GIORGIO ARMANI

Jonathan Bailey, el nuevo embajador global de I Will de Giorgio Armani

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No es novedad que el actor británico ha construido su carrera a fuerza de talento y constancia: pasando de distintos escenarios teatrales y variedad de personajes hasta llegar a ser hoy uno de los nombres más versátiles de su generación. Del vizconde Anthony Bridgerton, el papel que lo instaló en la conversación global, a Fiyero en Wicked y Wicked: For Good, pasando por Fellow Travelers y Jurassic World: El renacerJonathan Bailey se convirtió en 2025 en el actor más taquillero del año sin dejar nunca el registro que lo formó: el de la disciplina silenciosa de quien elige seguir perfeccionando su trabajo.

Esta idea de como el logro que no depende de la suerte sino de la voluntad sostenida en el tiempo es también la que Giorgio Armani elige ahora para presentar a su nuevo embajador global de fragancias. Bailey encabeza la campaña de I Will, la nueva fragancia masculina de la maison, dirigida por el cineasta Todd Field (seis veces nominado al Oscar) en un film que retrata a un artista que se despoja del ruido de la fama para volver a lo esencial: la práctica, la paciencia, el compromiso con el propio propósito.

“Armani te permite ser libre, curioso y hasta coqueto, todo envuelto en una elegancia silenciosa.” expresa Jonathan Bailey, en una entrevista exclusiva para la marca. “Para mí, las fragancias actúan como un hilo conductor hacia momentos, personas, lugares y recuerdos. Son la forma de dejar la impronta de una persona. I Will es memorable sin ser avasallante, Deja una impresión de confianza y sofisticación, pero de una manera que se siente natural, sin esfuerzo.” analiza el actor británico.

¿Cómo es I Will, la nueva fragancia de Giorgio Armani?

Ese mismo criterio de tiempo y perseverancia definió la creación de I Will puertas adentro. Los maestros perfumistas Alberto Morillas y Nathalie Lorson trabajaron durante cuatro años y más de 2.800 pruebas para dar con una fórmula que reinterpreta un material históricamente asociado a lo femenino: la vainilla, para así llevarlo a un terreno inexplorado dentro del universo masculino de Armani.

El resultado es una vainilla Bourbon de Madagascar despojada de su faceta golosa, confrontada con Woodleather, una molécula cautiva de cuero amaderado que le aporta densidad, tensión y una proyección inusual. Los maestros perfumistas la definen como una de las materias primas más singulares de su paleta: “no es solo una nota de cuero, es una intensidad amaderada con múltiples facetas”. Alrededor de ese eje vainilla-cuero, la apertura de bergamota de Calabria, lavanda y cardamomo aporta el contraste de luz que Lorson y Morillas buscaban antes de que la fragancia se asiente en su base de doble pachulí.

I Will, una línea que se presenta rodeada de grandes figuras

Jonathan Bailey no es el único nombre que este año amplía la familia de Armani Beauty. Junto a él, la música y el deporte también encontraron representantes propios dentro de la casa: el cantante colombiano J Balvin y el piloto de Fórmula 1 Carlos Sainz se sumaron a la comunidad global de embajadores, reforzando un mismo espíritu —el de la disciplina y la voluntad como motor de una carrera— desde otros escenarios.

Ese encuentro tuvo su escenario en el Festival de Cine de Venecia, donde Armani Beauty cumplió su noveno año consecutivo como Patrocinador Oficial de Belleza. Allí, en el Armani Cinema Club, la marca reunió a su comunidad de figuras globales en torno al cine, la moda, la música y el deporte, donde reservo una noche especial para presentar en sociedad a I Will: una proyección privada del film de campaña dirigido por Todd Field, con la presencia de Bailey.

Sobre esa idea de historia y comunidad, el propio actor reflexionó frente a la marca: “tiene que ver con la naturaleza misma de la experiencia compartida, de reunir a la gente”, dijo Bailey sobre el poder del cine para conectar a las personas —la misma lógica que también atraviesa a I Will.

