Federico Sturzenegger

Preocupado por la inflación de julio, el Banco Central mantuvo la tasa de interés

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La entidad informó que mantuvo “inalterada” su política monetaria para el corredor de pases a 7 días, en 26,25%. Se anticipa a una inflación “superior” a la de junio.

En su comunicado, la entidad monetaria dijo que el IPC nacional ” pasa a ser el indicador de referencia” por tratarse del de “mayor cobertura geográfica publicado por el INdEC”.

El informe plantea que “en las últimas dos semanas se conocieron los datos de inflación de junio correspondientes al IPC CABA, el IPC Córdoba, el IPC San Luis, el Sistema de Precios Mayoristas y el Costo de la Construcción. La inflación mensual minorista en los distritos mencionados fue la más baja del año en curso (ver anexo). Los índices de inflación mayorista mostraron aumentos entre 1,8% y 1,9% respecto al mes previo, mientras que sus variaciones interanuales se ubicaron entre 12,1% para el Índice de Precios Básicos del Productor (IPP) y 14,2% para el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM). Finalmente, el Índice de Costo de la Construcción registró un incremento mensual del 0,9%, y su variación interanual cayó a 23,7%”.

El Banco Central mantuvo la tasa de pases a 7 días sin variaciones en 26,25% y así la mantuvo como esperaba el mercado. La autoridad monetaria justificó la decisión debido a que la inflación núcleo sigue estando por arriba de los valores esperados a principio de año.

“Si bien la inflación núcleo del mes de junio fue inferior a la de meses anteriores, esta evolución debía tomarse con cautela dada la persistencia que ha mostrado en niveles superiores a los buscados por la autoridad monetaria. En este sentido, los indicadores de alta frecuencia de fuentes privadas y estatales monitoreados por el BCRA sugieren que la inflación de julio será superior a la de junio”, detalló el Central en su comunicado de política monetaria.

Además explicaron que “la suba de la tasa de referencia en abril, combinada con la menor inflación esperada para el resto del año, dio lugar a un incremento en la tasa de interés real”. Por ello “la autoridad monetaria considera apropiado no disminuir este sesgo antiinflacionario”.

Por último, desde el BCRA, indicaron que se seguirá manteniendo un claro sesgo antiinflacionario para asegurar que el proceso de desinflación continúe hacia su objetivo de una inflación entre 12% y 17% durante 2017  y de 10% ± 2% para 2018.

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Sturzenegger: “Si vamos a cumplir la meta de inflación, necesitamos una política monetaria dura”

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El presidente del Banco Central presentó el programa monetario de julio y anticipó que para cumplir el objetivo del 17% fijado para este año “necesitamos una inflación que esté claramente por debajo del 1% en el último trimestre”, lo que determinará la “dureza” de la política en la materia del entidad.

El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, sostuvo este martes que si se quiere cumplir con la meta de inflación para este año, prevista en un máximo de 17%, se necesitará cerrar el último trimestre con una suba del 1%, para lo que “necesitamos tener una posición dura en términos de política monetaria que nos asegure que ese es el camino que la economía va a ir llevando adelante”.

Por otro lado, aseguró este martes que la economía creció en el segundo trimestre a una tasa del 4% interanual y del 1% con relación al primer semestre, y destacó el aumento de la inversión, asociado a la baja de la inflación y la recuperación del crédito.

Sturzenegger hizo esas declaraciones al presentar el Informe de Política Monetaria de julio en una conferencia de prensa, previa a la licitación de Lebacs del BCRA.

Allí dijo que “si vamos a cumplir con la meta de inflación de este año necesitamos una inflación que esté claramente por debajo del 1% en el último trimestre, y para eso necesitamos tener una posición dura en términos de política monetaria que nos asegure que ese es el camino que la economía va a ir llevando adelante”.


“Con lo cual es desafiante el segundo semestre” para nosotros, admitió el titular del BCRA. A la vez, ratificó las metas de inflación proyectadas y aseguró que se ve “un proceso de crecimiento sostenido”. “Vamos a tener que lograr un último trimestre por debajo del 1% de inflación”, señaló el jefe de la autoridad monetaria.

