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Para recuperarse en 2021, es clave el aporte del agro a la economía; ¿qué podemos esperar?

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Informe de la Fundación Mediterranea IERAL, a cargo de Juan Manuel Garzón.

• En el actual contexto la actividad agropecuaria se posiciona como un sector importante en un eventual y anhelado proceso de recuperación económica, tal como sucediera en la salida de la crisis 2001/2002, lo que exige prestar mayor atención que la usual a los principales factores que influirán en el resultado productivo y en el efecto multiplicador del ciclo agrícola 2020/2021
• En el tablero del clima, por la inusual ausencia de lluvias en ciertas regiones y cierta probabilidad de un evento climático Niña, se están encendiendo algunas luces amarillas, que pueden cambiar de color y complicar el avance la campaña. En cuanto a los precios internacionales, si bien resisten en la crisis global y se han verificado algunos aumentos, sigue habiendo riesgos de reversión; vale recordar que en el período 2002/2003 la soja subió 70% (punta a punta), facilitando la recuperación de la economía en aquel entonces, fenómeno que difícilmente se repita
• Finalmente, habrá que seguir con mucha atención la situación cambiaria, la política tributaria y las acciones que se llevan adelante para contener la inflación y mejorar el ambiente para hacer negocios. Los precios relativos internos de los granos no están en niveles muy bajos, pero tampoco disponen de mucho margen como para absorber un retraso del tipo de cambio o mayores impuestos; sería importante que no se deterioren en estos próximos meses, al menos si se pretende que la próxima siembra de granos gruesos, que debe definirse en el último cuatrimestre del año, sea lo suficientemente potente como para ilusionarse con una buena cosecha en el 2021

Entre noviembre de 2017 y mayo de 2020, fechas que comprenden un período de 31 meses, la economía argentina se contrajo un 25,8% según la medición que INDEC realiza a partir del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). No hay registros, al menos relativamente contemporáneos, de una depresión de esta magnitud, ni siquiera en la gran crisis previa, todavía fresca en la memoria colectiva, de los años 2001/2002; en esta última depresión, y considerando un período también de 31 meses, desde diciembre de 1999 a junio de 2002, cuando la economía ya iniciaba su recuperación, la contracción fue del 17,2%.

En el plano sectorial, y comparando el nivel de actividad de este año con el del 2017 (primeros 5 meses), los sectores que aparecen más afectados por la crisis económica son la construcción, hoteles y restaurantes, actividades de servicios varias, la industria y la actividad comercial; estas actividades económicas han operado este año entre un 20% y un 40% por debajo del nivel que mostraban hace 3 años atrás. La actividad agropecuaria, por su parte, es una de las que mejor posicionada se encuentra, sólo presenta un ajuste del 6% en este período.

¿Contribuirá el ciclo agrícola 2020/2021 a la salida de la crisis?

En las salidas de todas las crisis económicas importantes, el agro siempre ha tenido una participación relevante, particularmente en aquellas regiones del país donde la actividad es más fuerte.

De acuerdo a Cuentas Nacionales, el agro genera en forma directa el 8% de la riqueza nueva que se genera cada año, pero este porcentaje se duplica (y más) en las provincias pampeanas y además se expande si en la medición se incluyen todos los efectos económicos indirectos que deben atribuirse al sector (ventas de maquinaria, de combustibles, de servicios de transporte, de productos químicos, etc.).

Si bien se trata de un sector heterogéneo, con muchos matices, donde los productos se distribuyen entre el mercado interno y externo con diferente intensidad (por caso, la soja no sigue el mismo camino que el tomate), es un hecho que éste se encuentra, en términos relativos, más aislado de los vaivenes de la demanda interna que las restantes actividades productivas, atributo que le permite no sólo sostenerse cuando ésta última se contrae, por los motivos que fuesen (crisis de confianza, restricción de crédito, inflación y pérdida de poder de compra de los salarios), sino también aprovechar mejor las oportunidades de consumo y de inversión que suelen aparecer en medio de estos procesos tan traumáticos.

Concentrando el análisis en la principal actividad agropecuaria, la producción de granos, debe recordarse que el ciclo agrícola en curso es el 2020/21, que la siembra del trigo y otros cultivos de invierno está lanzada y que la producción dependerá de la evolución del clima y de la tecnología que se aplique en el cuidado y desarrollo de los cultivos en sus distintas etapas. Por otra parte, de acá a un par de meses empieza la siembra de los cultivos de verano, los que se cosecharán entre marzo y junio del 2021, y serán determinantes para consolidar un posible proceso de recuperación económica en el próximo año.

Respecto a lo que puede pasar, hay dos factores, de tipo exógenos, que son determinantes para el sector agropecuario, el clima y los precios internacionales. Aparecen luego los factores domésticos, aquellos que definen los precios relativos internos (tipo de cambio, impuestos y regulaciones específicas) y el ambiente de negocios en general (estabilidad de precios, oferta de créditos, legislación laboral, etc.). Se repasan a continuación algunas de estas variables.

Clima

Se han encendido algunas luces amarillas en el tablero climático, que generan preocupación en cuanto a su impacto sobre el ciclo agrícola 2020/2021. En algunas regiones del país (Córdoba, Santa Fe), el otoño y lo que va del invierno están siendo particularmente secos, poniendo en riesgo la productividad de los cultivos de invierno. En estas regiones mencionadas, el agua disponible en los perfiles se ha reducido en forma considerable y contrasta por caso con la situación que prevalecía a la misma fecha (fines de julio) del año pasado. En mejor condición se encuentran el centro y sur de Buenos Aires, un dato no menor, dado que se trata de la principal zona triguera del país.

Si se considera que el área sembrada de trigo (y los restantes cultivos) probablemente sea igual o menor a la del año pasado y que las condiciones climáticas no están siendo las ideales, el escenario base (o más probable) es de una producción estabilizada o menor a la del último ciclo, proyección que no es por supuesto una buena noticia dadas las necesidades de la economía argentina.

