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Misiones muestra al mundo sus políticas de preservación de biodiversidad

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En la Asamblea General de las Naciones (UNGA) 76ª, la cumbre científica que realiza anualmente las Naciones Unidas, Misiones mostró al mundo el trabajo que realiza el último reducto de selva continuo que alberga al 52% de la biodiversidad argentina y que se clasifica como uno de los hostpots a nivel global, con gran riqueza de especies y gran amenaza para la región.

 

El Gobierno de Misiones, a través de la gestión del Instituto Misionero de Biodiversidad (IMiBio), diseñó el simposio virtual Biodiversidad: Bosque, Salud y Sociedad en el marco de la Asamblea de la ONU iniciada el 14 de septiembre. 

 

Este evento de carácter mundial tiene por objeto generar conciencia sobre el papel y la contribución de la ciencia a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

 

La Mesa provincial estuvo encabezada por el vicegobernador Carlos Arce, acompañada por Viviana Rovira, presidenta del Instituto Misionero de Biodiversidad. Participaron además los ministros de Cambio Climático, Hacienda, Agro y Producción y Ecología y RNR, así como también otros referentes claves. 

 

La arquitecta Rovira fue la encargada de presidir y presentar el evento virtual, destacando que “Misiones posee fuertes políticas de Estado” para el cuidado del ambiente. 

Arce, por su parte, destacó que “Misiones es una provincia de menos de 30.000 km2 pero tiene una gran fortaleza: la selva paranaense” y que, para cuidarla, el rol de las instituciones misioneras es clave: “Desde el 84 fue la primera provincia en crear un Ministerio de Ecología y también es la única provincia que tiene un Ministerio de Cambio Climático”, agregó. Además solicitó la colaboración del país y organismos internacionales. “Este año, tuvimos una bajante histórica del río Paraná. Esto no es consecuencia de lo que sucede en Misiones, es consecuencia de lo que sucede en los afluentes”

 

El simposio está enfocado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), por lo que todos los debates y conclusiones serán parte de las recomendaciones del plan de acción de las Naciones Unidas. “Formamos parte de un gran grupo de personas que está trabajando para mejorar el mundo”, señaló el coordinador científico del IMIBIO, Eric Ruth. 

 

Adolfo Safrán, Ministro de Hacienda expuso en el encuentro como referente de la innovación a partir de la tecnología blockchain, que combina las nuevas tecnologías con los desafíos del cambio climático y la preservación de la biodiversidad

 

La participación de Safrán fue clave y estuvo orientada a mostrar cálculos teóricos pero concretos de dos aspectos fundamentales: el esfuerzo del Gobierno de la provincia para cuidar la biodiversidad y el costo de los ingresos que se dejan de percibir por no explotar esos espacios justamente por la conciencia del cuidado del medioambiente. 

 

La presentación del ministro resumió el presupuesto que los tres organismos vinculados al cuidado del medioambiente en Misiones, que asciende a $1.344,2 millones de pesos en este ejercicio.

 

Basada en el costo de la oportunidad y tomando la producción de soja que podría llegar a tener en promedio por año la provincia, se puede estimar que si Misiones hubiera destinado a la agricultura intensiva el mismo porcentaje de suelo que el resto del país, (54% del total), en los últimos 20 años el pueblo misionero habría recibido utilidades por U$S 9,321 millones, sentenció Safrán en su presentación. 

 

Además señaló los detalles de la recaudación que el fisco deja de percibir o lo que deja de recaudar a partir de las superficies de hectáreas no explotadas. La recaudación de impuestos provinciales en 2020 fue de $ 34.125 millones de pesos por parte de la Agencia Tributaria Misiones. “Tomando la recaudación anual por hectáreas, nos da que Misiones deja de recaudar $18.771 millones en impuestos que se podrían generar a partir de la actividad  privada que se explotaría en estos bosques y selvas que hoy cuidamos en la provincia de Misiones”

 

Por otra parte, y en términos de avances desde le gobierno provincial con diversas entidades dispuestas a comprar créditos de carbono que captura la selva misionera, tomando un valor modesto de 10 U$D por tonelada , “Si Misiones hubiera podido comercializar derechos del carbono retenido en los últimos cuatro años, se hubiera hecho de AR$ 54.973 millones”.

 

Las mesas de discusión, exposición y debate se conformaron con profesionales destacados de la nación y otros países; así como también especialistas del IMIBIO. De esta manera la provincia comparte con expertos de todo el mundo la tarea que realiza para conservar su valioso ecosistema, y cómo la conservación de este contribuye a garantizar el cuidado del medio ambiente con beneficios a escala global.  

