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Determinantes de corto y mediano plazo del precio del dólar: ¿cómo operan en el presente y qué podemos esperar?

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En el informe semanal de coyuntura de la Fundación Mediterranea / IERAL, Gustavo Reyes hace un análisis del tipo de cambio del dólar y las expectativas a corto y mediano plazo
Luego de un octubre calmo, en noviembre el tipo de cambio volvió a registrar turbulencias. El mercado mostró sensibilidad al recorte marcado del diferencial de rendimiento esperado entre inversiones en pesos y en moneda extranjera. En el corto plazo, la evolución del precio del dólar estará condicionada no sólo por la política del BCRA vinculada con las tasas que pagan las Leliq, sino también por lo que suceda con las expectativas de devaluación, las primas de riesgo (de emergentes y del plus que paga la Argentina) y con las tasas de Estados Unidos 
Se necesita que las expectativas de depreciación del peso se moderen en forma significativa para que la trayectoria descendente de las tasas que pagan las Leliq no altere la relativa calma del mercado cambiario. En la medida en que eso no ocurra en la magnitud esperada, el Central se enfrentará a una disyuntiva entre el objetivo de bajar las tasas de interés locales y mantener la estabilidad del precio del dólar 
En el mediano y largo plazo, los determinantes del tipo de cambio están más relacionados con la llamada “Paridad de Poder de Compra”. En este sentido, la referencia del Big Mac sigue siendo extremadamente útil. Considerando la diferencia de precios en dólares de la hamburguesa y corrigiendo por la brecha de productividad entre la Argentina y Estados Unidos, se tiene que el actual tipo de cambio se encuentra algo por encima de la paridad de equilibrio, estimada en torno a 36 pesos por dólar. En ausencia de nuevos shocks externos, esto implica que, en el mediano plazo, la cotización de la divisa podría evolucionar levemente por debajo de  la inflación.  Obviamente, tasas de interés internacionales superiores a las esperadas, mayor riesgo país y/o deterioro en los términos de intercambio, podrían alterar aquella trayectoria
Después de las fuertes turbulencias entre los meses de abril y septiembre, el nuevo plan monetario había calmado la cotización del dólar durante el mes de octubre. La menor demanda por atesoramiento y por turismo junto con una mejora en la Balanza Comercial y los nuevos desembolsos del FMI, permitieron que el Banco Central recompusiera sus reservas y que retorne la calma en el mercado cambiario. Sin embargo, los últimos días de noviembre, las tensiones del mercado cambiario aparecieron nuevamente y el precio de la divisa volvió a aumentar fuertemente producto de un nuevo exceso de demanda.

La presente editorial analiza tanto las fuerzas de corto plazo que están originando las nuevas tensiones en el mercado cambiario como así también la posible evolución para el mediano plazo del precio de la divisa. Para ello guiará el análisis en base a dos teorías cambiarias muy conocidas en el mundo académico como son las del Enfoque de Activos (para el corto plazo) y el de la Paridad del Poder de Compra (para el mediano plazo).
Una teoría simple para entender los principales determinantes del dólar en el corto plazo
De acuerdo a la teoría más convencional para el análisis del tipo de cambio en el corto plazo (Enfoque de Activos 1), el precio del dólar depende del diferencial de rendimiento de invertir en pesos o en moneda extranjera. Cuando el rendimiento esperado de la inversión en pesos es superior a la inversión esperada en dólares, el tipo de cambio debería caer y viceversa.
El rendimiento esperado de una inversión en pesos está determinado en gran medida por la tasa de interés de las letras de Liquidez del Banco Central (Leliq) (bajó casi 10 puntos en los últimos 30 días hábiles: de 73.5% al 61%). Por otro lado, asumiendo que los  dólares se convierten en pesos para invertirlos dentro del país, la remuneración mínima que exigen estos activos debe incluir al rendimiento que tendrían los mismos en algún país libre de riesgo financiero (Bonos del Tesoro de Estados Unidos) más la compensación por el riesgo de invertir en Argentina (riesgo de países emergente más sobre tasa por invertir en nuestro
país) más las expectativas de devaluación del peso.
En los siguientes gráficos puede observarse la dinámica, desde el inicio del plan, que tuvieron los rendimientos de ambos activos y la evolución del precio del dólar en dicho período.