Asimismo, aseguró que “la inflación será menor en el segundo semestre” respecto de la suba registrada en los primeros seis meses del año, al tiempo que reconoció que “la persistencia de la inflación núcleo nos ha conducido a endurecer la política monetaria en los últimos meses”.

Consideró que cumplir la meta fijada “va a ser la mayor preocupación del Banco Central”, mientras aseguró: “Vamos a prestar mayor atención”.

En la sede de la entidad, subrayó que en el primer trimestre “la inflación bajó 15 puntos, del 36 al 21 por ciento” y apuntó: “Ahora vamos a jugar el segundo tiempo”. Remarcó que para cumplir la meta resta bajar 4,7 puntos interanuales, y admitió que reducirlos “será más difícil” que el proceso de desinflación del primer semestre.

“Fue una desinflación sin atajos”, afirmó el funcionario, quien también puntualizó que “tras cinco años sin crecimiento económico, se ve un proceso de crecimiento sostenido” desde el primer trimestre.

En ese sentido, insistió: “Para el primer trimestre, todos los componentes estaban creciendo”, y evaluó que hay un “impulso por el lado de la inversión”.

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La inflación persiste elevada: supera el 10% en lo que va del año

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En años electorales el Ejecutivo necesita mostrar resultandos positivos en materia económica para apuntalar su performance en las urnas. La actual administración está enfocando sus esfuerzos en reducir significativamente la inflación.

·      Sin embargo, en los primeros cinco meses del 2017 el IPC GBA Ecolatina acumuló un alza del 10,8%, por encima de los guarismos observados en dicho período de 2013 (+7,6%) y 2015 (+9,5%). A diferencia del Kirchnerismo, el gobierno aplicó un fuerte aumento a los precios de bienes y servicios regulados pese a que los años impares son electorales.

·      A simple vista este factor explicaría la mayor inflación acumulada en 2017. Sin embargo, no tiene en cuenta que este año el ancla cambiaria fue más operativa respecto de 2013 y 2015 por dos vías: ya no existe el cepo cambiario y el dólar prácticamente no subió en lo que va del año. Hasta el reciente shock de Brasil el dólar retrocedía cuando en los primeros meses de 2013 y de 2015 hubo una depreciación limitada (5,4% y 4,1% respectivamente).

·      El gobierno trató de acotar los incrementos nominales de salarios para contener el alza de los costos laborales de las empresas. La estrategia oficial fue exitosa: logró que las negociaciones paritarias tomen en cuenta la inflación presente y no la del año pasado que rozó el 40%. Los gremios aceptaron aumentos acordes a la pretensión oficial, pero con cláusulas gatillo en caso de que la suba de precios supere significativamente la meta del BCRA.

·      La variación nominal de salarios fue muy similar en los tres años, por lo que no puede explicar las diferencias observadas en materia de inflación.

·      Esto sugiere una elevada resiliencia en el actual proceso inflacionario: ya sea por inercia y/o por decisiones de las empresas, la remarcación de precios continúa elevada. El gobierno deberá tomar en cuenta esta resistencia a la hora de plantear sus metas y perfeccionar su política anti-inflacionaria.

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El Banco Central, raro jefe de campaña del oficialismo

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Para quien analizaba la economía con las anteojeras de los últimos doce años, resultaba inexplicable que el gobierno en el arranque del año insistiera con una pauta salarial del 18 % para 2017. Esa propuesta tenía una lógica, en las antípodas de la visión oficial vigente entre 2003 y 2015, que ya fue analizada en este espacio. Aun con estas señales, muchos analistas seguían pensando que el gobierno habría de sacrificar sus metas de inflación en aras de un mayor crecimiento, por tratarse de un año electoral. Sin embargo, las últimas dos semanas han aportado suficientes pruebas respecto del valor que le asigna el oficialismo a la desinflación de la economía: primero el Banco Central subió las tasas de interés y después ratificó el techo de 17 % para la meta del año. Esto pese a que el aumento del costo del dinero tiene impacto negativo sobre la trayectoria del nivel de actividad, aunque sería transitorio si la inflación comienza a bajar en forma rápida en mayo, después de un abril en torno a 2 %. Así, el Banco Central parece adquirir el atípico rol de jefe de campaña del oficialismo para las cruciales legislativas de octubre.

