Federico Sturzenegger

Las cinco claves económicas de la semana que pasó: El BCRA no tocó tasas y la inflación no cede

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A continuación, repasamos cinco noticias económicas de impacto nacional y local en la semana que concluyó ayer.
#Uno. La inflación sigue alta
El INDEC dio a conocer el jueves el dato de la suba de precios del mes pasado en relación a diciembre. La región NEA tuvo una variación de 2,0% respecto al mes anterior y del 22,7 % interanual. La inflación nacional fue del 1,8% en relación a diciembre, en términos interanuales, la suba de precios en comparación a enero de 2017 fue del 25%, señala el mismo informe.
Todo parece indicar que a este ritmo, el Gobierno tendrá incluso problemas para cumplir con la nueva meta que fue “flexibilizada” el 28 de diciembre último.
#Dos. aumento a jubilados
El Gobierno nacional oficializó el primero de los cuatro aumentos previstos en el año para los jubilados y para la Asignación Universal por Hijo (AUH), que a partir de marzo será de 5,71%, correspondiente a la Ley de Movilidad Jubilatoria. La misma se votó a fines del año pasado y generó graves incidentes frente al Congreso.
# Tres. Tasas de interés sin cambios
Luego de dos bajas, el Banco Central decidió mantener sin cambios la tasa de política monetaria en el 27,25% dado que los indicadores de alta frecuencia muestran signos mixtos acerca de la evolución de los precios en las primeras semanas del año. En otras palabras, el BCRA está diciendo que hay más inflación de la que debería haber.
Algunos vieron la jugada como una restauración del poder de Federico Sturzenegger : sobre el mercado. Otros, en cambio, razonan: ¿Qué otra cosa podría haber hecho?
Si subía las tasas, iba en contra de los deseos de Macri y buena parte del Gabinete, que miran cada vez con más desconfianza la estrategia -carísima- de intentar parar la inflación con rendimientos altos del dinero, que atentan contra la argentina productiva. Por otro lado, si decidía bajar las tasas, había mucho temor que parte del dinero depositado en Lebacs, se fuer al dólar.
# Arrancó la negociación por el precio de la yerba.
Esta semana comenzó en el directorio del INYM la negociación semestral para actualizar el valor de la materia prima, que está en $6 y $23,1 (canchada) respectivamente.
Los directores decidieron, como era previsible, pasar a un cuarto intermedio. Para este miércoles se volverán a ver las caras, probablemente con cifras concretas. Se habla que los productores pedirían entre 7 y 8 pesos por el kilo de hoja verde. Por el lado de la industria, algunos proponen que no haya variaciones, así no siguen subiendo los costos que asfixian a la molinería en muchos casos.
# Cinco. ¿Podrá Argentina volver a ser un  mercado emergente?
Esta semana, el banco de inversión JP Morgan señaló que ve como una posibilidad cada vez mayor que el país obtenga un ascenso al índice de mercados emergentes de MSCI este año. El gigante financiero había anticipado estimaciones similares el año pasado, pero finalmente el ingreso al índice fue postergado por un año.
Y estimó que de confirmarse la salida del mercado local de la categoría de frontera entrarían flujos al país por u$s 5500 millones, mucho más que los u$s 1400 millones que el mismo banco estimó el año pasado.
Cabe destacar que este “flujo” se trata de dinero que iría a la Bolsa para inversiones en acciones, principalmente. Algo que sin duda haría subir las cotizaciones y la capitalización bursátil de las empresas que allí operan.
 

