FRONTERA JESUITA

Darío Bruera sobre los precios de la yerba: “Tocamos fondo”

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Andresito es un terreno clave para evaluar la situación de la yerba mate. Cuando hay buenos precios, el pueblo florece. Cuando no, como ahora, hay una rápida depresión. Esta vez, mucho más acelerada que en la década de los 90, la última etapa desregulada hasta antes de la llegada de Javier Milei a la presidencia. El anarcolibertario ganó en Andresito, con solvencia. Por eso las palabras de Darío Bruera toman otra dimensión: “Tocamos fondo”, dice al referirse a la crisis de precios que atraviesa la producción de yerba mate. 

El presidente de la Federecación de Asociaciones Rurales y Forestales de Misiones no esquiva la definición: “Estamos en el peor momento que se puede estar, creo que tocamos fondo”.

La frase sintetiza una crisis que combina múltiples factores. Por un lado, la sobreoferta acumulada tras años de expansión de plantaciones. Por otro, una sequía severa -con precipitaciones que apenas alcanzaron el 10% de lo normal en el primer trimestre- que compromete la producción futura. 

A eso se suma un deterioro económico que impidió a muchos productores realizar tareas básicas como la limpieza de los yerbales.

El resultado es un sistema tensionado en todos sus eslabones. Secaderos que no arrancan, cooperativas con stock acumulado, cuadrillas sin trabajo y precios que no cubren costos operativos. “No dan los números”, repite, como una síntesis que atraviesa toda la cadena.

Sin embargo, el análisis de Bruera, entrevistado en Frontera Jesuita, que conduce Carlos Vedoya Recio, no elude la responsabilidad. Lejos de atribuir la crisis exclusivamente a decisiones políticas, plantea una autocrítica poco habitual en el discurso sectorial. “El principal responsable es el productor”, sostiene, en una afirmación que incomoda pero abre el debate.

La explicación remite a un comportamiento clásico de los ciclos productivos: cuando una actividad es rentable, la inversión se concentra allí hasta saturar el mercado. “Nadie me obligó a plantar yerba. Fue una decisión de negocio”, señala, comparando la lógica con una apuesta que deja de ser favorable cuando cambia el contexto.

En paralelo, el dirigente observa un posible reacomodamiento del mercado. La menor cosecha, sumada al consumo sostenido, podría generar una suba de precios hacia el segundo semestre. Pero ese ajuste llegará con costos: pérdida de producción, productores fuera del sistema y una reconfiguración del mapa yerbatero.

El trasfondo de la entrevista también deja ver otra dimensión: la del dirigente rural como actor político. Bruera reivindica la necesidad de que el productor “salte la tranquera” y participe en los espacios de decisión, en un país donde -según plantea- el sector agropecuario no siempre tiene el peso político que corresponde a su relevancia económica.

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Agricultura de precisión: tecnología, datos y sustentabilidad en las chacras de Misiones

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En medio de una transformación silenciosa pero profunda del agro, la tecnología empieza a marcar el pulso de una nueva forma de producir. Ya no se trata sólo de maquinaria más potente o de mayor escala, sino de precisión, datos y decisiones inteligentes. En ese escenario, la voz de Gustavo Rohde, entrevistado en el programa Frontera Jesuita que conduce Carlos Vedoya Recio, aporta una mirada concreta desde el terreno: la revolución ya está en marcha y tiene nombre propio: Lory está probando en una chacra modelo de Oberá, tractores con Inteligencia Artificial y tecnología de precisión para la yerba mate.

Rohde describe un ecosistema tecnológico que avanza sobre los sistemas productivos tradicionales con una promesa clara: producir más, con menos. “Vamos a estar presentando el uso del piloto automático en conjunto con estudios de altimetría”, explicó el especialista en Soluciones Conectadas, en referencia a las demostraciones que realizan junto a Agronorte en la chacra experimental.

Detrás de esa definición técnica hay un cambio de paradigma. El piloto automático en maquinaria agrícola -una tecnología que hasta hace pocos años parecía lejana para economías regionales como la yerbatera- ya opera en los campos del Litoral. 

El sistema combina hardware y software: receptores de geoposicionamiento, monitores de control y volantes eléctricos que guían al tractor con precisión milimétrica sobre líneas previamente diseñadas.

