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Luz verde del FMI para el programa fiscal

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Por Isidro Guardarucci / FIELUn abril en positivo. El Sector Público Nacional No Financiero volvió a cerrar abril con superávit primario y financiero. El dato no es menor. En una economía que hasta hace 2 años estaba acostumbrada a que el déficit sea la norma y el equilibrio la excepción, la persistencia de resultados positivos sigue siendo una buena noticia. Más aún, en un contexto donde el ancla fiscal ocupa un lugar central en el programa económico y en la relación con el FMI.

No obstante, mirar sólo el signo del resultado puede llevar a una lectura incompleta. El acumulado del primer cuatrimestre muestra una foto algo menos holgada que la del año pasado. Cuando se compara enero-abril de 2026 con el mismo período de 2025, medido a precios constantes, el resultado primario cae alrededor de 12%, pero si se netean ingresos extraordinarios (en línea con la medición que realiza el FMI para sus metas), la merma real es de casi 27%. Es decir, la caja sigue cerrando, pero con márgenes menores.

Ejecución acumulada enero-abril ($ millones de 2026)

Fuente: elaboración propia en base a Mecon

La explicación es sencilla: aun cuando la consolidación del gasto continúa, los ingresos caen relativamente más. Los recursos totales muestran una baja real superior al 4%, mientras que los ingresos tributarios retroceden alrededor de 7%. Del otro lado, el gasto primario también se contrae, aunque a un ritmo menor, cercano al 3%.

El detalle del primer cuatrimestre

La debilidad de los ingresos tributarios es evidente en el primer cuatrimestre. La caída no descansa en un único componente, sino que se distribuye entre varios pilares de la estructura tributaria nacional. Cabe mencionar que, a diferencia de años pasados, cuando la alta inflación y consecuente licuación de algunas partidas daban aire a la caja, el escenario actual exige que la recaudación acompañe por cantidades y no sólo por nominalidad. Si eso no ocurre, el equilibrio fiscal depende cada vez más de la administración del gasto.

Para estos resultados, pesa la caída de los Derechos de Exportación, afectada por cambios en alícuotas y por la propia dinámica del tipo de cambio. A esto se suman bajas en aportes y contribuciones. Estos dos recursos concentran el 33% y 21% de la baja total de ingresos tributarios, respectivamente. En esta línea, el IVA vuelve a aparecer entre los tributos que más explican la merma. Esta señal es relevante porque se trata de un impuesto muy asociado a la dinámica del consumo y la actividad interna. No obstante, debe tenerse presente que mientras la recaudación a abril muestra una reducción real de 8,4%, la recaudación del Impuesto a los Ingresos Brutos cayó menos del 3% cuando se mira el conjunto de las provincias. Si bien la base imponible de este presenta diferencias con el tributo al consumo nacional, es también reconocido como un indicador de la actividad y refleja un panorama distinto.

Por el lado del gasto, el primer cuatrimestre muestra que la disciplina fiscal sigue a la orden del día. Así, los gastos de funcionamiento no salarial se reducen de forma importante, al igual que las transferencias corrientes a provincias. También se observa una baja real en remuneraciones y en el resto de prestaciones sociales. Estos rubros siguen siendo parte relevante del esfuerzo fiscal.

No obstante, hay otros componentes que muestran una dinámica distinta. Las jubilaciones y pensiones contributivas vuelven a crecer en términos reales, algo esperable luego de la recomposición parcial del poder adquisitivo respecto de los momentos más duros del ajuste inicial. Los subsidios económicos también crecen en la comparación interanual del acumulado, impulsados especialmente por energía. Este punto merece atención, no tanto porque el nivel actual vuelva a los registros del pasado, sino porque se trata de una partida con una larga historia de desbordes fiscales.

La inversión pública nacional, por su parte, ya no muestra el mismo ritmo de caída que en etapas anteriores. El mes de abril mostró un cambió fuerte en la tendencia. Sólo en ese mes se registraron erogaciones equivalentes al 80% del acumulado en el primer trimestre entero.