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Lecciones de la sucesión de Giorgio Armani

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Por Leonardo J. Glikin. Autor de Pensar la Herencia. Introductor de la Planificación Sucesoria en los países de habla hispana. La semana pasada murió Giorgio Armani, el diseñador que durante más de medio siglo vistió a actores, empresarios y personalidades de todo el planeta con un estilo sobrio y elegante, sin estridencias pero cargado de identidad. Su partida conmocionó al mundo de la moda, pero también dejó al descubierto un aspecto menos visible de su genialidad: su plan de sucesión.

En vida, Armani había organizado cuidadosamente la continuidad de su imperio. No se limitó a diseñar trajes o perfumes: diseñó también el futuro de la obra que lo sobreviviría. Esa decisión, hoy palpable tras su muerte, es una lección que no deberían ignorar ni las grandes fortunas ni los patrimonios más modestos.

La sucesión como parte de la obra

El plan de sucesión de Armani fue concebido como un entramado de estructuras jurídicas y reglas claras, destinado a garantizar la continuidad de la marca más allá de su fundador. En lugar de dejar que el destino o los tribunales decidieran, él eligió a parientes y colaboradores de máxima confianza para custodiar la identidad de su legado.

Su mensaje es tan potente como sencillo: no alcanza con crear, también hay que preparar lo creado para sobrevivir a uno mismo. Lo que muchos consideran un tema lejano o incómodo, Armani lo convirtió en una pieza más de su proyecto vital.

“El más acá” de la herencia

En mi libro Pensar la Herencia escribí: “la planificación sucesoria no es un asunto del más allá, es un asunto del ‘más acá’, y nos incumbe a todos”. La muerte de Armani vuelve esa frase una evidencia.

El error más común de quienes poseen un patrimonio es postergar las decisiones. Mientras el titular está presente, todo parece funcionar; pero la enfermedad, la incapacidad o la muerte irrumpen sin aviso, y entonces los herederos se ven obligados a resolver de urgencia lo que debió haberse previsto.

Armani, al contrario, mostró que planificar en vida es un acto de lucidez y de responsabilidad hacia los demás.

Tres enseñanzas prácticas de Armani

1. La sucesión empieza en vida. Armani la diseñó antes de perder protagonismo, consciente de que era él quien debía dar forma a la transición.

2. El futuro no se deja al azar. Las reglas deben estar escritas: quién decide, cómo se toman las resoluciones, qué rol ocupa cada heredero o colaborador.

3. El legado es identidad. Lo que trasciende no es solo lo material, sino un estilo, unos valores, una cultura que merecen preservarse.

Más allá de la moda: un llamado a cada familia

La sucesión no es un asunto exclusivo de grandes diseñadores o empresarios globales. También una pyme, un departamento en alquiler o una pequeña empresa familiar necesitan un plan. La pregunta no es cuántos bienes se poseen, sino qué destino queremos darles.

¿Queremos que lo construido se transforme en motivo de unión o de disputa? ¿Será un punto de partida para las nuevas generaciones o un campo de batalla judicial? Cada persona, cada familia, debería reflexionar a tiempo. Armani lo hizo, y su obra seguirá vigente gracias a ello.

La elegancia de planificar

Giorgio Armani entendió que la verdadera elegancia no está solo en vestir bien, sino en preparar con dignidad la propia sucesión. Su muerte la semana pasada nos recuerda que ninguno de nosotros es eterno, pero que sí podemos dejar huellas perdurables.

La pregunta principal ya no es qué hizo Armani con su patrimonio, sino qué haremos nosotros con el nuestro. Y la respuesta no debe postergarse. Porque planificar la herencia no significa hablar de muerte, sino de vida: es construir un puente entre lo que hemos logrado y lo que soñamos que perdure.

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Valentina Ferrari by Giorgio Armani

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Para Valentina Ferrari, ese instante tenía la densidad de una vida entera. La música comenzaba a sonar, el murmullo de los invitados se deshacía en un silencio expectante y, desde detrás del telón, Valentina respiró profundo. No era un desfile más: era el desfile. El de la primera línea de Giorgio Armani. Y ella no solo estaba allí. Abría la pasarela.

Valentina nació y creció en Oberá, Misiones. Allá, donde el monte verde se mezcla con los acentos europeos y la fiesta del inmigrante convierte al pueblo en una pasarela improvisada, ella dio sus primeros pasos entre escenarios. “A los trece firmé con una agencia y a los catorce ya trabajaba profesionalmente en Buenos Aires. Fue sacrificar muchos momentos, los quince de amigas, cumpleaños, reuniones… pero siempre con los pies sobre la tierra”, cuenta.