La lógica es simple, pero su impacto es profundo. Al evitar solapamientos en la siembra o aplicación de insumos, se optimiza el uso de fertilizantes y agroquímicos, reduciendo costos y mejorando la rentabilidad. Pero también hay un componente estructural: “El piloto automático evita el solapamiento y permite generar líneas perfectamente separadas, que incluso pueden reutilizarse durante varios años”, señaló Rohde.

La repetición de trayectorias controladas disminuye la compactación del suelo, uno de los principales factores que afectan el desarrollo radicular de los cultivos. “Con la compactación no le permitimos a la planta generar raíces, y eso impacta directamente en el crecimiento y la producción”, explicó.

Pero la innovación no se detiene en la guía automatizada. El paquete tecnológico incluye sensores, plataformas de gestión de datos y sistemas de aplicación variable. A través de herramientas como Operation Center, los productores pueden monitorear en tiempo real el rendimiento de sus lotes, analizar mapas de cosecha y ajustar la dosis de insumos según la variabilidad del terreno.

En otras palabras, el campo deja de ser uniforme para convertirse en un mosaico de decisiones específicas. “Toda la información se carga en una plataforma donde puedo ver mi unidad, el trabajo realizado, los datos de productividad y generar prescripciones de aplicación variable”, detalló.

El impacto económico es inmediato, pero el ambiental también. La agricultura de precisión permite reducir el uso excesivo de insumos y mejorar la gestión del agua, un recurso cada vez más crítico. 

Rohde lo plantea con claridad: la tecnología también ayuda a interpretar cómo se comporta el agua en el terreno y a diseñar estrategias como curvas de nivel para evitar el escurrimiento y la pérdida de nutrientes.

En ese punto aparece una dimensión clave: la sustentabilidad. La precisión no solo optimiza la rentabilidad, sino que protege el suelo, reduce el impacto ambiental y mejora la resiliencia de los sistemas productivos frente a eventos climáticos extremos.

Lejos de reemplazar al trabajador rural, estas herramientas redefinen su rol. El operario deja de ser un ejecutor manual para convertirse en un gestor de información y planificación. “Se alivia el trabajo del operario, pero aparece una tarea más técnica: conocer el terreno y decidir cómo plantar”, explicó Rohde.

Incluso la accesibilidad tecnológica se amplía. Uno de los aspectos más valorados es la adaptabilidad: estos sistemas pueden instalarse en distintos tipos de tractores y trasladarse entre equipos según la necesidad del productor, lo que democratiza su adopción en distintas escalas productivas.

En definitiva, lo que se está gestando en los campos del Litoral no es solo una modernización, sino una reconfiguración integral del modelo productivo. La agricultura de precisión, impulsada por inteligencia artificial y análisis de datos, empieza a consolidarse como una herramienta clave para enfrentar los desafíos de costos, productividad y sostenibilidad.

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Cuatro familias de Misiones vendieron sus primeros lotes de yerba orgánica a Guayakí

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(Frontera Jesuita) Por primera vez en la historia, la multinacional Guayakí certificó y compró yerba orgánica a cuatro familias productoras argentinas. Más sombra, más monte y más suelo, equidad certificada, para más bebidas energéticas con base a yerba mate.

Todos en Misiones, Karen Noll y Sebastián Zamolinski, de Cerro Moreno; Cintia Meyer y Andrés Álvarez, de Aristóbulo del Valle; Marina Parra y Fernando Puzzo, de Salto Encantado, -tres familias, integrantes de Somos Red-, junto a Mariano Chudi, de Wanda, se convirtieron -por el momento- en los cuatro primeros y únicos proveedores en el país de la empresa con sede en California, Estados Unidos, reconocida por ser pionera en la elaboración de bebidas saborizadas y energéticas con base a yerba mate. Todos certificaron Ecoforest y Comercio Justo, de un año a esta parte.

Karen y Sebastián levantaron sólo 20 mil kilos en lotes de 7 hectáreas en la reciente cosecha en “plantas en recuperación“. Sólo 20 mil, porque el resto del potencial -promedio de 5 mil kilos por hectárea, unos 35 mil kilos en todo el yerbal- se lo llevó la seca de los varios años previos que afectaron a la región (y lo sigue haciendo). Despacio: plantas en proceso de regeneración.