La lectura de fondo es que la consolidación fiscal entra en una fase distinta. En 2024, una parte importante del ajuste descansó en la licuación inicial del gasto y en el shock de corrección de partidas. En 2025, el superávit se sostuvo con menor holgura, pero todavía apoyado en recortes muy fuertes en subsidios, inversión pública y transferencias. En 2026, el resultado exige una política fiscal más fina. Y acá, el pasado importa. El gobierno argentino ha mostrado en reiteradas ocasiones su voluntad por cumplir con los objetivos fiscales y no hay motivos para creer que 2026 será una excepción a esta dinámica (menos aún en un año que no presenta elecciones en agenda).

Revisión del FMI: programa fiscal aprobado y un futuro previsible

La segunda revisión del acuerdo con el FMI dejó una señal favorable para el gobierno: el programa sigue en pie y la política fiscal continúa siendo reconocida como un pilar del proceso de estabilización. Como era esperable, los nuevos desafíos incluyen avanzar calidad del ajuste, la sostenibilidad y la coordinación con el resto del programa macroeconómico.

En cuanto al pasado reciente, el Fondo destacó el desempeño fiscal, pero también manifestó que el efecto del registro de los intereses capitalizados debajo de la línea totalizó en 2025 un punto del PIB. De modo que, con esto, el balance global (incluyendo intereses) pasaría de un 0,2% positivo a 0,8% negativo. Además, esta revisión confirmó una reducción de la meta de superávit primario para este año la cual pasó de 2,2% del producto a 1,4%, el mismo nivel que el último ejercicio. Esto vuelve al objetivo actual desafiante pero muy razonablemente cumplible. Así, el objetivo de 2,2% quedó mencionado, pero como una meta en el mediano plazo y no como una condición para 2026.

A su vez, la institución volvió a manifestarse a favor de un esquema tributario más eficiente y equitativo (menos impuesto al cheque y retenciones, sumadas a una política de reducción de exenciones y tratamientos especiales). Ninguna novedad; no sería un reporte del FMI si no tuviese este pedido. En la misma categoría se incluye la idea de mejorar la focalización del gasto, especialmente en materia de subsidios. Más relevante (aunque tampoco muy novedoso) es la ratificación de la necesidad de presentar una reforma previsional. No obstante, la fecha fijada para tal evento es diciembre de 2027. Es decir, exactamente después de la renovación del mandato presidencial. Sea este gobierno u otro, esto refleja la intención deliberada de sacar de la agenda electoral el tema y postergarlo para una gestión políticamente renovada.

En resumen: aprobación, una meta menos ambiciosa para este año y el decálogo de buenas prácticas habitual.

El desafío que viene

El gobierno todavía conserva el activo más importante de su programa económico: la convicción fiscal. La pregunta para los próximos meses es si será suficiente para sostener el superávit mientras se espera que el ciclo económico (iniciado en sectores como el agro, las actividades extractivas y financieras) permee al resto de la economía y recaudación. La caja sigue cerrando. Pero, a diferencia del comienzo del ajuste, ahora cada peso cuesta más. Con menos presión del lado del Fondo y sin elecciones este año, no hay motivos para pensar que se incumplirá con los objetivos de este año. 

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El comercio externo de la Argentina sigue por buen camino en un mundo cada vez más fragmentado

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Por Marcela Cristini y Guillermo Bermúdez / FIEL – El comercio y las inversiones internacionales son ejes centrales para el desarrollo de la Argentina, reconocidos como tales en el actual programa de gobierno. El objetivo de la política económica de ganar una mayor inserción internacional busca solucionar la escasez histórica de divisas para financiar el crecimiento y acelerar la modernización y el desarrollo de nuestro país.

La iniciativa local se ha dado en un momento crítico de las relaciones políticas y económicas del mundo, como ya se viene advirtiendo desde esta sección de Indicadores de Coyuntura. En lo político, las relaciones internacionales evolucionan con una marcada inestabilidad que incluye avances y retrocesos en los graves conflictos armados en curso (invasión rusa a Ucrania y guerra entre Irán y Estados Unidos/Israel), crecimiento del armamentismo, incluida la amenaza nuclear y distanciamiento entre aliados históricos (crisis de la OTAN) entre los aspectos más notables.

