Hoja verde

Yerba: rige línea de descuento de cheques a tasa cero en Banco Macro para mejorar el precio de la hoja verde

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Desde este miércoles comenzó a regir la nueva línea de descuento de cheques sin interés en Banco Macro destinada al sector yerbatero, una herramienta impulsada por el Gobierno de Misiones para dar liquidez a productores, secaderos y molinos, en medio de la crisis que atraviesa la actividad tras la desregulación del mercado.

El esquema permitirá descontar cheques a 60 y 90 días a tasa cero, siempre que se respete un precio mínimo de 301 pesos por kilo de hoja verde y de 1.160 pesos por kilo de yerba mate canchada.

La medida apunta a sostener el valor de la materia prima y, al mismo tiempo, generar un incentivo financiero para que la industria y los secaderos paguen mejores precios a los productores, en un contexto marcado por fuertes reclamos del sector primario por la pérdida de rentabilidad.

Con esta herramienta, quienes cumplan con las condiciones establecidas podrán cobrar de contado valores emitidos a 60 y 90 días sin resignar parte del valor nominal del cheque, mejorando así su flujo de caja y evitando costos financieros en una etapa de fuerte tensión económica para la cadena yerbatera.

El gobernador Hugo Passalacqua había anticipado la implementación de esta línea de financiamiento como parte de un paquete de asistencia para el sector. La operatoria se financia con aportes del Gobierno provincial y forma parte de la estrategia oficial para amortiguar el impacto de la desregulación que dejó sin capacidad de fijar precios al Instituto Nacional de la Yerba Mate.

Passalacqua también recordó que durante 2025 se inyectaron 13.128 millones de pesos al sector a través de casi 2.000 operaciones de descuento de cheques, una cifra que refleja la magnitud de la asistencia financiera destinada a sostener la actividad.

Además, adelantó que en los próximos días se pondrán en marcha nuevas herramientas financieras similares, que también exigirán como condición el cumplimiento de precios mínimos para la hoja verde y la yerba canchada.

La iniciativa se suma a la estrategia provincial para recomponer ingresos en una actividad clave para la economía misionera, donde más de 11 mil productores dependen de la cadena yerbatera y donde la caída del precio de la materia prima impacta de manera directa sobre el consumo, el comercio local y la circulación de dinero en el interior de la provincia.

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Misiones activa alivio financiero: cheques a tasa cero, a cambio de precio mínimo para la yerba

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En medio de la profunda crisis que atraviesa la cadena yerbatera por la desregulación del mercado y la pérdida de facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), el Gobierno de Misiones anunció una nueva medida de alivio financiero destinada a sostener la actividad primaria y evitar una mayor descapitalización de productores.

A través del Ministerio del Agro y la Producción, la Provincia confirmó que desde este miércoles 6 de mayo tanto productores como secaderos y molinos podrán descontar cheques en el Banco Macro a 60 y 90 días, con tasa cero, para operaciones vinculadas al mercado yerbatero.

La herramienta no será automática ni indiscriminada: estará condicionada al cumplimiento de un precio mínimo de referencia de $301 por kilo de hoja verde y de $1.160 por kilo de yerba canchada.

La decisión busca atacar uno de los principales problemas que hoy enfrenta la actividad: la falta de liquidez inmediata en el primer eslabón de la cadena y las fuertes asimetrías de negociación entre productores e industria.

Desde la desregulación impulsada por el Gobierno nacional, que dejó al INYM sin capacidad efectiva para fijar precios de la materia prima, los productores denuncian una fuerte caída del valor real de la hoja verde, atraso en los pagos y creciente concentración en manos de grandes molinos.

El propio gobernador Hugo Passalacqua advirtió recientemente en la apertura de sesiones legislativas que “esta desregulación no es libertad, es una asimetría profunda que deja el escenario donde se permite que el pez grande se devore al más chico”.

El mandatario fue aún más contundente al cuantificar el impacto económico: “Hace exactamente un año pedíamos en este mismo lugar 505 pesos y ese valor hoy sería $700 por kilo de hoja verde. El ajuste castiga al eslabón más vulnerable, el productor, mientras el sector industrial mantiene sus márgenes. Estamos hablando de 400 mil millones de pesos que dejan de ingresar a nuestra economía”.

