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Palabras claras con Adolfo del Cueto Aramburu: el futuro de la asesoría financiera

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En un momento en el que la incertidumbre económica convive con nuevas oportunidades de inversión, la asesoría financiera está entrando a una etapa de redefinición. Adolfo del Cueto Aramburu plantea que el futuro del sector ya no se sostiene únicamente en recomendar productos. Hoy, es acompañar decisiones, ordenar objetivos y construir estrategias con reglas entendibles, seguimiento continuo y criterios que resistan escenarios complejos.

Esta conversación sobre el porvenir de la asesoría financiera —con especial atención al mercado mexicano, el pulso latinoamericano y las señales que también llegan desde Estados Unidos— se enmarca en una idea sencilla: cuando el contexto se vuelve más retador, la claridad se vuelve más valiosa. Para del Cueto, ese valor se materializa en tres prioridades: educación financiera aplicadaasesoría basada en objetivos y gestión de riesgos con disciplina.

Una industria que está cambiando… y clientes que también cambiaron

La asesoría financiera se encuentra en una transición visible: la información se volvió abundante, las plataformas digitales multiplicaron opciones y el inversionista —desde el primerizo hasta el sofisticado— se acostumbró a comparar, cuestionar y exigir explicaciones más claras. Esto no elimina el rol del asesor; lo vuelve más relevante cuando hace bien su trabajo.

Adolfo del Cueto subraya que el cambio central está en la expectativa del cliente: hoy busca ordenmetodología y comunicación directa, no únicamente acceso. La asesoría financiera, en este nuevo estándar, debe demostrar que entiende el contexto (inflación, ciclos, volatilidad, tendencias sectoriales) pero, sobre todo, que sabe traducirlo en decisiones concretas: qué hacer, cuándo hacerlo y por qué.

En México, esta necesidad se intensifica porque conviven perfiles muy distintos: personas que apenas se acercan al ahorro formal, familias que desean proteger patrimonio, empresarios que requieren planeación y estructuras, y profesionistas que necesitan balancear metas con liquidez. En Latinoamérica, el reto es similar: mercados con oportunidades, pero con episodios de incertidumbre que exigen mayor preparación emocional y técnica.

Del “consejo” al acompañamiento: el asesor como traductor del riesgo

Del Cueto sostiene que el futuro de la asesoría se construye cuando el asesor deja de hablar en códigos y empieza a explicar con precisión: rendimiento esperado vs. riesgo, horizonte de tiempo, liquidez, diversificación, costos y supuestos. En la práctica, eso implica elevar el estándar de trabajo:

  • Diagnóstico real: objetivos, ingresos, obligaciones, tolerancia al riesgo y prioridades.
  • Planeación con etapas: corto, mediano y largo plazo; no todo se invierte igual.
  • Diversificación con lógica: evitar concentraciones por moda, emoción o urgencia.
  • Seguimiento constante: la estrategia no se “entrega”; se administra.
  • Reglas por escrito: criterios para ajustar, rebalancear o pausar decisiones.

El punto de fondo es que la asesoría financiera se está moviendo hacia un modelo más profesionalizado y menos improvisado. La disciplina es lo que separa la asesoría útil de la asesoría que solo tranquiliza en el corto plazo.

Tecnología: aliada, no sustituto

La tecnología ya es parte del día a día de la industria: análisis más rápido, acceso a mercados, portales de consulta, automatización de reportes y herramientas que facilitan el seguimiento. Sin embargo, del Cueto advierte que el futuro no es “asesor vs. tecnología”, sino asesor con tecnología.

La razón es sencilla: las herramientas procesan datos, pero la vida financiera de una persona o de una empresa tiene matices. Las decisiones relevantes (comprar una casa, vender un negocio, planear herencias, proteger liquidez, definir riesgo) necesitan criterio, contexto y comunicación. Se trata de usar lo digital para ser más eficiente, pero mantener lo humano para dar dirección.