En lo que respecta a los cultivos de verano, maíz, soja, sorgo, etc. un buen punto de partida requerirá de una regularización de las lluvias en los próximos meses (recarga de los perfiles), y luego condiciones favorables en los meses de verano. Una variable que se está monitoreando es el género que adoptará el fenómeno ENSO (El Niño Southern Oscillation), que el INTA define como un patrón climático recurrente que implica cambios en la temperatura de las aguas en la parte central y oriental del Pacífico tropical, que puede asumir tres fases diferentes: Niño, Neutral y Niña. El punto importante para recordar aquí es que cuando el ENSO converge a una fase Niña suele haber menor frecuencia de lluvias en las principales zonas agrícolas del país. Actualmente los modelos que proyectan la situación que puede prevalecer en los próximos meses (primavera y verano) no son concluyentes y se encuentran en un rango que va desde una fase neutral hasta una Niña débil que, de ser este último el caso, no sería por supuesto muy bienvenida por sus antecedentes históricos.

Precios internacionales

Los precios internacionales de las commodities contribuyeron en la salida de la crisis económica 1999/2002 (y, vale decir, también fueron determinantes en el ingreso a este ciclo económico tan negativo).

Entre enero del 2002 y diciembre de ese mismo año la Soja subió un 30% en el Golfo de México, principal mercado de referencia en ese entonces, traccionada básicamente por una gran suba del Aceite de Soja (+50%, precio FOB Argentina). La cotización de la Harina de Soja (referencia Hamburgo) se mantuvo relativamente estable, mientras que las del Maíz y el Trigo crecieron en 16% y 13%, respectivamente. En el 2003 la Soja volvió a subir fuerte, en ese año un 33%, la Harina, que venía más rezagada, se puso a tono con una gran suba del 47% y también volvieron a subir el Aceite de Soja, el Maíz y el Trigo (15%, 4% y 25%, respectivamente). Es decir, entre enero de 2002 y diciembre del 2003, la Soja y el Aceite de Soja aumentaron un 70%, la Harina de Soja y el Trigo un 40% y el Maíz un 20%.

En el contexto económico global actual, de caída de ingresos generalizada, incertidumbre, desaceleración del comercio y guerra fría entre los dos países que disputan el liderazgo mundial (Estados Unidos y China), parece difícil volver a contar con una ayuda para poder salir de la crisis, como la que se observó en 2002/2003 en materia de suba de precios internacionales de commodities, en particular por la magnitud que tuvo el reacomodamiento de los precios en ese entonces.

Si bien China sigue estando muy demandante de commodities y está siendo clave para sostener los precios, su economía ya no crece como antes, y otros factores muy potentes para traccionar la demanda global que operaron en el pasado, como lo fueron los biocombustibles, no se visualizan en el horizonte del mercado. Si se repara en la dinámica de precios internacionales de los últimos 18 meses (enero 2019 a junio 2020), se encuentra una volatilidad importante, pero con una media relativamente estable, es decir los precios suban y bajan, pero en torno a un valor si se quiere fijo, que parece equilibrar las fuerzas del mercado. Por ejemplo, en el caso de la soja, ese precio está en el orden de los US$ 350 / tonelada. Para tener perspectiva, repetir un fenómeno de suba como el del 2002/2003 exigiría que los valores de la oleaginosa se fuesen por encima de los US$ 550 / ton, una cifra que luce hoy inalcanzable salvo que se produzca un gran problema productivo (sequía) en alguno de los tres líderes del mercado (Argentina, Brasil o Estados Unidos).

En síntesis, el escenario base de precios externos que enfrentará la próxima campaña de granos gruesos (2020/21) debería construirse tomando como referencia valores medios de los últimos dos/tres años que, si bien no son precios bajos, tampoco son lo suficientemente altos como para absorber los elevados costos impositivos que se enfrentan en Argentina y en paralelo garantizar una relación rentabilidad / riesgo lo suficientemente atractiva, sobretodo en algunas zonas agrícolas del país, como para traccionar un flujo importante de inversiones y de apuestas de capital.

Precios relativos internos

Los precios relativos internos son, finalmente, los que terminan definiendo la decisión de los productores, y como se sabe, dependen de la evolución de las cotizaciones internacionales, ya comentadas anteriormente, las políticas cambiarias y tributarias locales, y la dinámica que muestren los restantes precios de la economía (insumos transables, maquinarias y servicios no transables).

Si se repara en el poder de intercambio de la soja, principal cultivo, en términos de una canasta de bienes y servicios de consumo, en lo que va de este año (7 meses) se mantiene en un nivel muy parecido al de los dos años previos (2018 y 2019), levemente por debajo de la media de los últimos 22 años, pero quizás lo más importante, un 30% por debajo del poder de fuego que llegó a tener en el período 2002/2004, y que fue tan importante en aquel entonces para estimular las decisiones de inversión en activos vinculados a la propia actividad agrícola y para traccionar y acelerar la salida de la crisis de otros sectores económicos (construcción, consumo de bienes durables).

En síntesis, los precios relativos internos del principal producto agrícola argentino se mantienen en los niveles de los años previos, que no son bajos en relación a, por caso, los valores que se observaban a fines de la Convertibilidad o en algunos años recientes (2015, 2017), pero que distan ser tan elevados y atractivos como lo fueran allá en la salida de la gran crisis económica 2001/2002. En aquel entonces y a diferencia del contexto actual, el tipo de cambio real se encontraba en niveles bastante superiores y los derechos de exportación, si bien ya eran altos, se aplicaban con tasas menores a las actuales (33% hoy vs 23,5% en esos años).

Apreciaciones finales

La economía argentina necesita salir rápido de la crisis económica, de forma tal que los daños que hoy sufre el tejido productivo y social no se vuelvan permanentes y muy difíciles de sanar.

