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La imprenta Jesuítica recuperada: símbolo del poder de la comunicación con la palabra

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Corría el año 2010 cuando el entonces gobernador de la provincia, Maurice Closs, me encomendó la recuperación de nuestro patrimonio jesuítico, disperso en distintos lugares de la Argentina.

Claro que no fue fácil. Pasaron muchos gobiernos, pero desde el compromiso con nuestra identidad y nuestra cultura comenzamos la tarea de la mano del entonces ministro de Cultura, ingeniero Luis Jacobo; del intendente de San Ignacio; de Javier Canteros, a cargo del área de Cultura de ese municipio, y de tantos otros misioneros comprometidos con la recuperación de nuestro patrimonio.

Nuestra primera reunión fue en un imponente palacio de la avenida Alvear, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí fuimos recibidos por autoridades nacionales y dejamos la primera nota formal, en la que enumerábamos los bienes que pertenecían a Misiones y que entendíamos que debían regresar a la provincia.

A partir de entonces comenzó un largo derrotero entre autoridades porteñas, la rígida Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos y distintos intelectuales devenidos en funcionarios.

No estaban dispuestos a ceder nada.

Muchos de aquellos bienes jesuíticos habían salido de Misiones cuando todavía era Territorio Nacional y fueron trasladados a Buenos Aires, algunos para integrar colecciones públicas y otros, incluso, terminaron en manos privadas.

Nuestro reclamo no cesó.

Pero, sin dudas, el caso más difícil fue el de la imprenta de los jesuitas.

De acuerdo con las investigaciones de Marcelo León, de la Universidad Nacional de Misiones, la imprenta instalada en la reducción de Nuestra Señora de Loreto alrededor del año 1700 marcó un hito en la historia regional.

Fue la primera imprenta del área rioplatense y una experiencia extraordinaria para su época. El equipamiento fue construido con materiales disponibles en la región, entre ellos madera y metales, en un contexto de recursos limitados.

La imprenta de Loreto fue una verdadera rareza histórica. Surgió décadas antes que las primeras imprentas que comenzaron a funcionar posteriormente en Buenos Aires y Córdoba. Fue una experiencia desarrollada en estas tierras con los instrumentos y conocimientos disponibles mucho antes de la consolidación de la imprenta en los principales centros urbanos del Virreinato.

¿Saben por qué su recuperación resultó tan difícil?

Por el enorme valor simbólico que tienen la comunicación, el conocimiento y la palabra como herramientas de poder.

Los argumentos para impedir su regreso eran variados y, en algunos casos, hasta llamativos, aunque siempre firmes: que la imprenta había sido adquirida en la década de 1940 por el diario La Nación -lo cual es cierto-; que algunas de sus piezas habían sido modificadas; que sería necesaria una ley especial para devolverla; o que, en todo caso, podía estudiarse alguna figura como un comodato o un préstamo de uso.

No quiero dejar de mencionar a la arquitecta Mercedes Garzón Maceda, presidenta del Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (CICOP Argentina), quien, con su corazón puesto en Misiones, nos ayudó con un aporte técnico preciso y fundamental para sostener

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Puente Quemado II: qué establece la Ley 26.160 y por qué el conflicto actual no se origina en el relevamiento territorial

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En los últimos días, el conflicto en torno a la comunidad Mbya Guaraní Puente Quemado II ha generado diversas interpretaciones sobre el alcance de la Ley Nacional N.º 26.160 y del relevamiento territorial de las comunidades indígenas. Para comprender la situación es necesario distinguir entre lo que efectivamente reconoce la ley, la evolución histórica de las comunidades de la zona y los hechos que dieron origen al conflicto actual.

Dos comunidades con una historia común

La comunidad Puente Quemado I fue constituida formalmente en 1997 y cuenta actualmente con título de propiedad, relevamiento territorial finalizado en 2018, energía eléctrica, agua potable, un Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) y una Escuela Intercultural Bilingüe.

A menos de tres kilómetros de allí se encuentra la comunidad Puente Quemado II, ubicada en una franja de monte lindante con el Parque Provincial Salto Encantado. Su conformación es posterior a la consolidación de Puente Quemado I. De hecho, uno de sus actuales referentes residía originalmente en la primera comunidad antes de asentarse en el nuevo emplazamiento.