En este panorama, la asesoría que crece será la que combine:

  • Procesos digitales (orden, trazabilidad, seguimiento).
  • Comunicación comprensible (sin tecnicismos innecesarios).
  • Planificación basada en metas (no en impulsos del mercado).

Confianza: el activo que define el futuro del sector

La asesoría financiera, por su naturaleza, descansa en un intangible: la confianza. Del Cueto plantea que, a futuro, la confianza ya no se ganará con promesas, sino con método y transparencia. En otras palabras: explicar cómo se toman decisiones, cómo se gestionan riesgos, qué costos existen y qué escenarios podrían afectar resultados.

Más que “vender tranquilidad”, el asesor debe demostrar que tiene un sistema para navegar:

  • Periodos de volatilidad.
  • Cambios en el ciclo económico.
  • Movimientos de tasas.
  • Tensiones geopolíticas y comerciales.
  • Riesgos de concentración y liquidez.

En México y LATAM, donde la confianza institucional y la experiencia financiera pueden variar mucho entre segmentos, el asesor tiene una responsabilidad adicional: educar sin condescendencia y proponer rutas realistas, evitando soluciones mágicas o “todo o nada”.

México como punto de oportunidad: asesoría para patrimonio y empresa

Del Cueto considera que el futuro de la asesoría financiera en México crecerá en dos grandes frentes:

  1. Personas y familias que quieren planificar sin improvisar: ahorro, inversión, protección, metas y sucesión patrimonial.
  2. Empresas y emprendedores que necesitan ordenar finanzas, gestionar liquidez y tomar decisiones estratégicas con visión de largo plazo.

En ambos casos, se necesita primero estructura y después crecimiento. Primero liquidez y protección, luego expansión. Primero orden, luego sofisticación.

Este enfoque también ayuda a combatir un problema frecuente: tomar decisiones desde el ruido del corto plazo. Cuando el mercado se mueve, es fácil reaccionar tarde o desde el miedo.

Lo que también enseña Estados Unidos: señales, ciclos y hábitos de disciplina

El entorno estadounidense suele marcar tendencias por tamaño de mercado, innovación financiera y sensibilidad del capital a cambios económicos. Sin entrar en cifras ni afirmaciones específicas, del Cueto retoma una lección general: los ciclos cambian, pero la disciplina permanece.

Cuando el dinero se vuelve más selectivo, cuando el mercado se vuelve más exigente o cuando la volatilidad se intensifica, la diferencia está en cómo se estructura el portafolio y cómo se administra el riesgo. Ese aprendizaje sirve para México y LATAM: no se trata de adivinar el futuro, sino de construir estrategias que no dependan de un solo escenario.

Un nuevo estándar: claridad, ética operativa y visión de largo plazo

Para Del Cueto, el futuro de la asesoría financiera se define por un estándar simple: el cliente debe poder entender lo esencial sin perder rigor. Eso incluye:

  • Explicaciones claras sobre riesgos y costos.
  • Estrategias alineadas a objetivos, no a impulsos.
  • Seguimiento y comunicación continua.
  • Planeación patrimonial con orden y realismo.
  • Criterios de decisión documentados y consistentes.

La asesoría deja de ser un evento y se convierte en un proceso. Y ese proceso es el que permite tomar mejores decisiones cuando el entorno se vuelve incierto.

Sobre Adolfo del Cueto Aramburu

Adolfo del Cueto Aramburu participa en la conversación pública sobre economía, inversión y asesoría financiera con un enfoque centrado en claridaddisciplina y gestión responsable del riesgo. Su planteamiento sobre el futuro del sector se resume en una idea: la asesoría valiosa es la que acompaña, explica y construye estrategia, en lugar de prometer atajos.

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Misiones amplía el financiamiento para Pymes

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El Gobierno de Misiones, a través del Fondo de Garantía Misiones (FOGAMI), puso en marcha una nueva herramienta financiera destinada a fortalecer el acceso al crédito para pequeñas y medianas empresas, mediante la incorporación del segmento de Garantías Bursátiles.