La nueva línea de descuento de cheques forma parte precisamente de ese esquema de contención. La Provincia ya había anticipado que una de las prioridades era recuperar herramientas financieras que permitieran sostener capital de trabajo mientras continúa la disputa por los precios.

El ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, había planteado semanas atrás la necesidad de “volver al descuento de cheques e incluir también descuento de facturas, con entidades bancarias y no bancarias”, siempre vinculadas a precios mínimos de referencia.

Ahora, esa primera parte comienza a ejecutarse formalmente.

Un precio mínimo que funciona como condición política

Aunque la Provincia no puede fijar precios oficiales -atribución que quedó virtualmente desactivada tras el DNU 70 y la posterior interpretación jurídica dentro del INYM-, el establecimiento de un piso de $301 para hoja verde funciona como una señal política y económica clara. Es, en los hechos, una forma indirecta de ordenar el mercado, que está pagando en promedio, 250 pesos por la hoja verde

La medida provincial no resuelve el problema estructural: la ausencia de una regulación efectiva del mercado yerbatero.

El Directorio del INYM rechazó recientemente la posibilidad de sugerir un precio de referencia, argumentando que sería contrario al Decreto 812 de Nación y a la lógica de competencia del sector privado.

La votación dejó en evidencia la fractura: el presidente del organismo, representantes de industrias, secaderos y cooperativas votaron en contra; sectores productivos y el representante misionero Ricardo Maciel impulsaron la necesidad de fijar una referencia. Misiones insiste en ese camino.

La Mesa Yerbatera convocada por la Provincia buscó precisamente reconstruir consensos y evitar que la crisis termine trasladándose a toda la economía regional. No se trata solamente de una discusión sectorial: la yerba mueve consumo, empleo y circulación de dinero en miles de pueblos y colonias..

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Yerba: leve caída entre exportaciones y consumo interno con un salto en la cosecha

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La cadena yerbatera dejó en marzo una postal de doble lectura: mientras la salida de molinos mostró una fuerte recuperación tanto en el mercado interno como en las exportaciones, el comportamiento de la cosecha sigue reflejando la tensión estructural que atraviesa al sector productivo, en especial en el primer eslabón de la cadena.

Los datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) confirman que durante marzo las exportaciones alcanzaron los 4.541.352 kilos, lo que significó una suba del 66,61% respecto de febrero y una mejora interanual del 9,32%. En el acumulado del primer trimestre, los envíos al exterior totalizaron 10.840.446 kilos, con un crecimiento del 3,38% frente al mismo período de 2025.

El mercado interno también mostró una aceleración. La salida de molinos hacia el consumo doméstico llegó a 24.285.176 kilos en marzo, con un incremento mensual del 26,08% y una suba interanual del 4,57%. En el acumulado enero-marzo, el consumo interno alcanzó los 64.947.806 kilos, apenas 0,86% por encima del mismo tramo del año pasado.

En términos globales, la suma entre mercado interno y exportaciones dejó un volumen total de 75.788.252 kilos entre enero y marzo de 2026, prácticamente en línea con los 76.863.678 kilos del mismo período de 2025, lo que implica una leve caída del 1,4%.

Ese dato es central porque representa la salida de molino, el indicador más cercano al comportamiento real de la yerba en góndola: incluye tanto los despachos hacia centros de distribución como las compras de mayoristas, hipermercados y supermercados.

Yerba mate: marzo 2026 en números
Indicador Marzo 2026 Variación
Exportaciones 4.541.352 kg +66,61% mensual
+9,32% interanual
Consumo interno 24.285.176 kg +26,08% mensual
+4,57% interanual
Ingreso de hoja verde 44.985.760 kg +148,18% mensual
Acumulado exportaciones 10.840.446 kg +3,38%
Acumulado consumo interno 64.947.806 kg +0,86%
MI + ME total 75.788.252 kg -1,4% interanual

La cosecha crece sin precio

El otro gran dato del trimestre está en la materia prima. Según el INYM, entre enero y marzo ingresaron a secaderos 80.847.651 kilos de hoja verde, un 24,3% más que en igual período del año pasado.