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El Banco Central bajó la tasa 75 puntos básicos, más de lo que se esperaba

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El Banco Central (BCRA) anunció ayer una baja de 75 puntos básicos de la tasa de política monetaria, que quedó ubicada en el 27,25% y que fue mayor a la que esperaban en el mercado.
Se trata de la segunda baja desde el cambio de metas de inflación anunciado por el Gobierno el mes pasado, considerando que el martes 9 la autoridad monetaria recortó también 75 puntos básicos el centro de corredor de pases a 7 días.
La tasa de interés de referencia del Banco Central luego se traslada al resto de los instrumentos del organismo, como las Lebacs y establecen una referencia sobre el costo del dinero que, más tarde, bancos, financieras y otros prestamistas pasan a la economía real.
Pero además, tiene un gran impacto sobre el dólar ya que actualmente existe un stock de dinero en Lebacs mayor a 1,1 billón de pesos, que ante la menor modificación a la baja de la tasa pueden pasar, en parte, al dólar haciendo subir las cotizaciones.
Tras la decisión, que se tomó ayer después de las 17 cuando el mercado cambiario estaba cerrado, el BCRA difundió el habitual comunicado donde explica la decisión.
Con un lenguaje algo intrincado, el organismo que dirige Federico Sturzenegger busca tratar de explicar que la decisión está fundamentada en información dura que apoya la tesis de una presunta desaceleración de la inflación.
Cuando todo el mundo sabe que el organismo recibió fuertes presiones del Gobierno Nacional para que relaje la política monetaria, no frene la débil reactivación económica con un costo del dinero alto y además, vaya desactivando la enorme “bicicleta financiera” que armó en torno a las Lebacs y, en menor medida, los pases.
Por eso, en el comunicado que acompañó a la medida se “enredó” en explicaciones como las que siguen:
El BCRA recordó que “el 11 de enero se publicó el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC, donde se informó que la variación de precios en diciembre fue de 3,1% para el nivel general y 1,7% para el componente núcleo. Como se preveía en el comunicado del 9 de enero, se reflejó el fuerte aumento de precios regulados (en especial, gas y electricidad) y cierta incidencia directa de esos precios en la inflación núcleo. Con estos resultados, en 2017 la inflación nivel general alcanzó 24,8%. En cuanto a su descomposición regional, la inflación de diciembre se ubicó entre 2,2% en la región Noreste y 3,4% en el GBA”.
En las últimas dos semanas, añadió la autoridad monetaria, “también se conocieron los datos de inflación de diciembre correspondientes al Sistema de Precios Mayoristas. Las variaciones de los índices de precios mayoristas se ubicaron entre 1,6% y 1,8% respecto al mes previo, mientras que sus incrementos interanuales se ubicaron en un rango que va de 17,9% para el Índice de Precios Básicos del Productor (IPP) a 18,8% para el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM)”.
La autoridad monetaria puntualizó que “si bien la inflación minorista de 2017 se redujo en casi 12 puntos porcentuales frente a la de 2016, la desinflación no fue tan rápida como la buscada por el Banco Central de la República Argentina (BCRA). Como ya se comentara en oportunidades anteriores, tanto una relajación prematura de la política monetaria entre octubre de 2016 y marzo de 2017 como el aumento de precios regulados por encima de lo estimado por el BCRA explican centralmente el desvío respecto de la meta intermedia del 2017”.
Comentó que “la política monetaria incrementó significativamente su sesgo contractivo a partir del segundo trimestre del año pasado, a través tanto de subas de la tasa de política monetaria como de la operatoria en el mercado secundario de Lebac. Así, a partir de mayo de 2017, la economía retomó el ritmo de reducción de la inflación núcleo previsto en el Informe de Política Monetaria de enero de 2017, quebrando en la segunda mitad del año la persistencia que traía desde 2016. Sin embargo, al haberse partido de un nivel de inflación más alto que el esperado por el desvío acumulado en la primera parte del año, la tasa de inflación quedó por encima de la meta de inflación intermedia fijada para 2017”.
“La continuación del ritmo de desinflación de cara a 2018 se ve beneficiada por condiciones iniciales más favorables que las de 2017. El sesgo contractivo de la política monetaria es mayor con una tasa de interés real muy superior a la de inicios de 2017. Se espera un incremento de precios regulados de 21,8%, mientras que en 2017 estos precios aumentaron 38,7%. Asimismo, la distancia entre la inflación, tanto núcleo como nivel general, de fin de 2017 y la nueva meta de inflación es mucho menor que a fines de 2016”.
En este contexto de nuevas metas y una proyección de precios regulados más moderada, dijo el organismo, si bien los indicadores de alta frecuencia presentan signos mixtos, el sesgo contractivo actual de la política monetaria es aún algo elevado. Por eso, con toda la información disponible, el BCRA decidió reducir su tasa de política monetaria, el centro del corredor de pases a 7 días, en 75 puntos básicos a 27,25%.
Aseguró que “será cauteloso en la adecuación de la política monetaria al nuevo sendero de desinflación, siempre buscando que la evolución de la desinflación sea compatible con la trayectoria buscada”. Al tiempo que agregó que “conducirá su política monetaria para alcanzar su meta intermedia de 15% en 2018”.