De los gráficos anteriores se desprenden tres hechos muy significativos:
• Para frenar la escalada del tipo de cambio, en los primeros días del plan, el BCRA subió fuertemente la tasa de interés de las Leliq y la colocó por encima del rendimiento esperado de los activos en moneda extranjera.
• La caída de casi 10 puntos porcentuales en las expectativas de depreciación anual del peso le permitió al Banco Central reducir la tasa de interés de las Leliq (Tasa de Política Monetaria) en un nivel similar sin grandes tensiones en el mercado cambiario.
• Mientras la brecha de los dos rendimientos se mantuvo alta a favor de las inversiones en pesos, el tipo de cambio descendió pero cuando la misma fue desapareciendo, el precio del dólar comenzó a repuntar nuevamente (últimos días de noviembre).
De esta forma, la evolución para el corto plazo del precio del dólar está condicionado no solamente a lo que haga el BCRA con las tasas de las Leliq sino también a lo que suceda con las expectativas de devaluación, las primas de riesgo (emergente y la sobre tasa de
Argentina) y las tasas de largo plazo en Estados Unidos.
Dada la magnitud de los distintos componentes del rendimiento esperado de las inversiones en moneda extranjera, solamente caídas significativas en las expectativas de depreciación permitirá reducciones sustanciales en la tasa de interés en pesos con relativa calma en el mercado cambiario. Alternativamente, en caso que no se produzcan caídas sustanciales en las expectativas de depreciación, el BCRA continuará con la actual disyuntiva entre continuar bajando la tasa de interés o mantener la tranquilidad de corto plazo en el mercado cambiario.
Una teoría para entender los determinantes del dólar en el mediano plazo 
Después del fuerte aumento del tipo de cambio en los últimos meses, la inflación se aceleró notablemente. Específicamente la dinámica de la inflación núcleo (excluye fenómenos estacionales y ajustes tarifarios) pasó de niveles cercanos al 2% – 3% mensual a superar el 7% en el mes de septiembre. Luego, la tranquilidad del mercado cambiario y el proceso recesivo de la economía permitieron desacelerar un poco el avance de los precios en octubre.
Esta tendencia podría continuar en en noviembre ya que se espera una tasa de inflación nuevamente entre el 2.5% y el 3%.

Luego del fuerte aumento en el precio del dólar y la consecuente reacción en los precios de los bienes: ¿cómo quedó el dólar: caro o barato? Tomando como base el mes de Agosto de 2017, resulta muy claro observar que el avance del dólar ha sido bastante más fuerte que la evolución de los precios. En términos históricos, el tipo de cambio real actual se encuentra levemente por encima del promedio 1980 – 2018.

El anterior análisis resulta útil desde el punto de vista histórico pero no arroja ninguna ayuda para determinar si el precio del dólar es alto o bajo respecto de su valor teórico de equilibrio para el mediano plazo.
Si bien hay muchas formas de medir el valor de equilibrio de mediano plazo de la divisa, una metodología muy útil y común es la de analizar cómo están los precios en dólares en Argentina respecto de otros países del mundo. A continuación vamos analizar para  diferentes bienes cómo están estos precios relativos para luego poder estimar la dinámica que debería tener el tipo de cambio en el mediano plazo.
¿Están caros o baratos los precios en dólares de Argentina? 
La comparación de precios de bienes y servicios entre países no es sencilla ya que debe realizarse entre productos completamente homogéneos y obviamente lo que se compare, debe estar valuado en la misma moneda. Por esta última razón, el valor del dólar siempre resulta muy importante a la hora de determinar si Argentina está cara o barata con respecto a otros países.
La comparación de precios entre productos totalmente homogéneos es posible de ser  realizada con artículos o servicios de empresas internacionales que produzcan exactamente el mismo bien o servicio en distintas partes del mundo. Lamentablemente, esto requiere excluir de la muestra a muchos servicios y productos que también son muy importantes a la hora de considerar el costo de vida en una economía pero que en la práctica resultan muy difícil de ser comparados por sus diferencias de calidad (educación, salud,  transporte, entretenimiento, etc.).
Teniendo en cuenta las anteriores restricciones, a continuación se comparan cerca de 50 precios de bienes y servicios producidos por reconocidas marcas y/o cadenas internacionales que son exactamente iguales en todo el mundo. Las economías donde se relevaron  las muestras son tres: Mendoza (Argentina), Londres (Reino Unido) y París (Francia).
Como puede observarse en los siguientes gráficos, los precios en Argentina relevados durante el presente mes de noviembre, resultan en general más bajos que en Francia e Inglaterra

En términos de promedio, los precios de la economía de nuestro país se encuentran bastante más baratos que en Agosto del 2017 pero muy parecidos a los del mes de Julio de este año cuando el precio del dólar tuvo el primer salto.