Solo en marzo, el ingreso de hoja verde fue de 44.985.760 kilos, con una suba mensual explosiva del 148,18% respecto de febrero.

Ese comportamiento se da en medio de una fuerte crisis de rentabilidad para el productor primario, atravesada por la desregulación del mercado tras la pérdida de facultades del INYM para fijar precios de referencia. El reclamo por un valor sostén para la hoja verde sigue abierto, mientras la provincia insiste en mecanismos de consenso para evitar que el ajuste recaiga exclusivamente sobre el eslabón más débil.

La paradoja es evidente: mientras la yerba sigue sosteniendo su nivel de consumo y mantiene buen ritmo exportador, el productor continúa atrapado en una ecuación donde el volumen no necesariamente se traduce en rentabilidad.

El paquete de medio kilo sigue mandando

En el análisis de formatos, no hubo sorpresas. El paquete de medio kilo volvió a consolidarse como el preferido de los consumidores argentinos: en marzo representó el 55,89% de las salidas de molinos al mercado interno.

Le siguieron los envases de un kilo, con el 38,21%; los paquetes de dos kilos, con 1,97%; y los de cuarto kilo, con 0,72%.

El rubro “sin estampillas” representó el 2,97%, mientras que “otros formatos” alcanzó apenas el 0,24%.

Así, los envases de medio kilo y un kilo concentraron el 94,10% del total de las ventas, ratificando una tendencia histórica que prácticamente no presenta cambios y que refleja el patrón de consumo más estable del mercado yerbatero argentino.

En ese escenario, la yerba mate vuelve a mostrar una fortaleza comercial sostenida, pero también una fragilidad estructural que sigue sin resolverse: la brecha entre lo que ocurre en la góndola y lo que sucede en la chacra. Allí, donde empieza toda la cadena, todavía persiste la discusión más sensible.

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Adorni defendió la desregulación yerbatera y descartó auxilio nacional para pequeños productores

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El Gobierno nacional dejó una definición contundente sobre el conflicto yerbatero: no habrá regreso a la regulación de precios, no se prevén medidas extraordinarias para sostener a pequeños y medianos productores y la salida financiera para la industria deberá buscarse en el sistema privado.

La postura fue explicitada en las respuestas oficiales elevadas por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, ante la Cámara de Diputados, donde defendió el modelo de desregulación aplicado tras el DNU 70/23 y los decretos reglamentarios que limitaron las facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate.

“La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca informa que el sector ha ingresado en una fase de sinceramiento y recuperación”, sostiene la respuesta oficial, apoyándose en los datos del propio INYM. Según el Gobierno, la salida de molino con destino al mercado interno en 2025 alcanzó las 266.834 toneladas, un 3,11% más que las 258.790 toneladas de 2024.Sin embargo, ese mismo dato contrasta con la evolución del mercado: entre 2023 y 2025, las ventas en el mercado interno pasaron de 285,3 millones de kilos a 266,8 millones, lo que representa una caída acumulada del 7,1%

“No intervención” y defensa del libre mercado

La Casa Rosada sostiene que la desregulación permitió corregir distorsiones históricas y liberar a la industria de un sistema que, según su visión, producía para acumular stock y no para vender.

“Esto demuestra que la desregulación permitió a la industria movilizar sus elevados stocks acumulados para satisfacer una demanda creciente, eliminando la ineficiencia de producir solo para stockearse bajo precios artificiales”, respondió Agricultura.

Además, el Gobierno ratificó que el INYM ya no tiene herramientas legales para fijar precios mínimos.

“Bajo este nuevo paradigma de libertad de mercado, el INYM no cuenta con facultades legales para intervenir en la fijación de precios mínimos”, afirmó la respuesta enviada al Congreso.

La conclusión oficial es directa: “No se adoptaron medidas de corrección porque la ‘no intervención’ ha permitido alcanzar indicadores récord que el modelo regulado nunca logró”.

Nación no asistirá a los pequeños productores

Uno de los puntos más sensibles fue la consulta sobre los productores medianos -establecimientos de 30 a 40 hectáreas con contratación de mano de obra y fuerte exposición a los costos- y qué políticas específicas se aplicarán para evitar su desaparición. La respuesta fue que la rentabilidad no vendrá por asistencia estatal sino por competitividad.