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En 2017 subió más de 70% el pago de intereses por la deuda del Tesoro

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En diciembre de 2017, el déficit primario (antes del pago de intereses) del Sector Público Nacional No Financiero (SPNF) rozó los $120.000 millones. De esta forma, más que duplicó al rojo registrado en igual mes del año pasado. Sin embargo, al considerar los ingresos extraordinarios que habían tenido lugar en ese mes producto del blanqueo de capitales, la profundización del saldo negativo se revierte: excluyendo esta masa de recursos (en torno a $90.000 millones), el rojo del sector público se achicó un 25% i.a. nominal, lo que equivale a un retroceso en torno al 40% i.a. en términos reales.
En este sentido, el buen desempeño de diciembre le volvió a permitir al fisco adelantar subsidios para el año entrante, en la búsqueda por relajar obligaciones futuras: del mismo modo que en el último mes de 2016, el sector público le transfirió alrededor de $30.000 millones a CAMMESA (distribuidora del mercado mayorista de energía), correspondientes al ejercicio siguiente. Por lo tanto, al momento de analizar el neto, estos cambios no tuvieron un impacto significativo.
La mejora en el resultado obedeció a un crecimiento de los ingresos ordinarios (sin contar los fondos extraordinarios del blanqueo) más acelerado que el de los gastos: a la par que los primeros treparon 33% i.a. en la comparación interanual (+5,6% i.a. real), las erogaciones avanzaron menos de un 6% i.a. nominal, lo que arroja una caída del 16% i.a. tras descontar por la inflación. En consecuencia, la profundización de la austeridad del sector público, manifestada mediante el recorte de subsidios (caída del 25% i.a. nominal en el mes) y el crecimiento de la actividad que apuntaló a la recaudación, se tradujeron en una considerable recuperación de las cuentas públicas.
Por su parte, el resultado financiero, es decir, el resultado primario más el pago de intereses, arrojó un déficit $150.000 millones en diciembre, lo que implica un salto del 80% i.a. De modo análogo al caso anterior, descontado el “efecto blanqueo”, el rojo del sector público se redujo un 14% i.a., lo que implica una mejora cercana al 30% i.a. medida en términos reales. Este desenlace tuvo lugar pese a un avance del 25% i.a. en el pago de intereses, los cuales saltaron de $25.000 millones en el último mes de 2016 a $30.500 millones en igual período de 2017. Por lo tanto, y al igual que en el resultado primario, diciembre de 2017 mostró un fortalecimiento en las cuentas públicas en comparación a 2016. Ahora bien, con los datos de 2017 completos, cabe preguntarse si esta dinámica se repitió para el todo el año.
Cumplir la meta primaria no garantiza el éxito
En el acumulado anual, el déficit primario superó los $400.000 millones, trepando un 18% i.a. en comparación a 2016, lo que implica un recorte en torno al 8% i.a. en términos reales. Mejor aún, si aislamos el efecto del blanqueo, se registró un ahorro nominal del 1,1% i.a. en el rojo del sector público nacional, lo que equivale a una merma superior al 20% i.a. una vez descontada la inflación.