Trabajan una chacra agroecológica con yerbales de 30 años -herencia familiar- que transita del modelo convencional al agroecológico y que, por condición de Guayakí -acaso del amor propio-, “es elemental que tengan entre 40 y 50% de sombra”, dice Karen (que los sábados -como si fuera- atiende en la feria franca de Aristóbulo del Valle desde donde se hizo un ratito para charlar con Frontera Jesuita).

La noticia es buena porque Guayaki, tiene sus propios lotes de producción bajo sombra -al amparo del monte- en Andresito, la región con los mayores rindes yerbateros del país. Sin embargo, entre 2022 y 2023 confió en acopiar materias primas de productores proveedores, -productoras proveedoras-, previa certificación orgánica (e, incluso, ya les envió paquetes con su propia yerba estacionada y molida).

  • ¿Cuándo obtuvieron la certificación orgánica? Karen, -pero también Cintia y Marina-, obtuvieron el sello ECOCert un año atrás tras implementar requisitos integrales de carácter ambiental, social, laboral y de gestión de cada uno de los predios. “La obtuvimos en conjunto desde Somos Red en el marco de un contrato que celebramos con la empresa. Hay otras familias que integran el grupo también y están en proceso de sumarse a la certificación“, adelantó Karen.

Guayaki -Sistema B fundada por el argentino Alex Pryor en 1996 junto a cuatro socios en Estados Unidos- basa su modelo empresarial y de gestión en la equidad social y la salud ambiental tanto para el abastecimiento de materia prima, como para la elaboración y la comercialización de bebidas energizantes y otros productos derivados de la yerba mate en Estados Unidos y Canadá.

En cada una de esas etapas hay decisiones que potencian el diferencial de marca. En la génesis de la cadena, el diferencial consiste en producir yerba bajo sombra, uno de los criterios fundamentales en la certificación. Y allí aparecen las mujeres.

“No es común: es una actividad fuertemente masculinizada. Aún la mayoría de los productores registrados son los varones de las familias aunque en todas las etapas de la cadena de valor de la yerba mate, y en especial en las primarias hay mujeres porque en la chacra las tareas las lleva adelante toda la familia. Se está volviendo más frecuente que las mujeres participemos de las decisiones, y formalicemos nuestro trabajo y nuestro aporte porque hay más legislación que promueve este cambio y nos garantiza ese derecho, pero además hay muchos programas de fomento y financiamiento estatal e internacional con perspectiva de género lo cual tracciona, visibiliza y fortalece la participación de las mujeres”, señala Marina Parra.

“Nuestra yerba no es plantación nueva, sino que tiene un promedio de entre 30 y 35 años”, dijo Karen. La chacra familiar agroecológica que cultiva en familia está en Cerro Moreno, municipio de Salto Encantado. “Nos costó bastante lograr una planta sana y productiva. Se venía trabajando de manera convencional y con exceso de poda en las plantas lo que complicaba para que la planta se recupere”.

Salvo el té, Karen y Sebastián trabajan la totalidad de la chacra bajo parámetros agroecológicos. Salvo el té, insiste, -fitosanitarios mediante- ingresar en lo orgánico con el yerbal no fue complicado, postergando aplicaciones de soluciones químicas. El manejo, así las cosas, es “mucho más manual y artesanal” pero los árboles lo valen.

“El mate es una compañía cotidiana y es la infusión infaltable en cualquier momento social, de encuentro, de intercambio. El mate es compartir. Es parte de nuestra identidad ancestral. Pero además es un gran alimento al que se le adjudican múltiples propiedades nutricionales y medicinales”, dijo Marina Parra, parte del consorcio Somos Red, y ahora también, proveedora de Guayaki desde sus chacras de Salto Encantado.

“Lamentablemente desde hace años se ha extendido de modo alarmante el uso de herbicidas y fertilizantes en los yerbales, y que por falta de prácticas de conservación y cuidado de los suelos y de la biodiversidad se han erosionado y empobrecido. Por eso decidimos dar un impulso con nuestras producciones a un cambio de enfoque en el manejo de yerbales incorporando árboles nativos para sombreado, mayor biodiversidad en cortinas forestales, polinizadores, cubiertas verdes y bioinsumos agroecológicos. Porque queremos tomar un mate sano!”, señaló Parra.