“El respaldo se completa con la mejora del 14,9% en el valor de las ventas externas, el acceso a crédito productivo (Línea BNA Agroactiva) y la continuidad del Programa Intercosecha, garantizando rentabilidad basada en la eficiencia y no en el asistencialismo estatal”, señaló Agricultura.

Es decir: el Gobierno no prevé un esquema diferencial para sostener a los productores más chicos ni mecanismos de compensación frente a la caída del precio de la hoja verde. La apuesta oficial es que el crecimiento exportador y la apertura del mercado permitan que los productores se adapten a la nueva lógica competitiva.

La industria deberá financiarse con deuda nueva

Frente a otra consulta sobre las pérdidas estimadas en $276.000 millones por parte de los productores y el crecimiento de 53 por ciento de la deuda de los principales molinos, el Ejecutivo tampoco anunció herramientas específicas de rescate.

La respuesta oficial fue que existen líneas de financiamiento generales, como la Línea BNA Agroactiva 2025, con tasas bonificadas para maquinaria agrícola.

“Financiamiento: para acompañar este proceso, se encuentran vigentes líneas como la Línea BNA Agroactiva 2025, con tasas bonificadas para maquinaria agrícola, fomentando la inversión genuina”, respondió Adorni.

La señal política es clara: no habrá salvataje sectorial. La industria deberá buscar capital de trabajo y refinanciación en el crédito privado, es decir, tomar nueva deuda para sostener la operatoria.

A pesar de que productores denuncian que la hoja verde se paga entre 180 y 240 pesos por kilo -por debajo de los costos de producción estimados-, la respuesta oficial sostiene que el mercado “se autorregula” y que los indicadores demuestran rentabilidad.

“El mercado yerbatero ha demostrado una notable capacidad de autorregulación, lo que invalida los argumentos a favor de la intervención estatal”, respondió el jefe de Gabinete de Javier Milei.

Incluso, el Ejecutivo afirma que “el mercado libre reconoce el valor de la producción y cubre los costos operativos mediante el dinamismo comercial y la reducción de stocks excedentes”.

En esa lógica, la crisis denunciada desde Misiones no sería consecuencia de la desregulación, sino parte de una transición hacia un sistema más eficiente, exportador y menos dependiente del Estado.

La posición nacional choca de frente con el diagnóstico de productores, cooperativas y del propio Gobierno de Misiones, que vienen reclamando un precio de referencia para la hoja verde y una recuperación de herramientas regulatorias para evitar el deterioro del ingreso primario. Para la Nación, la solución pasa por exportar más, tomar crédito y ganar eficiencia. Para los productores, el problema sigue siendo el mismo: vender por debajo del costo.

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Yerba desregulada: la producción perdió USD 260 millones y la deuda industrial creció 53%

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En un comercio de Entre Ríos se consiguen cinco paquetes de yerba Soberanía a 13.800 pesos el kilo. La yerba Progreso se ofrece a 800 el medio kilo. En un hipermercado, Playadito se consigue a 3.299 pesos y la Marolio a 1.999. Todos precios que rompen el mercado y que hacen imposible pensar en aumentar el valor de la hoja verde. La “competencia” provocada por la desregulación se está mordiendo la cola y las principales industrias pierden mercado por la irrupción de marcas económicas, beneficiadas con la compra de materia prima barata. Pisar los precios en góndola tiene también un efecto sobre la industria tradicional -las grandes marcas-, que se tiene que acostumbrar a competir con valores que no alcanzan para cubrir los costos de producción y operación, que se dispararon con la economía liberada: energía y combustible son las principales cargas. Básicamente trabajan al costo. 

La maquinaria está bajo presión. Según fuentes del sector industrial, algunos bancos comenzaron a analizar los pedidos de la industria bajo una luz amarilla, de riesgo. Esa calificación perjudica a los molinos y secaderos, que necesitan financiamiento. Lo que antes se conseguía apenas con la marca, ahora es mirado con lupa. Y más caro. Obviamente, esa situación perjudica a toda la cadena y en última instancia a los productores, que están peleando por un mejor precio. 