Precios internos en dólares y valor del Tipo de Cambio
A través de los precios de las economías, la teoría de la “Paridad de Poder de Compra”2 permite calcular el valor de mediano plazo para el tipo de cambio. Esta teoría ha sido ampliamente difundida por el semanario británico The Economist a través de su indicador de tipo de cambio “Big Mac”3 .
La idea implícita de la teoría de la “Paridad del Poder de Compra” es que en el mediano plazo, las canastas de bienes en el mundo deberían tener valores similares y los tipos de cambio son los encargados de ajustar dichas diferencias. Para calcular los desvíos del tipo de cambio respecto de sus valores de mediano plazo, una de las claves es utilizar una canasta de bienes muy similar entre los diferentes países. The Economist utiliza una canasta que es totalmente homogénea entre los diferentes países como es el sándwich “Big Mac”.
De esta forma, y de acuerdo a la teoría de la Paridad del Poder de Compra, cuando los precios internos en dólares de estos sándwiches son mayores que en Estados Unidos (país de referencia), el tipo de cambio se encontraría demasiado bajo y por lo tanto, debería subir en el mediano plazo y viceversa.
Uno de los problemas generales que tiene la aplicación de esta teoría4 es que la misma no tiene en cuenta las diferencias de productividad entre los distintos países. La mayor productividad en los países más ricos, les permite pagar mejores salarios a sus empleados sin perder competitividad aún con precios más elevados.
Como consecuencia de esto, los precios al consumidor en la mayoría de estos países son sistemáticamente más altos que en los países más pobres. Esta relación de precios más altos en países con mayor PBI per cápita (productividad) también es válida para los precios del “Big Mac” como puede observarse en el siguiente gráfico:

Un segundo problema del indicador de tipo de cambio “Big Mac”, pero que es exclusivo de Argentina, está dado por una antigua regulación que estableció el gobierno anterior por la cual le fijaba a McDonald´s el precio de este sándwich 5 . Esta regulación claramente distorsionó, para el caso de nuestro país, el indicador relevado por The Economist. Por este motivo, diversos analistas comenzaron a utilizar sólo para Argentina otro sándwich de la cadena internacional que tenía prácticamente el mismo precio del “Big Mac” en la mayoría de los países relevados por The Economist como es el sándwich “Cuarto de Libra con Queso”.
Con la llegada del nuevo gobierno, la regulación del precio del “Big Mac” fue removida. No obstante, por razones probablemente de índole comercial, la cadena internacional de comidas rápidas en Argentina si bien comenzó a ajustar el precio del “Big Mac”, esta corrección no habría concluido dado que, a diferencia del resto de los países, en Argentina el precio de este sándwich aún continúa bastante por debajo del “Cuarto de Libra con Queso”.

Por estos motivos, al realizar las cuentas para calcular el valor del tipo de cambio de mediano plazo mediante la teoría de la Paridad Poder de Compra, además de tener que ajustarlos por el PBI per cápita, en el caso de nuestro país, también debería tenerse en cuenta el precio del “Cuarto de Libra con Queso” en vez del precio del “Big Mac”.
El Tipo de Cambio de mediano plazo
Teniendo en cuenta el precio actual del “Cuarto de Libra” tanto en Argentina como en Estados Unidos y que el ajuste por productividad requiere que los precios en Argentina sean un 37% más baratos que en Estados Unidos6 , el actual valor de mediano plazo para el dólar estaría un poco más bajo que su actual cotización (cercano a los 36 $/u$s).
De esta forma, la teoría de la Paridad de Compra corregida por productividad predeciría que el actual valor del dólar estaría levemente por encima de su valor de equilibrio de mediano plazo. La implicancia práctica para una economía inflacionaria como la de Argentina es que, de no existir shocks importantes7 , la evolución futura del precio de la divisa debería ser levemente inferior a la evolución de la inflación.
En el caso que efectivamente la economía sí experimente algún tipo de shock, la dinámica de mediano plazo del tipo de cambio podría alterarse dependiendo del signo y de la magnitud del mismo. Shocks externos negativos (subas en las tasas de interés internacionales, menores precios de exportaciones, mayor riesgo de países emergentes, etc.) impulsarían una dinámica del tipo de cambio mayor a la de la inflación y viceversa.