Ciertas actividades están volviendo a la normalidad, rebotando en términos económicos, caso de la construcción y la industria, a medida que la política de aislamiento obligatorio lo va permitiendo y se va disipando el temor al contagio del virus por parte de la población, particularmente en ciertas franjas etarias. Otras, más vinculadas a los servicios, donde la propuesta de valor se basa en la interacción presencial, se encuentran bastante más comprometidas, y pasarán seguramente muchos meses hasta que puedan recuperar el nivel de actividad de los meses pre-pandemia.

El agro ha tenido siempre un rol importante en los procesos de recuperación, por su menor dependencia a las condiciones de la demanda interna y la naturaleza de los productos que ofrece a los mercados. En la actual crisis y pensando en la salida, la relevancia de tener un ciclo agrícola 2020/2021 exitoso se acrecienta, apareciendo aquí como factores claves, el clima, los precios internacionales y las condiciones generales que ofrece la macroeconomía y la política económica a los productores de bienes y servicios agropecuarios.

El clima, la ausencia de lluvias, el fenómeno ENSO y la probabilidad de una Niña neutral, está prendiendo algunas alarmas y es un factor que deberá monitorearse con atención en los próximos meses. En cuanto a los precios internacionales, si bien resisten en la crisis global y se han verificado algunos aumentos, sigue habiendo riesgos de reversión y claramente no habría que esperar un ciclo de alza de la magnitud como la que se observara allá por 2002/2003 (+70% de suba de la soja, punta a punta), fenómeno que facilitaría sin dudas la recuperación de la economía en aquel entonces.

Finalmente, habrá que seguir con mucha atención la situación cambiaria, la política tributaria y las acciones que se llevan adelante para contener la inflación. Los precios relativos internos de los granos no están en niveles muy bajos, pero tampoco disponen de mucho margen como para absorber atrasos cambiarios y/o mayores impuestos, al menos si se pretende que la próxima siembra de granos gruesos, que debe definirse en el último cuatrimestre de este año, sea lo suficientemente potente como para ilusionarse con una buena cosecha en el 2021.

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Efectos del COVID-19 la movilidad en la región NEA

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Un informe de la Fundación Mediterranea – IERAL a cargo de Gerardo Alonzo Scwarz y Juan Cuevas muestra el impacto de la pandemia en el NEA

Uno de los rubros afectados por la pandemia que se relaciona con la movilidad de las personas es la venta de combustibles (tanto de nafta como de gasoil). A nivel nacional las ventas de gasoil disminuyeron un 29% en abril 2020 respecto al mismo mes del año anterior. En cuanto a las ventas de nafta, tuvieron una caída interanual de un 67%. De acuerdo a los datos podemos decir que las ventas de gasoil tanto a nivel país como en cada provincia en particular, no disminuyeron tan bruscamente como las ventas de nafta.

Los datos de movilidad de personas muestran que entre los lugares fuertemente golpeados por la crisis son los lugares turísticos como parques, playas, etc. En cuanto a las provincias del Nea, la provincia de Chaco registró una caída de 89%, la mayor en este rubro del 89% (la provincia de Misiones de -81%).

Otra de las categorías en las cuales disminuyó la movilidad de las personas es a lugares de ventas minoristas y recreación. A nivel nacional, la caída fue del 71%. La provincia de Formosa sobrepasa este valor con una caída del 74% (la provincia de Misiones -64%).

También vemos una disminución en la movilidad de las personas en tiendas comestibles (supermercados, almacenes) y farmacias. En el NEA la mayor caída tuvo la provincia de Chaco con un 28% menos de movilidad (la provincia de Misiones fue de -27%).

En cuanto a la movilidad hacia lugares de trabajo, la provincia de Chaco presenta una caída del 24%, mucho mayor a las demás provincias del NEA (Misiones -17%).

Todos los datos analizados muestran que, como muchas actividades están volviendo a abrir sus puertas y a comenzar a ofrecer sus productos y servicios, aún la demanda no se recupera a igual ritmo (según lo muestran los datos de combustibles y de movilidad de personas).

Desde que se implementó la cuarentena en Argentina, que entre otras cosas requirió el confinamiento de las personas en sus domicilios, uno de los sectores afectados es la venta de combustibles (entiéndase nafta como de gasoil).

En el gráfico N°1 se puede apreciar la evolución que tuvo el consumo de naftas (Abril 2020 respecto a Abril 2019), en el total país el consumo de naftas tuvo una caída del 67%,en las provincias del NEA, la provincia de Corrientes tuvo la mayor caída de ventas (-60%), seguido de la provincia de Chaco con una disminución en sus ventas del 58%, muy de cerca encuentra la provincia de Misiones con una caída del 55% y por último la provincia de Formosa con una disminución del 47%.

Por otro lado, al observar la variación de las ventas de gasoil en el mismo período (ver gráfico N°2) apreciamos que en el total nacional las ventas de gasoil disminuyeron un 29% en abril 2020 respecto al mismo mes del año anterior. Respecto a las provincias del NEA la provincia de Misiones tuvo una caída interanual en abril 2020 respecto al mismo mes del año anterior del 37%, siendo la provincia de mayor caída en el NEA. En la provincia de Corrientes la disminución interanual de las ventas de gasoil en abril 2020 fue del 29%, en la provincia de Formosa fue del 25% y en la provincia de Chaco hubo una caída en las ventas de gasoil del 7% solamente.

De acuerdo a los datos podemos decir que las ventas de gasoil tanto a nivel país como en cada provincia, disminuyeron menos que las ventas de naftas. Esto se explica en parte debido a que las ventas de gasoil representan un indicador de producción (entiéndase movilidad o transporte de bienes preferentemente), mientras que las ventas de naftas son principalmente un indicador de consumo (entiéndase movilidad de personas).