Según Noll, Parra y Meyer -las mujeres proveedoras de Guayaki-, hay más iniciativas de carácter asociativo que buscan generar mejores oportunidades y “mejor distribución de las ganancias” que se logran con “relaciones de trato y precio justo”, dicen. “Eso es algo que los grandes secaderos no garantizan y por ello las y los productores -toda vez que podemos y que logramos generar condiciones- buscamos fortalecer la autonomía y acercar a las y los consumidores productos más sanos y a mejor precio”, aseguraron las productoras yerbateras.

Y, casi como un manifiesto, advierten que los yerbales con manejo agroecológico son más resilientes (se adaptan mejor) a los escenarios de cambio climático “que ya se viven, por ello es muy importante hacer esta transición hacia la sustentabilidad ambiental lo más pronto posible”.

La ecuación, la fórmula, el método, -huella de Somos Red- convenció a Guayaki de invertir en yerba mate bajo sombra de árboles nativos que enriquecen los cultivos con biodiversidad, suelos -con coberturas verdes todo el año- “que sostienen la vida y la fertilidad de la tierra”, que son las mismas cosas.

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Se viene Cordero Misiones, un día para acompañar a la producción ovina local

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Está en marcha Cordero Misiones, -una iniciativa del Instituto de Fomento Agropecuario e Industrial (IFAI) del Gobierno de Misiones-, para acompañar al sector ovino del sur provincial y estimular el consumo local de carne misionera.

El 8 de diciembre próximo, seis restaurantes alineados en red en Posadas, incluirán en sus habituales cartas de atención al público, una serie de platos exclusivamente pensado para aportar más valor a la producción local y recibir a los turistas con cocina misionera en el último fin de semana largo del año.

En un evento inaudito, -el primero de su tipo en la región- El Rancho, Generación Y, La Cacerola, La
Querencia, La Ruedita y Rustic ofrecerán durante todo el día menúes con carne adquirida a productores de las localidades de Candelaria, Cerro Azul, Cerro Corá, Fachinal, Garupá, San José, Santa Ana y Profundidad.

“La participación del Estado es clave para acercar la distancia entre todos los eslabones de la cadena de valor”, dice Roque Gervasoni, presidente del IFAI. “Buscamos desarrollar canales de comercialización para los productores, visibilizar y contribuir con más valor gracias al trabajo original de los cocineros, y atender los requerimientos de los vecinos y turistas que valoran el consumo local de productos misioneros”, agrega Gervasoni.

El Estado misionero articula la agenda del sector público y privado. Garantiza la inocuidad de la carne al financiar la trazabilidad del producto, desde las chacras al frigorífico, desde el costo de la faena al inventario del stock y depósito en cámaras de frío, hasta la distribución y reparto final a los restós en red.

El objetivo, carne fresca dentro de los parámetros de calidad para una jornada histórica.
“Convocamos a las instituciones para que, a través de sus registros oficiales, puedan incluir a
todos los productores interesados en participar”, explica Gervasoni.

“Mantenemos diálogo con los dirigentes de la Cuenca Ovino-Caprina, la Sociedad Rural de Misiones (SRM), y la Sociedad Rural Ovina, Caprina, Equina y Porcina de Misiones (SROCEP)”, aseguró.

“Por el otro lado -señala el presidente del IFAI- convocamos a los restaurantes tradicionales para conocer su visión y ofrecerles asistencia. Encontramos mucho compromiso para acompañar la producción de Misiones”.

Los restós en red -bajo la coordinación de Frontera Jesuita- estiman conformar una carta colectiva para todos los gustos, con no menos de 12 opciones para comer cordero misionero, entre pastas rellenas, ragú, hamburguesas, empanadas y la clásica opción a la estaca.

Según datos oficiales del Ministerio del Agro y la Producción de Misiones, existen unos 850 productores ovinos registrados y unos 500 productores de caprinos en todo el territorio provincial. El stock de 2022 alcanzaría las 23 mil cabezas de ovinos y 5000 de caprinos, una actividad que crece.

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