1 Krugman y Ostfeld (2012), “Economía Internacional”, capítulo 14, Pearson Educación., Madrid.
2   Para más detalles ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Purchasing_power_parity
3 “The Big Mac Index”, http://www.economist.com/content/big‐mac‐index
4 Ver efecto Balassa ‐ Samuelson https://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_Balassa‐Samuelson
5 “Los pedidos de Moreno ya tienen impacto sobre el Big Mac”, http://www.lanacion.com.ar/1367486‐los‐ pedidos‐de‐moreno‐ya‐tienen‐impacto‐en‐el‐big‐mac      “The Big Mac Index”, https://en.wikipedia.org/wiki/Big_Mac_Index
6 Ver https://www.economist.com/news/2018/07/11/the‐big‐mac‐index
7 Shocks Externos, cambios importantes en la productividad y/o cambios muy fuertes de la política fiscal o monetaria.
 
 

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Proyectan impacto de los impuestos sobre la renta agrícola para el ciclo 2018/19

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Un informe elaborado por el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea, estimó cuál será la presión tributaria legal que soportará la renta agrícola en el ciclo 2018/2019, así como también analizó la evolución de los mismos durante las últimas 16 campañas.
El trabajo desarrollado por el IERAL estima la presión tributaria legal que soportará la renta agrícola en el ciclo 2018/2019, bajo un determinado set de precios relativos para las variables relevantes (granos, insumos, tipo de cambio, etc.). Además, para darle perspectiva al análisis, se repite el ejercicio para las últimas 16 campañas, es decir, se estima la presión tributaria legal que efectivamente afrontaron dos establecimientos que se utilizan como referencia en el trabajo.
Se incluyen en el análisis los principales impuestos provinciales y nacionales; en el caso de los impuestos de Córdoba: el Impuesto Inmobiliario Rural, Impuesto a los Ingresos Brutos (Córdoba y Santa Fe vía Convenio Multilateral), Impuesto de Sellos; en el caso del gobierno federal, Derechos de Exportación, Impuesto a las Ganancias, Impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios e Impuesto a los Bienes Personales.
La carga tributaria se mide en términos de: a) el valor de la producción a precios de exportación (precios FOB, puertos Rosario); b) la renta neta de la hectárea agrícola, que sería la retribución efectiva (ingresos descontados todos los gastos) que logra quien asigna hectáreas propias a la actividad y corre además los riesgos productivos y de mercado asociados al desarrollo de la misma, en un mundo sin impuestos.

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Presupuesto: Un 80% del ajuste fiscal previsto, es explicado por suba de impuestos o recorte de inversión pública

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Para llegar al objetivo de un déficit primario cero el año próximo, el sector público nacional necesita lograr ahorros equivalentes a 2,6% del PIB. Entre derechos de exportación y la suspensión de la baja de contribuciones patronales, aportarían 1,3% del PIB, mientras que el recorte en la inversión pública sería de 0,56% del PIB por el lado de Nación, y una fracción adicional del lado de provincias. Es clave que estas medidas resulten transitorias, aplicables a la emergencia
La presión tributaria nacional, que había iniciado un ciclo descendente de 2015 a 2017, subiría de 24,4% del PIB el año pasado a  25,2% en 2018 y 26,2% en 2019. De todos modos, el gasto primario habrá descendido cerca de 4 puntos del PIB entre 2015 y 2019, aunque todavía 5 puntos por encima del nivel de 2007. Las erogaciones en subsidios económicos se habrán achicado de 4,9% del PIB en 2014 a 1,7% en 2019, mientras que este año se está produciendo un importante ajuste del gasto salarial del sector público nacional, del orden de los 0,3 puntos del PIB
De acuerdo al nuevo esquema fiscal, las necesidades de financiamiento de 2019 quedarían plenamente cubiertas con desembolsos del FMI del orden de los 20 mil millones de dólares, percepción que ha contribuido en los últimos días a un significativo descenso de la tasa de riesgo país
El informe de la Fundación Mediterranea realizado por Marcelo Capello, Vanessa Toselli, Agustín Cugno analiza el Presupuesto 2019 y plantea que el el déficit cero se logrará con mayor presión impositiva y recortes a la inversión pública.
La economía argentina ha mostrado algunas buenas noticias en los últimos días, como la caída del riesgo país y la contención del valor del dólar en el mercado de cambios, en una semana en que el BCRA decidió no renovar $150 mil millones de vencimientos en LEBAC, con el riesgo que dichos recursos fueran canalizados a la compra de dólares.
No obstante, aun subsisten factores que generan desconfianza, algunos de los cuales no dependen de Argentina (factores externos, como la política monetaria y comercial de USA y la situación en Brasil), otros son de plena responsabilidad local (equilibrar  el  presupuesto, lograr un acuerdo satisfactorio con los gobernadores) y alguno resulta en un mix, como la posibilidad de modificar  algunas condiciones del último acuerdo con el FMI, para acelerar y/o ampliar el préstamo del organismo internacional al país.