Siguiendo con la temática movilidad de personas, resulta interesante apreciar la movilidad de las personas a diferentes lugares y que debido al COVID-19 se vieron obligados a disminuir dicha movilidad. Los datos de GOOGLE analizados corresponden al 21 de Mayo del corriente año y tienen como valor de referencia de los datos el mes de enero del 2020 (cabe aclarar que generalmente Enero se caracteriza por ser un mes de poca actividad económica salvo para aquellos rubros de recreación y entretenimiento).

En el gráfico N°3, observamos el impacto que tuvo la pandemia en la movilidad de las personas a lugares turísticos como parques nacionales, playas públicas, marinas, parques, plazas y jardines públicos. Es una categoría fuertemente golpeada por obvias razones de aislamiento social, preventivo y obligatorio.

A nivel país, la caída en la movilidad de las personas fue de un 88% (entiéndase Mayo 2020 respecto Enero 2020). La provincia La Rioja fue la provincia con el mayor descenso en esta categoría de un 93% y la provincia de Jujuy presenta la menor caída con un 70% menor de movilidad de las personas a parques. En cuanto a las provincias del NEA se encuentra la provincia de Chaco con una caída del 89%, seguido de la provincia de Corrientes con una caída del 83%, luego se encuentra la provincia de Misiones con una caída del 81% y por último en esta categoría, la provincia de Formosa con un 79%

En el gráfico N°4, podemos observar la movilidad de las personas a lugares de venta minorista y recreación, como ser restaurantes, cafeterías, centros comerciales, parques temáticos, museos, bibliotecas y cines. Si observamos a nivel nacional, la caída fue del 71%. La provincia de Formosa sobrepasa este valor con una caída del 74%. Por otra parte, la provincia de Chaco ha tenido una caída del 69%, la provincia de Corrientes del 65% y la provincia de Misiones del 64% siendo la provincia del NEA con la menor caída a la fecha.

En el gráfico N°5, se puede apreciar el impacto que tuvo la crisis mencionada en la movilidad de las personas a lugares de tiendas comestibles (supermercados, almacenes) y farmacias. Se puede ver que la caída en esta categoría no fue tan dura como en los casos anteriores debido a que la visita a estos lugares es para suplir una necesidad básica como lo es la alimentación o la salud. La provincia de Corrientes tiene una caída del 28%, (1% mayor que el nivel país). La provincia de Misiones tiene una caída similar al nivel país (27%). La provincia de Chaco del 20% y la provincia de Formosa del 17%.

Por último, podemos observar otra categoría afectada por la cuarentena producto del COVID-19 que es la concurrencia a lugares de trabajo (ver gráfico 6). A nivel país, la movilidad a lugares de trabajo disminuyó un 35%. Si destacamos las provincias del NEA, la provincia de Chaco presenta una caída del 24%, mucho mayor a las demás provincias del NEA y esto es así ya que Chaco aún presenta muchos casos de coronavirus por lo cual el distanciamientos social y preventivo es más restrictivo. La provincia de Misiones presenta una caída del 17%, la provincia de Corrientes del 16% y la provincia de Formosa del 10%.

Hay que destacar que estos datos son calculados a fines de mayo, un mes donde en la mayoría de las provincias se ha pasado a la cuarta fase de la cuarentena donde hay menores restricciones por lo que muchas actividades ya están exceptuadas del aislamiento preventivo. Sin embargo, los datos se comparan con el primer mes del año, un mes donde no hay mucha movilidad de por sí.

Todos los datos mencionados muestran que, como muchas actividades están volviendo a abrir sus puertas y a comenzar a ofrecer sus productos y servicios, aún la demanda no se recupera a igual ritmo (según lo muestran los datos de combustibles y de movilidad de personas).

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¿Qué podemos esperar para el nivel de actividad económica?

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Un informe de Gustavo Reyes de la Fundación Mediterránea – IERAL analiza el contexto económico y realiza aproximaciones a las medidas necesarias para volver a la senda del crecimiento

• En los siete episodios de default por los que atravesó la economía argentina en su historia, nunca salió indemne, con repercusiones negativas en términos de nivel de actividad y de presiones devaluatorias e inflacionarias
• Por ende, en la dinámica de corto plazo es muy relevante el desenlace del proceso de reestructuración de la deuda pública. No se trata sólo de un arreglo con los acreedores, sino de la necesidad de una fuerte baja del riesgo país “el día después” de ese proceso
• La recesión actual cumplió ya siete trimestres, siendo una de las más prolongadas en tres décadas, aunque con una intensidad menor al promedio. Entre los determinantes de la recesión se encuentran la fuga de capitales que se inició en el primer semestre de 2018, a lo que se acoplaron en 2019 políticas restrictivas en lo fiscal y crediticio. La reversión de la fuga de capitales podría dar lugar, simultáneamente, a una recuperación en el segmento del crédito al sector privado.
• Sin embargo, a mediano y largo plazo es clave lo que ocurra con la inversión, que no se encuentra afectada sólo por el elevado riesgo país, sino también por el esquema de control de cambios, la elevada presión tributaria, la incertidumbre vinculada con la sustentabilidad de la deuda y las recurrentes escaladas inflacionarias. Junto con la inversión, se necesitan avances constantes de productividad, para lo que es clave una mayor integración comercial con la región y el mundo

En los últimos meses del 2019 la recesión económica cumplió 7 trimestres consecutivos y pasó a ser uno de los procesos más largos de los últimos 30 años, aunque con una intensidad menor que el promedio. No obstante, los últimos datos agregados con periodicidad mensual muestran cierto amesetamiento en el nivel de actividad económica.

La pregunta es qué habrá de suceder con esta tendencia en el corto y en el mediano plazo. Como es de esperar, la respuesta depende de múltiples factores. El objetivo de la presente editorial es analizar algunos de los principales determinantes de esta dinámica.

