. El trigo representa el 13%, el molino el 4%, la panadería el 60% y los impuestos el 23%. Del campo a nuestra mesa el precio del trigo se multiplica por 7,5. “Para decirlo de otra forma, el consumidor pagó en promedio $202,5 el kilo de pan, de los cuales $47 corresponden a la carga tributaria”, afirma la economista.

Si se analiza cómo está compuesto ese importe, en el trabajo se detalla que el 63% son costos, el 23% impuestos y el 14% ganancias. De los impuestos que paga la cadena, el 77% son nacionales, 20% provinciales y 3% municipales. Impuesto a las ganancias e IVA concentran el 70% de los impuestos pagados por la cadena.

El salto que se da en la panadería se debe a que en ese eslabón se combinan dos procesos: producción y comercialización. Tiene un uso intensivo de mano de obra, costos de servicios y costos de alquiler. Adicionalmente, las escalas de producción a lo largo de las cadenas son distintas, mientras el trigo y harina se realizan a gran escala, en la panadería se da de una forma más artesanal, por lo que los costos unitarios son mayores

“A lo largo de toda la cadena la mano de obra representa el 34% del precio final, acumulado en gran parte en el sector panadero. Por cada kilo de pan que un consumidor compra, paga $70 de salarios, $47 de impuestos y sólo $26 de trigo”, explican desde FADA.

CARNE

Se registra que en el precio promedio de la carne la cría representa el 28%, el feedlot 29%, frigorífico 5%, carnicería el 10% y los impuestos el 28%. El maíz representa 11% del precio del kilo de carne al mostrador.

La carga impositiva representa el 28% del precio, el 60% son costos de la cadena y 11% ganancias. De esos impuestos, el 75% son nacionales, 19% provinciales y el 6% municipales. El impuesto a las ganancias y el IVA, son los de mayor participación, que en conjunto representan el 65% de los impuestos totales.

Para comprender como se va componiendo el precio, este trabajo tiene en cuenta todos los costos, impuestos y resultados que se obtienen en cada eslabón. Por ejemplo, en el caso de la leche se considera desde el costo de la tierra del campo, de estructura, alimentación, sanidad animal, personal, etc. En la industria, la materia prima, logística, personal, gastos comerciales, transporte y en el comercio, también se incluyen sus propios costos operativos. 

ALGUNOS NÚMEROS DE “COMPOSICIÓN DE PRECIOS”

  • 1 de cada 4 pesos que pagamos en carne, leche y pan son impuestos. (*)

PAN

  • Precio del pan: el 63% son costos, el 23% impuestos y el 14% el resultado. 
  • El trigo representa sólo el 13% del precio en góndola.
  • El precio del trigo se multiplica por 7,5 en su recorrido desde el campo a la panadería.
  • El consumidor pagó en promedio $202,5 el kilo de pan, de los cuales $47 corresponden a la carga tributaria
  • Precio pan en eslabones: el trigo representa el 13%, el molino el 4%, la panadería el 60% y los impuestos el 23%.

CARNE

  • 28% con impuestos, el 60% son costos y 11% el resultado.
  • El maíz representa sólo 16% del precio final de la carne de cerdo, 23% en carne aviar y 11% en carne vacuna.
  • Precio carne en eslabones: la cría representa el 28%, el feedlot 29%, frigorífico 5%, carnicería el 10% y los impuestos el 28%.

LECHE

  • 86% son costos de producción, 26% impuestos y -12% pérdida de la cadena.
  • El maíz representa sólo el 6% del precio al consumidor.
  • El precio de la leche se triplica del campo al sachet.
  • En promedio el sachet tuvo un precio de $106,5, de los cuales $28 son impuestos

Precio leche en eslabones: el tambo representa el 35%, la industria el 32%, el comercio 7% e impuestos el 26%.

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Producción e impuestos en Argentina: ¿En qué afecta la guerra Ucrania-Rusia?

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FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina) publicó su índice trimestral sobre cuánto de la renta agrícola queda en manos estatales. Con respecto al trimestre pasado, el número creció 1,7 puntos porcentuales (63,2% en diciembre 2021) y arroja una participación de 64,9% para el promedio ponderado por cultivos. “¿Qué significa? Que por cada $100 de renta que genera una hectárea, $64,90 se va en impuestos”, explica Nicolle Pisani Claro, economista de FADA.