Esa lucidez precoz la llevó a tomar decisiones que marcaron su camino. Una de ellas: negarse, con apenas catorce años, a irse a Nueva York pese al entusiasmo de una agencia que quería llevársela “a toda costa”. Ella eligió otra ruta. Terminó el colegio. Estudió Comunicación en la UBA. Y luego cruzó el océano. París, Londres, Milán. Camarera, castings, contratos breves, e-commerce y fittings –probar y ajustar prendas en un modelo o maniquí para asegurar que el calce sea perfecto y que la prenda luzca como fue diseñada-. Un día de tacos altos. Otro, de pies descalzos. Y todos, de persistencia.

“Fui a más de veinte castings para Armani. A veces ni me llamaban, otras quedaba muy cerca. Pero nunca dejé de soñar con estar ahí”. La puerta se abrió finalmente hace un año, cuando la convocaron para una campaña de calzado. “Tengo el pie chico para mi altura, calzo 37, y eso fue clave. Ahí me vieron por primera vez, me maquillaron al estilo Armani y alguien dijo: ‘Ella es muy Armani’. Desde entonces empecé a hacer más trabajos con ellos”.

El 20 de junio de 2025 la llamaron para un nuevo casting. Esta vez, para la Semana de la Moda Masculina de Milán. “Fuimos 40 chicas preseleccionadas. El casting fue fugaz: una caminata, una mirada del equipo, un silencio breve y luego comenzaron a llamar. Cuando escuché ‘Valentina’ pensé que había otra Valentina. Me dijeron ‘Vale, sos vos’, y me acerqué como flotando”.

El fitting la dejó sin palabras. Le asignaron justo el look que había visto colgado antes de entrar, ese que —en voz baja y con deseo intacto— había deseado para sí. “Era muy yo: un blazer oversize, de esos que suelo comprar en ferias vintage por dos euros. Usaba corbata, un accesorio que amo. Todo el conjunto tenía esa elegancia atemporal que yo asocio con mi estilo”.

Y entonces llegó el momento que aún le estremece la voz: fue asignada al “look 1 bis”, lo que significaba que abriría el desfile junto al modelo masculino que encabezaba la pasarela. “Yo no lo podía creer. Era abrir para Giorgio Armani. No estaba soñando. Estaba ahí”.

No estuvo Giorgio Armani en persona -por primera vez, por temas de salud-, pero sí dio su aprobación desde su casa. Quien saludó al final fue Leo Dell’Orco, su histórico brazo derecho, el diseñador que encarna hoy el espíritu de la marca. “Estar ahí, al lado de él, fue una especie de ceremonia íntima. Sentía que todo lo que había vivido hasta ese momento tenía sentido. Todo: el esfuerzo, el dolor, los años de espera”.

Desde las pasarelas de Milán hasta los sets de filmación, Valentina no camina: avanza. Está dando sus primeros pasos en la actuación con una megaproducción para el streaming, de la que no revela detalles porque todavía no se estrenó en Argentina. No es la protagonista, pero sí tiene un rol visible y es un enorme paso en una carrera que asoma incipiente.

Apenas terminó el desfile de Milán, Valentina partió hacia otro compromiso: una participación en una serie internacional para una plataforma de streaming. Valentina lleva tres años estudiando actuación con la misma entrega que volcó en la moda. “Me encanta salir de la zona de confort. Es como el modelaje: empezás de cero, pero si trabajás a fondo, te reconocen”.

Lo suyo es talento, constancia, sensibilidad, decisión. El aplomo con el que a los 18, una semana después de la muerte de su padre, decidió viajar a París para no cancelar su primer gran contrato, aún retumba en su relato. “Lo hice por él. Porque estaba orgulloso. Y aunque me costó muchísimo ese primer viaje, me fortaleció. Hoy todo ese dolor se convirtió en mi fuerza”.

Cuando se le pregunta qué significado tiene para ella haber abierto el desfile de Armani, responde con una mezcla de templanza y ternura: “Es un premio a mí misma. No al modelaje. A la persona que soy. Al camino que recorrí. Al sueño que no solté nunca”.

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