Los cambios son tan importantes como frecuentes y obligan a mantener el diagnóstico y las perspectivas actualizadas. En el plano económico mundial, el crecimiento volvería a disminuir en 2026 con pronósticos del 3,1% al 2,6% dependiendo de la evolución de los conflictos y la consecuente moderación de los precios internacionales de la energía. En el caso del conflicto actual en el Golfo Pérsico, los analistas internacionales ven cerca las posibilidades de un plan de paz que ayudaría a impulsar nuevamente el crecimiento mundial en 2027. También se prevé un aumento de la inflación, en especial en los Estados Unidos, y de la deuda internacional, con algún riesgo para la estabilidad financiera. En ese escenario, el comercio mundial mantiene una notable resiliencia. Luego de un importante aumento de su valor en 2025, el año 2026 muestra un primer cuatrimestre con un 7,5% de aumento en el valor del comercio de bienes y servicios, manteniendo la dinámica en bienes y con un recorte en el crecimiento de los servicios.  Parte de estos resultados se explican por el aumento de precios de los productos básicos (commodities) liderados por el petróleo y por la redistribución del comercio mundial a partir del “desacople” entre los Estados Unidos y China.

La competencia entre los Estados Unidos y China, en el marco de un intercambio comercial bilateral muy favorable al segundo país, tuvo un punto de aceleración luego de la pandemia del COVID 19. El gobierno demócrata del Presidente Biden ya había tomado medidas de protección al abastecimiento estratégico de los Estados Unidos y una política industrial de apoyo a la competitividad de las industrias locales. Desde abril de 2025, el gobierno del Presidente Trump hizo explícito el enfrentamiento económico entre los dos países por la vía de fijación de altos aranceles. Las medidas de represalia entre ambos países se matizaron con retrocesos tácticos y reuniones periódicas. Desde entonces, el comercio bilateral se redujo significativamente (ver Gráfico 1).

Gráfico 1

Fuente: FIEL con base en datos Bureau of Labor Statistics, USA.

En efecto, por detrás del escenario de fragmentación mundial creciente sigue vigente la competencia económica y también geopolítica entre las dos primeras economías globales. Las reuniones entre sus máximos líderes se caracterizan por buscar la reducción de las tensiones bilaterales sin presentar soluciones efectivas a los problemas (normalización de relaciones China-Taiwán, amenazas de limitación de exportación china de tierras raras, represalias de los Estados Unidos por falta de control en la provisión china de fentanilo, restricciones bilaterales al intercambio de nuevas tecnologías). Los presidentes Trump y Xi Jinping se reunieron 7 veces desde 2017 y en 2025-26 tuvieron dos reuniones en el marco del ya mencionado “desacople” comercial entre ambas economías.

En ese contexto, y en ausencia de tendencias reconocibles, los analistas utilizan técnicas prospectivas de escenarios para trazar estrategias. Estas técnicas parten de reconocer la situación de las principales variables que dan forma a las relaciones políticas y económicas internacionales para, a continuación, proyectar su evolución en escenarios alternativos. Generalmente se construirïa un escenario de tendencia, uno optimista, otro pesimista y alguno con algunas modificaciones frente a la tendencia principal. La dificultad actual es que tanto la ruptura del mundo multilateral en lo económico como del mundo unipolar en lo político, complica la proyección de una tendencia dominante a la vez que los escenarios pesimistas llevarían a resultados con gravísimas consecuencias al involucrar riesgos de ataques con armamento nuclear.

Por su parte, los países en desarrollo se encuentran alejados de los conflictos, pero enfrentan sus consecuencias. Si bien el crecimiento de estos países será en promedio más alto que el de los países avanzados en 2026, su tasa es mucho menor que la registrada durante el período de la globalización. En particular, en el caso de China la tasa pronosticada es del 4%, menos de la mitad de su tasa histórica reciente. También el resto de las economías en el Este asiático, las del Sur de Asia (India es la excepción con una tasa pronosticada del 6,5%) y las de Europa del Este tendrán tasas de crecimiento menores a las del año 2025. Las economías de América Latina alcanzarían un crecimiento del 2,2% (CEPAL), destacándose la Argentina con una tasa del 3,3%, mientras que México y Brasil estarían por debajo del promedio.