Producto del achicamiento real del déficit y de la recuperación de la actividad, el gobierno nacional sobrecumplió la meta fiscal que se había autoimpuesto al comienzo del año: el saldo negativo del SPNF implicó un 3,9% de PBI, cuando la pauta lo autorizaba a estirarse hasta el 4,2%. En la misma línea, el adelantamiento de subsidios del año entrante mencionado en la sección anterior, permitió relajar la meta de este año (déficit de 3,2% del PBI). Para su cumplimiento, el gobierno aguarda que un crecimiento más acelerado de la economía morigere los esfuerzos necesarios por el lado de los gastos a la par que apuntale a la recaudación tributaria.
El resultado exitoso de 2017 obedeció a la buena performance que mostraron los ingresos totales, a la par que la reducción de subsidios atenuó considerablemente la expansión de los egresos.
Por el lado de la recaudación, se registró un avance del 22,5% i.a., que redunda en una caída del 4% i.a. al descontar la inflación. No obstante, al aislar el efecto del blanqueo, este movimiento se revierte: el crecimiento en valores corrientes asciende al 28,5% i.a., lo que se traduce en un incremento en términos constantes cercano al 1% i.a. Al igual que en el caso de diciembre, el repunte de la actividad fue la explicación detrás del avance.
Pasando ahora a las erogaciones, se registró un salto del 22% i.a. en términos nominales (caída del 5% i.a. en Pesos constantes). A contramano de los ingresos, en donde la mayoría de los apartados se movieron de forma homogénea, los distintos componentes del gasto tuvieron un comportamiento dispar: a un salto del 37% i.a. en valores del gasto social (+7,3% i.a. real) y del 25% i.a. en salarios (-2,1% i.a. deflactado), le siguió una caída del 22% i.a. nominal en los subsidios económicos (-38% i.a. real).
Alcanzado este punto, merece la pena destacar que los gastos indexados a la inflación (las jubilaciones, pensiones y programas sociales poseen una fórmula de ajuste automático, a la par que los empleados del sector público no se resignaron a perder poder adquisitivo) fueron los que más crecieron, mientras que aquellos más discrecionales (es decir, las transferencias a las empresas prestadoras de servicios públicos) son los que sufrieron los recortes más pronunciados.
Por último, el gasto de capital mostró dos dinámicas contrapuestas a lo largo del último año: a la par que creció 31% i.a. en valores durante la primera mitad del 2017, manteniéndose prácticamente inalterado en términos reales en relación al primer semestre de 2016, trepó un magro 1% i.a. nominal durante la segunda mitad del último año, cayendo 18% i.a. en términos reales. Como resultado, avanzó 14% i.a. en valores corrientes durante el último año, lo que representa una caída del 10% i.a. deflactada. Nuevamente, y al igual que con los subsidios, el gobierno reposó en los gastos más flexibles y con impacto indirecto sobre la población al momento de acotar el gasto y, así, cumplir la meta fiscal.