La operatoria permite realizar el descuento de documentos avalados en el mercado de capitales, facilitando a las empresas la posibilidad de anticipar el cobro de sus ventas con mayor agilidad y a tasas más competitivas que las disponibles en el sistema bancario tradicional.

Desde el organismo destacaron que se trata de un hito en la evolución del FOGAMI, que recientemente amplió su alcance hacia el mercado bursátil, consolidando una nueva etapa en la estructura de financiamiento provincial. En ese sentido, esta herramienta amplía las posibilidades de desarrollo de la economía misionera al diversificar las fuentes de crédito disponibles para el sector productivo.

La primera operación concretada bajo esta modalidad permitió a una pyme acceder a financiamiento de manera rápida y a una tasa diferencial, validando el funcionamiento del instrumento y su potencial para mejorar las condiciones de acceso al crédito.

La incorporación de las Garantías Bursátiles se enmarca en una estrategia orientada a fortalecer el entramado productivo, promoviendo mecanismos más eficientes de financiamiento y facilitando la vinculación de las empresas misioneras con el mercado de capitales.

Para más información sobre esta herramienta, se puede consultar en: fogami.com.ar/garantias-bursatiles/

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Los bancos argentinos ya resuelven hasta el 60% de las consultas sin intervención humana

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En un escenario donde los bancos argentinos enfrentan una creciente demanda de atención con estructuras limitadas, la inteligencia artificial dejó de ser una promesa para convertirse en una solución concreta. Hoy, plataformas conversacionales impulsadas por IA ya permiten resolver hasta el 60% de las consultas bancarias sin intervención humana, según datos de Infobip.

El fenómeno se da en paralelo a un cambio estructural en la forma en que las personas se comunican con las empresas. De acuerdo con el Messaging Trends Report 2026 de Infobip, basado en 628 mil millones de interacciones móviles durante 2025, casi el 98% del tráfico global ya ocurre a través de múltiples canales, confirmando el paso definitivo hacia experiencias omnicanal impulsadas por inteligencia artificial.

En América Latina, y particularmente en Argentina, uno de los mercados con mayor penetración de mensajería móvil, el cambio es contundente. Según el informe, WhatsApp se consolida como el canal dominante de interacción entre usuarios y empresas y ya es utilizado por más del 80% de la población conectada en el país, mientras que en sectores como banca y fintech el uso de canales de mensajería creció un 54% en el último año. 

Este avance no es solo de adopción, sino también de comportamiento: hoy el 82% de los usuarios abre todos los mensajes que recibe, 4 de cada 10 responde en menos de cinco minutos y el 59% percibe que obtiene respuestas más rápidas a través de mensajería, consolidándola como el canal más eficiente para la atención financiera.

Consultas como estado de cuenta, movimientos, transferencias, activación de tarjetas o recuperación de claves, históricamente gestionadas por call centers, están siendo absorbidas por chatbots inteligentes que operan 24/7, reduciendo tiempos de espera y costos operativos.

“El gran cambio no es solo tecnológico, sino estratégico: la IA permite escalar la atención sin escalar costos en la misma proporción. En un contexto como el argentino, donde la eficiencia es clave, esto se vuelve crítico para el negocio”, explica Janeth Rodríguez, VP Revenue Latam de Infobip.

“El usuario ya no está dispuesto a esperar ni a repetir su problema varias veces a distintos agentes. Quiere inmediatez, personalización y continuidad. La IA conversacional permite resolver eso integrando canales, datos y contexto en una sola interacción”, agrega Rodríguez.

El avance de estas tecnologías no implica la desaparición del factor humano, sino una redistribución del trabajo. Hoy, la IA conversacional en banca ya puede gestionar de forma autónoma consultas de saldo y movimientos, estado y bloqueo de tarjetas, transferencias simples, información de productos y recuperación de accesos.

Esto permite que los equipos humanos se enfoquen en casos de mayor complejidad, como fraudes, asesoramiento financiero o retención de clientes, donde la intervención humana sigue siendo clave.