 

Entre los oradores que conformarán las tres mesas propuestas, “Biodiversidad y Bosques”; “Biodiversidad y Salud” y “Biodiversidad y Sociedad”, ya confirmaron su presencia expertos y autoridades de distintas partes del mundo, como César Luena (España) / Miembro del Parlamento Europeo, Gabriel Labatte Líder del Equipo Global de ONU-REDD en el programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Enrique Sánchez-Albarracín (Europa)/Agregado de Cooperación científica y encargado de cooperación descentralizada con las provincias de la Embajada Francesa, Dr. Clóvis Ricardo Schrappe Borges (Brasil), Director Ejecutivo de la Sociedad de Investigación de Vida Salvaje y Educación Ambiental; Luc Janssens de Bisthoven (Bélgica), coordinador del programa CEBioS ‘Capacities for Biodiversity and Sustainable Development’ /Royal Belgian Institute of Natural Sciences; Claire Lajaunie miembro del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia; el profesor Jan Eric Litton (Suecia) / Director General for BBMRI-ERIC, experto en Biobancos; Javier Gimenez (España) / Consultor independiente. Especialista en la prevención y resolución de conflictos socioambientales y Raquel Tomas (Guayana Británica) / Fundación Privada de conservación de la Selva.

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Recolección sustentable de hongos comestibles Misiones

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La Municipalidad de El Soberbio y el Director de Turismo Victor Motta participaron en una capacitación organizada por el Intituto Misionero de Biodiversidad y Don Enrique Lodge (Reserva Margay).

Con la intención de trabajar en nuevas experiencias, como ser el el turismo micológico o micoturismo, es una actividad recreativa en la que, a través de la observación, recolección y degustación, de los hongos comestibles silvestres sugiere un vínculo entre naturaleza y cultura, a través del concepto de patrimonio biocultural.

Un inicitaiva que apunta a la experiencia escuela, de seguir apostando por cadenas de valor y desarrollo local.

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Sembrar hongos para cosechar una empresa

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Como misioneros tenemos la posibilidad de acceder a una amplia variedad de ingredientes naturales, gracias a los factores climáticos que reinan en la región. Los hongos comestibles, aunque estén estigmatizados bajo una injusta reputación en el rubro gastronómico, son fuertemente favorecidos por el clima misionero y cuentan con una amplia variedad de especies comestibles y también, en ocasiones, medicinales.

Gabriela Flach es una estudiante de Ingeniería Química de Capioví que empezó a interesarse por el reino Fungi y, en sus lecturas, encontró la posibilidad de llevar adelante un emprendimiento que rompiera los mitos que rodean a los hongos comestibles y poder comercializarlos para el consumo particular. 

Tomar la decisión no fue sencillo, pues Gabriela era consciente de los cuidados que debía tener a la hora de llevar a cabo su proyecto. Los producción de hongos exigen cuidados especiales, la materia prima es delicada y el proceso de cultivo, aún mayor. “Me costó dar el paso inicial y empezar” señaló, a pesar de que se convencía cada vez más que debía realizarlo con el correr del tiempo. 

“Hace unos meses el IMiBio (Instituto Misionero de Biodiversidad) impartió unos talleres de cultivo de hongos comestibles y pensé que sería el momento perfecto de hacerlo”.

Con la capacitación recibida por el instituto, la joven estudiante decidió iniciar Urupe, un emprendimiento dedicado al cultivo, comercialización de hongos comestibles, además de concientizar sobre el consumo. Utilizando los materiales que ya tenía disponible en su casa de Capioví, inició con la primera tanda y pronto se armó una pequeña cartera de clientes en su localidad y en el resto de la provincia.

Los misioneros no están acostumbrados a comer hongos, en general lo ven como algo tóxico, venenoso, que no se come”, explicó Gabriela, quien ahora produce una variedad de hongos muy conocida, que además de tener un buen sabor, posee propiedades medicinales. “La variedad que me encuentro produciendo se llama Pleurotus Ostreatus o comúnmente llamada Girgola. Para marzo quiero traer más variedades, como la Eurotus Djamor (Girgola Rosa), la P. Citinopileatus (Ostra Dorada), la Shiitake y Reishi”.

Los calores intensos del verano hicieron que la producción no rinda en su totalidad, pero le alcanzó para reunir los fondos necesarios para seguir invirtiendo para escalar la producción, seguir capacitándose y posicionar su emprendimiento para cuando termine sus estudios universitarios. Uno de los objetivos a corto plazo, respecto a inversión, es el emplazamiento de un laboratorio para producir inóculo (micelio) que servirá para autoabastecerse y no tener que comprar a productores fuera de la provincia. “El costo del envío es elevado si hablamos de grandes cantidades, el traslado de materia viva es delicado, con los calores en el trayecto se puede estropear”, señaló Flach.