Entre los factores internos, uno de ellos comenzó a despejarse esta semana, con la presentación al Congreso del Proyecto de  Presupuesto Nacional para 2019. Como se esperaba, dicho proyecto plantea alcanzar el equilibrio fiscal primario el próximo año, con una redefinición de las metas fiscales que las vuelve más parecidas a las planteadas al comienzo de la Administración Macri, cuando el ex ministro Prat Gay anunció, al comienzo de la Gestión, que en 2019 el sector público nacional se acercaría al equilibrio fiscal primario. Luego de un período de dos años en que dichas metas iniciales se relajaron, se vuelve a plantear ahora algo similar a aquel  objetivo inicial, que inclusive prevé un superávit primario del 1% para el año 2020.

El Proyecto de Presupuesto Nacional para 2019
En el proyecto de presupuesto se prevé que el PIB tenga una caída del 2,4% en 2018 y del 0,5% en 2019, para crecer desde 2020 alrededor del 3%. El consumo privado sería el más castigado en 2018 (‐3,4%), mientras que lo sería la inversión en 2019 (‐9,7%).  Desde 2020, se espera un modelo con alto crecimiento de la inversión y las exportaciones. El consumo público, en cambio, decrecería hasta 2020, y desde entonces se mostraría sin crecimiento. La inflación (promedio anual), resultaría del 34,8% en 2019 (23% si se la mide punta a punta en diciembre), y bajaría a 18% en 2020, y alcanzaría un dígito recién en 2022. El tipo de cambio resultaría de $40,1 por dólar en 2019, y $44,3 en 2020.

El equilibrio fiscal primario en 2019
El ajuste fiscal, equivalente a 2,6 puntos del PIB, para llegar a un equilibrio primario en 2019, se basa en mayor medida en una suba de tributos (explica 50% del ajuste), luego en una caída del gasto de capital nacional (23%), en el traspaso de gastos en subsidios a las provincias (15%), en menor gasto de capital en provincias (8%), y finalmente en un menor gasto corriente nacional (4%).


Así, se tiene que después de tres años de reducción en la presión tributaria nacional, en 2019 se producirá un cambio de tendencia, y se tendrá la mayor presión tributaria de los últimos años. Claramente deberá tratarse de una situación transitoria, diseñada para una  emergencia, y luego deberán reemplazarse los nuevos tributos distorsivos que se implementan o aumentan en 2019, por ejemplo los  Derechos de Exportación.