En el corto plazo (2020), dado los altos compromisos que el gobierno nacional tiene que afrontar en materia de servicios de la deuda, los escenarios resultan muy diferentes en el caso que las autoridades económicas logren o no reestructurar satisfactoriamente el cronograma de pagos.

El posible escenario si se evita el default

Uno de los principales determinantes de la recesión sufrida tanto en 2018 como en 2019 fue la dinámica de las salidas de capitales del sector privado, que aceleró durante esos años, con múltiples efectos macroeconómicos. En este período, la gente trató de sacarse de encima buena parte de los pesos que tenía en su poder (cayó la demanda de dinero doméstica) y lo hizo comprando dólares. Así, la economía terminó con menos dinero doméstico que antes, generando una caída en el nivel de gasto (fruto del aumento en el ahorro) y por lo tanto, de la actividad económica.

Teniendo en cuenta que en los últimos meses, controles de capitales mediante, se ha producido una notable reducción de las salidas de capitales y asumiendo un escenario exitoso de reestructuración en la deuda, es dable pensar que el volumen total de las salidas de capitales durante 2020 podría resultar inferior al del 2019. De ser así, las consecuencias sobre el nivel de actividad serían exactamente las contrarias a las del 2019: las menores salidas de capitales generarían un mayor nivel de gasto interno (menor ahorro) y sería un factor muy importante para reactivar el nivel de actividad económica.

Entre los otros factores operativos de 2019, la política fiscal y la evolución de los préstamos jugaron también un rol contractivo para el nivel de actividad económica. En el primer caso, el déficit primario nacional se redujo considerablemente y si bien ayudó a mejorar el desequilibrio en las cuentas fiscales, resultó contractivo para el nivel de actividad económica. En el segundo caso, fruto de la incertidumbre, el nivel de préstamos también cayó fuertemente y jugó un rol importante con el proceso recesivo

Durante 2020, el propio ministro de Hacienda ha manifestado en reiteradas oportunidades que no se producirá ningún tipo de ajuste fiscal, dando entender que el denominado déficit primario nacional registrado en 2019 podría mantenerse constante o inclusive aumentar durante el presente año. De esta forma, si bien por ahora es incierto el resultado de la política fiscal en 20201 , ésta podría resultar neutral o expansiva en términos del nivel de actividad económico.

Con respecto al nivel de préstamos, en el escenario optimista de una exitosa reestructuración de la deuda, es dable suponer que los bancos serán más expansivos en su política crediticia dado los altos niveles de liquidez que presentan actualmente.

Por último, el sector externo durante 2019 también resultó contractivo del nivel de actividad económica. Por un lado, tanto el crecimiento del comercio internacional como el de la actividad económica en el mundo se desaceleraron fuertemente durante este año. Por otro lado, este contexto de desaceleración en el nivel de actividad económica mundial, afectó negativamente a los términos de intercambio de nuestro país (cociente entre el precio de las exportaciones y de las importaciones).

Para 2020, las estimaciones iniciales de crecimiento tanto para la economía del mundo como para el comercio internacional eran bastante mejores que lo sucedido en 2019. No obstante, la propagación del “Coronavirus” ha sembrado un gran manto de duda sobre el optimismo inicial de dichas estimaciones, que han comenzado a ser revisadas a la baja (levemente por ahora).

Respecto de los precios internacionales de las exportaciones argentinas, en el caso del trigo y la soja, los mismos venían creciendo en los últimos meses del 2019 pero, nuevamente el efecto del “Coronavirus”, revirtió esta tendencia a partir de la propagación de este virus.

En resumen, bajo este escenario optimista de reestructuración exitosa de la deuda, el actual amesetamiento de los indicadores económicos podría transformarse en una mejoría, en la medida que se mantengan los factores expansivos mencionados anteriormente y que el efecto del “Coronavirus” no resulte demasiado dañino para la economía mundial y la evolución de los precios de las exportaciones de nuestro país.

El temido escenario del default

El calificativo de “temido” a este escenario alternativo se debe a que nuestra economía nunca ha salido indemne en las numerosas veces (7) que Argentina ha pasado por este tipo de experiencia. Con distinta magnitud y diferentes causas, en todos estos episodios se ha generado una importante contracción en el nivel de actividad económica, con fuertes presiones devaluatorias e inflacionarias.

Por lo tanto, bajo este escenario, si bien resulta muy difícil estimar la magnitud, es dable esperar una dinámica de corto plazo en la cual el contexto recesivo de los últimos años probablemente continúe (o incluso se profundice) y con presiones devaluatorias e inflacionarias en peligroso ascenso.

El panorama de mediano plazo

Como se analizó anteriormente, el grado de resolución de la reestructuración de la deuda puede tener efectos muy diferentes para la dinámica esperada de corto plazo de la economía de nuestro país.

Sin embargo, cuando la mirada es a más largo plazo, si bien el retorno a los mercados de créditos internacionales resulta una condición “sine qua non” para mejorar la performance de crecimiento de la economía de Argentina, existen también otros factores que también resultan muy importantes.

A diferencia del corto plazo, donde la economía puede reactivarse en presencia de factores expansivos cuando existe capacidad ociosa, en el mediano plazo, los motores del crecimiento económico son la acumulación de capital físico (inversión) y las mejoras en productividad. En ambas variables nuestro país presenta una muy pobre performance en los últimos 70 años como puede observarse en los siguientes gráficos.

Como se mencionaba anteriormente, evitar el default y volver a tener acceso a los mercados internacionales de créditos resulta muy importante ya que sin ellos es muy difícil financiar internamente las mayores inversiones necesarias para recuperar el crecimiento de mediano plazo2 .

Estimular el proceso de inversión requiere a su vez eliminar los actuales controles de cambio, reducir los elevados niveles de carga tributaria y solucionar definitivamente los altos riesgos implícitos de los problemas inflacionarios y de la inestabilidad de la deuda del sector público. Estos últimos tres requisitos claves, para que se conviertan en realidad, necesitan previamente la implementación de un ambicioso programa de reducción del gasto público.