Un proceso delicado

El cultivo de especies fungi es un proceso delicado, donde el factor climático favorece al crecimiento de los hongos comestibles, pero también de otras bacterias que pueden arruinar la producción. “La primera producción que intenté realizar se contaminó, fue una frustración pero sirvió de experiencia”, comentó Gabriela.

Para cultivar sus hongos debe empezar por esterilizar el sustrato, compuesto por viruta de eucalipto abundante en Misiones y que será donde cultive el micelio del hongo. Esto evitará que la superficie contenga esporas de otras especies que puedan afectar el cultivo compitiendo. El mismo proceso de esterilización debe realizarse sobre el suelo y las herramientas que utilice. Cada etapa (inoculación, incubación y fructificación) amerita cuidados especiales, para garantizar que el producto no resulte contaminado y pueda ser comercializado. Este proceso, aunque varía dependiendo de la época del año, el clima y la especie del hongo, dura entre 30 a 60 días.

Aunque el negocio se encuentra en sus primeros meses en el mercado, Gabriela estuvo alrededor de cinco años realizando investigaciones, cálculos de producción, costos, realización de plan de negocios y todo aquello que requería para comercializar su producto. Por este motivo, entiende que todavía debe posicionarse en el mercado más fuertemente, por lo que no apura ninguna etapa. Mientras atiende a sus clientes, sigue formándose en la universidad, pero también en mejorar su empresa, ya sea con ampliar las variedades de sus productos o de optimizar el packaging, utilizando recipientes ecofriendlys.

Uno de los circuitos de comercialización que utiliza Gabriela, es el de las redes sociales. Por Instagram, a través de su cuenta Hongos Urupe, publica sus productos, además de recomendaciones sobre el uso y consumo de hongos comestibles. Gabriela Flach es, como ella misma lo dice, una apasionada de los hongos y predica su devoción, a partir de la información.

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¿Los hongos pueden ser una alternativa para las chacras de Misiones?

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Oreja de chancho o velo de novia. Dos especies de hongos que se encuentran en Misiones y que, prácticamente, pasan desapercibido al paladar. Es que son comestibles, como casi todos los hongos que crecen libremente en el monte misionero o en los bosques implantados. En la tierra colorada no se encuentran hongos tóxicos mortales. Ahora el objetivo es que se conozcan sus propiedades nutritivas y su enorme valor comercial, que los  colocan como un apetecible producto gourmet o de exportación.

Emanuel Grassi es director general del Instituto Misionero de Biodiversidad y un entusiasta estudioso de los hongos. De hecho, su tesis la hizo sobre los hongos misioneros y finalmente, se vino a vivir a Puerto Iguazú, desde donde difunde sus virtudes. En la noche del jueves dio una clase sobre diversos hongos, su uso comestible y las condiciones necesarias para que sean “cultivados”. 

“Mucho de lo que aprendí, fue en la provincia, sobre todo con colonos. La comunidad guaraní no ha utilizado los hongos como los colonos, aunque ahora le están dando valor. La idea es mostrar y poner en valor un producto que crece libremente”, explicó sobre la iniciativa diseñada en conjunto con Selva Adentro, el encuentro gourmet de comida regional, que la semana que viene hará una edición dedicada a los hongos. 

¿Hay muchas especies de hongos en Misiones?

Hay unas condiciones ambientales propicias para que salgan los hongos todo el tiempo, todo el año. Hay 850 especies en general. Y en Misiones tenemos temperatura y lluvia abundante. Una humedad por arriba del 70 por ciento y una temperatura por encima de los 25 grados, son ideales para que salgan los hongos. Es un recurso que tenemos ahí para aprovechar. 

¿Y se consume el hongo en la comida misionera?

El misionero no está acostumbrado. Recopilamos mucha información de los colonos que cuentan que el abuelo recolectaba y se comía. Pero eso se fue perdiendo. Hay una connotación negativa, que tiene veneno, que produce alergias. Por eso hay que desmitificar. Los hongos que hay en Misiones se pueden tocar, se pueden mostrar a los hijos y explicarles que tienen un reino aparte, que no son plantas. En Misiones no hay hongos tóxicos mortales. 

¿Cuál es el hongo característico?