Los principales cambios tributarios anunciados y/o que actualmente se discuten, son los siguientes:
• Eliminación de exenciones impositivas: se eliminarán las exenciones que existían en el impuesto a las Ganancias para empleados públicos de algunas provincias y para algunos regímenes especiales, como el de los petroleros. No está previsto que este cambio incluya a los judiciales. También comenzarán a tributar Ganancias las mutuales y las cooperativas de préstamos y seguros.
• Impuesto al cheque (débitos y créditos bancarios): Podría quedar en suspenso el aumento del pago a cuenta de Ganancias. Actualmente las empresas pueden tomar un 34% del tributo en ese concepto, pero el año que viene debía aumentar hasta el 50% para llegar gradualmente al 100%, según estaba previsto en la reforma tributaria.
• Sellos: la reducción que las provincias debían aplicar a partir del año que viene también queda suspendida (implicaba pasar de una alícuota del 0,75% al 0,5%). Así fue ratificado en la última reunión con gobernadores. No figura nada de esto en el proyecto de Presupuesto 2019 porque se trata de un tema estrictamente de índole provincial, pero es una concesión otorgada por el Gobierno, sin que implique un incumplimiento del Pacto Fiscal.
• Ajuste por inflación: se dará marcha atrás con la decisión de permitirles a las empresas actualizar sus balances por inflación para reducir el pago de Ganancias
• Bienes Personales: si bien el proyecto de Presupuesto 2019 no dice nada sobre una eventual modificación de este gravamen, podrían producirse modificaciones. Lo que se implementaría sería gravar con una alícuota del 1% anual a quienes poseen bienes (ya sea cuentas o inmuebles) en el exterior. Para el resto del patrimonio se mantendría la alícuota del 0,25% anual.
• Ingresos Brutos: se mantendría la rebaja de Ingresos Brutos en las provincias que se había comprometido el año pasado para aplicar en 2019, además de lo ya ocurrido en 2018.
• Contribuciones patronales: Se discutió si el año entrante seguiría adelante la suba del mínimo no imponible para las contribuciones patronales.
• Impuesto a las Ganancias. Se mantiene la disminución ya vigente este año de una alícuota del 35% al 30% para las personas jurídicas, siempre y cuando las utilidades sean reinvertidas.
• Retenciones, seguirá vigente el esquema de rebaja de la alícuota para la soja, pero a su vez se impone una retención adicional equivalente a $4 por dólar para las exportaciones de productos primarios y los servicios y de $3 por dólar para el resto de las exportaciones. Además, el proyecto de Presupuesto deja abierta la puerta para que el Poder Ejecutivo aumente los derechos de exportación hasta el 33% si fuese necesario.
Si observamos los números fiscales anunciados para 2019 con una visión de más largo plazo, pueden extraerse conclusiones interesantes:
• En 2019 podrá recuperarse un resultado corriente positivo, luego de 5 años en que dicho guarismo resultaba negativo (nos endeudábamos para pagar gasto corriente).
• En 2019 los Derechos de Exportación, netos de reintegros, volverán a los niveles de 2007 o 2012 (alrededor de 2,1% del PIB).
• El gasto primario habrá descendido cerca de 4 pp del PIB entre 2015 y 2019, pero aún se ubicaría 5 pp del PIB arriba del nivel que mostraba en 2007.
• Cerca de la mitad del ahorro fiscal que se produciría en 2019, se trata de menor gasto de capital. Este último se trata de otro factor de ajuste que deberá resultar transitorio, justificado sólo en la emergencia.
• El gasto en subsidios económicos (especialmente en energía y transporte) habrá pasado de 4,9% del PIB en 2014 a 1,7% en 2019.
• Si bien no cambiará, en el Sector Público Nacional, el peso del gasto salarial entre 2018 y 2019, sí se está produciendo una importante caída en dicha partida en 2018, equivalente a 0,3% del PIB. Esto muestra que, si bien la discusión por el ajuste fiscal se ha concentrado especialmente en el presupuesto para 2019, se está produciendo en 2018 un ajuste en el gasto corriente, menos debatido, especialmente en materia salarial (algo similar ocurre este año en la mayoría de las provincias).



Con respecto a las necesidades de financiamiento para 2019, según los números del gobierno, en caso de que se logre adelantar para 2019 un ingreso de fondos del FMI del orden de los 20 mil millones de dólares, se habrán cerrado definitivamente las necesidades de financiamiento del Tesoro, sin necesidad de nuevas emisiones ni refinanciación de vencimientos el año entrante.


 
 

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Con dólar alto y restricciones presupuestarias, ¿qué ocurrirá con el empleo en la construcción?

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Un informe de la Fundación Mediterranea a cargo de Jorge Day muestra como la devaluación afecta al empleo del sector de la construcción
La referencia de la devaluación de 2016 muestra una caída (desestacionalizada) de 13 % en dos trimestres. En 2018, la devaluación es más fuerte y, de cara a 2019, mayores las restricciones presupuestarias
La participación del sector construcción en la masa salarial privada es del orden del 5 % en las provincias de economías más diversificadas, caso de Buenos Aires, Santa Fé y Córdoba, pero se acerca al 10 % en provincias patagónicas y alcanza picos de entre 11 y 16 % en los casos de Chaco, Santiago del Estero, San Juan y Formosa
La actividad de la construcción es más sensible al gasto en obra pública en el NEA y en NOA que en el resto de las regiones. En la zona Pampeana, Cuyo y la Patagonia el sector es menos sensible al gasto en obra pública, pero en éstas regiones la recesión tiene un efecto potenciado sobre la actividad de la construcción
El dólar sigue trepando y está en búsqueda de su techo, lo que define un panorama complejo para el sector construcción, clave en materia de empleos para la economía nacional.
La construcción tiene dos ramas. Una privada y otra pública. Desde una mirada privada, la suba permanente del dólar está generando una caída en los ingresos de la población, y siendo la vivienda un bien de inversión, en las épocas malas este gasto cae más fuertemente (muy procíclico). También afecta como alternativa de ahorro, porque con un dólar alto y elevadas tasas de interés, la opción ladrillo se vuelve menos accesible.
Por la parte pública, se espera una reducción en los montos para obra pública. Estamos en un periodo con finanzas gubernamentales deficitarias (con pocas excepciones provinciales). Aunque hayan mejorado en el primer semestre, es posible que en la segunda mitad de este año se compliquen las finanzas gubernamentales, porque la recesión afectará la recaudación de impuestos, y luego de una contención del gasto público especialmente en la parte salarial, es posible prever un incremento de estos gastos.
Además, en este difícil contexto, los acreedores están menos dispuestos a prestar al gobierno argentino, y por ende, a los provinciales. El acuerdo con el FMI explicita la reducción en obras públicas. Y no estamos en periodo electoral, por lo cual disminuye la presión política por obras.
Pensando en proyecciones, es interesante mostrar lo ocurrido en las dos últimas devaluaciones (inicio 2014 y fines 2015).  Llamativamente la caída fue leve en la de 2014. Pero fue abrupta en la siguiente, con una caída (sin estacionalidad) del 13% en
dos trimestres.