 “Aún con la importante suba de precios, pesaron más los menores rindes esperados como consecuencia de la sequía, los mayores costos de producción y el atraso del dólar oficial respecto a la inflación, por esto la suba del índice en relación al índice pasado”, completa Pisani Claro.

“Un tema que enciende la alarma son los fertilizantes: el precio de los compuestos como la UREA se incrementó 170% y el PDA 155% en los últimos 15 meses en dólares. Sin embargo, más allá del precio, lo que más inquieta es el abastecimiento debido a la guerra de Rusia y Ucrania. Rusia es el segundo exportador mundial de fertilizantes nitrogenados, en 2020 representó el 17% de las exportaciones a nivel mundial”, advierte Natalia Ariño, economista FADA.

Otra preocupación se da en torno a los impuestos a las exportaciones (DEX) y la soja. La suba a los subproductos como el aceite y la harina de soja va a hacer que baje el poder de compra de la industria en USD 15 por tonelada, por lo que el precio pagado al productor será menor”, completa Ariño.

El informe también analiza los cultivos uno por uno y muestra que la participación del Estado en la soja es del 69,9%, maíz 56,1%, trigo 58,5% y girasol 56,2%.

¿Por qué subió el índice? 

No tiene que ver con los impuestos de manera directa, sino que se relaciona con los efectos de la sequía que redujeron los rendimientos de soja, maíz y girasol y la suba de costos. “Al tener rindes menores (menos toneladas por hectárea), la producción es menor, por lo cual hay menos ingresos por hectárea. Esto hace subir el índice por la participación relativa de los impuestos sobre esta renta”, comenta Pisani Claro.

“Por otro lado, los costos de producción incrementaron su participación. El costo de la cosecha, por ejemplo, se incrementó un 68,4% en pesos en los últimos 12 meses, mientras que el tipo de cambio oficial sólo subió 19,3%. Esto significa, que el costo de la cosecha se incrementó un 41,2% en dólares, más de lo que subieron los precios internacionales de los granos. En los fletes es incluso peor, aumentaron un 47,5% en dólares en el último año”, agrega la especialista.

Últimas medidas del gobierno: Cambios en los Impuestos a las Exportaciones (DEX)

En relación a las medidas anunciadas por el gobierno, la suba de los derechos de exportación del 31% al 33% al aceite y harina de soja impactarán en los números del productor, no a través de un incremento de los impuestos, ya que el grano tiene un DEX del 33%, sino a través de un menor precio percibido por la soja. “Con la suba de la alícuota a los subproductos, la industria tendrá menor poder de compra, por lo que podrá pagar menos por el grano. La baja estimada en el poder de compra es de USD 15 por toneladas. Así, es de esperar que, en promedio, el precio pagado al productor baje alrededor de este número”, revela la economista.

¿Es posible un desabastecimiento de fertilizantes?

Si bien en los últimos 12 meses los aumentos de costos de los fitosanitarios han sido extraordinarios, con productos que subieron 50% y 60%, y los glifosatos entre 140% y 180% en dólares, el tema que más preocupa son los fertilizantes. El precio de la UREA se incrementó 170% y PDA 155% en los últimos 15 meses en dólares. 

Más allá del precio, inquieta el posible desabastecimiento de fertilizantes por la guerra de Rusia y Ucrania. La agricultura es muy dependiente de las importaciones de fertilizantes. Esto genera alguna preocupación para la siembra de trigo, que comienza en pocos meses, y la siembra de maíz que comienza a partir de septiembre. Si bien todos los cultivos requieren fertilizantes, estos son los dos que más demandan”, advierte Ariño. En 2020, Argentina importó el 61% de la oferta doméstica de fertilizantes nitrogenados y el 79% de los fosfatados.

Si bien sólo el 15% de las importaciones de nitrogenados proviene directamente de Rusia, hay varias complicaciones extra. Por un lado, Rusia es exportadora de insumos para producir distintos tipos de fertilizantes en otros países, lo que podría impactar en el suministro de esos otros países

Por otro lado, el costo de la UREA tiene como uno de sus principales costos el gas, cuyo precio internacional ha subido sustancialmente y también hay dudas por el abastecimiento. Por último, ante el problema mundial de abastecimiento de fertilizantes, otros países han restringido exportaciones para garantizar la demanda doméstica.