En términos del comercio mundial, los actuales conflictos llevaron a una intensificación de los flujos Sur-Sur. Las proyecciones para América Latina son de un crecimiento por debajo del promedio de esos flujos, en particular para el Mercosur, que todavía mantiene un nivel bajo de inserción mundial. Por último, el crecimiento de los flujos de inversión extranjera directa se ha concentrado en los países más avanzados con mermas para los países en desarrollo. En el caso de América Latina, México y Brasil siguen concentrando el 70% del total de los flujos de ingreso de inversiones. Los inversionistas en nuestra región se concentran en sectores estratégicos de recursos naturales.

El caso de la Argentina presenta algunas particularidades positivas derivadas de su reforma económica y de un buen año en términos de clima que favoreció una cosecha récord. En el capítulo del comercio exterior, el primer cuatrimestre de 2026 mostró novedades importantes en el crecimiento y en el patrón exportador, luego de un buen 2025 con un crecimiento del 9,3%. Así, las exportaciones argentinas de bienes del primer cuatrimestre totalizaron USD 30.820 millones, equivalente a un incremento de 21,5%. Las importaciones cayeron un -6,4% en línea con el menor nivel de actividad económica y la amplia recomposición de inventarios de los dos años anteriores.

En cuanto a la composición del comercio, las exportaciones de productos primarios y de la agroindustria mantienen su importancia con un 57% del total exportado y con un crecimiento del 31% y 8,6%, respectivamente. Como tendencia importante, la balanza de combustibles muestra un crecimiento de su saldo positivo como consecuencia del aumento de la producción de petróleo. Este resultado no muestra aún el impacto pleno del potencial de los yacimientos de gas no convencional de Vaca Muerta. Se estima un saldo positivo de USD 12000 millones proveniente de este sector para 2026 como resultado del aumento del volumen exportador, pero también por el significativo aumento de los precios internacionales derivado del conflicto entre Irán y Estados Unidos/Israel. En el caso de la industria automotriz, que es la exportación manufacturera más relevante de nuestro país, aunque la balanza se mantiene negativa, el primer cuatrimestre muestra la continuidad en el aumento de las exportaciones (28,8%), con base en los vehículos para transporte de mercancías.

Como parte del objetivo de ampliación de la inserción internacional de nuestro país, la firma reciente de acuerdos comerciales con la Unión Europea y el EFTA en el marco del MERCOSUR y del acuerdo bilateral con los Estados Unidos, muestran un sendero inicial prometedor.  En el caso de la Unión Europea, Argentina fue el primer miembro de MERCOSUR en ratificar el acuerdo y ocupar los cupos de exportación de algunos productos agroindustriales (huevos, miel). En una primera etapa estas cuotas se están cubriendo por orden de llegada y está pautada una negociación entre los miembros del MERCOSUR para coordinar su reparto. Este proceso está previsto para los próximos meses y no estará exento de roces hasta alcanzar algún mecanismo de asignación. En el caso de los Estados Unidos, la ampliación del cupo de importaciones de carne vacuna permitió un importante envío en el primer cuatrimestre de este año (en torno a 20000 toneladas).

A la vez, la política oficial se ha orientado a reducir la carga impositiva sobre los productos exportables con bajas de derechos de exportación. Como se ha repetido desde este espacio muchas veces, estos derechos se encuentran entre los instrumentos tributarios más distorsivos de la producción y las inversiones y reducen las oportunidades de crecimiento de largo plazo. Por esta razón son sólo utilizados excepcionalmente en el resto del mundo, mientras nuestro país ha abusado de su utilización a lo largo de nuestra historia. Durante el anterior gobierno (presidencia de A. Fernández) estos impuestos representaron el 8% de la recaudación total, para reducirse a un poco más del 4% en la actualidad, en el marco de un sendero descendente al que se ha comprometido el actual gobierno (Gráfico 2).

Gráfico 2

Fuente: FIEL con base en Ministerio de Economía de la Nación.