En paralelo, el informe de Infobip también muestra una evolución hacia experiencias cada vez más contextuales y continuas. La nueva generación de soluciones, basada en IA agéntica, integra canales, datos y contexto en tiempo real, eliminando uno de los principales puntos de fricción actuales: las derivaciones innecesarias y la repetición de información por parte del usuario.

“La nueva generación de soluciones no responde con scripts rígidos. Aprende del negocio, del historial del cliente y del contexto de cada interacción. Eso permite ofrecer respuestas coherentes con la marca y mucho más efectivas y empáticas”, concluye la ejecutiva.

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El mercado cambiario cerró con un dólar a US$1.377 y riesgo país en alza

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El mercado cambiario argentino cerró la jornada de este lunes 20 de abril con señales mixtas, en un contexto atravesado por tensiones entre la estrategia oficial de anclar expectativas inflacionarias y la necesidad de fortalecer reservas. La dinámica del día dejó en evidencia un escenario todavía frágil, donde las distintas cotizaciones del dólar tuvieron leves aumentos.

¿A cuánto cotizó el dólar hoy?

En el segmento oficial, el tipo de cambio mayorista volvió a registrar una leve suba (+0,92%) y se acercó a la zona de los $1.377, consolidando una tendencia alcista en las últimas ruedas.

Sin embargo, aún se mantiene por debajo del techo de la banda de flotación establecida por el Gobierno, que hoy se ubica en $1.687,7, lo que refleja cierto margen de intervención implícita dentro del esquema vigente.

Este movimiento se da en paralelo a la estrategia del Banco Central de la República Argentina (BCRA) de continuar comprando divisas para reforzar reservas, en un momento clave marcado por la liquidación de exportaciones del agro, que suele aportar mayor oferta de dólares en el mercado. Hoy, 20 de abril, el BCRA compró otros 131 millones de dólares en el mercado cambiario.

La estacionalidad de la cosecha gruesa, de hecho, aparece como uno de los factores que explican la relativa calma cambiaria de las últimas semanas.

Por su parte, el dólar blue mostró una dinámica más dispar, con variaciones acotadas y sin una tendencia clara, lo que sugiere una menor presión en el mercado informal. La cotización no tuvo modificaciones y sigue en $1.410.

En tanto, los dólares financieros —MEP y contado con liquidación— operaron con oscilaciones, reflejando la cautela de los inversores frente a un escenario global incierto y a la evolución de las variables domésticas. El dólar MEP cerró en $1.414,73 y el CCL, en $1.456,37, la única cotización de verdes que cayó en la rueda (-0,4%).

El riesgo país volvió a subir

En los mercados financieros, el riesgo país tuvo un repunte de 7 puntos, lo que dejó como resultado una prima de 526 puntos básicos.

Esta es una señal que reflejan cierta desconfianza de los inversores. Esto se da en un contexto en el que el Gobierno nacional acaba de negociar un préstamo de US$2.000 millones con el Banco Mundial y una garantía de US$500 millones con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El contexto internacional no ayuda. Ayer, volvió a calentarse el continuo conflicto en el Estrecho de Ormuz, que ya está por cumplir dos meses y como resultado solo hubo muertos y aumento de precios de materias primas clave. El petróleo volvió a subir en los últimos días, hoy los contratos futuros del Brent cotizan a más de US$95 y los del WTI, a US$87.

El cierre cambiario de hoy dejó una foto de relativa estabilidad, pero con señales de alerta. La evolución de las reservas, el ingreso de divisas del agro y el contexto internacional serán claves para definir el próximo capítulo de la dinámica cambiaria.

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Argentina en loop: el mito del eterno retorno

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Si alguien quisiera explicar la economía argentina sin tecnicismos, podría hacerlo con una sola imagen: estamos atrapados en “El Día de la Marmota”. Como en la famosa película de Hollywood, nos despertamos, una y otra vez, en el mismo día. Cambian los nombres, cambian los discursos, pero el resultado es idéntico: deuda, ajuste e inflación.