La combinación de estos factores genera temores a lo largo de la cadena agroindustrial sobre la provisión de fertilizantes a nivel global, pero del lado interno el Banco Central también deberá garantizar los dólares para estas importaciones que costarán más del doble que hace un año. Esto no debería ser problema teniendo en cuenta el nivel de dólares que genera el campo argentino, pero el cepo importador es fuerte”, explica Pisani Claro. 

Tipo de cambio atrasado

El informe indica que, en los últimos 12 meses, el incremento nominal del tipo de cambio oficial fue del 19,3%. En términos de tipo de cambio real, descontando los efectos de la inflación, en los últimos 12 meses cayó un 21,2%

“Esto significa que el tipo de cambio se ha atrasado respecto a la inflación, incrementando los costos de producción al medirlos en dólares, un escenario malo para cualquier actividad exportadora”, afirma Ariño.

Si se analiza la estructura de costos según la moneda en la que están expresados, vemos que un 54% de los costos de una hectárea de soja están estrictamente dolarizados. Si se considera el costo de la tierra alcanza el 65%. 

En el caso del maíz, como los fertilizantes y semillas tienen más peso que en el caso de la soja, los costos dolarizados ascienden al 58%. Si se considera el costo de la tierra, el peso de los costos dolarizados asciende al 64%.

¿Cómo se reparten los impuestos?

La participación del Estado está compuesta por impuestos nacionales, provinciales y municipales. Los nacionales no coparticipables representan el 68,8% del total que afronta una hectárea agrícola en Argentina. “Es el mayor nivel desde junio de 2019, momento en que FADA lo mide como parte de este informe”, agrega Ariño. Se componen principalmente por los derechos de exportación, a los que se le suma el impuesto a los créditos y débitos bancarios.

Las tributaciones nacionales coparticipables entre Nación y las provincias representan el 25%. Acá tenemos principalmente el impuesto a las ganancias y los saldos técnicos de IVA.

Las provincias reciben parte del 25% como coparticipación, y también recaudan diversos impuestos. Así, los impuestos provinciales representan el 5,6% de los totales.

Los municipales representan el 0,6% de los impuestos en el Índice FADA promedio nacional.

“La vigencia de los derechos de exportación impacta de manera negativa sobre el federalismo por tres vías. La primera, es que se incrementan los recursos no coparticipables en manos de Nación; la segunda, es que se reducen los recursos coparticipables por reducción del impuesto a las ganancias; la tercera, es vía los recursos que salen de las regiones productivas en el marco de la existencia de derechos de exportación”, comenta Pisani Claro.  

Índices provinciales

En cuanto a los índices provinciales, Córdoba registra un 64,6%, Buenos Aires 62,7%, Santa Fe 62,2%, La Pampa 64,7%, Entre Ríos 68,3% y San Luis 64%.  Los impuestos provinciales presentan divergencias. En todas las provincias analizadas se paga impuesto inmobiliario rural e impuesto a los sellos. En Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa y San Luis se pagan Ingresos Brutos con diferentes alícuotas; y en Córdoba y Santa Fe la actividad está exenta. Buenos Aires y Santa Fe tienen tasas municipales, mientras que La Pampa tiene las guías cerealeras. Córdoba, San Luis y Entre Ríos no tienen imposiciones a nivel local. San Luis y La Pampa tienen impuestos al estilo de aduanas internas.

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Impacto PBI, cómo afecta y el aporte agro

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Lanzan un nuevo informe que explica de manera simple qué pasa con el PBI (Producto Bruto Interno). Lo publica FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina) para analizar qué pasa con la actividad económica en Argentina. Intenta hacer entender qué es el “PBI”, esa sigla de la que tanto se habla y que parece tan compleja. Datos como que 1 de cada 4 pesos lo genera las Cadenas Agroindustriales, qué eslabón lo produce, qué pasa si cae el PBI, qué pasa si sube… Son algunos de los interrogantes que se responden en este último trabajo de FADA.

¿Qué es el PBI?

“El PBI o actividad económica es todo lo que el país y los argentinos producimos, tanto productos como servicios. Se mide en pesos porque no se pueden comparar peras con manzanas, sino por el valor que tienen”, explicó Nicolle Pisani Claro, economista de FADA.

¿Cuál es el aporte del campo al PBI?