Estos aspectos describen las fortalezas que está adquiriendo nuestro país, a las que se han sumado varias iniciativas para atraer nuevas inversiones a través de regímenes especiales como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y el Régimen de Incentivos para Medianas Inversiones (RIMI), que serían continuados por un “Súper RIGI”. Este último se orientaría a la creación de nuevas industrias y pensado para completar las cadenas de valor a partir de la explotación de recursos naturales como el litio o los productos de la energía. En todos los casos, las normas incluyen la amortización acelerada de inversiones y la devolución anticipada de los saldos tributarios favorables (IVA) entre los principales beneficios.

En síntesis, hasta el inicio del segundo cuatrimestre de 2026, el balance de la situación comercial externa parece favorecer a la Argentina, pese a los riesgos internacionales. La continuidad de esta tendencia dependerá de seguir reconociendo y corrigiendo nuestras debilidades históricas, promoviendo la inserción internacional y la ampliación de las inversiones.

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Recorte de tasas y mora serán insuficientes

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Por Guillermo Bermúdez / FIELLa evolución de las tasas de interés en las semanas recientes ha hecho que el foco en materia financiera vuelva a ponerse en la cuestión de la recuperación del crédito y el apuntalamiento del consumo privado como motor de la mejora de la actividad y el empleo. Desde inicio de la actual gestión de gobierno, y con el retroceso de la participación del sector público en la hoja de balance del sistema financiero, la economía experimentó un ciclo de recuperación de los préstamos que no había tenido antecedentes. Este ciclo se truncó a fines de 2025 a partir del repunte de la morosidad –ya se la observaba varios meses antes-, el salto de las tasas de interés en el tercer trimestre y el deterioro de los ingresos reales de la población.

Al respecto del freno en el crecimiento del crédito, el propio Fondo Monetario Internacional en la reciente revisión del Acuerdo de Crédito Ampliado que tiene la Argentina, observó el deterioro en el segmento de préstamos al consumo a causa de la ceñida política monetaria, y advirtió sobre la necesidad de contener la volatilidad de las tasas para mejorar la transmisión de la política monetaria y el crédito. El Organismo observó que, a pesar de la baja reciente de las tasas, las condiciones crediticias siguen siendo restrictivas en el proceso de ordenamiento de las carteras de los bancos a causa del aumento de la participación de los préstamos morosos.

En efecto, en la actualidad se tienen unas tasas de interés activas para personas jurídicas que han retornado a niveles previos a las turbulencias financieras de la segunda parte del año pasado, pero ese recorte no se ha tenido en el caso de las tasas para las personas físicas, que se sostienen en elevados niveles reales.

Las tasas han transitado diferentes senderos. Asimismo, la irregularidad en los préstamos a las familias en la banca tradicional, si bien luce haber frenado su crecimiento, multiplica por cuatro el valor que se tenía a comienzos de 2025, colocándose en 11.5% del total del financiamiento. Por caso, para las líneas de crédito personales, la tasa de mora superó en marzo el 14%, y en el caso de tarjetas se acerca al 11%. En cambio, en el caso del crédito dirigido a las empresas, la irregularidad es menor –alcanza el 6% en las líneas de adelantos y al 2.9% en las de documentos-, del mismo modo que en los préstamos con garantía real –para hipotecas alcanza 1.9% y para créditos prendarios 5.3%.

Lo anterior permite inferir diferencias en la situación de entidades individuales según la especialización de sus negocios, aun cuando el conjunto posea elevados niveles de previsionamiento. La situación de irregularidad crediticia es más compleja cuando se consideran entidades no financieras –crédito extra bancario- tanto en lo referido al costo como a la tasa de mora[1].

Todo lo anterior permite anticipar que, a pesar de que el sistema financiero cuenta con una elevada capacidad prestable en pesos y dólares, resulta poco probable replicar en los próximos meses un despegue del crédito similar al observado a inicios de 2024. A partir de ello, en la presente columna se repasa la evolución reciente de las tasas activas y se revisa la evidencia relativa a una incipiente recuperación del crédito.Tras el inicio de la actual gestión económica, en los primeros meses de 2024 las tasas activas mostraron un sensible recorte desde niveles superiores al 100% nominal hasta un rango de entre el 35% al 45% para personas jurídicas –pymes y otras[2]-, mientras que en el promedio para personas físicas pasaron a moverse en un rango de entre el 70% y 80%. En los meses sucesivos y hasta mediados de 2025, las tasas se mantuvieron relativamente estables, en un contexto en el que el crédito total, en términos reales, llegó a crecer a un ritmo superior al 100% anual.