Estos antecedentes permiten comprender que ambas comunidades forman parte de un mismo contexto territorial, aunque poseen trayectorias y situaciones dominiales diferentes.

¿Qué es el relevamiento territorial?

La Ley Nacional 26.160 dispuso la realización de un relevamiento técnico, jurídico y catastral de las tierras ocupadas tradicionalmente por las comunidades indígenas.

Ese relevamiento tiene un carácter técnico y administrativo. Su finalidad es identificar y registrar la ocupación existente al momento de su realización para aportar información destinada a futuros procesos de regularización.

Por ello, el relevamiento no constituye un título de propiedad, no transfiere el dominio de los inmuebles, no modifica la titularidad registral de las tierras ni habilita la ocupación de nuevos sectores de propiedades privadas. Del mismo modo, el hecho de que un inmueble integre el polígono relevado no implica que toda su superficie pueda ser ocupada indistintamente.

¿Qué ocurre actualmente en Puente Quemado II?

El asentamiento histórico de la comunidad se encuentra sobre un inmueble perteneciente a la empresa Arauco y ese fue el sector considerado dentro del relevamiento territorial.

La situación que hoy origina el conflicto es diferente. Hace pocos meses, parte de la comunidad se desplazó hacia un inmueble privado lindero. Ese traslado es reciente y, por lo tanto, no corresponde a una ocupación ancestral ni a la ocupación tradicional relevada por la Ley 26.160.

Si bien ese inmueble se encuentra comprendido dentro del polígono general del relevamiento, no corresponde al asentamiento comunitario identificado en dicho procedimiento. En consecuencia, la ocupación de ese predio constituye un hecho distinto al reconocido por el relevamiento territorial y no encuentra respaldo en los alcances de la Ley 26.160.

Por ese motivo, resulta inexacto presentar públicamente el conflicto como si se tratara de una ocupación ancestral de ese inmueble o de un derecho ya reconocido por el relevamiento territorial.

La actuación del Gobierno provincial

Desde el inicio de la situación, el Gobierno de Misiones, a través del Ministerio de Derechos Humanos y de la Dirección Provincial de Asuntos Guaraníes, ha promovido instancias de diálogo con el objetivo de preservar la paz social y favorecer soluciones consensuadas, respetando tanto los derechos de las comunidades indígenas como el derecho de propiedad.

Al mismo tiempo, corresponde recordar que las decisiones relacionadas con conflictos sobre inmuebles privados y las medidas judiciales que de ellos se deriven son competencia exclusiva del Poder Judicial, por lo que no dependen del Poder Ejecutivo provincial.

La necesidad de un debate basado en información precisa

En el marco del conflicto se ha señalado la participación de organizaciones externas que acompañan a algunas comunidades en sus reclamos territoriales. Cualquier conducta que pudiera configurar responsabilidades legales deberá ser analizada por las autoridades competentes en el marco de las actuaciones correspondientes.

Más allá de ello, el debate público debe sustentarse en información objetiva. La Ley 26.160 constituye una herramienta destinada a relevar y registrar ocupaciones tradicionales; no crea derechos de propiedad ni habilita nuevas ocupaciones sobre inmuebles privados.

Comprender esa diferencia resulta esencial para interpretar correctamente la situación de Puente Quemado II y contribuir a una solución institucional, pacífica y ajustada al marco legal vigente.

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Datos Indec: ¿Es Misiones la tierra guaraní? ¿Cuántos misioneros se reconocen afrodescendientes?

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Con 135.232 habitantes, la Nación Guaraní es la segunda población indígena más grande de la Argentina detrás de los Mapuches. A ese número deben sumarse otros 11.014 mbya guaraní, con lo que el volumen supera a la población patagónica. Sin embargo, pese al imaginario, Misiones no es el territorio con mayor presencia guaraní. 

Los datos definitivos del Censo revelan que el mayor porcentaje de la población en viviendas particulares que se reconoce indígena o descendiente del pueblo guaraní, está en Buenos Aires, con 36,9 por ciento, detrás está Salta con 26,2 y CABA con 7 por ciento. Recién ahí aparece Misiones con 6,2 por ciento, arriba de Corrientes, con 6,1 y Jujuy con 5,6. El 63,1% de la población en viviendas particulares que se reconoció indígena o descendiente del pueblo guaraní se concentra en tan solo dos provincias: Buenos Aires y Salta.