Oreja de Chancho sale mucho. En madera. Uno lo ve y realmente no lo imagina en un plato, pero tiene un sabor muy rico. Se hace a la vinagreta o se lo puede comer en ensalada. Incluso puede reemplazar la carne. Los chef comenzaron a recolectar. Especialmente hongos de pino, que abundan. Chefs y productores han captado la idea y comenzaron a usar en forma incipiente. 

¿Cómo se recolecta un hongo?

Lo primero es salir con información al campo. Saber lo que se va a buscar. Hay guías, pero sobre todo, preguntar. Identificar el lugar. En un pinar o en un bosque nativo, vamos a encontrar cosas distintas. Hay que llevar un canasto, el canasto del chipero, para asegurar la sustentabilidad, porque se asegura que se dispersen las esporas en el camino. Y eso garantiza la continuidad. Los hongos se dispersan por movimiento. El recolector así cumple un rol ecológico.

¿Cuál es el más rico?

El más extendido, es el Suillus granulatus, el hongo del pino, que es muy rico. Se puede usar en pasta o risotto. Pero se compra de la Patagonia o de Córdoba, cuando lo tenemos acá. Es bastante abundante y lo usamos poco, frente a otros hongos que tienen cualidades más nutritivas. Es un recurso natural que tenemos en la selva y en los bosques implantados.

Grassi trabaja en la conservación de la biodiversidad del monte misionero y también en su visibilización. El Instituto Misionero de la Biodiversidad ya cuenta con un banco genético de la flora  y ahora se está poniendo en marcha algo de vanguardia en la Argentina: un biobanco genético de la fauna para el resguardo de genes a futuro. “Pensamos obviamente en los grandes íconos de la biodiversidad misionera, el yaguareté, el zorro pitoco, pero es para toda la genética que encontramos en nuestra selva. El cambio climático es lo que más afecta, pero la pérdida de diversidad genética también es peligrosa. Por eso debemos preservar los genes. en Misiones hay una gran cantidad de yaguaretés, es cierto. Pero en algún momento, todo serán parientes. Por eso pensamos en preservar e insertar genes y mejorar la diversidad”, explica el especialista.

¿Por qué se puede pensar en el cultivo de hongos en Misiones?

Hay mucho sustrato, aserrín, paja, todo sirve para el cultivo de hongos. Humedad y calor.

¿Para consumo local o de exportación?

En principio, para consumo local y hay una potencialidad regional. Puede ser una producción para la diversificación del colono. Que esté en las ferias es un objetivo a corto plazo. Pero si algún productor se diferencia, puede venderle a Brasil o a China, que es el gran consumidor de hongos. Hay hongos antioxidantes, se puede usar en cremas, suplementos dietarios. 

¿Qué se necesita? ¿Tierras?

Espacio físico, pero depende del volumen. Sustrato, energía si es un lugar cerrado. Depende del momento en el que se pretende cultivar. En Iguazú hay un emprendedor que cultiva en base al bagazo del cocinado de la cerveza artesanal. En Cerro Azúl, hay un productor que en los tocones de madera, inocula los hongos. Recién ahora se empieza a ver los frutos. 

¿Qué valor económico tiene? ¿Se vende por kilo?

Se vende por kilo. Depende de la especie. Hay de mil a tres mi pesos. Pero los más caros valen seis mil dólares el kilo, que son las trufas. Acá en Argentina hay dos productores, pero en Misiones no, porque las trufas crecen asociadas a los robles.

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Reconstruir naturaleza en el laboratorio: un recorrido a fondo por el Instituto Misionero de Biodiversidad

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Silenciosos y asépticos, los laboratorios custodian muestras de la abundante flora y fauna misionera. El monte rodea el edificio, pero es adentro donde la ciencia hace su trabajo para que la cubierta verde y los animales que la habitan, sobrevivan para las próximas generaciones. El del Instituto Misionero de Biodiversidad es un trabajo iniciático que tiene un objetivo trascendental: preservar y generar condiciones para un aprovechamiento económico y sustentable. El costado legal también es clave: lograr que la flora y fauna sea reconocida y respetada con el ADN misionero, que muchas veces es ignorado por grandes compañías que aprovechan, especialmente los remedios naturales y semillas. El área legal está a cargo de Laila Chemes, una joven abogada misionera, que trabaja bajo la dirección general de Viviana Rovira, ex ministra de Ecología y ahora a cargo del Imibio como ente autárquico. 