El fin de la operatoria de las Letras Fiscales borró la tasa de referencia del sistema e introdujo una altísima volatilidad, a lo que se sumaría el impacto de cambios en la política de encajes y una extraordinaria huida del peso en un contexto de creciente incertidumbre pre electoral. En agosto de 2025, las tasas tuvieron su primer repunte, que en el caso de la pagada por pymes saltó cerca de 18% elevándose hasta 62.7% o en el de los adelantos que tuvieron un aumento desde 47.4% hasta 76.3%.En octubre, el costo del financiamiento alcanzó el nivel más alto, trepando hasta el 69.7% para las personas jurídicas, y hasta 84.5% en el de las personas físicas.

El aumento de las tasas y su volatilidad no sólo tuvieron un impacto sobre el consumo, sino que también alcanzaron el costo de financiamiento del capital de trabajo de las empresas.En la última parte de 2025 comenzó a darse un incipiente proceso de normalización, que se aceleró a partir de marzo de 2026 –cambios en la política de encajes y retorno de la operatoria de pases de por medio-. Los datos preliminares para mayo dan cuenta de unas tasas para personas jurídicas en el orden del 33%, del 74% para personas físicas, del 37% para pymes y del 25% para las líneas de adelantos.

Como se observa en el Gráfico 1, el costo del financiamiento para personas físicas no mostró el recorte que tuvieron las líneas de crédito a personas jurídicas, al tiempo que se mantiene en niveles superiores a los de comienzos de 2025. Al respecto, puede argumentarse que son los altos niveles de mora los que impiden una compresión más acelerada hacia los niveles de las tasas pasivas, de modo que a medida que las entidades avancen en la renegociación de los créditos irregulares –con alargamiento de plazos y recorte de tasas-, puede esperarse una mayor reducción. En el tránsito, la mejora del crédito será parsimoniosa, en especial en las líneas destinadas al financiamiento del consumo de las familias.

Gráfico 1

Con el sendero que han transitado en los últimos meses las tasas de interés ¿cómo ha evolucionado el crédito? Como se mencionó, desde inicio de 2024 el crédito al sector privado tuvo un crecimiento sin precedentes. En ese ciclo de recuperación tuvieron un mayor dinamismo los préstamos a las familias por sobre el dirigido a las empresas, mientras que se observó el retorno del financiamiento de largo plazo –hipotecas- y de los préstamos en dólares.   

En febrero de 2024, la relación de préstamos al sector privado a PBI era 4.9% -un mínimo histórico-, y en términos reales alcanzaba $ 52.1 billones. El ciclo de crecimiento del crédito se estiró hasta diciembre de 2025 en la medición en moneda constante cuando el stock trepó hasta $ 135.5 billones, marcando un crecimiento de 160% respecto al nivel de febrero de 2024. Al tiempo que, si se toma la relación de los préstamos con el producto bruto, el pico se tuvo en febrero de 2026, cuando la razón se colocó en 12.3%, más de 7% por encima del registró de dos años atrás.Los datos preliminares de mayo de 2026 dan cuenta que el crédito al sector privado asciende a $ 127.7 billones, correspondiendo algo más del 75% a líneas en pesos y el resto en dólares. En términos reales, el actual nivel de crédito es 5.7% inferior al registrado en diciembre pasado, al tiempo que en términos del PBI, el stock es equivalente al 11.45% del producto, también por debajo del pico de febrero pasado. El crédito en el agregado aun no muestra un repunte.

Tomando en consideración que los créditos en dólares al sector privado no han dejado de crecer en los dos últimos años, habiendo pasado de menos de USD 3.5 mil millones a fines de 2023 a USD 22.7 mil millones en la actualidad –un récord en más de dos décadas-, resulta conveniente poner el foco en la evolución reciente del crédito en pesos[3].En mayo, del total de crédito en pesos, el 51% corresponde a crédito de consumo –préstamos prendarios, personales y tarjetas-, cerca del 35% a financiamiento a las empresas mediante adelantos y la firma de documentos, y el resto a crédito hipotecario.