Lo preocupante para 2018 es que el efecto devaluatorio es mucho más significativo, lo cual impactará más fuertemente sobre los ingresos de la población. Y se agrega el menor financiamiento a gobiernos, especialmente para obras públicas (el acuerdo con el FMI deja en claro esa reducción). Por lo cual, es posible esperar que el impacto negativo sobre la construcción sea mayor.
Panorama regional
El panorama constructor no es alentador para este segunda parte del año, y la pregunta es a qué regiones terminará impactando más. Por ello, lo primero es conocer en qué provincias este sector es más relevante.
Un indicador pertinente es la participación del sector en la masa salarial privada. Aunque en las provincias grandes es donde más cemento se utiliza (CABA y la región Pampeana consumen dos tercios de todo el cemento utilizado en el país), en las mismas la construcción tiene menor participación (5% de la masa salarial privada), razonable porque sus economías son más diversificadas.

Lo contrario para provincias pequeñas. Las provincias norteñas tienen un promedio del 7%, y la más dependiente es Formosa (16%). No sólo son economías pequeñas con baja diversificación, sino que además reciben proporcionalmente más fondos nacionales, lo cual a veces le da más posibilidades para realizar obras.
Hay excepciones. San Luis y San Juan realizan más obra pública (per cápita), al contar con finanzas superavitarias. Lo contrario a Santa Cruz. Las provincias grandes reciben menos fondos per cápita, y eso se traduce en obra pública, salvo en Córdoba.

Sabiendo que los ingresos de la población, la rentabilidad de construir y el gasto en obras públicas influyen sobre los indicadores de construcción, se puede estimar cuán sensible es la actividad constructora en las regiones ante cambios en aquellos indicadores.
Acorde a nuestras estimaciones, las regiones norteñas son muy sensibles al gasto en obra pública (y por ende a la recepción de fondos nacionales). Por ejemplo, si el gasto público (neto de inflación) cae un 1%, en el NOA el indicador de construcción caen en 0,6%. En cambio, para esas mismas provincias norteñas es relativamente baja esa sensibilidad en cuanto a la actividad económica.
Pensando en 2018, es probable que la actividad económica terminé cayendo al menos 1%. Y por el lado de la obra pública, el gasto de capital a nivel nacional, neto de inflación, ha caído un 40% inter-anual en los primeros cinco meses del año. Dentro de esos gastos, están las transferencias de capital a provincias, que son los fondos para obra pública, que vienen cayendo al 50%. Es decir, un indicio  que las provincias norteñas padecerán más la caída.

En realidad, parece claro que las provincias pequeñas son más dependientes de la obra pública, pero lamentablemente no se dispone de información para desagregar el sector por ramas (pública y privada) a nivel regional. A esta situación recurrimos a indicios brindados por el sector.
El siguiente gráfico vincula el uso de cemento (como indicador global de construcción) y el gasto en obra pública per cápita (como indicador de la rama pública). Para resolver el tema de las diferencias de tamaño de las economías provinciales, se expresarán los datos per cápita.
Lo esperable es que mientras más obra pública, mayor uso de cemento. Eso se observa al agrupar las provincias en dos grupos. Con un mismo nivel de gasto público en obras, es mayor el indicador de construcción (global) para provincias medianas y grandes, señal de mayor presencia de la rama privada del sector. Un caso más llamativo es el de las provincias patagónicas, donde prevalece la rama  privada, en especial la parte petrolera del sector

Para concluir, la segunda mitad de 2018 se presenta desfavorable para el sector de la Construcción, y por sus dos ramas (privada y pública). La suba abrupta del dólar reduce el poder adquisitivo de la población, y además, junto con las altas tasas, desalienta la opción de ahorrar en “ladrillos”. Las necesidades financieras de los gobiernos nacional y provinciales posiblemente se complicarán en el segundo semestre, por lo cual la obra pública perderá fuerza.
A nivel regional, en las provincias grandes es donde se destinan mayores a la construcción (dos tercios del cemento se consume en CABA y en la región Pampeana). Pero en términos relativos, la construcción pesa más en economías pequeñas, en especial en el Norte, principalmente porque sus economías son menos diversificadas y reciben más fondos nacionales proporcionalmente. Posiblemente, estas economías sean las que más se resientan.
También son dependientes San Juan (minera y con finanzas superavitarias) y las patagónicas, con parte de la construcción vinculada al petróleo. Un mayor precio del crudo con un dólar más caro podría brindar un empuje al sector constructor de esa región.
 