Por último, las mejoras en la productividad exigen un ambiente de negocios altamente competitivo, para lo cual es condición indispensable que la economía tenga una mayor apertura comercial al resto del mundo

De esta forma, aún en el escenario optimista de reestructuración exitosa de la deuda, en la medida que el gobierno no avance en el resto de las condiciones para estimular el crecimiento de mediano plazo, difícilmente nuestro país pueda revertir definitivamente la pobre performance económica que ha mostrado en los últimos 70 años.


1 Un análisis profundo puede encontrarse en:” Más allá de la negociación de la deuda, se necesita generar un sendero de superávit fiscal más dinámico y ambicioso”, Editorial del Informe de Coyuntura del IERAL, 27 de febrero de 2020, Año 29, Edición Nº 1256, páginas 3 – 13, http://www.ieral.org/images_db/noticias_archivos/4094-Informe%20de%20Coyuntura.pdf

2 Sin financiamiento externo, la única fuente de financiamiento es la reducción del consumo interno.

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El escenario económico post-Paso

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El informe de coyuntura de la Fundación Mediterranea cuenta con el analisis de Gustavo Reyes sobre la economía luego de las PASO del pasado 11 de agosto.

• Luego de las PASO, le economia de nuestro país se volvió mucho mas probable por las calidad de los bonos de las acciones y del valor de peso. Esta combinación de factores, a su vez, tiene impacto negativo sobre el incipiente proceso de reactivación económica que se observaba

• Tras una primer semana de gran incertidumbre, las variables parecen encaminase, aunque el valor de los pronósticos es de muy corto plazo. El Ministerio de Hacienda ha informado que la metas comprometidas con el FMI no están en riesgo, mientras que el BCRA ha decidido intervenir mas activamente en el mercado de cambios, aunque tratando de preservar el nivel de las reservas

• De tener éxito esta estrategia, podría evitarse que la tasa de inflación y la de interés se espiralicen, luego del salto inicial, acotando el impacto negativo sobre el nivel de actividad. De todos modos, la incertidumbre política, el rumbo que adquiera el acuerdo con el FMI y la volatilidad externa seguirán pesando sobre las expectativas

Habiendo pasado casi dos semanas de las primarias (Paso), el escenario económico hacia fin de año continúa con pocas certezas y muchas incógnitas. Entre tanto, se puede afirmar que la economía de nuestro país se volvió bastante más pobre luego las caídas brutales en el precio de los bonos, en el valor de las acciones de las empresas (en algunos casos superiores al 50%) y con el desplome del peso. Por otro lado, en el corto plazo el proceso de leve reactivación económica con descenso de la tasa de inflación que se había iniciado hace 4 meses, se interrumpió abruptamente para pasar a un escenario totalmente opuesto.

Entre las principales incertidumbres se destaca, la magnitud que puede alcanzar la actual crisis económica y el efectivo poder que tendrán las políticas económicas del gobierno actual y futuro para amortiguar y sobrellevar estas fuertes turbulencias. Los resultados de estas políticas no sólo afectarán el nivel de vida de los argentinos durante el resto del 2019 sino también condicionarán el accionar económico del 2020.

Las medidas económicas

Luego del colapso de los mercados, el gobierno se mostró activo en materia de políticas económicas y diseñó un paquete de medidas (básicamente fiscales) a fin de compensar el impacto inflacionario de la fuerte suba en el tipo de cambio.

Más allá de algún beneficio sectorial puntal, estas medidas difícilmente cambien en el corto plazo el clima recesivo en el que se sumergió la economía en las últimas semanas.

El origen de este cambio abrupto es la incertidumbre acerca de cómo habrá de llegar la economía a las elecciones de octubre y cómo va a continuar de ahí en más. Dados los resultados de las PASO, el gobierno actual poco puede hacer por ahora para resolver el segundo interrogante, pero no sucede lo mismo con el primero.

El paquete de medidas anunciadas la semana pasada no reducen la incertidumbre cambiaria y, en alguna medida, pueden exacerbarla ya que abren la discusión acerca del cumplimiento de las metas fiscales comprometidas con el FMI y por lo tanto, del futuro desembolso que el organismo internacional tiene previsto para los próximos meses de septiembre y diciembre (u$s 5.4 y u$s 1 mil millones respectivamente). Para evitar estas especulaciones, el nuevo ministro de Hacienda aseguró en su Primer conferencia de prensa que: “las medidas de la semana pasada …no ponen en riesgo el alcance de las metas fiscales para este año porque están autofinanciadas por la mayor recaudación que tendremos en los próximos 5 meses”1

A las condiciones políticas inciertas y al contexto de devaluación e inflación se le suma una coyuntura financiera internacional complicada. Todo esto se traduce en un combo muy desafiante para el mercado cambiario. De esta forma, la clave para tranquilizar a los mercados no pasa ni por medidas fiscales para reactivar la economía ni por los cambios de nombres en el ministerio de Hacienda sino por el accionar efectivo que el Banco Central demuestre que tiene para afrontar esta tormenta

El accionar del Banco Central

Las corridas cambiarias se fundamentan en la incertidumbre acerca del futuro valor del peso (la depreciación esperada a un año en el mercado de futuros pasó del 52% a casi el 100%). Este temor a una fuerte depreciación de la moneda es lo que hace que la gente se refugie en activos alternativos y líquidos como el dólar. Para devolver la calma al mercado, el accionar del Banco Central es clave.