El endurecimiento de la política monetaria arrancó en la segunda semana de marzo y, desde entonces, el Banco Central ha retirado de circulación nada menos que 162 mil millones de pesos, haciendo que ahora la base monetaria pase a expandirse a un ritmo de sólo 22,5 % interanual, congruente con el objetivo de inflación del año. A propósito, en conferencia de prensa, el presidente del Banco Central subrayó que para poner en caja la suba de precios del total de la canasta, que incluye tarifas, se necesita que la “inflación núcleo” no supere el 14,4 % interanual en diciembre. Esta medida de inflación, que excluye precios de servicios públicos y de productos estacionales, acumula un estimado de 6,6 % entre enero y abril, por lo que debería promediar 0,9 % mensual entre mayo y diciembre. Lo ambicioso del objetivo explica el escepticismo reinante, aunque lo más relevante para medir el éxito o el fracaso de esta política será la cercanía o no de la inflación al andarivel del 1 % mensual a lo largo del segundo semestre, más allá del número que acumule en todo el año.

En principio, la inflación podría bajar un escalón en abril, para un guarismo más cercano al 2 % (versus el 2,4 % de marzo, medición INDEC) y hacerlo otro tanto, para algo en torno a 1,5 %, en mayo. Es por eso que puede esperarse que el Banco Central comience en 45 días a bajar las tasas de interés. Pero el ritmo al que esto suceda depende de la evolución de los índices de junio en adelante.

Respecto del tipo de cambio, y visto desde el lado de las empresas exportadoras, se entiende la preocupación por la competitividad, ya que el precio del dólar de estos días es prácticamente igual al de un año atrás, mientras los costos internos pueden haber subido entre el 28 y el 30 %, si es que lo hicieron en línea con la inflación minorista.

Considerando la relación del peso no sólo contra el dólar sino contra la canasta de monedas, se tiene que el tipo de cambio real multilateral hoy es apenas 14 % más competitivo que el de noviembre de 2015 (antes de la salida del cepo).

Justificado en el objetivo de llevar las reservas de los actuales 50 mil millones de dólares a una cifra del orden de 75 mil millones, el Banco Central dió un giro en su política cambiaria, anticipando que habrá de intervenir más frecuentemente en el mercado local, comprando divisas. Así, estaría buscando fijar un piso para la apreciación del peso, aunque con un poder de fuego limitado: cada vez que adquiera dólares deberá emitir Lebacs para absorber pesos, y la deuda del Central ya supera los 800 mil millones de pesos, pagando intereses de 24 % anual promedio. El “déficit cuasi-fiscal” complica el uso de este instrumento.

De allí que, junto con estos anuncios, se necesita acelerar y profundizar la búsqueda de competitividad sistémica, caso de la estructura tributaria y la logística.

Como se ve hasta aquí, la agenda económica luce demasiado singular para un año electoral. Más si se tiene en cuenta que, aunque el PIB esté creciendo 0,7 % contra el cuarto trimestre, todavía estaría cayendo 1,4 % contra enero-marzo de 2016. ¿Está el oficialismo cavando su propia fosa?. Hay que ver otros indicadores, para que el cuadro sea completo:

‐ Si bien este ciclo de salida de la recesión es el más lento contando desde 1985, es uno de los más dinámicos en creación de empleo privado (a partir del piso de mediados de 2016). Es posible que esto ocurra por la expectativa empresarial de una recuperación que esta vez no habrá de abortar a fin de año, como sí pasó en 2011; 2013 y 2015.

‐ Pese a la estadística de ventas de Supermercados (caída de 5,6 % interanual en marzo), indicadores que toman todos los canales habrían pasado a terreno positivo en marzo y continuado en abril, reflejando el avance de los comercios mayoristas y los de proximidad, que a su vez se explica por la búsqueda de precio por parte de las familias. Esa renovada demanda se sustenta en el comportamiento del empleo, el impacto de planes sociales y jubilaciones, y también en la mejora en el margen de los salarios reales.

Los datos apuntados no permiten todavía dimensionar cuanto habrá de aportar de positivo la economía a la campaña del oficialismo. Pero tampoco le estará restando, como podría inferirse de una lectura sesgada por la experiencia de los doce años anteriores.