“Las cadenas agro generan 1 de cada 4 pesos que produce el país. El 24% del PBI argentino proviene del campo, son USD 77.235 millones, es la actividad que mayor aporte genera. Le siguen en importancia: el comercio mayorista y minorista de otros productos (12%), como ropa, calzado, electrodomésticos, la actividad inmobiliaria (11%), salud y educación (11%) y la industria manufacturera de productos como autos, prendas de vestir, maquinarias, etc. (10%), agregó David Miazzo, Economista Jefe de FADA

En ese porcentaje se incluye la producción primaria, industrial y servicios (comercio, transporte y logística, servicios conexos). Este aporte del 24% que generan las cadenas agroindustriales se reparten entre servicios conexos (9%), productos primarios (8%) y agroindustria (7%).

Este 24% de 2020 está por encima del promedio histórico 2004-2020 que es del 22,7%. Demostrando la importancia de que el agro crezca, pero también que el resto de la economía traccione.

¿Qué pasa cuando sube o baja el PBI?

El último año, la actividad económica tuvo una caída del 10%, es decir, los argentinos produjimos menos. “Te doy un ejemplo súper simple, pero para que se vea, si yo antes producía 10 limones y este año produje 9, eso sería que caiga un 10% la producción”, expresó Nicolle Pisani Claro, economista de FADA.

Imaginemos que todos los argentinos hacemos una torta. Unos producen harina, otros huevo, leche, manteca y azúcar. Algunos con la leche y el azúcar elaboran el dulce de leche. Además, hay quienes con harina, aceite, azúcar y leche preparan el bizcochuelo, otros se encargan de la crema y las frutillas del relleno. Entre todos, hacen la torta. Eso es la economía. Si la economía crece, la torta se hace más grande y hay más probabilidad que todos los que hacen los ingredientes puedan quedarse con una porción más grande. Si esa torta se achica, cae la economía, cae la actividad económica y hay más probabilidad que nos quedemos con una porción menor de esa torta”, ejemplificó Miazzo.

Este trabajo de FADA deja en evidencia que, al producir más, la actividad económica y el país crecen, y eso afecta en la economía personal y familiar de cada uno de los argentinos. Si Argentina genera más productos y servicios hay más probabilidad de que los salarios mejoren, de que se abran nuevos puestos de trabajo, de que los negocios vendan más, que las industrias inviertan para producir más, etc. 

Cuando la economía crece, la gente consume más, el Estado recauda más por impuestos entonces puede gastar más, alguien que tiene una empresa y ve que las ventas crecen puede querer aumentar la producción e invertir. A la vez necesita más trabajadores para producir más, entonces se generan puestos de trabajo y podríamos seguir. Así funciona básicamente la economía, me impacta directamente que la economía crezca o no, independientemente de en qué trabaje”, concluyó Pisani Claro.

¿Alcanza con que una cadena funcione bien?

El estudio busca medir y resaltar la importancia de las cadenas agropecuarias y agroindustriales para la actividad económica del país. Sin embargo, claramente no alcanza con que estas cadenas funcionen bien. Así como es importante potenciar el agro, para que el país pueda crecer, generar empleo y mejorar la calidad de vida de los argentinos es necesario que todas las actividades productivas marchen de la mejor manera, que ganen competitividad, escala y mayor inserción internacional. 

“Para lograr un país con mayor desarrollo se necesita del campo y su industria, pero también del resto de las industrias, el comercio, los servicios, la energía, el turismo y las actividades relacionadas a la economía del conocimiento y para eso es necesario generar el contexto propicio a nivel nacional para que tengan el marco adecuado para crecer y generar mayor actividad económica con sus efectos positivos: más empleo, más inversión, más generación de divisas, etc.”, advirtieron los economistas de FADA.Las condiciones pasan por lograr algún nivel de estabilidad macroeconómica, con menor inflación, emisión monetaria y gasto público, menor nivel de presión fiscal y trabas burocráticas, mayor inserción internacional y disponibilidad de crédito accesible y de largo plazo. “Estas condiciones macroeconómicas tienen que ir acompañadas por reglas de juego claras e instituciones eficientes y de calidad”, concluyó Miazzo.

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Según FADA los impuestos representan el 59,2% de la renta de una hectárea agrícola

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El informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) de diciembre 2020 sobre los Impuestos ¿De dónde vienen y hacia dónde van? Costos, cepo, índices provinciales. Efectos sobre la economía y las regiones

La Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) publicó su icónico índice trimestral en el cual miden la participación del Estado en la renta agrícola. El estudio marcó que los impuestos representan el 59,2% de la renta (ingresos menos costos) de una hectárea agrícola. “En otras palabras, de cada $100 que genera el productor, $59,2 quedan para los distintos niveles de gobierno”, explicó David Miazzo, economista jefe de FADA.