Teniendo en cuenta esto, el presidente del BCRA, una semana después del colapso de los mercados volvió a hablar públicamente el martes 20 de agosto2 inmediatamente después de la asunción del nuevo ministro de Hacienda. En la misma precisó algunos detalles del accionar futuro de la autoridad monetaria en términos de la actual crisis:

• “las reservas internacionales son esencialmente para moderar la volatilidad del Tipo de Cambio y garantizar la estabilidad del sistema financiero”

• “no se utilizarán reservas internacionales para contener cotizaciones de activos financieros alejadas de sus fundamentals”

• “…amplio consenso que el tipo de cambio es ahora muy competitivo”

Estas definiciones resultaron complementarias a las que minutos antes había realizado el nuevo ministro de Hacienda acerca de la cuestión cambiaria:

• “el presidente me dió un mandato central: garantizar la estabilidad del tipo de cambio como objetivo de primer orden”

• “estabilizar el tipo de cambio es lo mejor que podemos hacer por las familias”

• “el tipo de cambio está largamente por encima de su valor de equilibrio”

De estas definiciones surge claramente, que las autoridades económicas consideran que el tipo de cambio no se encuentra en niveles atrasados y que están dispuestas a utilizar sus reservas para estabilizar las fluctuaciones en el precio de la divisa que no se originen en cambios en las variables que lo determinan en el mediano plazo (precios y tasas de interés internacionales, riesgo de países emergentes, etc.).

De acuerdo a estas palabras, el Banco Central parecería haber entrado en una nueva etapa respecto de la estrategia cambiaria de la primer semana post Paso, en la que el tipo de cambio subió un 25%, con una muy limitada intervención en el mercado cambiario (entre los 5 días, vendió menos del 1% de sus reservas brutas).

La pregunta obvia que surge de este contexto es si el BCRA tiene o no suficientes reservas para cumplir este objetivo. Si bien el poder de fuego de la autoridad monetaria siempre es limitado (ya que depende en cierta medida del grado de temor que tenga el mercado), eso no significa que no sea importante.

Cada vez que aumenta el tipo de cambio, se licúa automáticamente el valor de los pesos y, por lo tanto, aumenta el poder de fuego de las reservas del Banco Central. En la actualidad, la entidad monetaria posee un total de reservas brutas cercana a u$s 59 mil millones de los cuales un poco más de un tercio pueden ser utilizados libremente para enfrentar una corrida contra el peso.

En este tipo de crisis, la gente al huir del dinero doméstico termina reduciendo sus tenencias de pesos en términos del PBI. Esta conducta es la que se observó en todas las crisis que tuvo nuestro país como se muestra en el siguiente gráfico: por temor a la devaluación, la gente quiere menos pesos, se deshace de los mismos comprando dólares y por esta razón cae el cociente de pesos (M3 privado) en términos del PBI.

Si bien es imposible saber a cuánto podría caer la demanda de pesos en la actual crisis, un marco de referencia importante está dado por la disminución que tuvo durante una de las crisis más profundas que sufrió nuestro país como fue la 1989. A efectos de evaluar el poder de fuego del BCRA puede considerarse este caso hipotéticamente extremo: ¿qué sucede si la demanda de dinero cae a los niveles registrados en 1989? Si este fuera el caso, el BCRA debería utilizar un monto cercano a los u$s 25 mil millones de dólares para retirar el excedente de pesos y canjearlos por divisas a un valor del tipo de cambio cercano a 60 $/u$s. En otras palabras, si la autoridad monetaria estuviese dispuesta a hacerlo, con su nivel actual de reservas netas podría afrontar una corrida importante contra el peso sin la necesidad de fuertes saltos en el tipo de cambio. De todos modos, cabe resaltar que la situación actual de ningún modo es comparable a la de 1989.

De esta forma se produce una situación extraña. Por un lado, mientras más sube el tipo de cambio, como los pesos que hay en el mercado pueden comprar cada vez menos dólares, la autoridad monetaria tiene cada vez mayor poder de fuego para tranquilizar el mercado. Sin embargo, por otro lado, mientras más sube el tipo de cambio, el mercado se pone más nervioso y la demanda de pesos puede caer aún más complicando la estabilidad de la economía y del sistema financiero.

Esta situación deja tres posibles cursos de acción que podría llevar adelante la autoridad monetaria de aquí a fin de año. Cada una de ellos tiene, no sólo implicancias muy diferentes para la evolución de las variables claves de la economía, sino también para la herencia con la que comenzará el 2020. Dichas estrategias son las siguientes:

a) controlar el precio dólar, b) dejar flotar al tipo de cambio y c) control de cambios.

La primera estrategia supone una agresividad mucho mayor en la venta de reservas a la mostrada en la primera semana de la crisis y es probablemente la que pretendieron dar a entender tanto el presidente del BCRA como el nuevo ministro de Hacienda en las conferencias de prensa del pasado martes 20 de agosto. Las principales ventajas de esta estrategia tienen que ver con el hecho que la tasa de inflación y la tasa de interés no se espiralizan y, por lo tanto, tampoco hay un desplome total del nivel de actividad económico. La principal desventaja es que el nivel de reservas podría caer en una magnitud importante, dejando a la autoridad monetaria más débil y expuesta.

La segunda estrategia ha sido un poco la que siguió el Banco Central en la primera semana de la crisis, dado el bajo nivel de intervención que tuvo con las ventas de dólares y el avance que registró el precio de la divisa (ver gráfico más arriba). La principal ventaja es que se preserva el nivel de reservas puede acentuar el nivel de incertidumbre al permitir una fuerte devaluación adicional del peso, con el riesgo que esto tiene sobre la tasa de inflación, y el nivel de actividad económica.

Por último, la tercera opción es la de reinstalar restricciones en el mercado cambiario, pudiendo o no incorporar la obligación de la liquidación de divisas por parte de los exportadores en plazos relativamente cortos. Esta estrategia implica desdoblar el mercado en diferentes tipos de cambio y el objetivo es resguardar el nivel de reservas y evitar una espiralización en la tasa de inflación al controlar el nivel del dólar relevante para las transacciones comerciales. La desventaja tiene que veres un abrupto cambio en las reglas de juego y todos los problemas conocidos de la implementación de tipos de cambios múltiples.