El libreto no es nuevo. Lo escribió José Alfredo Martínez de Hoz, durante la dictadura cívico-militar, cuando la deuda externa pasó de 7.000 millones de dólares en 1976 a más de 45.000 millones en 1983. No fue un desvío: fue un programa. Como reconocería años después el propio Banco Central, gran parte de ese endeudamiento terminó financiando la fuga de capitales.

Ese modelo no murió. Lo perfeccionó Domingo Cavallo en los 90. Entre 1991 y 2001, la deuda pasó de 65.000 millones a más de 145.000 millones de dólares, en paralelo a privatizaciones masivas. El Fondo Monetario Internacional sostuvo el esquema hasta el colapso y después habló de “fallas”.

Otra vez: primero legitiman el modelo, después reconocen el desastre.

Y sin embargo, acá estamos de nuevo.

Con Luis Caputo, el ciclo no solo vuelve: acelera. El préstamo récord del FMI en 2018 —57.000 millones de dólares— terminó, según el propio organismo, financiando en gran medida la salida de capitales. Entre 2016 y 2019, se fugaron más de 80.000 millones de dólares.

Pero hay algo más constante que la deuda.

El discurso.

Porque en cada ciclo hay una promesa que vuelve como un mantra. Antes fue la “estabilidad para siempre”. Después, la “confianza de los mercados”. Hoy, se repite la misma escena, la famosa “luz al final del túnel”.

O, en versión más aggiornada, lo que dijo Luis Caputo ante empresarios en la reunión de AmCham (American Chamber of Commerce) Argentina: que se vienen “los mejores meses de la historia”.

Siempre es lo mismo: el sacrificio es ahora, el bienestar viene después.

El problema es que ese “después” nunca llega para la mayoría.

Porque mientras se promete futuro, los datos del presente son contundentes:

2018: 47,6% de inflación tras la devaluación.

2019: 53,8%.

2023: más de 200% anual.

La CEPAL lo viene señalando: en economías como la argentina, la inflación está atada a la restricción externa y al tipo de cambio. Es decir, al mismo esquema de deuda y dependencia.

Primero entra la deuda.

Después la presión sobre el dólar.

Después la devaluación.

Y finalmente, la inflación.

Mientras tanto, el salario pierde. Más de 20% de caída real entre 2016 y 2019 y, en la etapa reciente el deterioro se profundiza: desde la asunción de Javier Milei, el salario real registrado acumuló una caída, en promedio, cercana al 25%, tras un derrumbe inicial mucho más brusco luego de la devaluación de diciembre.

En paralelo, las jubilaciones fueron directamente el “ancla” del ajuste: según el CEPA (Centro de Economía Política Argentina), los haberes acumulan una pérdida del 27,4% en términos reales desde el cambio de fórmula aplicado a fines de 2023, convirtiéndose en uno de los principales mecanismos para alcanzar el superávit fiscal.

Como explicaba Aldo Ferrer, el problema histórico es la falta de dólares. Pero este modelo no la resuelve: la profundiza.

Ahí es donde el eterno retorno deja de ser metáfora. Como planteaba Friedrich Nietzsche, la pregunta no es si todo vuelve, sino por qué aceptamos que vuelva.

Porque en cada ciclo hay ganadores:

Los que hacen negocios con la deuda.

Los que fugan a tiempo.

Los que compran barato después de la crisis.

Y perdedores:

Trabajadores y jubilados que pagan la inflación.

El Estado que hereda la deuda.

La sociedad que soporta el ajuste.

No es mala suerte. Es un modelo.

Y también es un relato que se repite.

Siempre hay un túnel.

Siempre hay una luz.

Siempre hay “los mejores meses por venir”.

Pero del otro lado, una y otra vez, aparece lo mismo:

Más deuda.

Más inflación.

Más desigualdad.

Romper ese ciclo no es técnico. Es político.

Implica dejar de discutir promesas y empezar a discutir intereses.

Implica preguntarse quién gana con este esquema y quién pierde.

Implica, en definitiva, dejar de creer que esta vez es distinto.

Porque si no, lo que viene no es sorpresa.

Es rutina.

Despertarse otra vez.

Escuchar la misma promesa.

Y volver a vivir el mismo final.

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