 

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Misiones en el pequeño lote de provincias a salvo de las turbulencias cambiarias

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El principal efecto de las turbulencias cambiarias sobre las finanzas de las provincias se sentirá sobre el acceso al financiamiento (que resultará menor al esperado), mientras que Chubut, Salta y Buenos Aires aparecen como los distritos más afectados en términos del lugar que ocupa el pago de los servicios de deuda nominados en moneda extranjera en los ingresos corrientes netos. El escenario -tras la escalada del dólar- es descripto en un informe del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) de la Fundación Mediterránea, que sostiene además que, “por ende, la expansión de la obra pública provincial se verá muy probablemente afectada”. 
“También puede preverse que la ralentización del nivel de actividad recortará la suba de los recursos provinciales”, agrega.
En lo que respecta al “efecto importante” derivado del aumento del tipo de cambio y su impacto sobre los servicios de la deuda de las provincias, el Ieral sostiene que “las más afectadas serán aquellas con servicios de deuda más significativos y nominados en moneda extranjera”. 
En ese escenario, se destaca la fortaleza de Misiones por no haber tomado deudas en los últimos 18 años y haber cambiado la exposición en dólares que tenían los pasivos hasta el año 2000. Hoy Misiones tiene menos del diez por ciento de la deuda en dólares, mientras que las provincias que tomaron deuda a un dólar de 17 se encontraron que su deuda y los servicios de la deuda aumentaron 47 por ciento.
 
Grilla
Entre ellas -reseña- se encuentran Chubut -distrito que gobierna Mariano Arcioni, y en el que los servicios de la deuda superan el 20% de sus ingresos corrientes (netos de coparticipación a municipios)-, Salta (del peronista Juan Manuel Urtubey, con el 15%), Buenos Aires (de la macrista María Eugenia Vidal, con el 13,5%), Mendoza (del radical Alfredo Cornejo, con el 11,7%) y Río Negro (de Alberto Weretilneck, con el 11,2%). 
En cambio, en el otro extremo del ránking de “servicios de deuda en términos de ingresos corrientes netos” se encuentran San Luis (0%), La Pampa (0,6%), Tucumán (0,7%) y Santiago del Estero (0,9%).
Pero además, en provincias como Buenos Aires y Chubut, entre 33% y 43% de los vencimientos -sostienen- corresponden a moneda extranjera.
Asimismo, si la lupa se dirige a la proporción de servicios de la deuda expresados en dólares, el listado es encabezado por La Rioja (62,6%), Santa Fe (58,8%) y San Juan (52,7%).
En la otro punta, en tanto, se acomodan San Luis (0%), Santa Cruz (1,5%), La Pampa (6,9%), Misiones (7,8%) y Catamarca (9,7%).
En paralelo, el informe sostiene que “en 2018 todo indica que las provincias mejor posicionadas son aquellas en las que el sector exportador tiene una ponderación significativa, que tengan una canasta diversificada de productos con ese destino, y que no estén complicadas en sus finanzas gubernamentales”.
Entre las jurisdicciones que reúnen esas tres características -remarcan- se encuentran Córdoba y Santa Fe, aunque las cuestiones climáticas no las favorecen. 
“San Juan podría estar en este grupo, pero es demasiado dependiente de un sólo producto de exportación (el oro), con precios internacionales estabilizados. Y Buenos Aires estaría en una situación intermedia”, agregan.
En el cuadrante opuesto -destaca el Ieral- se encuentran provincias con actividades demasiado dependientes del mercado interno, como Tierra del Fuego y La Rioja, a las que suman jurisdicciones con poca actividad exportadora, como Chaco y Misiones. 
En tanto, de tres provincias con importante ponderación de petróleo y gas, Neuquén es la que podría aprovechar mejor el nuevo escenario, dado que no presenta problemas fiscales tan serios como las restantes (Santa Cruz y Chubut). Las variaciones del dólar y la crisis financiera obligaron a varios distritos a anunciar la postergación de la emisión de nuevas deudas en divisa.
 

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