El Imibio está dando sus primeros pasos en las 600 hectáreas de Puerto Iguazú. El laboratorio de cemento y piedra mora respeta el entorno, lo mismo que los hoteles cercanos que conviven con comunidades guaraníes en la selva.
La entidad, inaugurada oficialmente en julio, está dirigida por Emanuel Grassi, un biólogo de 31 años nacido en Merlo, Buenos Aires. El joven científico comparte el concepto que dio vida al Imibio. “Quiero dejar algo a la comunidad, que no sea investigar por investigar”, dice. No quiere llenar papers ni figurar en revistas científicas, sino que la ciencia sirva para mejorar el entorno. Esa es la idea madre de la ley de creación del Imibio, pensada por el presidente de la Legislatura, Carlos Rovira: generar conocimientos de la biodiversidad para promover su valor.
Por eso, cada proyecto de investigación será rigurosamente evaluado. No se trata de investigar tal o cual particularidad de alguna planta u animal, sino qué potencialidad se le puede adjudicar y qué beneficio puede traer a la comunidad.
Por ejemplo, una de las investigaciones en marcha es el desarrollo de hongos comestibles y su posible germinación en borra de café, residuo común en los hoteles de la zona.

Ya hay empresas interesadas en la producción que podría terminar en la mesa de los restaurantes y generar empleo. Podrían también replicar especies arbóreas.


Junto a Grassi hay investigadores misioneros y de otros puntos del país. Comparten la misma pasión.
El edifico del Imibio tiene varias plantas, cada una acondicionada con laboratorios y oficinas, además de un salón auditórium para capacitaciones y un laboratorio acondicionado para recibir visitas de estudiantes. Hay espacio para 50 investigadores e instrumental de la más alta tecnología para el estudio de las muestras de flora y la conservación de ADN de animales si fuera necesario. La primera habitación es la sala de curación, donde se realiza una “cuarentena” de los materiales de estudio. Después hay salas de conservación en seco para las muestras de plantas y colección “viva” para muestras de ADN de animales y semen de diversas especies.
También hay una sala acondicionada para estudios bioquímicos, pero todavía no comenzó a ser utilizada. Pero se trata apenas de la primera etapa del complejo, que en su etapa final contará con cinco naves. La inversión inicial en equipos y edificio fue de seis millones de pesos. La tecnología fue seleccionada por los investigadores.

Grassi explica que el objetivo es hacer un uso sustentable de la ciencia y conocer y aprovechar la riqueza de la abundante biodiversidad, no sólo de Iguazú, sino de todos los parques provinciales. Junto al joven biólogo camina Germán Montalvo, un fortachón ingeniero agrónomo y forestal, que también es de Buenos Aires, pero desde hace más de tres décadas vive en Misiones: “Me siento de la tierra colorada”, cuenta el que es el “baqueano” del grupo de investigadores y de quienes llegan a ocupar las instalaciones. Es que conoce con precisión el monte del Parque Nacional Iguazú como los senderos del Parque Península.
Grassi y Germán Montalvo lideran el Imibio.
Grassi y Germán Montalvo lideran el Imibio.

Ambos coinciden en la necesidad de cambiar ideas instaladas de que la ciencia solo debe servir para la conservación. Prefieren hablar de intervención y reconstrucción. Consideran que se puede hacer ciencia e intervenir en un ambiente para mejorarlo y no destruirlo. Se desmarcan de los conceptos conservacionistas -que plantean la no intervención- o el aprovechamiento sustentable, que admite una intervención “mínima”.
“Hay un cambio ambiental global, del cual el cambio climático es apenas uno de los eslabones. La pérdida de la biodiversidad es el principal cambio al que estamos asistiendo. Por eso es fundamental recuperar, reconstruir naturaleza y que el entorno pueda aprovecharla”, argumenta Grassi, quien a los 24 años hizo su doctorado en hongos. En esa línea se inscribe una idea que está comenzando a debatirse con los operadores de la ciudad de las Cataratas:  el turismo regenerativo. Tiene las mismas bases que el turismo sustentable, pero utiliza una parte de los beneficios económicos de la actividad turística local para la regeneración del medio-ambiente del entorno. Reparar el medioambiente y las expresiones culturales tangibles e intangibles.

Por eso la prioridad serán los proyectos de investigación que permitan esa regeneración de la selva, sus especies más acosadas y la preservación de especies animales en riesgo de extinción, como el yaguareté. Hay hidrógeno líquido que puede preservar ADN por un siglo.  
En momentos en que la Nación está recortando drásticamente el presupuesto asignado a la ciencia, en Misiones se hace punta con el Imibio, que puede trabajar en espejo con la Biofábrica para producir naturaleza. No hay muchos laboratorios similares en el país, cuenta Grassi. Y los que hay, están llenos de becarios Conicet, es decir, que responden a intereses de la Nación. Proyectos con el foco puesto en lo local, solo Misiones.

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