En la Argentina, apenas el 2,9 por ciento de la población se reconoce indígena u originario, mientras que en Misiones esa proporción baja al 2 por ciento. De ese porcentaje, el 6,2 por ciento se reconoce guaraní. 

En Misiones, con una población de 1.273.347 habitantes, apenas 26.006 se reconocen indígenas. De esos, en Capital viven 5.812, en el departamento Libertador General San Martín, 3.751, en Iguazú 3.617 y en Guaraní, 1.971. En San Ignacio viven 1.797, mientras que en Eldorado lo hacen 1.673 y en San Pedro, 1.363. También en Oberá hay 1.058 indígenas o descendientes. 

El otro colectivo que tiene presencia en Misiones es el afro, con 9.374 personas, apenas un poco menos que los que se Mbya, pero sin dudas, con una menor representación social. 

Sin embargo, Misiones es la octava provincia con mayor población afrodescendiente. En del departamento Capital hay 3.124 personas, en Iguazú otros 1.063 y en Guaraní 727. Oberá es el cuarto departamento con mayor población afro, con 678 personas.

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Experiencia Mbya Guaraní en Itapoty Miri: descubriendo los misterios de la selva en Iguazú

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Iguazú es reconocida como uno de los destinos turísticos más destacados de Argentina, continúa ofreciendo una amplia gama de actividades que enriquecen la vivencia de aquellos visitantes que llegan para contemplar el majestuoso espectáculo natural de Las Cataratas del Iguazú, el mayor despliegue de agua y selva del mundo.

Entre las diversas propuestas disponibles, sobresale la visita a la reserva natural y cultural Selva Iriapu, hogar de la comunidad Mbya Guaraní Itapoty Miri. Esta iniciativa turística tiene como objetivo principal revalorizar la rica cultura, historia y el modo de vida de esta comunidad.

La experiencia que ofrece Mbya Guaraní Itapoty Miri se caracteriza por sumergir a los visitantes en la autenticidad de la cultura guaraní y en los misterios cautivadores de la selva misionera, a través de un fascinante recorrido experiencial.

El itinerario comienza explorando los senderos de tierra roja que conducen al mirador Itapoty Miri, ubicado junto a la laguna Yy Araku. Este mirador se convierte en el escenario perfecto para llevar a cabo actividades de observación de aves propias de la selva paranaense. Entre las especies que se pueden avistar se encuentran loros, tucanes, pilinchos, garzas, saracuras, hurracas, patos y pitogüés, entre otros.

Rodeado de una exuberante vegetación, este entorno natural proporciona un ambiente único para el desarrollo de diversas especies de aves acuáticas y voladoras, generando una sinfonía de sonidos inolvidables en cada visita.

La travesía continúa por un sendero interpretativo diseñado para familiarizar a los visitantes con las especies características de la selva de Misiones, así como con plantas medicinales utilizadas por la comunidad. Además, se ofrece una visión de la vegetación utilizada en la confección de artesanías y diversos tipos de trampas utilizadas tradicionalmente en la caza.

Para aquellos más aventureros, se brinda la oportunidad de disfrutar de una experiencia única al utilizar una hamaca natural, creada a partir del isipó, una planta trepadora que crece en los montes de Iguazú. Estas hamacas cuelgan de los robustos árboles, proporcionando una experiencia emocionante para los visitantes.

El recorrido culmina en un amplio patio al aire libre, donde los visitantes pueden explorar y adquirir diversas artesanías elaboradas por los miembros de la comunidad. Entre las opciones disponibles se encuentran collares de semillas, cestería, tallados en madera de pequeños animales, así como arcos y flechas, garantizando recuerdos inolvidables de esta auténtica experiencia cultural.

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Raperos guaraníes presentaron su primer álbum de estudio en el cierre del MICA

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El grupo de hip hop Ha´e Kuera Ñande Kuera, oriundo de la provincia de Misiones, presentó su primer álbum de estudio “Peme’e Jevy Ore Ivy”, con el que celebran 10 años de trayectoria, durante la jornada de cierre del Mercado de Industrias Culturales Argentinas (MICA), en la Sala Argentina del Centro Cultural Kirchner.