La adopción de las diferentes estrategias y su timing obviamente va a depender de la profundidad que alcance la crisis. En la medida que pueda ser contenida, la probabilidad de que sólo se utilice la estrategia de controlar el dólar sin duda es alta. En el caso que el deterioro se profundice, ya sea por incertidumbre política, desacuerdos con el FMI y/o volatilidad externa aumenta, la probabilidad de que se implemente alguna de las otras dos estrategias.

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Federalismo y gobernabilidad

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Pueden cuestionarse muchas decisiones de la actual administración nacional, pero tiene un activo en la cuestión del federalismo. No se trata sólo de haberle quitado discrecionalidad al giro de los fondos, hay otras dimensiones, como la mayor conectividad aérea de las distintas regiones, o el impulso a actividades productivas del interior profundo, que no se limitan al caso más citado, el de Vaca Muerta. En el plano fiscal, las transferencias automáticas a provincias pasaron de significar el 25,9 % de los recursos tributarios nacionales en 2015 a 31,9 % en 2019. Estos cambios han contribuido a la gobernabilidad, y de hecho en 2019 están ayudando al triunfo electoral de los oficialismos locales, una paradoja para Cambiemos que sólo administra cinco provincias. Pero hace falta ahora una contribución más decidida de las provincias a la competitividad, ya que sin crecimiento los gobernadores se enfrentarán a un escenario más adverso. Aquellos que administran provincias que dependen de la coparticipación y del empleo público no tendrán la mejora de recursos esperada. Y los que  están al frente de provincias más grandes, o ricas en recursos naturales, tendrán más dificultad para obtener recursos propios y el voto local se resentirá, porque está asociado a la evolución del empleo privado. Lo que también está en juego en estas elecciones, es la capacidad del próximo gobierno nacional de encontrar puntos en común con los gobernadores, para una nueva secuencia de reformas a favor del crecimiento y la competitividad.

Aunque el anuncio de la incorporación del senador Pichetto a la fórmula del oficialismo haya sorprendido, en realidad marca continuidad con el sesgo de muchas de las políticas adoptadas desde 2015, que tuvieron al Senado como eje articulador. Una movida a favor de la gobernabilidad debería influir  positivamente en una fracción de los votantes, aunque es difícil saber si esto se habrá de exteriorizar ya en las PASO, o habrá que esperar a octubre o noviembre. Los tiempos podrían adelantarse por la posible extensión de la “paz” cambiaria que conllevan estas novedades, junto con la continuidad de la desinflación, ya que al 3,1 % de variación del IPC de mayo podría seguir un 2,5 % para junio. Pero todavía hay que aguardar el impacto electoral de las
fórmulas que aspiran a quebrar la polarización.

Mientras tanto, los interrogantes sobre la gobernabilidad se reflejan, entre otros indicadores, en la elevada tasa de riesgo país, aunque ésta haya descendido un par de escalones. Faltan mensajes explícitos de algunas de las fórmulas presidenciales en competencia, pero no hay que suponer que, con meras declaraciones, el problema se puede arreglar. También importa la percepción de la “capacidad de pago” que la Argentina habrá de tener en el futuro, y para eso la variable crecimiento es clave.

Aunque algunas campañas refieran a la deuda pública como “impagable”, los datos no convalidan el eslogan. Como se apuntara en febrero (“En economía, hay vida después de las elecciones”), los pasivos exigibles que enfrenta el Tesoro con acreedores privados son manejables. Por su calificación crediticia, despejadas las incertidumbres y con un programa de reformas en marcha, la Argentina podría emitir el año próximo bonos a 10 años a una tasa de entre 7,5 y 8,0 % anual en dólares, dada la reciente colocación de Ecuador a ese plazo, con un rinde de 9,05 % anual.

Si bien el peso de la deuda pública sobre el PIB es significativo, la Argentina está a tiempo de desactivar amenazas: 1) el contexto internacional, con tasas de interés en Estados Unidos que convergen al 2 % anual es inédito y amigable respecto de los escenarios que tocó vivir en las crisis de principios de los ´80 y de 2001/02; 2) el grueso de la deuda tiene como acreedor al propio sector público (40 % del total), a organismos como el FMI, BID y demás (23 %), mientras que el 37 % restante es la que tiene como contrapartida a privados.

El FMI proyecta para 2023 que la deuda pública de la Argentina se ubique en 60,7 % del PIB, y esto es factible. Sólo que el estado tiene que ahorrar y la economía crecer… En el corto plazo, hay un desfiladero a atravesar, por los vencimientos de deuda local (Lebacs, Letes) que promedian 3,9 mil millones de dólares/mes entre junio y octubre. Pero éste no es un tema de solvencia de largo plazo, sino de la voluntad de pago que expresen los candidatos con chances. Las reservas del Banco Central en 64 mil millones de dólares permiten “bancar” grados intermedios de dolarización y de refinanciación (entre 40 % y 50 %) de los vencimientos de Letes y Lebacs.

Sin políticas disruptivas, las reservas del Central podrían superar los 50 mil millones de dólares hacia el 10 de diciembre. En ese caso, no sería tan “cuesta arriba” la tarea de cubrir las necesidades de financiamiento de 2020, que suman algo más de 30 mil millones de dólares, incluyendo intereses y vencimientos de capital.

Bajar el riesgo país de aquí a fin de año es una condición necesaria para volver a crecer, pero no suficiente. La Argentina reclama reformas que permitan que sus sectores productivos pasen a ser eslabones confiables de las cadenas de valor globales, como única opción para lograr que las inversiones y el empleo se recuperen.

Ese es el camino adoptado por el grueso de los países de la región, y la Argentina, al igual que Brasil, todavía está a tiempo de plegarse.

Nada mejor que nuevos pactos federales para atacar el “Riesgo-competitividad (falta de)”, y este es un ítem que debería escalar varias posiciones dentro de la agenda electoral.

 

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