“Ojalá que a poquito empiece a recomponerse el precio. Creo que nos beneficiamos toda la cadena y todos, desde la estación de servicio, el almacén, toda la comunidad”. La frase no es de un productor, sino de un industrial que comienza a sentir los efectos de la desregulación. 

El cuadro de la cadena yerbatera muestra un descalce extremo entre costos y precios que explica el deterioro del sector productivo. Con un costo estimado por el INYM de $423,99 por kilo y un precio teórico con margen del 30% de $551,19, el productor terminó recibiendo en promedio apenas $240 por kilo, lo que implica una pérdida directa de $311,19 por kilo. Proyectado sobre una producción de 889.253.082 kilos de hoja verde en 2025, el resultado es una transferencia negativa de ingresos de $276.726 millones, equivalentes a unos USD 200 millones.

A marzo de 2026, el deterioro de la ecuación económica se profundiza sin freno. El costo de producción, ajustado por una inflación acumulada del 16,8% entre octubre y marzo, pasa de $423,99 a $495,22 por kilo, lo que eleva el precio teórico con margen al $643,79. Sin embargo, el precio efectivamente pagado al productor se mantiene en torno a los $240, lo que eleva la pérdida a $403,79 por kilo

Proyectado sobre el mismo volumen de producción de 2025 (889 millones de kilos), la transferencia negativa de ingresos asciende a $359.071 millones, equivalentes a unos USD 260 millones. Es decir, lejos de corregirse, el descalce entre costos y precios se agrava, consolidando un esquema en el que el productor absorbe cada vez una mayor porción de la crisis de la cadena. 

El núcleo productivo financió al resto de la cadena absorbiendo más de la mitad del valor potencial de su producción.

En paralelo, los datos del sector industrial refuerzan el cuadro de fragilidad. Entre 2023 y 2025, las ventas en el mercado interno pasaron de 285,3 millones de kilos a 266,8 millones, lo que representa una caída acumulada del 7,1%

Sin embargo, en ese mismo período, la deuda bancaria de los principales molinos saltó de $100.170 millones a $153.580 millones, con un incremento del 53,5%. La combinación es clara: caída de ventas y fuerte aumento del endeudamiento. Este patrón revela que la industria no solo enfrenta un mercado más débil, sino que además sostiene su operatoria con mayor apalancamiento financiero, elevando los riesgos de mora y profundizando la inestabilidad de toda la cadena.

Incluso las principales firmas, que exportan y están en números récord, tienen una rentabilidad acotada. El dólar planchado conspira bloquea mejores ingresos, mientras que el precio del combustible o la energía eléctrica se triplicaron. Y nadie puede mover para arriba el dólar exportador, porque la competencia de Brasil o Paraguay, acecha amenazante. 

Un informe del becario del CONICET y egresado de la Universidad Nacional de Misiones (Unam), Guillermo Gering, advierte que, pese al volumen récord exportado en 2025, la Argentina está capturando cada vez menos valor por unidad. Ese año se alcanzaron 58 millones de kilos exportados por 113 millones de dólares, pero con un precio promedio de apenas 1,95 dólares por kilo, el nivel más bajo de los últimos cinco años. Es decir, el crecimiento en volumen no se tradujo en una mejora de rentabilidad, sino más bien en una consolidación de un perfil exportador de bajo valor agregado.

La comparación con Brasil resulta elocuente y expone una brecha creciente en la estrategia productiva. Mientras Argentina colocó más de 58 mil toneladas, Brasil exportó alrededor de 48 mil toneladas, pero generó casi los mismos ingresos en dólares. 

La clave está en el precio: el producto brasileño promedió 2,44 dólares por kilo, un 25% más que el argentino. Según el informe, esto responde a un modelo basado en innovación, desarrollo tecnológico y diversificación de productos -extractos, polvos y derivados- que permiten capturar mayor valor en mercados internacionales cada vez más orientados a la yerba como “superalimento”.

Mientras el mercado global proyecta pasar de 2.400 millones de dólares en 2025 a 4.300 millones en 2035, impulsado por la demanda en Asia y Europa, la Argentina continúa concentrada en la exportación de materia prima para consumo tradicional. En paralelo, los beneficios del crecimiento exportador no se distribuyen en la cadena: “El récord de exportaciones descansa sobre una base de trabajo humano mal remunerado”, advierte Gering.

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