Ha’e Kuera Ñande Kuera (que en lengua mbya guaraní quiere decir “ellos y nosotros”), es una banda conformada por músicas y músicos del pueblo mbya guaraní y otros que no son indígenas.

Se definen como “un grupo intercultural que a través del arte expresan su grito de resistencia”, según contaron a Télam.

La banda está compuesta por Sergio Roberti en guitarra y producción audiovisual; Fabián Velázquez (ReKové Rap) y Juan Luis Chamorro (Mbareté) en las voces y letras; Berenice Teixeira Villalba en quena, charango, guitarra y coros; Litto Dartois en batería y percusión; Nahuel Castillo en guitarra y sintetizador, y Walter Duarte en bajo.

Mbareté, uno de los músicos y cantantes del pueblo nación mbya guaraní, señaló a esta agencia: “´Peme’e Jevy Ore Ivy´ que en lengua mbya quiere decir ´devuélvanos nuestra tierra´, es un disco que representa un grito de resistencia cultural de nuestro pueblo”.

“Yo me puse como misión traer toda esa emoción, toda esas verdades de mis aldeas, de mi pueblo, de mi pueblo Guaraní. Yo me dije ´voy a llevar y voy a explotar allá´ y me descargué arriba del escenario”, contó.

“Llegar aquí viene de un camino que venimos andando desde hace diez años, un camino que buscar contar la realidad de nuestra gente y es algo muy emocionante, porque también es la primera vez que venimos aquí, es como un sueño” relató.

La banda musical, que nació hace diez años en Misiones, fusiona los ritmos del rap, hip hop, reggae y cumbia con instrumentos como charango, mbaracá mirí y los ancestrales coros mbya guaraní.

La presentación del show comenzó con música ancestral acompañada de canciones que Mbareté aprendió durante su participación en coros tradicionales mbya guaraní.

“Cuando empezamos a cantar, como que la gente sintió esa energía que nosotros le estábamos tirando, y nosotros sacamos esa energía de ellos, lo cual fue una sorpresa. Todo el mundo estaba levantando la mano y pedían otra”, añadió.

El público colmó de aplausos y ovaciones la presentación de las y los siete integrantes de Haé kuera ñande kuera, que incluyó cinco temas de su primer álbum grabado en estudio durante 2021, cuando la banda ganó un subsidio a través de la convocatoria “Mi primer disco”, del Instituto Nacional de la Música (Inamu).

Sergio Roberti, guitarrista y productor de la banda contó a Télam: “lograr grabar el disco fue parte de ese trabajo interdisciplinario e intercultural de armados de carpeta, presentaciones de presupuestos y demás cuestiones”.

“Pasaron muchos músicos por la banda y hace cuatro años y medio que estamos en una banda estable, comenzando con una nueva etapa que es la de producir material. Porque antes no teníamos producción audiovisual y tampoco producción musical”, agregó.

“Con nuestros compañeros, formamos este colectivo de arte y resistencia, que es un grupo interdisciplinario de personas, donde hay productores musicales, producto de audiovisuales, gente de ciencias sociales, diseñadores, músicos y fotógrafos”.

“Venimos tocando hace mucho tiempo, presentándonos en muchos festivales importantes de Misiones, y en el último festival que nos presentamos, que fue el de las de las culturas de norte grande, había un productor del Mica. Nos vio y nos invitó a que nos armemos un porfolio y nos presentemos formalmente para participar de esta presentación”, recordó.

“En nuestra música está condensada la lucha de pueblos originarios contra el racismo y el cuidado de la naturaleza, que tiene mucho que ver con nuestro estilo, que es multiestilo. Tocamos rock, funk, reggae, cumbia; todo con un aire folklórico por la fusión con instrumentos como el charango, la quena, la guitarra criolla. Todo en clave de Hip Hop”, remarcó.

El productor concluyó: “Venimos recorriendo mucho camino, participando en diversos festivales. Espero que el Mica nos traiga mayor visibilidad, que la gente nos siga conociendo y se interese en nuestro trabajo y en nuestro mensaje, sobre todo”.

“Peme’e Jevy Ore Ivy” o “Devuélvanos nuestra tierra” es un disco que tiene ocho canciones y trata sobre la cosmovisión del pueblo mbya guaraní como “un grito de resistencia cultural” pero también es una invitación al reconocimiento de la interculturalidad y la plurinacionalidad en nuestro país, según el grupo.

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