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Sturzenegger admitió que estimó mal la baja de la inflación pero insistió en que será de entre 12 y 17%

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El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, reapareció esta tarde en medio de las críticas que generó la suba de tasas de interés que decidió la semana pasada y que pueden impactar negativamente en la actividad económica en momentos en que la reactivación y los brotes verdes no se sienten “en la calle”.

Sturzenegger eligió el escenario. El propio Banco Central. Con la excusa de presentar el Informe Monetario (un reporte mensual que normalmente se distribuye via mail sin necesidad de presentaciones), el titular del BCRA ofreció una conferencia de prensa en la que obviamente, el tema principal, fue el endurecimiento de la política monetaria.

El funcionario admitió que sobreestimó el proceso de desaceleración de la inflación, al cual en la jerga técnica del Central denominan “desinflación”.

En ese sentido, admitió que la inflación “no estaba bajando” en aquellos rubros que no son regulados.

“En febrero dijimos que íbamos a enfrentar tres meses con números más altos por la suba de precios regulados, quizá no lo esperábamos tanto en los estacionales”, señaló, reconociendo lo que en tenis llamarían un error no forzado.

No es poco lo que dijo y admitió. Para un banquero central, anticiparse a la evolución de los ciclos económicos es crucial. Para eso tienen equipos de economistas, matemáticos y hasta físicos analizando cada variable económica y dato que les pueda servir para decidir tomar una u otra dirección. Además, típicamente, un banquero central tiende a ser conservador en la toma de decisiones, a pisar sobre seguro.

Sturzenegger calculó mal y dio por sentado un proceso de baja de la inflación sostenido que por ahora no es, al menos, lo suficientemente consistente como el y su equipo esperaban.

Para subir la apuesta, el titular del BCRA aseguró que la meta de inflación que fijó la autoridad monetaria de entre el 12% y el 17% a principios de año es “cumplible”. Con esa afirmación sorprendió a mucha gente en el mercado financiero, que preveía un corrimiento de las metas.

Algunos analistas dicen que -para no perder tanta credibilidad-, el BCRA debería pagar un pequeño costo (en términos de credibilidad, también) al mover la meta y no uno mayor, en el caso de que la inflación luego se sitúe por encima.

Sturzenegger también se refirió a las críticas que recibió la gestión de la entidad monetaria por la suba de tasas la semana pasada (y que continuó hoy en la licitación mensual de Lebacs).

“Pensábamos que no íbamos a tener que discutir los beneficios de bajar la inflación pero parece que hay volver a hacerlo”, indicó, desafiante.

También descartó que la suba de tasas de interés tenga algún costo “en términos de actividad” económica.

La semana pasada el directorio del Central subió la tasa de interés de referencia que y quedó en 26,25%. Esta decisión, explicó Sturzenegger, fue debido a que “la inflación núcleo se mantiene, y viene estable desde hace varios meses, así que eso nos convenció de que había que endurecer la política monetaria. Lo veníamos esperando en febrero y marzo y como no bajaba la núcleo subimos la tasa”.

Bicicleta financiera

La suba de tasas de interés afectará la débil recuperación económica, advirtieron desde distintos sectores dirigentes empresarios y economistas. Pero además, fomenta la llamada “bicicleta financiera” ya que ingresan al país capitales especulativos para posicionarse en instrumentos como las Lebacs, con tasas de 26% anual (también subieron en la licitación de hoy). Como el tipo de cambio está estable y tiende a bajar, estos capitales luego dolarizan esa diferencia y se van del país, llevándose divisas.

El resultado es un costo financiero para las arcas del Banco Central que se conoce como déficit cuasifiscal. La entidad monetaria prefiere no informar al detalle cuánto lleva pagado en intereses de Lebacs, pero cálculos privados estiman que la cifra está muy por encima de los 15.000 millones de dólares.

La suba de tasas podrá beneficiar también a los ahorristas, que por estos días reciben uno o dos puntos más por sus colocaciones a plazo fijo (rondan el 20% a 30 días). Por otra parte, se encarecerá el financiamiento de todo tipo de préstamos, incluyendo los créditos al consumo (personales, tarjetas, etc) en un momento donde el propio Gobierno nacional necesita imperiosamente que la gente vuelva a gastar.

Martin Boerr

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