Si bien el resultado primario mostró avances en comparación al primer año de gestión de Cambiemos, el saldo financiero exhibió un peor desempeño: producto del esquema de financiamiento del déficit fiscal adoptado (más deuda en lugar de emisión), la cuenta intereses saltó más de 70% i.a. (+35% i.a. real) en el último año, rozando los $225.000 millones. De este modo, el rojo financiero superó el 6% del PBI. En consecuencia, se encienden las primeras señales de alerta: aunque el gobierno pasó exitosamente la prueba de acotar el resultado primario, no logró trasladar estas mejoras hacia el resultado financiero. Peor aún, en este contexto de endeudamiento creciente, los pagos asociados a esta cuenta irán en aumento, ubicándose como el punto flaco del nuevo esquema.
 
Los esfuerzos fiscales continuarán enfocados en el resultado primario
​De cara al 2018, el gobierno luce decidido a dar las batallas necesarias para ordenar las cuentas fiscales primarias: la aprobación de la reforma previsional, tributaria y la firma del pacto fiscal fueron señales claras de que el rojo primario de las arcas públicas constituye una de las principales preocupaciones del poder ejecutivo.
Sin embargo, a la par que se muestra “consternado” por el déficit primario, y dispuesto a asumir los costos políticos necesarios para reducirlo, no pareciera preocuparle el ensanchamiento del pago de intereses; por lo tanto, este punto se convierte en el aspecto pendiente del Palacio de Hacienda. Si bien es comprensible que no se puedan atacar todos los frentes a la vez, la ausencia de metas explícitas en esta arista, junto con un endeudamiento en constante crecimiento, abren interrogantes acerca de qué importancia reviste acotar esta variable para el gobierno.
Por lo tanto, 2017 puede ser un adelantamiento de lo que vendrá: un déficit primario en retroceso, conviviendo con una carga de intereses que se agranda. De este modo, la pregunta se transforma en la siguiente: ¿quién le pondrá el límite al pago de intereses? ¿el gobierno o los inversores?

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Gradualismo en la baja de la tasa de interés

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La decisión del BCRA de reducir la tasa de interés de referencia (de 28,75% a 28%) estuvo en línea con la expectativa del mercado de una relajación del sesgo contractivo de la política monetaria, hecho ya evidenciado en el mercado secundario de LEBACs tras del cambio en las metas de inflación.

Pero lo que no estuvo en línea con ciertas expectativas del mercado fue la magnitud de la relajación: sólo 75 puntos básicos. La reducción fue significativamente menor a la observada en el rendimiento de la LEBACs de menor plazo en el mercado secundario (aproximadamente 200  puntos básicos) y la tasa que “sugería” el Ministerio de Finanzas a través de la emisión de LETEs en Pesos.

Que el recorte haya quedado a mitad de camino es indicativo de dos puntos: i) que la puja entre el PEN y el BCRA en torno al nivel de las tasas no parece totalmente saldada y ii) que el BCRA no claudica en el uso de la tasa de interés como herramienta anti-inflacionaria.

Más aún, el comunicado del BCRA es elocuente respecto a cuánto forzará una baja de tasas: “El Banco Central será cauteloso en la adecuación de la política monetaria al nuevo sendero de desinflación. Pero esa moderación en el sesgo contractivo sólo podrá sostenerse en el tiempo en la medida en que la evolución de la desinflación sea compatible con la trayectoria buscada”.

Ocurre que, paradójicamente, el hecho de haber relajado la meta le agrega mayor exigencia a su cumplimiento, por lo cual el margen de reducción de la tasa de interés del BCRA se acota. Más allá de ello, no deja de ser cierto que previa a esta decisión, el retorno en términos reales (descontada la inflación) se ubicaba en niveles récord desde que asumió la nueva administración (10%) y el rendimiento descontada la expectativa de devaluación su ubicaba incluso por encima de este guarismo (12%). Independientemente de la discusión sobre las metas de inflación, tasas de interés real o en dólares tan elevadas no parecían sostenibles en el mediano plazo.

 

El estreno del gradualismo del Central -aplicado ahora a la reducción de tasas- liberará algo de presión al alza a la que estuvo sometida el tipo de cambio las últimas semanas. Pero menos presión no implica ausencia de ella (la trayectoria no se modifica).

Por último, más allá de la decisión del Comité de Política Monetaria, el gobierno logró una reducción considerable de la tasa de interés real  y el tipo de cambio trepó un escalón, pero a costa de una mayor expectativa de inflación.

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Con el dólar a $20 en Posadas comienza hoy un supermartes financiero: ¿Qué le conviene a Misiones?