El informe realiza la medición nacional, haciendo un promedio ponderado de cultivos, y también lo analiza para cada grano. En esta medición se conoció que la participación del Estado en soja es del 64,6%, maíz 49,7%, trigo 55,2% y girasol 49%.

Precios: “El índice reconoce rindes menores que en otras campañas. El trigo se vio muy afectado por la sequía y, por las proyecciones climáticas, se espera que maíz y soja, también se vean afectados. Esto también se va a ver reflejado en la próxima medición en marzo”, comentó Miazzo.

En cuanto a precios, respecto a diciembre de 2019, el precio FOB de la soja ha mejorado un 35%, el del maíz 31% y el trigo 28%. Esto también trajo incrementos de los precios en el mercado interno.

Origen y destino de los impuestos:
“Algo que siempre se remarca en este informe es el tema del federalismo en un esquema fiscal como este, que muestra que más de la mitad de los impuestos que recauda el Estado Nacional, no se distribuye luego entre las provincias, en una actividad como la agrícola, que está presente en todo el territorio argentino”, explicó Miazzo. “Esto afecta de manera negativa al federalismo por tres cuestiones: la primera, es que se incrementan los recursos no coparticipables en manos de Nación; la segunda, es que se reducen los recursos coparticipables por reducción del impuesto a las ganancias; la tercera, es vía los recursos que salen de las regiones productivas en el marco de la suba de derechos de exportación”, concluyó Miazzo.

El 59,2% de participación del Estado está compuesta por impuestos de diversos orígenes y con distintos destinos. Los impuestos no coparticipables son el 61% del total que afronta una hectárea agrícola en Argentina. En esta categoría se encuentran principalmente los derechos de exportación y el impuesto a los créditos y débitos bancarios.

Los coparticipables entre el Estado Nacional y las provincias son el 34%. Acá se ubican principamente el impuesto a las ganancias y el IVA. Las provincias reciben parte de este 34% a través de la coparticipación y, a su vez, aplican otros impuestos. Este índice considera el impuesto inmobiliario rural, el impuesto a los sellos y el impuesto a los ingresos brutos con ciertas consideraciones metodológicas ya que en algunas provincias la actividad está exenta. Concluye en que los impuestos provinciales representan el 4,5% de los impuestos totales.

Por último, los municipios aplican sus cargas impositivas y representan el 0,5% del índice FADA promedio nacional. El componente central de estos impuestos municipales son las tasas viales.

Este indicador no incorpora el impuesto a la riqueza, que en algunos casos puede incrementar la carga tributaria sobre el productor. A modo de ejemplo, de acuerdo a la valuación fiscal vigente en la Provincia de Córdoba, campos de 800 hectáreas en Río Cuarto y campos de 550 hectáreas en Marcos Juárez alcanzan el umbral mínimo para pagar el impuesto a la riqueza. Claro que al valor fiscal de los campos hay que incorporarle maquinaria y vehículos.

Índices Provinciales
Mientras el índice FADA nacional es de 59,2%, Córdoba registra un 58,7%, Buenos Aires 60,7%, Santa Fe 58,4%, La Pampa 58,7%, Entre Ríos 62,3% y San Luis 57,1%.

Para esas mediciones se conjugan los rindes, los impuestos provinciales y locales y los fletes. También se tiene en cuenta cuánto de cada cultivo se produce en relación al territorio cultivado de la provincia.

“Por ejemplo, en el caso de San Luis, que tiene el índice más bajo, se debe a que se produce una mayor cantidad de maíz, que es el cultivo con menos participación del Estado, no a una menor presión fiscal en sí”, explicó Miazzo.

En todas las provincias analizadas se paga impuesto inmobiliario rural e impuesto a los sellos para la compraventa de granos. En Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa y San Luis se pagan Ingresos Brutos. La alícuota es del 1% en los casos de Buenos Aires y San Luis, 0,75% en Entre Ríos y 0,5% en La Pampa. En Córdoba y Santa Fe la actividad está exenta.