En términos reales y en la comparación interanual, el crédito a las empresas igualó el nivel de un año atrás, combinando un alza de adelantos con un nuevo retroceso en el financiamiento mediante documentos. Por su parte, el crédito hipotecario tuvo una mejora real del 67.5%, continuando con el recorte en el ritmo de crecimiento real anual luego de haber marcado el mayor avance (360%) en julio del año pasado.

Finalmente, el crédito al consumo tuvo en mayo un recorte real interanual del 7.2% -la primera caída anual desde agosto de 2024-, a partir de combinar ligeros retrocesos en créditos prendarios y personales con una marcada contracción en el financiamiento de tarjetas de crédito, reflejando cancelaciones. Es decir, las líneas de crédito con mayor participación en la cartera de las entidades, muestra un retroceso anual, y sólo una parte menor asociada al crédito a las empresas ha dejado de caer en la comparación anual.

Pero a los fines de evaluar el potencial inicio de un nuevo ciclo de recuperación del crédito, resulta conveniente considerar el comportamiento de los préstamos en los meses recientes, además de en términos reales, descontando factores estacionales. Como se observa en el Gráfico 3, desde julio de 2024 el crédito hipotecario había mostrado continuas mejoras mensuales hasta mayo de este año cuando ha interrumpido su crecimiento.

Para el crédito a las empresas, hacia mayo de 2026 se tiene una ligera mejora luego de un bimestre de contracción, y para el crédito a las familias se profundiza la caída observada en abril pasado. En el caso del crédito a las empresas, la mejora se sostiene en el aumento de los adelantos y en el caso de la caída del crédito al consumo, esta deriva de un deterioro del crédito prendario y un más profundo retroceso del financiamiento de tarjetas de crédito.

Es decir, el crédito a las empresas podría estar comenzando a mostrar signos de mejora a la par de la incipiente recuperación de la actividad económica –contando ventajas en términos de una mejor tasa de interés y menores niveles de irregularidad-, mientras que el crédito a las familias muestra un mayor retroceso, por las razones opuestas –costo de financiamiento que no se ha recortado lo suficiente y mayores niveles de mora-. Como se observa, el repunte del crédito a empresas resulta momentáneamente insuficiente para traccionar sobre los préstamos en el agregado.

Precisamente por lo anterior, aun cuando los bancos tengan holgura para aumentar el tamaño de su cartera de crédito, es de esperar que privilegien líneas de préstamos dirigidas a empresas, eventualmente de plazos cortos, para el financiamiento de capital de trabajo, mientras se ordena la cartera de préstamos al consumo dirigidos a familias -por caso, por medio de refinanciaciones-.

En efecto, puede anticiparse una oferta más selectiva –y una demanda más prudente de parte de las familias- y de ello, menor dinamismo del crédito en los meses por venir en comparación con el ciclo iniciado en 2024. Derivado de lo anterior, el sistema financiero podría transitar una reconfiguración de los negocios hacia un mayor financiamiento productivo, al tiempo que no deben soslayarse potenciales presiones de transformación –en términos de número y tamaño de entidades- a causa del cambio en el patrón productivo y de localización espacial de las actividades que se encuentra transitando la economía real.

En síntesis. Las tasas de interés han tenido recientemente una evolución dispar según se trate del financiamiento a empresas o familias, al tiempo que la mora ha tenido un mayor aumento en el caso del crédito al consumo. Los préstamos a las empresas comienzan a mostrar señales de incipiente recuperación, que aún no traccionan al crédito en el agregado. Con una oferta más selectiva, la baja de tasas de interés y recorte de la mora, resultarán insuficientes para replicar en los meses por venir un ciclo de recuperación del crédito como el que se tuvo a inicios de 2024, cuando el mayor dinamismo lo mostraron los préstamos a las familias por sobre el dirigido a las empresas.


[1] Por caso, entre las Fintech la mora total –considerando créditos irrecuperables- superó el 30% en febrero, mientras que la mora operativa –descontando irrecuperables- se estabilizó algo por encima del 22% en los últimos meses.

[2] Tal el caso de la tasa de interés por Adelantos en cuenta corriente en moneda nacional (con acuerdo de 1 a 7 días y de 10 millones o más) a empresas del sector privado no financiero.