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Se podría decir que hoy es un súper martes para el mercado financiero, con las miradas puestas en la muy probable decisión del Banco Central de bajar las tasas de interés y -lo más significativo- el impacto que esa movida pueda tener en la cotización del dólar.
Esta mañana las dos casas de cambio de Posadas venden el billete a $20 y aguardan las novedades de Buenos Aires y los movimientos de un mercado cambiario que abrirá a las 11 de la mañana. En tanto el real se cotiza a $6,60.
¿Por qué es tan importante el anuncio del Banco Central sobre las tasas de interés?
La entidad que dirige Federico Sturzenegger viene implementando una política monetaria -muy discutida- en su intento por dominar a la inflación que básicamente consiste en poner las tasas de interés a niveles muy altos, sobre todo a través de las Lebacs. El BCRA dice que así absorve pesos que generan menos presión inflacionaria.
Pero en paralelo a la batalla anti-inflación, estos instrumentos se transformaron en la mejor inversión para fondos locales y del exterior, para bancos e incluso para empresas que tienen dinero y pueden ganar sin riesgos mediante la colocación en Lebacs, que hoy rinden en torno al 27 por ciento anual (más que la inflación). Además, generó atraso cambiario ya que a la Argentina entran muchos dólares de inversiones especulativas y producto de los bonos que emite la Nación y algunas provincias.
Como esta estrategia no dio demasiados resultados y la inflación sigue siendo considerable en la Argentina, los planes de Federico Sturzenegger son cada vez más cuestionados en el sendo del propio Gobierno. No es sólo por los pobres resultados en la lucha anti-inflación, además las tasas altas generan un ahogo en la economía real, en especial en las pymes, que deben pagar más por los fondos que piden prestado.
Por ejemplo, un colono que descuenta un cheque que le dieron por entregar su yerba en alguna “cueva” del interior de la provincia, paga una tasa de descuento mayor por las tasas que establece el BCRA y que luego se replican al resto de los prestamistas, sean bancos, financieras o simples “cuevas” o prestamistas que descuentan cheques.
Además, la estrategia de Sturzenegger tiene un costo extraordinariamente oneroso para el país (el Banco Central paga a inversores el equivalente a unos 30.000 millones de dólares anuales en intereses) en momentos en donde Macri repite casi a diario que hay que reducir los gastos.
Por todo esto, el titular del Banco Central se vio cada vez más forzado a cambiar su política y empezar a bajar las tasas. Todo comenzó hace 10 días con la conferencia donde anunció el cambio en la meta de inflación para este año de un irreal 10% a un 15%. Lo cual, de alguna manera, es como reconocer que estaba errado en su estrategia.
¿Por qué si bajan las tasas puede subir el dólar?
A lo largo de 2 años de esta política monetaria, el Banco Central acumuló un stock de Lebacs enorme, que equivale a 1,1 billón (millón de millones) de pesos. Este dinero, con un simple click en la computadora de bancos, fondos e inversores, puede pasarse de Lebac al dólar en un instante, haciendo subir las cotizaciones.
Si bien el dólar está bajo control en la Argentina, lo cierto es que hay temores respecto al efecto que pueda tener una modificación en las tasas de interés. Lo que nadie en el Gobierno desea es que la enorme cantidad de fondos que hay en Lebac se vayan en “estampida” o “efecto Puerta 12” (recordando a la tragedia en la cancha de River cuando miles quisieron salir al mismo tiempo por una puerta que estaba cerrada) generando un salto fuerte en el dólar.
¿Cómo afecta esto a la economía de Misiones?
Sin dudas, a la economía real misionera le viene bien una suba del dólar como la que se experimentó en diciembre, atenúa las asimetrías y genera más competitividad para las exportaciones de madera, yerba, té o pasta celulósica. Por otra parte, un salto del dólar puede pasarse a precios, con lo cual esto es negativo.
Además, los miles de misioneros que están en las playas de Brasil y otros países de la región o el mundo gastando en otra moneda, sin dudas no les conviene un salto en el dólar ya que al regreso deberán cancelar los consumos en su tarjeta con un tipo de cambio más alto.
Pero sin dudas, en el “gana-pierde” que siempre implica una oscilación del dólar, a Misiones no le sienta nada mal que la moneda norteamericana suba un poco, abarate (en dólares) todo lo que se vende aquí y encarezca un poco todo lo que se vende del otro lado de su extendida frontera con Paraguay y Brasil. En rigor, a la Argentina productiva y exportadora no le viene nada mal. Y Misiones está dentro de la Argentina.

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