Buenos Aires y Santa Fe tienen tasas municipales, mientras que La Pampa tiene las guías cerealeras. Córdoba, San Luis y Entre Ríos no tienen imposiciones a nivel local. San Luis y La Pampa tienen impuestos al estilo de aduanas internas.

Cepo cambiario
El cepo cambiario es una restricción al acceso al tipo de cambio oficial, y una de las consecuencias que se desprenden de esto es el crecimiento de la brecha cambiaria: un tipo de cambio oficial de $81,02, un dólar bolsa de alrededor de $147 y un blue de $160, es decir, una brecha cercana al 100%.

“Esto genera en la economía un incentivo de las personas a adquirir y stockearse de bienes dolarizados: autos, electrónica y materiales de construcción. En el sector agropecuario genera dos efectos: por un lado, incentiva a una mayor retención y ventas con precio a fijar o sin liquidar; por otro lado, genera incentivos a stockearse de bienes dolarizados como maquinaria, fertilizantes y fitosanitarios”, comentó Miazzo.

El endurecimiento del cepo además limita la entrada de divisas e impulsa mayores importaciones. Lo mismo sucede cuando se aplica a empresas y se limita que accedan al tipo de cambio oficial para saldar deudas en dólares. Esto genera mayor riesgo en estas empresas y menores posibilidades de ingreso de dólares por créditos corporativos. “Por esto se dice que el cepo limita la pérdida de dólares de las reservas, pero también inhibe cualquier oportunidad de ingreso de dólares”, concluyó Miazzo.

Tipo de cambio y costos
En los últimos 12 meses, el incremento nominal del tipo de cambio oficial fue del 36%. En los últimos 3 meses, se incrementó un 7,9%. “Que el tipo de cambio nominal no se atrase respecto a la inflación es importante en actividades exportadoras para proteger la competitividad cambiaria, aunque en contextos de brecha cambiaria cercana al 100% estos análisis de tipo de cambio real multilateral pierden vigencia”, analizó Miazzo.

Si se analiza la estructura de costos según la moneda en la que se presentan, se ve que un 54% de los costos de una hectárea de soja están estrictamente dolarizados. Si consideramos en ese esquema al costo de la tierra, ese número asciende al 68%. En el caso del maíz los costos dolarizados son el 59%, si tenemos en cuenta ahí la tierra, llega al 67%.

Muchos costos en pesos también guardan relación con el dólar: por la transmisión de la devaluación a los precios y porque muchos componentes pesificados están ligados al precio del dólar. Es el caso del combustible, la labores, el valor de los camiones y maquinaria, todos insumos que varían en relación al tipo de cambio. En el último año, el valor del gasoil evolucionó por debajo de la inflación y el dólar, lo que ha colaborado a mantener con actualizaciones bajas los costos de flete y labores.

Costos
Para profundizar, se analizan los costos involucrados en una hectárea de maíz, para tomar un ejemplo. Se resaltan dos puntos: el primero, los gastos de fobbing representan entre el 10% y el 13%. El segundo unto son los fletes, donde se puede ver cómo se incrementa el costo a medida que se aleja de los puertos. En el caso del maíz, el flete representa el 17% de los costos en Buenos Aires, en Córdoba el 17%, en San Luis el 19%, en La Pampa el 16% y en Entre Ríos el 13%. En Santa Fe, como el grueso de la producción se encuentra relativamente cerca de los puertos, representa el 11%.

Entre fobbing y flete suman entre el 23% y el 30% de los costos de una hectárea de maíz, sin considerar el costo de la tierra. Si se le suma la comercialización, los tres ítems suman entre el 30% y el 37%.

¿Cómo se calcula el índice FADA?
La renta es lo que vale la producción menos los costos, en otras palabras, el resultado que se obtiene al restarle los costos de producción, comercialización y transporte al valor de la producción a precios internacionales. Así, por ejemplo, si suben los costos, la renta baja y el indicador sube. Y, si bajan los precios, baja el valor de la producción, se reduce la renta y, nuevamente, aumenta el índice FADA.

La producción y costos de la hectárea se calculan utilizando los rindes, costos y distancias al puerto promedio a nivel nacional para los cultivos de soja, maíz, trigo y girasol y ponderándolos por la participación de estos cultivos en el área sembrada nacional. Así, se obtiene la renta, la que se distribuye en el resultado de la producción después de impuestos, la renta de la tierra y la participación del Estado.

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