[3] No debe perderse de vista que, en el caso del crédito en dólares, el marco regulatorio prohíbe el financiamiento en esa moneda a sujetos que no obtienen ingresos en divisas, al tiempo que las autoridades en reiteradas oportunidades se han mostrado renuentes a introducir modificaciones a la legislación de modo de permitir canalizar el stock récord de depósitos en dólares hacia el crédito para cualquier tipo de individuo.

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Misiones avanzará con el Bono de Infraestructura y prepara el primer Bono Verde respaldado por créditos de carbono

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Este jueves ingresó a la Cámara de Representantes de Misiones el proyecto de Bono de Infraestructura, una herramienta financiera destinada a canalizar recursos hacia obras consideradas estratégicas para el desarrollo provincial. El ingreso de la iniciativa estuvo acompañado por otro anuncio de relevancia económica y ambiental realizado por el conductor de Encuentro Misionero, Carlos Rovira.

Al fundamentar la propuesta, Rovira anticipó que la provincia avanzará también en la estructuración del primer Bono Verde de Misiones, un instrumento que buscará respaldarse en los activos ambientales certificados internacionalmente a través del sistema de créditos de carbono.

La iniciativa se sustenta en la certificación obtenida por Misiones bajo el estándar internacional Verra, una de las principales entidades dedicadas a la validación de proyectos ambientales. A través de ese proceso, la provincia logró medir y certificar el aporte de la Selva Paranaense en la captura de dióxido de carbono, uno de los gases de efecto invernadero vinculados al cambio climático.

El mecanismo se basa en la capacidad de los bosques de absorber carbono de la atmósfera mediante procesos naturales. Esa función ambiental es reconocida por los mercados internacionales de carbono, donde las reducciones o capturas verificadas pueden transformarse en créditos comercializables.

Como resultado de los trabajos técnicos impulsados por la provincia, Verra certificó el programa jurisdiccional de Misiones, habilitando la emisión de créditos de carbono asociados a la conservación de sus bosques nativos.

El Programa Jurisdiccional JNR REDD+ de Misiones cuenta actualmente con más de 10,9 millones de créditos de carbono certificados correspondientes al período 2017-2022, resultado de una tarea desarrollada por la Secretaría de Estado de Cambio Climático y el Ministerio de Ecología.

“El principal producto que elabora nuestra provincia es el oxígeno”, sostuvo Rovira al explicar que la conservación de la selva misionera genera un activo ambiental con valor económico creciente en los mercados globales, al contribuir a la captura de dióxido de carbono y la provisión de servicios ecosistémicos.

Misiones también desarrolló un esquema de participación público-privada mediante un sistema de anidamiento que permite incorporar proyectos privados dentro del programa jurisdiccional. La administración de los recursos generados se realizará a través de un fideicomiso financiero gestionado por Banco Macro.

Según el esquema planteado, los fondos provenientes de la comercialización de créditos de carbono estarán destinados a propietarios que conservan bosque nativo, proyectos de desarrollo sostenible impulsados por organizaciones de la sociedad civil y el fortalecimiento de las tareas de control y monitoreo ambiental en toda la provincia.

La propuesta del Bono Verde busca complementar las herramientas tradicionales de financiamiento con un instrumento vinculado a los mercados ambientales, aprovechando el valor económico asociado a la conservación de los bosques y a la captura certificada de carbono.

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El dólar oficial cerró a $1.445 y el Banco Central compró US$ 55 millones

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En la primera jornada de junio el dólar oficial cerró a $1.445 para la venta y $1.395 para la compra.

Además, el Banco Central de la República Argentina compró 55 millones de dólares. De esta forma, las reservas quedaron en 48.368 millones de dólares.

Cotizaciones de hoy lunes 1° de junio de 2026

Dólar oficial: Compra $1.395 / Venta $1.445.

Dólar blue: Compra $1.415 / Venta $1.435.

Dólar MEP: Compra $1.437,90 / Venta $1.443,10.

Dólar Contado con Liquidación (CCL): Compra $1.490,80 / Venta $1.492,10.

Dólar tarjeta: Venta $1.878,50.

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